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jueves, 15 de octubre de 2009

11- POBRE CIRCULACIÓN


POBRE CIRCULACIÓN-CRECIMIENTO DEL CORAZÓN Y EL BAZO-VENAS VARICOSAS-CONGESTIÓN LINFÁTICA-DESEQUILIBRIO HORMONAL

Los cálculos biliares en el hígado pueden resultar en una pobre circulación sanguínea, crecimiento del bazo y el corazón, várices, vasos linfáticos congestionados y desequilibrio hormonal. Toda vez que los cálculos biliares han crecido lo suficiente para distorsionar seriamente el marco estructural de los lóbulos (unidades) del hígado, el flujo sanguíneo a través del hígado se vuelve difícil. Esto no sólo aumenta la presión de la sangre venosa en el hígado, sino también en todos los órganos y áreas del cuerpo que drenan la sangre utilizada a través de sus respectivas venas hacia la vena portal en el hígado. El flujo restringido de la sangre en la vena portal del hígado causa congestión, particularmente en el bazo, estómago, parte distal del esófago, páncreas, vesícula, el intestino grueso y delgado. Esto puede resultar en el crecimiento de estos órganos, una reducción en su habilidad para remover los productos de desperdicio celular y tapar sus respectivas venas.
Una vena varicosa es aquella que está tan dilatada que sus válvulas no cierran lo suficiente como para prevenir que la sangre fluya. La presión sostenida en las venas en la intersección del recto y el ano en el intestino grueso conduce al desarrollo de hemorroides. Otros sitios comunes para las venas varicosas son las piernas, el esófago y el escroto. La dilatación de las venas y vénulas (pequeñas venas) puede ocurrir en cualquier parte del cuerpo. Esto siempre es indicación de un flujo sanguíneo obstruido.
La pobre circulación de la sangre través del hígado también afecta al corazón. Cuando los órganos del sistema digestivo se debilitan con el incremento en la presión venosa, se congestionan y comienzan acumular desechos tóxicos, incluyendo escombros de las células que se han procesado. El bazo crece a consecuencia del manejo de la carga de trabajo extra relacionada con la remoción de las células sanguíneas dañadas o desgastadas. Esto reduce la circulación de la sangre hacia y desde los órganos del sistema digestivo, lo cual estresa al corazón, eleva la presión sanguínea y daña los vasos sanguíneos. La parte derecha del corazón, que recibe la sangre venosa a través de la vena cava inferior desde el hígado y las demás partes debajo de los pulmones, se sobrecarga con material tóxico, que algunas veces es infeccioso. Esto eventualmente causa el crecimiento de la parte derecha del corazón.
Casi todos los tipos de enfermedades cardiacas tienen a una cosa común: hay una obstrucción del flujo sanguíneo. Sin embargo, la circulación de la sangre no se interrumpe fácilmente. Debe estar precedida por una severa congestión de los conductos biliares en el hígado. Los cálculos biliares que obstruyen los conductos biliares reducen dramáticamente o cortan el flujo sanguíneo a las células hepáticas. Un reducido flujo sanguíneo a través del hígado, afecta al flujo sanguíneo en todo el cuerpo, lo cual, su vez, tiene efectos que van en detrimento del sistema linfático.
El sistema linfático, el cual está íntegramente relacionado con el sistema inmunológico, ayuda a limpiar al cuerpo de los productos y desechos metabólicos dañinos, materiales extraños y residuos celulares.
Todas las células liberan desechos metabólicos hacia, y toman nutrientes desde, una solución que le rodea, llamada fluido extracelular o tejido conectivo. El grado de alimentación y eficiencia de las células depende de que tan eficiente y rápidamente se remueva el material de desecho del fluido extracelular. Dado que la mayoría de los productos y desechos no pueden llegar directamente a la sangre para su excreción, se acumulan en el fluido extracelular hasta que son removidos y neutralizados por sistema linfático. Este material potencialmente dañino es filtrado y neutralizado por los nodos linfáticos, que están estratégicamente localizados a lo largo del cuerpo. Una de las principales funciones del sistema linfático es mantener el fluido extracelular libre de sustancias tóxicas, lo que hace que este sistema tenga mucha importancia.
La pobre circulación de la sangre en el cuerpo causa una sobrecarga del material de desecho dañino y extraño en los tejidos extracelulares, y en consecuencia, en los vasos y nodos linfáticos. Cuando el drenaje linfático disminuye o se obstruye, la glándula del timo, el bazo y las amígdalas comienzan a deteriorarse rápidamente. Estos órganos forman una parte importante el sistema de purificación e inmunidad del cuerpo. Además, los microbios que habitan en los cálculos biliares pueden ser una constante fuente de infecciones recurrentes en el cuerpo, lo que puede hacer que los
sistemas linfático e inmunológico se vuelvan inefectivos frente a infecciones más serias, como la mononucleosis infecciosa, las paperas, la fiebre tifoidea, la tuberculosis, la sífilis, etc.
Debido al restringido flujo biliar en el hígado y la vesícula, el intestino delgado también restringe su capacidad para digerir comida correctamente. Esto permite que una cantidad sustancial de materia de desecho y sustancias venenosas, como la cadaverina y la putrescina (productos procesados de comida fermentada y purificada), comiencen a fijarse hacia los canales linfáticos. Estas toxinas, junto con las grasas y las proteínas, entran en el vaso linfático más grande del cuerpo, llamado conducto torácico, a la altura de la cisterna quili. La cisterna quili es una dilatación linfática (en la forma de sacos), localizada al frente de las primeras dos vértebras lumbares (ver figura 9).
Las toxinas, los antígenos y las proteínas no digeridas de fuentes animales, incluyendo el pescado, la carne, huevos y lácteos, causan que estos sacos linfáticos se hinchen y se inflamen. Cuando las células de un animal se dañan o mueren, lo que sucede segundos después de morir, sus estructuras proteínicas son procesadas por encimas celulares. Estas proteínas llamadas ‘degeneradas’ son inútiles para el cuerpo, y se tornan dañinas a menos de que sean propiamente removidas por el sistema linfático. Su presencia por lo general provoca un incremento de la actividad microbiana. Los virus, los hongos y la bacteria se alimentan en estas aglutinaciones de desechos. En algunos casos, aparecen reacciones alérgicas.
Cuando existe una congestión de los sacos linfáticos, las proteínas celulares degeneradas del cuerpo mismo ya no pueden ser removidas adecuadamente. El resultado es un edema linfático. Mientras permanece acostado sobre sus espaldas, pueden sentirse los edemas linfáticos como nudos duros, algunas veces tan grandes como un puño, en el área del ombligo. Estas ‘piedras’ son una causa importante de dolores en las partes baja y media de la espalda, e hinchazón abdominal, y, en efecto, de muchos de los síntomas relacionados con la mala salud. Muchas personas a quienes les ha crecido la ‘pancita’, consideran que esta extensión abdominal es una molestia sin consecuencias o una parte natural del envejecimiento. Lo que no reconocen, es que están alimentando una ‘bomba de tiempo’ viviente que puede detonar en cualquier momento,
dañando partes vitales del cuerpo.
El ochenta por ciento del sistema linfático está asociado con los intestinos, haciendo que esta área del cuerpo sea el más grande centro de actividad inmunológica. Esto no es coincidencia. La parte del cuerpo donde se combate o se generan los agentes que causan las mayores enfermedades es, de hecho, el tracto intestinal. Cualquier edema linfático, u otro tipo de obstrucción en esta importante parte del sistema linfático, conducen a complicaciones potencialmente serias en cualquier otra parte del cuerpo.

Figura 9: La cisterna quili y el conducto torácico


10- ALTO COLESTEROL





El colesterol es un material de construcción celular esencial en el cuerpo, y se requiere para todos los procesos metabólicos. Es particularmente importante en la producción de tejido nervioso, bilis y ciertas hormonas. En promedio, nuestro cuerpo produce entre medio y 1 g de colesterol diariamente, dependiendo de la cantidad que el cuerpo necesite en un momento determinado. Definitivamente, nuestro cuerpo es capaz de producir 400 veces más colesterol diariamente que lo que obtendríamos de comer 100 g de mantequilla. Los principales productores de colesterol son el hígado y el intestino delgado, en ese orden.
Normalmente, el colesterol puede liberarse directamente en el torrente sanguíneo, donde es  instantáneamente atrapado por las proteínas sanguíneas. Esas proteínas, las cuales se llaman lipoproteínas, están a cargo de transportar el colesterol a sus numerosos destinos. Existen tres tipos principales de lipoproteínas a cargo de transportar colesterol: la lipoproteína de baja densidad (LDL), la lipoproteína de muy baja densidad (VLDL), y la lipoproteína de alta densidad (HDL).
En comparación con el HDL, el cual ha sido privilegiado con el nombre de colesterol ‘bueno’, el LDL y VLDL son moléculas de colesterol relativamente grandes; de hecho, son las más ricas en colesterol. Hay una buena razón para su tamaño, a diferencia de su primo más chico, el cual fácilmente pasa a través de las paredes de los vasos capilares, los tipos de colesterol LDL y VLDL están diseñados para tomar otro camino; abandonando el torrente sanguíneo en el hígado.
Los vasos capilares que suministran al hígado tienen una estructura diferente de aquéllos que suministran otras partes en el cuerpo. Se les conoce como sinusoides. Su estructura cuadricular única en el cuerpo, permite que las células hepáticas reciban el contenido sanguíneo en su totalidad, incluyendo las moléculas de colesterol grandes. Las células hepáticas reconstruyen el colesterol y lo secretan junto con la bilis hacia los intestinos. Una vez que el colesterol entra en los intestinos, se combina con las grasas, y es absorbido por la linfa para entrar en la sangre, en ese orden. Los cálculos biliares en los conductos biliares del hígado inhiben el flujo de bilis, y parcialmente, o incluso totalmente, bloquean la ruta de escape del colesterol. Debido a la presión que se crea en las células hepáticas, la producción de bilis baja. Típicamente, un hígado saludable produce más de un cuarto de galón de bilis por día. Cuando los principales conductos biliares están bloqueados, cuando mucho será una taza de bilis, o quizá menos, la que encontrará su camino hacia los intestinos. Esto previene que mucho del colesterol VLDL y LDL se secrete con la bilis.
Los cálculos biliares en los conductos biliares hepáticos distorsionan la estructura de los lóbulos del hígado, dañando y congestionando las sinusoides. Los depósitos excesivos de proteínas también cierran las rejillas de estos vasos sanguíneos (vea más sobre este tema en la sección anterior). Mientras que el colesterol ‘bueno’ o HDL tiene moléculas suficientemente pequeñas para dejar el torrente sanguíneo a través de los capilares ordinarios, las moléculas más grandes de LDL y VLDL se
quedan más o menos atrapadas en la sangre. El resultado es que las concentraciones de ambos, LDL y VLDL, comienzan a elevarse en la sangre a niveles que pudieran ser potencialmente dañinos para el cuerpo.
Sin embargo, este escenario es simplemente una parte de los intentos de supervivencia del cuerpo. Se necesita el colesterol sobrante para reparar el creciente número de grietas y heridas que aparecen como resultado de la excesiva acumulación de proteínas en las paredes de los vasos capilares.
Eventualmente, este colesterol de rescate comienza a obstruir los vasos capilares y a detener el suministro de oxígeno al corazón.
Agregando a las complicaciones, el reducido flujo de bilis inhibe la digestión de la comida, particularmente las grasas. Por lo tanto, no hay suficiente colesterol disponible para las células del cuerpo y sus procesos metabólicos básicos. Dado que las células hepáticas ya no reciben la suficiente cantidad de moléculas de LDL y VLDL, ellas (las células hepáticas) suponen que la sangre tiene deficiencias de estos tipos de colesterol. Esto estimula a las células hepáticas para incrementar la producción de colesterol, aumentando aún más los niveles de colesterol LDL y VLDL en la sangre.
Este colesterol ‘malo’ queda atrapado en el sistema circulatorio porque sus rutas de escape, los conductos biliares y los sinusoides hepáticos, están bloqueados o dañados. La red capilar y arterial atrapa la mayor cantidad de colesterol ‘malo’ posible en sus paredes. En consecuencia, las arterias se vuelven rígidas y duras.
Las enfermedades coronarias, sin importar si son el resultado de fumar, el beber excesivas cantidades de alcohol, comer demasiadas comidas proteínicas, estrés, o cualquier otro factor, por lo general no aparecen a menos que cálculos biliares hayan dañado los conductos biliares del hígado. El remover los cálculos biliares del hígado y la vesícula puede, no sólo prevenir un ataque cardiaco o infarto, sino también revertir las enfermedades coronarias y el daño al músculo cardiaco. La respuesta del cuerpo frente a situaciones de estrés se vuelve menos dañina, y los niveles de colesterol comienzan a normalizarse, a medida que los lóbulos hepáticos dañados y distorsionados se regeneran. Los medicamentos para reducir de colesterol no pueden hacer esto. Ellos reducen el colesterol en la sangre de manera artificial, provocando que el hígado produzca aún más colesterol. Sin embargo, cuando esté colesterol extra pasa por los conductos biliares, permanece en un estado cristalino (diferente a su estado soluble) y, por lo tanto, se convierte en cálculos biliares. Las personas que usan medicamentos para bajar el colesterol de manera regular, por lo general desarrollan un gran número de cálculos biliares.
Esto los sitúa en una posición donde efectos secundarios importantes pueden aparecer, incluyendo el cáncer y las enfermedades cardiacas.
El colesterol es esencial para el funcionamiento normal del sistema inmunológico, particularmente las respuestas del cuerpo a los millones de células de cáncer producidas diariamente en el cuerpo de toda persona.
Para todos los problemas de salud asociados al colesterol, esta importante sustancia es algo que no deberíamos intentar eliminar de nuestros cuerpos.
El colesterol es más benéfico que perjudicial. El daño es generalmente un síntoma de otros problemas. Quiero enfatizar, una vez más, que el colesterol ‘malo’ sólo se adhiere a las paredes de las arterias para prevenir un problema cardiaco inmediato, no para crearlo.
Esto se confirma con el hecho de que el colesterol nunca se adhiere a las paredes de las venas. Cuando un médico determina su nivel de colesterol, simplemente toma una muestra de sangre de una vena, no de una arteria. Dado que el flujo sanguíneo es mucho más lento en las venas que las arterias, el colesterol debería obstruir las venas más rápido que las arterias, pero nunca lo hace. Simplemente no hay necesidad de ello. ¿Por qué? Porque en el recubrimiento de las venas no se encuentran abrasiones ni rasgaduras que requieren reparación. El colesterol solamente se adhiere a las arterias para cubrir las abrasiones y proteger al tejido subyacente como un curita resistente al agua. Las venas no absorben proteínas en sus membranas base, a diferencia de los vasos capilares y las arterias y, por lo nto, no son sujetas a este tipo de lesiones.
El colesterol ‘malo’ salva vidas; no las toma. El LDL permite que la sangre fluya a través de los vasos sanguíneos dañados sin causar una situación que ponga en riesgo la vida. La teoría del LDL alto como la principal causa de enfermedades coronarias aún no se comprueba y es poco científica. Se ha confundido a la población al hacernos creer que el colesterol es un enemigo al cual se tiene que combatir y destruir a cualquier costo. Los estudios en humanos no han demostrado la relación causa-efecto entre el colesterol y las enfermedades cardiacas. Los cientos de estudios realizados al día de hoy sobre esta relación, solamente han demostrado que hay una correlación estadística entre ambas. Y debe haberlo, porque si no hubiera moléculas de colesterol ‘malo’ adhiriéndose a las arterias lesionadas, tendríamos millones más de muertes provocadas por ataques cardiacos que las existentes.
 Por otra parte, docenas de estudios concluyentes han demostrado que el riesgo de enfermedades cardiacas se incrementa significativamente en aquellas personas cuyos niveles de HDL disminuyen. Un colesterol LDL elevado, no es una causa de enfermedades cardiacas; por el contrario, es una consecuencia de un hígado desequilibrado y un sistema circulatorio deshidratado y congestionado.
Si su médico le ha dicho que reducir su nivel de colesterol con medicamentos le protege contra ataques cardiacos, usted ha recibido información errónea.  Es muy importante avisarle a su médico sobre cualquier medicamento que usted esté tomando para prevenir cualquier interacción seria entre medicamentos…”

Mi pregunta es, “¿por qué arriesgar la salud o la vida de una persona al prescribir un medicamento que no tiene ningún efecto en la prevención del problema para el cual se prescribe?” La razón por la cual la reducción de los niveles de colesterol no puede prevenir las enfermedades cardiacas se debe a que el colesterol no causa las enfermedades cardiacas.
El tema más importante es cómo una persona puede usar el colesterol y demás grasas del cuerpo de manera eficiente. La habilidad del cuerpo para digerir, procesar y utilizar estas grasas depende en que los conductos biliares del hígado se encuentren claros y libres de obstrucciones. Cuando el flujo biliar no presenta restricciones y esta equilibrado, los niveles de LDL y HDL también estarán equilibrados. Por lo tanto, el mantener los conductos biliares abiertos es la mejor prevención contra las enfermedades cardiacas.

miércoles, 14 de octubre de 2009

9- ENFERMEDADES CARDIACAS (2)


Figura 8: Las etapas iniciales de las enfermedades cardiacas.

Para prevenir el peligro, el cuerpo usa un arsenal de primeros auxilios, incluyendo la liberación de la lipoproteína 5 (LP5), un químico sanguíneo.
Debido a su naturaleza pegajosa, la LP5 funciona como un curita y crea un sello más firme alrededor de las heridas. Como una secundaria, pero igualmente importante, operación de rescate, el cuerpo envía cierto tipo de colesterol a los lugares dañados (mayor explicación en la sección "alto colesterol"). Esto hace las veces de una venda más confiable. Pero dado que los depósitos de colesterol no son protección suficiente, también se comienza a construir tejido conectivo y células musculares suaves dentro del vaso capilar. Estos depósitos, también llamados placas arterioscleróticas, pueden, con el tiempo, obstruir completamente las arterias, impidiendo el flujo de la sangre y promoviendo la formación de los mortales coágulos sanguíneos. Cuando se suspende el suministro de sangre al corazón, la actividad del músculo cardiaco se detiene, y el resultado inevitable es un ataque cardiaco. A pesar de que la destrucción gradual de vasos capilares, conocida como arteriosclerosis, inicialmente protege la vida de una persona de un ataque cardiaco producido por coágulos sanguíneos, con el tiempo también se vuelve responsable de causarlos.

martes, 13 de octubre de 2009

8- ENFERMEDADES CARDÍACAS (1)




Los ataques cardiacos son la mayor causa responsable de la muerte de muchos norteamericanos. Aunque aparece repentinamente, un ataque cardiaco es en realidad la etapa final de un insidioso desorden que tardó años en desarrollarse. Este desorden se conoce como coronariopatía. Dado que esta enfermedad sólo aparece en las naciones más prósperas y en rara ocasión fue la causa de muerte antes del año 1900, tenemos que responsabilizar a nuestro estilo de vida moderno, comidas poco naturales y hábitos alimenticios desequilibrados de los males cardiacos que afectan a la sociedad moderna. Pero mucho antes de que el corazón comience a descomponerse, el hígado pierde gran parte de su vitalidad y eficiencia.
El hígado tiene influencia sobre todo el sistema circulatorio, incluyendo el corazón. De hecho, es el protector número uno del corazón. Bajo circunstancias normales, el hígado desintoxica y purifica la sangre venosa que llega a través de la vena portal desde la parte abdominal del sistema digestivo, el bazo y el páncreas. Además de procesar el alcohol, el hígado detoxifica sustancias nocivas, como las toxinas producidas por los microbios. También mata bacteria y parásitos, y neutraliza ciertos compuestos de las medicinas con la ayuda de enzimas específicas. Una de las hazañas más ingeniosas del hígado es el remover la porción de nitrógeno de los aminoácidos, dado que nos es requerida para la creación de nuevas proteínas. La urea se forma a partir de este producto de desecho. La urea termina en el torrente sanguíneo y se secreta en la orina.
El hígado también descompone la nucleoproteína (núcleo) de las células desgastadas en el cuerpo. El producto resultado de este proceso es el ácido úrico, el cual también es secretado con la orina.
El hígado filtra más de un cuarto de galón de sangre por minuto, dejando solamente al dióxido de carbono para ser eliminado por los pulmones. Después de ser purificada en el hígado, la sangre pasa a través de la vena hepática hacia la vena cava inferior para luego llegar a la parte derecha del corazón (ver Figura 7).



De ahí, la sangre venosa llega a los pulmones, donde sucede el intercambio de gases: se secreta el dióxido de carbono y se absorbe oxígeno. Después de abandonar los pulmones, la sangre oxigenada pasa al lado derecho del corazón. Desde ahí es bombeada hacia la aorta. La aorta provee de sangre oxigenada a todos los tejidos del cuerpo.
Los cálculos biliares, en los conductos biliares del hígado, distorsionan la estructura básica de los lóbulos. En consecuencia, los vasos sanguíneos proveedores de estas unidades hepáticas desarrollan problemas, lo cual reduce el suministro interno de sangre. Las células hepáticas se dañan, y desechos celulares dañinos comienzan entrar en el torrente sanguíneo.
Esto aumenta la debilidad hepática para detoxificar la sangre. El resultado es que más sustancias se retienen en el hígado y la sangre. Un hígado congestionado puede obstruir el flujo de la sangre venosa al corazón, provocando arritmias o incluso ataques cardiacos. Es obvio que las toxinas que no son neutralizadas por el hígado, terminan dañando al corazón y la red de vasos sanguíneos.
Figura 7: La manera en que el hígado filtra la sangre.
Otra consecuencia del desarrollo de esta enfermedad es que las proteínas de las células muertas (aproximadamente 30 billones por día) y las proteínas de la comida sin usar no son lo suficientemente metabolizadas, resultando en el incremento de la concentración de proteínas en la sangre. En consecuencia, el cuerpo intenta almacenar estas proteínas en las membranas base de las paredes de los vasos sanguíneos (mayores explicaciones de esto se dan a continuación). Toda vez que la capacidad de almacenamiento de proteínas del cuerpo se agota, las proteínas sobrantes son obligadas a permanecer en el torrente sanguíneo.
Esto puede provocar que el número de glóbulos rojos aumente, elevando el hematocrito, o volumen de células en la sangre, a los niveles anormales.
La concentración de hemoglobina en los glóbulos rojos también comienza a incrementarse, provocando la complexión roja de la piel, particularmente en la cara y pecho. (La hemoglobina es una proteína compleja que se combina con el oxígeno en los pulmones y lo transporta a todas las células del cuerpo). Como resultado, los glóbulos rojos crecen y se vuelven demasiado grandes para pasar por los pequeños canales de la red capilar.
Obviamente, esto causa que la sangre se vuelva demasiado gruesa y lenta, incrementando su tendencia hacia la coagulación (las plaquetas que se quedan juntas).
La formación de coágulo sanguíneo se considera como la principal causa de riesgo para los ataques cardiacos o apoplejías. Dado que la grasa no tiene características volantes, este riesgo emana principalmente de la alta concentración de proteínas en la sangre. Los investigadores han descubierto que la homocisteína (HC), un aminoácido que contiene sulfuro, es el promotor de los pequeños coágulos que inician el daño arterial y el daño catastrófico que precipita la mayoría de los ataques cardiacos y apoplejías (Ann Clin & Lab Sci, 1991 y Lancet 1981). Por favor note que la HC es 40 veces más predecible que el colesterol en la estimación del riesgo de enfermedades cardiovasculares. La HC aparece del metabolismo normal del aminoácido metionina -abundante en las carnes rojas, la leche y los productos lácteos. La alta concentración de proteínas en la sangre, inhibe la constante distribución de nutrientes importantes, especialmente agua, la glucosa y oxígeno a las células. [Nota: la alta concentración de proteínas en la sangre puede causar deshidratación de la sangre, es decir, el engrosamiento de la sangre-una de las principales causas de la alta presión y las enfermedades cardiacas]. Las proteínas también afectan la completa eliminación de los productos básicos de desecho metabólico (ver sección sobre la Pobre Circulación…). Todos estos factores combinados obligan al cuerpo a elevar su presión sanguínea.
Esta condición, la cual se conoce comúnmente como hipertensión, reduce el efecto dañino del engrosamiento de la sangre, hasta cierto punto. Sin embargo, esta respuesta a una situación no natural estresa y daña los vasos
capilares.
Una de las prácticas más eficientes del cuerpo para evitar el peligro de un inminente ataque cardiaco es el sacar a las proteínas del torrente sanguíneo y almacenarlas en otro lugar, por lo menos de manera momentánea (ver Figura 8). El único lugar donde la proteína puede almacenarse en grandes cantidades es en la red de vasos capilares. Las paredes capilares pueden absorber la mayor parte de las proteínas sobrantes. Aquí se reconstruye la proteína y se transforma en fibra de colágeno, la cual es 100% proteína, y se almacena en las membranas base.
Las membranas base tienen la capacidad de incrementar su grosor en 10 veces antes de agotar su capacidad de almacenamiento de proteínas. Pero esto también significa que las células en el cuerpo no podrán recibir las cantidades adecuadas de oxígeno y otros nutrientes básicos. Las células afectadas por esta ‘inanición en proceso’ también pueden incluir células que forman los músculos del corazón. El resultado es una debilidad cardiaca y un desempeño reducido del corazón, y por supuesto, cualquier tipo de enfermedad degenerativa, incluyendo el cáncer.
Cuando ya no se puede almacenar proteínas en las paredes capilares, las membranas base de las arterias también comienzan a absorber  proteínas. El efecto benéfico de esta acción es que la sangre permanece lo suficientemente delgada como para evitar el riesgo de un ataque cardiaco, al menos por cierto tiempo. Pero eventualmente, la misma táctica que previene la muerte daña las paredes de los vasos capilares (sólo los mecanismos primarios de supervivencia del cuerpo no acarrean efectos secundarios importantes). La pared interior de las paredes arteriales se vuelve gruesa y áspera, como óxido en una tubería de agua. Las grietas, heridas y lesiones comienzan a aparecer en diferentes lugares.
El daño a los vasos capilares más pequeños es reparado por las plaquetas sanguíneas. Ellas liberan la hormona serotonina, la cuál ayuda a constreñir los vasos sanguíneos y reducir el sangrado. Pero las heridas de mayor tamaño, como las que se encuentran típicamente en las coronarias dañadas, no pueden ser selladas simplemente con plaquetas; requieren un complejo proceso de coagulación sanguínea en el cuerpo. Sin embargo, si un coágulo de sangre se suelta, puede entrar al corazón y causar un infarto del miocardio, comúnmente llamado ataque cardiaco. [Un coágulo que llega el cerebro resulta en una apoplejía. Un coágulo que tapa la apertura hacia las arterias pulmonares, las cuales entregan la sangre usada a los pulmones, puede ser fatal.]


7- DESORDENES DEL SISTEMA CIRCULATORIO




Para mejorar la descripción, he dividido al sistema circulatorio en dos partes, el sistema circulatorio sanguíneo y el sistema linfático. El sistema circulatorio sanguíneo está formado por el corazón, el cual actúa como una bomba, y los vasos sanguíneos, a través de los cuáles circula la sangre.
El sistema linfático consiste de los nodos linfáticos y los vasos linfáticos a través de los cuales fluye la incolora linfa. Hay tres veces más fluidos linfáticos que sangre en el cuerpo. La linfa toma los productos de desechos de las células y los remueve del cuerpo.
El sistema linfático es el sistema circulatorio primario utilizado por todas las células inmunológicas: los macrófagos, las células T, las células B, los linfocitos, etc. Es necesario un sistema linfático libre de obstrucciones para mantener la homeostasis.

6- ENFERMEDADES DE LA VESICULA Y LOS CONDUCTOS BILIARES



El hígado secreta bilis, la cual pasa a través de los dos conductos hepáticos hacia un conducto hepático común. Este conducto hepático común se extiende por 1.5 pulgadas antes de unirse al conducto quístico proveniente de la vesícula. Antes de que la bilis continúe su camino a través del conducto biliar común hacia el tracto intestinal, debe entrar en la vesícula. La vesícula es una bolsa en forma de pera que sobresale del conducto biliar. Está unida a la parte posterior del hígado (ver figura 5).

Una vesícula normal generalmente retiene 2 onzas líquidas de bilis. Sin embargo, la bilis en la vesícula, no tiene la misma forma que tenía cuando abandonó el hígado. En la vesícula hay una gran reabsorción activa de sal y agua, que reduce el volumen de la bilis a una décima parte de su cantidad original. Las sales biliares no se absorben, lo que significa que su concentración se incrementa 10 veces. Sin embargo, se añaden mucosas a la bilis, la cual la transforma en un material mucoso. Su alta concentración es lo que hace que la bilis sea el potente fluido digestivo que es.

Las paredes musculares de la vesícula se constriñen y liberan bilis cuando el duodeno recibe comida ácida y productos proteínicos procedentes del estómago. Si la comida que llega al duodeno tiene una alta proporción de grasas, se nota un incremento en la actividad. Las sales biliares en la bilis se usan para crear una emulsión que facilite la digestión de la grasa. Una vez que las sales biliares han hecho su trabajo y han dejado a la grasa emulsificada y lista para su absorción intestinal, continúan su viaje través del intestino. La mayoría de ellas se reabsorben en la sección final del intestino delgado y retorna al hígado. Una vez ahí, se integran nuevamente a la bilis para ser secretadas al duodeno de nueva cuenta. (Nota: la congestión intestinal reduce dramáticamente la cantidad de sales biliares necesarias para la correcta digestión de grasas y la producción de bilis).
Los cálculos biliares pueden estar hechos de colesterol, calcio o pigmentos como la bilirrubina principalmente. El colesterol es el elemento más frecuente, pero algunas de estas piedras pueden tener una composición mixta. Aparte de colesterol, calcio, y pigmentos biliares, pueden tener sales biliares, agua y mucosas, así como toxinas, bacteria y, algunas veces, parásitos muertos. Por lo general, las piedras en la vesícula crecen en tamaño durante ocho años antes de que los síntomas empiecen a aparecer.

Figura 5: Ubicación de la vesícula.


Las piedras más grandes son generalmente calcificadas y se pueden detectar fácilmente a través de procesos radiológicos o ultrasonidos. El 85% los cálculos biliares en centros en la vesícula miden aproximadamente 2 cm. de diámetro (ver Figura 6a),



aunque algunas pueden llegar a medir hasta 6 cm. de diámetro (ver Figuras 6b y 6c de un cálculo biliar calcificado que yo personalmente examiné y fotografié momentos después de haber sido arrojado por un cliente en su novena limpieza hepática; la piedra emitió un olor extremadamente nocivo). Se forman cuando, debido las razones explicadas, la bilis en la vesícula se vuelve demasiado saturada, y sus componentes sin absorber comienzan a endurecer.
Si un cálculo biliar sale de la vesícula y se aloja en el conducto quístico o en el conducto biliar común, hay un fuerte espasmo en la pared del conducto (ver Figura 3). Esta contracción ayuda a la piedra a seguir avanzando. Esto causa un intenso dolor conocido como cólico biliar y provoca, a su vez, una distensión considerable en la vesícula. Si la vesícula tiene muchos cálculos biliares, también comenzará a tener dolorosas contracciones musculares.
Los cálculos biliares pueden causar irritación e inflamación de las paredes internas de la vesícula, así como del conducto quístico y biliar común. Esta condición recibe el nombre de colecistitis. También puede haber una infección microbiana. También es común encontrar ulceración en los tejidos entre la vesícula y el duodeno o el colon, con formación de fístulas y adhesiones fibrosas.


Las enfermedades de la vesícula generalmente tienen su origen en el hígado. Cuando los lóbulos hepáticos se distorsionan estructuralmente debido a la presencia de cálculos biliares, eventualmente, tejido fibroso, la presión sanguínea comienza elevarse en la vena portal. Esto, a su vez, incrementa la presión sanguínea en la vena que drena la sangre venosa de la vesícula hacia la vena portal. Esta incompleta eliminación de productos de desechos a través del conducto quístico causa una acumulación de desperdicio ácido en los tejidos de la vesícula. Esto gradualmente reduce el desempeño en la vesícula. La formación de cálculos biliares se dará en cuestión de tiempo.
Enfermedades Intestinales El intestino delgado se une con el estómago en el esfínter pilórico y tiene una longitud entre 5-6 metros. Conduce al intestino grueso, el cual tiene una longitud entre 1-1.5 metros. El intestino delgado secreta jugos intestinales para completar la digestión de los carbohidratos, las proteínas y las grasas. También absorben los nutrientes necesarios para alimentar y mantener el cuerpo, lo protege de infecciones microbiana que hayan sobrevivido al ácido clorhídrico del estómago.

Figura 6b: Un cálculo biliar calcificado muy grande arrojado sin dolor durante la limpieza hepática.













Figura 6c: La misma piedra, pero partida a la mitad.

Cuando la comida ácida (quimo) del estómago llega al duodeno, primero se mezcla con bilis y jugos pancreáticos, y después con los jugos intestinales. Los cálculos biliares en el hígado y la vesícula reducen dramáticamente la secreción de bilis, lo cual debilita la habilidad de las enzimas pancreáticas para digerir los carbohidratos, las proteínas y las grasas. Esto, a su vez, restringe al intestino delgado de absorber correctamente los componentes nutricionales de estas comidas (los monosacáridos de los carbohidratos, los aminoácidos de las proteínas, y los ácidos grasos y glicerol de las grasas).
Dado que la presencia de bilis en los intestinos es esencial para la absorción de grasas, calcio y vitamina K., los cálculos biliares pueden resultar en enfermedades mortales, como las cardiacas, la osteoporosis y el cáncer. El hígado usa la vitamina K soluble en grasas para producir los compuestos responsables de la coagulación de la sangre. En caso de una pobre absorción de vitamina K, el resultado pueden ser enfermedades hemorrágicas. Esta vitamina no puede ser correctamente absorbida, si hay algún problema con la digestión de grasas, debido a una falta de bilis, lipasa pancreática, y una cierta cantidad de grasa pancreática. Por esta razón, el mantener una dieta baja en grasas puede poner su vida en peligro.
El calcio es esencial para el endurecimiento de los huesos y dientes, la coagulación de la sangre y el mecanismo de las contracciones musculares.
Lo que es aplicable a la vitamina K, también es aplicable al resto de las vitaminas solubles en grasas, incluyendo la vitamina A, E y D. La vitamina A y el caroteno también se absorben en cantidad suficiente en el intestino delgado si la absorción de grasas es normal. Si la absorción de vitamina A es ineficiente, se pone en riesgo a las células epiteliales. Estas células son parte esencial de todos los órganos, vasos sanguíneos, vasos linfáticos, etc. en el cuerpo. También se necesita la vitamina A para mantener unos ojos saludables y como protección o para reducir infecciones microbianas. La vitamina D es esencial para la calcificación de los huesos y dientes. En este punto, debo mencionar que el tomar suplementos vitamínicos no resuelve el problema de la deficiencia. Para resumir, sin secreciones biliares normales, estas vitaminas no son digeridas y absorbidas correctamente, y por lo tanto, se puede causar un severo daño a los sistemas linfático y urinario.
Las comidas que no han sido digeridas correctamente tienden a fermentarse y descomponerse en los intestinos delgado y grueso. Atraerán una gran cantidad de bacteria para ayudar en el proceso de descomposición. Los productos resultantes y los químicos producidos por la bacteria son generalmente muy tóxicos. Todo esto irrita a las mucosas, las cuales son una de las principales líneas de defensa del cuerpo contra los agentes causantes de enfermedades. La constante exposición frente a estas toxinas inhibe el sistema inmunológico del cuerpo, del cual el 60% se encuentra en los intestinos. Como consecuencia de la constante sobrecarga de toxinas, los intestinos delgado y grueso pueden enfrentarse a un número de enfermedades, incluyendo la diarrea, el estreñimiento, los gases, enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa, enfermedades diverticulares, hernias, pólipos, disentería, apendicitis, vólvulos, intusucepciones, así como a tumores benignos y malignos.
Un buen flujo de bilis mantiene la buena digestión y la absorción de comida, y tiene una fuerte acción limpiadora a lo largo del tracto intestinal. Cada parte del cuerpo depende de los nutrientes básicos disponibles a través del sistema digestivo, así como de la eficiente remoción de los productos de desechos del mismo. Los cálculos biliares en el hígado y la vesícula interrumpen ambos procesos vitales. Por lo tanto, pueden ser considerados como los culpables de, sino todos, muchos de los diferentes tipos de enfermedades que afectan al cuerpo. El remover los cálculos biliares ayuda a normalizar las funciones digestivas, mejora el metabolismo celular y mantiene un equilibrio en todo el cuerpo.

5- ENFERMEDADES DEL HIGADO


Los cálculos biliares que obstruyen la ampula liberan bacterias, virus y toxinas hacia el páncreas, lo que puede causar un mayor daño a las células pancreáticas, y eventualmente producir tumores malignos. Los tumores regularmente aparecen en la cabeza del páncreas, donde inhiben el flujo de la bilis y los jugos pancreáticos. Esta condición suele estar acompañada de ictericia (para mayores detalles, vea ‘enfermedades del hígado’).
Los cálculos biliares en el hígado, la vesícula y la ampula también pueden ser responsables de dos tipos de diabetes –dependiente de insulina y no-dependiente de insulina. Todos mis pacientes a los que se les han diagnosticado diabetes, incluyendo los niños, tienen grandes cantidades de piedras en su hígado. Cada limpieza hepática ayudó a mejorar su condición, en el provisto de que hayan seguido un régimen saludable y una dieta libre de productos animales.

ENFERMEDADES DEL HIGADO

El hígado es la glándula más grande del cuerpo. Pesa hasta tres libras, ésta suspendida en la parte trasera de las costillas en el lado superior derecho del abdomen y se extiende por casi todo lo ancho del cuerpo. Al ser responsable de cientos de funciones diferentes, es también el órgano más complejo y activo en el cuerpo.
Dado que el hígado se encarga de procesar, convertir, distribuir y mantener el suministro del ‘combustible’ vital del cuerpo (nutrientes y energía), cualquier cosa que interfiera con estas funciones tendrá un impacto serio en detrimento de la salud del hígado y del cuerpo entero. La principal interferencia aparece con la presencia de cálculos biliares.
Además de producir colesterol, un material esencial en la construcción de las células, hormonas y bilis, el hígado también produce hormonas y proteínas que afectan el funcionamiento del cuerpo, su crecimiento y curación. También produce nuevos aminoácidos y convierte los existentes en proteínas. Estas proteínas son el principal material de construcción de las células, las hormonas, los neurotransmisores, los genes, etc. Otras funciones esenciales del hígado incluyen el procesamiento de las células viejas y gastadas, el reciclar el hierro y almacenar vitaminas y nutrientes.
Los cálculos biliares ponen en riesgo todas estas vitales tareas.
Aparte de procesar el alcohol en la sangre, el hígado también procesa sustancias nocivas, bacterias, parásitos, y ciertos componentes de las drogas químicas. Usa enzimas específicas para convertir los desechos o venenos en sustancias que puedan ser seguramente eliminadas del cuerpo.
El hígado filtra más de un cuarto de galón de sangre por minuto. La mayoría de los productos de desechos filtrados dejan el hígado a través del flujo biliar. Los cálculos biliares que obstruyen los conductos biliares conducen a elevados niveles de toxicidad en el hígado y en última instancia a enfermedades hepáticas. Su desarrollo se precipita con ingesta de farmacéuticos, normalmente procesados en el hígado. La presencia de cálculos biliares previene su detoxificación, lo que produce una sobredosis y devastadores efectos secundarios, incluso con dosis normales. También significa que el hígado se encuentra bajo riesgo al procesar productos de aquellos medicamentos sobre los que opera. El alcohol que no es detoxificado correctamente puede causar problemas similares. Todas las enfermedades hepáticas son precedidas por una extensiva obstrucción de los conductos biliares con cálculos biliares. Los cálculos biliares distorsionan el marco de referencia estructural de los lóbulos hepáticos (ver figuras 3 y 4), las cuáles son las principales unidades que comprenden el hígado (hay más de 50,000 de estas unidades en el hígado). En consecuencia, la circulación sanguínea a y desde estos lóbulos, y las células que las componen, se vuelve más difícil. Además, las células hepáticas habrán limitado su producción biliar. Las fibras nerviosas se dañan. La prolongada asfixia eventualmente daña o destruye las células hepáticas y sus lóbulos. A hay un reemplazo gradual de las células dañadas por tejido fibroso, causando mayor obstrucción y un incremento en la presión de los vasos sanguíneos en el hígado. Si la regeneración de las células hepáticas no se mantiene a la par con el daño, la cirrosis hepática es inminente. La cirrosis hepática por lo general conduce a la muerte.
El deterioro hepático sucede cuando las células hepáticas destruidas son tantas que sólo queda un número insuficiente para procesar las funciones importantes y vitales de los órganos. Las consecuencias del deterioro hepático incluyen los mareos, la confusión, el temblor de manos (asterixis), una baja en el azúcar de la sangre, infección, deterioro renal y retención de fluidos, sangrado incontrolable, el coma y la muerte. Sin embargo, el poder de recuperación del hígado es sorprendente. Si se remueven los cálculos biliares, y se descontinúa la ingesta de alcohol y drogas, no habrá problemas a largo plazo, a pesar de que la mayoría de las células hepáticas pudieron haber sido destruidas durante la enfermedad.
Cuando las células recrecen, lo hacen de una manera ordenada, la cual permite la función normal. Esto es posible porque en el deterioro hepático (contrario a la cirrosis hepática) la estructura básica del hígado no ha sido sustancialmente alterada.
La hepatitis aguda surge cuándo grupos enteros de células hepáticas comienzan a morir. Los cálculos biliares albergan grandes cantidades de materia viral, la cual puede invadir e infectar las células hepáticas, causando cambios degenerativos en las células. A medida que los cálculos biliares aumentan en número y tamaño, más células se infectan y mueren, lóbulos enteros comienzan a colapsarse, y los vasos sanguíneos empiezan a desarrollar fallas. Esto afecta la circulación sanguínea hacia las células hepáticas restantes. La extensión del daño que estos cambios tienen en el hígado y su desempeño depende principalmente del grado de obstrucción causado por los cálculos biliares en los conductos biliares del hígado. El cáncer hepático sólo aparece después de muchos años de una oclusión progresiva de los conductos biliares del hígado. Esto también se aplica a los tumores en el hígado y que emanan de tumores primarios en el tracto gastrointestinal, los pulmones, o los senos.
La mayoría de las infecciones hepáticas (tipo A, tipo B, así como tipo no-A y tipo no-B) aparecen cuando un cierto número de lóbulos hepáticos están congestionados con cálculos biliares, lo que puede suceder a edad temprana. Un hígado y un sistema inmunológico saludables pueden destruir perfectamente el material viral, sin importar que el virus haya sido obtenido del ambiente externo o que haya entrado en el torrente sanguíneo de cualquier otra forma. La mayoría de las personas expuestas a estos virus nunca se enferma. Sin embargo, cuando existe una gran cantidad de cálculos biliares, el hígado se intoxica y no puede defenderse de la infección viral.
Los cálculos biliares pueden albergar una gran variedad de virus vivos.
Toda vez que algunos de estos virus se liberan y entran en la sangre pueden causar hepatitis crónica. Las infecciones no virales del hígado son causadas por bacteria que ha llegado por cualquiera de los conductos biliares obstruidos con cálculos biliares.
La presencia de cálculos biliares en los conductos biliares también inhibe la habilidad de las células hepáticas de manejar sustancias tóxicas como el cloroformo, las drogas citotóxicas, los esteroides anabólicos, el alcohol, las aspirinas, los hongos, los aditivos alimenticios, etc. Cuando esto ocurre, el cuerpo desarrolla hipersensibilidades a estas predecibles sustancias tóxicas; así como también a otras no predecibles contenidas en diversos medicamentos. Muchas alergias tienen su origen en esta hipersensibilidad. Por la misma razón, puede haber un incremento en los efectos secundarios tóxicos como resultado de la ingesta de medicamentos, efectos secundarios que la Federal Drug Administration (FDA) o las compañías farmacéuticas ni siquiera conocen.
El tipo más común de ictericia es el resultado de cálculos biliares alojados en el conducto biliar que conduce al duodeno y/o de cálculos biliares y tejido fibroso que distorsiona el marco estructural de los lóbulos hepáticos. El movimiento de la bilis a través de los canales biliares (canalículos) se bloquea y las células hepáticas ya no pueden conjugar y secretar el pigmento biliar conocido como bilirrubina. En consecuencia, hay una acumulación de bilis y sustancias que la integran en el torrente sanguíneo. A medida que la bilirrubina se comienza a acumular, mancha la piel. La concentración de bilirrubina en la sangre puede ser tres veces mayor a la normal antes de que se note la coloración amarillenta de la piel y las conjuntivas de los ojos. La bilirrubina sin mezclar tiene un efecto tóxico en las células del cerebro. La ictericia también puede ser causada por un tumor en la cabeza del páncreas.

Figura 4: Un lóbulo hepático


4- ENFERMEDADES DEL PANCREAS




El páncreas es una pequeña glándula cuya cabeza descansa en la curva del duodeno. Su conducto principal une el conducto biliar común (del hígado y la vesícula) para formar lo que se conoce como la ampula duodenal. Esta ampula entra en el duodeno en su punto medio. Aparte de secretar las hormonas insulina y glucagón, el páncreas produce jugos pancreáticos que contienen enzimas que digieren los carbohidratos, las proteínas y las grasas. Cuando el contenido ácido del estómago llega al duodeno, se mezcla con la bilis y los jugos pancreáticos. Esto crea el equilibrio ácido/alcalino (valor pH) con el cuál, las enzimas pancreáticas son más efectivas (ambos, bilis y jugos pancreáticos, son alcalinos).

Los cálculos biliares en el hígado o la vesícula reducen las secreciones biliares de la cantidad normal de un cuarto de galón por día, a una cantidad tan pequeña como una taza por día. Esto interrumpe severamente el proceso digestivo, especialmente si se consumen grasas o comidas ricas en grasas. En consecuencia, el pH mantiene su valor reducido, lo que inhibe la acción de las enzimas pancreáticas, así como de aquéllas secretadas en el intestino delgado. El resultado final es que la comida sólo se digiere parcialmente. La comida mal digerida al saturarse con el ácido clorhídrico del estómago puede tener un efecto altamente irritante y tóxico en todo el tracto intestinal.
Si un cálculo biliar ha pasado de la vesícula a la ampula duodenal donde se unen el conducto biliar común y los conductos pancreáticos (ver figura 3), se obstruye el flujo del jugo pancreático y la bilis llega al páncreas. Esto provoca que las enzimas pancreáticas divisoras de proteínas se activen en el páncreas y no en el duodeno, como sería normalmente.
Estas enzimas comienzan a digerir partes del tejido pancreático, lo que puede resultar en infección, supuración, y trombosis local. Esta condición es conocida como pancreatitis.
Figura 3: Cálculos biliares en el hígado y la vesícula :


lunes, 12 de octubre de 2009

3- ENFERMEDADES DEL ESTOMAGO




Como ya se mencionó, los cálculos biliares y sus subsecuentes problemas digestivos pueden producir una regurgitación de los ácidos y sales biliares hacia el estómago. Dicho evento cambia negativamente la composición de la mucosa generada en el estómago. La mucosa se
encuentra ahí para proteger el revestimiento estomacal de los efectos destructivos del ácido clorhídrico. La condición donde este ‘escudo’ protector se revienta o es disminuido se conoce como gastritis.
La gastritis puede ocurrir de forma aguda o crónica. Cuando las células de la superficie (epiteliales) del estómago son expuestas al ácido jugo gástrico, las células absorben iones de hidrógeno. Esto aumenta su acidez interna, desequilibra sus procesos metabólicos básicos y causa una
reacción inflamatoria. En los casos más severos, se puede presentar una inflamación de la mucosa (úlcera gástrica o péptica), sangrado, perforación de la pared estomacal y la peritonitis, una condición que surge cuándo una úlcera erosiona totalmente el grosor del estómago o duodeno y
su contenido entra en la cavidad peritoneal. Las úlceras del duodeno se desarrollan cuando el ácido que abandona el estómago erosiona el revestimiento duodenal. En algunos casos, la producción de ácido es inusualmente alta. Comer demasiadas comidas que requieran fuertes secreciones ácidas, así como el combinar comida inadecuada (para más detalles, vea “Los Eternos Secretos de la Salud y el Rejuvenecimiento”, del mismo autor), frecuentemente alteran la balanceada producción de
ácidos. El reflujo en el esófago, comúnmente conocido como acidez, es una condición en la cual el ácido del estómago inunda el esófago y causa la irritación de los tejidos revestidores del esófago.
Hay mas causas de la gastritis y la acidez estomacal. Estas incluyen, el comer de más, el excesivo consumo de alcohol, el fumar demasiado, tomar café diariamente y el comer grandes cantidades de proteínas y grasas animales, la radiación de rayos X, las drogas citotóxicas (o agentes de
quimioterapia), la aspirina y otros desinflamatorios, el envenenamiento por comida, comidas muy picantes, la deshidratación, el estrés emocional, etc. Todas éstas también causan cálculos en el hígado y la vesícula, desatando un círculo vicioso y agregando mayores complicaciones a lo largo del tracto gastro-intestinal. El evento final puede ser la formación de tumores estomacales malignos.
La mayoría de los doctores piensan que un ‘bicho’ es el causante de las úlceras estomacales. El combatir al bicho con antibióticos usualmente resulta en el alivio y el paro de la úlcera. A pesar de que estos medicamentos no previenen a la úlcera de reaparecer una vez que se haya
descontinuado su uso, hay una alta tasa de ‘recuperación’. Pero tal recuperación, por lo general viene acompañada de efectos secundarios.
La infección de estos bichos es posible porque ya existe una gran cantidad de tejido dañado en el estómago. En un estómago saludable, el mismo bicho resulta inofensivo. Como se mencionó anteriormente, los cálculos en el hígado y la vesícula conducen al retorno de bilis al estómago, causando daño a un creciente número de células estomacales.
Los antibióticos destruyen la flora estomacal natural, incluyendo las bacterias que normalmente ayudan en el desecho de las células dañadas.
Es por esto que, a pesar de que el enfoque antibiótico resulta en un rápido alivio de los síntomas, también disminuye permanentemente la eficacia del estómago, colocando al cuerpo en desventaja al momento de enfrentarse a retos más severos que simplemente tratar una úlcera1. El tomar atajos
hacia el alivio raramente funciona. Por otra parte, la mayoría de los malestares estomacales desaparecen espontáneamente cuando todos los cálculos biliares se remueven y se mantiene una dieta saludable y un estilo de vida balanceado.

viernes, 9 de octubre de 2009

2- LA IMPORTANCIA DE LA BILIS




Una de las funciones más importantes del hígado es el producir bilis, aproximadamente entre 1 y 1 ½ cuartos de galón al día. La bilis es un fluido amarillento y viscoso que es alcalino (contra ácido) y tiene un sabor muy amargo. La mayoría de la comida no puede ser digerida sin la bilis. Por ejemplo, para permitir que el intestino delgado absorba grasas y calcio de la comida ingerida, la comida debe primero mezclarse con bilis.
Cuando las grasas no se absorben correctamente, significa que la secreción de bilis no es suficiente. La grasa no digerida continúa en el tracto intestinal. Cuando la grasa llega al colon, junto con el resto de los conductos de desecho, las bacterias la simplifican en componentes de ácidos grasos, o se evacua en las heces fecales. Dado que la grasa es más ligera que el agua, las heces pueden flotar en el inodoro. Si no se absorbe la grasa, entonces el calcio tampoco se absorbe, dejando a la sangre con un déficit. La sangre posteriormente toma el calcio restante de los huesos. La
mayoría de los problemas de densidad ósea son propiamente el resultado de la insuficiente secreción de bilis y la pobre digestión de grasas más que de no consumir el suficiente calcio.

Aparte de procesar las grasas contenidas en la comida, la bilis también remueve toxinas del hígado. Una de las funciones menos conocidas pero no menos importantes de la bilis es el de-acidificar y limpiar los intestinos.
Si los cálculos biliares en el hígado o la vesícula han impedido críticamente el flujo de bilis a los intestinos, el color de las heces será de color tostado, amarillo-naranja o pálido como la arcilla, en lugar de su color café-verdoso. Los cálculos biliares son uno de los resultados de una dieta y estilo de vida poco saludable. Si los cálculos biliares todavía se encuentran en el hígado aún después de haber eliminado al resto de factores provocadores de enfermedades, ellos continúan siendo un riesgo de salud considerable y pueden causar enfermedades o envejecimiento prematuro. Por esta razón, el tema de los cálculos biliares se ha incluido como un severo factor de riesgo o causa de enfermedad. Las siguientes secciones describen algunas de las principales consecuencias que los cálculos biliares en el hígado producen en diferentes órganos y sistemas en el cuerpo. Al remover estas piedras, el cuerpo entero puede reanudar sus actividades normales y saludables.

DESORDENES DEL SISTEMA DIGESTIVO

Hay cuatro principales actividades en el tracto alimentario de nuestro sistema digestivo: Ingestión, Digestión, Absorción y Eliminación. El canal alimentario comienza en la boca, pasa por el tórax, el abdómen y la región pélvica, para terminar en el ano (vea Figura 2).
Cuando la comida se ingesta, una serie de procesos digestivos comienzan a ocurrir. Estos pueden dividirse en el proceso mecánico de la comida a través de la masticación y el proceso químico de la comida por medio de enzimas.
Estas enzimas están presentes en las secreciones producidas por glándulas del sistema digestivo.

Figura 2: El sistema digestivo






Las enzimas son pequeñas sustancias químicas que causan o aceleran los cambios químicos en otras sustancias sin que ellas cambien. Las enzimas digestivas se contienen en la saliva de las glándulas salivales de la boca, los jugos gástricos del estómago, el jugo intestinal en el intestino delgado, el jugo pancreático en el páncreas y la bilis en el hígado.
La absorción es el proceso durante el cual diminutas partículas de nutrientes pasan por las paredes intestinales hacia la sangre y los vasos linfáticos para ser distribuidas a las células del cuerpo. Las entrañas eliminan en forma de heces cualquier sustancia comestible que no puede ser digerida o absorbida. Las heces fecales también contienen bilis, la cual lleva los desechos resultantes de los procesos (catabolismo) de los glóbulos rojos. Además, una tercera parte del desecho excretado esta compuesto de bacterias intestinales. El cuerpo puede funcionar suave y eficientemente si las entrañas remueven el desecho diario acumulado todos los días.
La salud es el resultado natural del funcionamiento balanceado de cada una de estas actividades en el sistema digestivo. A su vez, las enfermedades surgen cuando una o más de estas funciones están inhabilitadas. La presencia de cálculos biliares en el hígado y vesícula tiene una fuerte influencia perjudicial en la digestión y absorción de comida, así como en la eliminación de desechos.

ENFERMEDADES DE LA BOCA

Los cálculos biliares en el hígado y la vesícula pueden ser los responsables de la mayoría de las enfermedades de la boca. Las piedras interfieren con la digestión y absorción de comida, lo que a su vez provoca que los conductos de desecho destinados a la evacuación permanezcan en el tracto intestinal. Las infecciones bacterianas (candidiasis) y las infecciones virales (herpes) en la boca se producen sólo cuando componentes de desecho se descomponen y se vuelven una fuente de toxicidad en el cuerpo. Las toxinas atrapadas constantemente irritan partes del revestimiento gastro-intestinal (el cual comienza en la boca y termina en el ano) hasta que se da la inflamación o ulcerización. Los tejidos celulares dañados ‘invitan’ a más microbios a la escena de la herida para ayudar a limpiar los restos celulares. Este es un fenómeno normal visto en la naturaleza dondequiera que haya algo que necesita de la descomposición. Las bacterias nunca atacan, esto es, no infectan algo que esta tan limpio, vital y saludable como una fruta colgando de un árbol.
Sólo cuando la fruta madura cae al suelo es que la bacteria comienza su trabajo de limpieza. Las toxinas se generan en el momento que la bacteria comienza a descomponer comida o tejido. Estas toxinas pueden reconocerse por su olor desagradable y naturaleza ácida. Si se generan en el cuerpo, es natural que los síntomas de enfermedad aparezcan.
La candidiasis indica la presencia de grandes cantidades de bacteria que se han extendido a lo largo del tracto intestinal, incluyendo el área de la boca. Se presenta en la boca, porque el revestimiento mocoso ahí localizado ya no es lo suficientemente resistente para mantener a las células en buen estado. Dado que la parte principal del sistema inmunológico se encuentra en el revestimiento mocoso del tracto intestinal, la candidiasis indica una seria debilidad del cuerpo en general en su inmunidad contra las enfermedades.
El herpes, considerado como una enfermedad viral, es parecido a la candidiasis, con la excepción de que, a diferencia de las bacterias que atacan el exterior de la célula, los materiales virales atacan el interior o núcleo celular. En ambos casos, los atacantes se enfocan en células débiles o no saludables, aquéllas que ya están dañadas o son disfuncionales.
Sumándose al dilema, los cálculos biliares albergan bastantes bacterias y virus, las cuáles escapan del hígado a través de la bilis secretada infectando aquellas partes del cuerpo que les oponen la menor resistencia.
Los cálculos biliares conllevan otros problemas en la boca. Inhiben propiamente la secreción de bilis, lo que a su vez reduce el apetito y la secreción de saliva en las glándulas salivales en la boca. Se requiere de la saliva para limpiar la boca y mantener sus tejidos suaves y flexibles. Al no haber la suficiente saliva presente, la bacteria destructiva puede iniciar su invasión de la cavidad bucal. Esto resulta en deterioro dental y otros problemas relacionados con la dentadura. Pero, de nueva cuenta, la bacteria no produce este deterioro dental; los gérmenes son atraídos solamente hacia aquellas áreas de la boca que ya están desnutridas y tóxicas.
Un sabor amargo en la boca se causa por la bilis que se ha regurgitado hasta el estómago, y de ahí, a la boca. Esta condición es el resultado de una severa congestión intestinal. En lugar de avanzar hacia abajo, algunas partes del contenido intestinal son retrocedidas hacia arriba, llevando consigo gases y otras sustancias irritantes hacia las partes superiores del tracto gastro-intestinal. La bilis en la boca drásticamente altera el valor del pH (balance ácido-alcalino) de la saliva, inhibiendo sus propiedades limpiadoras y haciendo que la boca se vuelva susceptible de enfermedades.

Una úlcera bucal en el labio inferior indica un proceso inflamatorio simultáneo en el intestino grueso. La repetida aparición de úlceras en cualquier esquina de la boca señala la presencia de úlceras duodenales (vea la siguiente sección Enfermedades del estómago). Las úlceras en la lengua, dependiendo de su ubicación, indican procesos inflamatorios en las correspondientes áreas del canal alimentario, como el estómago, el intestino delgado, el apéndice o el intestino grueso.