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viernes, 27 de noviembre de 2009

TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO Fijar límites, pero siendo sensibles al estado de ánimo de la persona


Teniendo en mente el objetivo de colaborar entre todos para reducir las compulsiones, los familiares pueden darse cuenta de que tienen que mostrarse firmes en cuanto a 1) los acuerdos alcanzados previamente sobre su participación en las compulsiones, 2) el tiempo dedicado a hablar sobre el TOC, 3) el grado de confirmación que se le dará, o 4) el perjuicio que causan las compulsiones en la vida de otros. El estado de ánimo suele determinar la medida en que la persona es capaz de rechazar las obsesiones y resistirse a las compulsiones. Además, muchos familiares comentan que saben cuándo la persona “tiene un mal día”. Es entonces cuando la familia posiblemente tenga que “retirarse”, a menos que peligre la vida de la persona con TOC o exista la posibilidad de que se produzcan situaciones violentas. En los “días buenos”, convendría que los familiares les animaran a resistirse lo más posible a las compulsiones.

TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO Atenerse a un contrato de conducta


En sus esfuerzos por tratar de ayudar a controlar las compulsiones, es posible que le tachen de “egoísta o negativo”, pese a su actitud “colaboradora”. Puede parecer obvio que todos ustedes intentan alcanzar un objetivo común de reducción de los síntomas, pero cada persona puede hacerlo de forma diferente. En primer lugar, es preciso llegar a un acuerdo entre los familiares y la persona afectada en beneficio de ésta última sobre la no participación de la familia en los rituales (lo que incluye también resistirse a las incesantes peticiones de confirmación). Lo ideal es que todos alcancen este acuerdo. La participación en un grupo de apoyo educacional familiar de TOC o la consulta con un terapeuta familiar experto en TOC suele facilitar la comunicación familiar. En general, las respuestas cortas y sencillas son las mejores.


TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO Mantener una comunicación clara y sencilla


Evite dar largas explicaciones. En general, esto es más fácil de decir que de hacer, porque la mayoría de las personas con TOC piden constantemente confirmación a quienes les rodean: “¿Estás seguro de que he cerrado la puerta?” “¿Puedo estar seguro de que la cerré bien?”. Es probable que usted haya descubierto que cuanto más intenta demostrar que no hay necesidad de preocuparse, tanto más le refutan sus pruebas. Incluso la explicación más sofisticada no funcionará. Siembre hay un “¿y si?”

TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO Crear un ambiente de apoyo


Cuanto más pueda evitar las críticas personales mejor. Es el TOC lo que pone nervioso a todo el mundo.
Intente aprender cuanto sea posible sobre el TOC. Su familiar sigue necesitando su aliento y aceptación como persona. Recuerde que la aceptación y el apoyo no significan ignorar la conducta compulsiva. Haga lo posible por no participar en la compulsión. Sin ser hostil, explique que las compulsiones son síntomas del TOC a los que no va a contribuir porque quiere que la persona se resista. De esta forma, transmitirá una actitud que no juzga y refleja la aceptación de la persona.

TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO Reconocer las “pequeñas” mejorías


Las personas con TOC suelen quejarse de que la familia no entiende lo que supone realizar algo como acortar cinco minutos la ducha o resistirse a pedir confirmación una vez más. Aunque todo eso le parezca insignificante a la familia, es un gran paso para ellos.

Reconocer estos logros aparentemente “pequeños” es un instrumento poderoso para animar a la persona afectada a que siga intentándolo y que ésta sepa que usted es consciente de los esfuerzos que hace por mejorar. Las palabras de elogio constituyen un sólido refuerzo positivo. No dude en utilizarlo.

TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO No hacer comparaciones entre un día y otro


En los períodos sintomáticos, las personas con TOC suelen sentirse como si “empezaran de nuevo”. Quizá haya usted cometido el error de comparar los avances de su familiar con su nivel funcional antes de que se manifestara el TOC. Debido a los altibajos del TOC, es importante analizar el conjunto de cambios desde el inicio del tratamiento. Las comparaciones entre un día y otro son engañosas porque no reflejan con precisión las mejorías. Ayude a la persona a establecer un “criterio interno” que le permita evaluar el progreso realizado.
Los días en que sufra una “recaída”, recuérdele que “mañana podrá intentarlo de nuevo”, para que no interprete la intensificación de los rituales como un fracaso. Sentir que uno mismo es un fracaso es algo autodestructivo: provoca un sentimiento de culpabilidad, de “imperfección”. Estas distorsiones crean estrés, que puede exacerbar los síntomas y originar sentimientos de “pérdida de control”. Usted puede ayudar a la persona recordándole el progreso que ha realizado desde el peor episodio y desde que inició el tratamiento.

TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO Saber que las personas mejoran a ritmos diferentes


La gravedad de los síntomas obsesivo-compulsivos depende de cada persona y suele medirse por el grado de angustia emocional y el grado de deterioro funcional.
El progreso de cada persona debe evaluarse con referencia al propio nivel funcional, no al de otros. Es conveniente animar a la persona para que se “fuerce” a sí misma todo lo posible y consiga el nivel funcional más alto posible. No obstante, si la presión para funcionar “a la perfección” supera la capacidad de la persona afectada, se crea otra tensión que genera más síntomas.
Por ejemplo, quizá haya observado diferencias entre personas con síntomas obsesivo-compulsivos y haya comentado (o pensado): “Si esta persona puede asumir responsabilidades familiares y trabajar, ¿por qué no puedes tú?”. Éste puede ser un ejemplo de una expectativa difícil de justificar si se considera el modelo o la evolución de la enfermedad en cada persona. Igual que existe una diversidad según la persona en la gravedad de los síntomas obsesivo-compulsivos, también la rapidez de la respuesta al tratamiento varía mucho. Hay que tener paciencia. Una mejoría lenta y gradual puede resultar más positiva al final si se quieren evitar recaídas.


TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO Modificar las expectativas


Casi todas las personas con TOC explican que cualquier tipo de cambio (incluso los positivos) les produce tensión. Y es entonces cuando afloran los síntomas. Además de reconocer los síntomas obsesivo-compulsivos, puede usted ayudar a moderar esa tensión modificando sus expectativas en momentos de transición. En lugar de transmitir un mensaje frustrante como “¡deja eso!”, una frase del tipo “No te extrañe que tus síntomas empeoren; fíjate en los cambios que estás experimentando” puede tranquilizarle, servirle de apoyo y crear una alianza positiva. Además, los conflictos familiares sólo avivan el fuego y favorecen la intensificación de los síntomas. La exibilidad con el programa de conducta durante los períodos de tensión sirve de ayuda.


TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO Reconocer las señales


La primera orientación dirigida a los familiares insiste en la necesidad de que éstos reconozcan las “señales de advertencia” del TOC. A veces, las personas afectadas por este trastorno tienen pensamientos que usted desconoce y que forman parte del TOC, por lo que hay que vigilar los cambios de conducta. La lista de 12 señales que se muestra más adelante no es, en modo alguno, exhaustiva. No ignore algunos cambios significativos atribuyéndolos a “rasgos de su personalidad”. Recuerde que los cambios pueden ser graduales, pero en general diferentes del modo en que la persona se ha comportado en el pasado. Cuando se pide a las familias que hagan una lista de las nuevas conductas observadas o peculiaridades que empiezan a interferir con las relaciones sociales o laborales de la persona afectada, suelen referirse a misteriosos períodos de tiempo que la persona pasa a solas (en el baño, vistiéndose, haciendo los deberes), rechazo, irritabilidad, indecisión. Estas conductas pueden confundirse fácilmente con la pereza o la manipulación. Es esencial que usted aprenda a identificar esas tendencias como señales del TOC y no como rasgos de personalidad.
Sólo así podrá colaborar con la persona para combatir los síntomas, en lugar de alejarse de él. Las personas afectadas por el TOC suelen decir que cuanto más se les critica o culpa, más empeoran sus síntomas.

Entre las señales que hay que observar, se encuentran las siguientes:

1. Pasar a solas largos períodos de tiempo sin una razón que lo justifique.
2. Hacer las mismas cosas una y otra vez: conductas repetitivas.
3. Hacer preguntas constantes para calmar la propia necesidad de reafirmación.
4. Dedicar más tiempo de lo normal a tareas sencillas.
5. Retraso permanente.
6. Excesiva preocupación por nimiedades y detalles.
7. Reacciones emocionales extremas ante cosas sin importancia.
8. Incapacidad de dormir bien.
9. Quedarse levantado hasta tarde acabando de hacer cosas
10. Cambio importante en los hábitos alimentarios.
11. Considerar la vida diaria una lucha.
12. Conductas de evitación.



TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO Orientaciones generales


1. Aprender a reconocer las señales indicativas de que una persona tiene problemas.
2. Modificar las expectativas durante los períodos de tensión.
3. Evaluar el progreso teniendo en cuenta el nivel funcional de cada persona.
4. No hacer comparaciones entre un día y otro.
5. Reconocer las “pequeñas” mejorías.
6. Crear un ambiente de apoyo en casa.
7. Mantener una comunicación clara y sencilla.
8. Atenerse a un contrato de conducta.
9. Fijar límites, pero siendo sensibles al estado de ánimo de la persona.
10. Seguir con la rutina familiar “normal”.
11. Recurrir al humor.
12. Apoyar el régimen terapéutico.
13. Dedicar tiempo a otros miembros de la familia.
14. ¡Los familiares tienen que ser flexibles!
. El modelo de Orientaciones Familiares se ha adaptado de Schizophrenia and The Family: Carol Anderson, M.D.: Douglas Reiss, M.D.; Gerard Hogarty, MSW, The Guilford Press, NY. 1986.

TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO Orientaciones para vivir con el TOC


Las respuestas de los familiares a las personas afectadas por un TOC varían.
Existen cinco respuestas típicas: 1) familias que cooperan en los rituales para mantener la paz familiar, 2) familias que no participan en ellos pero permiten la compulsión, 3) familias que se niegan a reconocer o a permitir las compulsiones en su presencia, 4) familias que se dividen en su respuesta: algunos miembros ceden continuamente y otros se niegan a ello, y 5) familias cuyos miembros oscilan entre uno y otro extremo, intentando encontrar la solución “correcta”. En cualquier caso, las respuestas extremas o incoherentes crean más sentimientos de frustración y desesperación, pues los síntomas del TOC parecen aumentar.

La tendencia natural a ignorar las señales de advertencia del TOC parece que demora la búsqueda de ayuda profesional. Cuanto más se sabe sobre el TOC, más optimista se puede ser sobre el tratamiento y la recuperación.

En un esfuerzo por ayudar a otras familias, algunas personas afectadas por el TOC y sus familiares, buenos conocedores de la dificultad de abordar este problema de primera mano, han elaborado la siguiente lista.

TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO Cuando la persona con TOC no lo reconoce


Quizá no tenga otra alternativa que seguir adelante con He recibido llamadas y cartas describiendo lo que quizá sea la peor situación: cuando los familiares reconocen los síntomas del TOC, pero la persona afectada no y rechaza toda ayuda. Lo ideal no siempre coincide con la realidad. Es posible que algunos de ustedes tengan un familiar que se niega de plano a someterse a un tratamiento o, incluso, que niega la existencia de los síntomas de un trastorno. Se trata de situaciones muy duras que producen desesperación. su vida, mientras recuerda periódicamente a la persona afectada que está dispuesta a ayudarle, que comprende su vergüenza y angustia y que sus síntomas de TOC pueden mejorar. En general, las personas con TOC no pueden empezar una medicación o una terapia de conducta a menos que no sea por voluntad propia. A veces, cuando el malestar o la afección se agrava tanto que afecta al trabajo, a las relaciones o a la capacidad de disfrutar de la vida, la persona con TOC termina por aceptar asesoramiento profesional. Algunas familias me han relatado que la persona afectada había “tocado fondo” y la situación se había deteriorado mucho antes de que admitiera tener un problema. Es un proceso doloroso y usted, como fuente de apoyo, tiene diferentes posibilidades. A menudo, admitir un “problema” no significa aceptarlo. Para el conjunto de la familia, la aceptación es un proceso que lleva su tiempo. Como familiar, su objetivo es doble: 1) obtener ayuda y ofrecer ayuda usted mismo, y 2) ayudar a la persona afectada a conocer mejor el TOC y el tratamiento disponible.

El primer paso consiste en que el padre o la madre y la persona afectada reconozca el TOC. A continuación, es importante informarse todo lo posible sobre este trastorno. Además, pueden participar en grupos de apoyo del TOC, inscribirse en ATOC, leer el Boletín del TOC y, quizá, contactar con otra familia en la misma situación (a través de ATOC). Es muy importante hablar con otros familiares para compartir los sentimientos de ira, tristeza, culpa, vergüenza y aislamiento. El hecho de comentar con otras familias el método que emplean para afrontar los síntomas y cómo deben afrontar en su caso el TOC les permitirá reflexionar con más criterio sus respuestas y ofrecer alternativas. En general, usted debería:

Tener en casa publicaciones, cintas de vídeo y casetes sobre el TOC. Ofrecer esa información a la persona o dejarla a la vista (estratégicamente situada) para que pueda consultarla cuando esté sola.

Recomendar a la persona querida que es bueno para ella que usted se involucre lo menos posible en las conductas que siente necesarias. Usted está para ayudarle a resistir sus compulsiones, pero no puede ayudarle a llevarlas a cabo. Explíquele que hace lo posible por comprender su dolor, pero que rendirse a las demandas irrazonables sólo empeorará las cosas.

Explíquele que, con los tratamientos actualmente disponibles, la mayoría de las personas experimentan una reducción significativa de los síntomas. Existen formas de ayuda y otras personas con el mismo problema.

Proponga a la persona con TOC que participe en grupos de apoyo con o sin usted, contacte con otra persona en la misma situación (a través ATOC) o con un profesional de la consulta local de TOC.

Si la persona sigue negándose a reconocer que algo va mal, puede usted adoptar medidas definitivas, entre las que se incluyen:

Siga ayudándole y, cuando sea posible, obtenga 1 asesoramiento/ayuda profesional de alguna persona experta en el TOC.
2 No se involucre en el TOC: no intente tranquilizar a la persona, no permita que se lave las manos más veces de lo normal, compruebe cosas sin cesar, o evite determinadas situaciones.

El hecho de que no participe en los rituales puede aumentar la hostilidad de la persona afectada por sentirse frustrada. De nuevo, explíquele tranquilamente que se ofrece a buscarle ayuda profesional, pero que no puede seguir viviendo de acuerdo con las reglas del TOC y que no lo hará. Recuérdele que su participación puede hacerle sentir mejor temporalmente, pero no ayuda a reducir sus síntomas; de hecho, sólo crea una espiral descendente. Ésta suele ser la parte más difícil para las familias..., es duro establecer límites con empatía, algo que normalmente ha de hacerse para ayudar a la persona a reconocer la existencia de un problema. Después de todo, si sigue haciéndole sentir cómodo, contribuyendo a reducir su ansiedad temporalmente, ¿qué interés tendría en afrontar la aparentemente insuperable tarea de cambiar? Si ha sido usted un “cómplice” del TOC y ahora lo reconoce, retírese poco a poco y defienda su posición. Por otro lado, si siempre se ha negado a tener nada que ver con el TOC, aparte de gritar un “déjalo ya”, ha de abandonar esa actitud y aprender a decir lo mismo pero de forma que refleje una mayor voluntad de ayudar y una mayor comprensión de la lucha que supone para la persona. En cualquier caso, la coherencia es algo fundamental, lo que a veces exige hablar con otros familiares para unificar la estrategia, puesto que, de otro modo, sus buenas intenciones podrían debilitarse.
Por ejemplo, una madre dejó de hacer la colada de su hijo de 28 años, pero empezó a hacerla su marido porque no habían pactado un plan para afrontar los síntomas del TOC.

En casos muy graves, la persona afectada por el TOC puede optar finalmente por irse de casa. Si no es menor de edad, vive solo y no constituye un peligro para sí mismo o para los demás, es posible que usted no pueda hacer mucho para que busque ayuda, lo que no significa que usted deje de ayudarle o al menos de intentarlo. A veces es cuestión de perseverar durante años. De nuevo, recuerde que aprender a aceptar el TOC y a sacar provecho del tratamiento es todo un proceso.

TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO Tratamiento


Los especialistas coinciden en que lo mejor es un tratamiento combinado que incluya medicación, terapia de conducta y formación y apoyo a los familiares. Son varios los medicamentos que tienen un efecto beneficioso en las personas con TOC, como la clomipramina, fluvoxamina, sertralina, fluoxetina y paroxetina.
Todos ellos producen cambios en el sistema cerebral de la serotonina.
Algunos también se comercializan como antidepresivos, lo cual es positivo, pues muchas personas con TOC presentan además síntomas de depresión, entre otros, pérdida de interés y energía, dificultad para concentrarse y dormir, incluso ideas suicidas. No siempre está claro si estos síntomas son secundarios al TOC; es decir, si la depresión se produce como respuesta a la necesidad de convivir con el TOC, o si se trata de una enfermedad diferente (depresión primaria).
Afortunadamente, los medicamentos que se prescriben tratan tanto los síntomas obsesivo-compulsivos como los depresivos.

Es importante que tanto las personas con TOC como sus familiares sepan que los medicamentos por sí solos no siempre eliminan todos los síntomas. Combinar la medicación con otras modalidades de tratamiento ayuda a un mejor control de los síntomas. Hasta la fecha, en la mayoría de los casos parece ser que los medicamentos están pensados sólo para controlar, y no para “curar”, los síntomas. De nuevo, contrariamente a la creencia popular, los medicamentos por sí mismos rara vez eliminan por completo los síntomas del TOC. Cuando son eficaces, la mayoría de las personas con TOC aseguran que les ayudan a olvidarse de las preocupaciones y resistirse a las compulsiones con más facilidad. Por tanto, la persona con TOC tiene que esforzarse algo para controlar los síntomas, pero la medicación puede contribuir a facilitar el proceso. Cuando se deja de tomar ésta, los síntomas pueden reaparecer en unas semanas, y la persona afectada tiene más dificultades para resistirse a las compulsiones. La adición de otras formas de tratamiento, especialmente la terapia de conducta, permite albergar la esperanza de reducir o interrumpir la medicación a largo plazo.

La terapia de conducta es más eficaz que la terapia psicodinámica tradicional. A diferencia de la psicoterapia, que suele hurgar en el pasado para encontrar las “raíces” del problema, la terapia de conducta adopta una perspectiva práctica (soluciones “aquí y ahora”) para eliminar las conductas no deseadas. Se recomienda elaborar, en primer lugar, una jerarquía o lista de las situaciones, objetos (desencadenantes externos) y pensamientos, imágenes e impulsos (desencadenantes internos) temidos/evitados que producen angustia. Cada uno de estos factores se puntúa según una escala del 0 al 100 en función del grado de angustia que producen (lo que se llama unidades subjetivas de angustia: USA).
La principal técnica de tratamiento de la conducta es la de “exposición y prevención de la espuesta”. Para eliminar los síntomas, la persona con TOC tiene que exponerse a las situaciones temidas o evitadas. Lo mejor es una exposición gradual, empezando por los factores que hayan obtenido una menor puntuación USA.

A continuación, hay que animar a esa persona para que consiga resistirse a las compulsiones que siente necesidad de llevar a cabo por temor a las consecuencias o a una mayor ansiedad. Esta parte es la llamada prevención de la respuesta. A medida que se practica la exposición y la prevención de la respuesta, la persona afectada se da cuenta de que “no ocurre nada malo” cuando opone resistencia a los rituales. Al principio siente ansiedad por un miedo irracional a que se produzca una catástrofe. Con el tiempo, es capaz de decirse a sí misma: “Bien, sólo me he lavado una vez y no me ha pasado nada malo”. Si, cuando no hace caso a las compulsiones, tiene la sensación de que le falta algo o de “no encontrarse bien”, la exposición a situaciones “desencadenantes” y la resistencia a los rituales consigue también que ese malestar disminuya con el tiempo.
La exposición y la prevención de la respuesta suelen provocar un aumento inicial de la ansiedad; no obstante, a medida que se opone resistencia a las compulsiones, con el tiempo e insistencia se produce una disminución apreciable del malestar y una mayor capacidad para resistirse a los rituales. No desespere: con la repetición y con prolongados períodos de práctica, la ansiedad se reduce. Es lo que se llama habituación. La terapia de conducta exige mucha práctica y paciencia, además de una intensa motivación para tolerar niveles crecientes de ansiedad. La exposición y la prevención de respuesta pueden entenderse mejor con el símil del ejercicio físico.
Cuando una persona empieza a correr, por ejemplo, lo hace a un ritmo lento y recorre poca distancia. A medida que va adquiriendo fuerza y resistencia, podrá cubrir mayores distancias a un ritmo más rápido. Los dolores musculares que sufre al correr se interpretan como signos de un buen uso de zonas hasta entonces poco entrenadas. Del mismo modo, cuando se empieza la terapia de conducta, el aumento inicial de la ansiedad suele achacarse a la posibilidad “de estar haciendo algo mal, porque se supone que tenía que hacerme sentir mejor”, en lugar de “esta ansiedad es una buena señal de que me estoy enfrentando a cosas que me angustian, por lo que es normal que al principio me sienta peor”.
Muy a menudo se abandona la terapia de conducta como consecuencia de ese aumento inicial de la ansiedad, olvidando que el proceso de habituación exige su tiempo. Comparado con el tiempo que una persona lleva padeciendo los síntomas del TOC, el uso continuado de la exposición y la prevención de respuesta permite reducir la angustia y las compulsiones con bastante rapidez. Con todo, la mayoría de las personas esperan, de forma poco realista, que sus problemas desaparezcan con más rapidez. Incluso después de haber dejado de actuar compulsivamente, esas preocupaciones permanecerán porque las conductas cambian antes que los pensamientos y los sentimientos. Entender todo esto le ayudará a ser, como persona de apoyo, un mejor entrenador.

La intervención de la familia es un importante complemento de la medicación y la terapia de conducta.
El grupo de apoyo psicoeducativo multifamiliar ha demostrado ser una estrategia eficaz. Dicho grupo está formado por familiares y personas con TOC que se reúnen para aprender sobre el trastorno, sus efectos en la familia y las estrategias para afrontarlo. Calvocoressi y sus colegas observaron que el 88 % de los familiares encuestados participaban de alguna forma en los síntomas del TOC. En ese estudio se correlacionó significativamente la mayor contribución familiar a los síntomas con disfunción familiar y actitudes negativas hacia la persona con TOC. Esas actitudes posiblemente sirvan para mantener la intensidad de los síntomas obsesivo-compulsivos, por lo que una intervención adecuada de los familiares puede ayudar a abordar esos problemas, y facilitar la recuperación.

Los grupos de apoyo psicoeducativos multifamiliares son singulares porque brindan la oportunidad poco habitual a todas las personas afectadas de sentirse menos aisladas y raras. Se trata de un proceso capacitador basado en el aprendizaje sobre el TOC, el intercambio de experiencias similares y el análisis de formas diferentes de resolver los problemas. Usted se sentirá aliviado al saber que hay otras personas que luchan contra los mismos miedos, preocupaciones, preguntas y conflictos relacionados con el TOC.

Los grupos de apoyo psicoeducativos multifamiliares pueden estar dirigidos por profesionales o basarse en principios de autoayuda. Si está usted a punto de formar un grupo como ese por su cuenta, es recomendable que consulte con profesionales para obtener información médica adecuada. Además, las familias pueden aprender por sí solas viendo cintas de vídeo y leyendo publicaciones.
Otro enfoque multifamiliar que incorpora a familiares y otras personas de apoyo es el tratamiento de conducta multifamiliar (TCMF). Consta de 6-7 familias e incluye a la persona con TOC. Se celebra una reunión privada con cada unidad familiar en dos ocasiones antes de que el grupo empiece a funcionar. Cada sesión dura una hora y media, y tiene como finalidad recabar información y describir con detalle el TCMF. Posteriormente se celebran 12 sesiones multifamiliares semanales de dos horas cada una, sesiones semanales multifamiliares y sesiones de revisión semestrales. Durante las 12 sesiones semanales, se ofrece psicoeducación sobre el TOC, así como terapia de conducta activa. El tratamiento se diseña después de la terapia de conducta individual, y consiste en la exposición directa y la prevención de respuesta, con deberes para casa y ejercicios de autocontrol entre las sucesivas sesiones. Además, las familias observan los ejercicios de exposición y de prevención de respuesta, comparten las experiencias y estrategias de resolución de problemas con otras familias, y aprenden a negociar acuerdos sobre la mejor forma de responder a las demandas del TOC. Dichos acuerdos se llaman contratos de conducta familiares.

El objetivo principal del contrato de conducta consiste en conseguir la colaboración de los familiares para el diseño de planes específicos sobre la forma de controlar los síntomas obsesivo-compulsivos desde el punto de vista de la conducta. Esa colaboración reduce los conflictos y mantiene la unidad familiar. Con una mejor comunicación y una mayor comprensión de los puntos de vista de los demás, es más fácil que los familiares ayuden a la persona a controlar sus síntomas obsesivo-compulsivos, en lugar de posibilitarlos. La experiencia ha demostrado que la terapia de conducta familiar más eficaz se basa en las negociaciones entabladas por los familiares y las personas con TOC en torno a esos “contratos”. Algunas familias pueden hacerlo por sí solas, pero la mayoría necesitan orientación e instrucción profesionales. La idea que subyace al contrato familiar es que la persona con TOC y las personas de apoyo acuerden unos objetivos realistas.

El proceso en sí mismo tranquiliza y reafirma a la persona con TOC. El mensaje de la familia es el siguiente:
“Sabemos que algo va mal, y colaboraremos entre todos para que mejore". Por ejemplo, la persona con TOC puede elegir la acción compulsiva de clasificar y lavar un montón de ropa “contaminada” como objetivo que debe evitar. A continuación, comenta directamente con sus familiares cómo pueden ayudarla:
1) acompañándole mientras realiza la tarea, 2) acordando que los familiares sólo le tranquilizarán una vez diciéndole que, en realidad, la ropa no está contaminada, o 3) dándole algún tipo de compensación una vez alcanzado el objetivo (cenar fuera, muchos elogios) como refuerzo positivo. Un ejemplo de cómo funcionan los contratos de conducta familiares es el caso de un hombre de 35 años con compulsión acumulativa. Guardaba ropa de su adolescencia que no se había puesto en 20 años. Primero fue su armario el que llenó hasta arriba, pero luego empezó a llenar de cosas su dormitorio y otras habitaciones, hasta el punto de resultar insoportable.
Este hombre y su mujer acordaron que todos los días durante un mes tiraría una prenda de su armario. Puesto que a las personas con tendencia a acumular cosas les resulta difícil desprenderse de algo, fue necesario poner límites. Si antes de las 20:00 h no había entregado a su mujer una prenda, ella tenía permiso para ir al armario y elegir 3 artículos de los que él seleccionaría uno. Si antes de las 20:30 h aún no había elegido la prenda, lo haría ella en su lugar. De esta forma, la familia anima firmemente a la persona con TOC, pero haciéndola responsable de afrontar sus miedos y resistirse a las compulsiones o la evitación.

Unas palabras de advertencia antes de utilizar por su cuenta alguna de estas estrategias: es preciso definir, entender y acordar claramente con los familiares implicados en estas tareas todos los objetivos y las contingencias. Las familias que deciden aplicar “reglas del TOC” sin comentarlas primero con la persona afectada, descubren que su intención de combatir el TOC fracasa. El plan concebido para cambiar las conductas existentes debe aplicarse en etapas claramente definidas y comentadas. Después de participar en un grupo de educación y apoyo familiar por primera vez, un marido abandonó la reunión con el mensaje de negarse a contribuir o participar en rituales y reducir la conducta evasiva todo lo posible. Tras 20 años de ayudar a su mujer “para mantener la paz”, el marido llegó a su casa y dejó de “ayudarla” con sus compulsiones. Es de imaginar la ira que eso provocó en su mujer, y el marido regresó a su antiguo estilo, para sentirse nuevamente desconcertado, enfadado, mal informado, engañado e impotente. El marido se había llevado a casa el mensaje correcto de la primera reunión; el error residía en la forma de ponerlo en práctica. Las personas que se han visto “presionadas” hasta el extremo de cerrar la llave de paso general del agua de la casa para evitar el lavado compulsivo, o de quitar interruptores o pomos para que no se comprueben, han comprobado con frecuencia que el hecho de interrumpir la compulsión para terminar con ella suele provocar intensos conflictos familiares, que a menudo son tan dolorosos como vivir con los síntomas obsesivo-compulsivos. Así, lo más importante es que, antes de que intervengan los familiares, la persona afectada y los familiares deben discutir, negociar y acordar un plan de acción. Para que funcione la terapia de conducta familiar, este proceso es esencial. La única excepción a las “reglas” del TOC son las situaciones mortalmente peligrosas o arriesgadas.

En algunos casos, la terapia de conducta familiar individual puede ser especialmente útil para quienes necesitan asistencia profesional más intensa de la que puede obtenerse en un grupo.

TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO ¿Desaparece el TOC?


La mayoría de las personas con TOC tienen altibajos. Si espera que, una vez desaparecidos los síntomas obsesivo-compulsivos, ya no reaparezcan, posiblemente se sienta decepcionado. Hay personas que sufren un episodio y después no vuelven a manifestar los síntomas durante el resto de su vida. Con todo, lo mejor es estar preparado para la aparición de los síntomas en momentos de estrés o de cambio, y ayudar a que la persona afectada también lo prevea. Son varios los factores que pueden influir en los altibajos del TOC. El más común es el estrés, que puede aflorar en muchas situaciones, incluso en momentos felices o positivos.
Las personas con TOC suelen comentar que no les gustan los cambios y que éstos les resultan difíciles.
Por ahora no existe una “cura” garantizada para el TOC.
Existen formas eficaces de tratamiento que pueden ayudar a llevar una “vida normal”. Como familiar, usted puede aprender a prever y a reaccionar ante esos altibajos.


TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO ¿Cuáles son las causas del TOC? ¿Tengo yo la culpa?


Algunos familiares se han preguntado, “Si tengo rasgos subclínicos, ¿desarrollaré ese trastorno?”. No hay pruebas que respalden ese vínculo.
De hecho, muchas personas tienen rasgos obsesivo-compulsivos durante toda su vida y no llegan a desarrollar un TOC. Tanto los factores ambientales como genéticos parecen contribuir a la aparición de los síntomas obsesivo-compulsivos. Los últimos estudios genéticos, junto con un análisis de anomalías neurobioquímicas en personas con TOC, indican que este trastorno puede tener un cierto componente genético. Así, varios miembros de una gran familia pueden estar afectados por un TOC u otros trastornos relacionados, como el síndrome de la Tourette (ST). Los miembros de la familia pueden presentar diversos síntomas, obsesiones y compulsiones, ansiedad generalizada, crisis de angustia y tics complejos motores o vocálicos (síndrome de la Tourette). Según los estudios genéticos, existe un índice de concordancia más elevado de TOC en gemelos monocigóticos (cerca del 65 %) que en gemelos bicigóticos (alrededor del 15 %). Hasta la fecha no se han realizado estudios sobre hijos adoptivos o gemelos que hayan crecido separados. Parece ser que las personas afectadas por un TOC presentan una vulnerabilidad genética que se ve influida por situaciones de estrés y factores ambientales, originando la aparición de síntomas.

Aunque la mayoría de las anomalías se asocian a un neurotransmisor llamado serotonina, es posible que también participen otros neurotransmisores. En otras investigaciones se ha sugerido la alteración de algunas regiones específicas del cerebro como causantes de los síntomas obsesivo-compulsivos. Dichas regiones del cerebro son muy ricas en receptores de serotonina y están asociadas al aprendizaje de procesos y a conductas de aproximación/huida. También se han identificado trastornos similares al TOC en el reino animal. Por ejemplo, existe un trastorno consistente en limpiarse y lamerse en exceso que puede afectar a perros, gatos o incluso pájaros. Dicho trastorno produce caída del pelo o de las plumas por lamerse o escarbarse con el pico en exceso, de forma compulsiva. Los daños en la piel pueden causar infección y, en casos extremos, poner en peligro la vida del animal. Por fortuna, los animales afectados responden a los mismos medicamentos utilizados para tratar el TOC, que actúan a través de un mecanismo serotoninérgico.
Pese a que muchas investigaciones científicas se han centrado en factores biológicos, existe una extensa literatura publicada sobre el modelo teórico de aprendizaje del TOC. El modelo más popular se basa en la teoría de dos fases de Mowrer para la adquisición y el mantenimiento de actitudes de miedo y rechazo. En la primera fase de la adquisición, objetos neutrales (retretes, tijeras), pensamientos (“alguien se va a hacer daño”) o imágenes (el demonio) se asocian a miedo/ansiedad, a través de su relación con un estímulo de aversión que produce malestar. En la segunda fase, o de mantenimiento, se refuerza el rechazo de los desencadenantes (situaciones, objetos) ya que así disminuye la ansiedad. Esta explicación es demasiado simplista. Además, los desencadenantes internos (pensamientos, imágenes, impulsos) pueden producir angustia y desatar compulsiones. Por otra parte, las compulsiones no siempre se exteriorizan. De hecho, muchas personas afectadas por el TOC describen compulsiones mentales, como contar, analizar una conversación o comprobar una habitación mentalmente.
Los modelos cognitivos complementan los modelos de conducta o aprendizaje, abordando el proceso cognitivo típicamente alterado en el TOC. Pese a que estos pensamientos tan molestos para las personas con TOC son comunes para la mayoría de nosotros, esas personas experimentan un malestar excesivo, por miedo a que suceda una catástrofe, y les resulta más difícil rechazar ese tipo de pensamientos. Los investigadores del campo cognitivo están estudiando los fenómenos cognitivos (creencias, memoria, procesamiento de la información, actitudes, percepciones) para distinguir los procesos de razonamiento obsesivo-compulsivo de las formas comunes de pensamiento.

Es importante reconocer que el TOC no es “culpa” de la persona afectada. Igualmente, usted, como familiar, ha de saber que no es el causante del TOC; éste no está originado por una determinada educación. Los padres que sufren un TOC temen enseñar a sus hijos a tener los síntomas. Un padre que no para de “lavarse” puede tener un hijo que no para de “comprobar cosas”. Aunque la genética parece desempeñar un papel en el TOC y los hijos imitan a los padres, no es posible aprender la ansiedad que acompaña al TOC de los padres.

Quizá sea humano sentirse responsable de los fenómenos psicológicos que no tienen una explicación única y clara. Es posible que se pregunte a sí mismo:
“Bien, si yo no he sido, ¿cuál es la causa?”. Actualmente, la mejor explicación general es la siguiente: una predisposición genética en la que muy probablemente esté implicado el neurotransmisor serotonina puede determinar que una persona sea vulnerable al desarrollo de un TOC. Ciertos valores, la ética y las creencias personales pueden contribuir a ello, pero los padres no causan el TOC. Todos podemos sentirnos culpables por la forma en que hemos educado a nuestros hijos o hemos respondido a nuestro cónyuge. Culpar a los familiares no conduce a nada. Por el contrario, éstos pueden aprender a participar eficazmente en el tratamiento del TOC y a desempeñar un papel crucial facilitando mejoras funcionales y no favoreciendo la persistencia de los síntomas. Usted, como familiar, puede aprender conductas de apoyo que le alejen de las compulsiones e influir en la evolución de los síntomas de la persona con TOC y en su vida.

TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO ¡Usted puede hacer algo!


Una mujer de 40 años, que llevaba 20 sufriendo un TOC grave, y su madre de 60 años, empezaron a participar en un grupo de psicoeducación familiar. Según explicaron, “tenían una relación muy buena y podían hablar de todo excepto del TOC”. En la tercera sesión anunciaron con júbilo al grupo que ya “incluso podían hablar abiertamente sobre el TOC”. Cuando los demás les preguntaron qué había cambiado, la mujer afectada respondió:”Mi madre ha venido a las reuniones del grupo, ha leído información sobre el TOC y ha escuchado a otras personas afectadas hablar sobre sus experiencias.

Creo que está empezando a comprender este trastorno y todo lo que yo estoy pasando”.

Hemos observado que el aprendizaje y la comprensión emocional de lo que supone experimentar los síntomas del TOC deben acompañar a los esfuerzos de la familia por intervenir. Como muchas personas que padecen un TOC son, por otro lado, muy funcionales, no sorprende que tienda usted a ver las compulsiones como conductas que la persona puede empezar o detener cuando quiera. Ese es un error habitual. Aceptar la realidad de que su familiar tiene algo que “no funciona bien” y precisa atención profesional, puede ser un proceso doloroso. Antes de poder prestar una ayuda eficaz, es necesario reconocer el TOC e informarse sobre él. Debe conocer cuál es el problema antes de intentar solucionarlo. El aprendizaje es el primer paso. A medida que vaya aprendiendo más sobre el trastorno, empezará usted a albergar esperanzas de poder hacer algo para ayudar a la persona afectada por el TOC. El TOC es un trastorno bioquímico con síntomas clínicos que van más allá de los rasgos de personalidad. Cuánto más sepa, mejor podrá considerar las conductas irracionales desde una perspectiva impersonal. Las relaciones familiares mejorarán y la persona con TOC se sentirá más apoyada.
Unas relaciones familiares positivas y el hecho de sentirse comprendido potencian considerablemente los beneficios terapéuticos (medicación, terapia de conducta).

Ya sabemos cómo llamarlo... ¿Pero cómo saber cuándo los síntomas obsesivo-compulsivos precisan
atención profesional?

Según empiece a saber más sobre el TOC, es posible que piense “¡Parece que hablan de mí!” o “¡Eso es justo lo que yo hago!”. Comparar los rasgos de la personalidad con los síntomas es un error habitual, porque a primera vista parecen lo mismo. No obstante, las causas de esa conducta son muy diferentes. Por ejemplo, un padre a quien le costaba entender por qué su hijo no podía “parar” de lavarse y marcharse a trabajar, le dijo que él también tenía el “hábito” de lavarse y que, si él podía parar, ¿por qué no podía su hijo?, lo cual enfureció al hijo, agudizándole los síntomas. Se sintió frustrado porque su padre no entendía la importante distinción entre un hábito y una compulsión.

Es importante distinguir entre los rasgos obsesivo compulsivos y los síntomas obsesivo-compulsivos.
Según una serie de estudios realizados, casi todo el mundo tiene uno o dos rituales. La diferencia reside en el grado de ansiedad y convicción de la necesidad de realizar la compulsión. Las personas con TOC sienten que no pueden controlar su ansiedad de otra forma que no sea llevando a cabo las compulsiones. Sus cerebros les dicen que si realizan los rituales, sus miedos disminuirán. Es mejor rechazar o identificar esa conducta como un “síntoma”, no como “fallos”. Todos practicamos uno o dos rituales, pero las conductas se convierten en “síntomas” de un trastorno si “no son deseadas” e interfieren en las relaciones sociales o laborales. Cuando una persona no puede controlar las compulsiones, es importante no culparla. Por otro lado, el TOC no debería convertirse en excusa para reducir la funcionalidad. Por otro lado, una vez identificado el TOC, el afectado espera que los familiares asuman sus responsabilidades y así poder evitar determinadas situaciones, lo que rara vez les sirve de ayuda.


TRASTORNO OBSESIVO COMPUSIVO : ¡No estamos solos!


Por fin, después de varios años sin saber a dónde recurrir, alguien le ha dado un nombre. A un miembro de su familia le han diagnosticado un TOC (Trastorno Obsesivo-Compulsivo) y desea saber todo lo posible sobre esta enfermedad. Preocupado por ese ser querido, sin duda alguna se habrá preguntado, “¿Qué puedo hacer para ayudarle?” Aunque parezca raro, actuar de forma intuitiva no siempre es beneficioso. Ceder, tranquilizarle o discutir no siempre son formas constructivas de contribuir a reducir los síntomas del TOC, ni estas respuestas transmiten necesariamente el deseo de ayudar.

Saber que lo que sufre esa persona es un trastorno conocido quizá le suponga un cierto alivio, porque “al menos sabemos cómo llamarlo y podemos encontrar a alguien que nos ayude”. Saber que esa persona tiene un TOC es el primer paso para aprender a afrontar mejor los síntomas. Lleva tiempo y esfuerzo aprender a comprender realmente el TOC, aceptar que un ser querido tiene TOC y saber cómo afrontarlo de forma eficaz. Los síntomas del TOC no siempre desaparecen pero, con tratamiento y apoyo familiar, la mayoría de las personas experimentan cierta mejoría. Usted puede llegar a aprender la forma de afrontar ese trastorno; las relaciones familiares pueden mejorar y los síntomas, disminuir. No obstante, esos objetivos han de alcanzarse gradualmente, sin olvidar que llevan su tiempo.

Tras varios años trabajando con familias que tenían uno de sus miembros afectado por un TOC, hemos descubierto algunos aspectos comunes: sentimientos de aislamiento, frustración, vergüenza, preguntarse “¿Por qué no paran quietos?”… Sobre todo es una petición de ayuda: “¿Qué debemos hacer?”. Los familiares suelen sentirse angustiados, desconcertados, abrumados y frustrados. Tratando de ayudar, es probable que usted haya probado de todo, desde pedir a la persona afectada por el TOC que deje de comportarse “estúpidamente”, hasta ayudarle con sus rituales o, realizar las tareas que le correspondían a ella para “mantener la paz”. Cualquiera de esas actitudes tendrá un efecto negativo en el funcionamiento de su familia y posiblemente agrave los síntomas obsesivo-compulsivos. Los conflictos familiares son inevitables.
A medida que la persona con TOC rechaza sus intentos de “ayudarle” o éstos resultan ineficaces, usted puede sentirse desesperado o impotente.

TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO: "TOC" -SUMARIO


APRENDER A VIVIR CON EL
TRASTORNO OBSESIVO-COMPULSIVO


Barbara L. Van Noppen (Asistente social), Dra. Michele T. Pato y Dr. Steven Rasmussen

Sumario

¡No estamos solos!
¡Usted puede hacer algo!
¿Cuáles son las causas del TOC? ¿Tengo yo la culpa?
¿Desaparece el TOC?
Tratamiento
Cuando la persona con TOC no lo reconoce
Orientaciones para vivir con el TOC
Orientaciones generales
Reconocer las señales
Modificar las expectativas
Saber que las personas mejoran a ritmos diferentes
No hacer comparaciones entre un día y otro
Reconocer las “pequeñas” mejorías
Crear un ambiente de apoyo
Mantener una comunicación clara y sencilla
Atenerse a un contrato de conducta
Fijar límites, pero siendo sensibles al estado
de ánimo de la persona
Seguir con la rutina familiar normal
Recurrir al humor
Apoyar el régimen terapéutico
Es importante pasar un tiempo separados
Ser flexibles
Orientaciones para educadores y empresarios
Orientaciones especiales para niños y adolescentes
Últimas observaciones
Acerca de los autores
Agradecimientos

CARLOS CASTANEDA Y ENRIQUE PICHON RIVIÈRE


Alejandro Simonetti

Alejandro Simonetti es docente de Psicología Social, 
capacitador en áreas del Estado y el trabajo, 
consultor de la Internacional de la Educación.



1.¿PORQUÉ RELACIONO A CARLOS CASTANEDA CON LA PSICOLOGÍA SOCIAL?.
Mi intención es mostrar cómo la lectura de los libros de Carlos Castaneda, acerca de su aprendizaje de un conocimiento americano precolombino, incide en mi aprendizaje y docencia de la Psicología Social postulada por Enrique Pichon Rivière y desarrollada en las Escuelas de Psicología Social.
El ESQUEMA de CONCEPTOS al que nos REFERIMOS para OPERAR los que continuamos construyendo la Psicología Social propuesta por Pichon; es un esquema viviente, si sus definiciones de la realidad se desestructuran y reestructuran a medida que la realidad se desestructura y reestructura o van apareciendo ante nosotros sectores de la realidad que no tenían nombre y definición en nuestro esquema de representaciones.
Y es un esquema muerto, si pretende seguir nombrando y definiendo la realidad al margen de sus cambios en el tiempo y de las nuevas informaciones que nos van llegando de distintos lugares y tiempos históricos.
¨ No te preocupes, Clarisa ¨ - le dijo Pichon a Clarisa Voloschin, una socióloga discípula suya – ¨yo voy a estar vivo hasta que se muera la última persona que me amó ¨ . De un modo similar, podríamos decir que el esquema de conceptos que Pichon empezó a construir con sus colaboradores en Buenos Aires, Rosario, Tucumán y otros lugares del país, estará vivo hasta que se muera la última persona que asuma la tarea de rectificar sus elementos desactualizados, ratificar los que aún mantienen su carácter explicativo de la realidad y añadir y articular los nuevos elementos que hagan falta para nombrar lo no nombrado.

2. LAS CIENCIAS OCCIDENTALES Y EL ¨CONOCIMIENTO SILENCIOSO¨.
Y aquí aparece la primera objección para esta aproximación de dos esquemas de conocimiento.
Los conceptos y desarrollos teóricos del E.C.R.O.(esquema conceptual al que nos referimos para operar, en el lenguaje de la Psicología Social de Pichon) son construcciones racionales realizadas a partir de datos tomados de la experiencia sensible, con la metodología de la llamada ¨ ciencia occidental ¨.
Usamos el concepto de ¨ grupo ¨ , por ejemplo, y desarrollamos su definición a partir de innumerables grupos de distintas características, de los cuales dejamos de lado las peculiaridades propias de este grupo singular y de este tipo particular de grupo, para abstraer las características universales que no pueden faltar en un conjunto de personas para que podamos aplicarles la definición de grupo, según un convenio o pacto por el que acordamos utilizar este concepto, y la palabra que lo expresa, con este límite de extensión convenido.
Las ¨ enseñanzas de Don Juan ¨ , como las llama Carlos Castaneda en el título del primero de sus libros, parecen no responder a la metodología científica de inducción de conceptos a partir de experiencias sensibles y deducción de consecuencias desde esos núcleos básicos.
Al menos no utiliza, en su método de enseñanza, los pasos habituales de la búsqueda occidental del saber: transmisión de conceptos básicos y sus definiciones, articulación de los conceptos en desarrollos teóricos que los estructuran en esquema conceptual coherente, observación de la realidad utilizando esas herramientas interpretativas y ratificación o rectificación del esquema conceptual como resultado de su comparación con la realidad observada.
El camino de conocimiento que andan los ¨ toltecas ¨ , como a veces se llaman a sí mismos sus seguidores, es profundamente distinto.
3. LA DIFERENCIA NO ESTÁ EN EL ORIGEN AMERICANO DEL CONOCIMIENTO SILENCIOSO.
Y no me parece que esta diferencia se deba solamente al ¨ lugar en el mundo ¨ o a la época en que se empieza a desarrollar el ¨ conocimiento silencioso ¨ de los toltecas.
Porque en la misma América y en esos mismos tiempos anteriores al
¨ encuentro ¨(o ¨ reencuentro ¨, como prefieren verlo los historiadores
que presumen ¨ descubrimientos ¨ de América por el estrecho de Bering y por el Pacífico) de las culturas de ¨ aquí ¨y de ¨ allá ¨, investigadores americanos precolombinos desarrollaban investigaciones científicas, utilizando metodologías similares a las europeas, aventajándolas en muchos casos.
El cineasta antropológico Pedro Parodi nos contó una tarde, a los espectadores de su película sobre el Kalasasalla, templo-observatorio astronómico precolombino, la sorpresa y la incredulidad de los astrónomos reunidos en un congreso internacional de Astronomía, al escuchar el relato sobre la increíble precisión con que los 365 pilares del recinto miden el tiempo, acompañando, pilar a pilar, día a día, los distintos ángulos de entrada de los rayos solares. Hubo, en el posterior verano del hemisferio norte, un éxodo de astrónomos europeos a Bolivia, los cuales verificaron, con escándalo, la mayor precisión de las investigaciones astronómicas americanas sobre las europeas de la misma época.
En el libro ¨A los quinientos años del choque de dos mundos ¨ , Ediciones del Sol, CEHASS, 1989, el antropólogo Adolfo Colombres enumera, en el Prólogo, una interesante serie de datos comparativos sobre el desarrollo de algunas civilizaciones americanas precolombinas y el de las civilizaciones europeas de la misma época, que dan cuenta de un desarrollo americano de las distintas ciencias, necesarias para esas realizaciones, similar o superior al europeo.
¨ El Mundo Nuevo fue edificado sobre las ruinas de Tenochtitlán, ,Cuzco y otros grandes centros urbanos, junto con su arte y su ciencia. Pero en el siglo XVI no había en Europa ciudad más poblada (casi 300.000 habitantes, contra 120.000 de Sevilla, 100.000 de Lisboa y 60.000 de Madrid) y hermosa que Tenochtitlán ni templo más monumental que la Pirámide del Sol de Teotihuacan, levantada unos 1.300 años atrás, cuyos 900 metros de perímetro en la base representan una superficie cubierta algo mayor que la de la Pirámide de Keops, por más que no la supere en altura. Según un cálculo, su casi un millón de metros cúbicos de tierra y materiales calcáreos debieron exigir la movilización de más de diez mil personas durante más de veinte años. Se ha estimado también, en base a datos fehacientes, que Teotihuacan tenía en el siglo VI una población de 200.000 habitantes, o sea, un nivel de urbanismo diez veces mayor a la Europa de entonces, donde no había ciudad de más de veinte mil habitantes.
Londres y París rondaban esa cifra. Teotihuacan se disputaba en ese tiempo el primer puesto mundial con Changán, la orgullosa capital del reino de Tang, en China.
También Tikal, en el siglo IV, con sus seis grandes templos pirámides
(uno de ellos alcanzaba 69 metros de altura), podía eclipsar a cualquier ciudad de Europa, pero más asombraban los conocimientos matemáticos y astronómicos que adquirieron los mayas en el Clásico Temprano (del 300 al 600 de nuestra era), en base a una pura observación, pues sus instrumentos eran rudimentarios.
El calendario maya habría sido concebido en el año 353 antes de Cristo y llevado a su máxima expresión por los astrónomos de Copán. En el siglo VI, y aún antes, había alcanzado un grado de exactitud que ni siquiera logró conseguir Occidente con el calendario gregoriano de 1582 y que guardaba sólo un error de 1/10.000 (un día cada diez mil) con relación al actual año gregoriano. Asombra pensar que tal calendario era capaz de proyectarse unos 63 millones de años hacia adelante.
También que calcularan tan tempranamente la revolución de la Luna, la Tierra y Venus. En el códice de Dresde hay una tabla de predicción de los eclipses solares que cubre 33 años y comprende 69 fechas. Los códices (que también, aunque en una época posterior, tuvieron los mixtecos y los aztecas) pueden ser vistos como libros muy rudimentarios, pero hay que recordar que el papel recién empezó a fabricarse en Samarcanda en el año 751 de nuestra era y que llegó a España en el 950 y que la primera biblioteca monástica de libros escritos en pergamino se funda en Europa en el año 590.
La llegada de Colón inauguró el proceso de cubrimiento al que nos referimos. Obras de arte, quipus, códices, estelas, tabletas y otros registros históricos fueron quemados, enterrados, destrozados, convertidos en lingotes, so pretexto de erradicar ¨ idolatrías ¨ , nombre que pasó a designar toda religión, incluso monoteísta, que no fuera la cristiana. Se demolieron muchas grandes obras de arquitectura, para borrar esos escandalosos baluartes de identidad y aprovechar los materiales para la construcción de la nueva ciudad, como en el caso paradigmático del Cuzco.
Se ignoraron los descubrimientos astronómicos y matemáticos, las redes camineras, los sofisticados sistemas de regadío y andenería, así como muchas valiosas técnicas agrícolas. ¨
De acuerdo a estos datos, no podemos decir que es su origen americano y precolombino lo que parece hacer incompatible el conocimiento tolteca del hombre, la sociedad y el mundo, con un conocimiento construido a partir de líneas de pensamiento europeo como el psicoanálisis y el materialismo dialéctico, ya que las ciencias de la América precolombina estaban en condiciones de entrar en diálogo de igual a igual con las de la Europa de entonces y aún actualmente existen desarrollos precolombinos, por ejemplo en el terreno de la agricultura biológica, que pueden entrar en convergencia epistemológica con sus disciplinas pares de occidente.

4. EL OBJETO DE CONOCIMIENTO.
Se trata del objeto mismo del conocimiento que propone el saber tolteca lo que parece ser irreductible a su convergencia con una metodología científica moderna.
Don Juan, en nombre de su grupo y su corriente de pensamiento, le propone a Carlos Castaneda intentar un proceso de aprendizaje destinado a disponer al aprendiz a la percepción directa de la energía.
No le propone observar los objetos de la naturaleza y la cultura o las conductas de las personas, grupos, organizaciones o comunidades humanas, para deducir de lo observado las leyes que los regulan e insertarse de alguna manera en la modificación de la naturaleza y la cultura en función de la satisfacción de las necesidades humanas.
Nos hubiéramos encontrado, en ese caso, con una elaboración científica americana capaz de entrar en síntesis con otras similares de origen europeo, dentro de la propuesta pichoniana de superación de la fragmentación de las ciencias del hombre.
Pero en la propuesta de Don Juan Matus se produce un corte con el ¨ mundo de los objetos ¨ que estudian nuestras ciencias.
Nuestro límite perceptivo, en las ciencias occidentales, es la experiencia sensible de los objetos materiales a los que acceden nuestros sentidos en sus condiciones naturales o amplificados por la tecnología.
Los modelos conceptuales que dan cuenta, desde las diversas ciencias, del comportamiento de los objetos materiales, inertes o vivientes, psíquicos o sociales, no agregan nuevos datos a los que nos proporcionan los sentidos: sólo organizan y explican coherentemente los datos sensoriales e incrementan el conocimiento solamente a través de las inferencias que deducen de estos.
Don Juan propone a sus aprendices una tarea que desborda el materialismo metodológico de nuestras ciencias: se trata de aprender a percibir energía directamente, no de postular la energía como una realidad que se infiere a partir de sus efectos en los objetos materiales.
Las teorías científicas utilizan el concepto ¨ energía ¨ como categoría interpretativa del comportamiento de la materia.
Todo el saber tolteca es un intento de disponer el aparato perceptivo para el experimento de ¨ ver ¨ energía directamente.

5. EL APRENDIZAJE TOLTECA COMO EXPERIMENTO.
Podríamos comparar la propuesta de aprendizaje que hace Don Juan, en nombre del pensamiento tolteca, a la de las ciencias modernas.
Estas nos dicen: ¨ si se ponen tales y cuales elementos en tales y cuales condiciones, se producirá tal resultado, dentro de tal gama de probabilidades, y esto se producirá necesariamente, cualquiera sea el experimentador, la época y el lugar en que se haga el experimento ¨.
Don Juan no pide que el aprendiz crea lo que él afirma: sólo exige que cumpla estrictamente los procedimientos para producir las condiciones requeridas y observe atentamente el resultado. La ¨ hipótesis ¨ es que, si cumple correctamente los pasos del proceso, en determinado momento, el aprendiz, sin perder su capacidad de ¨ mirar ¨, por la que percibe el mundo de los objetos, accederá al ¨ ver ¨. El ¨ ver ¨ sería una capacidad perceptiva por la que el mundo aparecería como una red de hilos luminosos de energía, las ¨ líneas del mundo ¨ , que cruzarían los ¨ capullos luminosos ¨ de los seres vivientes.
Pienso que la actitud científica implica una disposición de apertura a todo experimento que pueda acrecentar el conocimiento. Cuando el antropólogo Castaneda se acerca por primera vez al indio yaqui que le recomendaron como experto en ¨ plantas de poder ¨ , lo hace con una actitud de receptividad a cualquier dato nuevo que pudiera acrecentar su saber. El indio le propone un experimento, el antropólogo acepta someterse a sus condiciones y, a través de estas, accede a un conocimiento que no tenía. Hasta aquí habría cierta coincidencia con la propuesta de la investigación científica.

6. CARÁCTER INICIÁTICO DEL CONOCIMIENTO SILENCIOSO¨.
Pero la similitud con las ciencias se debilita si se tiene en cuenta que no cualquiera puede acceder a los experimentos del saber tolteca.
En los libros de Castaneda se explica detalladamente el proceso por el cual un maestro selecciona a sus aprendices.De acuerdo a la ¨ Regla del Nagual ¨, el Nagual, conductor y maestro del grupo de aprendizaje al que llaman ¨ la Partida ¨, no puede aceptar como integrante del grupo a cualquiera que se ofrezca, ni puede guiarse por sus preferencias personales.
Cuenta Don Juan que los ¨ brujos ¨ de la antigüedad elegían como aprendices a sus hijos o allegados, convirtiéndose la búsqueda de conocimiento en un feudo familiar, en que el saber era buscado en función del poder, el status social y las ventajas económicas que daba.
Para corregir esos abusos, los ¨ brujos modernos ¨, como se autodenominan en esta etapa histórica, que abarca un período que comienza antes de la conquista española, han renunciado a la libre elección de sus aprendices.
La ¨ Regla ¨ determina el modo en que se ha de ir formando la Partida del Nagual, el grupo de aprendizaje. Cada incorporación ha de ser precedida por una secuencia clara de ¨ signos ¨ , anomalías de la naturaleza u ocurrencia de eventos improbables que señalen inequívocamente en dirección a la persona que ha de ser elegida.
 
Con su capacidad de ver directamente la energía, el Nagual examinará el cuerpo energético del candidato, para determinar si es compatible con las características energéticas de los anteriores integrantes de la Partida. Las mujeres deben ser elegidas, en múltiplos de cuatro, de acuerdo a los puntos cardinales, una ¨ mujer del sur ¨ , una ¨ mujer del norte ¨ , etc., de acuerdo a los ¨ cuatro vientos ¨, que implican complementariedades energéticas y de temperamento. Del mismo modo, los varones serán elegidos si reúnen las características energéticas correspondientes al ¨ hombre de acción ¨, al erudito ¨, al ¨ hombre de la oscuridad ¨y al ¨ propio ¨ o asistente.
Los aprendices serán elegidos en partes iguales entre personas con características de ¨ ensoñadoras ¨ , con una disposición especial para cierto tipo de percepción ultrasensorial que se da en un estado similar al sueño y ¨ acechadoras ¨ , con cierta base temperamental para obtener resultados positivos en el trato con las personas.
En base a estos criterios de heterogeneidad y complementariedad en función de una tarea compartida, el Nagual o maestro va haciendo su propuesta a determinadas personas. La búsqueda es lenta porque, dado el grado de compromiso vivencial que implica la opción por este aprendizaje, es difícil encontrar alguien que, al mismo tiempo, reúna las características requeridas y esté dispuesto a introducir en su vida los cambios profundos que exige este camino. Don Juan cuenta que hubo veces en que se encontró con personas que ¨ daban el perfil ¨ para formar parte de su grupo de aprendizaje pero que, ¨ lamentablemente ¨ eran gerentes de Banco u ocupaban otros puestos que los hacían sentir satisfechos y no tenían ningún interés en cambiar su régimen de vida.
En base a estos criterios, cuando cuenta con signos suficientes, el Nagual hace su propuesta de enseñanza a determinadas personas.
Para entrar a formar parte de la Partida, la propuesta debe ser explícitamente aceptada por el candidato, quien debe dirigirse libremente al encuentro de su maestro.
Este carácter iniciático del aprendizaje tolteca lo diferenciaría cualitativamente del camino de la formación en las ciencias occidentales, abierto, de derecho, a todos.
 7. TENDENCIA INICIÁTICA DE LAS CIENCIAS OCCIDENTALES.
La distancia se acorta si pensamos que dedicarse a las ciencias implica disponer de un excedente de tiempo, disposición anímica, posibilidades económicas y, habitualmente, condiciones educativas favorables para hacer esa elección y mantenerla en la práctica. Con lo que, de hecho, se aminora el número de los que están en condiciones de ser aceptados como aprendices de las ciencias occidentales.
Y hay otro factor que podría acercar aún más el modo de selección de  aprendices de las ciencias al modelo iniciático. Según el futurólogo Alvin Toffler, se incrementa cada vez más la incidencia del conocimiento en la fórmula de los elementos del poder.
De acuerdo a su prospectiva , de los tres elementos que, tradicionalmente fundamentaron el poder social: la violencia, el dinero y el conocimiento, este último tiende a ocupar un porcentaje cada vez mayor de la fórmula.
Empresas que, en otro tiempo, hubieran sido arrebatadas a sus dueños por procedimientos gangsteriles (violencia) o vaciadas y adquiridas por maniobras económicas (dinero), hoy son penetradas informática- mente y dominadas ¨ sin sangre ni gastos ¨ (conocimiento).
Esto lleva a los poseedores de saberes nuevos, que dan poderes distintos, a ocultarlos celosamente a las mayorías, limitándoles el acceso, en favor de los sectores con los que están dispuestos a compartir el poder.

8. EL ¨SABER FEUDAL¨.
Se trataría, de hecho, de un retorno al ¨ saber feudal ¨ , al saber en función del provecho personal que, según Don Juan, habrían ejercido los brujos de la antigüedad.
Este saber ambicioso los habría llevado a su ruina, ya que el poder que da el saber dominador es ambicionado por otros sectores, desatando la guerra del conocimiento.
 
De este modo, el saber feudal de los brujos antiguos habría sido derrotado, como parte de un sistema de poder, por los saberes modernos que integran, junto con los poderes militar y económico, los nuevos sistemas de poder que hoy dominan al mundo.
El aprendizaje tolteca traza una línea divisoria tajante entre el objetivo de los brujos antiguos que, según él, buscaban el saber para obtener poder y el poder para su provecho económico y social y el objetivo de los brujos modernos, los actuales ¨ hombres de conocimiento ¨ , que afirman que aprenden para ¨ acceder a la libertad ¨.

9. EL TIPO DE PODER QUE BUSCA EL CONOCIMIENTO SILENCIOSO.
El hombre de conocimiento también buscaría el poder que se obtiene a través del saber. Pero el poder específico que intentaría hallar en su aprendizaje, no sería la ¨ capacidad de hacer ¨ que da ventajas en el reparto de los bienes del mundo, para obtener una tajada mayor de la  torta  de lo producido por el trabajo de todos.
El poder específico que busca el hombre de conocimiento es el poder atravesar crecientemente sus condicionamientos y alcanzar un grado mayor de libertad, como objetivo en sí mismo, independientemente de cualquier otro provecho personal.

10. CONOCIMIENTO SILENCIOSO Y DUALISMO.
A primera vista, esta rotunda separación entre libertad y provecho parecería coincidir con una visión platónica de la realidad: un ¨ cuerpo ¨ que busca su provecho y un ¨ alma ¨ que busca su libertad.
Los grupos de hombres (varones y mujeres) de conocimiento, que describen Carlos Castaneda y sus dos compañeras de Partida, Florinda Donner y Taisha Abelar, proveen a su mantenimiento con gran solvencia, a través de distintas maneras de obtener ingresos y administrar su utilización en forma cooperativa.
Inclusive explican que, formarse para ocupar lugares productivos, de acuerdo a las pautas de la sociedad en que se vive y maniobrar para mantenerse económicamente, son tareas que forman parte de su adiestramiento en el ¨ acecho ¨ , el arte de obtener respuestas positivas del medio en que se vive.
Las increíbles hazañas perceptivas que obtendrían por la vía del ¨ ensueño ¨, no podrían alcanzarse si sus ¨ acechos ¨ , sus maniobras prácticas para ganarse la vida, no les dieran la infraestructura material que les asegurara los lugares y los tiempos libres necesarios para la aventura de aprender.
El ¨ cuidador ¨ , uno de los integrantes de la Partida de Don Juan Matus, le enseña a Florinda Donner a preparar una monografía para una cátedra de la carrera de Antropología, como un campo concreto donde poner en práctica su aprendizaje.
Don Juan, viejo indio yaqui, aparentemente pobre y solitario, se presenta un día a Carlos vestido con un elegante terno hecho a medida y afirma que se dedica a negociar con acciones. La casa donde se desarrolla el comienzo del aprendizaje de Taischa Abelar es descripta por ella como cuidadosamente mantenida.
Una de sus instructoras le habla a Taischa sobre lo caro que les ha resultado el viaje de todo el grupo a la India. El grupo parece combinar una extrema frugalidad, en su intento de administrar estrictamente la energía y la valoración de la habilidad para conducirse en el mundo de la economía.

11. ¿DUALISMO O PLURALIDAD DE PERSPECTIVAS?.
Esta reflexión sobre la articulación entre el saber (símbolo del mundo de la cultura y el espíritu) y el poder (símbolo del mundo de la economía y la política) en el pensamiento tolteca, me lleva a la revisión de esta articulación en la propuesta epistemológica y vital de la corriente pichoniana de la Psicología Social.
Don Juan Matus afirma que su corriente de pensamiento no afirma la dualidad ¨ cuerpo-alma ¨ .
Considera que este tipo de categorías no aportan nada al conocimiento. Serían parte de un modo de razonamiento que lleva a su aprendiz, de formación universitaria, a perderse en especulaciones que su maestro suele cortar con un seco ¨ ya estás tonteando.
Afirma que existe un cuerpo material, que vemos con los sentidos cuando miramos el mundo de los objetos y un cuerpo energético, que sería el mismo cuerpo humano cuando se lo ve, es decir, cuando se percibe directamente el fluir de su energía, articulado con la de las líneas del mundo, que emanarían de cierta fuente inconcebible que sólo describe metafóricamente, pero cuya existencia parece constarle.
De acuerdo a esto, parecería que el dualismo, en este pensamiento, estaría sólo en el modo de mirar, no en la realidad misma.
Un mismo ser es ¨ mirado ¨ como material y ¨ visto ¨ como energético.
Y, como el hacer sigue al ser, diríamos que todo lo que hacemos respecto al mundo de los objetos, percibido de otra manera es un hacer en el mundo de la energía.
Cuando, desde la Psicología Social, intentamos acceder al conocimiento del ser humano individual y de sus interacciones en grupos, organizaciones y comunidades, también afirmamos la existencia de un solo ¨ hombre en situación ¨ que, analizado desde una multiplicidad de miradas distintas, puede ser percibido fisico-químicamente, biológicamente, psicológicamente, sociológica o antropológicamente, económica o históricamente, etc. Pero la mirada divide a la cosa en su ¨ ser conocida ¨ , no en su ¨ ser en sí ¨ . A lo sumo podemos decir, con Kant, que su ser en sí nos es inaccesible, dado que no lo podemos conocer al margen de las condiciones en que conocemos, como, dicen, los protones y electrones no pueden ser vistos sin haber sido previamente bombardeados con fotones, que los iluminan haciéndolos visibles, pero irremediablemente los modifican, al sacarlos de su estado ¨natural.
Lo que no implica una renuncia relativista a toda posibilidad de conocer. Sino una renuncia a la pretensión del conocimiento directo de la cosa como es en sí misma.

12. LA CIENCIA COMO DIALÉCTICA.
La ciencia es una dialéctica entre esta renuncia a conocer las cosas tal como son en sí mismas y la infatigable búsqueda de una creciente precisión en nuestras representaciones de las cosas.
Esa aproximación cada vez mayor de las representaciones de las cosas en nuestra mente y las cosas mismas, no la obtendremos por comparación con cierto momento privilegiado en que viéramos las cosas como son en sí mismas, para poder medir el ángulo de desviación de nuestro conocimiento.
El único criterio a nuestra disposición para medir la objetividad de nuestro conocimiento es la respuesta de la cosa ante la acción que llevamos a cabo en la línea de un determinado conocimiento.
He tenido ocasión, en el chaco santafesino, de cortar con hacha trozos de quebracho. Mi conocimiento previo, adquirido por información recibida de otros, me decía que el filo del hacha debía golpear en forma paralela a la fibra del árbol. Es decir, si se trataba, como en ese caso, de una rodaja del tronco, debía golpear como si cortara el árbol de arriba a abajo, no perpendicularmente. Yo golpeaba en la línea de ese conocimiento y la madera respondía dejando entrar el hacha como un pan de manteca deja entrar el cuchillo. Pero si, involuntariamente, dejaba que el trozo de quebracho se acostara y el filo golpeaba perpendicularmente en él, el hacha rebotaba violentamente con un ruido metálico, como si hubiera querido hachar un pedazo de hierro.
La cosa misma, la madera, contestaba a lo que yo le decía con mi acción. La primera percepción (¨ se golpea según la fibra ¨) era ratificada: el quebracho respondía ¨ así sí ¨. A la segunda, de haberla habido (¨ se golpea perpendicularmente a la fibra ¨ ), el quebracho respondía ¨ así no ¨ . En el primer caso, el experimento ratificaba el conocimiento, la hipótesis. En el segundo, lo desmentía e invitaba a rectificarlo.
Don Juan Matus no niega esta manera de conocer. Dice que, en este tipo de conocimiento, ¨ el punto de encaje de la percepción ¨ se ubica en un lugar que llama ¨ el punto de la razón.
 
Y que no podría emprender la aventura de la búsqueda del conocimiento directo, del ¨ conocimiento silencioso ¨ , aquel que no hubiera accedido al punto de la razón, al conocimiento por correcta inferencia a partir de los datos de los sentidos, indispensable para moverse adecuadamente en la vida cotidiana que transcurre en el mundo de los objetos.
Pero afirma al mismo tiempo que, cuando uno llega al punto de la razón, sólo descubre que nuestra razón es solamente un punto luminoso en una galaxia de infinitas estrellas. Nos dice la verdad, pero sólo una parte de la verdad.

13. NO SE TRATA DE VER LAS COSAS COMO SON.
La afirmación tolteca de que es posible ver energía directamente, ¿implicaría la presunción de que podemos conocer las cosas como son en sí mismas?... Es decir, ¿Don Juan afirma que ellos llegan adonde Kant decía que el hombre no puede llegar?.
Creo que no. El que ¨ ve ¨ , accede a la percepción de ¨ campos de energía ¨ que no se perciben habitualmente. Conoce lo que, en determinada cultura, en determinada ¨ modalidad de la época ¨ , no se conoce.
Nuestra madre, nuestro padre, nuestros maestros, nos han delimitado lo que podemos percibir y nos han recortado el mundo, dando nombre a todo lo que en nuestra cultura tiene nombre y por lo tanto está incluido entre las cosas que todos perciben. También nos han nombrado entidades que no vemos con nuestros sentidos pero que nuestra cultura declara existentes.
La energía, los virus, el inconsciente, la presión social, los duendes, los ángeles, Dios, son palabras que nombran objetos de conocimiento que, en distintas culturas, se toman como causas explicativas, que no pueden ser percibidas en sí mismas, de hechos observables que serían sus efectos.
Y, más allá de las entidades perceptibles por los sentidos y de las entidades presupuestas pero aceptadas como no perceptibles, se extiende el páramo de todo lo que ni se percibe ni se supone existente, la inmensidad de la nada.
El aprendizaje tolteca intenta el desplazamiento del foco de la atención más allá de lo límites de lo percibido, establecidos por la cultura.
Ilumina otras realidades :¨ Una realidad aparte ¨ , se llama el segundo libro de Carlos Castaneda, con el que obtuvo su Máster en Antropología.
No declara inexistentes e ilusorias a las realidades del mundo de los objetos. No se trata, como en ciertas doctrinas orientales, de pasar de ¨ la ilusión ¨ de lo que vemos a ¨ la verdad ¨ de lo que es.
En Occidente, Parménides coincidía con esta visión cuando repudiaba la multiplicidad y el movimiento, que nos muestran los sentidos, para afirmar únicamente el Uno Inmóvil que revelaría la Razón. En el pensamiento tolteca no se desprecia al mundo ni a la mirada del hombre común y corriente.
Don Juan le explica a Carlos que no le hace ver el mundo de los brujos porque este sea una gran cosa, sino porque quiere enseñarle que, además del mundo que aprendió a mirar, existen otros mundos, tal vez infinitos mundos. Esa es la revelación tolteca: no hay un solo mundo: cada manera de mirar abre un mundo de realidades nuevas.
Esta frase puede tomarse en un sentido puramente literario, como cuando decimos darme cuenta de eso, me abrió un mundo nuevo ¨ , en el sentido de que, al tener una información nueva, pueden abrirse puntos de vista distintos para comprender el resto de la realidad. Pero las realidades aparte de las que habla Don Juan son mucho más que eso: llega a afirmar que cuando se pasa de la primera atención, por la que miramos el mundo de los objetos, a la segunda atención , en la que vemos el fluir de la energía, accedemos a mundos o, si se prefiere, a dimensiones del mundo, en las que existe una multiplicidad de entidades que parecen no existir en el mundo de los objetos.
Del mismo modo que, en este momento, yo no percibo la multiplicidad de ondas radiofónicas que seguramente estarán cruzando la habitación en que estoy y sólo podría decodificar si dispusiera de un radiorreceptor, el pensamiento tolteca afirma que estoy rodeado de presencias activas, de orden energético, que yo no veo porque no sé mirarlas. Y en esto coincide con lo que se ha dado en llamar el ¨ pensamiento primitivo, por oposición al pensamiento científico, toda la tradición animista y religiosa de la humanidad que, tal vez con excesiva ligereza, se ha dejado de lado en los ámbitos universitarios, dividiendo dilemáticamente una manera de conocer que llegaría a la realidad y una manera de conocer que sólo sería proyección de deseos, miedos y ambiciones de poder.
En la línea de los relatos sobre paraísos y caídas, Don Juan le cuenta a Carlos la creencia tolteca de un tiempo en que convivían pacíficamente el conocimiento silencioso, por el que se accedía a los mundos actualmente ocultos a nuestra percepción y el conocimiento por la palabra, que permitía a los hombres convivir en la vida cotidiana y organizar sus tareas. Habría habido una pérdida de equilibrio en la humanidad, por la que los hombres, entusiasmados por la practicidad del conocimiento por las palabras, útil para comunicarse en función de hacer cosas, quisieron extenderlo al intento de comprender el mundo.
Y, como el conocimiento por las palabras no es adecuado para comprender el mundo, se fueron hundiendo cada vez más en una situación de inevitable frustración, perdiendo progresivamente el ¨ conocimiento silencioso ¨ , que sí era adecuado para intentar comprender el mundo.
Don Juan explica, por este pecado original, la actual situación angustiosa del ser humano, que siente que le falta algo y no sabe qué.

14. EL PUNTO DE ENCAJE DE LA PERCEPCIÓN.
El Nagual recibe a su aprendiz aprisionado por los límites perceptivos de la condición humana de la época actual, en la que sólo se acepta el conocimiento que se puede expresar con palabras. Le enseña a acumular la energía necesaria para acometer la aventura de atravesar esos límites.
Le dice que tiene que ¨ parar el mundo ¨. Esto quiere decir dejar de lado, al menos momentáneamente, los condicionamientos culturales que, a través del diálogo externo e interno, nos dicen lo que se ve y lo que no se ve.
En la descripción que hacen del mundo que ven cuando disponen su percepción para acceder directamente a la energía, los toltecas dicen que ven a los seres humanos como huevos, bolas o rectángulos compuestos por hebras luminosas, atravesados por infinitas otras líneas de luz que constituirían la red de la energía del universo.
Dicen que el huevo, bola o rectángulo luminoso se extiende alrededor del cuerpo humano más o menos hasta un brazo extendido hacia arriba y alrededor.
Aclaran que es sólo una descripción metafórica, ya que no se trataría estrictamente de una luz que se vea con los ojos, porque se seguiría percibiendo con los ojos cerrados. Pero de algún modo tienen que nombrar su percepción, sin esperanza de que las palabras correspondientes al mundo de los objetos puedan dar cuenta de ella.
Dicen que, en cada globo luminoso humano, se percibe un punto del tamaño de una pelota de tenis, de una brillantez mayor que la del resto del globo, ubicado, con referencia al cuerpo, a unos sesenta centímetros atrás del omóplato derecho.
Llaman, a este punto, el ¨ punto de encaje de la percepción ¨ o simplemente el ¨ punto de encaje ¨ . De las modificaciones que se producen en la conducta de las personas cuando se producen modificaciones en ese punto, deducen que está íntimamente relacionado con el proceso de la percepción: al ¨ ver distinto, nos comportaríamos distinto...
Cada ser humano, entonces, visto como un globo luminoso, estaría atravesado por los infinitos filamentos luminosos de las ¨líneas del mundo.
Estas líneas del mundo serían las infinitas realidades del universo que podrían ser percibidas. De ellas, solamente son percibidas por cada sujeto aquellas que pasan por su punto de encaje de la percepción. Las restantes, pasan por nosotros sin que seamos conscientes de ellas. Según lo que afirman los que ¨ ven ¨ , cuando alguien toma conciencia de algo, el filamento correspondiente a aquello que percibe adquiere un especial resplandor al pasar por el punto de encaje.
A lo largo de siglos de observaciones de los seres humanos en esas con-diciones alteradas de percepción, los que ¨ ven ¨ descubrieron que ¨ el punto de encaje de la percepción puede ser desalojado del lugar en que está habitualmente¨. (¨ El arte de ensoñar ¨ , Carlos Castaneda, página 19)
Advirtieron que ¨ cuando el punto de encaje está en su posición habitual, a juzgar por el normal comportamiento de los sujetos observados, la percepción y la conciencia de ser son usuales. Pero cuando el punto de encaje y la esfera de resplandor que lo rodea están en una posición diferente a la habitual, el insólito comportamiento de los sujetos observados es prueba de que su conciencia de ser es diferente y que están percibiendo de una manera que no les es familiar ¨.
 
¨ La conclusión que sacaron de todo esto es que, cuanto mayor es el desplazamiento del punto de encaje, más insólito es el consecuente comportamiento y la consiguiente percepción del mundo y la conciencia de ser ¨ (ibídem).
Hablan de ¨ cambio del punto de encaje ¨ , cuando el desplazamiento ocurre dentro de la bola luminosa, haciendo resplandecer filamentos correspondientes a realidades, habitualmente no percibidas, pero proporcionadas al conocimiento humano y de ¨ movimiento del punto de encaje ¨ cuando este sale al exterior de la bola luminosa, dando lugar a percepciones desmesuradamente inhabituales, iluminando líneas del mundo más allá de las posibilidades humanas.
Soy consciente de que estoy transcribiendo formulaciones insólitas y fantasmagóricas, inadmisibles para los que intentamos formarnos en la actitud científica, que implica no aceptar proposiciones que no puedan fundamentarse en observables de la experiencia sensible.
Sólo expongo lo que el antropólogo Carlos Castaneda afirma que le fue xplicado por su maestro tolteca Don Juan Matus y posteriormente testimonia haber experimentado personalmente, como resultado de unaprendizaje sistemático del arte de percibir directamente energía.
Cuando, en los grupos operativos de aprendizaje, se nos propone, como actitud de apertura al otro, aceptar la heterogeneidad de puntos de vista, perspectivas culturales, posiciones ideológicas y características personales, no se nos está pidiendo que compartamos todo lo que oímos de los otros, que sumemos todas las posiciones acríticamente en una especie de sincretismo epistemológico a la manera del ¨ cambalache.
La propuesta es escuchar todas las campanas, sin prejuzgar que algo que se afirma es necesariamente falso, por la persona que lo dice o por el aspecto estrafalario de la proposición. La actitud científica sólo nos impone someter toda afirmación al criterio de la confrontación con la experiencia sensible.
Estas proposiciones acerca del ¨ más allá ¨ de la experiencia sensible están, por definición, fuera de los linderos de la ciencia. Una actitud científica estricta nos obliga a no formular sobre ellas ninguna afirmación desde el campo de las ciencias, ni afirmativa ni negativa.
 
Sólo podemos verificar que un autor publica estas proposiciones y eventualmente verificar, si es posible una investigación de campo, que un determinado sector de la población manifiesta compartirlas como su visión del mundo y de la percepción humana. Para aquellos que dicen haberlas verificado por experiencias personales, pasarían a ser certezas subjetivas, válidas exclusivamente para aquel que las experimentó. Pero sería ajeno al espíritu de las ciencias, que consiste fundamentalmente en la intención de expandir continuamente las fronteras del saber humano, combatir y condenar las búsquedas de saber que se realizan más allá de sus linderos.
El mismo Carlos Castaneda, hombre del saber universitario, aferrado a las metodologías de fundamentación académica del conocimiento, manifiesta que opuso tenaz resistencia al aprendizaje y le dijo repetidamente a su maestro que la descripción de la percepción humana que le enseñaba era tan rebuscada y tan inadmisible que no sabía qué hacer con ella. ¨- Hay algo que puedes hacer ¨- le dijo una vez Don Juan: ¨- Ve el punto de encaje!. No es tan difícil verlo. La dificultad está en romper el paredón que mantiene fija en nuestra mente la idea de que no podemos hacerlo. Para romperlo, necesitamos energía. Una vez que la tenemos, ¨ ver ¨ sucede de por sí. El truco está en abandonar el fortín en que nos resguardamos: la falsa seguridad del sentido común . ¨ ( ¨ El arte de ensoñar ¨, página 22).

15. EL APRENDER CÓMO O HACER.
Para romper el paredón que mantiene fija nuestra mente, necesitamos energía.
Y aquí llegamos al punto del aprendizaje tolteca en el que descubrí, por primera vez, cierta aplicabilidad de algunos de sus enunciados al proceso de aprendizaje de la Psicología Social y al de cualquier otra disciplina.
Don Juan le enseña a Carlos el ¨ no hacer.
El aprendizaje, en su concepción, sería más un no hacer que un hacer.
De cada diez personas a las que interroguemos , nueve describirán el conocer como el simple darse cuenta de lo que está ahí, como un acto receptivo, más bien pasivo... La cosa está ahí, nosotros la vemos: la cosa entra en nosotros por los sentidos, como el agua en el balde...
Don Juan describe el conocer como un fenómeno intensamente activo.
Como Berger y Luckman, sociólogos del conocimiento de la vida cotidiana, diría que conocer es una construcción social de la realidad, un hacer el mundo. No un hacerlo de una vez y para siempre, sino una construcción constante, un tener juntas sus partes para impedir que se disperse y deje de ser lo que es.
También esto parece descabellado, en Don Juan y en Berger y Luckman. El mundo se nos aparece como lo sólido, lo que es, lo que está ahí.
En nuestro pensar aprendido, lo activo, lo artificial, lo construido es lo mental, la fantasía, la creatividad: allí estaría el riesgo, el peligro de afirmar lo que no existe como existente o no ver lo que está ahí.
Esa actividad mental sería el hacer. Percibir, conocer, en cambio, serían un no hacer.
Para el saber tolteca y para la sociología del conocimiento, percibir es un hacer, un construir con los materiales de las sensaciones. La misma oftalmología enseña que lo que reconocemos como nuestras imágenes visuales de las cosas no son estrictamente lo que ve el ojo, sino una construcción del cerebro, que compone una estructura en base a los múltiples movimientos de los globos oculares.
Cuesta aceptarlo. Hay un antes y un después del darse cuenta de la artificialidad de lo que conocemos como el mundo.
Artificial quiere decir hecho por arte, construido.
Hay personas que dan indicios de haber cruzado esa frontera entre la creencia ingenua de que el mundo es tal cual lo vemos y el reconocimiento de cierta artificialidad.
Otros escuchan todo esto como una metáfora, como un ejercicio literario propio de poetas, que cuando dejan de soñar y vuelven al mundo de la vida real, reconocen que las cosas son como son...
Tal vez es más fácil darse cuenta de la artificialidad del mundo en el campo de las morales y las costumbres culturales.
 
Comprendemos que, en el siglo pasado, fuera considerada inmoral una mujer que mostrara las piernas, que un esquimal preste su esposa al varón que visita su iglú, que la esclavitud fue un progreso cuando, en un pasado remoto, los vencedores dejaron de matar masivamente a los vencidos, que no se puede juzgar con la misma vara al que comete un delito consciente y fríamente que al que lo hace perturbado por una pasión violenta o disminuido en su comprensión por su ignorancia o su enfermedad mental.
Pero, por debajo de esa tolerancia a la situacionalidad de lo bueno y lo malo, seguimos pensando que las cosas son como son, que la necesidad de sobrevivir en el Ártico lleva a los esquimales a desviarse , comprensiblemente, de la regla ¨ natural ¨ de la monogamia, como se desvía de ella, también comprensiblemente, el que delinque con su percepción alterada por la pasión, la ignorancia o la locura.
Tal vez damos un paso más en la comprensión de la ¨ artificialidad ¨ del mundo si descubrimos que la democracia como la monarquía, la monogamia como la poligamia o la poliandria, la propiedad privada como la propiedad comunal, son distintas maneras que fueron inventando las sociedades, a través del tiempo y del espacio, para convivir lo más satisfactoriamente posible en los distintos climas, situaciones económicas, características étnicas y tiempos históricos, sin que exista una ¨ naturaleza humana ¨ que marque lo correcto y lo incorrecto para todo tiempo y lugar.
Artificial ¨ quiere decir ¨ hecho por arte ¨ , es decir ¨ hecho por seres humanos ¨.
Pero hay un tercer paso, que cuesta dar. Implicaría aceptar que lo que vemos del mundo, en esta cultura y en esta época, es sólo un recorte, hecho artificialmente, de una realidad infinitamente más grande.
No se trata de decir que las cosas no son como las vemos. Se trata de aceptar que lo que vemos es sólo un pedacito de la realidad.
Tal vez lo que nos repugna cuando nos dicen que no vemos ¨ la ¨ realidad, es que pensamos que nos dicen que nuestro conocimiento no vale nada, que somos unos estúpidos y que todos nuestros aprendizajes fueron inútiles. Nadie tiene derecho a decirnos eso.
 
Don Juan Matus describe la tarea de los padres y maestros que, al educar al niño, le van nombrando el mundo, le van enseñando a recortar, de la multiplicidad inabarcable que inunda sus sentidos, el sector de realidad que todos perciben en el lugar del mundo en que le tocará vivir. A ese sector le llamará, durante toda su vida, ¨ la realidad ¨ y al resto le llamará la fantasía, lo subjetivo...
Conseguir que el niño pueda hacer y estabilizar ese recorte perceptivo es calificado por Don Juan como una maravillosa obra de arte, un acto de poder mágico que salva al niño del caos que lo enloquecería, si nadie lo rescatara del mar de la multiplicidad inabarcable. Por ese acto de poder, la cultura recorta nuestra percepción de la multiplicidad hasta hacerla abarcable.
Y, en base a ese ¨ pacto perceptivo ¨ , a ese acuerdo social sobre lo que es real y lo que no lo es, sobrevivimos y convivimos.
Y ese acuerdo es ratificado día a día, momento a momento, por el diálogo externo, en el que verificamos que, con cierto espacio libre para la discusión, vemos como ven los otros. Y por el diálogo interno, por el que nos decimos a nosotros mismos cómo son las cosas.
Ambos diálogos son un inmenso y continuo hacer, que mantiene estables los límites acordados de la realidad. Y si, por ejemplo, en nuestra cultura hemos acordado que los fantasmas no existen, nos reiremos, con los otros o internamente, de cualquiera que interprete como causado por fantasmas un hecho aparentemente inexplicable y nos tranquilizaremos a nosotros mismos, y eventualmente a los otros, repitiendo en todos los tonos los fantasmas no existen, los fantasmas no existen...¨
En ese hacer continuo, social y personal, mantenemos unidas las partes del mundo conocido. Y ese hacer nos da continuidad en el tiempo, articulación con los otros, identidad cultural e integración interna.
Ese recorte encuadra nuestro aprender, acotando, de acuerdo a ciertas constantes, el campo de la investigación.
Y, al mismo tiempo, ese saber es un obstáculo al aprender.
Porque la energía humana es limitada. Y la enorme cantidad de ella que invertimos en mantener intacto nuestro recorte perceptivo del mundo, no nos deja un resto para volar fuera de él.
¨ Tendemos a no significar lo que contradice nuestras hipótesis ¨ , dice Piaget: nuestros recorte del mundo, nuestra cosmovisión, es una inmensa hipótesis recibida de nuestros padres y maestros y creída por nuestra mente de niños como verdad revelada que debe mantenerse intacta por los rituales del diálogo interno y externo.
Los maestros toltecas nos invitan a asumir nuestra concepción del mundo como una hipótesis de trabajo y a someterla valientemente al experimento de ¨ parar el mundo ¨ , deteniendo el diálogo interno y externo, para retirar nuestra energía de la defensa acrítica del mundo aprendido y liberarla para nuevas percepciones del otro lado de la frontera del recorte de nuestra construcción social de la realidad.
Nos invitan a un aprender que es un no hacer, un dejar de tener juntas las partes del mundo y dejar que ese ¨ mundo ¨ se desestructure.

16. LA ¨IMPECABILIDAD¨.
Don Juan llama ¨ impecabilidad ¨ a la administración estricta de la energía, para ponerla al servicio de la percepción.
Suelo proponerlo a mis alumnos, que se entrenan en la función de observación, como una hipótesis de trabajo: ¨ la amplitud y profundidad de la percepción están en proporción directa con el monto de energía disponible.
A mayor cantidad de energía acumulada, mayor probabilidad de percibir algo. Una persona embotada por un gasto excesivo de energía percibirá, en grandes números, menos que otra que ha descansado en proporción a su actividad y que trata de descartar de su vida los gastos inútiles de energía.
Propongo que se ponga a prueba esta hipótesis cuando se esté desarrollando una actividad de observación o investigación y que se verifique si la capacidad perceptiva mejora cuando se administra estrictamente la energía o se deteriora cuando se despilfarra en gastos desproporcionados con las posibilidades de descanso y recuperación.
17. ¿CÓMO AHORRAR ENERGÍA PARA PERCIBIR MÁS?.
Los maestros toltecas proponen a sus aprendices hacer un ¨ inventario ¨ de todo lo que hacen en un día de su vida cotidiana, para reducir, actividad por actividad, el gasto inútil de energía y suprimir aquellas actividades que no valen la energía que consumen.
Les proponen también una ¨ recapitulación ¨, para examinar detalladamente cada día y cada momento de su vida pasada y recuperar, a través de un ejercicio respiratorio y de un intenso ¨ intento ¨, las ¨ hebras luminosas ¨
de energía que se quedaron enredadas allá y entonces, desenergizando el ¨ aquí y ahora .
Revisemos nuestro día. ¿En qué gastamos inútilmente energía?...
Esa larga discusión en que tenía la sensación de que estábamos hiriéndonos gratuitamente; esa reunión que no me interesaba, a la que concurrí por decir que sí sin reflexionar; esta tensión muscular por no contarle una angustia a quien me podía comprender; ese correr por la calle por no haber salido un rato antes para llegar con tiempo; ese cavilar obsesivo sobre algo que sé que no tiene remedio; esa digestión pesada por comer lo que sé que me hace mal; ese acostarme tarde sin motivo; ese ofenderme mortalmente por algo que latimó mi amor propio, mi ¨ importancia personal ¨ ; ese regodearme en hablar de mis penas autocompadeciéndome y reclamando una compasión desproporcionada con mis reales padecimientos...
Todas esas actividades y, según Don Juan, especialmente la ¨ importancia personal ¨ y la autocompasión, consumen grandes cantidades de nuestro quantum energético, dejando muy poco energía para ampliar el campo de nuestro percepción. Por eso, piensan los toltecas, la gente no ¨ ve, no accede a otros mundos que estarían al alcance de su percepción: porque sus preocupaciones cotidianas le absorben la totalidad de su energía.
Y por eso, para ellos, la tarea esencial del maestro es disponer al aprendiz a la percepción, enseñándole a vivir de una manera más frugal, menos activa y más receptiva.
Un maestro es alguien que enseña a no hacer. Si el aprendiz ¨ no hace ¨, acumula energía. Y la misma energía, por la presión de su propio peso, lo dispara hacia la percepción de mundos nuevos.
Durante meses y años, Carlos Castaneda tuvo que hacer largas caminatas por el desierto o la montaña, concentrando la atención en los dedos de sus manos flexionados hacia atrás, tratando de no pensar en nada, intentando detener su diálogo interior, retirando su energía del hacer que le impedía aprender que había realidad más allá del recorte aprendido en su casa, su escuela, su universidad...
Durante años su mente universitaria intentó reconstruir ese recorte sometido a prueba, reformulando las cosas increíbles que veía mediante interpretaciones racionales que volvieran a poner todo en su lugar...Hasta que pudo sumar, a su saber universitario, el saber de mundos nuevos.

18. BIBLIOGRAFÍA DE CARLOS CASTANEDA Y DISCÍPULOS.
1. LAS ENSEÑANZAS DE DON JUAN. (1968). Fondo de Cultura Econó- mica. México. Primera Edición en Español en 1974.
2. UNA REALIDAD APARTE. (1971). Fondo de Cultura Económica.
México. Primera Edición en Español en 1974.
3. VIAJE A IXTLÁN. (1972). Fondo de Cultura Económica. Primera
Edición en Español en 1974.
4. RELATOS DE PODER. (1974). Fondo de Cultura Económica. México.
Primera Edición en Español en 1976.
5. EL SEGUNDO ANILLO DE PODER. (1974). Editorial Pomaire. Barce
lona. Primera Edición en Español. en 1979.
6. EL DON DEL ÁGUILA (1981). Edivisión. México. Primera Edición en
Español en 1982.
7. EL FUEGO INTERNO. (1984). Edivisión. México. Primera Edición en
Español en 1984.
8. EL CONOCIMIENTO SILENCIOSO (1987). Emecé Editores. México.
Primera Edición en español en 1988.
9. EL ARTE DE ENSOÑAR. (1993). Emecé Editores. Buenos Aires. 1994.
FLORINDA DONNER (APRENDIZ DE LA PARTIDA DE CARLOS CASTANEDA). SER EN EL ENSUEÑO ¨. 1991). Emecé Editores. Buenos Aires. 1993.
TAISHA ABELAR (APRENDIZ DE LA PARTIDA DE CARLOS CASTANEDA). DONDE CRUZAN LOS BRUJOS. (1992 ). Editorial Emecé. Buenos Aires. 199 .
CARMINA FORT. CONVERSACIONES CON CARLOS CASTANEDA. 1991. Héptada Ediciones. Madrid.
LAS ENSEÑANZAS DE DON CARLOS. Víctor Sánchez. 1987. Hoja Casa Editorial. México.

19. FRASES SUELTAS.
¨ Don Juan sostenía que nuestro mundo, que creemos ser único y absoluto, es sólo un mundo dentro de un grupo de mundos consecutivos, los cuales están ordenados como las capas de una cebolla ¨ . (¨ El arte de ensoñar. ¨ p.8.)
Don Juan: ¨- Yo digo que los brujos de ahora están en busca de lo abstracto, porque buscan la libertad y no tienen ningún interés en ganancias concretas ni tampoco en funciones sociales, como los brujos del pasado. De modo que nunca los encontrarás actuando como videntes oficiales o como brujos con título . ¨ ( ¨ El arte de ensoñar ¨ p.14.)
¨ Don Juan me dijo que yo estaba muy cansado sentado en el suelo y que lo adecuado era hallar un ¨ sitio ¨ en el suelo donde pudiera sentarme sin fatiga... recalcó claramente que un sitio significaba un lugar donde uno podía sentirse feliz y fuerte de manera natural. Palmeó el lugar donde se hallaba sentado y dijo que ése era su sitio, añadiendo que me había puesto una adivinanza: yo debía resolverla solo y sin más deliberación...

El me sugirió caminar por el zaguán, buscando el sitio... que, dentro de los confines del zaguán, había un único sitio donde yo podía estar en las mejores condiciones. Mi tarea consistía en distinguirlo entre todos los demás lugares. La norma general era ¨ sentir ¨ todos los sitios posibles a mi alcance hasta determinar sin lugar a dudas cuál era el sitio correspondiente...me advirtió que resolver el problema tal vez requiriera días, pero, de no resolverlo, daba igual que me marchara, porque él no tendría nada que decirme. ¨ (¨ Las enseñanzas de Don Juan ¨ . p.48.)
¨- Podrá ver a los hombres como fibras de luz. -¿Fibras de luz?. – Sí. Fibras. Como telarañas blancas.

Hebras muy finas que circulan de la cabeza al ombligo. De ese modo, un hombre se ve como un huevo de fibras que circulan. Y sus brazos y piernas son como cerdas luminosas que brotan para todos lados. -¿Se ven así todos?. – Todos. Además, cada hombre está en contacto con todo lo que lo rodea, pero no a través de sus manos sino a través de un montón de fibras largas que salen del centro de su abdomen. Esas fibras juntan al hombre con lo que lo rodea: conservan su equilibrio,le dan estabilidad. De modo que, como quizás ¨ veas ¨ algún día, un hombre es un huevo luminoso, ya sea un limosnero o un rey y no hay manera de cambiar nada. ¿Qué podría cambiarse en ese huevo luminoso?. ¿ Qué ¿ ¨.
(¨ Una realidad aparte ¨ , p.28.)
¨- ¿Qué es lo que estamos haciendo, Don Juan?. ¿Es posible que los guerreros se preparen solamente para la muerte? – De ninguna manera – me dijo Don Juan tocándome suavemente el hombro. – Los guerreros se preparan para tener conciencia. Y la conciencia total sólo les llega cuando ya no queda en ellos nada de importancia personal. Sólo cuando son nada se convierten en todo. ¨ ( ¨ El fuego interior ¨ , p.146.)
¨- Cuando estés impaciente – prosiguió Don Juan – lo que debes hacer es voltear a la izquierda y pedir consejo a tu muerte. Una inmensa cantidad de mezquindad se pierde con sólo que tu muerte te haga un gesto o alcances a echarle un vistazo o nada más con que tengas la sensación de que tu compañera está allí vigilándote ¨. (¨ Viaje a Ixtlán ¨, p.62).
¨- Don Juan me recordó que, desde el día en que nos conocimos, me explicó que detener el diálogo interno es lo que articula todo lo que hacen los videntes. Subrayó una y otra vez que el diálogo interno es lo que mantiene fijo el punto de encaje en su posición original. – Una vez que se logra el silencio, todo es posible – dijo.
Le conté que yo estaba muy consciente de que, en general, había dejado de hablar conmigo mismo, pero que no sabía cómo lo logré. ¨(¨El fuego interior¨, p.148.)
¨ Don Juan expresó su admiración, una y otra vez, por lo que llamó el mayor logro de nuestra socialización básica como seres humanos: inmovilizar el punto de encaje en su posición habitual.
Explicó que, una vez que su posición es fija, nuestra percepción puede ser entrenada y dirigida a interpretar lo que percibimos. Nuestro proceso de socialización empieza entonces a guiarnos a percibir más en términos de nuestro sistema que en términos de nuestro sentidos. Don Juan aseguraba que la percepción humana es universalmente homogénea debido a que el punto de encaje de toda la raza humana está fijo en el mismo sitio .¨ (¨ El arte de ensoñar. ¨ p.8.)
20. EPÍLOGO PROVISORIO…

Escribí las reflexiones anteriores con posterioridad a 1993, fecha del último libro de Castaneda enumerado en mi resumen bibliográfico.
Con posterioridad a esa publicación aparecieron los siguientes libros:

EL SUEÑO DE UNA BRUJA. Florinda Donner, Emecé, 1998.

PASES MÁGICOS. Carlos Castaneda. Atlántida. 1998.

EL LADO ACTIVO DEL INFINITO. Carlos Castaneda. Ediciones B. 1999.

LA RUEDA DEL TIEMPO. Carlos Castaneda. Plaza Janés. 1999.

En 1998, los diarios publicaron, con varios meses de posterioridad al hecho, una declaración de la abogada de Carlos Castaneda anunciando la muerte de éste a causa de un cáncer hepático y la dispersión de sus cenizas en el desierto de Arizona.

Con lo que sus libros publicados serían doce.
En 1999, año posterior a su desaparición, en que se publicaron El lado activo del infinito y La rueda del tiempo, una mujer que firma Margaret Runyan Castaneda, que dice haber estado casada seis meses con él, publica " Un viaje mágico con Carlos Castaneda", de Ediciones Obelisco, en el que, entre elogios y recuerdos emocionados, sugiere la tesis tantas veces sostenida por muchos críticos, del carácter de ficción de la obra de Castaneda.
Carlos Castaneda ya no está entre nosotros.
Queda la hipótesis de un maestro hipotético.
Como toda hipótesis, no vale por el autor que la presenta, sino por su verificación o no en hechos experimentales.

Es una hipótesis de trabajo. He pasado mucho tiempo de mi vida trabajando en esto. La hipótesis tolteca no nos pide que creamos en ella, sino solamente que trabajemos en ella y nos atengamos a los resultados de los experimentos.
Siento muy poca simpatía por los entusiasmos místicos. Y menos simpatía por los dogmatismos religiosos, políticos o científicos.

Si creo en algo, creo en la apertura perceptiva. Y aceptaré lo que perciba, sean cuerpos materiales, ondas luminosas, duendes, ángeles, diablos o dioses. Nada perceptible será rechazado por mí en nombre de la religión, la ciencia o el patriotismo de país o especie. Para eso, me preparo tratando de administrar bien mi energía, sin avaricia ni derroche. Tratando de centrarme en cada tarea. Mi performance es muy irregular. No es brillante la periodicidad de mis ejercicios enérgéticos o mis recapitulaciones ni importante mi práctica del silencio interno, el no hacer lo habitual o la postergación de la importancia personal.

Sé que lo que importa no es ser perfecto sino insistir. Y desapegarse de la esperanza del resultado. Todos los esfuerzos, por más que se repitan cada día, son desatinos controlados, destinados a preparar el campo del experimento que, en la hipótesis tolteca, se da en un nivel inaccesible al esfuerzo, con la simplicidad y la gracia de la circunferencia, que nunca se obtendrá multiplicando la cantidad de lados de un polígono.