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sábado, 19 de diciembre de 2009

ECOALDEAS Y COMUNIDADES SOSTENIBLES: SISTEMAS DE TRANSFERENCIA DE ENERGIA LOCAL.



6.    Lets: Sistemas de transferencia de energía local.

Maddy y Tim Harland.
Este artículo es un extracto de “Programas Comerciales de Intercambio Local:
¿Dinero Verde o Construcción de Comunidades”? por Maddy y Tim Harland

Contactos:
LETSLINK Irlanda: Tom Simpson (Dublin) 8380 722 ó 8374 673,
Anna Felton (Dublin) 282 0884
LETSLINK Escocia. Contactos e información: Leslie Rowan (07786) 464517
LETSLINK Gran Bretaña: Contactos e información: Liz Shephard (01985)217871
INTERCAMBIO DE PERMACULTURA. Plan LETS de ámbito nacional para la comunidad de Permacultura, Gran Bretaña: Andy Langford yJane Hera,8 Helen Road, Oxford OX2ODE. UK
Tel. +44 (0)1865) 721922. heraford@gn.apc.org

A veces se define LETS sólo como dinero “verde” alternativo o como una forma sofisticada de trueque. Creemos que esta concepción es bastante limitada. El LETS no tiene por qué reducirse a los intercambios materiales; puede evolucionar, y de hecho lo hace en algunos lugares, como una manera de reconstruir los lazos dentro de la comunidad, devolviendo a la gente el poder perdido en el estrecho marco del actual sistema monetario.
Más que únicamente un sistema de intercambio comercial, LETS puede ser un “Plan de Transferencia Energética Local” multifuncional.

Mono-dinero
El dinero puede cumplir muchas funciones para quienes lo tienen, pero al perseguir sucios intereses lucrativos, las funciones pueden reducirse a una sola. Es muy común hoy en día que la gente trabaje los fines de semana y por las tardes (además de sus horas habituales) bien por un deseo adictivo de conseguir crecientes cantidades de dinero o bien por la simple necesidad de sobrevivir.

El dinero tiene también la característica de alejar a la gente : cuanto más dinero tenemos, más tendemos a relacionarnos con gente de dinero como “iguales sociales” y más aislados nos quedamos. El dinero también genera secretismo (pensemos por ejemplo en las cuentas bancarias suizas), elitismo, plutocracia y el control de la tierra; quienes no tienen dinero quedan sin poder, tanto a nivel social como psicológico y físico.
Pero el dinero no es intrínsecamente malo sino nuestra temeraria tendencia a acumularlo; esto le da poder a él y no a nosotros.

LETS como liberador
Como contrapunto fresco y liberador, los Sistemas de Transferencia Energética Local nos permiten recuperar el poder, nos liberan del miedo y recuperamos muchas de las funciones del dinero.
Dejamos de estar limitados a ser “solamente” un operador informático o un desempleado. Podemos hacer de cangur@, costurer@, jardiner@, agricultor/a ecológic@, artista, leñador/a, pintor/a, poeta, mecánic@, aromaterapeuta, lo que quieras con el LETS podemos hacerlo, nos da mayor versatilidad y la posibilidad de practicar facetas que, de otra manera, serían irrealizables.

En un LETS no hay secretos. El plan ofrece información sobre sus usuarios, sus habilidades, sus aficiones y su número de teléfono; por lo tanto de los recursos disponibles en la comunidad. LETS crea puentes y conexiones, ayuda en la creación de redes y abre el corazón de la comunidad uniendo a la gente en vez de separarla.

Ayuda a las personas y a la comunidad a llevar a cabo proyectos positivos: terrenos en permacultura, grupos de compra, cooperativas de productos ecológicos, planes de construcción, plantación de árboles, etc. También genera salud al promover la calidad de vida y el bienestar, y permite el acceso gratuito o a muy bajo coste a formas de medicina preventiva y natural, alimentos ecológicos, e incluso a intercambio de casas y casas de vacaciones.

En un plan LETS todos pueden participar, al margen de cual sea su formación, ideario o nivel económico. En principio, no hay restricciones; no excluye a mujeres, niños, amas de casa con niños, parados, trabajadores “no profesionales” ni los de menor movilidad.
Tampoco los “aventajados cronológicamente” están excluidos; la experiencia, tan ignorada e infravalorada en nuestra sociedad, puede convertirse en un gran valor:
¡Imagínate un plan de aprendices dentro del LETS en el que los mayores pudieran transmitir su saber a los jóvenes!
No existen las personas sin cualificación. Más bien vivimos en una sociedad que hace creer a una parte de sus miembros que no tiene ninguna cualificación. El LETS puede liberarnos de este corsé.
Así que LETS no es un sistema de dinero verde unidimensional o una alternativa al dinero (concepciones limitadas); LETS es el poder, es verdaderamente democrático, y una herramienta importante en la construcción de comunidades sostenibles.

Lo que sigue es un extracto de un folleto publicado por el grupo LETS de Southe East Hampshire (GB), de los que Tim y Maddy son miembros fundadores.

Cómo funciona
Los miembros comercian con habilidades y servicios en el LETS utilizando unidades de intercambio llamadas “hamlets”. En el LETS los miembros ganan hamlets ofreciendo sus habilidades a los demás miembros de la red y se gastan estos hamlets comprándoles sus habilidades. Al contrario que en el trueque, no tienes por qué venderle al mismo al que has comprado.

Al utilizar la lista de habilidades regularmente puesta al día, los miembros demandan servicios o acuden a las tiendas o negocios del sistema. Escriben una nota de la transacción con el valor acordado de los bienes o servicios recibidos, que luego envían al coordinador del LETS para hacer las cuentas.

Los miembros pueden pedir informes y ver el estado de cuentas en todo momento así como en las reuniones trimestrales. A éstas acuden los administradores del grupo LETS de South East Hampshire, conocidos como los directores, y el núcleo central, que actúa bajo su consejo. Las reuniones son abiertas, para que todos los miembros puedan participar en las decisiones. Los administradores son elegidos por los miembros en una reunión anual.

Un ejemplo de comercio dentro de LETS
Al unirme al sistema me envían una copia del acuerdo de adhesión, un talonario de 50 transacciones y un “panel de anuncios”. Este tiene 10 líneas reservadas para mí; en ellas escribiré los servicios y bienes que solicito y los que ofrezco. Los míos, junto con los de los demás miembros, conforman la guía de ofertas y demandas clasificada por categorías. Esta guía, junto con las sucesivas actualizaciones, está incluida en el paquete del suscriptor.
Sentada, hojeando la guía, me acuerdo que tengo que publicar un folleto. Necesita un poco de diseño gráfico y esto es algo para lo que no sirvo. Ahora mismo no encuentro un diseñador. Pero, espera, Emma ofrece diseños gráficos en la red LETS.

La llamo y quedamos que ella hará el trabajo por 50 hamlets. Ah, también necesita 5 € para cubrir los costos de material de papelería. Hacemos el trato.
Esa semana tengo el diseño gráfico hecho, así que entrego a Emma una nota por 50 hamlets y obtengo de mi banco convencional 5 € para sus gastos. Emma envía la nota a la oficina de LETS.
El administrador retira 50 hamlets de mi cuenta y los ingresa en la de Emma. Ella tiene ahora esos 50 hamlets, y está pensando en que Luis le tapice su sofá.

Por mi parte, no debo nada a Emma. Sólo me he comprometido a dar 50 hamlets de trabajo a los miembros del plan, a todos ellos y a nadie en concreto. Hay muchas maneras de hacerlo: Tomás necesita que le ayuden a pintar y decorar, Lucía unas clases de informática, yo podría cortar unos troncos y ofrecerlos.
No se trata de trueque. Con él, yo tendría que haber arreglado el sofá de Emma (nada halagüeño para las dos) o no habría habido trato. Con LETS, no sólo podemos comerciar sino que podemos hacerlo en los términos que deseamos.

Los beneficios
Sólo pueden utilizarse los hamlets para comerciar localmente con los miembros del Grupo LETS de South East Hampshire. Esto promociona las tiendas y los servicios locales, estimula la economía local y ayuda a la comunidad a prosperar.

Una gran ventaja del LETS es que puedes empezar a gastar antes de ganar. De hecho, es esencial que alguien lo haga ya que el sistema no cuenta con moneda. Así, la primera transacción sólo puede pagarse si alguien se compromete”.
Se utiliza esta expresión en vez de deuda” porque no hay ninguna connotación negativa en tener un balance negativo en el LETS (así como ningún recargo de interés).
De hecho, el total de balances negativos ha de equivaler al de los balances positivos del principio. El compromiso se establece con la comunidad, y sin éste, el sistema no puede funcionar.


ECOALEAS Y COMUNIDADES SOSTENIBLES: UNA ALDEA DE PERMACULTURA EN AUSTRALIA


5.    Cristal Waters, Una aldea de permacultura en Australia

Max     Lindegger.
Max es un cualificado diseñador de permacultura desde 1981, ha trabajado en unos 750 proyectos, incluyendo la aldea de permacultura de Cristal Waters (Aguas Cristalinas) y trabaja en el desarrollo de ciudades y pueblos ecológicos en toda Australia. Es co-editor de “lo mejor de Permacultura”, y vive en Cristal Waters, en Queensland, Australia.

Max Lindegger, 59, Cristal Waters. MS 16, Maleny 4552, Australia  Tfn.: +61 74944741    Fax: +61 944578

Crystal Waters se encuentra aproximadamente a 100 Km al norte de Brisbane, en Queensland, Australia, con unos 640 acres (259 Has) de clima subtropical. Fue diseñada de acuerdo con los principios y la ética de Permacultura por Robert Tap, Geoff Young, Barry Goodman y yo mismo.
Entendemos que una aldea de Permacultura está diseñada y mantenida conscientemente para optimizar y equilibrar el ecosistema del entorno natural y la gente que vive en él.
Actualmente en Crystal Waters viven cerca de 200 personas, y a la larga podrán llegar a vivir 300, que es la capacidad de diseño. Las edades oscilan entre la de los bebés y los 93 años de nuestro residente mayor.
Hay una gran variedad de negocios y ocupaciones, ya que al estar en un medio rural, la mayoría de la gente tiene que llevar consigo su trabajo o ser creativos.

Crystal Waters es una mezcla de propiedad privada y comunitaria.

El 14% del terreno se ha dividido en 83 parcelas privadas. El área de visitantes y la aldea ocupan otro 6%. El 80% restante es común e incluye pequeños lagos, zonas para agricultura y horticultura, bosques...

Nos vemos a nosotros mismos como aspirantes a eco-aldea, no somos ya unos bebés, pero aún no somos adultos. Nos queda un largo camino que recorrer.

No veo Crystal Waters como un modelo a copiar, ya que está diseñada para nuestro clima de Australia, y nuestros sistemas sociales y económicos. Pero aún así, creo que se puede aprender algo de ejemplos que no queremos o no podemos copiar.

Cuando Robert Tap y yo fuimos a ver a los urbanistas, nos dijeron que era una bonita idea, pero que sería imposible por dos razones: No nos permitirían construir aldeas nuevas en Queensland a no ser que fuéramos una compañía minera (y no teníamos intención de serlo), y la otra razón era que para la densidad permitida en las zonas rurales sólo podríamos hacer 16 parcelas.

Bien, tanto Robert como yo y unas 200 personas más estamos ahora viviendo en Crystal Waters. Así que parece que lo imposible, a veces es posible.
Y espero que este hecho pueda animar a la gente aunque se tope con dificultades y con alguien que diga: “No, no podéis” y “No deberíais”. Y quizá esto signifique que tengáis que cambiar algunas leyes.
Creo que el tener la herencia de haber sido Australia un país de convictos ayuda muchas veces: no aceptamos un no por respuesta.

Me gustaría explicaros los lugares que me han influido.
La aldea de Raza al sur de Suiza me influyó desde que era pequeño, y continúa haciéndolo. Tiene muchos de los elementos de sostenibilidad que reconocemos ahora.
Utilizaban los materiales locales, las piedras que sacaban de los campos. Sabían cuáles eran sus límites, estaban unidos. Tenían su símbolo de espiritualidad en el centro. Su crecimiento estaba limitado por la cantidad de comida que podían cultivar. Pero pasó algo inusual.

Mientras tenía esta aldea como símbolo de sostenibilidad, con el tiempo su población disminuyó de 113 a 12 personas... Después de la guerra, la gente comenzó a irse a la ciudad para trabajar y estudiar, sólo quedaban los viejos.

Creo que lo que tenemos que aprender de este ejemplo es que los tiempos cambian. Tenemos que asegurarnos de que nuestras eco-aldeas puedan hacer frente al cambio constante que vendrá y mucho más deprisa.

También tenemos que recordar que hay que cuidar a la gente mayor, no sólo a los jóvenes y niños y los que quedan en medio que pueden cuidarse a sí mismos. Tenemos que asegurarnos de que todos están incluidos en la aldea.

Nos recuerda asimismo lo que es realmente suficiente. ¿Nos damos cuenta de cuáles son nuestros límites? Creo que hay que reconocer que tenemos que establecer límites naturales. Hemos de aprender lo que la palabra “suficiente” significa realmente.

Los lugares de encuentro son otra parte importante de una eco-aldea. En Suiza los hornos servían de punto de encuentro para las mujeres. A medida que aparecían con un montón de leña y los ingredientes para hacer pan, irían hablando sobre problemas, soluciones, y probablemente había un poco de cotilleo, pero éste también es importante.

En los últimos años hemos estado derribando estos lugares donde la gente puede reunirse. Necesitamos modelos nuevos. No necesitamos construir más hornos de pan pero sí algo que ocupe su lugar. Si nos separamos entre nosotros, como provocan a menudo las planificaciones urbanísticas, no sólo nos negamos la compañía, nos negamos la sabiduría de la gente mayor.

Cuando estamos implicados en el diseño de una aldea, como estoy yo ahora, hay una tendencia a olvidarse de la gente. Pensamos mucho más en la infraestructura y en la obtención de energía, telecomunicaciones y carreteras. Pero hay que recordar que el diseño de una aldea en realidad trata de gente.

Tenemos la responsabilidad de mantener el lugar donde vivimos. Al heredar lugares limpios, agua y aire limpios, heredamos también la responsabilidad de mantenerlos.

Los nativos americanos hablan de siete generaciones. Lo que hemos heredado nosotros viene de las últimas siete generaciones, y hemos de mirar muy bien lo que hacemos con algo que heredarán las próximas siete generaciones.
Esto nos hace darnos cuenta como diseñadores que no estamos decidiendo el color del papel de la pared, estamos tratando del lugar donde la gente vive y donde esperamos vivirá por mucho tiempo.

Crystal Waters produce un impacto en su entorno: creamos infraestructuras, e intentamos minimizar el impacto que producen. Llamamos a nuestras carreteras vías de acceso” ya que sentimos que el lenguaje es algo bastante importante. Una vía de acceso es algo más privado y de pequeña escala, las construimos y mantenemos nosotros mismos.

Construimos estructuras, y damos a cada persona de Crystal Waters lo que llamamos un manual del usuario. Son 50 o 60 páginas de información que les explica lo que creemos que hay detrás del diseño.

Les decimos que deben tener en cuenta el impacto que ejercerán con los materiales de construcción, y de dónde vienen éstos: ¿vienen de un bosque húmedo tropical o subtropical? ¿proviene de un lugar cercano? ¿requiere mucha energía para su producción?
¿Qué efectos te produce cuando lo usas? ¿Qué pasará en futuras generaciones cuando alguien tenga que derruir este edificio? ¿acabará en una incineradora o en un vertedero de materiales tóxicos, o se mezclará con la tierra?

Intentamos animar a la gente para que adapten sus casas al paisaje.
Esperamos que pronto seremos capaces de producir aquí el 70 o 75% de nuestras necesidades básicas de comida.

La gente va construyendo sus casas y estableciendo sus lugares de trabajo.

ECOALDEAS Y COMUNIDADES SOSTENIBLES: DE LA ALDEA GLOBAL A UN GLOBO DE IDEAS


4.    De la aldea global a un globo de aldeas

Helena Norberg-Hodge
Helena Norberg-Hodge. es directora de la Sociedad Internacional para la Ecología y la Cultura, miembro fundador del Foro Internacional sobre Globalización, y de Codoca (Consejo para el Desarrollo Sostenible de Asia Central). Desde 1975 ha trabajado con los Ladakh en modelos de desarrollo alternativos.

Para conseguir el texto original o para información relativa a la SIEC (incluido grupos de estudios comunitarios) por favor ponerse en contacto con la International Society for Ecology and Culture, o Helena Norberg-Hodge 21, Victoria Square Clifton Bristol, BS8 4ES, UK
Tel +44 (0117) 973 1575 Fax +44 (0117) 974 4853

Para mí, el movimiento de ecoaldeas representa una de las más esperanzadoras e importantes tendencias actuales a nivel global. El deseo de un creciente número de personas de vivir de una manera gratificante en el plano social y espiritual, y sostenible económicamente, puede crear los modelos que necesitamos para el nuevo milenio. De hecho, estoy convencida de que el Norte debe abrazar esta causa porque es quizás la única manera de evitar la catástrofe social y el colapso medioambiental.

Pero para entender el significado de las ecoaldeas, es esencial examinar las tendencias interrelacionadas de la economía mundial y el rápido crecimiento de las ciudades. Impulsada mediante acuerdos como los de Maastricht, GATT (Acuerdo Global sobre Tarifas y Comercio) y NAFTA, la globalización de la economía constituye la mayor sacudida social desde la revolución industrial.

Las consecuencias de estos acuerdos son tremendos: aumento del crimen, violencia fundamentalista y xenofobia; paro y pobreza crecientes; pérdida de autoestima, de comunidades e incluso de democracia. Pero a pesar de estos penetrantes y poderosos cambios, pocos son conscientes de las derivaciones de estos acuerdos.

Basados en el dogma simplista de que el "libre comercio" es bueno para todos, se están imponiendo estos cambios sistemáticamente (de nuevo, anclados en un paradigma económico estrecho y obsoleto) sin la implicación de la gente y, a menudo sin el entendimiento de sus múltiples efectos por parte de los políticos.

Un problema importante es que el sistema global se ha vuelto tan complejo y vasto que pocos pueden reconocer sus limites. Sin embargo, para invertir la tendencia y ayudar al crecimiento del movimiento de ecoaldeas es esencial saber cómo funciona el sistema económico.
Mucha gente, especialmente los activistas de base y las mujeres, se inhiben en cuanto oyen "comercio" o "economía". Suelen pensar que estos temas tan importantes son tan abrumadores, que creen que no pueden hacer nada. Pero, precisamente, entender de economía produciría el efecto opuesto, sentirnos más dueños de nuestro poder.

Es necesario conocer la visión de conjunto de un sistema expansionista dirigido por enormes monopolios y basada en la idea de la "ventaja comparativa".
Esta teoría, en la base del crecimiento permanente, fue formulada originalmente por Adam Smith y Ricardo y dice así: "A nivel local no hay que producir una gran variedad de productos para el propio consumo; habrá más prosperidad si la producción es especializada y basada en la exportación".

En un cierto sentido, la aplicación de estas ideas puede haber producido los efectos opuestos, pues durante casi 200 años los gobiernos proindustriales han estado subvencionando a ciegas y fomentando más y más comercio sin valorar su impacto en la sociedad y el medio ambiente.
Para decirlo sencillamente, este proceso comenzó en la era colonial cuando grandes compañías como la de las Indias Orientales empezó a sacar provecho de las materias primas baratas de las colonias. Al principio, estas compañías vieron sus actividades recortadas por las leyes antitrust, pero con el tiempo (y en parte a causa del avance tecnológico) se hicieron tan grandes que consiguieron el control monopolístico del comercio mundial y, por tanto, de las economías nacionales.

Estas grandes empresas multinacionales no se han hecho poderosas por una actitud conspiradora consciente, pero han acabado por tener más poder y riqueza que los propios gobiernos.
Estas empresas están detrás de las políticas que afectan nuestras vidas; sobre todo, han contribuido a fomentar los tratados de Comercio "Libre".

Los medios de comunicación de masas están controlados por estos mismos monopolios y fomentan de forma incuestionable las ideas de globalización, así como, a través de la publicidad, la avidez por el consumo que es la base para su subsistencia.
Se nos dice que estos tratados nos unen, pero, de hecho, han elevado la competitividad y el paro increíblemente. Estos procesos no sólo nos separan sino que han creado y exacerbado las tensiones étnicas.

Un cierto grado de especialización en la producción y el comercio global quizás pueda elevar el nivel de vida a nivel mundial. Pero hemos obviado cómo nuestras propias políticas económicas han ayudado a crear y fomentar los monopolios.
Por ejemplo, en Kenia la mantequilla holandesa cuesta la mitad que la nacional.
Cualquier niño se preguntaría: "¿Es esto eficiente? ¿Por qué se transporta la mantequilla a 10.000 millas de distancia? Las grandes empresas son favorecidas mediante subsidios indirectos y con el apoyo de ciertas legislaciones.

El dinero de los contribuyentes se dirige cada vez más hacia el comercio y el transporte en detrimento de los pequeños productores y empresas. En España, por ejemplo, aunque todavía hay preciosos mercados con productos frescos de granjas cercanas, la influencia de los grandes es tal que el ajo importado de China se vende a la mitad de precio que el español.
La presión psicológica para formar parte de la monocultura global es también muy destructiva.

A la gente joven de los países desarrollados se le ha hecho desear los productos importados a través de modelos estereotipados y una estrategia de mercado que inculca en la gente el sentimiento de que "los productos locales son una mierda y los importados buenos"
Por ejemplo, las mujeres en China se están operando los ojos para que parezcan occidentales. En Occidente, las mujeres tampoco pueden vivir al nivel de las expectativas creadas para ellas a través de los medios de comunicación de masas. Deberíamos tomar conciencia de cómo la economía global competitiva nos está haciendo sentir "mierda" creándonos una sensación de inadaptabilidad.

De igual manera, se considera "utópico" proponer la ruralización de América o Europa y, en cambio nadie se rasga las vestiduras porque China planee instalar a 440 millones de personas en las ciudades en las próximas décadas.

Esta "modernización" china es parte del mismo proceso que ha provocado crecimientos urbanos incontrolables en todo el Sur, de Bangkok a Méjico, Bombay, Yakarta y Lagos, ciudades donde el paro es muy elevado y hay millones de personas sin casa o que viven en infraviviendas: el tejido social se está deshilachando.

La urbanización continúa incluso en el Norte. Se están desmantelando sistemáticamente las comunidades rurales y su población llevada a megalópolis suburbanizadas. En los EE.UU., donde sólo el 2% de la población vive en el campo, las granjas están desapareciendo a un ritmo de 35.000 al año.
Es imposible ofrecer este modelo al resto del mundo, donde la mayoría se gana la vida como granjeros. Sin embargo, quién hay que diga:" ¡Somos demasiados para ir a la ciudad!"

Por el contrario, se nos dice que la urbanización es necesaria a causa de la superpoblación, e implícitamente afirmando que la centralización es más eficiente y que las poblaciones urbanas consumen menos recursos.

Pero si estudiamos los costes reales de la urbanización en la economía global, la verdad es la contraria: las ciudades de todo el mundo consumen recursos intensivamente. Los sistemas centralizados y a gran escala son, casi sin excepción, más dañinos para el medio ambiente que la producción adaptada a las necesidades locales, diversificada y de pequeña escala.

La comida y el agua, los materiales de construcción y la energía se deben transportar a grandes distancias mediante infraestructuras de alto consumo energético. Los desechos concentrados de las ciudades deben transportarse en camiones e incinerados con un gran coste para el medio ambiente.
Sus torres iguales de aluminio y cristal con ventanas que nunca se abren, hasta se les debe proveer de aire mediante ventiladores, bombas y energía no renovable.
Desde los barrios más ricos de París hasta los arrabales de Calcuta, la población urbana depende del transporte para su comida, de tal manera que cada unidad energética de comida necesita varias de consumo de petróleo y cantidades significativas de contaminación y basura.

Y lo que es más, estos centros urbanos occidentalizados (en el Brasil tropical, el árido Egipto o la Escandinavia subártica) utilizan todos el mismo reducido espectro de recursos y desprecian los métodos que se adaptan mejor localmente y que utilizan los recursos del lugar, el conocimiento y la biodiversidad.

Aunque a los niños de los pueblos pesqueros noruegos les gusta comer bacalao y la gente de la llanura tibetana prefiere su común cebada, cada vez más se les induce a comer lo mismo. A la gente en todo el mundo se la empuja a la monocultura, destruyéndose así la diversidad cultural y biológica.

La economía global urbanizante está creando así una escasez artificial; ignora los sistemas locales de conocimiento y educa a los niños a ser dependientes de una economía altamente centralizada. Las consecuencias son tasas elevadísimas de desempleo, competitividad creciente y conflictos étnicos en ascenso.

Precisamente porque hay tanta gente, se debe abandonar el modelo de economía global que sólo puede alimentar, dar casa y ropa a una pequeña minoría. Es esencial apoyar sistemas inteligentes y modelos económicos basados en un verdadero entendimiento de la diversidad de las regiones, y sus climas. suelos y recursos. Es esencial apoyar el movimiento de ecoaldeas
Como carecemos de formación económica somos inconscientes de las conexiones entre la economía y la dimensión espiritual y psicológica de la vida.

Estoy convencida de que los seres humanos tenemos un gran anhelo de conectarnos con la tierra y entre nosotros. Esta ansiedad por conectarnos se puede ver en casi todos los aspectos de la vida: en el campo de la salud, donde la dirección apunta a reconocer la interdependencia entre tierra, cuerpo, mente y espíritu; en arquitectura, donde hay una tendencia a relacionar las estructuras con las peculiaridades del clima y el lugar; en agricultura, que cada vez se aleja más de la industria agroquímica y se acerca a los métodos ecológicos, incluso a nivel institucional; y, por último, pero no menos importante, en el movimiento de ecoaldeas que busca fusionar toda esta ansiedad por conectarse.

Sin embargo, las fuerzas macroeconómicas están minando estos esfuerzos separando a productores y consumidores y expulsando la población rural a las ciudades.
En Occidente hay concepciones muy profundas que coadyuvan a estas fuerzas. Hay una tendencia a pensar que las inquietas áreas urbanas son el centro de la cultura y la diversidad, y las pequeñas comunidades locales puntos aislados donde la estrechez de miras y los prejuicios son la norma. Tampoco es de extrañar.

El proceso de industrialización ha supuesto la sistemática eliminación del poder político y económico de las zonas rurales, junto con la consiguiente merma de autoestima de su población. En las comunidades pequeñas hoy la gente está viviendo en la periferia mientras el poder e incluso lo que llamamos "cultura" está centralizado en otro lugar.

Durante generaciones se ha estado marginando la vida rural en Occidente, por lo que los occidentales tienen una visión distorsionada de lo que puede ser la vida en las comunidades pequeñas.
Incluso en el Tercer Mundo, hecho de pueblos, el colonialismo y el desarrollo han dejado una marca indeleble. Para saber cómo son las comunidades cuando la gente conserva el poder económico real, deberíamos retrotraernos (cientos de años atrás en algunos casos) a antes de que estos cambios ocurrieran.

Yo vi con mis propios ojos cómo la cultura comunal y confiada de Ladakh (o el Pequeño Tíbet) se transformó con el desarrollo económico. La cultura tradicional se caracterizaba por su vitalidad, alegría y tolerancia, valores claramente conectados con la autoestima y el control de la propia vida.

El desarrollo económico significó el desmantelamiento de la economía local, o lo que es lo mismo, el poder local de decisión se trasladó de los pueblos y las casas a centros burocráticos en lejanas ciudades; los niños fueron educados en un estilo de vida que nada tenía que ver ni con los recursos locales ni con sus mayores; la gente se vio de repente invadida por los medios de comunicación de masas e imágenes publicitarias que presentaban la vida urbana como excitante e importante y la vida del campesino como atrasada y primitiva. La consecuente pérdida de poder y autorrespeto han generado una mentalidad mezquina y de estrechas miras, así como división y fricciones. Si las fuerzas económicas continúan minando la autoestima y la vitalidad cultural, la vida rural futura en Ladakh no será muy diferente de la de cualquier ciudad pequeña típica de Occidente.

Otro mito manido cuando pensamos en ecoaldeas y economías de escala humana es el de "hay demasiada gente como para volver a la tierra". Se olvida con demasiada facilidad que la mayor parte de esta población (sobre todo del Tercer Mundo) vive en la tierra.
Ignorarla, es decir, hablar de la urbanización como si fuera una condición inherente a las personas, es peligroso pues no hace sino incitar a la urbanización misma.

En el Norte, donde la mayoría nos hemos separado de la tierra y entre nosotros tenemos que hacer grandes avances. Pero incluso en regiones muy urbanizadas, es posible hallar la conexión con el lugar y con las personas.
Las ciudades pueden recobrar su carácter regional, ser más habitables y menos gravosas para el medio ambiente si se rehace de nuevo el tejido de las comunidades pequeñas dentro de ellas y se dirige su actividad económica hacia los recursos naturales locales.

Nuestro trabajo será más fácil si apoyamos las comunidades locales que quedan y a los pequeños granjeros; ellos son la clave para reconstruir la base agrícola sana de unas economías más diversas.
Mucha gente cree que sólo hay dos modelos económicos: el comunismo centralizado y el capitalismo de las multinacionales aún más centralizado.

Hay incluso quien dice que, tras la victoria en la guerra fría del capitalismo de las multinacionales, "la historia ha acabado". Sin embargo, hay una tercera alternativa, una alternativa de descentralización que permite a la gente diseñar el terreno de juego de los negocios a través de procesos democráticos y un gobierno sensibilizado.
De esta manera, la gente podría participar en determinar qué ayudas deben concederse y qué límites poner a las actividades económicas. Para lograr esto, se deberían reformular los tratados de Maastricht y el GATT.

Si se eliminaran los subsidios ocultos, el movimiento de las ecoaldeas podría crecer con bastante naturalidad.

ECOALDEAS Y COMUNIDADES SOSTENIBLES: 3. DEFINIENDO NUESTRO PROPIO DESTINO


3.    Defendiendo nuestro propio destino: Revitalizar ciudades y pueblos
 
Jill Jordan
Jill Jordan es consultora en desarrollo comunitario, conferenciante y dinamizadora de desarrollo cultural. Su aportación ha sido clave en algunas iniciativas comunitarias en Maleny, Australia. Ve en el desarrollo económico comunitario una alternativa a los sistemas convencionales, caracterizados por unas instituciones complejas y alejadas del individuo y del entorno.
Jill Jordan, P. O. Box 87. Maleny Q4552 . Australia Tel +61 74 943312 Fax +61 74 943363

He vivido en la comunidad de Maleny, que es una pequeña ciudad de Queensland (iba a decir cerca de Crystal Waters, pero en realidad es Crystal Waters la que está cerca de Maleny) durante 25 años. Quiero explicaros el proceso de la toma de poder por parte de los miembros de esta comunidad en los últimos 20 años aproximadamente.

La historia comienza en los 70. Maleny era uno de esos núcleos rurales pequeños muertos que hay en Australia y el resto del mundo occidental. La tierra era barata y había un flujo de pobladores hacia ella. Cuando llegamos a Maleny, faltaban muchos suministros, como por ejemplo alimentos integrales. Así que empezamos a cultivarlos.

Un día, media docena de nosotros (muchas cosas comienzan con la reunión de media docena de personas) pensó que podríamos cubrir una parte de nuestra necesidades alimentarias con una cooperativa de productos ecológicos. Así empezó nuestro primer negocio. Todos teníamos una cierta formación, éramos de clase media, blancos y ninguno había montado un negocio antes. Queríamos disponer de alimentos biológicos y poder vender los excedentes. Era el año 1978.

Lo primero que decidimos es que la cooperativa sería para todo el pueblo, aunque éste lo ignoraba entonces. Abrimos la primera tienda y la gente del lugar nos miraba con recelo. Hacíamos cosas "raras" como reciclar frascos de cristal y bolsas de plástico Pero las mujeres mayores se fijaron en esto, en valorar los recursos escasos, algo que ellas conocían muy bien; así que entraron a la tienda.
Al principio se limitaron a traernos sus frascos y bolsas. Vieron que vendíamos productos locales y preguntaron si ellas podían traer los suyos.
Poco a poco la gente del lugar se fue implicando. Hoy la cooperativa tiene 650 miembros y 60 productores, y genera 450.000 dólares al año. Una pequeña y exitosa operación se convirtió en una grande y exitosa operación.

En 1979, Bill Mollison, "la madre" de la Permacultura, se fue a los EE.UU. y volvió a Australia entusiasmado con el movimiento de inversiones éticas. En 1983 nos invitó a una docena de nosotros a conversar sobre el tema, tras lo cual nos urgió para que volviéramos a nuestras comunidades y creáramos nuestras propias instituciones financieras. Ya éramos conscientes de que hacía falta capital para crea una comunidad.

Tentamos bastantes habilidades técnicas pero nada que impresionara a un banco. Llevé la propuesta de Mollison a una asamblea de la cooperativa y tuvo una gran acogida. Así que creamos !a Institución Crediticia Maleny en 1984. Esta institución se encuentra en el centro mismo de Maleny y sirve a 3.000 miembros.Tiene un capital de 9,5 millones de dólares y ha concedido 21 millones en préstamos para adquirir tierras, casas y pequeños negocios, que han revertido en la comunidad.

Cuando se administra una organización financiera multimillonaria uno se da cuenta de que hay problemas inherentes al dinero. No importa si administras bien, si consigues abaratar costos o si estrechas el espacio entre los que tienen dinero y los que no tienen: los ricos son más ricos y los pobres más pobres.

Pero aquí, de nuevo, nuestra entrañable Permacultura viene a rescatarnos. Lea Harrison, otra estupenda profesora de permacultura, estaba en los EE.UU. trabajando cuando se encontró con Michael Linton, quien había inventado una estrategia económica alternativa llamada LETS, Sistema de Comercio e Intercambio Local (que posteriormente se transformó en Sistema de Comercio y Empleo Local y posteriormente en Sistema de Transferencia de Energía Local). Este sistema permite comerciar sin dinero. Recupera el concepto de que la riqueza de una comunidad reside en sus bienes y servicios, no en su dinero. En la actualidad tenemos una economía dual que satisface todas nuestras necesidades.

Lo maravilloso de LETS es que no sólo es una herramienta económica sino también un cohesionador de la comunidad. En Maleny, el LETS cuenta con 800 miembros y produce unas 25.000 unidades al mes.
Tres años después de la creación de la Institución Crediticia, se produjo el derrumbe de Wall Street. De la noche a la mañana, las tasas de interés en Australia bajaron de 17% a menos del 9%, pero las tasas de la Institución Crediticia se mantuvieron en el 13 %. Nunca hemos seguido las tasas de interés del exterior.

De hecho, la gente del lugar vino en tropel a depositar su dinero. Nosotros les dijimos que utilizaríamos su dinero en proyectos locales y que, si no les interesaba, era mejor que se fueran. Bueno, algunos lo hicieron pero otros dejaron su dinero y hoy son de los inversionistas más importantes.

Creo que las dos áreas en las que la gente necesita tomar el poder son el sistema monetario y el gobierno. Este último tiene una influencia diaria sobre nosotros.
Hacia 1991 otra mujer y yo fuimos elegidas para el Ayuntamiento. Esto suponía que una parte de la comunidad extendida de Maleny accedía al poder. Así, pudimos introducir algunos cambios, hicimos públicas las reuniones e impulsamos la participación local, realmente reducida y conservadora hasta entonces. Así mismo creamos la Fuerza Rural Especial, que surgió de una consulta comunitaria mientras estábamos en el Ayuntamiento.

Esta Fuerza la componían 180 personas y su cometido era velar por que se hiciera un uso sostenible de la tierra, no sólo en beneficio de las personas de la comunidad, sino de toda la ciudad.
En 1993 vimos nacer nuestro primer gremio, el de artesanía, que comenzó con tres artesanos. Hoy hay 23 y tienen una tienda con una amplia gama de artesanías. También se creó un cineclub, para que pudiéramos elegir las películas que queríamos ver. En 1994 decidimos que había llegado el momento de abrir un Club de la Cooperativa, un lugar donde se ofrece buena comida, bebida y música local en vivo. Está actuando como catalizador de la comunidad. Trabajamos con tesón y también tocamos con tesón.

También se ha abierto un Centro de Aprendizaje de la Cooperativa. Y ha surgido el Grupo Colinas Verdes de Maleny, que tiene una estrategia interesante. Lo crearon los profesionales y los hombres de negocios de la ciudad después de que el Ayuntamiento volvió a los negocios convencionales tras las últimas elecciones, lo que significaba desarrollo a toda costa. Estas personas se reunieron y decidieron que no aceptaban la situación.

La comunidad ha llegado a controlar sus asuntos de tal manera que ha creado una Fundación que le permite comprar tierras que, de otra manera, serían explotadas por el gobierno local. Como podéis ver, hemos llegado a ser una comunidad que sabe lo que quiere y, lo más importante, que sabe cómo conseguirlo.

Ahora Maleny está en un punto interesante. Con la experiencia acumulada, muchas personas han creado organizaciones. Empezamos con lo básico, la comida y el dinero; luego seguimos con la tierra, las casas y la energía; luego la gente fue creando sus propios ingresos y finalmente, la cultura, la comunicación y la educación. Es el mismo proceso que se ha dado en otras comunidades. Creo que ha sido un proceso bastante orgánico.

Lo que quiero deciros es que lo que hemos construido en Maleny puede hacerse en cualquier lugar. Maleny es especial pero igual lo son otras comunidades. Nos hemos dado cuenta de que aunque las estrategias sean diferentes, los elementos son los mismos, y extrapolables a todo el mundo.
En primer lugar, deben responder a una necesidad, una necesidad comunal. No importa cúan buena sea la estrategia, si no responde a una necesidad de la comunidad, no despegará. También se necesita a alguien que vele por esa estrategia. Personas que inventen estrategias y personas que mantengan la perspectiva.

Lo siguiente es no hacer proyecciones sobredimensionadas: más vale un éxito pequeño que una gran derrota. Si comenzamos pequeños y sostenibles, nos mantendremos sostenibles.
Finalmente, el desarrollo de habilidades es importante. Y no sólo de las técnicas, administrativas y financieras, sino sobre todo de las interpersonales: aprender a ayudar a la gente a tomar decisiones importantes y a resolver conflictos. Si reúnes a un grupo de personas, sabes que habrá conflictos y, sin embargo, sin organizaciones no se puede avanzar.

Ahora quisiera hablar de la manera de poner en práctica estas estrategias en la comunidad; es muy diferente revitalizar ciudades y pueblos que crear "asentamientos verdes", como nosotros les llamamos.

Nuestras relaciones con la gente de Maleny al principio fueron de confrontación. Fuimos bastante maleducados. Considerábamos enemigos a los granjeros y les reprochábamos el mal uso que hacían de la tierra. No comprendíamos que estaban haciéndolo lo mejor que sabían ni que temían perder su medio de vida; porque nuestra llegada representaba, de alguna manera, una amenaza a su continuidad.

La vieja ética dice que hay dos tipos de personas: las que dicen lo que se debe hacer y las que lo aceptan. Pero la toma de poder que nosotros proponemos significa que todos asuman la responsabilidad de sus decisiones. Esto último es radicalmente opuesto a la antigua manera de pensar y, sin duda alguna, es amenazador.

Es importante averiguar de dónde viene ese miedo y trabajar con él (personalmente estoy en este punto de crecimiento personal, y estoy haciendo avances). Reconocerlo y encontrar la manera de superarlo.

Os voy a explicar algunos métodos para sobreponerse a ese miedo... Ofrecer mucha información, permanecer receptivos y dar tiempo para que la gente cambie de opinión. Estudiar las habilidades de cada uno. Por ejemplo, si queréis saber qué árboles plantar en la zona, debéis ir al carpintero y preguntar. Hay realmente muy pocas personas que se nieguen a darte ayuda cuando se la pides. El miedo se resquebraja con el trato directo y la comprensión.

Ahora quisiera comentar los problemas que nos hemos encontrado a la hora de crecer. Cuando existe una comunidad viva, es como acercar las polillas a una llama.
En Maleny hemos tenido un crecimiento anual del 8'5 %, lo cual es muchísimo. Esto crea problemas, sobre todo con la gente mayor, quienes se sienten desplazados al pasear por la calle y no conocer a nadie.

Cuando hay un movimiento de gente hacia un lugar, sólo el 30 % consigue un trabajo en la zona, en la construcción, el comercio y en el desarrollo derivado del mismo crecimiento; y se debe ayudar al otro 70% a generar su propio trabajo. Para nosotros es importante estar abiertos como comunidad y ofrecer oportunidades a las personas que quieren incorporarse.
Ahora tenemos en Maleny a gente de otras partes de Australia que viene a aprender sobre el terreno para luego aplicarlo a sus comunidades de origen. Lo que os vengo a decir es que todo lo que habéis oído es aplicable en todo el mundo y que está bien que se haga.

Cada comunidad es única, tiene sus propias habilidades y su diversidad. Nuestro deber es dar a nuestras comunidades la capacidad de funcionar por si mismas, a su manera, potenciando su idiosincrasia.

ECOALDEAS Y COMUNIDADES SOSTENIBLES: EL "AGLUTINANTE" DE LA COMUNIDAD


2.    El "Aglutinante" de la comunidad: Procesos de coopeeración

Glen Ochre
Glen Ochre es una activista social con pasión por el poder popular, los estilos de vida y trabajo cooperativos y por la Madre Tierra. Se formó como trabajadora social y es especialista en dinamización de grupos.
Glen Ochre. Commonground P. O. Box 474. Seymour, Victoria 3660. Australia Tel.: +57 938257 Fax: +57 938400.

Es un placer estar aquí. Todos lo dicen, pero es la verdad. Es maravilloso estar con 400 buenas personas que se preocupan realmente por el planeta. Esto me anima mucho y espero que a vosotros también.

Formo parte de Commonground, una pequeña comuna rural en Victoria, Australia, que inicié hace 14 años. Éramos un pequeño grupo de revolucionarios que trabajábamos en el área de desarrollo de bienestar social y comunitario, que pensaba que las cosas podían hacerse mejor. Nos preguntamos qué podíamos hacer por el mundo. De aquí surgió Commonground, un recurso para el cambio social de la comunidad. Es un lugar donde la gente puede venir para estar en el campo y refrescarse.

Commonground tiene 95 acres de tierra preciosa. Hay un solo tejado, una sola mesa y un solo bolsillo. Educamos a los niños entre todos. Han nacido 4 niños en la comuna y los compartimos (muchos nos preguntan si los niños saben quiénes son sus padres. Pues sí, lo saben). Somos una familia muy unida. No somos propietarios de la tierra en el sentido tradicional de la palabra: no podemos venderla ni sacar beneficio de ella. Esto es importante. Ninguna persona individual puede beneficiarse de Commonground. En su día pusimos todo el dinero en una bolsa y compramos la finca.

El "aglutinante" de la comunidad (lo que nos mantiene unidos) es todo lo que ocurre por debajo de nuestros cuellos. Es una zona muy importante y gran parte de ella es intangible. Creo que necesitamos modelos de vida cooperativa y oportunidades para compartir los recursos de una manera diferente. En Australia hay mucho territorio y la tendencia de la gente es a separarse entre sí, pero yo creo que necesitamos acercarnos. Creo firmemente en esta necesidad y apuesto con entusiasmo por ello.

Yo puedo aportar mis años de experiencia. Ahora tengo 51. Empecé siendo una joven e idealista activista social y ahora soy mucho mayor y más idealista aún. Quiero aportar mi experiencia de trabajo con muchos grupos que están haciendo lo mismo que nosotros estamos intentando, encontrar maneras de trabajar juntos.
Tengo un ilimitado optimismo en nuestra capacidad para encontrar caminos humanos hacia la sostenibilidad porque creo que internamente lo deseamos. Parece que en todos nosotros hay un gran anhelo de pertenencia al medio y de equilibrio con él. Y puede que tengamos miedo de ello. Muchas personas vienen a Commonground y dicen: "Oh, es maravilloso. Lo que estáis haciendo es sencillamente fantástico, pero yo no podría hacerlo... "

Cuando hablo de comunidad. no quiero decir que la gente necesite vivir en una comuna como la nuestra: hablo de grupos que viven y trabajan juntos de tal manera que hay interdependencia.
Esta es una palabra clave para mí: a un nivel, confiamos los unos en los otros.

Otra palabra clave que uso para definir comunidad es "intencionalidad", es decir, que elegimos vivir juntos. La comunidad es la concreción de nuestro anhelo de pertenencia. En un tiempo, tuvimos una comunidad y en parte la seguimos teniendo, es como si lo recordáramos.
Es un recuerdo de hace miles de años y de alguna manera estamos intentando volver a ese pasado, conectar con él y con ese sentido de pertenencia, y ello me llena de esperanza.
Me gustaría celebrar esto y hacer un pequeño ejercicio juntos. Levantémonos. Cogeos las manos entre vosotros, que nadie tenga una mano libre. Ahora cerrad los ojos y sentid las manos que estáis tocando.
Quizás sean las manos de un extraño. Sentid su textura, su temperatura, su forma. Moved vuestra mano dentro de la del otro.
Efectivamente son las manos de un extraño y, sin embargo, son las de vuestra hermana o hermano, hay una conexión profunda y que viene de muy atrás. Lo sabemos y lo anhelamos. Es como una memoria genética que nos dice que conocemos esas manos desde que eran aletas y nadábamos juntos.

Hay un hilo genético desde entonces hasta ahora, que tenemos piernas y brazos. Son manos que a lo largo de estos miles de años han crecido y se han desarrollado y han hecho cosas tan hermosas como recolectar, cultivar, amar, parir, sostener al moribundo, hacer magia, bailar. Las manos son, a través de la memoria genética, el punto de conexión. Y en esas manos, en esas manos preciosas y sagradas que sostenéis, está la sabiduría y el conocimiento que necesitamos para que el mundo entre en la siguiente etapa. Sentid lo precioso de esas manos y su magia. Apretadlas suavemente y ahora miradlas. Y ahora, sentémonos despacio.

Es en esta conexión en la que se basa mi esperanza de que encontremos caminos hacia las ecoaldeas y las nuevas formas de vida que tan valientemente estamos construyendo.
Pero, desgraciadamente, la esperanza no es suficiente. No es suficiente ser buenas personas (porque sé que lo somos). Tampoco las buenas intenciones bastan. Muchos grupos (buena gente con buenas intenciones), se han hundido, y a menudo han sufrido daños. Tampoco basta con las infraestructuras, aunque sean importantes. Podemos conseguir un equilibrio perfecto entre lo privado y lo comunitario, permacultura y hasta nuestros propios excrementos compostados, todo...

El asentamiento puede ser perfecto pero nosotros somos imperfectos. Y digo esto con cariño. Y es que llegamos con un montón de equipaje, y lo llevamos con nosotros a la vida comunitaria.
En primer lugar estamos educados en la propiedad privada. Hemos hecho un profundo cambio desde que nos establecimos y dejamos de pertenecer a la tierra y pasamos a poseerla. Creemos que debemos poseer la tierra, guardarla, mejorarla y protegerla, entonces competimos en vez de cooperar. La mayoría de nosotros está educado en la competitividad. Creo que debemos investigar en nuestro corazón cómo sentimos nuestra relación con la tierra . (Yo tengo una relación con un árbol de 450 años, al que amo mucho, y cuando viajo llevo una foto de él, igual que la gente que lleva fotos de sus hijos. Bueno, pues a menudo pienso en poseer este árbol... qué curioso).

Tampoco estamos preparados para la cooperación dada la educación que recibimos. Puede que en el subconsciente tengamos muchas buenas ideas sobre cooperación, pero acordaros del asunto del cuello: nuestro cuerpo no acaba aquí.
Por debajo del cuello tenemos muchos mensajes grabados que están en contra del compartir y de la cooperación. Creo que estamos muy desconectados de nuestros sentimientos. Se nos ha hecho creer que éste era un terreno difícil y peligroso, así que nos instalamos en la mente, reprimimos el resto y consiguientemente lo relegamos al inconsciente.

Pero no nacimos así, ¿no? Los niños no son así. Ellos expresan sus sentimientos. ¿Qué e ocurrió entonces? Supongo que lo primero es que nuestros padres ya fueron educados en esta mentalidad; lo segundo, es que muchas cosas nos han herido, desde las más terribles (como la guerra, la pobreza, la violencia y el abuso sexual), hasta las menores, por el hecho de vivir en un mundo que no tiene en cuenta nuestros sentimientos, nuestra alma.

Al niño se le enseña que los sentimientos y muchas opiniones no son buenas, que son inaceptables. "A la gente no le gustará que las tengas y te rechazarán", se le dice al niño. Cuando somos bebés somos muy dependientes, y si no se nos ama y cuida, morimos. A mi me parece que todos tenemos este temor profundo a ser rechazados. Es el terror que sentimos cuando nuestra vida está en peligro. Por eso, cuando algunos asuntos pequeños nos resultan tan problemáticos es porque sentimos este temor al rechazo. Se nos ha enseñado a tapar todo esto.

Afortunadamente, si investigamos nuestros sentimientos, hallamos una parte que confía, que brota del interior para conectar. Lo que pasa es que enterramos esta parte, igual que una gran proporción de la creativa, lúdica e intuitiva, y nos apostamos en la torre mental. Pero en el nivel inferior están buena parte de nuestras necesidades y deseos. Son esas necesidades profundas de las que nos han dicho que es mejor no hablar porque en cualquier caso no pueden ser satisfechas. Pero hay unos asuntos internos que debemos tratar.

Algunas personas hablan de estos asuntos con una cierta truculencia; en realidad es el subconsciente que está trabajando. Pero, de nuevo, necesitamos aprender el lenguaje del subconsciente.
Ahora supongamos que nos ponemos a trabajar en los procesos cooperativos, los que ligarán a los miembros de la comunidad entre si. Tenemos el lugar perfecto, una buena sopa en la olla, todo en su sitio y nos disponemos a crear esos procesos cooperativos.

¿Cuáles serán sus elementos constitutivos? Veamos primero los más evidentes y luego los menos.
Necesitamos una Filosofía Clara. ¿Qué nos une? ¿Por qué?
Necesitamos una Conexión Espiritual.
El Ingreso en la comunidad también es importante. ¿Con quién queremos compartir? ¿Cuáles serán los criterios de ingreso?

Necesitamos Estructuras y Procesos; estructuras legales, de ingreso y de salida. A algunos no les gustan las estructuras, por ejemplo a los viejos hippies como yo. Pero no debemos temerlas: las estructuras se pueden cambiar.

También necesitamos Métodos de Decisión Colectiva. A los grupos que toman las decisiones por consenso les recomiendo que aprendan estos métodos. Así mismo pasa que tenemos un concepto un poco ingenuo de la toma de decisiones, algo así como sentarse en circulo y cogerse de las manos. Existen formas creativas de tomar decisiones por consenso.

Necesitamos saber qué Expectativas de los demás tenemos, cuánto tiempo esperamos que aporten, cuánto dinero, cómo ayudar en la educación de los niños.

Necesitamos Tácticas, Estrategias y Acuerdos. ¿Cómo hacer las cosas y cómo llegar a acuerdos? A veces los grupos utilizan los acuerdos para evitar el conflicto y para no tener que hablar entre ellos. Escribimos nuestras Tácticas y Estrategias para prever todas las eventualidades, pero esto no funciona, porque siempre hay situaciones impredecibles y, entonces, tenemos que hablar.

Necesitamos Métodos de Resolución de Conflictos
Otra cosa por la que siento una gran pasión es nuestra Conexión y Relación con el Exterior. No creo que sea cuestión de desaparecer y cocerse en la propia salsa. Me considero una activista social y una revolucionaria y quiero seguir siéndolo. Es importante el nexo con el mundo.

Lo siguiente es la Valentía. Es obvio que necesitamos ser valientes para trabajar juntos y afrontar las dificultades. No sé de dónde se saca la valentía pero la hallaremos entre todos.
Pasemos ahora a la parte más pegajosa del "aglutinante". Lo primero es observar nuestros Corazones (fijaos que están por debajo de nuestros cuellos). Para cambiar algo debe producirse un cambio en el corazón primero.

También tenemos que aumentar nuestra Autoestima porque ella nos hace más tolerantes con los demás, quienes, en definitiva, son como nosotros .
La Tolerancia y la Generosidad son esenciales. Es aquello de pensar: "bien, me ha hablado con brusquedad pero es que tiene un mal día, no me lo voy a tomar a pecho". Creo que la Aceptación de nosotros mismos nos conduce a un mayor grado de Perdón.

También debemos Dejar Pasar, y no sólo en las cuestiones triviales, sino especialmente en las importantes. Escuchar, con nuestros corazones. Así, con un poco de suerte, también podremos hablar con el corazón.
Así mismo, necesitaremos Perseverancia y Paciencia.
La Habilidad para Negociar es importante también. Algunas personas hablan de seguridad en los grupos.
Bien, creo que la Seguridad y la Confianza en el grupo se derivan de todo lo anterior.
Podemos añadir un poco de Esperanza, Optimismo, Suerte y, no nos olvidemos, un poco de Diversión. Tiene que ser divertido, con muchas fiestas y celebraciones.

Luego está, cómo no, el Amor, el que se deriva de apartar el miedo y descubrir que podemos conectar con los demás.
Para acabar, tenemos ese gran poder, la Bondad Colectiva.

Y ahora quiero acabar cantándoos una canción. No soy cantante pero me gusta cantar. Dice así:
El poder se mueve, en el cambio de estación
El poder se mueve, a través del conocimiento antiguo
El poder se mueve, a través de la tierra y el sol
El poder se mueve, a través de todos



ECOALDEAS Y COMUNIDADES SOSTENIBLES - INTRODUCCIÓN


Ecoaldeas y Comunidades Sostenibles
(Modelos para el siglo XXI)


(Traducción: Instituto Permacultura Montsant)
Selección de artículos presentados en la Conferencia “Ecovillages and Sustainable communities: Models for the 21st Century”, celebrada en la Fundación Findhorn en octubre de 1995, a la que durante una semana asistieron alrededor de 400 personas de 40 países para compartir sus experiencias sobre el tema.   

1.    POR QUÉ ECO-ALDEAS, por Robert Gilman
2.    EL AGLUTINANTE DE LA COMUNIDAD: PROCESOS DE COOPERACIÓN por Glen Ochre.
3.    DEFINIENDO NUESTRO PROPIO DESTINO: REVITALIZAR CIUDADES Y PUEBLOS, por Jill Jordan.
4.    DE LA ALDEA GLOBAL A UN GLOBO DE ALDEAS, por Helena Norberg-Hodge.
5.    CRISTAL WATERS, UNA ALDEA DE PERMACULTURA EN AUSTRALIA,por Max Lindegger.
6.    LETS: SISTEMAS COMERCIALES DE INTERCAMBIO LOCAL. Maddy y Tim Harland.



1.    ¿POR QUÉ ECOALDEAS? por Robert Gilman
Después de trabajar como astrofísico para la NASA hace 25 años, Robert Gilman decidió que "las estrellas podían esperar, pero el planeta no". Desde entonces se ha dedicado al estudio de la sostenibilidad global, a la investigación de visiones futuras y a las estrategias de cambio social positivo. Junto a Diane Gilman, es fundador del "Context Institute" y de la revista “ In Context”.
Robert y Diane Gilman. Context Institute, P.O. Box 10396. Bainbridge Is/and, Washington 98110 EE.UU.
rgilman@context.org o dgilman@context.org Context Institute y In Context: http://www.context.org

Antes de entrar en "¿Por qué ecoaldeas?" quisiera empezar por la cuestión de "¿en qué momentos de la historia nos encontramos?" Veamos dónde nos encontramos físicamente.

El cuadro adjunto abarca del 1900 al 2100.

Nos encontramos donde las líneas se quiebran. Hasta ese momento, habían crecido exponencialmente y lo seguirán haciendo hasta un punto que los teóricos de sistemas y ecologistas llaman "saturación y colapso".

Cuando alguna parte de un sistema crece tanto que destruye y mina los recursos de los cuales depende, pierde su capacidad de auto-sostenimiento y se colapsa. Este es un fenómeno muy familiar para los biólogos. No hay indicio alguno de que los humanos como especie nos libremos de este fenómeno. Esto está representado por la línea de puntos.

DOS FUTUROS POSIBLES: Desarrollo sostenible versus Negocios convencionales.





Política y cambios de actitud que podrían, a partir de 1995, conducirnos a un futuro sostenible
Tecnología:

•    Confianza decreciente en los recursos no-renovables por unidad de producción industrial (reducida ésta a la mitad en 20 años, al aumentar la eficiencia y el uso de renovables)
•    Tecnologías agrícolas mejoradas y conservación del suelo
•    Inversión decreciente en control de la contaminación (tasa de contaminación reducida a la mitad en 20 años)
Consumo
•    Producción industrial per capita limitada a los niveles aproximados de 1995. El nivel de vida sube con productos de más larga vida.


Población:

•    Acceso total a los métodos de control de natalidad
•    Cifra media de hijos por familia: 2
•    Aumento de la inversión en servicios de tipo humano (50%

Lo positivo para mí está representado por la línea continua, los cambios que podríamos hacer los humanos en el terreno físico. Puede que no sean cambios fáciles en el plano social pero sí en el físico. Son cambios en la tecnología, el consumo y la población. Me imagino estos tres campos representados por un taburete de tres patas.

Cuando me hablan de la necesidad de incidir sobre el consumo, la población o la tecnología suelo responder: ¿qué pata del taburete lo mantiene en pie? Propongo esta metáfora para que la estudiemos.

¿Y por qué son importantes las comunidades, dados los cambios que debemos hacer en el plano físico? No hay manera de que lleguemos a una sociedad sostenible si no abordamos e diseño de nuestras comunidades. Es decisivo corregir los niveles de consumo de recursos de nuestras comunidades. Es bueno saber que aquí hay personas que están reduciendo el consumo de energía en sus comunidades, y no sólo de energía. Sabemos cómo hacerlo técnicamente pero no lo estamos haciendo.

Para saber en qué momento de la historia estamos es también importante abordar el lado social y humano. Revisando la cultura de la sostenibilidad, he descubierto tres períodos épicos y dos transiciones intermedias. El primer periodo, el Tribal, ha sido el más largo. Le siguió la transición a la agricultura y las ciudades, y después vino el Imperio. Creo que ahora nos encontramos en otra transición, tan profunda como la primera.

Si nuestras vidas son a veces un poco esquizofrénicas es porque nos hallamos en medio de dos etapas. Muchas de las características de nuestras vidas hoy son las de la era en la que entramos, la Planetaria  Sin embargo las actuales instituciones tienen su origen en los pasados 5.000 años de era Imperial. Cuando digo instituciones me refiero no sólo a los gobiernos sino también a la mitología que utilizamos y de Ia que estamos empapados.

El crecimiento de la población y la tecnología lo que han hecho es acortar lo ciclos. El karma nos vuelve con mayor rapidez. Muchos grupos de diferente índole están dándose cuenta de que no hay beneficio personal si no es a la vez beneficio para la comunidad y el medio ambiente. Es como si nos viéramos empujados a lo que antes era más bien una cuestión moral.

¿Y qué tiene esto que ver con las comunidades y las ecoaldeas? Creo que las ecoaldeas, las comunidades sostenibles y los barrios con elevada conciencia ecológica son los asentamientos ideales para impulsar la nueva cultura. Y ésta no existe si no se comparte con otros. Si intentamos trabajar a gran escala, la cosa se diluye en abstracciones. Sólo a escala humana podemos descubrir a los demás y a nosotros mismos.

Cuando redactamos el informe sobre ecoaldeas para Gaia Trust, tuvimos que definir la ecoaldea y parece que la definición ha prendido: "una ecoaldea es la escala humana", o sea, un lugar donde conoces a los demás, un "asentamiento integral", no sólo una estructura de viviendas, agrícola o empresarial sino todo ello a la vez, un asentamiento donde las actividades humanas están integradas en el medio natural de manera inocua.

Tan importante como la relación con el medio natural es que el asentamiento sea soporte de un desarrollo humano sano, y que haya un sentido de celebración en él, como aquí en Findhorn.
Finalmente, la sostenibilidad. Es clave que "la vida de la comunidad pueda continuar indefinidamente en el futuro", de lo contrario, estaríamos hipotecando ese futuro Si traducimos esto al nivel práctico vemos que las ecoaldeas tienen hoy los siguientes retos:
Imaginémoslos como pisos de un edificio. El primer piso es el estrato físico, o sea, los sistemas biológicos: tratamiento de aguas residuales, producción de alimentos animales, etc. Luego está el entorno construido: edificios, carreteras, etc. Estos dos pisos son partes decisivas de una ecoaldea y, a veces, son las más sencillas, al menos a juzgar por la experiencia de quienes los han levantado

Debajo de todo está la parte humana: el sistema económico y el gobierno. Si éstos no están bien fusionados, los niveles superiores tampoco podrán estarlo.
Sin embargo, para hacer funcionar la economía, hace falta algún tipo de hilo conductor en la comunidad, un espíritu, unos sentimientos y una cultura comunes que mantenga unidos a sus miembros cuando se aborden los temas difíciles. Y las dificultades muchas veces vienen del hecho de tener que dar respuesta simultánea a muchas cuestiones; las relaciones se resienten mientras las necesidades de nuestros hijos son también diversas. El desafío del sistema en conjunto es lo que muchas veces colapsa a los miembros de la comunidad o los unilateraliza.

Por tanto hay que descubrir cómo conservar el equilibrio. Las ideas que en un tiempo pensamos podrían resolver los problemas del mundo resultan hoy insuficientes. Debemos encontrar el equilibrio entre lo comunitario y lo privado, entre el presente y el futuro, entre las estructuras tangibles (los edificios) y las intangibles (el corazón, la mente y la voluntad). A propósito de esto, una de las trampas en la que creo que caen las comunidades es el desequilibrio de estas tres partes. Para mi, se trata, de nuevo de un taburete de tres patas.

¿Por qué ecoaldeas? Sencillamente porque creo que es el lugar que mejor nos permite entender la esencia de nuestro tiempo, que no es ni más ni menos que ser parteros de la cultura emergente. Y esto no podemos hacerlo individualmente sino con los demás y a una escala comprensible para nosotros.

Y vamos con el tercer taburete de tres patas: nuestra relación con el medio natural, con los demás respecto a los temas políticos y sociales y la relación con nosotros mismos en términos de salud, crecimiento personal y espiritualidad. Todo ello forma parte de nuestro propio yo.
Los sociólogos han trazado una curva en forma de "s" y le han dado el nombre de "Difusión de Innovaciones". Según ésta, ¿qué estrategias necesitamos si queremos ser agentes del cambio, parteros de las innovaciones?

Las mejores estrategias son las que van cambiando a medida que avanzamos en la curva. Ocurre a menudo que se tiene una magnifica estrategia en el momento equivocado.
¿Dónde están, pues, las ecoaldeas? Creo que hasta ahora hemos estado en el terreno de la "Experimentación" y de los "Proyectos Piloto" . Por experimentación entiendo lo que los apasionados e irascibles excéntricos se atreven a hacer. De esta etapa hemos aprendido mucho, pero aún queda mucho por hacer.

Por otra parte, y aunque los Proyectos Piloto deben continuar, vamos entrando en la etapa de "Construcción de la Infraestructura y de los Sistemas de Apoyo". Y no me estoy refiriendo a la carreteras y las líneas eléctricas, sino a la infraestructura social y de comunicación, a la Red Global de Ecoaldeas y a esta Conferencia misma. Me dirijo a toda la gente que ha estado trabajando en ecoaldeas de una manera aislada. Si nos mantenemos en contacto podremos aprender unos de otros y entrar en la fase de "Popularización".

Los sociólogos han descubierto que la mejor manera de divulgar una idea es contactar con la gente que está interesada y motivada, y ayudarles a desarrollarla, ignorando a los detractores. Si lo que queremos es boicotear las innovaciones, lo mejor es reunirles a todos ellos y enzarzarles en una discusión. Un espejismo que nos ha hecho creer la democracia es que nada cambia si primero no hay una discusión pública del tema y luego una acción gubernamental.
Bueno, pues esta no es la manera como están cambiando las culturas. Los empresarios y comerciantes lo saben muy bien: primero introducen un producto en un mercado reducido, luego consolidan su consumo y de ahí pasan a extenderlo a otros mercados hasta que logran tener una gran influencia sobre el cambio social.

Una de las razones por las que las "Políticas Electorales " van un poco retrasadas en la curva es que el momento de meterse en esas políticas es cuando pueden ganar votos. No quiero decir con esto que no haya leyes que cambiar ni algunos espacios políticos en los que meterse, sino que creo más necesario dedicarse a los "Proyectos Piloto", construir la infraestructura, contactar con los que realmente están interesados en lo que estamos haciendo y esperar el momento oportuno.

Esta conferencia llega en un momento interesante. Creo que dentro de 5 años podremos decir que "en esta conferencia se hicieron muchos contactos, se crearon muchas redes, se profundizó en la comprensión y surgieron una gran variedad de eventos.
Aprendimos a tener un brillo especial en los ojos y al volver a ver a miembros estresados de nuestras comunidades pudimos contestarles así: "Entiendo lo que te pasa y, sin embargo, siento una gran alegría interior; descubramos juntos la manera de arreglar el asunto" o lo que sea.

Sabemos cultivar alimentos que no nos envenenan; sabemos construir espacios para los peatones y reducir drásticamente las necesidades de transporte, incluso sabemos bailar juntos y sabemos escucharnos. Si somos capaces de transmitir esta energía al mundo es que esta conferencia ha sido el germen de algo excelente.




ECOLOGIA HUMANA ¿SABE USTED COMUNICARSE AFECTIVAMENTE?


Séptima Parte
¿Sabe Ud. comunicarse afectivamente?


Un momento de reflexión

Deténgase ahora, finalmente, a pensar un poco en usted mismo y en la manera como da y recibe afecto. De hecho, existen muchas formas de dar y recibir amor y cariño. Queremos a los demás y nos queremos a nosotros mismos de diversas maneras.

Cada día establecemos comunicación con diferentes personas. Según nuestra ocupación o condición, entablamos comunicación con nuestros hijos, nuestros alumnos, compañeros de trabajo, familiares, amigos o pareja. De igual manera, nos hablamos a nosotros mismos sobre distintos aspectos de la vida.

Ubiqúese en este medio ambiente comunicativo y pregúntese de qué habla usted y con quién. Podría ser que su vida, tanto en la escuela como en la familia, estuviera saturada de diálogos funcionales, centrados en el rendimiento o en aspectos económicos. Superar el analfabetismo afectivo y dar salidas a la crisis ecológica de la interpersonalidad, es ante todo superar este nivel de diálogo completamente operativo, para compartir con los otros algo más que aquello que compartiríamos con una máquina.

Al invitarlo a pensar de qué habla usted con los demás y con usted mismo, se pretende que analice si su comunicación no está reducida a cosas prácticas, preguntándose además por la manera como en su casa o trabajo, en la escuela o la vida social, está comprometiendo su afecto al comunicarse con los demás.

La comunicación no es solamente una herramienta práctica para dar informes o recibirlos. Es también la mejor manera de establecer redes afectivas. Si usted se atreve a reforzar el elemento afectivo de la comunicación, decidiéndose a dar y recibir cariño y reconociendo la mutua dependencia, sin lugar a dudas su vida cotidiana mejorará de manera sensible.


¿Se permite el contacto corporal?

Dentro del entorno comunicativo, el contacto físico que usted establece con los demás es fundamental para determinar el tipo y calidad de la relación afectiva. Podría al respecto preguntarse: ¿cuándo establece Ud. contacto físico con sus hijos?; ¿en qué situaciones establece Ud. contacto físico con su pareja?; en el trabajo, ¿cuándo y de qué manera establece Ud. contacto físico con los demás?; con sus amigos y amigas, ¿cuándo y por qué razones establece Ud. contacto físico?; ¿cuándo establece Ud. contacto físico con sus padres?; ¿cuándo con sus hermanos?; finalmente, ¿cuándo y de qué manera establece Ud. contacto físico con sus alumnos?

Al respecto, vale recordar que no existe palabra o discurso que pueda reemplazar la comunicación gestual y el contacto físico. Lo fundamental de la educación, tanto en la familia como en la escuela, puede transmitirse con el gesto, sin hacer uso de las palabras. El discurso viene a matizar y precisar el clima afectivo que se genera por la comunicación corporal. Por eso, cabe preguntarse por el tipo de educación que de manera implícita, con nuestra actitud corporal, hemos estado transmitiendo. Se trata de reformular este entorno comunicativo, teniendo presente que el tacto y el contacto corporal son experiencias muy importantes y necesarias, tanto para los niños como para los adultos.

Vivimos en una sociedad en la cual el contacto físico se desprecia o es abiertamente censurado, pues sólo se piensa en él cuando se habla de contacto íntimo en la pareja. Sin embargo, está claramente demostrada la importancia que tiene recibir todos los días, y en buena cantidad, expresiones de afecto físico que pueden llegar 3 ser la clave para sentirnos seguros y enfrentar la vida. Por eso, no lo piense dos veces y atrévase a expresar sus afectos mediante el contacto físico; con su pareja, con sus hijos y alumnos, con sus compañeras y compañeros, entendiendo que cada día nos brinda una nueva oportunidad de dar y recibir afecto.


¿Practica Ud. el chantaje afectivo?

Para que este afecto que circula cotidianamente no se torne asfixiante y contaminante del medio ambiente interpersonal, es fundamental que se reconozcan las situaciones de chantaje afectivo, tanto las que Ud. propicia como aquellas de las que es víctima. Hágase preguntas como éstas: ¿Le da a Ud. susto perder su autoridad por demostrar cariño a alguien?; ¿pone Ud. condiciones antes de dar cariño?, y si lo hace, ¿qué tipo de condiciones?; ¿da Ud. cariño a cambio de obediencia?; ¿saben las personas con quienes Ud. se relaciona, que cuentan con su cariño, pase lo que pase?

Posiblemente estas preguntas lo pongan a pensar, porque sin duda muchos de nosotros somos chantajistas afectivos, pues nos hemos acostumbrado a dar y recibir cariño a cambio de algo. Tal vez debamos recordar que el afecto es una necesidad básica, tan importante como dar de beber a quien tiene sed, y que negarlo es tan grave como no proporcionar aire puro a quien se siente asfixiado; por esto, no debería existir ninguna condición para satisfacer esta urgente necesidad humana. Si usted es un chantajista afectivo, atrévase a dar afecto pase lo que pase. Con seguridad esto cambiará la calidad de sus relaciones.


Abiertos al afecto

El afecto, condición indispensable para el ejercicio de una vida sana, es algo que se vuelve realidad todos los días, en las condiciones en que vivimos, con la manera de ser que tenemos y los recursos con que contamos. Por estar habituados a pensar en un amor ideal, muchos de nosotros nos sentimos incapaces de ofrecer y recibir amor en la vida cotidiana. Es por eso que cuando nos enfrentamos a relaciones con amigos o amigas, con los compañeros de trabajo o con los alumnos, con los profesores o con nuestra pareja, nos sentimos incapaces de encontrar la manera de expresar adecuadamente nuestros sentimientos.

Muchas veces convivimos con personas que, al igual que nosotros, están necesitadas de afecto, de seguridad. Aunque creemos estárselos ofreciendo, ellas no lo llegan a saber nunca, porque no sabemos cómo expresar ese afecto. Establecemos relación con los demás simplemente para intercambiar la información que nos interesa, o para demostrarles nuestro éxito y poder. Pero pocas veces establecemos relaciones en donde comprometamos a plenitud nuestros sentimientos.

Pocas veces nos comunicamos por placer, para compartir, porque sí. Creemos que al comunicarnos con los demás o con nosotros mismos, tenemos que buscar alguna utilidad. Hemos aceptado que el tiempo es oro y que todo en la vida debe servir para algo práctico, y nos estamos quedando solos. Pero eso no es todo. Utilizamos el afecto como una moneda y damos afecto sólo a quienes nos obedecen. Sin darnos cuenta decimos: "Te quiero si eres como yo quiero que seas".

Atrévase por eso a pensar en su manera de comunicar y recibir afecto, porque ahí puede estar la clave para una vida mejor.


FIN


ECOLOGIA HUMANA PARADIGMA DE LA TERNURA


Sexta Parte
Paradigma de la ternura

Agarrar y acariciar

En la vida cotidiana nos debatimos minuto a minuto entre las posibilidades de agarrar o acariciar. La mano, órgano humano por excelencia, sirve para ambas cosas. Mano que agarra y mano que acaricia, son dos facetas extremas de las posibilidades de encuentro interhumano. El agarre, que nos ha perfilado como grandes constructores de instrumentos, nos ha tornado también sujetos propagadores de violencia. Cosa diferente es la caricia. Para acariciar debemos contar con el otro, con la disposición de su cuerpo, con sus reacciones y deseos. La mano que acaricia es proveedora de ternura.

Cuando agarro, como puedo hacerlo con cualquier objeto que tenga a mi lado, lo hago sin pedir consentimiento, suponiendo que las cosas deben estar dispuestas a mi servicio en el momento en que las necesito. Nos irrita que un objeto dejado en un sitio elegido de antemano, no esté allí cuando vayamos a buscarlo. Al igual que agarramos los objetos, lo hacemos también con las personas cuando pretendemos imponer funcionalidad, cuando queremos integrarlas a una maquinaria eficiente, sometiendo sus cuerpos y comportamientos a nuestra voluntad. "Niño, quédate quieto", "no te muevas hasta que yo vuelva", "te dije que hicieras esta cosa y no la otra", son expresiones que caracterizan esta pretensión de someter a los demás a nuestros caprichos y deseos.

A diferencia del agarre, la caricia es una práctica cogestiva, pues es imposible acariciar a otro sin acariciarnos a la vez. Mediante la caricia producimos el cuerpo del otro a la vez que éste nos produce. Acariciar es participar en un encuentro que al final refuerza la emergencia de la singularidad. Al acariciar, actuamos según una praxis incierta, especie de exploración que se va reformulando según las reacciones de nuestro acompañante. Si alguien llegara a tener un plan previo, rígido y definitivo para acariciar, es muy posible que termine estrellándose contra el otro, convirtiendo la caricia en violencia.

La línea que separa la caricia del agarre es bastante tenue. El ejercicio humano por excelencia consiste en mantener un término medio entre estos dos extremos, como si la mano estuviera impelida a coger y soltar, agarrar y acariciar, abierta a una variabilidad de matices que es imposible definir por fuera del contexto en que se producen. Como es tan fácil dejar de acariciar y empezar a agarrar, aparece aquí un campo de conflicto nunca resuelto, frente al cual debe levantarse de manera permanente una vigilancia ética.


Dilema ético de la ecología humana

Somos sujetos éticos en tanto poseemos un poder, ejercemos una fuerza. Puede ser ésta la simple fuerza que se deriva de estar vivos en medio de otros individuos o especies. Es por eso que la ética apunta a modular el uso de esta fuerza, invocando la solidaridad necesaria para que la comunidad política pueda mantenerse. Aunque suele presentarse como un ámbito discursivo, la ética se alimenta de los sentimientos y la pasión. El suyo es el territorio de los sentipensamientos. De las cogniciones afectivas. Punto de cruce del afecto y la razón.

Las figuras de la ética se enriquecen con las de la ecosofía, enseñándonos la manera de modular la fuerza para no aplastar al ser viviente que se nos acerca. Asunto que no es nada fácil. Todos hemos vivido la experiencia de ir a que nos acaricien y salir llenos de heridas y moretones, preguntándonos después con asombro: ¿pero, que ha pasado?, ¿acaso no era el amor? Es un lugar común afirmar que el amor duele y basta sintonizar cualquiera de las emisoras que transmiten música popular para escuchar las más variadas historias de personas que fueron a ser acariciadas y volvieron maltratadas. Es preciso ahondar más en este conflicto que a fuerza de costumbre se nos presenta como natural.

Creemos incluso que nos incapacitamos para ayudar a las personas que más amamos, bien porque perdemos la lucidez para hacerlo o porque quien nos necesita termina rehuyéndonos. Es tanta la torpeza afectiva acumulada en nuestra cultura, que nos parece apenas obvio que un médico no trate a sus parientes o seres queridos cuando están enfermos, porque perdería precisión en sus juicios técnicos. Esto sucede porque el amor, en vez de tornarnos lúcidos, lo que hace con frecuencia es volvernos torpes.

La disociación entre la cognición y el afecto nos ha cerrado el camino de integración de estas dos esferas, camino que permite conocer de manera más fina y detallada entre más comprometamos nuestros sentimientos, integración de saberes que todas las culturas antiguas calificaron con el hermoso nombre de sabiduría.

A fin de comprender mejor este fenómeno, quiero traer a cuento un suceso que muchos de nosotros hemos vivido, bien en carne propia o a través de nuestros hijos. Somos invitados el fin de semana a una fiesta infantil y el mago de turno saca de su sombrero un pollito que obsequia a nuestro pequeño hijo. Este, alborozado, hace planes para llevar el pollito a la casa, construirle una casita como es debido, alimentarlo y hasta conseguirle compañía. Ya en el hogar, empieza el sufrimiento. El animalito corre de un lado para otro y el chiquillo, pretendiendo cogerlo entre sus manos, lo toma con tal brusquedad que creemos por momentos que va a aplastarlo. Llega finalmente la noche, y en medio del bullicio creado por el animalito, nuestro hijo decide dormir con él para darle calor. Al amanecer del día siguiente, el pollito estará aplastado. Es grande el dolor del niño al comprobar lo que ha hecho. El pretendía protegerlo y terminó violentándolo. Quería dar ternura y terminó aplastándolo. La torpeza motriz del niño se va corrigiendo con el tiempo, pero los adultos seguimos padeciendo una torpeza similar en el ámbito afectivo. Cuántas veces, por ayudar, terminamos haciendo daño. Cuántas otras, sin querer, maltratamos a los seres queridos. La historia del pollito, a otros niveles y con otros personajes, se repite a diario.

El asunto ético por excelencia, el dilema en que a diario nos vemos envueltos, la opción que tomamos día a día, es si acariciamos o agarramos, pues lo que nos caracteriza como seres humanos es pasar rápidamente y de manera casi insensible de una esfera a otra. Al hablar de caricia, no estamos hablando sólo de la vida íntima. Nos referimos, además, a otros espacios de la vida social que van desde la escuela hasta la política. La caricia es una figura que tiene que ver de manera estrecha con el uso del poder, pudiendo decirse que mientras el autoritarismo es un modelo político agarrador y ultrajante, la democracia es una forma de caricia social, donde nos abrimos a la cogestión y a la praxis incierta que es necesaria para construir una verdad con el otro. Hay, por demás, instituciones acariciadoras e instituciones agarradoras, habiéndose caracterizado la familia y la escuela, en muchas ocasiones, por ser parte de estas últimas.

He ahí el dilema, ético y estético, aplicable por igual tanto a la vida privada como a la pública, al terreno amoroso como al educativo. Dilema, porque nos abre a una paradoja, cual es la de reconocer lo cerca que estamos a la torpeza, lo fácil que es empezar acariciando y terminar agarrando y manipulando. Etico, porque confronta en todo momento nuestra posición de poder y nuestra capacidad de intervención en un contexto humano. Estético, porque nos saca de la falacia de las abstracciones donde nos ha llevado la racionalidad burocrática para centrarnos en la dimensión práxica y cotidiana donde se perfilan la sensibilidad y la singularidad.

Dilema que nos obliga a abrirnos a la cotidiana realidad de un uso apabullador de la fuerza que se solaza construyendo aparatos de terror, o, de manera alternativa, a un uso delicado de la fuerza, que encuentra su máxima gratificación en ejercitar ese cuidadoso aprendizaje que nos obliga a estar atentos al daño que podemos producirles a los otros, incluso cuando nos acercamos a ellos sin intención de violentarlos. El abrazo fuerte o lo que coloquialmente se llaman los besos mordelones, son una buena muestra de este uso delicado de la fuerza. Pues no se trata de renunciar a la pasión o la vehemencia. Lo que es necesario, más bien, es instalar un campo de vigilancia ética para no aplastar a los otros con nuestra insurgencia o poder, ni permitir, por supuesto, que nos aplasten.


Ternura

La mejor manera de entender nuestra vinculación cuidadosa con el mundo es a través de la imagen de la ternura. La ternura es el factor protector por excelencia del medio ambiente interpersonal. Siendo lo opuesto al chantaje afectivo y a los diálogos funcionales, la ternura es el único medio idóneo para favorecer la emergencia de la singularidad y el alimento adecuado para la dependencia afectiva. Su presencia en el mundo interhumano impide de raíz la aparición del tradicional conflicto entre dependencia y singularidad.

La ternura es también un modelo válido para entender nuestras relaciones no sólo con los niños, sino también con los adultos, sean éstos compañeros de trabajo o compañeros de intimidad. Ser tierno implica alejarse de la lógica del guerrero que afanoso declara en abstracto su autonomía, pero implica también rechazar a la vez todo camino que nos lleve al servilismo y a la violencia íntima. Sólo es pensable la ternura desde la debilidad y la fractura. Partimos de reconocer que necesitamos vitalmente del otro, pero que no podemos pagar el precio de nuestra singularidad para acceder al cariño que necesitamos. Es pues, si se quiere, una enunciación de fuerza desde la fractura, una ética de la debilidad, una propuesta cogestiva para el amor.

La ternura es la aceptación de que no somos autárquicos, de que no existen posibilidades de paz y éxtasis permanente, de que nadie existe por y para darnos deleite, de que todos los humanos somos diferentes y dependemos, por eso, unos de otros. La ternura es, en fin, aceptar que necesitamos de los otros precisamente porque son diferentes y que esa diversidad y esa dependencia son la base de la riqueza y estabilidad del ecosistema humano.

La ternura, que se expresa con palabras, gestos, tonalidades de voz, contactos corporales, actitudes de reciprocidad y gestos de acogimiento, es la disposición a fomentar y no dañar nunca la singularidad del otro. La ternura es el cuidado inteligente que debemos tener en nuestras relaciones con los otros, teniendo siempre presente que nuestro interlocutor es un ser ávido de afecto, con una personalidad singular y única pero frágil, que necesita fortalecerse y desarrollarse como requisito para ejercer la libertad.

La distancia entre la violencia y la ternura, en sus modalidades tanto cognoscitivas como discursivas, radica en esa disposición del ser tierno para aceptar al otro como diferente, para aprender de él y respetar su carácter singular, sin querer dominarlo desde la lógica homogénea de la guerra. Podremos hablar de ternura en la política, de ternura en la investigación y ternura en la escuela, siempre y cuando nos aceptemos como seres incompletos, para quienes la única modalidad válida de relación es la cogestión. Sujetos jugadores, abiertos al intercambio gratuito con la ignorancia y el azar, que al reconocer la necesidad que tienen de la savia afectiva, se muestran dispuestos a apostar todo su saber por degustar la tierna calidez de los instantes.

La ternura es ante todo una caricia que nos proporcionamos, pues incluso la madre es tierna con el niño sólo cuando lo es consigo misma. La ternura es un conjuro destinado a colocar un dique a nuestra agresividad, para que no se transmute en violencia. La ternura es la certidumbre de que no poseemos la verdad y que ésta debe ser construida con el otro de manera cogestiva. Al tener conciencia de nuestra relatividad y finitud, no intentaremos imponer la verdad por la violencia, pues podríamos anular en el otro sus ¡deas y sentimientos, es decir, su singularidad. La ternura es, pues, un conjuro contra la violencia, una especie de canción que, como la canción de cuna, debe ser cantada cuando al encuentro con una realidad que se nos resiste, sentimos el impulso de destruirla o dominarla.

Decir ternura no equivale a decir sumisión. Por el contrario, tener la capacidad de ser tierno exige la posibilidad de rechazar rotundamente la violencia de que se pretenda hacernos víctimas, pues tolerarla nos coloca en riesgo de convertirnos en victimarios. De allí que para comprender esta paradoja, sea necesario recurrir al ejemplo del gato, animal dispuesto siempre a la caricia, pero que reacciona con fruición cuando es violentado. Debemos aprender a responder con irritación ante cualquier intento de aplastar nuestra singularidad, sin caer en la violencia o el rencor. Es decir, sin planificar deliberadamente la venganza a fin de aplastar la singularidad del otro, o llenarnos de resentimiento y dureza, al punto de no abrirnos nuevamente a la caricia y la cogestión.

La ternura es un aprendizaje que implica compartir de nuevo nuestro cariño con aquella persona que nos ha ofendido o hemos ofendido. Esta apertura no puede llevarnos a justificar los círculos viciosos del maltrato y la estupidez afectiva. La ternura es un derecho y un deber de la vida cotidiana, en cuanto podemos exigirla incluso en los momentos más álgidos de la crisis, pero también debemos ofrecerla siempre, pues nada justifica que no podamos compartir con el otro nuestro calor. Es pues, una ética del conflicto, que nos permite sentar las bases cogestivas para una reconstrucción de nuestra vida amorosa.

La ternura da profundidad a nuestra aventura vital, acercándonos a la sabiduría. Abrirnos a la dinámica de la ternura parece ser el gran reto de nuestra época. Enrutarnos hacia la ternura es tener siempre presente en el horizonte la posibilidad de la crueldad, de la violencia, a la que con tanta facilidad accedemos los seres humanos; pues la ternura actúa como una especie de conjuro que impide que cultivemos rencores y odios. Al igual que la madre canta la canción de cuna no tanto para el niño sino para ella misma, para conjurar su posible irritación y no hacerle daño al chico, también nosotros entonamos la canción de la ternura para humanizarnos e impedir que caigamos en el embeleso del exterminio.


Ecoternura

De la misma manera que el clima es determinante para el adecuado desarrollo de los ecosistemas naturales, también la calidez es necesaria para el buen funcionamiento de los ecosistemas afectivos. Para que puedan crecer las singularidades es recomendable establecer controles de calidad afectiva que nos permitan estar seguros de dar y recibir un afecto propicio al mutuo ejercicio de la libertad, sin chantajes ni manipulaciones. Así como realizamos, para beneficio de los consumidores, controles de calidad a los televisores, vestidos o alimentos, es importante también establecer pactos de ternura que nos permitan cuidarnos en medio del conflicto. El clima emocional es uno de los factores más determinantes —si no el principal— en la definición del perfil de las instituciones laborales y educativas, y por supuesto decisivo en la dinámica familiar. Aprender a calibrar el microclima afectivo, ajustándolo para asegurar el bienestar de los seres que de él dependen, es asunto tan importante como cuidar la adecuada combinación de calor y humedad en un semillero o ecosistema vegetal.

Es posible que encontremos en nuestras propias vidas, o en la institución o en nichos afectivos a donde llegamos, un grave deterioro de las relaciones interpersonales, como sucede con esos territorios afectados por la tala indiscriminada de bosques y expuestos a la erosión. Encontraremos que las fuentes nutricias se han secado, que la oferta de cariño ha menguado, que los gestos se han endurecido y funcionalizado. Es entonces preciso acercarnos al desastre con ecoternura. Nuestra tarea, en estos casos, no será diferente a la de alguien que emprende con paciencia la reconstrucción de una microcuenca o un humedal, de cuyo bienestar depende la vitalidad de un ecosistema. El primer paso es sin lugar a duda no destruir más, dejar que crezca el rastrojo, que broten nuevamente esas diferencias cuya emergencia impedía la dinámica del monocultivo. El segundo paso será cultivar las singularidades que espontáneamente broten o aquellas que traigamos para enriquecer el ambiente empobrecido, favoreciendo las autorregulaciones que suelen desaparecer cuando imponemos al ecosistema una lógica vectorial y jerárquica. En la vida interpersonal, estos dos pasos podrían resumirse diciendo que debemos escuchar y acompañar el crecimiento de las diferencias, sin quedar atrapados en la obsesión por el orden o en las lógicas de guerra.

Una de las cosas que más asombra de los ecosistemas es que, sin archivos ni burocracia, logran preservar un conocimiento siempre actual, inmediato y sensible, perpetuado en cada una de las singularidades y puesto en juego de manera espontánea cuando se ve amenazada la vida de la especie. Ecoternura es desburocratizar el conocimiento, convirtiendo su producción y conservación en una práctica autogestiva. De nada sirve guardar archivos con conocimientos que no van a ser compartidos con nuestros congéneres. No tiene objeto mantener información que no va a enriquecer la vida cotidiana de la existencia singular. Ningún sentido tiene acumular verdades que no se transforman en patrones de vida y criterios ciertos para relacionarnos con las demás especies vivientes. No podemos seguir pensando al técnico como sede del saber, porque el conocimiento no está ni aquí ni allá, ni en el sujeto ni en el objeto, sino en un lugar intermedio, lugar de la interacción y la construcción conjunta. Un modelo de conocimiento que no excluya la ternura ingresa necesariamente por la racionalidad ecológica, considerando fundamental la dependencia, la descentración y la singularidad, abierto a la interacción y sin cerrarse en ningún momento con la arrogancia de un gesto imperial.  La naturaleza actúa de manera flexible y abierta, sin planes definitivos. No se trata de tener un solo plan sino de poder asumir todos los planes, abiertos a la articulación y a las singularidades, prestos a alimentarnos del desorden y la incertidumbre.

En un mundo armado hasta los dientes y cruzado por vientos de exterminio, es necesario entender que la simbología guerrera ha llegado a su fin. Afirmación que nos obliga a introducir una nueva simbología en el escenario político, que permita reconocer la existencia del conflicto y la necesidad de la diferencia, a fin de contrarrestar las consecuencias funestas de esta pasión por la homogeneización que se traslada del monocultivo a las relaciones interpersonales. Los plaguicidas responden a esa mentalidad cerrada que declara la guerra al desorden, a lo indeseable, actitud que se expresa tanto en la producción empresarial como en la intolerancia y fanatismo que caracteriza a ciertos modos de vida familiar y social. La lógica de la gran producción capitalista, que ambiciona producir lo homogéneo tanto en la fábrica como en la escuela y la familia, genera una tensión productiva que destruye el abanico de singularidades, fenómeno que pone en peligro nuestra existencia como especie. Convivir en un ecosistema humano implica una disposición sensible a reconocer la diferencia, asumiendo con ternura las ocasiones que nos brinda el conflicto para alimentar el mutuo crecimiento.


Estrategias de intervención

Enfrentar la crisis ecológica de la cultura exige tener claro hacia dónde debemos dirigir nuestros esfuerzos a fin de definir los pasos pertinentes para un proceso de reconstrucción cultural. En primer lugar, como de manera simple lo sabe un conservacionista, o como lo haría una persona empeñada en reconstruir un bosque natural, lo primero es tratar de recuperar y cultivar las singularidades. Sin un conjunto de singularidades, cualquier proceso de reconstrucción ecológica es vano. Este punto es importante, pues frente a comunidades marginadas o en situaciones de deterioro social, en muchas ocasiones los recursos disponibles y las orientaciones estatales hacen más énfasis en solucionar necesidades básicas, sin importar que el proceso de intervención sea paternalista o autoritario, es decir, sin tener como cuidado central el cultivo de las diferencias. En cualquier circunstancia, dentro de un proceso de reconstrucción ecológica de la naturaleza y la cultura, la singularización es el propósito de intervención más importante.

En segundo lugar, cabe entender que la diferencia entre un proceso de reconstrucción agenciado por el ser humano y la reconstrucción espontánea de un ecosistema afectado por una inundación o un incendio, reside en que el primero está mediado por un afán de control desde un plan único y centralizado, mientras el segundo se genera desde un proceso de autorregulación sin centro privilegiado. Es decir, la intervención humana hace más énfasis en la construcción previa de los sistemas de intermediación y dispositivos de control, mientras el ecosistema natural pone en juego toda la potencialidad de sus singularidades. Acceder a modelos donde tengan cabida propuestas como las del orden por fluctuación u orden por el caos, es el complemento necesario para un proceso que tiene como eje fundamental la singularización, confiando en que las cadenas de interdependencia se irán generando de manera paulatina en la respetuosa interacción de las diferencias.

No debemos quedar atrapados en el pensamiento burocrático que exige planificar nuestra intervención cultural desde objetivos puntuales que respondan a un sistema de costo—beneficio. No podemos hablar en el mismo lenguaje que buscamos desplazar. Nuestras acciones son a la vez fines en sí mismas, pues cada una de ellas adquiere el carácter de postura ética y estética que hace resonar, en el ambiente cultural, una manera diferente de percibir la singularidad y la diferencia. Como toda intervención, la nuestra es también una posición de fuerza que busca confrontar hábitos y valores para generar nuevos modos de apasionamiento, más proclives a una perspectiva ecosófica.

Desde la perspectiva de la ecología humana es impensable y contraproducente una intervención normativa. Definir modelos universales para obtener resultados uniformes, no es más que reproducir las condiciones para generar nuevos desastres ecológicos. Es necesario poner siempre de presente la singularidad del individuo, grupo o ecosistema, aprendiendo a reconocer sus propios procesos de bloqueo y autorregulación. Cada momento vital, cada grupo o comunidad, necesitan de diferentes niveles de dependencia y configuran diversos caminos de expresión de lo singular.

Un modelo de intervención no debe entenderse como un esquema cerrado, sino como un diseño tendiente a favorecer la circulación y comunicación dentro del ecosistema humano, pero cuyo funcionamiento y concreción será siempre diferente, dependiendo del grupo al que se aplique. Esta es la razón por la cual, desde la perspectiva de ecología humana, un programa de intervención exige del promotor gran creatividad e imaginación, y del grupo una comprometida labor de autogestión. No se pretende hacer un manejo normativo de masas ni reproducir conductas autoritarias que favorecen la violencia en la intimidad. Al contrario, es necesario tener una gran flexibilidad en la intervención, particularizándola y rediseñándola según las condiciones concretas que se enfrentan, sin olvidar nunca que se trata de un proceso de creación colectiva y no simplemente de la aplicación o reproducción de un nuevo modelo para el manejo de grupos, el control psicológico o la valoración estandarizada de la personalidad.

No se trata, como podrían pensar algunos, de una variante de la terapia de grupos o de un trabajo que refuerce la identidad o actitud de mando del técnico o profesional. Este no es más que un articulador entre la tradición científica y la comunidad, participando él mismo del proceso autogestivo que debe redundar en cambios reales del medio ambiente interpersonal en el que interviene. El trabajo deslinda, pues, el marco de una sesión o reunión grupal tradicional, para enfrentarse a la vida humana, buscando, como toda intervención ecológica, un cambio actitudinal hacia el ambiente que favorezca los mecanismos de dependencia a la vez que fomenta la expresión y crecimiento de la singularidad.

Reconociendo la peculiaridad y fragilidad de cada ecosistema humano, debemos intervenir sin opacar la riqueza de la vida cultural que se nos ofrece, ni perder de vista que el objetivo prioritario es fomentar el desarrollo de la diferencia sin poner en peligro el alimento afectivo indispensable para el crecimiento de la singularidad. Asegurar la coexistencia de la dependencia afectiva y la autorrealización, desarticulando los sutiles mecanismos del chantaje afectivo y la compulsión por el éxito y la eficiencia, es la manera adecuada de prevenir la aparición de la crisis ecológica de la interpersonalidad.