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domingo, 3 de enero de 2010

LOS CEREBROS DE LOS CREYENTES SON DIFERENTES


Los cerebros de los creyentes y de los no-creyentes son diferentes
La fe en Dios y el fervor religioso reducen la ansiedad ante los propios errores, según un estudio

Las creencias religiosas ayudan a minimizar el estrés ante nuestros propios errores y ante lo desconocido, señalan los resultados de dos estudios realizados en la Universidad de Toronto con participantes de diversas religiones y razas, y también con personas no-creyentes. La amígdala cingulada anterior del cerebro de los individuos que creen en Dios se activa mucho menos cuando éstos cometen errores que en el caso de los individuos no-creyentes. Esta calma, sin embargo, puede ser contraproducente en algunos casos, advierten los científicos, porque la ansiedad ante nuestros fallos es lo que nos impulsa a cambiar o a mejorar nuestro comportamiento.

Creer en Dios puede bloquear la ansiedad y minimizar el estrés, señalan los resultados de dos investigaciones realizadas en la Universidad de Toronto, en Canadá.

Según publica dicha universidad en un comunicado en ambas investigaciones, dirigidas por el profesor de psicología Michael Inzlicht, los participantes fueron sometidos a la denominada tarea Stroop.

Esta tarea es una prueba de control cognitivo que se utiliza comúnmente para estudiar la capacidad de control de las interferencias automáticas y para medir procesos cognitivos, como la atención selectiva y la flexibilidad.

Mediciones con electrodos

Mientras los voluntarios realizaban la tarea Stroop, una serie de electrodos colocados en sus cráneos midieron la actividad de sus cerebros.

Así, se reveló que, comparados con los no-creyentes, los participantes religiosos mostraron una actividad significativamente menor durante la prueba en la corteza cingulada anterior del cerebro, un área que nos ayuda a modificar el comportamiento señalando cuando son necesarios el control y la atención, normalmente como resultado de algún hecho que nos produce ansiedad, como el cometer un error.

Cuanto más fuerte fuera el fervor religioso de los participantes, y cuanto más creían éstos en Dios, menor actividad se detectaba en su corteza cingulada anterior como respuesta a sus propios errores en la prueba, y menos cantidad de errores se cometían.

Según explica Inzlicht en el comunicado de la Universidad de Toronto, “se podría pensar que esta parte del cerebro es como una alarma cortical que suena cuando un individuo acaba de cometer un error o de experimentar una incertidumbre” .

Alarma cortical menos activa

Esta alarma, según han descubierto los investigadores, funciona más levemente en el caso de las personas religiosas.

Así, dice Inzlicht, “lo que hemos descubierto es que la gente religiosa, e incluso las personas que simplemente creen en las existencia de Dios, muestran menos actividad en el cerebro en relación con sus propios errores. Estos individuos sienten mucha menos ansiedad y se sienten menos estresados cuando cometen un error”.

Esta relación entre menor estrés y religiosidad se mantuvo intacta incluso al contemplar otras características de los participantes, como sus habilidades cognitivas o su personalidad: independientemente de ellas, los individuos religiosos cometieron menos errores en la taera Stroop que sus compañeros no creyentes.

Efecto calmante

Esta constatación demuestra que la fe tiene un efecto calmante en los creyentes, porque los hace sentir menos ansiosos frente a lo desconocido y ante sus propios errores.

Pero Inzlicht advierte de que la ansiedad es un “arma de doble filo”, que en ciertas situaciones nos ayuda y puede ser incluso necesaria.

“Obviamente, la ansiedad puede resultar negativa si se padece demasiado; el miedo nos paraliza. Sin embargo, también resulta una función muy útil porque nos alerta cuando estamos cometiendo algún error. Si no experimentamos la ansiedad cuando cometemos un error, ¿qué impulso tenemos para cambiar o mejorar nuestro comportamiento y no repetir los mismos fallos una y otra vez?”, señala el científico.

No depende de la afiliación religiosa

Según explican Inzlicht y sus colaboradores en el artículo original de este estudio, que fue publicado por la revista Psychological Science, estos resultados sugieren que las convicciones religiosas proporcionan un marco para la comprensión y las actuaciones dentro del entorno de cada individuo. Por eso, funcionan como un reductor de la ansiedad y minimizan la experimentació n de los propios errores.

En la primera investigación, en la que se medía la relación entre el fervor religioso y la ansiedad, participaron 18 mujeres y 10 hombres, de diversas creencias religiosas: el 39% de los participantes eran cristianos, el 21% musulmanes, el 14% hinduistas, el 11% budistas, y un 15% eran de otras religiones o no-religiosos.
En la segunda investigación, en la que se relacionó la fe en Dios con el grado de ansiedad en la prueba Stroop, participaron 13 mujeres y nueve hombres de diversas etnias y razas: el 33% procedían de Extremo Oriente, otro 33% del sur de Asia, el 28% eran caucásicos, y el 6% restante pertenecían a otras etnias y razas. En esta parte del estudio no se registraron las afiliaciones religiosas específicas de cada participante.

Yaiza Martínez
Fuente: tendencias21

LOS MUDRAS


Mudras

Se conoce con el nombre de Mudra a la posición que se realiza con los dedos de las manos, para abrir o cerrar circuitos de energía, según se requiera en un trabajo determinado de meditación.
La forma de hacer los Mudras, debe de ser suave y completamente relajada, la unión de algunos de los dedos en cada uno de los Mudras que a continuación veremos, tienen significados especiales, para efectos de trasladar nuestra consciencia al nivel requerido, o para hacer el trabajo determinado en que nosotros estamos inmersos.
El primer Mudra que veremos es el "Mudra de la Armonía": este se hace uniendo tu dedo pulgar con tu dedo índice en ambas manos y expandiendo el resto de los dedos, es decir, la palma de la mano debe quedar completamente abierta y solamente la unión de los dedos índice y pulgar, hacen que se cierre un circuito de energía, que nos permitirá al relajarnos, entrar en una armonía perfecta.

Mudra de la Sabiduría: Se realiza uniendo el dedo pulgar con el dedo medio de ambas manos, el resto de los dedos también quedan extendidos, al igual que en el Mudra anterior, en este caso lo que se pretende, es conectarnos con la sabiduría universal y cuando lo desees hacer, cuando hagas tus relajaciones, utiliza este Mudra y cosas importantes surgirán en lo más profundo de tu consciencia.

Mudra de la Energía y de la Vitalidad: Para realizar este Mudra une tu dedo pulgar con el anular en ambas manos, el resto de los dedos permanecerán extendidos, al igual que en los dos Mudra anteriores, en este caso podrás utilizarlo cuando tu te sientas cansado o agotado y en esas condiciones podrás ayudarte a revitalizarte en tus trabajos de relajación y de meditación.

Mudra del Vacío: Se colocan los dedos juntos de ambas manos, la derecha y la izquierda, los doblas formando una curva como una esfera, haces lo mismo con ambas manos, pones encima la mano derecha de la izquierda y unes ambos pulgares de las dos manos, de tal manera que si tú ves de frente tus manos, verás la formación de un círculo, que colocarás también a la altura de la cicatriz umbilical.

Este Mudra tiene como fin, buscar el vacío de tu mente, para que puedas encontrar al Ser Interno que llevas dentro, no es específicamente como los anteriores, para realizar un trabajo determinado de fijación de vitalidad o de otro tipo, en este caso se persigue el vacío de la mente y ahí es en donde puedes entrar en contacto con la esencia de vida interna, tu espíritu que eres, tu Yo Superior.
El Mudra del Amor: Este Mudra se forma uniendo las dos palmas de las manos, a la altura del pecho, se utiliza mucho para hacer oración pero nosotros los Metafísicos lo utilizamos para conectarnos con la fuerza del Amor, que reside en el centro de nuestro corazón, es un Mudra que ayuda muchísimo, ya que canaliza la energía del Amor en ambas palmas, haciendo un reciclaje perfecto de ella en todo nuestro sistema energético.

Existen muchos otros Mudras que se verán en niveles superiores de enseñanza, por lo pronto es suficiente que conozcas el porque muchos de los meditantes que tu ves, e incluso muchas pinturas o figuras sobre todo del oriente, se ven a Budas u otras deidades que utilizan uniones de los dedos en diferentes Mudras, con el fin de lograr un propósito determinado de esta manera entiendes porque y empiezas a utilizar la fuerza de los Mudras, para que tú puedas beneficiarte en tu trabajo interior.
Como siempre no existen límites para la utilización de los Mudras, existen Mudras por ejemplo para las artes marciales, estos Mudras se utilizan para lograr trabajos específicos y poderes determinados y los utilizan mucho en la parte oculta de las artes marciales, por ejemplo en el Nun-Juitzo o con los Ninjas, sin embargo esto no es tema que nos ocupe a nosotros. En la tradición Induista existen muchísimos Mudras que se utilizan para diferentes tipos y ahora repito solo hemos dado los que consideramos básicos y principales, para esta primera etapa de enseñanza.

RESUMEN DE CONCEPTOS
 - El Mudra se define como una posición de los dedos, que tiene como fin abrir o cerrar determinados circuitos de energía.
 - El Mudra te sirve para poder armonizarte y entrar en un nivel más profundo en tu trabajo de relajación o de meditación.




EL PADRE CREADOR (EXTRAÑAS VISIONES) -44-


Para todos los que nos hemos educado en un contexto judeo-cristino, la figura del Padre, o Padre Creador, adquiere una dimensión máxima. Siguiendo un poco la Doctrina Sagrada, este magnífico Creador, además de hacer todas las cosas inimaginables, resulta ser por vía directa el propio padre de Cristo.
Por otra parte al ver la última película de la pasión de Cristo, donde se vive con fuerza la tortura de un ser humano con una crudeza tremenda, se han podido mover reflejos condicionados que han hecho aflorar extraños fenómenos en mi cerebro. Visiones espectaculares que pude vivir en unos pocos segundos, pero que a la vez abarcan un extenso periodo de tiempo y unas extrañas actuaciones de los “Dioses”.
Lo primero que pude ver fue a Jesucristo hablándole en el Huerto de los Olivos a un Walki Talki; - ¡no, no me he confundido al escribirlo! Estaba hablando a una pequeña caja negra metálica que curiosamente le respondía en su propio idioma. Desde mi mente y  en el silencio de la visión se me ocurrió decir: “Resulta que el Padre Creador es un transistor”. Aquello precipitó una aserie de miles de imágenes que se sucedieron, rotundas, lógicas y nítidas, pero en un segundo de tiempo.
Comprendí casi al instante el por qué Jesús dejó intencionadamente a Pedro Santiago y Juan fuera del huerto, puesto que al Maestro le resultaría muy difícil explicar a aquellos rudimentarios pescadores la utilidad de aquel teléfono móvil, suponiendo que el propio Señor supiera con certeza lo que tenía en sus manos. Pero dejo aquí este argumento para adentrarme en la narración cronológica de las imágenes. Sé que se quedarán muchas cosas en el tintero, pero trataré de ser breve y preciso ciñéndome a cuanto pude ver.
Contemplé como desde el otro lado del Universo venía a la Tierra una enorme astronave con seres bellísimos en su interior, que en nuestro planeta fueron tomados desde el principio por verdadero dioses.
Llegaron al encinar de Mambré, justo en los parajes donde pastaban los rebaños de Abraham y de su pariente Lot. Establecieron contacto con él en varias ocasiones, prometiéndole que tendría un hijo, a pesar de que su esposa Sara tenía casi cien años y no tenía menstruación. Le dijeron a su vez que su descendencia sería tan grande como las estrellas del firmamento. En definitiva, se realizó una verdadera siembra genética, primero con Agar la esclava, de la que nacería Ismael y luego de Sara, de la que nacería Isaac.

Era Abraham de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto. Y pondré mi pacto entre mí y tú, y te multiplicaré en gran manera……. Dijo también Dios a Abraham: A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara será su nombre. Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella.  Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de noventa años, ha de concebir?  Y dijo Abraham a Dios: Ojalá Ismael viva delante de ti.  Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él……. Después le apareció Jehová en el encinar de Mamre, estando él sentado a la puerta de su tienda en el calor del día. Y alzó sus ojos y miró, y he aquí tres varones que estaban junto a él; y cuando los vio, salió corriendo de la puerta de su tienda a recibirlos, y se postró en tierra, y dijo: Señor, si ahora he hallado gracia en tus ojos, te ruego que no pases de tu siervo…. Y le dijeron: ¿Dónde está Sara tu mujer? Y él respondió: Aquí en la tienda.  Entonces dijo: De cierto volveré a ti; y según el tiempo de la vida, he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo. Y Sara escuchaba a la puerta de la tienda, que estaba detrás de él.  Y Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres.

La llegada de aquellos viajeros del espacio no fue la única, puesto que otras civilizaciones de otros “dioses” habrían venido antes y con el mismo propósito de sembrar su propuesta genética o sus implantes neurológicos. 
Llegaron todos por la misma puerta estelar, siguiendo la mecánica celeste. Aquellas tierras eran en aquel momento el “Star Gate” que nuestro planeta ofertaba a la llegada de las astronaves cósmicas.
Los seres venidos de Sirio, capitaneados por el dios mitológico llamado antiguamente “Set” establecieron un modelo evolutivo en las poblaciones de Sodoma y Gomorra. Estas poblaciones, se ubicaban en el centro de un valle fértil, por lo que su control por parte de los “Setánicos” era sumamente fácil, puesto que les bastaba con un emisor de alta frecuencia situado en la parte alta del valle para programar la bioelectricidad del cerebro de aquélla supuesta granja humana. Los llegados del planeta Hoova; es decir el propio Jehová y los suyos activaron la siembra genética en las semíticas tribus de Abraham y Lot.
Lot por su parte se fue a vivir a Sodoma, y Abrahán se quedó en las tierras altas fuera del Valle.
Habiendo detectado los Jehovianos que las dos siembras genéticas no sólo eran antagónicas, sino que amenazaba con el fin del experimento, en la medida que era inevitable la mezcolanza de ambas tribus, se vieron obligados a algo que nunca ha tenido precedentes en la Historia del Hombre, desde el principio de los tiempos, y es la propia intervención directa de los “dioses” destruyendo sin paliativos a Sodoma y Gomorra, que ahora yacen en el fondo del Mar Muerto.
La pugna de los dos modelos genéticos tuvo que ser en aquel tiempo terrible, puesto que resulta contrario a la norma y a la Ley cósmica que nuestros supuestos padres cósmicos se vean obligados a exterminar parte de su obra, matando seres indefensos.

Llegaron, pues, los dos ángeles a Sodoma a la caída de la tarde; y Lot estaba sentado a la puerta de Sodoma. Y viéndolos Lot, se levantó a recibirlos, y se inclinó hacia el suelo…

Estos seres tenían armas muy sofisticadas que producían ceguera:
Y hacían gran violencia al varón, a Lot, y se acercaron para romper la puerta. Entonces los varones alargaron la mano, y metieron a Lot en casa con ellos, y cerraron la puerta. Y a los hombres que estaban a la puerta de la casa hirieron con ceguera desde el menor hasta el mayor, de manera que se fatigaban buscando la puerta…..Y dijeron los varones a Lot: ¿Tienes aquí alguno más? Yernos, y tus hijos y tus hijas, y todo lo que tienes en la ciudad, sácalo de este lugar; porque vamos a destruir este lugar, por cuanto el clamor contra ellos ha subido de punto delante de Jehová; por tanto, Jehová nos ha enviado para destruirlo….Entonces Jehová hizo llover sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; 25 y destruyó las ciudades, y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra. 26 Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal.
Destruido el modelo genético de los Setianos, Jehová espera un tiempo para realizar la siguiente manipulación, en el nieto de Abraham; es decir, en Jacob. Se trataba ahora de manipular genéticamente a la altura de la médula espinal en dos puntos precisos, situados entre la 10ª dorsal y la 5ª lumbar. Por un lado los “dioses” bajaron el nivel de adrenalina de la raza al objeto de programarles sin tanta violencia y disminuyeron la testosterona para no producir una fuerte excitación sexual en la raza. Luego sembraron en la médula, cerebro y médula espinal los precursores de una nueva proteína con mejoramiento psíquico traída del planeta Hoova y Jacob, como consecuencia de dicha intervención, que por otra parte dura toda una noche, termina cojo.
Y se levantó aquella noche, y tomó sus dos mujeres, y sus dos siervas, y sus once hijos, y pasó el vado de Jacob. Los tomó, pues, e hizo pasar el arroyo a ellos y a todo lo que tenía.  Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob.Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; o es, El que lucha con Dios, o Dios lucha. ] porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; [43 Esto es, El rostro de Dios. ] porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma. Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol; y cojeaba de su cadera. Por esto no comen los hijos de Israel, hasta hoy día, del tendón que se contrajo, el cual está en el encaje del muslo; porque tocó a Jacob este sitio de su muslo en el tendón que se contrajo.
Nacen doce seres con la impronta genética de la macromolécula de nuestro sistema Solar, un ser por cada planeta, o bien en cada uno, la información de los doce arquetipos que componen nuestro Sistema. Lógicamente estos doce hijos de Jacob reencarnaron luego en el tiempo de Jesús el Cristo como los doce apóstoles de Jesús.
Los Jehovianos, instalan a su vez, como lo hicieran anteriormente los Setánicos, un monolito electrónico o hierofante que a través de ondas electromagnéticas va asentando poco a poco dicha genética en la raza.
Estos monolitos de frecuencia siguen todavía enterrados en el Mar Muerto en la zona de Lisan o Mazra, tanto el de uno como el de los otros “dioses”. Es por esto que Michael Drosnin, en el código secreto de la Biblia, habla de cómo la clave del D.N.A. humano esta enterrado en dos monolitos a los que llama: “Piedad de Dios” y “Juicio de Dios”. También figuran elementos inequívocos de esta siembra genética en las claves sucesivas que no requieren de grandes cábalas intelectuales. EN LISAN ADN/EL LENGUAJE DEL ADN, FUE TRAÍDO UNA COPIA DE TODO, MAZRA/PLANTADO, ESPIRAL ADN, CLAVE ANTIGUA, COPIA EN UN PILAR, CREACIÓN DEL HOMBRE, OS LO DI COMO HERENCIA, YO SOY DIOS.

Recuerdo a Freixedo, uno de los mejores investigadores OVNI, que nos hablaba de unos seres aliados con determinados servicios secretos de cierta nación en la Tierra, que vienen a nuestro planeta no con muy buenas intenciones. Estos seres absorben el prana sanguíneo de los seres vivos y aportan tecnología a dichos servicios secretos. Son precisamente los antiguos Setánicos que encontraron el “Star Gate” en la zona del Mar Muerto y se colaron en esta dimensión con un patrón o modelo genético diverso al de los Jehovianos. Es por esto que esa zona está permanentemente rodeada de una violencia extrema.
Desde el punto de vista cualitativo se podría decir que la marcha evolutiva de la Humanidad se puede determinar por los acontecimientos que se ubican en esta zona geográfica, pues desde hace más de tres mil años, dos facciones, dos ideas, dos genéticas, están en pugna para determinar su hegemonía sobre el ser humano. Este programa concluirá con la batalla de Armaghedon, es decir, con el final de los tiempos. O lo que es lo mismo con el predominio de una de las facciones.
No es casualidad que el propio Jesús el Cristo muriera en este lugar. Y no es casualidad que el conflicto judío-palestino este polarizando en forma global a todas las naciones de la Tierra.

Dejamos las casualidades para hablar a su vez de programación pura y dura. Estos refiriéndome a la marcha de los hijos de Jacob a Egipto, por medio de José. Varias generaciones vivieron en Egipto hasta que Moisés les liberó retornándoles a la Tierra Prometida. ¿Por qué Egipto? La respuesta que me fue dada habla de la implantación del factor RH- en la madre de Akhenaton, la princesa Tiy. Esta asombrosa mujer, de la que hablaremos en otro trabajo fue la madre de dos faraones, y asómbrense Vds, la abuela paterna del propio Moisés. Me explicaré:
Los Oriónidas, siguiendo la instrucción del Consejo de los Veinticuatro Ancianos de la Galaxia, podían aportar a la raza desde su estructura biológica, más próxima al Silicio que al Carbono, este factor RH-, que activaría una mayor evolución al ser humano. Pactaron por tanto con los Jehovianos un calendario de inseminación, haciendo por tanto, en su momento que los unos y los otros se juntarán en Egipto.
Tiy tuvo a Akhenaton, casi deforme, debido a esta implantación. Por rigurosa orden de los Dioses, el propio Akhenaton en relaciones incestuosas con su propia madre, tuvo al que fuera Tutankhamon. De esta manera se crearon los anticuerpos necesarios para los siguientes nacimientos de esta unión hijo-madre. A su vez, y como sabéis por otros trabajos que hemos publicado, Akhenaton tuvo a Moisés con una de las sirvientas de palacio de origen hebreo. Tal es así, que Moisés, ya poseía por un lado el nuevo factor RH- y el mejoramiento del ADN de los Jehovitas. 
Una vez que los hebreos habrían tomado dicho factor genético, fueron movidos en el Éxodo para retornar a sus viejas tierras. Allí, permanecieron varias generaciones hasta el punto de madurez final de dicha siembra genética, que se concluía en Juan el Bautista y Jesús el Cristo. Nacidos éstos, las doce tribus de Israel fueron dispersadas por los sucesivos ataques Babilónicos, con el fin de que esta siembra genética fuera expandida por todo el mundo, por eso esta raza no ha tenido patria. No por que fuera un castigo, sino por una programación precisa. Y en igual medida, el “Fin de los días” será en el momento en que las doce tribus de Israel retornen al mismo sitio. Insisto por tanto en el valor cualitativo de los hechos que acontezcan en dicha zona. Debemos estar atentos, puesto que está en marcha un programa en Israel que esta repatriando a su suelo a las tribus diseminadas por el mundo y que se perdieron desde el tiempo Babilónico.

Voy a saltar ahora dos mil años, para hablar de Jesucristo; bueno más que hablar yo, prefiero transcribir las palabras de uno de los mejores parapsicólogos de mundo, Adrija Puharich en relación a las investigaciones realizadas en torno a la figura de Uri Heller
Esta trascripción reafirma los argumentos antes citados y nos adentra en la figura de Cristo:
Para Mantenerse en contacto con las civilizaciones que han sembrado estos avanzados seres extraterrestres, envían naves espaciales manejadas por robots que se asemejan a los humanos en todo excepto que no tiene espíritu, ciclo de vida y muerte, ni la habilidad de pensar y tomar decisiones. Son computadoras programadas por los seres extraterrestres para observar solamente. Y estos son los platillos voladores que nosotros vemos. Si lo pensamos bien no es raro. Cuando lleguemos a perfeccionar los viajes interplanetarios y enviemos patrullas investigadoras que duren miles de años. “Hoova está ubicado a 53.069 edades luz de la tierra, y cada edad luz equivale a cien mil millones de años terrestres, según estiman los seres con quienes he hablado , sería cruel enviar a un ser pensante, de carne y hueso, destinado a perder su vida vagando por el espacio.
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Una vez formulé esa pregunta y fríamente me contestaron que "Hoova" tiene 16 mil veces el área de nuestra insignificante Tierra... En lo que yo he podido determinar, ninguno de estos seres con quienes me he comunicado tiene intenciones malévolas.
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"Cristo era un muchacho como Uri, uno de estos jóvenes de que hablo Spectra; una nave espacial de tamaño de una de nuestras ciudades que lleva 800 años estacionada sobre la Tierra, me comunicó que Jesús era el líder de Hoova.

Por eso le llamaron Jehová en la Biblia cuando tomó la forma de Cristo. Está aceptado que es el mejor de todos los que han venido a guiarnos hacia la meta de la evolución del ser humano.
"Los rumores sobre los secuestros de seres humanos por platillos voladores son ciertos. Según me han informado, los secuestrados van con el fin de ser educados. Les enseñan lo que tienen que hacer en la Tierra. Por ejemplo supongamos que su labor en este mundo es crear un nuevo tipo de matemática que explique donde viven los extraterrestres en la quinta dimensión. Entonces durante el "secuestro', sus mentes son programadas con esta información. Después se van recordando poco a poco de esto. Cuando vuelvan a la Tierra lo comparten con el resto de nosotros.  Entonces todo el mundo cree que son genios porque crean nuevas ideas que revolucionan al mundo.
"La pregunta más importante de todo es ¿por qué vienen? Y sobre todo, ¿por qué vienen periódicamente, con tanto énfasis en los últimos 30 años?
"Desde hace muchos siglos, civilizaciones antiguas en la Tierra han estado al tanto de la existencia de estos seres superiores y de sus platillos voladores. Los hindúes describieron vehículo espaciales llamados "Vímanas" hace cinco mil años. Muchas de nuestras leyendas están fabricadas alrededor de estas naves y sus ocupantes Y precisamente, fueron los hindúes los que nos informaron que cada seis mil años, los seres extraterrestres regresan a nuestro planeta y la Tierra atraviesa un proceso de cambio producido por cataclismos naturales  como el diluvio universal (hace seis mil años), y la desaparición de la Atlántida hace doce mil).
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La primera vez que interferimos con los asuntos de la raza humana fue hace veinte mil años. Vinimos con una misión planificada desde nuestro propio sistema Solar, y aterrizamos en Israel, donde Abraham nos vio en el roble de Mamré.

 Este es el origen de la leyenda de la escalera hacia los dioses, ya que nos vieron descender de la nave en una escalera. No obstante, encontramos huellas de otros visitantes del espacio, de otras dimensiones distintas a la nuestra, que habían estado en la Tierra millones de años antes que nosotros.
Damos consejos al hombre cada seis mil años. La última vez que intervenimos en su historia fue hace casi seis mil años, en el tiempo de los egipcios. Imhotep fue un hombre que se parecía mucho a Uri, y les trajo a los egipcios toda su civilización. Hace seis mil años, también intentamos ayudar en otros lugares. El área que ahora se llama Alaska... y esta cultura pasó a China. Hicimos lo mismo en la India. Esa fue la época en que permitimos que los humanos nos vieran aterrizar, pero su reacción fue adorarnos abyectamente y eso no podíamos tolerarlo.

El alma existe. Habita diferentes mundos en diferentes momentos de su existencia. Cuando el cuerpo físico muere, el alma regresa al mundo donde se originó. Allí continúa con la próxima faceta de su existencia o evolución. Puede ir a otros espacios, o regresar una vez más a un cuerpo humano para otra oportunidad en el plano físico terrestre. Lo que los humanos llaman reencarnación puede ocurrir, aunque no necesariamente. Hay poderes más altos que dividen el camino de estas almas y deciden a dónde irán. La finalidad de toda existencia es moverse hacia su creador. No obstante, nadie puede conocer a Dios. Nosotros podemos alcanzar a Dios sólo como una idea. No físicamente. Ocupamos nuestros cuerpos durante un millón de años cada vez. Nosotros también, como almas, nos movemos hacia Dios. Todo lo que existe, se mueve hacia el principio de la creación. Cada alma pasa por cien mil existencias para llegar a Dios. No podemos explicar esto en tiempo, ya que el tiempo es un concepto tan enorme que los humanos no pueden comprenderlo. El tiempo no tiene final”.

Vemos por tanto que los programas de estos “dioses” se toman por miles de años, y la siembra que se realiza con Abraham y Jacob, se perfecciona con la llegada del Avatar de la Era de Piscis, Jesús el Cristo
Debo citar también otra figura contemporánea y muy controvertida, Robert Lazar, científico norteamericano que fue contratado por los servicios secretos del Ejército Americano. El Informe Lazar recoge como fue llevado a una base subterránea, donde se investigaba con los combustibles de varios platillos volantes recuperados por los militares de estas civilizaciones del espacio. Bob Lazar afirma que en dicha base se encontraba personal terrestre trabajando en colaboración con personal extraterrestre. Otro de los argumentos a los que se refiere en su libro pone los pelos de punta, puesto que le son entregados una serie de informes que al parecer se habrían rescatado de estas astronaves y donde se hace alusión directa a la figura de Jesús el Cristo. Al parecer y según dichas afirmaciones “El Mesías” es el resultado de una inseminación genética realizada por unos seres del espacio a una joven hebrea a la que hemos venido en llamar Virgen María. Si esto es cierto, el supuesto Padre de Cristo es un alienígena venido allende el espacio con una misión evolutiva sobre la raza.
Al margen de esta hipótesis, que cada uno debe discernir, muchos se negarán a admitir que el Padre Creador sea un ser cabezón de color gris con ojos saltones que se nos ha colado en una astronave en un momento de la Historia del hombre. Pero no cabe duda que Jesús era un ser de carne y hueso, por lo que se entiende que otro ser de carne y hueso le pudo engendrar, sea este padre, divino o extraterrestre nos es igual.
Por otra parte imaginemos que uno de nosotros se va a un planeta lejano de otro sistema solar y allí a través de los cientos de miles de millones de espermatozoides que se generan en una vida, se inseminan a millones de  primates con una impronta de inteligencia primaria. Estos millones de hijos tendrán sin duda como referencia de padre creador al que los ha engendrado al que ha puesto la semilla en el seno de dichos primates.
Con esto no quiero mermar la figura del Padre Creador, sino matizarla, puesto que volviendo a la idea cristiana, de la que hemos partido, cuando hablamos de la divinidad nos referimos al Espíritu Santo. Para otros, la Suprema Inteligencia, Poimandres, El Profundo, etc.etc. Es decir, una entidad no humana, no de carne, que no fue creado que no tiene origen conocido. Quizás estemos hablando no tanto del Padre de Cristo, sino de algo más abstracto al que se han referido casi todos los conceptos espirituales del mundo y que no tiene forma antropomórfica. En definitiva, no creo que Dios tenga barbas y esté en un trono suspendido en la cúpula celeste.
Tal y como se afirma en el libro “Clave 33”, Jesús vendrá en el 2011 con su astronave entre las nubes. Vendrá a Palestina, cerrará el ciclo de la siembra genética realizada hace miles de años y comenzará la Nueva Era, con otros planteamientos, más lógicos, más inteligentes, menos dogmáticos y menos misteriosos.

No me he alejado de la visión primaria, pero es muy difícil plasmar lo que viví en un segundo, el caso es que vi a Jesús el Cristo en el Huerto de los Olivos hablando por un transmisor a su “supuesto padre” o más concretamente a una serie de seres, entre los que se encontraba “Elías”. ¡Si Elijah, el que subió con un carro de fuego al espacio!, y el propio Moisés, que no murió en la Tierra. De ahí que en otro pasaje de la Biblia, en el monte Tabor, Jesús, Pedro, Santiago y Juan vieron a estos personajes sobre las nubes en una astronave.
Poco antes de comenzar su misión pública, Jesús el Cristo vio en un sueño un lugar y una voz que le ordenaba caminar a una de las pequeñas montañas que rodeaban Nazaret. Una vez allí volvió a escuchar la voz sonora y clara que partía de unas piedras situadas junto a un olivo. Fue así como le fueron dadas instrucciones en todo momento para realizar su misión en el mundo. Era algo programado de antemano. Ese transmisor fue guardado en el propio Monte de los Olivos, para ser retomado luego después de la supuesta resurrección. Se lo llevó Jesús consigo a la India, hasta su retorno de viejo otra vez a Palestina y se volvió a esconder para ser rescatado por los “dioses”. Michael Drosnin en el Código Secreto de la Biblia, esta hablando de estos artilugios escondidos en dicha zona, al igual que habla de los obeliscos de la genética D.N.A.

El hombre no llegará por sí mismo a encontrar la paz en este planeta, hasta que sea encadenada definitivamente la alternativa de los Setánicos. Después de una serie de catástrofes, el hombre de la Tierra almacenará en el inconsciente colectivo de toda la raza la idea de la posible autodestrucción. Y un pequeño grupo de hombres sabios, ayudados por seres superiores, se pondrán a la tarea de programar determinados factores del Genoma Humano, a fin de ser eliminados los factores que predisponen a la violencia. En el futuro disminuirá el factor adrenal de las glándulas suprarrenales, se controlará la testosterona y la progesterona de hombres y mujeres y se descubrirá cómo las neuronas cerebrales son receptivas a absorber información desde la emisión de determinas frecuencias electromagnéticas, que pueden predisponer a una serie de comportamientos mínimos, que aseguren la paz, la no violencia y la solidaridad.
El hombre será uno con la máquina, con la naturaleza, con el prójimo, con Dios. La Era de Acuario dará un vuelco a la conciencia humana, hasta el punto de asimilar que “quizás el Padre Creador sea más una máquina, que un señor con barbas”.


DEGANAWIDAH Y HIAWATHA -43-


La Era de Aries, se personificó en el gran Avatar Moisés, y la Era de Piscis, se personificó en Jesús el Cristo. En ambas ocasiones la jerarquía terrestre estuvo personificada en Aarón y Juan el Bautista. De una u otra manera, los mismos personajes retornan para asistir a la gran obra del devenir humano.
Es muy difícil entender para el hombre de a pie, cómo en un preciso momento, la muerte de Jesús puede activar el Sol o la muerte de Juan puede cambiar la faz de la Tierra, pero sólo entendiendo la cosmogonía sagrada se puede concebir que el macro está expresado en el micro.
Moisés utilizó el signo prototipo de Aries; es decir, el carnero. La Pascua, máxima expresión de su cultura  convocaba a las familias en torno a la idea de la liberación del yugo Egipcio. Aries, o el carnero sagrado define a Moisés y su época. El pueblo elegido se tiene que enfrentar al arquetipo de la violencia permanente para defenderse primero del Faraón y luego para conquistar en una pugna salvaje la tierra prometida. Los primeros libros bíblicos nos presenta a un Líder legislador y unificador de un pueblo para llevarlo a otra forma de vida. Pero este plan se reviste de la violencia, la fuerza, el liderazgo y el poder que son propios del signo de Aries. La Ley de esta época esta regida por el cuchillo y por un Yavé sanguinario.
Viene luego Jesús el Cristo y con clara alusión a la época que había pasado, cita la legislación mosaica para derribarla con esta máxima: "Habéis oído decir, ojo por ojo y diente por diente, pero yo aún os digo más. Si tu enemigo te golpea en una mejilla, pon la otra...". La Era de Piscis o la de los peces o la de los pescadores expresa toda su doctrina en el lago de Palestina por personas vinculadas al agua y por signos inequívocos que representan otro tiempo distinto al del Carnero. La violencia y la fuerza de la Justicia están ahora sustituidas por el amor y la dulzura.
Pero estos Avatares no se quedan sólo trabajando en un solo momento y para un solo pueblo, puesto que sería una idea excesivamente tribal. Viajan, se encarnan y afloran cultura por cultura, en cada tiempo y en cada lugar.  Con esta idea fundamental, trataremos ahora de seguir el rastro del espíritu de Moisés y de Aarón, encarnado, en otro tiempo y en otras latitudes absolutamente distintas a las de Palestina.

Hacia el año 1400, se crea en América del Norte la gran federación Iroquesa o la liga de las seis naciones indias. Los pueblos Mohawk, Onondaga, Séneca, Oneida, Cayuga y Tuscarora, se unen bajo el imperativo de la Ley, la cooperación y la paz. Pero esta alianza no fue fácil, puesto que desde cientos de años antes, la rivalidad entra dichas tribus era cruel y persistente. La violencia desatada de los clanes de cada nación se tintaba de crueldad donde incluso el canibalismo hacía acto de presencia. No sólo se trataba de matar al enemigo, sino de humillarle aún después de muerto. Ya desde el nacimiento los niños de las tribus vivían en la animosidad de la venganza y los brujos y chamanes alimentaban este odio mediante supersticiones y conjuros.
Dentro de este clima nace un verdadero caudillo, apodado por muchos "El conciliador". Su nombre: Deganawidah, es sin duda el mayor de los profetas y de los estrategas políticos de América. Se trata de un ser predestinado ya desde la cuna para conseguir la conciliación y la unificación de las tribus de Norte América.
Deganawidah habría nacido en la provincia canadiense de Ontario, dentro de la tribu de los hurones. La abuela y la madre de nuestro personaje vivían solas en las afueras de uno de estos poblados hurones. No tenían parientes, puesto que las guerras tribales las habían dejado marginadas y solas a su suerte. Dentro de esta extrema pobreza, la abuela de Deganawidah se dio cuenta que su hija estaba embarazada. Montó en cólera y maldijo tanto a la madre como al fruto de sus entrañas por no haber seguido la tradición de la tribu y haberse casado con anterioridad. La hija aseguraba por otra parte que no sólo no había tenido relaciones con ningún hombre, sino que estaba virgen. Lógicamente la madre no aceptaba tal situación y llena de vergüenza procuraba esconderse de sus convecinos. Un día la abuela de Deganawidah tuvo un sueño esclarecedor en el que un mensajero divino le dijo que su hija no había conocido varón alguno y que éste ser que habría de nacer era de origen celeste. Que se trataba de un caudillo que conciliaría a todas las naciones indias y que sembraría el árbol de la paz entre todos los pueblos en conflicto. También le dijo, que sería el causante de la desaparición de su propio pueblo los Hurones.
Se alegró la abuela por su hija, pero por otra parte al tener en cuenta que este niño nacido debía ser la causa de la desaparición de su pueblo, tomaron entre ambas mujeres la decisión de desprenderse del mismo una vez nacido. Llegado el tiempo del alumbramiento en pleno invierno, tomaron al recién nacido y haciendo un boquete en el hielo del arroyo que pasaba cerca del poblado le introdujeron dentro del mismo para que muriera. Cual no sería su sorpresa cuando al día siguiente el niño que habían intentado matar estaba reposando felizmente entre las dos mujeres. Desesperadas por tal hecho, lo intentaron hasta tres veces y en igual manera el niño retornaba al amanecer. Por fin se dieron cuenta que estaban ante un niño especial mimado por los dioses y decidieron por tanto criarle y prepararle para su destino futuro.
Poco a poco fue creciendo Deganawidah (cuyo nombre significa "El que piensa") sin apego alguno por la guerra y  marginado de las apetencias del resto de los guerreros que se afanaban en la violencia. Se trataba de un joven apuesto y reflexivo que tan sólo hablaba de ideas de paz y de conciliación entre los seres humanos. Su único defecto era la forma de expresión, puesto que aunque brillante y claro en sus concepciones filosóficas, tenía el defecto de la tartamudez.

Hasta aquí la primera parte del nacimiento de nuestro héroe y su total paralelismo con Moisés. Por un lado un nacimiento extraño, sin referencia al padre, por otro su connotación al agua como vehículo de su supervivencia o de su muerte. Y además su clara predestinación para el futuro.
El nacimiento de Moisés se desconoce por completo y evidentemente la historia de la canastilla flotando por las aguas, no sólo no deja de ser una leyenda, sino que además esta copiada del nacimiento idéntico del rey Sargón de Nínive. Y este a su vez está igualmente registrado en otro de los legendarios nacimientos de uno de los emperadores chinos. Los más osados, dicen que Moisés en realidad era egipcio y que su figura fue incorporada a la tradición judía por puro interés de dar a su libertador una cuna legítima. Otros aseguran que con el cuento de la canastilla sobre las aguas, se estaba encubriendo una inseminación genética realizada por entidades superiores. Resulta asimismo curioso que Moisés también era tartamudo y que se valía de Aarón para comunicarse con el pueblo. Tan sólo falta incorporar al Aarón americano y efectivamente enseguida le haremos aparecer:

Cuando Deganawidah se hizo mayor, dejó las tierras de los hurones y se marcho al Sur. Allí se encontró con la tribu de los mohawks, donde predicó su filosofía de paz. También se acercó a los onondagas con el mismo propósito. Aquellos pueblos estaban en una tremenda y perpetua guerra sangrienta y le era difícil convencerlos de sus planteamientos anti-bélicos.
Fue entonces cuando encontró a un tremendo guerrero llamado Hiawata. Este pobre hombre había perdido a su mujer y sus siete hijos a manos del sanguinario jefe de los onondagas. Desde entonces se refugió en una cabaña en el monte y mataba y descuartizaba a los viajeros que pasaban por sus alrededores y se los comía.
No tembló Deganawidah ante Hiawata. Se subió a la chimenea de la choza cuando el caníbal procedía a cocinar en una hoya los restos de una de sus víctimas. Vio Hiawata reflejado un bello y sereno rostro en el agua del recipiente y se maravillo de su cambio de imagen repentina. Se dio cuenta entonces que aquel rostro y aquellas actitudes no se correspondían con su vida tan cruenta y decidió cambiar. Desde aquel momento el más tremendo de los guerreros, se puso a las órdenes de Deganawidah y juntos comenzaron el peregrinar de la paz por las naciones indias. Las ideas eran del visionario y excelente caudillo engendrado por los señores del cielo, pero la palabra y la expresión fluida y sutil lo eran del servidor Hiawata. Se podía decir entonces que uno era hijo de dioses y el otro el mejor y más magnífico hijo de mujer parido en la Tierra. Uno era el pensamiento y la iluminación y el otro la expresión pura.
Los dos personajes emprendieron la peregrinación por cada tribu, a cuyo efecto compusieron una canción de paz que cantaban al entrar en cada aldea y que poco a poco se fue haciendo popular en la boca de los niños y de los guerreros. Era la llave vibracional de un sentimiento positivo que cada humano lleva dentro.
Llegó el turno de adentrarse en el territorio mohawk y convencerles de lo rentable de la paz. Contaban en este caso con el hecho de que la esposa de Hiawata había sido la hija de uno de sus jefes y que a su vez gozaba de una gran popularidad como fiel y noble guerrero de las causas justas.
Ante la tribu, Hiawata expresó con un gran carisma lo que a su vez surgía del corazón de Deganawidah: -"Mi hermano mayor ha sido enviado por el Gran Espíritu para que la paz y la justicia imperen en todas las tribus y  para convencer a los jefes para que sean virtuosos y pacientes."
Los largos años de guerra no habían llevado consigo más que dolor a la tribu y esta propuesta era bien recibida, pero no sin recelo, puesto que aún aceptando esa idea, se presumía que las otras tribus no aceptarían o en todo caso había recelo y desconfianza de sus enemigos naturales.
Uno de los jefes mohawk dijo, que si Deganawidah era un enviado del Gran Espíritu, debería dar una prueba contundente de tal mandato. El Pacificador, aceptó el reto y propuso una prueba contundente: Se trataba de subir a la copa más alta de un árbol a la orilla del río Mohawk y de que este fuera talado. Aseguraba nuestro héroe, que el Gran espíritu le salvaría de las aguas y superaría a la muerte.
Se procedió así y el árbol con Deganawidah en la copa cayó estrepitosamente en el agua desapareciendo éste sin que emergiera de nuevo a la superficie.
Todos los presentes se convencieron que el Pacificador se había excedido en su mandato y  con toda seguridad habría muerto.
Al amanecer del día siguiente unos guerreros vieron salir humo de una de las chozas vacías. Se acercaron a la misma y vieron preparándose el desayuno con toda tranquilidad a Deganawidah que había sido devuelto por las aguas sano y salvo.
Este milagro despejó el camino de los jefes de las naciones indias, que poco a poco fueron incorporándose a la Federación. Pero faltaba aún por incorporarse el temible jefe Ododarhoh de los onondagas que al parecer estaba poseído de una tremenda maldad. Serpientes de maldad y de crueldad giraban sobre sus cabezas y le obligaban a cometer asesinatos y comerse a sus enemigos. Hiawatha temía que el acercamiento a este jefe terminara en tragedia, pero una vez más el Pacificador le inspiró confianza y se encaminó a la tienda del mismo. Una vez ante la puerta, Deganawidah entonó una canción de paz con toda la fuerza de su espíritu. Era tal la vibración que emitía con su palabra, que poco a poco el pueblo se llenó de paz, al igual que Ododarhoh que seducido por estas notas salió como un corderito de su tienda y se quedo expectante ante el enviado del Gran Espíritu. El Pacificador le puso las manos encima y el maleficio del jefe de los Onondaga quedo purificado de sus serpientes de maldad, volviéndose dócil y comprensivo con todos. Bastó este milagro para que toda la tribu se convirtiera irreductiblemente a la Liga de las Naciones Indias. El pacificador, nombró a Ododarhoh el "Guardián del Fuego", que para la federación viene a ser algo así como el presidente del Senado de los Estados Unidos y comenzó a funcionar uno de los modelos democráticos asamblearios más puros que contemplará la Nación Americana y del que se valió Franklin para inspirar la fundación de la Carta Magna de lo que posteriormente fueran los Estados Unidos de América.
En la ceremonia de aniversario de la Federación el profeta se refirió al futuro y rodeado de muchos nativos dijo lo siguiente:

"Soy Deganawidah y con los gobernantes de las cinco naciones federadas plantaré el árbol de la Gran Paz. Lo planto en el territorio de Ododarhoh y la nación Onondaga, en el territorio de los que son guardianes del fuego.
Llamaré a este árbol el Árbol de las Grandes Hojas. A la sombra de este Árbol de la Gran Paz esparcimos las suaves y blancas plumas del cardo que reservamos como trono para vosotros, Ododarhoh y vuestros iguales. Allí os sentareis para guardar el fuego del consejo de la federación de las Cinco Naciones......Yo, Deganawidah, y los gobernantes federados ahora arrancaremos el pino más alto y en el hoyo arrojaremos todas las armas de guerra. En las profundidades de la Tierra, en las profundas corrientes subterráneas que fluyen por regiones desconocidas, arrojaremos todas las armas. De esta manera se establecerá la Gran Paz y las Cinco Naciones no conocerán más la hostilidad.".

Esta liga no sólo fue perfecta en su realización, sino que se adelantó a nuestro tiempo, haciendo que la mujer estuviera con voz y voto en los Consejos. Incluso ideó un plan aún más integrador por el cual, se podía adoptar a los cautivos para reemplazar a los seres caídos en la guerra. De esta manera conseguía unificar racialmente a todas las tribus.

Una vez cumplida su misión y con tan sólo veintitrés años, Deganawidah desapareció en una canoa de piedra blanca rumbo al Oeste. Nadie sabe por tanto dónde o cómo murió y ni siquiera si murió. Y en este punto debemos hacer mención a la desaparición misteriosa en el agua de Quetchalcoalt y con el mismo misterio y arcano la desaparición de Moisés, al que nadie vio morir y del que jamás se encontró la tumba. Recuérdese a su vez, que más de mil años después de la desaparición de Moisés, Jesucristo vio vivos en el monte Tabor a Moisés y Elijah en todo su esplendor aéreo.

Respecto de los hurones, la historia recoge el hecho del pacto que establecieron con los franceses de Samuel de Champlain y la guerra que entablaron con los iroqueses. La utilización de las armas de fuego de los europeos aterrorizó a los aliados de las Naciones Iroquesas y fueron derrotados, pero al entrar los holandeses en el territorio y dotar a los iroqueses de armas de fuego a cambio de pieles hizo que hacia 1649 se convirtiera en profético el sueño de la abuela de Deganawidah, puesto que más de mil guerreros iroqueses con más de cuatrocientas armas de fuego atacaron al poblado de los hurones y exterminaron a casi todos haciendo una gran cantidad de prisioneros a los que ofrecieron la adopción o la muerte. De esta manera los hurones desaparecieron del marco de las Naciones Indias haciendo  realidad el sueño de la abuela.
Los indios americanos representan y encarnan mejor que nadie el amor a la Tierra y los ritmos naturales de la misma. Desde el punto de vista de la lógica astral, el ser humano es la cúspide de una pirámide evolutiva que dirige e interacciona todo el reino inferior a él. Así pues, si ponemos en la base a la Tierra, a los microorganismos, a los animales, las plantas y los seres vivos donde se  mueve el ser humano. Las acciones, pensamientos y ritmos de éste,  repercuten decisivamente sobre los otros y al revés también se da el mismo fenómeno de interacción. Mi pensamiento negativo influye sobre el entorno biológico y bioenergético donde me muevo. De una u otra manera se podría decir que yo soy el alquimista del lugar donde vivo, pudiendo hacer una Tierra feliz y próspera o un caos. Si todos los seres siguieran la Ley evolutiva natural el planeta se volvería un paraíso. Hay seres que con su evolución superior jerarquizan y alquimizan no un metro cuadrado  sino más terreno, incluso hay seres que trabajan sobre una nación o sobre un continente, así pues Juan encarna la jerarquía del Señor de la Tierra entera y Jesús encarna el valor de todo el sistema Solar. Si ellos mueren, también cambia o se modifica su ámbito de jerarquía. Esto aunque parezca complicado e incluso estúpido es absolutamente cierto, pero sólo se comprenderá cuando el amor del hombre por la naturaleza sea real y consciente.

TORO SENTADO -42-


El famoso jefe y brujo sioux toro Sentado fue conocido por poseer poderes insólitos. Practicaba la proyección astral con regularidad, al igual que desplegaba todos los demás talentos que uno adscribiría a un médium.
En el momento de la batalla en Little Big Horn, Toro Sentado se hallaba en realidad a una gran distancia, 'practicaba la medicina', pero lo que le hizo alcanzar los más altos honores fue el hecho de que predijera el transcurso de la batalla hasta en sus menores detalles. Durante los años que siguieron, Toro Sentado sólo habló con sus principales jefes tribales acerca del incidente que le sucedió con Custer. De ellos hemos obtenido los datos tan fascinantes sobre cómo este gran místico indio acudió en la oscuridad al lugar de la batalla para  practicar  la medicina junto al cuerpo caído de Custer. Fue entonces cuando se le manifestó el espíritu del general fallecido y ambos intercambiaron unas palabras durante un breve espacio de tiempo.
Custer advirtió a Toro Sentado que al cabo de quince años un hombre blanco cometería contra él un acto traicionero. El no tendría ningún conocimiento previo de dicho acto, y no podría practicar ninguna clase de medicina para prevenirlo. Aquella conversación fue como la obertura de un drama que aún se tenía que representar.
'El hombre blanco cubrirá la tierra y ni tú, ni yo, ni el propio Gran Espíritu podrán detener su infiltración y el derramamiento de sangre que seguirá. Nosotros no somos más que un acto en el drama, y hemos hecho lo que se nos ha dicho. En menos de quince años, ambos estaremos del mismo lado. El hombre blanco sólo ve blanco y llegará el día en que intentará extinguir de la faz de la tierra a todos aquellos hombres que no sean blancos. Debes saber que digo la verdad, pues tú y yo fuimos amigos en otro tiempo, y volveremos a serlo. Alíviate de tu carga, pues el hombre es como un lobo hambriento que acecha a su presa desde el principio hasta el final de los tiempos, aunque tú y yo somos más que hombres, tal y como los hombres conocen a los hombres. Vete ahora con tu pueblo. Te necesitan ahora más que nunca. Estaré contigo muchas veces cuando enciendas tu pipa por la noche, y también estaré contigo en tu hora final, del mismo modo que tú estás aquí conmigo.'
Una vez terminada la conversación, Toro Sentado cubrió el rostro del general muerto con el pañuelo de seda que el propio Custer le había regalado en cierta ocasión.
Durante los días siguientes, Toro Sentado recordó la noche pasada con el general Custer y en varias ocasiones habló de ella a sus más íntimos jefes tribales: Catorce años y siete meses después, esta extraña profecía se cumplió cuando Toro Sentado fue asesinado por agentes del gobierno en Standing Rock.
Tres días después de haber sido asesinado mientras dormía pacíficamente en su tienda, un grupo de indios sioux que regresaba de una reunión social le vio aparecer en las colinas, de un modo muy similar a como se produjo la reaparición de Jesús.
Este extraño incidente no es ni más ni menos folklórico que los millones de páginas escritas a lo largo y ancho del mundo, y en las que se habla de incidentes similares. Se ha informado sobre las apariciones de espíritus desde el principio de los tiempos, en todas las naciones e indiscriminadamente en todas partes del globo. El hombre escucha voces, recibe mensajes, ve formas espirituales y, en algunos casos, incluso experimenta contactos con sus vidas anteriores.
El autor de este artículo, Martin Schulman, eminente astrólogo, cuenta respecto de este relato:
“Mientras se estaba escribiendo esta página, toda la habitación se llenó con el espíritu de Toro Sentado. Caí en trance durante más de una hora, mientras él me comunicaba telepáticamente las palabras exactas que le fueron comunicadas hace un siglo.'
Queremos de esta manera y a través de determinadas culturas, producir cada día más el ecumenismo universal de la verdad que siempre duerme en cada raza, en cada hombre y en cada latitud geográfica, siendo ayer, hoy e incluso mañana la misma realidad que el ser humano se encarga de distorsionar.
Incluso los indios americanos que se ha tratado por todos los medios culturales de presentarlos como demonios rojos violentos y vengadores también tenían espíritu y sensibilidad como lo ha demostrado el artículo precedente.

MITOLOGÍA Y LEYENDAS -41-


Como viene siendo habitual en nuestras investigaciones, tratamos de ver en las diferentes fuentes históricas, religiosas o mitológicas, un común denominador de universalidad que consiga a través del conocimiento, conciliar al hombre con el hombre por medio de la anulación sistemática de fanatismos y tribalidades, mutando el concepto "religión" por el de "verdad".
Una de las fuentes más antiguas la tenemos en los textos sánscritos del Mahabharata donde de forma inequívoca describe no sólo los platillos volantes sino bases aéreas y submarinas dentro de la Tierra. Tomemos los capítulos 168,169 y 173 del Vanaparuan Y Veamos la lucha entre Arjuna y los diablos, al igual que en los textos Judeocristianos se narra a San Miguel contra Luzbel:
Arjuna ascendió al cielo para obtener de lar seres celestiales armas divinas y aprender su manejo. En el curso de dicha estancia, Indra señor del cielo, exigió a Arjuna que destruyera todo el ejército de las asuras. Estos treinta millones de demonios vivían en fortalezas situadas en las profundidades de los mares. Indra, señor del cielo cedió a este efecto su propia nave espacial a Arjuna, pilotada por su diestro ayudante Matak. Dicha nave también era capaz de moverse bajo el agua. En La encarnizada batalla que siguió, los asuras provocaron lluvias diluviales, pero Arjuna les opuso una arma divina, que logró disecar todo el agua. Los asuras fueron vencidos y tras la batalla Arjuna descendió a las ciudades de los vencidos demonios. Quedó fascinado por la belleza y el lujo de las ciudades submarinas. Arjuna preguntó a Matak acerca de la historia de tales ciudades y se enteró de que originalmente habían sido construidas por los dioses para su uso particular. "
"Se desencadenó una terrible batalla en el curso de la cual la ciudad espacial fue violentamente lanzada a los aires y luego de nuevo en dirección a la Tierra, zarandeada de un lado a otro, sumergiéndose incluso en las profundidades marinas. Transcurrido ya mucho tiempo del combate, Arjuna disparó un proyectil mortal que destruyó la ciudad entera en mil pedazos, dejando caer los fragmentos sobre la Tierra. Los asuras supervivientes salieron de entre las ruinas y siguieron combatiendo duramente. Pero Arjuna dio fin a la batalla con ayuda de la poderosa Pasupata. Todos los asuras quedaron aniquilados. Indra y los demás dioses celebraron a Arjuna como héroe.
En el Sabhaparuan se describe una fortaleza volante y también ciudades o bases submarinas tan controvertidas en la investigación extraterrestre de nuestros días:
“La ciudad espacial de Indra permanecía aparentemente en el espacio. Estaba construida enteramente de metales y contenía edificios, viviendas y plantas. Las entradas eran tan grandes que pequeños objetos voladores podían penetrar por ellas. La sala de reuniones de Yama tenía una longitud de 750 kilómetros, estaba construida de forma parecida, y provista de todas las instalaciones para una vida cómoda. Estaba rodeada de una pared blanca que producía destellos cuando se desplazaba el vehículo por el firmamento. La sala de Vacuna se encontraba bajo agua y se movía libremente en las profundidades del océano. Tampoco aquí faltaban las comodidades de una vida lujosa. La sala de reuniones de fuera era la más hermosa de todo el universo. Medía 550 por 800 km pendía libremente en el aire y en su interior se encontraban palacios dorados. Pero el lugar  de reuniones más fenomenal era el de Brahma. Era la de más difícil acceso y constituía un verdadero panorama cuando avanzaba por el universo, incluso el sol y la luna empalidecían a su lado. "
En igual medida y si leéis el apocalipsis, podéis ver una ciudad que baja del cielo "La Nueva Jerusalén" donde además se describen sus medidas y formas:
Me llevó en espíritu a un monte grande y alto y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo, de parte de Dios, que tenía la gloria de Dios. Su brillo era semejante a la piedra más preciosa, como la piedra de jaspe pulimentado. Tenía un muro  grande y alto y doce puertas, y sobre las doce puertas, doce ángeles y nombres escritos, que son los nombres de las doce tribus de los hijos de Israel; de la parte de oriente, tres puertas; de la aparte del norte, tres puertas; de la parte del mediodía, tres puertas, y de la parte del poniente, tres puertas. El muro de la ciudad tenía doce hiladas, y sobre ellas los nombres de los doce apóstoles del Cordero. El que hablaba conmigo tenía una medida, una caña de oro para medir la ciudad sus puertas y su rasura "La ciudad estaba asentada sobre una base cuadrangular y su longitud era tanta como su anchura. Midió con la caña la ciudad y tenía doce mil estadios, siendo iguales su longitud su latitud y su altura. Midió su muro, que tenía ciento cuarenta y cuatro codos, medida humana, que era la del ángel. Su muro era de jaspe, y la ciudad oro puro, semejante al vidrio puro, y las hiladas del muro de la ciudad eran de todo género de piedras preciosas...”
Comparando ambas fuentes vemos que el elemento común son seres que viven o vienen por el cielo o el agua, y que visitan al hombre. ¿Quiénes son estos seres?, ¿extraterrestres, dioses, espíritus?
Si queremos analizar el fenómeno extraterreno con veracidad debemos empezar por el pasado. La Historia se repite y los personajes son los mismos ayer, hoy y siempre.

EL ÚLTIMO ENEMIGO -40-


“El último enemigo que deberá ser destruido, es la muerte” (San Pablo)
Paseándome por el campamento, debo haberme alejado más de lo que suponía, ya que de pronto me di cuenta que estaba solo con nada más que el amplio y triste panorama de las montañas de Judea frente a mí. Al fondo, al lado izquierdo, el resplandor del Mar Muerto al pie de las montañas de Moab era el único descanso a la vista en este mundo de un gris monótono. Estaba por regresar al campamento cuando vi, a una distancia aproximadamente de 20 yardas, los restos de cenizas donde quizá alguna tribu de nómadas había estado no hace mucho. Fue un impulso natural ir hacia ese sitio, aunque sabía que lo único que encontraría serían cenizas y desperdicios.
Eso fue todo lo que encontré después de mi inspección, y cuando ya estaba por regresar, me llamó la atención una piedra de rara formación. Gris sobre gris, era una piedra de unas 8 pulgadas de largo y 3 o 4 de circunferencia. Pensé que muchos años de rozamientos la habían pulido de esa forma, hasta que recordé que en aquella cumbre el mar no había llegado por muchos millones de años, por lo cual ese pulimento era imposible. Para haber adquirido aquella forma, era necesario que la hubieran hecho las manos de Moab.
Descendiendo, ya que se hallaba frente a mí, vi que no era una piedra sino un cilindro. Estaba al lado de la roca, ya sea que hubiera caído allí por accidente o dejado de lado por algún impaciente que lo llevaba. Mirando alrededor mío para estar seguro que no era una trampa, lo agarré, encontrando que era lo suficientemente liviano como para llevarlo en un saco. Entonces regresé al campamento.
Sólo podía adivinar qué cosa tenía el cilindro ya que no había podido ver lo que tenía. En el campamento me dedicaba a observar al dragomán o intérprete y a sus ayudantes. Si me veían abriendo un cilindro antiguo y siendo de valor, aunque estuviera vacío, sospecharían. Tal vez el objeto fuera alguna cosa de veneración conocida entre las varias tribus y que obviamente los extraños no conocerían. De todas maneras no me arriesgué. No solté el cilindro hasta que llegué a la seguridad de la habitación de un hotel en Damasco.
Contenía lo que yo suponía: un manuscrito de pergamino. Pude apreciar que la escritura era en latín, pero aparte de esto, yo no tenía ningún conocimiento. Me pareció muy antiguo, gastado en los bordes, pero intacto. La escritura era fluida, con concentraciones y pequeños floreamientos. Ninguno de los conocimientos que yo poseía, me brindaban alguna luz sobre el histórico hallazgo. El cilindro mismo parecía tallado con un dibujo bizantino de Cristo elevándose, gastado por las manos de muchas generaciones.
Sucedió que cuando viajaba de Beirut a Marsella, me encontré con un hombre que había conocido años antes y que era Profesor de Francés en Harvard. Recordando días pasados, le conté de mi hallazgo. Sin embargo, como su campo era la filosofía, sólo pudo descifrar algunas palabras sueltas, no siendo de gran ayuda. Me presentó a un colega de la Universidad de Montpellier cuya especialidad era precisamente leer y traducir todo tipo de documentos antiguos.
Al final, recibí de él 3 ó 4 tipos de opiniones, una de las cuales era suya, y las otras de estudiantes del mismo trabajo. Todos estaban de acuerdo que lo narrado en el pergamino era algo de genuina experiencia, a pesar de que no estaban de acuerdo si la versión del cilindro era original. Tres de los cuatro declararon que era un manuscrito muy antiguo de la última mitad del Primer Siglo Cristiano.
Yo estaba verdaderamente interesado en el asunto de la autenticidad de la fecha. Tener frente a mí estas páginas de vidas que habían posiblemente estado con Jesucristo, me parecía más importante que el pergamino o la tinta, tampoco me importaba que la mano que lo habría escrito fuera de este año o de aquél. Una copia era suficiente para mí, con sólo saber que los hechos habían sido transmitidos.
Los expertos parecían estar de acuerdo. Alguien llamado "Galba", de familia romana, aunque nacido en Tiberias en el mar de Galilea, había escrito en épocas antiguas lo que él recordaba durante su juventud, de alguien con una personalidad maravillosa que llevaba el nombre de Jesús, en Cafarnaum y que se le proclamó como el fundador de una nueva religión. El escritor, dejaba para sus hijos y nietos las memorias que había acumulado durante su vida.
Parecía que no había sido un cristiano, en el sentido que se le da a este término, ni sabía nada hasta que escribió lo que había recogido de la Maravillosa Personalidad que se había convertido en una tradición para otros. No tuvo parte en la formación de la naciente Iglesia Cristiana, enterándose de su existencia luego de años de vicisitudes en las postrimerías del Imperio.
En lo referente a la historia del manuscrito, no sabíamos nada en concreto sólo suposiciones. Aparentemente, alrededor del IV Siglo Cristiano, había sido reconocido por su propietario como una posesión invalorable. El cilindro había sido hecho para protegerlo. El débil grabado de Cristo Ascendiente, con aún un fondo más débil de una línea de cipreses, no era otra cosa que Justian y Theodora. Podía haber sido fácilmente el tesoro de algún monasterio o alguna casa principesca, hasta el saqueo del Imperio, luego de la conquista de los turcos, que destruyeron estos objetos o los esparcieron. Sin embargo, esta reliquia en particular parecía haber sido guardada con mucho cuidado, tal vez con algo de superstición, como un talismán secreto y bendito. Probablemente no había sido tirado en el sitio que yo lo encontré, sino perdido en un momento de descuido.
La traducción que me hicieron en Montpellier fue por supuesto en francés. Me han dicho que al hacer yo la traducción al inglés, ésta perdió mucho de su significado antiguo original. Sólo me cabe indicar que en el manuscrito no existe la puntuación ni oraciones, ni párrafos, por lo que yo los he puesto por mi cuenta:
Al principio en varias líneas, sólo algunas palabras sueltas son legibles: Padre... piedra.Tiberías.baños. nunca... arquitectura... trabajador... Italiano...
Conforme se va leyendo el texto, se aprecia que el padre del autor había sido albañil en piedra, italiano, que había sido traído a Tiberías en la época de la construcción de los suntuosos baños hechos por Herodes. Para este trabajo no se encontraban hombres capaces en Galilea; los hebreos nunca habían desarrollado una arquitectura capaz de llenar las más simples necesidades.
Es bien conocido por los historiadores que para construir aquellas ciudades de gran magnificencia, Tiberio, Julio Cesar y Herodes, se vieron obligados a traer artesanos de Tirea, Sodoma y Egipto, Grecia e Italia, siendo el padre del joven Galba uno de ellos.
De algunos fragmentos de oraciones pudimos apreciar que el mozo había nacido en Tiberias, habiendo quedado huérfano muy joven; un huérfano Gentil en una tierra tan hostil a los Gentiles de cualquier edad, que aún a los más desamparados no les causaba vergüenza. Tanto como él podía recordar, el joven había sido un inútil, viviendo de cualquier manera.
"En la ciudad judía de Galilea  escribe  para el sustento de la vida se necesita muy poco, y poco es lo que ellos han tenido. Sus casas son sencillas, y desde nuestro punto de vista italiano, endeblemente construidas. Bajas, pequeñas y chatas, no consisten en más de simples cuartos con una alfombra, un cofre y unas cuantas vasijas de barro por mobiliario.
Aún para los galileos, esto podría ser muy miserable, si no fuera por el techo en el cual muchas estaciones de lluvia y tormenta pasaban, mientras que en el techo de los campos o los huertos el cambio no es grande. Cuando era joven dormía donde me encontraba la noche. El clima era benigno y suave, rara vez era algo frío. De ropa y comida necesitábamos muy poco. Ese poco podía ser mendigado o robado. Yo, Galba, la mayoría de las veces era obligado a robar, pues en cuanto ellos sabían que yo era un Gentil, me echaban de sus puertas. En verdad, podía engañar en este aspecto, ya que hablaba perfectamente el idioma judío como el mío propio; pero ellos me juzgaban por mi apariencia. En la tierra judía de Galilea había muchos Gentiles, y las amas de casa desconfiaban de aquellos que hablaban su propio idioma.
Pero durmiendo en los campos, comiendo sólo cuando podía, bebiendo de los arroyos y llevando tan sólo harapos, me las ingeniaba para vivir de ciudad en ciudad, alrededor del mar de Galilea, ganándome a veces algunos centavos. Pero en la mayoría de los casos consiguiéndome la comida y refugio como hacen los pájaros y los zorros.
Teniendo por entonces alrededor de 12 años, aquello de lo que yo más sufría era por la falta de amor. Otros muchachos tenían hogares, padres, hermanos, amigos, colegios...Yo, Galba, no tenía nada. Si me aventuraba a unirme en un juego en la plaza del mercado, los muchachos del pueblo me apedreaban. Si me acercaba a un colegio, el profesor me echaba. Si encontraba trabajo en algún viñedo u olivar, era apaleado y muchas veces ni me pagaban cuando sabían que era un Gentil. Cuando en las noches yacía en el campo, lloraba de rabia y de soledad.
Y cuando no vi nada más que odio y desprecio, crecí odiando y despreciando a todos, mi esperanza era un día ser fuerte y poderoso, así podría herir a aquellos que me habían herido.
Cuando cualquier oportunidad se me presentaba, trabajaba como podía. Me levantaba en la noche para quebrar las ramas de los árboles de olivos o jalar los brotes de los granos. Luego me escondía antes del amanecer. Cuando encontraba niños más débiles que yo, los maltrataba y les robaba la comida haciéndoles llorar. Con los que eran mayores y más fuertes, me peleaba golpeándolos en las caras y lamentando tan sólo que no tenía con que matarlos. Todo esto lo hacía con el ánimo de venganza, sin embargo, encontraba muy poca satisfacción en ello.
De repente, ocurrió que un día mientras iba de un pueblo a otro, vio una multitud de hombres y mujeres dirigiéndose a una de las ciudades y trepando una colina. Escuché que comentaban entre ellos que iban a escuchar las palabras de Jesús, en Cafarnaúm.
De ese hombre yo había escuchado mucho, algunos decían que Él era un profeta, mientras que todos estaban de acuerdo en que con la ayuda de Dios, Él hacía grandes curas y milagros. Como no tenía nada mejor que hacer, me uní al grupo esperando ver un milagro. Este parecía ser también el principal motivo de muchos de los que le seguían, aunque algunos parecían ser sus Discípulos. Para mí, Galba, no tenía más que curiosidad, con las posibilidades de apoderarme de algo que se cayera en un descuido o aprovechar un poco de comida.
Más tarde, mientras me sentaba cerca de la multitud de gente, escuché una voz, cuyas tonalidades me hicieron levantar. Amorosa y autoritaria a la vez, era fuerte con la fortaleza que penetra y hace cada sílaba diferente. Acostumbrado como estaba al dialecto galileo, era algo más extraño y maravilloso escuchar algo que no podía haber más dulce en el habla humana.
Nunca un hombre como ese hombre. Entre las cosas que son de lamentar, es que no haya la forma de conservar el sonido de una voz, de una belleza que nadie había escuchado. Cuando dije que esta voz era música, todavía no había dicho nada para expresar sus cualidades penetrantes. Aunque al principio no vi al orador, É1 parecía haberme visto, y entre toda esa multitud se dirigía hacia mí.
"Pero Yo les digo a aquellos que me escuchan, quieran a sus enemigos, traten bien a aquellos que los odian, bendigan a aquellos que los maldicen, recen por aquellos que abusan de Vds.". En mis amarguras del espíritu, aquellas palabras cayeron como un bálsamo, suavizando el odio que estaba envenenando mi vida.
Un niño de doce años no tiene impulso para odiar. Amor es su alimento y el aire que él sabe cómo respirar. El pensamiento que yo podía amar a aquellos que me odiaban, vino como un descanso a mi oprimido espíritu.
Pasé a través de la multitud hasta que al fin lo vi a Él. Así como casi no puedo describir su voz, tampoco casi no puedo describirle a Él. El recuerdo que tengo es de poder y bondad. Nunca he visto a alguien con ese poder de sobresalir y permanecer solo. Nunca ha habido alguien tan fuerte, tan triunfante y valeroso. Lo he escuchado hablar tan grave, apenado, austero, pero de esto no había visto nada. Mi conocimiento de Él, era el compendio de la felicidad. Inspiraba valor, salud, cordura, energía, todo lo emanaba, así como la juventud y actividad. No se podía permanecer en Su presencia sin la convicción de que allí estaba la forma de la felicidad perfecta en las que sus propias condiciones, aunque aflictivas, debían ser corregidas.
Estos pensamientos no los podía tener yo en ese entonces, ya que era todavía un niño; vinieron a mí más tarde durante mi vida, como una explicación. Todo lo que yo era capaz de ver en ese tiempo, es que había algo que no me dejaría desviarme.
Hasta Él podría quererme. Yo ya le quería. Mi objetivo era alcanzarle.
Pero en esto, fui ocultado por la multitud. Me retuvieron atrás como alguien que no tiene derechos; me cerraron el camino para que yo no pudiera descender.
He estado sentado en un montículo rodeado como de pequeños asientos como si fuera un anfiteatro. A pesar de todos los impedimentos, yo trataba de pasar, cuando alguien me dio un empujón haciéndome caer. De esta forma llegué a su presencia con un grito; apenado, asustado, sucio y con lágrimas brotándome de los ojos.
A mi grito, Él interrumpió su discurso para mirarme. Sentí temor de que me rechazara, pero cuando con terror levanté los ojos para mirarlo, Él sólo sonrió. Con un movimiento de su mano izquierda, me hizo entender que cerca Suyo había un sitio para mí ("Ven aquí". Pero yo no me podía mover. "Maestro,  le dije , no me atrevo, soy un pobre inútil". La dulzura de su sonrisa cayó sobre mí como un rayo de sol. "En el Reino de los Cielos,  Él me contestó , no existen inútiles, só1o los hijos de mi Padre". "Pero Maestro,  protestó alguien entre la multitud , el muchacho es un ladrón, conocido como pícaro y vagabundo en todos los pueblos". "Cuando tenga un hogar,  le respondió , no lo será nunca más". A mí me dijo: "Tu casa está en la casa de Dios. Ven."
Así como un perro se arrastra, yo me arrastré hacia Él. Pasando Su brazo por encima de mi hombro, Él continuó su discurso. Parecía estar hablando del Reino de los Cielos. Las palabras en sí no las entendí. No recuerdo qué escuchara. Simplemente sentarme junto a Él, con la protección de sus brazos, eran todas las bendiciones que yo podía desear. Nunca antes en mi debilidad de niño había conocido el solaz de la protección.
Pero de repente, le escuché decir palabras como las que había escuchado cuando llegaba, parecían especialmente dirigidas a mí. De vez en cuando en ciertos puntos me presionaba hacia Él más junto, como para llamar mi atención.
"Ningún esclavo puede pertenecer a dos amos, porque odiará a uno y amará a otro. No se puede servir a Dios y al dinero. Por lo tanto, Yo les digo que no se preocupen, que tendrán qué comer y beber. Acerca de su cuerpo, que tendrán qué ponerse. ¿No es la vida más importante que la comida, o el cuerpo más que la ropa? Miren a los pájaros silvestres. Ellos no siembran o cosechan o almacenan comida en los graneros, y sin embargo, su Padre Celestial los alimenta. ¿No merecen Vds. más amor que ellos? Pero, ¿quién de Vds. con toda su preocupación puede añadir una sola hora de vida? ¿Por qué se preocupan por la ropa? Miren como crecen las flores silvestres. Ellas no trabajan o hilan, y sin embargo, ni Salomón en todo su esplendor nunca estuvo tan bien vestido como ellas. Pero si Dios embellece el campo que está vivo hoy día y que es echado mañana en el horno, con mayor seguridad te vestirá Él a ti. Tú que tienes tan poca fe, no te preocupes ni digas ¿qué comeremos, qué beberemos o con qué nos vestiremos?, porque tú debes hacer Su Reino y tener rectitud delante de Él y tendrás todas las otras cosas además."
Cuando Él hubo terminado, se levantó, y toda la multitud también. Muchos que estaban enfermos se le acercaron rogando que les curara y algunos que no se podían mover eran cargados por otros.
"Maestro, si Tú lo deseas, puedes curarme", eran las palabras que escuchaba. "Yo así lo deseo, cúrate", era la respuesta.
En la confusión de estas multitudes, yo me escapé. Lo hice porque me sentía avergonzado y también porque deseaba no comprometer a Aquel que había sido tan bueno conmigo y me había tomado bajo su protección. Pero una vez más caminando, lo hice con un corazón alegre como nunca antes lo había tenido. Jesús de Cafarnaúm había sido un amigo para mí. Aunque no lo volviera a ver otra vez, esta amistad daría fuerzas a mi vida.
En los días siguientes, entre multitudes que lo seguían por todas partes me esforcé en seguirle y escuchar sus palabras manteniéndome oculto. Esto lo hacía mientras trataba de bendecir a aquellos que me maldecían; tratar bien a aquellos que me maltrataban y rezar por aquellos que abusaban de mí. Extrañamente, mientras yo trataba de hacer todo esto, aquellos que habían sido crueles conmigo, mostraban ahora signos de amistad.
La verdad es que también yo ahora ya no robaba ni molestaba mucho. Mientras que aquellos nombres tales como "perro de un pagano" ya no me los dirigían tan frecuentemente. Cuando me lo decían, yo encontraba la oportunidad de hacer el bien a aquellos que lo decían, aunque algunas veces só1o encontraba incomprensión. Sin embargo, yo persistía, y cuando alguno me hería, yo rezaba por aquellos que me golpeaban.
Esto era lo más difícil ya que yo no conocía ningún Dios. De nuestros Dioses romanos yo sabía tan poco que aparte de aquellos nombres tales como Júpiter o Marte, yo no sabía nada más.
Para los judíos, yo sabía que Dios les era detestable. Cuando por lo tanto yo hice mi petición, todo lo que podía pensar era brindar mi corazón al Padre de Jesús de Cafarnaúm, pensando que el Padre de tal Hijo no me rechazaría. Por lo tanto, fui donde Él humildemente.
Del Hijo yo no perdía nada; ni por donde iba o ni sus palabras. Cada vez que Él aparecía en público, ahí estaba yo. Dondequiera que Él fuera, yo trataba también de ir. Cerca de la casa donde Él vivía, había un jardín de olivos en el cual yo podía descansar y vigilar su puerta. Si Él salía yo lo seguía, manteniéndome a distancia, pero sin perderlo de vista. Así sucedió que yo llegué a conocer sus paseos así como también sus mensajes, tanto que ya casi los conocía perfectamente.
Allí los sirvientes y discípulos a quienes yo les podía hacer preguntas, y que veían que yo le amaba, no siempre atendían mis preguntas.
Todo lo que yo deseaba hacer era algo por Él, por todo lo que había hecho por mí. De esta manera, me dediqué a trabajar y a ahorrar dinero. Por cada día que pasaba en un viñedo, cobraba medio denario. Esto lo guardaba en una vieja bolsa de cuero, que había encontrado en la calle y que ahora la llevaba colgando del cuello y metida dentro de mi ropa por seguridad.
Siendo el trabajo muy escaso, muchas veces no me pagaban después de haberlo hecho. Demoré mucho en ahorrar los tres denarios que yo consideraba suficientes para honrar a mi Señor. Así un día me enteré que era su deseo hacer un viaje a Nazaret, en las montañas donde Él había vivido antes. Además, Él iría solo, lo que me brindaría la oportunidad que yo esperaba.
Yo ya me había dado cuenta que cuando Él viajaba solo, no llevaba alimentos. "Tengo alimentos para comer que Vds. no conocen". Era su explicación acerca de esto. "Mi alimento es hacer la voluntad de el que me ha enviado a terminar su trabajo". Pero para mí esto no era suficiente. Había notado muchas veces que en sus viajes estaba cansado y con hambre. Por lo tanto, yo lo proveería y me sentiría satisfecho.
Pero aquí encontré mi oportunidad. Mientras descansaba en el jardín cerca de su casa, observando antes que amaneciera, vi que venía, mirando hacia las montañas. Inmediatamente me dirigí al mercado. Allí compré una canasta en la cual coloqué dos panes de trigo, los mejores que pude conseguir, un pequeño queso redondo, no más grande que una manzana y que era una exquisitez de aquel país, un queque de pasas y unos cuantos higos. Cubrí mi canasta con hojas de parra para tener todo protegido. Esto lo hice especialmente, ya que no lo vería hasta la mañana que era Sábado de los Judíos. Yo no sabía que luego de acuerdo a sus costumbres, El iría a la Sinagoga donde sus enseñanzas podrían causar problemas.
Llegando a Nazaret, encontré una pequeña grieta en una roca en las afueras de la ciudad en lugar frío y secreto, donde pude colocar mi canasta. Cerca de allí, pasé la noche para cuidarla de hombres y animales. En la mañana, me dirigí a la Sinagoga con un estado de ánimo de lo más excitado. Una Sinagoga judía no es como un templo griego o romano, ni siquiera como su propio templo como los que he visto en Jerusalén. Es solamente una habitación rectangular con bancos. En un extremo hay una plataforma donde se sienta el presidente, detrás de él los rollos de pergamino con sus leyes y los profetas en estantes disimulados con cortinas. No hay sacerdote o culto. Aquel que lo desee, puede pararse a leer y dirigir la Asamblea. Aquel que lo desee, puede hacerle preguntas al orador y como las preguntas y las respuestas abundan, muchas veces hay discusión.
Habiéndose enterado la gente que Él estaba en la ciudad, todos los sitios estaban ocupados. Si había algún lugar para estar de pie, también se encontraba ocupado. Muchos de los parientes estaban allí, y muchos le habían conocido desde niño. Por lo que pude escuchar, su actitud era de incredulidad. Ellos creían objeto de risa que alguien que ellos habían visto crecer en su ciudad como cualquier otra persona, podría estar entre los profetas que redimirían Israel. "Él puede engañar a Cafarnaúm, Caná, Naín...escuché que se decían unos a otros, pero a nosotros no nos engañará". "¿Acaso no hemos conocido a su padre y a su madre? ¿Acaso no hemos conocido a sus hermanos y hermanas? Ellos están aquí con nosotros". Así pues, con risas en sus labios y desprecio en sus corazones, se reunieron para verlo frustrado.
De pronto, entró calladamente; noble, la cabeza en alto; el símbolo del poder y la belleza. Dirigiéndose a un lugar paralelo al fin de la plataforma donde todos podían verlo y desde donde podía ver a todos, se sentó. Por alguna razón además de la curiosidad, todos los ojos estaban en Él. Cuando llegó el momento, se levantó, significando que iba a leer del libro del profeta Isaías. Este fue el pasaje que escogió: "El espíritu del Señor está conmigo, porque É1 me ha encomendado llevar las buenas noticias a los pobres. É1 me ha enviado a anunciar a los prisioneros su libertad y a los ciegos que recobrarán la vista. Para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de los favores del Señor".
Entre los asistentes algunos querían aplaudir. Otros mostraron indignación de que alguien que su padre había sido un carpintero pudiera tener tales pretensiones. Cerca de donde yo estaba sentado, un grupo de hombres jóvenes murmuraban y se reían sin importarles, y haciéndose señas que si la ocasión llegaba, hasta le tratarían con violencia. Viendo esto, juré que le daría mi vida antes que ellos llegaran a tocarle.
Sin embargo, como muchos otros que lo observaban, ellos esperaban verlo hacer un milagro. Allí había ciegos, cojos, paralíticos; la gente esperaba que Él los curara como en otras ciudades. No solamente no lo hizo sino que les dijo por qué: "Aún en el Reino del Cielo, la fe del trabajador solitario no es suficiente. Debe tener ayuda cooperadora. Cuando se encuentra con gente no creyente, no es efectiva. El profeta nunca se encuentra sin honor, excepto entre su propia gente y su propio país. Elísha no fue enviada a ninguna viuda en Israel sino a una mujer de Serepta, una Sidonía. No era un judío cojo el que fue curado por Elísha, sino Naeman, un sirio..."
Sabiendo por adelantado las conclusiones a las que les quería llevar, Israel había estado siempre sensible y nunca tanto como entonces. Cuanto más perdían su independencia política esta orgullosa y fanática gente, más tenazmente se aferraban a su religión como los únicos poseedores del único verdadero Dios.
Dijeron que en ocasiones Él les hacía favores a los gentiles y no se los extendía a ellos. Era una traición para la cual la muerte no era suficiente castigo. Muchos de los profetas habían predicado esta doctrina y habían sido apedreados por esto. Este sujeto sería sacado del camino por el método más simple conocido por ellos.
No bien habían medido el lugar donde Él se hallaba, cuando la Sinagoga se encontró en un rugido. Moviéndose alrededor de Él, ellos bramaban, vociferaban y amenazaban. Pero cuando levantaban sus manos para golpearle, uno fue golpeado.
Había en Él tanta majestad y santidad que impedía las formas más groseras de insulto.
Lo peor que podían hacer era empujarle arriba de la colina. La ciudad daba a un profundo y religioso precipicio. "¡A las rocas!", gritaba la gente. Los hombres jóvenes que yo había escuchado susurrar en la Sinagoga, se hacían señas unos a otros de cómo podrían empujarle. Hombres y mujeres le gritaban, los niños tenían puñados de piedras en las manos que no se atrevían a tirar. Él solo, supremo y seguro, estaba tranquilo, con la tranquilidad de la fortaleza.
De repente, con un suave movimiento separatorio de las manos, los puso a todos ellos aparte. No había ninguna fuerza en la acción aparte de la fuerza de mando. Pero como niños corriendo, todos retrocedieron ante Él. Los ancianos dejaron de maldecir, los jóvenes dejaron de burlarse. Sobre la multitud cayó el silencio y hubo una extraña sorpresa. Él no dijo una sola palabra, pero encontrándose el camino libre, se marchó. Para estos ojos, la grandeza de aquel movimiento nunca se olvidará. He visto reyes y Césares entrando triunfantes en Roma después de una victoria, pero nunca he visto a nadie con esa autoridad innata como Jesús de Cafarnaúm. En César el estado imperial no estaba en él mismo sino en su ejército, sus trofeos, sus prisioneros, sus esclavos, la adulación de los ciudadanos, muchos de los cuales le odiaban. Este hombre nunca era tan imponente como cuando estaba solo y frente a sus enemigos. Nunca estaba colérico ni resentido, nunca se vengó de ninguna afrenta. Su poder de serenidad debe haber movido a los más altos Dioses, si es que existían, a la envidia y a la imitación.
De los nazarenos todos se apartaron de su camino, mientras que Él se dirigía a lo alto de la montaña, donde ellos habían pretendido empujarle. Esto lo hizo sin compañía y a su propia voluntad.
Yo, Galba, le observaba conjuntamente con el resto, pero cuando ellos se fueron a sus casas me deslicé a través de los arbustos que me escondían y lo seguí. Pronto lo vi sentado en una roca mirando a través de la llanura, que se llama Esraelon en idioma judío. Estaba de espaldas a mí, pude traer mi canasta y con ésta en mi mano me acerqué a Él humildemente.
"Maestro,  balbucí, no estés molesto. Te he traído comida". En su rostro, cuando me miró, había toda la luz y el amor que podría haber bendecido a toda la humanidad. "Querido muchacho,  me sonrió , me has seguido".
Arrodillado delante de Él, sostuve mi canasta como una ofrenda.
 Solamente, Maestro, porque vi que estabas solo y temí que pudieras tener hambre.  Tengo hambre,  admitió Él, no he roto mi ayuno desde ayer. Comamos juntos.
 No, Maestro  rogué , no alcanzará para los dos. Una vez más me iluminó con su sonrisa.  En el Reino del Cielo siempre hay abundancia. Ya verás.
 Maestro  grité  ¿dónde está ese Reino?, ¿está muy lejos?, ¿podría alguna vez un muchacho gentil entrar en él?
Mientras comíamos, Él me explicó su Reino, simplemente y en palabras comprensibles para mí, me dijo que no estaba muy lejos, diciéndome que no era simplemente alrededor mío sino dentro de mí. Era un método de comprensión. Era una forma de ver la vida, el mundo y las cosas como son vistas por Dios. Dios era el Gran Padre, el Dios Padre, el Padre Amoroso, la fuente de donde todas nuestras bendiciones proceden.
De esta fuente no recibimos bendiciones y maldiciones juntas sino solamente bendiciones; no agua dulce y amarga sino solamente dulce. En ese Reino no hay maldades, pecados, enfermedades, pobrezas o tristezas. Para aquellos que sus mentes están muy cerca del Padre, de la Vida no existe siquiera la muerte. Estamos en este Reino cuando sabemos que estamos en él. Cuando hemos comprendido esto, creamos nuestro propio cielo, admitiendo en él sólo aquello que es la Ley de Dios.
Con muchas otras palabras, con parábolas y ejemplos, Él me hizo comprender todo esto. Y antes de preguntarle algo sobre sí mismo, Él me contó de su niñez en aquella misma ciudad de Nazaret, en el mismo lugar en que nos encontrábamos. Había sido un niño como cualquier otro niño; amaba sus juegos, sus estudios, sus amigos. Pero muy temprano en su vida, tan temprano que no podía recordar, su mente había estado ocupada con el pensamiento de que Dios era su Padre; y si era su Padre, entonces era el Padre de todos los niños, el Padre de todos los hombres y mujeres de todas partes, por lo tanto la diferencia entre judíos y gentiles, romanos, griegos, edomottes...desaparecía. Cautivos y libres, ricos y pobres, lucían igual ante Dios tanto el uno como el otro, con los derechos de gracia espiritual y salud física. Así Él había llegado a la conclusión de que la manera más fácil de probar algo era actuando con ella. Esto era todo lo que Él había hecho, encontrar la recompensa tan grande que la gente decía que É1 hacía milagros. Él no había hecho milagros; solamente se había probado a sí mismo, y esperaba que otros también lo hicieran, que los recursos del Reino del Cielo eran infinitos.
Pero cuando nos sentamos, fue Él que pensó más en sus problemas. Los avances en la comprensión de cada paisaje eran ahora como monumentos. Llamó mi atención a la belleza de la llanura, diciéndome lo que parecía nuestra vida en el Reino del Cielo. El valle del Jordán del cual Él podía trazar la línea, con la tierra rocosa de Persia al otro lado, se asemejaba al duro camino que nuestra raza había atravesado para alcanzar el actual conocimiento de Dios; la larga fila del Carmel al Oeste, con su abrupta terminación en el mar, marcaba el camino a ese amplio mundo gentil, sobre el cual Él miraba y que significaba el futuro de la fe del hombre. Detrás de nosotros al sur, estaban las montañas de Samaria, con la adusta ciudad de Judea, detrás de ella, el Altar del sacrificio en el que un día ofrecerían el Cordero de Dios.
Y dijo Él: "Mi trabajo aún no ha terminado. Tengo aún muchas verdades que probar, aún nuevas pruebas que hacer. Aún en el Reino del Cielo, progresamos de acuerdo como Dios nos da habilidad.
He curado enfermos, dado vista a los ciegos y perdonado a los pecadores, pero aún no he levantado la muerte ni he enseñado que con su cooperación con el Padre cualquier hijo de Dios puede elevarse aún a pesar de la muerte.
Habiendo conquistado otras cosas, debo conquistar a la muerte, y tú si continúas amándome, lo verás".
Y así, en dulce y confidencial charla, pasa la tarde de aquel extraño sábado. Él no parecía condescender hacia mí sino ser un muchacho como yo. Había algo en Él de juventud eterna. Pudiera haber sido su simplicidad o su inocencia, o tal vez su amor a la vida sencilla o el poder de tomar las cosas como vinieran, sin quejas por el pasado o temores hacia el futuro. Respecto al incidente de aquella mañana en la Sinagoga, Él ni lo mencionó ni pareció entristecerle.
Todo su discurso era acerca de cosas agradables respecto a las cuales Él reta alegremente. Referente a su respeto a la Ley Judía del día Sábado, permanecimos donde estábamos aquella noche, comiendo los restos que habían quedado en la canasta. Es extraño decirlo, pero las sobras que quedaron alcanzaron no solamente para una comida abundante aquella noche sino también para el desayuno del día siguiente.
Durante la noche tibia, me pregunté acerca de mí mismo, escuchando lo poco que yo tenía que decir.
 Nunca olvides  me dijo , que en la Casa de Mi Padre está tu casa. Esto no significa un lugar distante al que llegarás a través del portal de la muerte, sino una casa para tu uso inmediato. Si no la has hallado hasta ahora es porque no la has sabido buscar.
 Pero Señor, no conozco ni sé como hacerlo.
 Recuerda las palabras que Yo hablé só1o hace unos pocos días: "Busca primero el Reino de Dios, y todas las otras cosas, casa, refugio, educación, amor, todas las cosas que un niño necesita, se te darán por añadidura".
 Pero Maestro, ¿habrá alguien en Judea que dé alojamiento a un niño gentil?
 En la Casa de Mi Padre hay muchas mansiones. Existen provisiones para todos. Ya verás, será una casa gentil, tal como la que tú necesitas. Ahora, por amarme y seguirme, estás en la búsqueda del Reino y sus recursos estarán a tu mando"
En la mañana, cuando descendíamos a Cafarnaúm, Él me habló de un capitán romano (Centurión) que se encontraba entre sus amigos.
Sin haberse convertido en un seguidor de la religión de los judíos, este capitán amaba la verdad y só1o a Dios, a quien la religión de los judíos lo habían introducido. É1 también se había convertido en un devoto oyente cuando el Maestro hablaba.
Ahora este hombre es amado por sus propios esclavos, a quienes también Él ama libremente. Sucedió que no hace mucho uno de los sirvientes se enfermó. A su llamada, le dije que iría y lo curaría. Inmediatamente El me respondió: "No soy suficientemente importante para tenerte bajo mi techo. Di tan sólo una palabra y mi sirviente será curado". Ante esto, Yo le dije a la multitud que no había encontrado a nadie en Israel con tanta fe. ¡Ve  le dije al capitán , le encontrarás tal como tú crees! Este hombre, continuó el Maestro  permanece aún en Cafarnaúm. E1 me ama, es mi amigo. Todo lo que yo le pida lo hará por mí lo mismo que por ti".
Entonces comprendí. Mi hogar estaría en la casa del capitán romano. El Reino del Cielo me la procuraba. Pero lo que unos días antes hubiera sido una alegría, ahora era una pena.
  ¡Oh Señor,  lloré  ¿por qué no puedo seguirte y ser tu sirviente?!
 Porque, mi querido muchacho, el Padre lo ha dispuesto así y no de otro modo. Debes crecer en compañía de otros muchachos. Debes conocer el amor y los cuidados de una familia. Debes estudiar y trabajar y tener una larga vida, con hijos y nietos que criar y que te bendigan. En todo lo que tengo que hacer ningún muchacho debe intervenir. Si te ataras a mí, pronto estarías nuevamente solo e insuficientemente protegido. Pero Yo no te abandonaré, Yo no dejaré de llevarte en mi corazón. Si es tu deseo de amarme continuamente, la mejor manera de demostrar tu amor es viviendo la vida que el Padre te ha señalado".
Y así sucedió que yo pasé a formar parte de la familia de Publius Versus Lucillus como un hijo. No es que él no tuviera otros hijos. Tenía 3 hijos y 2 hijas. Habiendo sido recomendado por Jesús de Cafarnaúm, fui bien recibido por todos, vestido, alimentado y educado como un muchacho romano de la mejor familia, aún mejor que de la que yo provenía. Mi única pena fue que cuando a mi padre adoptivo le cambiaron de Cafarnaúm a Tiro, ya no nos enterábamos de lo que el Maestro decía. Por casi cerca de un año en Tiro supimos muy poco de Él, y lo que luego supimos fue peor de todo. Escuchamos que la mayor parte de su tiempo la pasaba en Jerusalén o en las regiones de alrededor. Entonces los judíos complotaron para matarle. Al fin nos dijeron que la cercana Pascua de los hebreos no pasaría sin que Él fuera condenado a muerte por rebelarse contra las autoridades romanas.
Mi padre adoptivo se sintió terriblemente afligido, y teniendo cierta influencia con Poncio Pilatos, el gobernador de Jerusalén, decidió viajar a fin de intervenir y ver qué podía hacer.
Mientras se preparaba a llevar al esclavo que había sido curado, le rogué también me llevara a mí. Así lo hizo porque me amaba, y así con soldados y sirvientes, partimos. Dondequiera que nos deteníamos en las noches, hacíamos preguntas acerca de la suerte de Jesús de Cafarnaúm, pero no fue hasta que llegamos a Betania, en las afueras de Jerusalén, que nos enteramos que había sido crucificado el día anterior.
No diré nada de nuestra pena.
Llegando a la ciudad, mi padre adoptivo se entrevistó con Pilatos el gobernador, al cual increpó amargamente. Después de eso se echó a tierra negándose a alimentarse. Estando yo solo, recorrí la ciudad, tratando de obtener toda la información posible acerca del fin de mi Maestro.
Me dirigí a la montaña del Calvario, donde confirmé la existencia de las tres cruces vacías que aún permanecían en el lugar de las Calaveras, que es el nombre que se le da al lugar por su forma. Cerca de allí, había un jardín donde me dijeron había sido Él enterrado. Encontré una tumba, donde me eché a llorar.
Era ya casi de noche, y debería haber retornado a la posada donde estábamos alojados, pero me era imposible moverme del lugar Sagrado. Como estaba acostumbrado a dormir bajo las estrellas, no tenía miedo ni preocupación de que tuviera que comer. Encontraba algún consuelo permanecer cerca de aquella amada forma, aunque se encontraba escondida a la vista, pues estaba cubierta con una roca.
La manera judía de enterrar difiere algo a la nuestra, ya que hacen una cámara en la roca que generalmente es una sola. De esta manera, se forma una puerta que se abre hacia arriba desde el suelo. Este portal curvo es tan exactamente ajustado, que cuando cierra es una sola cosa compacta. Arrojándome sobre la roca permanecí llorando.
Ya era de noche, y la luna brillaba entre los olivos, cipreses y cedros. Yo había parado de llorar y permanecía tranquilo. No estaba asustado.
Tenía una ligera noción de lo desacostumbrado. En mis pensamientos de Jesús de Cafarnaúm, había habido siempre tanta luz que no me parecía extraño que Él pudiera dar semejante luminosidad (resplandor) aún en su tumba. La única reflexión que me hice es que si más tarde contaba a alguien lo que había visto nadie me creería. Creerían que había estado soñando.
Dudando, si no sería el caso, hice las cosas desacostumbradas que hace la gente para asegurarse a sí mismas que están despiertas. Recogí algunos pedacitos de piedra que estaban en el suelo y que habían quedado cuando habían hecho la puerta, y los guardé en mi bolsa. Estas son las piedras que guardé en el relicario dorado que todos mis niños recordarán. Las guardé una por una para tener algo que decirme, aunque no mucho, de que estaba consciente al atestiguar maravillas, y que no estaba soñando.
Aún continuaba tratando de convencerme a mí mismo de que estaba despierto cuando aún una maravilla más grandiosa me llamó la atención. Por un espacio no mayor que de dos dedos de ancho, la puerta del sepulcro se bajó suavemente. Permaneciendo fija por algunos minutos, se volvió a cerrar.
Si yo hubiera estado en la parte de encima de la roca en lugar de estar al pie, hubiera podido atisbar adentro. Pocos minutos después, esto se repitió, permaneciendo abierta la puerta casi del ancho de una mano.
Mientras esto sucedía, la luz que había visto a través del intersticio era más fuerte y no se movía, como si no fuera ninguna luz terrestre. El movimiento era sin ruido, como si alguien poseedor de una tremenda fuerza moviera la piedra.
A la cuarta oportunidad, la puerta permaneció abierta por lo menos dos codos, y si es que yo hubiera estado de pie, hubiera podido mirar fácilmente detrás de ella. Yo permanecía postrado en el césped, sorprendido y excitado pero muy intimidado para poder participar lo que pronto me sería revelado. Pero en esta cuarta vez la puerta no se volvió a cerrar. Balanceándose en su base, finalmente, suavemente, sin ruido, cayó delante de mí en el césped.
Y allí yacía Él, mi Jesús de Cafarnaúm, alto, derecho, con envolturas blancas; sus facciones escondidas por una mortaja. Aún para un muchacho, yo tenía entonces 14 años, la majestad de Su Presencia estaba realzada por el misterio y la soledad de la tumba. Este era el sepulcro de la soledad eterna en el cual la agitada vida del hombre pasa a la paz, mientras que el cuerpo vuelve a su origen de polvo. Excepto por esta Revelación, que no sabía por qué razón me había sido hecha, Jesús de Cafarnaúm permanecería allí en el corazón de la roca mientras que pasaran los años y el alboroto de nuevas épocas. Su nombre sería borrado, pero, ¡qué grandeza había en ese destino!
Todo lo que podía pensar es que la adorada forma permanecía a dos o tres codos de mí dentro de la impenetrable piedra.
Si me hubieran permitido dar una última mirada a la cara y los ojos de Aquel que nunca me miró de otra manera que con amor, me hubiera parecido que mi pena hubiera sido más ligera. Pero todo había pasado. A1 día siguiente partiríamos hacia Tiro y de allí a España o Bretaña, donde las fuerzas romanas apuntaban.
Este incidente pasaría, y nunca más en mi vida volvería a ver a mi amado Jesús de Cafarnaúm.
Así en silente pena pasó aquella noche. No dormí ya que no tenía deseos de hacerlo. Todo mi consuelo era saber que yo estaba allí cerca de Él, a pesar de que se había ido tan lejos. Yo permanecía sentado en el césped y tan cerca de la tumba que en cualquier momento podía tocarla, mientras la luna pascual me iluminaba.
Pronto se cubrió la luna. El jardín se cubrió de sombras. Los sicomoros y cipreses que se destacaban claramente, ahora casi no se veían. Sabía que pronto iba a amanecer a pesar de que aún no se veían signos de ello.
Por estas razones, un débil rayo de luz que marcaba la línea donde se hallaba la puerta del sepulcro, se hacía más notorio. Era tan notorio como un rayo de luz que puede ser visto alrededor de una puerta cerrada en una habitación oscura donde haya una vela encendida al otro lado. No puedo decir cuándo me di cuenta de esto. Sin embargo, me pareció que había estado así toda la noche, que mi corazón lo había percibido a pesar de que mis ojos no se habían dado cuenta. El espíritu libre del tormento y la futilidad, libre de dolor para siempre. Mientras trataba de encontrar una razón para que me hubiese permitido ver lo que había visto, pensaba que era como un acto bondadoso en compensación por lo que antes se me había negado compartir los últimos días con el hombre que yo amaba. Me iba a ser concedido al fin verlo a Él. No podía adivinar qué gran poder místico me otorgaba este favor, aún la ayuda de Dios, el que me era desconocido excepto como Padre de Jesús de Cafarnaúm. Existían grandes poderes místicos detrás de toda esta Revelación. Sin embargo, esta gracia había sido otorgada, así que permanecí postrado, tratando de observar bien todos los detalles de la tumba de modo que nunca se me olvidaran. De pronto, la gran piedra que servía de puerta se cerró nuevamente y el resplandor de luz desapareció con la luz del día.
Luego a través de la mortaja, vi levantarse una mano. De repente, se levantó y volvió a caer. Volvió a levantarse y volvió a caer. Era un movimiento dentro de las mortajas, suave, débil, como se ve a veces en los niños antes de que se despierten. Luego por unos largos minutos, no hubo nada, sólo la figura rígida envuelta en el sudario blanco. Llegué a la conclusión de que cualesquiera fueran las fuerzas que obraban en este sepulcro, no eran ordenadas por un deseo. La fuerza estaba luchando con la fuerza, lo nuevo imponiéndose a lo antiguo, era una prueba de fortaleza. En los minutos siguientes empecé a ver un conjunto de nuevas energías, que resultaron en nuevos logros. Luego fue una mano libre. Se liberó fácil y graciosamente, sin signos de haber forcejeado, pero con movimientos tan rápidos imposibles de seguir por mí.
Luego nuevamente todo se calmó, mientras que la mano permanecía libre entre la mortaja, larga, delgada, bronceada a pesar de la palidez, como tantas veces yo la había visto, pero con una gran herida cicatrizada encima y en la palma que parecía la marca de un clavo de madera. Que esta herida hubiera cicatrizado tan rápido era algo sorprendente. Sólo el temor me detenía a agarrar su mano y besarla.
De pronto, se movió. Se movió pausadamente hasta que de repente se quitó la tela que cubría el rostro. Realizó esto como si estuviera impelida por un poder ajeno a la mente. Las amadas formas, ahora descubiertas, estaban tranquilas y mucho más jóvenes de lo que yo recordaba. Volteé suavemente, recortándose claramente la crecida barba ondulada del color del oro en el que hubiera una fuerte aleación de cobre, conduciendo su testimonio a su fuerza natural. Eran los rasgos de alguien a quien los negros poderes no pudieron, como puedo apreciar ahora, retener entre sus garras.
Está por demás decir que yo observaba casi sin respirar.
Permanecí mirando durante mucho tiempo. Fue por tanto largo tiempo que pude ver su cara, que al fin me puse a pensar sobre mis extraños privilegios, pronto amanecería y con la aurora del sepulcro se volvería a cerrar. Continuaría mí camino hacia Tiro, Roma o dondequiera me estuviese destinado el futuro, pero nunca olvidaría que el Padre de Jesús de Cafarnaúm me había permitido ver el rostro de su Hijo muerto.
Pero mientras pensaba todo esto, pude observar un ligero movimiento en uno de sus párpados. Luego hubo una crispación en sus labios. Sus ojos se abrieron como los de un niño recién nacido. Al principio parecía que no veían nada, sólo miraban. Parecía como si observaran sabiamente, como si estuvieran juzgando lo que ellos veían pero desde otro nivel de observación que el nuestro. Eran de color azul, de ese intenso azul mar de los más ricos zafiros que casi negros. Por un momento creí que si me miraba tal vez Él ya no me reconocería.
Cuando se fijó en mí, fue como la mirada vaga de un niño. Al fin hubo una sonrisa. Fue lentamente pero nunca había sido tan radiante. Pensé que nunca a nadie en el mundo se le había concedido semejante sonrisa:
  ¡Maestro, Maestro!,  grite  Mi querido muchacho,  fue la respuesta  Es muy dulce para mí saber que estás aquí.
Bajo las envolturas yo podía observar a la otra mano tratando de zafarse.
  ¡Maestro!  le rogué , ¿no puedo ayudarte?
 No, querido niño, esta es una labor que debo efectuar Yo solo. Para conquistar la muerte no debo recibir ninguna ayuda, tan sólo la de mi Padre. Si lo hiciera, gran parte de su significado desaparecería de mi labor.
 Pero, ¿cuál es su significado, Señor?
 Probar a mis hermanos que no existe la muerte. Decírselo no sería suficiente. Debo mostrárselo usando los poderes de los cuales me ha dotado el Padre. Aún así, muchos de ellos no me creerán. Me han visto en la cruz, me observaron cuando morí; observaron cuándo manos amorosas me enterraron. Sin embargo, muy pocos de ellos aceptarán el hecho de que resucitado estoy, aún cuando me vean y hablen conmigo como tú lo estás haciendo ahora.
Esto yo podía entenderlo escasamente. Este hombre, pensaba yo, no puede haber estado muerto, en el sentido que yo entiendo la muerte. Sus ojos brillaban, sus labios sonreían, su voz se escuchaba con la fuerza de un ser activamente vivo.
¿Cómo podía Él haber estado muerto cuando estaba aquí tan vitalmente vivo?
 Si no hubiera transpuesto el cambio al que llamamos muerte, Yo no podría haber demostrado que poseo todas las facultades de la vida. Pronto verás que Yo poseo más conocimientos que los que hasta ahora habías sabido que poseo. Mis hermanos han temido la muerte. Yo mismo me he evadido de ella. Esto se ha debido a que Yo comprendí un poco mejor de ellos. Ahora que Yo la he transpuesto y he regresado, lo puedo mostrar como un logro del Reino de Dios que aquí lo medimos parcialmente.
De pronto, se levantó y se sentó. Hizo esto con la destreza de un atleta, con todos sus músculos bajo su mando. Sentado allí se encontraba tan cómodo como si estuviera en un si11ón en su cuarto. Recogió la envoltura que le había cubierto el rostro y que había caído al suelo del sepulcro, la dobló y la colocó en un rincón de la tumba cerca de donde estaba una piedra que le había servido de almohada. Mientras hacía esto, continuaba hablando suavemente con palabras sencillas de manera que yo que era un muchacho pudiera entender.
 Si este gran triunfo del hombre sobre la muerte fueran tan sólo en beneficio mío, no habría valido la pena. Engrandecerme a mí mismo no ayudaría a mis hermanos. Lo que esto significa es que deben comprender que lo que yo he hecho también lo pueden hacer ellos. No es necesario para ellos pasar por los sufrimientos del dolor y de la tumba para alcanzar el siguiente paso; ellos pueden en el momento oportuno emigrar a su propia voluntad, como hacen los pájaros volando hacia el norte y hacia el sur. Mi labor era enseñarles que esto puede ser hecho.
 Pero, Maestro,  tuve la temeridad de objetar  no veo cómo puede ser hecho, aunque veo que tú lo has hecho.
Su sonrisa fue de una penetrante dulzura.
 Mi querido muchacho  dijo El , no cómo se puede hacer sino cómo se debe hacer. Yo he demostrado que se puede hacer. Cómo se puede hacer toca a cada uno descubrirlo por sí mismo. Vive sencillamente y sin pecado, cura a los enfermos, evita la maldad. Aquel que efectúa este deseo apartará la vida del tiempo y se pondrá los años como un hombre aparta un manto usado y se viste con uno más glorioso.
 Pero Señor,  murmuré , ¿podrá algún hombre después que Tú efectuar algo semejante?
 Tal vez no en mil años, como es el tiempo contado en el mundo de los mortales. Los hombres en número creciente aplaudirán el ejemplo que yo les doy pero no intentarán seguirlo. Esto implica no pecar o permanecer casi sin pecar, por lo que hombres y mujeres permanecerán sin despertar los poderes que están dormidos en ellos y que seguirán dormidos durante muchos años más. Por años y años por venir, los buscadores de la verdad se esforzarán para encontrar el camino escondido por un velo, sin mucha eficiencia, avanzando aquí y perdiendo terreno por allá, pero haciendo muy pocos progresos en todas partes. Rechazarán mi camino porque es muy difícil, pero para esa época nuevas razas e hijos de Dios habrán nacido. Ellos entonces retornarán a lo que tú, querido muchacho, estás deseando esta mañana.
Ellos verán al fin por una vez y para siempre el experimento que he hecho y se dedicarán a estudiarlo. No es necesario explicarlo, ya que todo, excepto los pecadores, no solamente amarán a Dios sino que lo comprenderán.
Aún mientras hablaba, comencé a observar un cambio en Él. Hasta aquí había sido Jesús de Cafarnaúm tal como yo lo había conocido. Tan sólo ligeras diferencias como aquellas que se pueden observar en una persona a quien se ha conocido enferma y luego se le ve bien, pero no, era más que eso. Ahora. Él empezó a brillar como si sus vestiduras fueran una luz en lugar de aquellas mortajas que los mortales ponen a sus muertos. No era ni fuego ni llamas ni nada que estuviera encendido, era más bien como una propia iluminación. Sin embargo, Él continuaba rectamente y hablándome.
 De todas las cosas escucha bien esto, querido muchacho. No es el conocimiento acerca del Padre lo que probará la Vida Eterna, es conocerlo a Él. Comprendiéndole tendrás en las manos parte de Su Poder. Podrás dirigir tu vida, liberarte de las tiranías de las cosas y las circunstancias. Para mí que he sido portador de la voluntad del Padre, todo el poder es dado en el Cielo y en la Tierra. A ti se te dará en igual forma, de acuerdo a la medida de tu obediencia.
Lo que ocurrió al día siguiente no lo vi, a pesar de que estaba mirando. Fue algo tan rápido y trascendental para mis ojos, imposible de seguirlo. El abandonó la tumba. Permaneció de pie delante de mí.
Entre el intervalo que sucedió mientras se sentó a hablarme y aquél en que más bien permaneció sobre mí, mis ojos al nivel de sus pies, no hubo, por lo que yo pude juzgar, el menor intervalo de tiempo. Pero allí estaba Él, como le había visto moverse en el pasado, sólo en pie de luz. De pie y radiante estaba vestido de luz. En la tumba las mortajas yacían abandonadas. La tela de la cara estaba envuelta y aparte, tal como É1 la había dejado. Alto, derecho, majestuoso, pero amoroso y bondadoso más allá de toda comprensión. Permaneció de pie delante mío como en un ropaje de rayos de sol.
 Mi querido muchacho  me dijo  me has seguido con mucho afecto, ahora haré lo mismo contigo. Tú no me verás, pero Yo estaré allí, ayudándote a través de una larga vida que te traeré alegría y cuidados. Siempre recuerda que nunca te dejaré ni te abandonaré.
Y así mientras yo me arrodillaba con mis manos entrelazadas mirándole en éxtasis, mis ojos ya no pudieron seguir observando la visión. La belleza era muy grande, la luz radiante muy intensa. Me sentía incapaz. Él se había convertido en algo muy glorioso.
En el jardín todo estaba oscuro, con los albores de la aurora.
No había luz de la tumba ni yo tenía compañía. Más aún, dos guardias romanos que parecía habían estado cerca durmiendo después de haber bebido mucho, se despertaron y comenzaron a maldecir. Aproveché que no me veían y desaparecí.
Cerca de la reja del jardín me crucé con tres mujeres que entraban. Escuché a una decirle a las otras: "Hemos traído las especies, los ungüentos y la tela de lino, pero, ¿quién nos moverá la puerta del sepulcro? Escondido detrás de un sicómoro esperé hasta que ellas se hubieran ido.
Cuando le dije a mi padre adoptivo lo que había visto me dijo que lo mantuviera en secreto ya que él había oído rumores en la Corte de Pilatos de que algo estaba pasando. Las noticias eran que el cuerpo había sido robado mientras los soldados dormían y el gobernador temía un escándalo. Así ambos guardamos silencio y creyendo él que Jesús de Cafarnaúm estaba muerto más allá de la resurrección.
Mi padre adoptivo decidió que debíamos partir ese mismo día hacia Tiro. Luego fuimos transferidos de Tiro a Roma, luego a la Colonia Grippina en el Río Rhin, de allí a Londinium en la provincia de Bretaña. Aquí murió mi padre adoptivo, yo ya era un joven y me casé con una inglesa. Todos mis negocios estaban en esta parte distante del Imperio, y no volví a escuchar más de Jesús de Cafarnaúm hasta el otro día. Luego, es extraño decirlo, un anciano vagabundo, vino a nuestro pueblo llevando lo que él llamaba un Evangelio. Su nombre era José, del pueblo de Arimatea, en la ciudad judía. El había viajado todo esto para llevar este mensaje de pueblo en pueblo: "que un hombre había resucitado de la muerte".
A1 fin lo vi y le pregunté: "¿Podría ser que Aquel del cual Vd. habla es Jesús de Cafarnaúm?". El mismo me respondió: "¿Ha escuchado Vd. de Él?". "No solamente he escuchado hablar de Él y no solamente le he conocido sino que en un jardín de la ciudad judía de Jerusalén, tres días después de su muerte, tal como los judíos cuentan el tiempo, lo he visto mientras..."
(Pero aquí se rompe el manuscrito.)