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viernes, 22 de enero de 2010

Marvin Harris: jefes, cabecillas y abusones -2-


Richar Lee nos cuenta cómo se percató de esteaspecto de la reciprocidad a través de un incidente muy revelador. Para complace a los !kung, decidió comprar un buey de gran tamaño y sacrificarlo como presente. Después de pasar varios días buscanddo por las aldeas rurales bantúes el buey más grande y hermoso de la región, adquirió uno que le parecía un espécimen perfecto. Pero sus amigos le llevaron aparte y le aseguraron que se había dejado engañar al comprar un animal sin valor alguno. "Por supuesto que vamos a comerlo", le dijeron, "pero no nos vas a saciar, comeremos y regresaremos a nuestras casas con rugir de tripas". Pero cuando sacrificaron la res de Lee, resultó estar cubierta de una gruesa capa de grasa. Más tarde sus amigos le explicaron la razón por la cual habían manifestado menosprecio por su regalo, aun cuando sabían mejor que él lo que había bajo el pellejo del animal.

Si, cuando un hombre joven sacrifica mucha carne llega a creerse un gran jefe o un gran hombre, y se imagina al resto de nosotros como servidores o inferiores suyos. No podemos aceptar esto, rechazamos al que alardea, pues algún día su orgullo le llevará a matar a alguien. Por esto siempre decimos que su carne no vale nada. De esta manera atemperamos su corazón y hacemos de él un hombre pacífico.

Lee observó a grupos de hombres y mujeres regresar a casa todas las tardes con los animales y las frutas y las plantas silvestres que habían cazado y recolectado. Lo compartían todo por igual, incluso con los que sehabían quedado en el campamento o habían pasado el día durmiendo o reparando sus armas o erramientas.

No sólo juntan las familias la producción del día, sino que todo el campamento, tanto reincidentes, como visitantes, participan a partes iguales del total de comida disponible. La cena de todas las familia se compone de porciones de comida de cada una de las familias residentes. Los alimentos se distribuyen crudos o son preparados por los recolectores y repartidos después. Hay un trasiego  constante de nueces, bayas, raíces y melones de un hogar a otro hasta que cada habitante ha recibido una porción equitativa. Al día siguiente son otros los que salen en busca de comida, y cuando regresan al campamento al final del día, se repite la distribución de alimentos.

Lo que Hobbes no comprendió fue que en las sociedades pequeñas y preestatales redundaba en interés de todos mantener abierto a todo el mundo el acceso  al habitat natural. Supongamos que un !kung con un ansia de poder como la descrita por Hobbes se levantara algún día y le dijera al campamento: "A partir de ahora, todas estas tierras y todo lo que hay en ellas es mío. Os dejaré usarlo, pero sólo con mi permiso y a condición de que yo reciba lo más selecto de todo lo que capturéis, recolectéis o cultivéis." Sus compañeros, pensando que seguramente se habría vuelto loco, rcogerían sus escasas pertenencias, se pondrían en camino y,cuarenta o cincuenta kilómetros más allá, eregirían un nuevo campamento para reanudar su vida habitual de reciprocidad igualitaria, dejando al hombre que quería ser rey ejercer su inútil soberanía a solas.

Si en las simples sociedades del nivel de las bandas y las aldeas existe algún tipo de liderazgo político, éste es ejercido por individuos llamados cabecillas que carecen de poder para obligar a otros a obedecer sus órdenes. Pero, ¿puede un líder carecer de poder y aun así dirigir?                                                                                                                                             

Marvin Harris: Jefes, cabecillas y abusones -1-


Malvin Harris es considerado uno de los antropólogos más prestigiosos e influyentes siendo él, el máximo exponente del "materialismo cultural".
Con la valiosa experiencia adquirida en sus investigaciones en pueblos y sociedades de distintos continentes, ha publicado dieciséis libros que han sido traducidos a más de doce lenguas. En sus textos combina el rigor científico y una exposición ágil que hace su lectura amena y accesible.

JEFES,CABECILLAS Y ABUSONES

¿Había vida antes de los jefes?

¿Puede existir la humanidad sin gobernantes ni gobernados? Los ffundadores de la ciencia política creían que no. "Creo que es una inclinación general en todo género humano, un perpétuo y desazonnador deseo de poder por el poder, que sólo cesa con la muerte", declaró Hobbes. Este creía que, debido a este innato anhelo de poder, la vida anterior (o posterior) al Estado constituía una "guerra de todos contra todos", "solitaria, pobre, sórdida, bestial y breve". ¿Tenía razón Hobbes? ¿Anida en el hombre una insaciable sed de poder que, a falta de un jefe fuerte, conduce, inevitablemente a una guerra de todos contra todos? A juzgar por los ejemplos de bandas y aldeas que sobreviven en nuestros días, durante la mayor parte de la prehistoria nuestra especie se manejó bastante bien sin jefe supremo, y menos aún ese todopoderoso y leviatánico Rey Dios Mortal de Inglaterra, que Hobbes creía necesario para el mantenimiento de la ley y el orden entre sus díscolos compatriotas.

Los Estados modernos organizados en gobiernos democráticos prescinden de leviatenes hereditarios, pero no han encontrado la manera de de prescindir de las desigualdades de riqueza y poder respaldadas por un sistema penal de enorme complejidad. Con todo, la vida del hombre transcurrió durante treita mil años sin necesidad de reyes ni reinas, primeros ministros, presidentes, parlamentos, congresos, gabinetes, gobernadores, alguaciles, jueces, fiscales, secretarios de juzgado, coches patrulla, furgones celulares, cárceles ni penitencierías. ¿Cómo se las arreglaron nuestros antepasados sin todo esto?

Las poblaciones de tamaño reducido nos dan parte de la respuesta. Con 50 personas spor banda o 150 por aldea, todo el mundo se conocía intimamente, y así los lazos del intercambio recíproco vinculaban a la gente. La gente ofrecía porque esperaba recibir y recibía porque esperaaba ofrecer.
Dado que el azar intervenía de forma tan importante en la captura de animales, en la recolecta dealimentos silvestres y en el éxito de las rudimentarias forms de agricultura, los individuos que estaban de suerte un día, al día siguiente necesitaban pedir. Así, la mejor manera de asgurarse contra el inevitable día adverso consistía en ser generoso. El antropólogo  Richard Gould lo expresa así: "Cuanto mayor sea el índice de riiesgo, tanto más se comparte." La reciprocidad es la banca de la sociedades pequeñas.

En el intercambio recíproco no se especifica cuánto o qué exactamente se espera recibir a cambio ni cuándo se espera conseguirlo, cosa que enturbiaría la calidad de la transacción, equiparándola al trueque o a la compra y venta. Esta distinción  sigue subyaciendo en sociedades dominadas por otras formas de intercambio, incluso las capitalistas, pues entre parientes cercanos y amigos es habitual dar y tomar en forma desinteresada y sin ceremonia, en un espíritu de generosidad. Los jóvenes no pagan con dinero por sus comidas en casa o por el uso del coche familiar, las mujeres no pasan factura a sus maridos por cocinar, y los amigos se intercambian regalos de cumpleaños y Navidad. No obstante, hay en ello un lado sombrío, la expectativa de que nuestra generosidad sea reconocida con muestras de agradecimiento. Allí donde la reciprocidad prevalece reaalmente en la vida cotidiana, la etiqueta exige que la generosidad se de por sentada. Como descubrió Robert Dentan en sus trabajos de campo entre los semais de Malasia central, nadie da jamás las gracias por la carne recibida de otro cazador. Después de arrastrar durante todo un día el cuerpo de un cerdo muerto por el calor de la jungla para llevarlo a la aldea, el cazador permite que su captura sea dividida en partes iguales que luego distribuye entre todo el grupo. Dentan explica que expresar agradecimiento por la ración recibida indica que se es el tipo de persona mezquina que calcula lo que da y lo que recibe. "En es contexto resulta ofensivo dar las gracias, pues se da a entender que se ha calculado el valor de lo recibido y, por añadidura, que no se esperaba del donante tanta generosidad." Llamar la atención sobre la generosidad propia equivale indicar que otros están en deuda contigo y que esperas resarcimiento. A los pueblos igualitarios les repugna sugerir siquiera que han sido tratados con generosidad.

Cuándo debe emplearse la escucha activa


Si bien la escucha activa es un poderoso instrumento para ayudar a las personas cuando tienen un problema, puede resultar contraproducente e irritante si se utiliza inadecaudamente.

EMPLEE LA ESCUCHA ACTIVA CUANDO:

-Usted obtiene claves verbales y no verbales de que la otra persona quizá tiene un problema o una necesidad insatisfecha.
-Desea verdaderamente ayudar y el momento y la ocasión son oportunos.
-Se siente que acepta al otro sin inquietarse ni preocuparse por el problema o las claves de la otra persona.
-Se siente suficientemente "independiente" de la otra persona, de manera que cualquier solución que ella proponga a su problema resultará aceptable para usted.
-Es usted capaz de atender de cerca a las inquietudes del otro (ninguno de los problemas de usted es tan urgente que le impida la conncentración sobre el problema de la otra persona).

NO EMPLEE LA ESCUCHA ACTIVA CUANDO:

-Usted no tiene claves ni indicios.
-Usted no desee ayudar en un caso particular, porque no le interesa, tiene prisa, está ocupado.
-El comportamiento de otro es inaceptable para usted. Usted está irritado o se siente herido por él (especialmente si ese comportamiento es el tema de la discusión o diálogo).
-Le preocupa a usted que la otra persosna llegue a la solución "acertada" de su problema. (La escucha activa tendería a estar contaminada por impulsos que usted daría en la dirección de la solución "acertada").

jueves, 21 de enero de 2010

Colaciones: ¿cuáles son las más recomendables?



Una pequeña cantidad de alimento entre comidas,
pero que sea de calidad...
*Por Perla Xochitl León Flores


Seguramente más de una vez en tu vida diaria has sentido, a eso del medio día, un hueco en el estómago, que se vuelve más intenso cuando sabes que falta todavía mucho tiempo para la hora de la comida. Esto te hace correr a comer lo primero que encuentras y que muchas veces no es lo más saludable para ti.

Déjame continuar con esta historia. Estás a dieta o cuidando tu peso y quizás decidas esperar y aguantarte el hambre hasta la hora de la comida con tal de que se refleje este esfuerzo tan grande en la báscula, pero llegando apenas a la mesa te comes todo lo que está a tu alcance… oh, oh!!!!

De acuerdo a recomendaciones hechas por el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición, Salvador Zubirán, una alimentación saludable consiste en consumir tres comidas principales y, si es posible, hacer dos colaciones. 

El término de colaciones se refiere a pequeñas porciones de alimentos que contengan hidratos de carbono complejos, proteínas y grasas, cuyo valor calórico sea aproximado a un 10-15% del total de la dieta. Deben ser consumidas a media mañana y a media tarde, entre los intervalos de cada comida principal.
Descifremos lo anterior, los hidratos de carbono complejos son los panes y cereales integrales, verduras y leguminosas (frijol, haba, lenteja), es decir, alimentos con gran contenido de fibra que además de proveernos de energía para realizar nuestras actividades, contribuyen a mejorar la función intestinal evitando el estreñimiento. 

Las proteínas, son nutrimentos que colaboran, entre otras cosas, con la generación de tejidos nuevos y con la formación de defensas de nuestro sistema inmunológico. Las encontramos principalmente en alimentos de origen animal. Es fundamental elegir la calidad de éstas para evitar un sobreconsumo de grasa, particularmente la saturada que es perjudicial para nuestro organismo.

Algunos ejemplos de alimentos con proteínas son: la carne de res magra, pollo, huevo, leche, queso, salchicha, jamón de pavo y pescado. Y finalmente, las tan temidas grasas!!, que realmente no son “malas” si escogemos adecuadamente la calidad y cantidad de ellas.

Las grasas son importantes pues se utilizan para la formación de hormonas y como aislante térmico para protegernos contra el frío. Debemos evitar las de tipo saturadas (manteca, chicharrón, tocino, etc.) ya que están relacionadas con enfermedades cardiovasculares y preferir las insaturadas, que se encuentran en aceites vegetales y de pescado, granos oleaginosos (nuez, cacahuate, pepitas de calabaza, almendra, avellana), aguacate, etc.

Un análisis de la Tercera Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de Estados Unidos que realizó la Universidad de Michigan mostró que una frecuencia de tres comidas y dos colaciones al día se relaciona con una menor ingesta de grasa, colesterol y sodio, que son nutrimentos desfavorables para la salud; y con un mayor consumo de nutrimentos benéficos (ácido fólico, vitamina C, calcio, magnesio, hierro, potasio y fibra). 

En otro estudio publicado en la British Journal of Nutrition dos dietas experimentales fueron seguidas por el lapso de dos semanas. Se comparó una dieta con seis comidas al día y otra con tres o menos comidas al día. El resultado fue una disminución en las concentraciones de Colesterol total y Colesterol LDL (o colesterol malo) en los individuos que tenían mayor frecuencia de comidas al día.

La importancia de incluir las colaciones en la alimentación diaria radica en que nuestro organismo debe regular los niveles de azúcar en la sangre, y al mantener constantes estos niveles el cerebro recibe las señales de saciedad y por lo tanto produce esa sensación de bienestar que se refleja en un mejor estado de ánimo, mayor creatividad y mejor rendimiento en el trabajo o en las actividades diarias.

Se deben establecer horarios para nuestras comidas de manera que entre cada alimento haya un intervalo de tres a cuatro horas, si se alargan estos tiempos se produce una baja de glucosa (azúcar), apareciendo fatiga, irritabilidad, dolor de cabeza, etc. Y finalmente provocando que se coma en abundancia y desordenadamente.

Las colaciones forman parte de un estilo de vida saludable, pues al escoger nuestros alimentos de calidad y cantidad adecuadamente, con horarios establecidos, aunado a hábitos como el ejercicio constante, nos aseguramos de obtener una mejor nutrición, que se reflejará en una buena calidad de vida. 

Sugerencias importantes:

1. Planifica tus colaciones para la semana, anótalas y, basándote en ellas, cómpralas o prepáralas.
2. Compra frutas variadas e ingiere cada día una fruta diferente.
3. Evita alimentos con gran cantidad de grasa y azúcar que lo único que hacen es llenarte y no te aportan calidad de nutrimentos.
4. Un paquete de papas fritas contiene gran cantidad de grasas y sal, y aporta alrededor de 550 kcal mientras que una fruta fresca aporta entre 60 a 80 kcal más vitaminas y fibra.
5. Las galletas simples son más saludables que aquellas con relleno (por su alto contenido en grasa y azúcar).

Ejemplos de colaciones:
    ¿Qué nos conviene?     ¿Qué evitar?

*Una quesadilla al comal con champiñones y una cucharadita de aguacate.
*Ensalada de lechuga, pepino y papa con limón y una cucharadita de aceite de oliva.
*Tostada horneada con una cucharada de guacamole y lechuga al gusto.
*Tres tazas de palomitas preparadas con una cucharadita de margarina.
*Verduras al vapor con una cucharadita de aguacate y cuatro galletas integrales.
*Calabacitas con jitomate al gusto, con dos cucharadas de queso cottagge.
*Un taco de ensalada de nopales al gusto y tres cucharadas de queso panela.
*1/2 taza de fruta con queso cottagge.
*Yogurt descremado con 1/2 taza de cereal integral sin azúcar.
*Yogurt descremado con manzana picada.
*Barra de cereal (baja en grasa y azúcar).
*Zanahoria o pepino o jícama rallada con chile y limón.
*Rollito de pan con jamón y queso.
*Barra de amaranto.
*4 galletas habaneras integrales o Marías.
*1/2 Sandwich con crema de cacahuate.
*Tamal o torta de tamal con atole.
*Pastelito con café.
*Una bolsa de frituras (como chicharrón, papas fritas, etc.).
*Pan dulce.
*Chocolates o dulces.
*Galletas rellenas.
*Helado y nieves.
*Alimentos fritos (quesadillas  y sopes fritos).
*Tacos grasosos como: al pastor, suadero, etc.
*Cafés muy preparados (capuchino, moka, vainilla).
*Yogurt con fruta, granola y miel.
*Fruta con chantilly.
*Jugos tanto naturales como embotellados.
*Cacahuates, nueces, almendras en gran cantidad.
*Papas a la francesa, nachos.

*Lic. Nut. Perla Xochitl León Flores

Ciudad de México rescata la medicina tradicional indígena


Ciudad de México rescata la medicina tradicional indígena.

Agencia EFE

Médicos y curanderos presentaron hoy -14 de enero- en Ciudad de México un programa de recuperación de la terapéutica indígena y herbolaria de la zona, una tradición de origen prehispánico aún poco aprovechada, con la que, según coincidieron los expertos, la cultura de este país tiene una deuda.

Además de promover su investigación y el papel de los sectores sociales dedicados a ella, el proyecto "Recuperación de la Medicina Tradicional y Herbolaria de la Ciudad de México" pretende, por ejemplo, atender también mediante estas terapias la obesidad infantil, uno de los principales problemas sanitarios del país.

"La medicina tradicional indígena se encuentra absolutamente desaprovechada oficialmente, aunque sí sea aprovechada por la población, y esto constituye un atraso para México", señaló a Efe Carlos Zolla, lingüista y especialista en antropología médica, además de autor de varios libros sobre el tema.

Esta mañana el Gobierno Federal anunció la creación de un Instituto Nacional de Medicina Complementaria, que ofrecerá tratamientos como la homeopatía, la acupuntura o la herbolaria, que, en palabras del secretario de Salud, José Ángel Córdova, "cuentan con una gran tradición en México".

A este respecto, Zolla matizó a Efe que se debe distinguir, tal y como la Organización Mundial de la Salud (OMS) hace, "entre medicina tradicional y complementaria" , ya que situar técnicas como la quiropráctica al mismo nivel que las tradiciones indígenas "sería un error conceptual".

Un gran tlamanalli, una ofrenda indígena a los cuatro elementos del cosmos compuesta de maíz, rosas, salvia, romero y albahaca, mostraba, a la entrada del capitalino Teatro del Pueblo, la fe de la medicina tradicional mexicana en las plantas, a las que atribuye principios activos capaces de eliminar las toxinas del organismo.

La flora de México, explicó Zolla, es "una de las primeras del mundo" en cuanto a diversidad de especies medicinales, pero la legislación para proteger su cultivo ha sido "paupérrima y tardía".

La secretaria capitalina de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades, María Rosa Márquez, aseguró que la herbolaria mexicana "evoluciona sin perder su valor a pesar de todos los intentos por desprestigiarla" , después de que Inocencio Morales, otro de los ponentes, denunciara que le han tachado de "charlatán" por conocer las plantas medicinales.

Márquez recordó, además, que la mayoría de la población indígena del país carece de acceso a la Seguridad Social.

En este sentido, Zolla indicó a Efe que una de las claves de la medicina tradicional es "su cercanía cultural a la población mexicana".

Según el antropólogo, el modelo de relación entre médico y paciente que proponen estas terapias, que definió como fundamentales para el patrimonio latinoamericano, o su "dimensión de lo emocional", también tienen mucho que aportar a la medicina occidental.

En México, con una población de 107 millones, hay unos 12 millones de indígenas, muchos en condiciones de marginación y pobreza.


-14 de enero dato agregado por el administrador del blog



Myers


MYERS Y LA PSICOLOGÍA CIENTÍFICA

Josep María Soler Insa

“Un escéptico es una persona dispuesta a cuestionar cualquier afirmación que pretenda ser cierta, exigir claridad en la definición, coherencia en la lógica y una demostración adecuada”

Paul Kurtz, filósofo, El investigador escéptico, 1994

“Un científico debe tener libertad para formular cualquier pregunta, para dudar de cualquier afirmación, para buscar pruebas, para corregir cualquier error.”

J. Robert Oppenheimer, físico. Life, 10 de Octubre de 1949.

El libro de David G. Myers “Psicología” plantea claramente la necesidad de una actitud científica en psicología para obtener resultados fiables. Esto podría aplicarse a la mayoría de disciplinas del conocimiento, salvo evidentes excepciones como por ejemplo el arte.

En el libro Myers ilustra muy bien porqué debemos rechazar la intuición y el “sentido común” (sea lo que sea esto) si queremos avanzar de forma sólida en nuestros conocimientos. El dejarnos llevar por nuestro sentido común y nuestras intuiciones nos lleva a menudo a cometer errores graves o a sacar conclusiones equivocadas por la ausencia total de pruebas que respalden su veracidad. Lo que “nos dicta el corazón” o “nuestras entrañas” o nuestro “sentido común” o nuestras experiencias personales, no son más que, como mucho, datos anecdóticos de escaso valor que no aportan ninguna solidez a nuestro conocimiento y nos llevan por un camino bastante desviado que nos aleja de “la verdad”, en contra de lo que algunos gurus y sus seguidores nos quieren hacer creer.

Dice Myers: “Hay dos fenómenos- el sesgo retrospectivo y el exceso de confianza en nuestros juicios- que ilustran porque no podemos confiar solamente en la intuición y el sentido común. El cuestionamiento crítico que fluye a partir de un enfoque científico, basado en la curiosidad, el escepticismo y la humildad, ayuda a separar el sentido del sinsentido. Los psicólogos, al igual que todos los investigadores, utilizan el método científico para construir teorías que organizan las observaciones e incluyen hipótesis comprobables.” (Myers, D.: Psicología. Ed. Panamericana. 2006).

En el fondo, todo esto va de saber separar, en nuestra viada diaria, la realidad de la ilusión y la verdad de la falsedad. Algunos se han esforzado en descubrir y aprender sobre la realidad del mundo que nos rodea y otros siguen alimentando un mundo lleno de ilusiones (cuando no de falsedades y estafas) en el que cualquier cosa imaginable puede “encajar” como real si les conviene, si se “lo pide el cuerpo” o si así se sienten más seguros o tranquilos al evitar que se tambalee el entramado de ideas en el que sustentan su vida.

Cuando en nuestra vida cotidiana intentamos separar realidad de ilusión o certeza de error (o de falsedad) nuestra intuición no es suficiente y nuestro “sentido común” (sigue costándome saber que es esto de lo que todo el mundo habla) tampoco. La psicología experimental lo demuestra fehacientemente. El factor humano incluye demasiadas veces el error (“errare humanum est”) como para considerarlo una herramienta fiable. La tendencia que tenemos a sesgar la información, la falibilidad de nuestros sentidos y de la interpretación que hacemos de nuestras percepciones sesgadas por nuestros prejuicios, así como los “pecados” de nuestra memoria que transforma nuestros recuerdos, nos hace personajes poco fiables para generar conocimiento partiendo únicamente de nuestro pensamiento (Platón se equivocaba).

A pesar de que la psicología demuestra hasta la saciedad las afirmaciones que acabo de hacer, todavía hay quien propugna con gran fe (ciega por supuesto y por lo tanto irreal) que debemos confiar en nuestra intuición, como Luky Skywalker confía en “La fuerza” en La Guerra de las Galaxias. No creo que los pilotos de aviación estén muy de acuerdo, seguro que prefieren confiar en sus instrumentos de vuelo.

A los que confían en su intuición Myers les propone un par de sencillos ejercicios:

* Imaginemos que dobla una hoja de papel (0.1 mm de grosor) 100 veces sobre si misma. ¿Qué grosor aproximado tendría una vez doblada?[i]
* Dado nuestro año de 365 días, un grupo necesita 366 personas para asegurar que, al menos dos, coincidan en su fecha de nacimiento. ¿De que tamaño debiera ser un grupo para tener un 50% de probabilidades de hallar una coincidencia en la fecha de cumpleaños?[ii]

Otro de los elementos que nos induce a error es el denominado “sesgo retrospectivo”.

El sesgo retrospectivo es la tendencia a creer, después de conocer un resultado, que lo podríamos haber anticipado. (También se conoce como el fenómeno: “Yo ya lo sabia desde el principio”).

Myers explica diferentes trabajos de psicología experimental en los que se demuestra que cometemos fallos a causa de la confianza que nos genera el pensar que algo lo sabíamos desde el principio. Destaco unos pocos de estos:

A un grupo de personas se les da el presunto resultado de un estudio que concluye que: ”Los psicólogos han averiguado que la separación debilita la atracción romántica; como dice la frase, ojos que no ven corazón que no siente”. A otro grupo de personas se les proporciona el presunto resultado de otro estudio que preconiza justamente lo contrario:

“Los psicólogos han descubierto que la separación refuerza la atracción romántica; como dice la frase, la ausencia del amado inflama el deseo”.Se les pide a ambos grupos que expliquen por qué esto podría ser cierto. Ambos encontrarán razones de “sentido común” que explican las conclusiones que se les han proporcionado. Es evidente que existe un problema cuando el “sentido común” permite llegar a conclusiones opuestas, además, en general, la mayoría de personas de ambos grupos afirmarán que:”esto yo ya lo sabia”.

Parece que el sentido común o la intuición no nos conduce al conocimiento de la realidad sino a la explicación que más nos conviene.

Se escogió a testimonios de ruedas de reconocimiento policial que dudaron en el momento de reconocer al presunto culpable. Cuando se les comunicó que habían acertado, la mayoría estaban convencidos de haberlo reconocido sin dudas, de haberlo sabido desde el principio.

A un grupo de 352 estudiantes se les mostró el video poco nítido de una persona que entraba en un almacén justo antes de asesinar al guardia de seguridad. Posteriormente se les facilitaron diferentes fotografías para que intentaran reconocer al asesino (ninguna de ellas correspondía al culpable).
Se escogieron a algunos miembros del grupo y se les comunicó que habían acertado con la identidad del asesino. Se mostraron muy seguros de haberlo reconocido sin dudas desde el principio. Parece que el “sentido común” se muestra muy sólido cuando los hechos ya han sucedido y nos los han explicado. Esta percepción retrospectiva distorsionada hace que nos volvamos excesivamente confiados en nuestra capacidad cuando la realidad demuestra que deberíamos desconfiar, y mucho, de ella.

El sesgo retrospectivo es uno de los errores que hacen evidente la necesidad de la investigación científica en psicología. Debemos huir del interpretativismo y la intuición y basarnos en los principios que rigen la investigación científica que busca la comprobación mediante pruebas
objetivas.

A veces, la “intuición de la abuela” falla. Basada en innumerables observaciones superficiales nuestra intuición nos ha llevado a creer que la luna llena propicia los partos o las crisis en los enfermos mentales, que los sueños predicen el futuro, que la familiaridad fomenta el desden y un sin fín de afirmaciones más que el trabajo cuidadoso y seguro de la ciencia ha demostrado que son falsas.

Nuestro acceso al conocimiento no solo esta sesgado por nuestro sentido común, los “pecados” de nuestra memoria, nuestras intuiciones o nuestras interpretaciones (la realidad tal como la vemos versus los hechos tal como son) sino por nuestra tendencia a confiar excesivamente en nuestras capacidades, por nuestra tendencia a pensar que sabemos más de lo quesabemos: “No nos gusta su sonido. Los conjuntos de guitarra están desapareciendo” (Compañía de discos DECCA cuando se negó a firmar un contrato de grabación con los Beatles en 1962). “El teléfono puede ser apropiado para nuestros primos norteamericanos, pero no aquí, ya que tenemos un adecuado servicio de mensajeros” (Un grupo de expertos británicos que evaluó la invención del teléfono). “No podrían acertarle ni a un elefante a esta dist...” (Últimas palabras pronunciadas por el general John Sedgwik durante una batalla de la guerra civil norteamericana, 1864).

El sesgo de confirmación y la finalidad del funcionamiento de nuestro cerebro a lo largo de la evolución tampoco nos ayudan a conocer las cosas tal como son sino más bien como nos conviene que sean. Llamamos “sesgo de confirmación” a la tendencia que tenemos a aceptar la explicación o conclusión que mejor encaja con nuestras ideas preconcebidas o nuestras necesidades emocionales sin un cuestionamiento crítico. Esto nos lleva a “seleccionar” negativamente la información de forma que rechazamos hipótesis o datos que podrían llevarnos a un mejor conocimiento de la realidad sencillamente porque “no nos convienen”. Uno de los muchos ejemplos claros que hacen referencia a este sesgo es el del tema de los partos y la Luna llena: existe la absurda idea de que la Luna puede tener algún influjo sobre el comportamiento de las personas (una superstición dentro del ámbito de la no menos absurda astrología).Hace pocos años se efectuó una encuesta en la que se preguntaba a médicos, comadronas, policías y personal sanitario de urgencias si creían que era cierta la antigua idea de que durante las fases de Luna llena se producían más partos. La mayoría respondieron que si.

Varios estudios retrospectivos analizando el número de partos y la fase lunar en la que se habían producido (se analizaron más de 50.000 partos consecutivos), demostraron que no había ninguna relación entre ambos fenómenos. Entonces, ¿porqué todas aquellas personas habían estado creyendo justo lo contrario a lo que la evidencia demuestra?, aquí es donde entra en juego el sesgo de confirmación. Tenemos una idea preconcebida y sólo préstamos atención a los hechos que la confirman pero no a los que la contradicen. Las noches con muchos partos en las que, al mirar al cielo veíamos Luna llena confirmaban nuestra idea preconcebida y las registrábamos claramente en nuestra mente, las demás noches o fases lunares, pasase lo que pasase no eran objeto de nuestra atención. Solo la coincidencia de nuestra idea preconcebida con el fenómeno de la Luna llena provocaba un “¡ajá! Que se interpretaba inmediatamente con fuerza como la confirmación (falsa) de
esa idea. Este es solo uno de muchos ejemplos de cómo el sesgo de confirmación nos lleva a seleccionar la información a nuestro antojo o conveniencia llevándonos a conclusiones erróneas. Es difícil ver el penalty cuando lo pitan en contra de nuestro equipo y mucho más difícil rechazar ideas que han sido pilares de nuestro entramado de ideas personales. Parece que tendamos más a construir nuestro propio mundo que averiguar como es en realidad.

Algunas investigaciones en neurociencias cognitivas y en antropología cognitiva aportan cada vez más evidencias que demuestran que el cerebro ha ido evolucionando en relación con una mejor adaptación al medio y esto no coincide necesariamente con una visión más precisa de la realidad. Un homínido en medio de la selva, rodeado de depredadores debe muchas veces actuar de forma rápida guiado por pequeños indicios (intuiciones) para iniciar una huida que le salve la vida. Un pequeño ruido u olor será interpretado como una señal de alarma que desembocará en una actitud de huida inmediata que la mayoría de las veces seria injustificada, pero nuestro cerebro prefiere aceptar esos falsos positivos con tal de evitar un sólo error que podría costarnos la vida. Nuestro cerebro busca la supervivencia por encima del conocimiento de la realidad. Nuestro cerebro, a veces, nos engaña (como dice Fco. Rubia) y también nos proporciona explicaciones fantasiosas, ad hoc, para sobrevivir mentalmente a algunos fenómenos. ¿Qué debió suceder en la mente de los primeros homínidos cuando tomaron conciencia de la certeza de la muerte? ¿Qué pudo provocar la convivencia con tanta incertidumbre a su alrededor? ¿Era todo esto soportable o fueron necesarias expiaciones fantasiosas, como los mitos?

En el libro de Myers se citan diferentes estudios que evidencian este exceso de confianza en nuestras capacidades.

Hasta aquí se explica como ese conocimiento basado en nuestra “impresión”, en nuestra intuición, el sentido común y la “sabiduría popular” se ha demostrado que nos conduce a errores y falsas creencias en la mayoría de ocasiones. A muchos nos gustaría que no fuese así, pero si queremos acceder a un conocimiento fiable no tenemos más remedio que aceptar el trabajo duro y meticuloso de la demostración objetiva, de la búsqueda de pruebas.
Requiere mucho más esfuerzo que aceptar las cosas simplemente porque “nos causan buena impresión”, porque encajan bien en lo que previamente veníamos creyendo, o porque hemos tenido una intuición y, por supuesto, “nuestras intuiciones nunca fallan”. Aceptamos con mucha más facilidad aquello que afianza nuestras creencias previas y nos mostramos mucho más críticos con lo que las cuestiona.

Vayamos por último a explicar otra forma de argumentar muy instalada en nuestro pensamiento y que también conduce a conclusiones erróneas con mucha frecuencia. Se trata de la generalización a partir de lo anecdótico. Algo que va en contra del razonamiento lógico formal mas elemental pero que a menudo se arguye como razón de peso cuando en realidad es un desvió de la razón. Algunas personas convierten hechos anecdóticos, personales o no, en pilares del conocimiento. Un ejemplo claro se da cuando analizamos la eficacia de algunas “medicinas” alternativas (lo de las comillas es porque no se debería llamar medicina a algo que no cura), en estos casos muchas personas las defienden con un argumento muy representativo de la falacia que nos ocupa y te sueltan la famosa frase: “pues a mi me funciona” o “yo me lo tomé y me fue muy bien”, este tipo de respuestas demuestra la poca capacidad para seguir un pensamiento manteniendo el rigor en la lógica argumental.
Este tipo de personas no entienden que para hacer esa afirmación es necesario demostrar una relación de causalidad entre el uso de la terapia y su mejoría y que no basta para eso con una coincidencia en el tiempo ( no es el canto del gallo el que hace salir el sol) ni con una anécdota personal, no acaban de entender que su mejoría podría ser debida al puro azar y que para demostrar una relación de causalidad las matemáticas nos enseñan que la muestra debe ser mucho más grande que la única de nuestra experiencia personal. Imaginemos un barril lleno con cien mil bolas de tres colores, no sabemos en que proporción se encuentran, ahora imaginemos que extraemos una bola y es de color rojo, ¿puede ser la conclusión que el barril esta lleno de bolas de color rojo? Imaginemos una encuesta de intención de voto en la que se entrevista a una sola persona, ¿tendría algún valor?

Como dice Michael Hanlon “La evidencia anecdótica, si bien no es totalmente despreciable, en la mayoría de las ocasiones es el enemigo de la razón”.

Si alguien quiere saber cuanto pesa una sandia puede sospesarla entre sus manos y pensar: “creo que pesa unos cuatro kilos” o bien puede utilizar una balanza bien calibrada, pesar la sandia y saber que pesa cuatro kilos setecientos cincuenta gramos.

La actitud científica nos lleva a ser abiertos pero no crédulos, a ser escépticos pero no cínicos, a un escepticismo curioso y humilde que nos dispone a renunciar a nuestras ideas si las pruebas nos demuestran que estábamos equivocados. Esto nos ayuda a distinguir la realidad de la fantasía. En definitiva, lo que importa no es nuestra opinión o la de otros, sino las respuestas que nos aportan las pruebas a nuestros interrogantes.

El pensamiento crítico va unido a la actitud científica, Myers lo define muy bien: “El pensamiento crítico examina los supuestos, discierne los valores ocultos, evalúa las pruebas y valora las conclusiones. Tanto cuando leen las noticias como cuando escuchan una conversación, las personas con pensamiento crítico se formulan preguntas. Como científicos, sienten curiosidad. ¿Cómo es que el que afirma algo llegó a saberlo? ¿Cuál es el objetivo de esa persona? ¿La conclusión esta basada en datos anecdóticos y en sensaciones viscerales o en pruebas fiables? ¿Esta prueba justifica una conclusión de causa y efecto? ¿Qué explicaciones alternativas puede haber?

Todas estas reflexiones previas nos plantean la inseguridad que deberían producirnos las afirmaciones basadas en corazonadas, intuiciones, revelaciones, impresiones, interpretaciones personales y otros argumentos similares que muchas personas consideran pilares de acceso al conocimiento.
Pilares de barro que se derrumban en cuanto los sometemos al análisis crítico objetivo, al “peso de la prueba”.

Nos damos cuenta de que tenemos que huir de esa mezcolanza de argumentos falaces que nos mete en un laberinto de errores del que a veces no sabremos volver. Hemos de distinguir claramente cuando estamos creyendo y cuando estamos sabiendo.

Si tenemos pasión por el saber no querremos engañarnos ni que nos engañen, buscaremos la manera más segura posible de adquirir conocimientos y esto nos lleva a la actitud científica.

NOTAS

[i] Si doblamos 100 veces sobre si misma una hoja de papel de 0.1 mm. alcanza un espesor equivalente a 800 mil millones de veces la distancia entre la Tierra y el Sol.

[ii] Solo se necesitan 23 personas para tener más del 50% de probabilidades de que coincidan los cumpleaños de dos de ellas en la misma fecha.

Tomas E. Gondesen H \

Omnia mutantur nos et mutamur in illis.

Ubi Dubium Ibi Libertas.

Cómo construir una sociedad


La filosofía puede ayudarnos
    
Paul Krugman, premio Nobel de economía 2008 y uno de los más agudos críticos de la evolución de la economía mundial, escribió recientemente en un editorial del New York Times que los próximos tres a cuatro meses serán posiblemente los más importantes de toda la historia de Estados Unidos. Yo añadiría que tal vez los más importantes para el futuro de toda la humanidad. Es el momento de definir el curso de las cosas. De repente, la humanidad se ve ante la pregunta que tuvo una enorme resonancia en el Foro Social Mundial de Belém: ¿Cómo construir una sociedad en la cual todos podamos vivir juntos, naturaleza incluida, en este pequeño y ya viejo planeta?

La cuestión es demasiado grave para dejarla únicamente en manos de los economistas. En lo que afecta a todos, todos tienen derecho a manifestarse y ayudar a decidir.

En los medios intelectuales crece la convicción de que el paradigma de la modernidad occidental, hoy globalizado, ha entrado en crisis por agotamiento propio y por efecto de la implosión. Es semejante a un árbol que ha llegado a su clímax y entonces cae fatalmente por haber agotado su energía vital. Así, digamos su nombre, el capitalismo ha alcanzado su fin en un doble sentido: fin como realización de sus virtualidades y fin como término final y muerte.

Lógicamente si seguimos las discusiones internas de los grupos organizados por la ONU [con nombres notables como Stiglizt, premio Nobel de economía, y otros] para pensar alternativas a la crisis, nos damos cuenta de la perplejidad general. La tendencia es a reanimar a un moribundo con el neokeynesianismo, forma suave del neoliberalismo, con una presencia más orgánica del Estado en la economía. Otros intentan la vía del eco-socialismo muy presente en el FSM de Belém. Es una opción prometedora, pero todavía no ha dado, a mi modo de ver, el giro completo que implica una nueva concepción de la Tierra como GAIA y la superación del antropocentrismo, confiriendo también ciudadanía a la naturaleza. Quieren con razón, un desarrollo ecológicamente respetuoso de la naturaleza, pero todavía en el marco del desarrollo. Ahora bien, ya conocemos la lógica voraz del desarrollo. O mejor, necesitamos más una retirada sostenible que un desarrollo sostenible. Sería el comienzo de la realización del eco-socialismo.

Es decir, con los recursos técnicos, financieros y con la infraestructura material creada por la globalización, tendríamos posibilidades de socializar un modo de vida sostenible para todos. La Tierra, puesta en descanso sabático, se podría autorregenerar y sostenernos a todos. Viviríamos más, con menos. Pero como somos culturalmente bárbaros y éticamente sin piedad, no estamos tomando esta decisión política. Preferimos tolerar que mueran millones antes que cambiar de rumbo. Y así gayamente, continuamos consumiendo sin conciencia de que bien pronto, por delante, nos espera un abismo.

Podemos y merecemos un destino mejor. Éste no sólo es posible, sino necesario, y es aquí donde los filósofos pueden ayudarnos. Hace decenas de años muchos de ellos vienen afirmando que la excesiva utilización de la razón en función del lucro y de la mercantilización de todo, a costa del saqueo de la Tierra, nos ha llevado a la crisis actual. Para recuperar la salud de la razón necesitamos enriquecerla con la razón sensible, estética y cordial, en la cual se fundamenta la ética, y con una visión solidaria de la vida. Es lo que más se adecúa a la nueva fase del encuentro de culturas y de unificación de la historia humana. O proseguiremos por un camino trágico y sin retorno.

Leonardo Boff
  

Formación de la cultura


BASE BIOLÓGICA DE LA 
FORMACIÓNDE LA CULTURA


Sergio Aranda Klein

Desde que Darwin propusiera la teoría de evolución, son muchos los que se han preguntado, cómo podrían los diferentes mecanismos con que eventualmente ella se produce, llegar a generar las condiciones para el surgimiento de una especie de funcionamiento tan complejo como los seres humanos. (esto, por supuesto, desde el punto de vista de los propios humanos).

De entrada, no hay aparentemente una forma de vincular los procesos biológicos inherentes a la teoría evolutiva con aquellos que hemos llamado culturales, los cuales relacionamos, de hecho, con las conductas cuyo origen, creemos, se encuentran principalmente en el uso del pensamiento y la imaginación. Demás está decir que es justamente la dificultad de establecer las causas orgánicas de estos fenómenos, lo que históricamente ha servido de justificación para suponerles un origen extraordinario.

Así las cosas, a lo largo del tiempo se desarrollaron múltiples creencias para explicar lo que en ese momento era a todas luces inexplicable, con el agravante de que las preguntas acerca del cómo, y porqué funcionamos de la forma que lo hacemos, han sido recurrentes en la mayoría de los seres humanos de toda época, incluso en los niños pequeños. Entonces, dada la importancia de hallar una respuesta, resultó perfectamente natural y hasta necesario encontrar alguna, que con sus afirmaciones, diera por zanjado el tema de modo definitivo, sobre todo si además, ésta le otorgaba algún poder a quien la imaginaba. Soluciones como estas deben haber sido las que desde los albores de la humanidad, dieron origen a la creación de toda una constelación de dioses y razones igualmente misteriosas, desde las más simples hasta las más estructuradas y complejas. Nada muy diferente de lo que las madres hacen cuando tratan de explicar a sus hijos pequeños, problemas que ellas saben que los niños no entenderán.

Sin embargo a quienes la solución mística no dejó conforme, trataron de resolver la “cuestión humana” desde otros puntos de vista. De este modo, tomando cierta distancia de las explicaciones de origen divino recurrieron a otras creencias cuyos argumentos se centraron en los procesos físicos o reales, sin embargo este nuevo enfoque creó un nuevo problema mucho más complejo, que tiene que ver con los tipos de creencias.

Los métodos de la ciencia resultan muy eficaces cuando se trata de evaluar fenómenos objetivos en el mundo real, sin embargo muchos aspectos de la cuestión humana, no tienen nada de objetivos y tampoco de reales.

Desde el principio todas las hipótesis están fundadas, o son, ideas preconcebidas que pretendemos poner a prueba para demostrar su valor de verdad, por lo tanto ellas están basadas inevitablemente en creencias, es imposible que sea de otro modo, puesto que cualquier cosa que imaginemos que puede ser posible, constituye en principio una creencia, incluidas las hipótesis científicas.

Las creencias que los seres humanos reconocemos ordinariamente como tales, son muchísimas menos que las que realmente elaboramos. Esto sucede porque lo normal es asociar la idea de creencia con aquello que es muy difícil o imposible comprobar que ocurra en la realidad, y es por ello que tiene sentido designar como una creencia a cualquier cosa imaginada cuya supuesta materialización implique ir contra toda experiencia y sentido común. No obstante existen otro tipo de creencias cuya materialidad es mucho más difícil de evaluar y comprobar, y esto es así porque siendo perfectamente imaginarias resulta que funcionan. Estas creencias son todas las que rigen o se dan en torno a las relaciones sociales en cualquiera de sus aspectos, puesto que, cada norma, regla de conducta o relación social, y cada una de sus proyecciones, corresponden a construcciones basadas en la imaginación y por lo tanto no tienen una base real en ninguna ley natural. Cualquier fundamento para una organización social pertenecerá al ámbito imaginario.
Ejemplo, si una organización se funda en torno a la obtención de la justicia, basará sus principios en lo que sus integrantes imagen que es la justicia, puesto que en la naturaleza no es posible hallar nada que pueda ser equivalente. Lo interesante de este tipo de creencias es que si bien parecen funcionar como si existieran realmente, lo hacen porque son los propios individuos los que les dan vida y valor al aceptar sus normas y actuar en consecuencia, pero en rigor no están obligados a ello por ninguna función orgánica.

Luego, son muchas las creencias que sostenemos como hechos, siendo que estas son sólo válidas en la realidad imaginaria de las relaciones sociales, por lo tanto no tienen una expresión material en el mundo real. Cuando hablamos por ejemplo de racionalidad, de razón, o de ética, estamos describiendo conceptos que sólo existen en la realidad de las relaciones sociales.
Definitivamente no podremos encontrar nada que nos indique que estas ideas tienen una expresión en las leyes de la naturaleza. Así pues, estos conceptos equivalen a creencias que en rigor sólo se diferencian de las religiosas en sus argumentos. Algo así como los mandamientos divinos, sin la necesidad de un dios, sino que por el propio acuerdo de quienes tengan el poder para definirlos y hacerlos valer. (independientemente de que esas personas puedan afirmar además, que tienen derechos divinos, o simplemente un mejor derecho, para hacerlo).

Lo anterior constituye un impedimento intelectual para comprender la verdadera naturaleza de los procesos mentales, sobre todo porque muchas veces quienes los investigan están buscando lo que no existe en la realidad material en la que queremos encontrar las soluciones. Con certeza no encontraremos ningún órgano relacionado con la ética, la razón, el razonamiento o el pensamiento religioso, en los términos que normalmente los entendemos. Este es el motivo por el cual, otorgar a algunas creencias un valor que vaya más allá de la realidad imaginaria en la que existen y funcionan, distorsiona la búsqueda de los elementos reales implicados en procesos igualmente reales.

Pues bien, sabemos que las conductas de la mayoría de las especies están predeterminadas totalmente por instrucciones genéticas o instintivas, y también es aceptado que los humanos respondemos con este tipo de instrucciones a muchas situaciones, las cuales son particularmente evidentes durante la infancia. Ahora bien, el número y alcance que le hemos atribuido a las respuestas instintivas humanas es menor que el que realmente tienen.

Es cierto que las conductas aprendidas dominarán la mayor parte de las actividades humanas, particularmente la de los adultos, y sin embargo la capacidad de aprender tiene su origen en las instrucciones instintivas que la hacen posible, pues, ¿De dónde más podrían venir?

Que queramos o no reconocer este hecho, tiene que ver más con las expectativas que con cualquier otra cosa, y por supuesto toda expectativa está fundada en una creencia. Entonces el camino que nos llevará a responder las preguntas acerca de la naturaleza de las facultades mentales humanas, debe comenzar, necesariamente, por reconocer las funciones instintivas ocultas tras nuestros autoproclamados “elevados” procesos mentales.

Una función instintiva es aquella que se activa de forma mecánica cuando condiciones objetivas disparan ciertas reacciones orgánicas de naturaleza físico-químicas. Al buscar relacionar este tipo de reacciones y respuestas con las que operan en los procesos mentales, surge de inmediato la pregunta, cuales podrían ser las que cumplen con el papel de dar comienzo al proceso del aprendizaje, el conocimiento y toda consecuencia posterior.

Resulta que hay un tipo de instrucción instintiva, que nosotros hemos llamado inespecífica, y que opera en todo momento y lugar frente a cualquier evento perceptivo, desencadenado así respuestas que van desde una acción enérgica, hasta algunas muy sutiles y casi imperceptibles. Estas respuestas corresponden a las que conocemos como sensaciones. A través de la historia las sensaciones han sido descritas una y otra vez, como fenómenos asociados al conocimiento empírico y por lo tanto a los sentidos. Sin embargo la comprensión de su verdadera relación con la obtención del conocimiento, se ha visto obstaculizada justamente por las diversas ideas preconcebidas respecto de lo que se supone debe éste debe ser.

Sabemos que cualquier función orgánica depende de reacciones materiales reales, así que cada acción es parte o la resultante de un proceso. En este contexto de causas y efectos sucesivos, las sensaciones se inscriben como reacciones orgánicas a la percepción, que tienen su punto de partida en las señales emitidas al cerebro por los órganos sensoriales.

Luego, no hay otra posibilidad que atribuirles un origen genético o instintivo, puesto que ellas se producen al margen de la “voluntad” y del conocimiento previo. Lo que es más, sus distintas “manifestaciones” nos serán totalmente desconocidas hasta que se activen por primera vez. Esto significa que nadie podrá conocer ni recordar las sensaciones que producen un sabor, un aroma, un sonido, etc. que no haya percibido antes.

De esto podemos obtener una importante conclusión y ella es que la información genética, a la cual pertenecen las instrucciones que generan las sensaciones, se encuentra almacenada en una memoria distinta de la adquirida, ya que no es posible recordar una sensación que no se ha producido, aún cuando exista el potencial para que ello ocurra.

Pero, ¿qué son las sensaciones? Creemos que toda sensación es una respuesta instintiva a determinada señal sensorial que tiene asociado un valor de alteración orgánico o cambio de estado fisiológico. Este valor de alteración o cambio de estado equivale a una respuesta analógica, que dará lugar a distintos procesos dependiendo de su magnitud. Algo similar a las campanadas de los experimentos de Pavlov, sólo que en este caso el equivalente de las campanas estarán y formarán parte de las instrucciones genéticas contenidas en el cerebro.

Ahora bien, ¿qué hacemos los seres humanos frente a estos cambios de estado? ¿qué significan para nosotros? Resulta que el organismo interpreta estas alteraciones, como variaciones en lo que podríamos llamar genéricamente el gusto, en cualquiera de sus formas y grados, de tal modo que todo cuanto apreciamos en el entorno tendrá el potencial de generarlos, dependiendo siempre de lo que estemos buscando.

Definitivamente será el gusto provocado por las sensaciones lo que nos permitirá evaluar una percepción. Digamos que ante un proceso exploratorio de una situación desconocida, la primera y necesaria conclusión de cualquier ser humano, es una relacionada con el gusto, por muy “racional” que pretenda ser el análisis de ella.

¿Y que pasa cuando “sentimos” una sensación agradable o una desagradable? La respuesta a esta pregunta constituye la clave para entender el origen de las conductas humanas, y dentro de estas, la función del propio aprendizaje. Es del todo evidente, un hecho, que todo aquello que provoque satisfacción o placer impulsará al individuo a prolongar su obtención, y llegado el caso, a buscar más. Por el contrario, cuando algo no le guste, motivara su alejamiento de la fuente que lo cause. Ambas respuestas generarán acciones y toda acción es parte de una conducta. Ahora bien, tan importante como “sentir” gusto o disgusto, es la capacidad de memorizar las fuentes que los provocan, y ocurre que la memoria adquirida se formará precisamente con el registro de los valores de reacción que causan las sensaciones. En otras palabras, la memoria adquirida contendrá exclusivamente referencias a las sensaciones que hayamos experimentado.

Lo interesante de todo esto es que la memoria adquirida registrará las percepciones que le resulten significativas a un individuo particular, puesto que, aunque los valores que activan las sensaciones sean similares entre distintos individuos, el punto específico dentro del rango de reacción personal, será lo suficientemente variable como para que los gustos, y por lo tanto los recuerdos construidos con ellos, no sean idénticos entre quienes perciban una misma situación.

Los valores de las sensaciones no constituyen en si mismos información ni conocimiento, sin embargo el nivel de gusto que provoquen corresponderá obviamente a un primer elemento de discernimiento o discriminación. La transformación de un valor de sensación en información o conocimiento ocurrirá cuando una referencia de él, registrada en la memoria adquirida, sea posteriormente recuperada. Sólo en ese momento se evidenciará el efecto del conocimiento.

Si el fenómeno de las sensaciones es tan difícil de relacionar con la obtención del conocimiento es porque en verdad resulta complejo entender su funcionamiento. El caso es que, como los valores de las sensaciones no se encuentran en la memoria adquirida, sino en la genética o instintiva, no se podrán recordar hasta que hayan sido activados y esto sólo puede ocurrir mediante la percepción. Una vez que dicho valor ha sido activado, una referencia suya quedará en la memoria adquirida. Pero este traspaso tiene doble efecto, por una parte es cierto que crearemos un recuerdo de la sensación, pero el efecto siguiente es que ésta disminuirá frente a la repetición de la situación que la produjo, justamente porque ya se ha creado la referencia en la memoria adquirida. Esto tiene una enorme implicancia, puesto que cada vez que se repita la situación inicial, las sensaciones sucesivas irán disminuyendo hasta que al final su efecto sea casi imperceptible. No obstante su recuerdo se irá consolidando. En consecuencia las sensaciones son reemplazadas por su recuerdo, el cual de todas maneras quedará asociado al gusto que provocó su formación. La importancia de todo esto radica en que el pensamiento opera sobre los recuerdos contenidos en la memoria adquirida y no en la genética.

Lo anterior ocurre porque todas las sensaciones posibles de “sentir” pertenecen a un conjunto de valores de reacción y respuesta instintiva muy especial, uno que hemos llamado “reacción instintiva inespecífica”, siendo los gustos la “respuesta instintiva inespecífica”. Su origen más probable puede estar en el proceso evolutivo de crecimiento y expansión del cerebro.
Digamos que al aumentar el número de neuronas responsables de activar una respuesta instintiva específica (las que normalmente reconocemos como innatas o instintivas) algunas de ellas fueron quedando alejadas de la configuración principal, reaccionando así aisladamente a valores de percepción distintos de aquellos que disparaban la respuesta principal o específica.

Por otra parte, las respuestas instintivas específicas se producen cuando ciertos valores de percepción coinciden en forma más o menos precisa con aquellos de origen genéticos que tienen asociada una respuesta igualmente precisa. Aunque parezca difícil de “creer” estas respuestas se dispararán mecánicamente sin producir sensaciones previas, es decir se activarán inmediatamente sin que medie ningún otro proceso mental, y toda sensación posterior a este tipo de respuesta obedecerá a los efectos residuales que persistan una vez que se haya ejecutado la acción concreta. Por el contrario, las respuestas instintivas inespecíficas se originarán cuando una percepción registre valores cercanos pero no iguales a los necesarios para activar la respuesta específica. En estas condiciones las sensaciones constituyen respuestas parciales, algo así como versiones atenuadas, que no son capaces de generar por si solas movimientos específicos, pero en cambio nos permitirán evaluar una percepción en términos de gusto. Veamos un ejemplo, al poner la mano sobre un objeto que está ligeramente caliente nos tomaremos un tiempo para decidir si esa temperatura nos agrada o no, esta actitud corresponde a la operación de la respuesta inespecífica. Por el contrario, si el objeto está muy caliente retiraremos la mano de inmediato, casi sin sentir realmente, está respuesta corresponderá a una específica.
Las sensaciones que evaluemos posteriormente, mientras nos soplemos la mano, corresponderán a los efectos residuales de haber expuesto la mano a un calor excesivo.

Resulta entonces, que las sensaciones por no constituir respuestas específicas, no forman parte de las instrucciones instintivas que han evolucionado por medio de la selección y que responden a las acciones biológicamente más importantes que el organismo debe ejecutar para asegurarse su subsistencia y reproducción. Digamos que las sensaciones nos permitirán explorar sin rumbo fijo, toda vez que siempre nos podremos dejar llevar “libremente” por nuestros gustos, hasta que una condición orgánica apremiante nos apresure a satisfacer ese requerimiento mediante las instrucciones instintivas especificas. Un ejemplo de esto puede ser la comida que ingerimos simplemente por que nos gusta, pero que nuestro cuerpo no necesita realmente, por el contrario, cuando la falta de alimento es importante, el cuerpo la exigirá al margen del gusto, y es así como en esas condiciones estaremos dispuesto a comer cualquier cosa. Un segundo ejemplo algo más prosaico, se produce cuando nos dan ganas de ir al baño, si la necesidad es menor, buscaremos con paciencia un baño que nos agrade, esta búsqueda la haremos con la calma suficiente como para respetar las buenas costumbres, ahora bien, si la urgencia aumenta perderemos toda parsimonia y compostura hasta el punto en que buscaremos satisfacer nuestra necesidad de cualquier modo, aún en las peores condiciones, una vez resuelto el problema, recién ahí, nos pondremos a alegar de lo malas que eran esas condiciones.

Todo esto ocurre de forma tan natural, tan habitual, que nos parece perfectamente lógico que así sea, no tiene nada de extraño. Pues bien, de eso trata toda esta explicación, de hallar respuestas que expliquen sin acomodar ni sesgar los hechos, cómo es que las cosas perfectamente normales tienen una explicación en procesos biológicos igual de normales.

Otro elemento indispensable en la formación de conductas relacionadas con los procesos mentales humanos, es la posibilidad de combinar los elementos de los diferentes recuerdos para formar unos nuevos.

Hemos afirmado que todo recuerdo tendrá su origen en el registro de referencias de las sensaciones provocadas por los actos perceptivos, luego, como cada parte o elemento dentro del conjunto percibido generará sensaciones distintas, ellos podrán ser recuperados en forma independiente, así al recordar un color, podremos hacerlo con total prescindencia del objeto que lo contenga, lo mismo que una forma, o un olor, etc. Este hecho es tan notorio, que invariablemente la descripción de cualquier recuerdo comenzará por aquello que más nos haya llamado la atención, o lo que es igual, que nos haya provocado las sensaciones más intensas. Al respecto es interesante destacar, que muchas de las cosas cotidianas que percibimos de adultos, no nos parece que causen ninguna sensación, y esto es precisamente así, porque esas cosas fueron incorporadas como recuerdos hace mucho tiempo, cuando las vimos por primera vez, y cuando sí nos llamaron la atención.

Por otra parte, la recuperación de un recuerdo se producirá cuando se de una coincidencia espontánea entre éste y una percepción, (asociación inconciente) o cuando el organismo requiera satisfacer un requerimiento orgánico que demande realizar una búsqueda externa que implique pensar.

(búsqueda conciente)

Toda búsqueda que el organismo requiera ejecutar, sea conciente o no, comenzará siempre al interior del mismo, lo cual significa que antes de que un individuo emprenda cualquier acción en el medio externo, las instrucciones que generan la búsqueda, procesarán todos los contenidos relacionados con ella que se encuentren tanto en la memoria genética como en la adquirida. (es posible que en ese mismo orden) La parte de este proceso en que se revisan y evalúan los contenidos de la memoria adquirida, es la que llamamos pensar. Luego, no existirán búsquedas “concientes” sin pensamiento. De hecho la conciencia surge (emerge, dirán algunos) en el acto mismo de pensar, puesto que lo que normalmente asociamos con ella implica necesariamente evaluar los recuerdos de las actuaciones propias. A mayor cantidad de recuerdos de experiencias diversas, mayor conciencia. (En rigor no hay búsqueda que no sea ordenada por el organismo, la aparente existencia de un yo distinto e independiente, es bastante más largo de explicar, pero la explicación existe).

Durante el proceso de pensar, los elementos recordados podrán ser combinados libremente, (por el propio organismo) si la relación entre ellos es consecuente con lo que se busca para dar satisfacción a la necesidad que la motive. Tal vez lo que podría generar algunas dudas sea justamente la naturaleza de las necesidades humanas. Respecto de esto, afirmamos sin duda alguna, que todas ellas son de origen orgánico, pues si bien, es evidente que existirán las relacionadas directamente con la operación de procesos metabólicos y de reproducción, las vinculadas al gusto también serán de origen orgánico, justamente porque el gusto es el resultado de la operación de las respuestas instintivas inespecíficas. (si de repente sentimos una necesidad imperiosa de tener un auto nuevo, ello se deberá a que nos gustaría tenerlo, por el puro gusto, y esa será la necesidad orgánica, eso si, una perfectamente prescindible).

Claramente, los elementos de memoria que utilizaremos con mayor frecuencia a la hora de buscar una solución cualquiera, serán aquellos que tengamos más presentes, que nos gusten más, o dicho de otro modo, nuestros preferidos, así que, construir soluciones con ellos resultará lo habitual. (toda forma de actuar de un individuo particular, contendrá multitud de elementos recurrentes).

No obstante la gente no anda por ahí diciendo que cree en dios porque le gusta, ni emprende una batalla, o defiende causas varias por la misma razón, sin embargo tras las declaraciones, hay procesos mentales cuya lógica biológica está fundada en el gusto y las preferencias, a pesar de que queramos que nuestras decisiones parezcan surgidas como frutos de análisis objetivos, “racionales”, o carentes de “emocionalidad”. Pues resulta exactamente lo contrario, no existe decisión propia que no esté influida por nuestro gusto, aún aquellas que representen el mal menor, o la menor cantidad de disgusto. (la satisfacción, o consuelo del que se flagela o inmola por cualquier causa, debe ser mucho mayor que el dolor o sufrimiento que se infiera. Si no fuese así, no existirían entre otros, el boxeo o los deportes de alto riesgo).

Con todo, lo más importante de los procesos mentales con los cuales construimos soluciones, mediante la combinación de diferentes elementos de memoria, es que estos, precisamente por pertenecer a recuerdos distintos, no representan en su conjunto a un recuerdo real obtenido en un mismo evento perceptivo, sino que esta construcción representará a uno imaginario o fruto de la imaginación. Es muy probable que la mayor parte de todos los recuerdos de los seres humanos, contengan elementos imaginarios. De hecho, es posible que no existan en lo absoluto los recuerdos que abarquen toda el área de la percepción y sean estrictamente literales. Sin embargo también es cierto que habrán combinaciones de elementos que den como resultado, unas situaciones imaginarias más posibles que otras.

Consecuentemente con todo lo anterior, una creencia surgirá de una elaboración mental que implique, básicamente, el deseo (necesidad de satisfacer una búsqueda basada en el gusto) de encontrar una respuesta, explicación, o forma de solución de un problema cualquiera, a partir de imaginarla como real, o posible de alcanzar.

Hecha esta descripción sumamente resumida de los principales aspectos a considerar en la formación de las conductas humanas de origen mental, veremos como ellos constituyen el elemento central en la construcción de la cultura.

Digamos que al igual que toda conducta individual, las colectivas o sociales, también estarán determinadas inicialmente por instrucciones instintivas específicas. Como estas instrucciones se encuentra en la memoria genética, se activarán cuando las condiciones orgánicas coincidan con las que sean percibidas en el medio ambiente, o dicho de otro modo, cuando el individuo esté receptivo a los cambios en éste. En estas circunstancias no se entiende la existencia de una memoria adquirida sino como una alteración o un exceso, en la capacidad de percibir y reaccionar a percepciones para las cuales no existen o no se han formado respuestas instintivas específicas. Es muy probable que la mayor parte de estas respuestas se originaran con anterioridad al surgimiento de los mamíferos.

En cualquier caso, y sea como fuere, siendo un hecho que la memoria adquirida existe y que ella registra valores de sensaciones. Podemos afirmar, que a diferencia de lo que ocurre con el “conocimiento genético”, que será interpretado del mismo modo por todos los individuos de la especie, los recuerdos (adquiridos por la vía de la percepción y la experiencia) serán distintos entre cada uno de ellos. (siempre dentro de ciertos rangos).

Así que la primera condición indispensable para el desarrollo de una “cultura” es que las conductas de los individuos estén, al menos en parte, motivadas por el registro y uso de sus propias experiencias, y esto no puede lograrse sin la existencia de una memoria adquirida.

La segunda condición indispensable es que, una vez generados los recuerdos, debe existir la capacidad de combinar sus diferentes elementos para crear con ellos recuerdos imaginarios originales. Sólo cuando estos sean utilizados para proyectar situaciones que no se han vivido, pero que se suponen posibles, se producirán las creencias. Las creencias pueden ser tan simples como por ejemplo, esperar a que algo ocurra sólo porque se recuerda que ya ocurrió antes. Así que el principio motor de las creencias puede estar presente en muchas especies. Es posible que, mientras más complejas sean las construcciones imaginarias, más complejas serán también las creencias y las relaciones sociales que se puedan elaborar con ellas.

En consecuencia, si cada miembro de una agrupación comienza a actuar de acuerdo a sus experiencias, y a las ideas que pueda deducir de estas, lo más probable es que el ancestral orden genético de relaciones sociales tienda a romperse, lo mismo que ocurre en una familia numerosa cuando cada uno quiere hacer lo que le quiere, (por que le gusta) al margen de la colaboración en la satisfacción de las necesidades del conjunto. Tanto en caso de la familia como en el de una comunidad mayor, la solución a este problema comienza con el establecimiento de reglas. La enorme diferencia entre las reglas instintivas específicas, con las que adopten los miembros de la agrupación con ideas propias, es que estas últimas serán obtenidas por medio de acuerdos originales, que eventualmente pueden ser discutidos y rechazados, posibilidad que no existe entre las de origen genético. La gran variedad de acuerdos distintos que los seres humanos pueden alcanzar, obedecerá exclusivamente a los argumentos imaginarios que los integrantes de cada comunidad en particular sean capaces de crear y aceptar.

Así que la cultura comienza con la construcción de acuerdos aún cuando sean tácitos y se hayan alcanzado a través de gestos, siempre y cuando estos no obedezcan a formas instintivas de comunicación (las abejas no tienen una cultura, lo suyo es una forma de operar instintiva específica). Obviamente todo acuerdo o consenso se buscará para coexistir (por muy precaria o efímera que sea la coexistencia) pero el hecho de que la haya, implica un modus vivendi que significará la obtención de alguna ventaja para quienes participen de él.

Luego una cultura determinada surge espontáneamente como modelo de relación social, cuando individuos pertenecientes a una o diferentes agrupaciones, intentan comunicar algo que debe ser explicado para obtener la colaboración o participación de los demás, puesto que de hecho los elementos culturales siempre deberán ser explicados. (las creencias desarrolladas en solitario obviamente no influirán en la comunidad si no son expuestas).
Por otra parte, toda explicación constituye la manifestación de una creencia, aún cuando ella este referida a hechos o eventos ocurridos en el entorno natural, puesto que quien los expone necesariamente interpreta la realidad para poder comunicarla, y toda interpretación no es la realidad, ya que ésta es una sola y es ella misma. Es precisamente en el evento de la explicación que surge la comunicación y el lenguaje. (Las instrucciones instintivas específicas no requieren ser explicadas ni comprendidas, simplemente ejecutadas, el valor de la realidad para estas instrucciones está en la propia selección natural).

Así que lo que comparten (nominalmente) todos los individuos de una misma cultura son sus creencias, las cuales influenciarán todos los demás actos de sus vidas. Las creencias de individuos particulares son la causa primera de la formación de una cultura, de su transformación, y de su extinción. Por mucho que posteriormente hayan otros aportes, también individuales, que contribuyan a la expansión y diversificación de las creencias.

Resumiendo diremos que, una forma cultural cualquiera constituye un modelo de relación social, basado en la coexistencia consensuada entre creencias diferentes, las cuales norman las relaciones y las actividades de los individuos dentro de esa comunidad. El predominio de ciertas expresiones concretas dentro de cada cultura, representarán el balance de poder de cada creencia en particular.

Como toda cultura se estructurará en torno a lo que sus integrantes imaginen y crean, es decir, surja de la combinación de múltiples elaboraciones mentales individuales, sus fundamentos serán tan abstractos como las ideas en que se base, aunque aquellos tengan su origen primigenio en la observación de fenómenos reales o naturales. Las obras materiales desarrolladas en el contexto de las creencias de esas culturas, sólo tendrán pleno sentido para ellas mismas y para quienes las compartan.



La intuición


La intuición empieza por sí misma.  
por José Enebral Fernández


Creo que se trata de uno de nuestros más valiosos recursos, y que no lo aprovechamos convenientemente en las empresas. Me permití escribir el año pasado un artículo sobre la intuición, que apareció en dos importantes revistas y que todavía puede verse en Internet; el feedback que recibí me mostró la gran expectación que el tema suscita, y aun me produjo cierta compunción por no haber profundizado suficientemente en él. Creo que podemos hacerlo –profundizar– paralelamente todos los interesados, porque hay valiosos documentos disponibles en la Red.

Mientras, yo les ofrezco mis 40 primeras ideas sobre la intuición en la empresa. La intuición...

1. La intuición genera señales instantáneas, repentinas, a modo de súbitos mensajes del interior; pero hay que interpretarlos adecuadamente.
2. La intuición también podría funcionar de manera continuada, y no sólo impulsiva, fundiéndose, por ejemplo, con la inspiración o el designio personal.
3. La intuición en las relaciones humanas tiene bastante que ver con la empatía; quizá, para buen fin, se nutran mutuamente y actúen en sinergia.
4. La intuición utiliza distintos niveles o vehículos para manifestarse, y quizá más de uno a la vez: el físico, el mental, el emocional y el espiritual.
5. La intuición, según dicen los expertos, nos permite acceder a una gran reserva de conocimientos de los que no somos conscientes, o lo somos sólo parcialmente.
6. La intuición viene a ser el modo de pensar “por defecto”, es decir, el que funciona cuando no aplicamos el pensamiento racional.
7. La intuición parece difícil de definir de modo gestaltista u holista; más que limitadoras definiciones, encontramos afirmaciones sobre ella.
8. La intuición es a la vez genética y extragenética; pero es que también podríamos pensar que es individual y colectiva, como si participáramos del saber ajeno.
9. La intuición, como objeto de estudio por expertos, es observada desde distintos ángulos y suscita conclusiones no coincidentes: quizá eso la hace más atractiva.
10. La intuición, más que un rasgo de la personalidad, es una función del cerebro; pero el hecho es que cada persona la utiliza de diferente manera.
11. La intuición podría servir a su propia explicación, con el riesgo de llegar a conclusiones mezcladas con nuestras creencias y rechazables por el establishment.
12. La intuición se manifiesta típicamente mediante palabras, imágenes, sentimientos o sensaciones viscerales, que no siempre sabemos interpretar.
13. La intuición, reconocida como multiforme voz interior, puede también mostrarse desde fuera de uno mismo, mediante epifanías.
14. La intuición se presenta a menudo sin avisar, pero también puede ser llamada, y responder enseguida o tomarse algún tiempo.
15. La intuición parece elegirnos a nosotros –más que nosotros a ella–, pero eso no significa que no podamos facilitar el encuentro y recibir sus mensajes.
16. La intuición, innata pero cultivable, parece mostrarse proporcional a la honradez emocional y a la motivación por saber, por descubrir y por resolver.
17. La intuición, en su manifestación quizá más cotidiana, nos permite leer entre líneas y conocer los sentimientos de los demás, al margen de sus palabras.
18. La intuición parece inseparable de la comunicación, y desde luego da soporte a la interpretación de los gestos, los movimientos y la paralingüística.
19. La intuición, según algunos investigadores, contiene la verdad y es infalible; pero, por si fallaran otros elementos del proceso, vale alinearse con los más cautos.
20. La intuición es una facultad genuina, y no debemos confundirla con temores suscitados por el miedo, con deseos o con peligrosas presunciones de infalibilidad.
21. La intuición tampoco debería confundirse con el instinto, la adivinación, la creatividad o la inspiración, aunque sí pueda “fundirse” con ellas.
22. La intuición, al elegirnos, parece seguir criterios de mérito y disposición receptiva; ayuda más a los íntegros que a los corruptos, a los generosos que a los egoístas.
23. La intuición presenta fronteras indeterminadas; hay quien piensa, por ejemplo, que el apetito, además de una forma de estrés, es una intuición.
24. La intuición complementa al conocimiento, como la inteligencia emocional complementa a la analítica o académica.
25. La intuición es lo que nos lleva a enamorarnos de una determinada persona; pero también puede generarnos recelo o desconfianza hacia otras.
26. La intuición parece depender de la conciencia que tenemos de nosotros mismos; eso sería, en buena medida, lo que distinguiría a los más intuitivos de los menos.
27. La intuición podría estar relacionada con una parte de la inteligencia no residente sólo en el cerebro, sino también en las vísceras.
28. La intuición, joya de la corona de la inteligencia, es el sentido verdaderamente humano, que no compartimos con los animales ni con las máquinas.
29. La intuición, es decir, la revelación intuitiva, puede producirse en cualquier momento; debemos estar atentos y preparados para reconocerla e interpretarla.
30. La intuición está detrás de los juicios que hacemos sobre los demás; esto es algo reconocido, que además sirve para evaluar nuestra habilidad intuitiva.
31. La intuición parece entrar en resonancia con la personalidad autotélica y la negentropía psíquica, es decir, con el orden en la conciencia.
32. La intuición es, por lo anterior, bastante más probable en estados de calma o paz interior, en que estamos atentos a nuestras emociones.
33. La intuición parecía reservada, en la empresa, a los ejecutivos, porque son ellos quienes, más a menudo, pueden tomar decisiones sin dar explicaciones.
34. La intuición se usa mucho, pero se podría usar más y mejor, y no sólo al tomar decisiones; pero hemos de separarla de lo que no es genuina intuición.
35. La intuición no es patrimonio de directivos visionarios o narcisistas, y no debe confundirse con el mesianismo que lucen; todos podemos cultivarla.
36. La intuición es motivante; las señales intuitivas nos mueven a la acción, pero hemos de poner la razón en medio y evitar la precipitación.
37. La intuición está detrás de muchos logros en materia de creatividad e innovación, y ha resultado clave en numerosos éxitos empresariales.
38. La intuición creadora parece exigir, por decirlo así, que estemos en resonancia con el reto o problema a resolver, o sea, que lo hayamos comprendido bien.
39. La intuición puede estar muy desarrollada; en esos casos no accedemos a ella sólo por azar, sino que podemos provocar su aparición.
40. La intuición permite percibir (presentir) cosas venideras (aunque no siempre las personas presuntamente visionarias lo son realmente).
Bueno, ya les decía que seguiré profundizando en la fenomenología de la intuición, y terminando quizá de diseñar un workshop al respecto, pero les animo a que lean sobre el tema. Uno puede hacer, por ejemplo, serendipitosos descubrimientos en Internet... Por cierto, seguro que hay una sólida conexión entre la intuición y la serendipidad... Una cosa más: espero que estemos de acuerdo en, al menos, 30 de las 40 ideas formuladas; pero intenten ustedes prolongar esta lista.



Operación encubierta del Pentágono


Operación encubierta del Pentágono - 
EEUU tomó el control militar de Haití:
Hay disputa con las potencias.


IAR Noticias




En una operación global, cuyo desarrollo se completó el lunes, el Imperio USA centraliza todos los controles de decisión en Haití, y se erige (de hecho) en autoridad política y militar de toda la zona de catástrofe, incluída la sumisión del gobierno haitiano y de las organizaciones internacionales (que actúan en el área) a su mandato.

En su faz planificadora, organizativa y estratégica, la operación "humanitaria" cuenta con tres actores centrales: El Departamento de Estado, el Departamento de Defensa y la Agencia de EEUU para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés).

En sus áreas de competencia, el Departamento de Estado diseña y coordina la operación a nivel internacional, el Pentágono diseña y coordina el dispositivo de "seguridad" (léase ocupación y control militar de Haití) y las operaciones de rescate y distribución de ayuda, mientras que la USAID canaliza la ayuda internacional, incluido el Programa Alimentario Mundial.

Pero el verdadero objetivo de la "misión humanitaria" en Haití se define por el ejecutor táctico en el teatro de operaciones: El Comando Sur de EEUU (SOUTHCOM), que tiene su base en Miami.

Para no tener ninguna duda sobre el verdadero propósito de la "misión humanitaria" conviene repasar el objetivo funcional de de la misión asignada al SOUTHCOM: "Dirigir (en América Latina y el Caribe) operaciones militares y promover la cooperación en el terreno de la seguridad para conseguir los objetivos estratégicos de EEUU”.

Sus cuadros de oficialidad y soldados están capacitados (y entrenados) para supervisar y operar en los escenarios de conflicto militar o de "contrainsurgencia" (léase "narcoterrorismo") y desempeñar la función de policía militar en América Latina y el Caribe.

A buen entendedor pocas palabras: El SOUTHCOM no es una organización de "ayuda humanitaria" sino una fuerza imperial de ocupación militar.

El portaaviones nuclear USS Carl Vinson, sus barcos, submarinos aviones, ya rodean a Haití dentro de un "anillo nuclear", mientras tropas especiales de asalto y de seguridad ya están desplegados en Puerto Príncipe.

Entre los diez mil efectivos asignados hasta ahora: Tanto la Unidad Anfibia de la Marina (marines), así como los soldados de la 82 División Aerotransportada del Ejército de EEUU "están entrenados en una amplia variedad de misiones, entre las que se incluyen las de seguridad y control de disturbios, además de tareas humanitarias”, según el Pentágono..

De esta manera, en una acción global, el Imperio USA centraliza todos los controles de decisión y se erige (de hecho) en autoridad política y militar de toda el área que incluye la sumisión del gobierno haitiano y de las organizaciones internacionales (que actúan en el área) a su mandato.

Siguiendo una estrategia, Washington conspiró y actuó expeditivamente para constituirse como "poder alternativo" al "vacío de poder" imperante tras la catástrofe sísmica que devastó Haití.

La ONU y su Consejo de Seguridad (integrado por las cinco principales potencias mundiales), en diversas reuniones la semana pasada, no consiguió acordar un plan global de coordinación y distribución del rescate y de la ayuda humanitaria en Haití.

Los gobiernos y las organizaciones internacionales, ante la ausencia de una planificación organizada, enviaban ayuda alimentaria y medicamentos en forma individual que, por ausencia de una autoridad distributiva, permanecían en su mayor parte concentrados en el aeropuerto y sin llegar a las millones de víctimas que se encuentraban sin agua, sin comida y sin electricidad, en zonas desvastadas y con principios de epidemia por los cadáveres en descomposició n y sin enterrar.

Los Cascos Azules de la ONU, se veían rebalsados y no podían controlar el caos y las peleas (a veces fatales y sangrientas) que se producían entre las víctimas para apropiarse de la comida y el agua, razón por la cual la mayoría de las veces la distribución no puedán llevarse a cabo.

El intercambio de información y de datos sobre el escenario de la tragedia (números de muertos, heridos, daños, víctimas a socorrer, etc) se veía a su vez impedido por la ausencia de un comando central que recibiera y procesara la información y la distribuyera entre las organizaciones oficiales y privadas actuantes.

De hecho, y en una acción en tres dimensiones (política, militar y "humanitaria" ) EEUU consolidó su mejor operación de ocupación militar sin disparar un solo tiro.

La propia incompetencia de sus aliados capitalistas centrales, le posibilitó consolidar de hecho un sistema de dominio y control sobre la devastada isla haitiana.

Señala el corresponsal de El País de España: "Como estaba previsto por el Pentágono y el Departamento de Estado: Ante la inoperancia de Naciones Unidas, el Ejército norteamericano ha comenzado a repartir la ayuda internacional entre problemas de inseguridad e infraestructuras. Más de 14.000 bolsas de comida y 15.000 litros de agua han sido distribuidos entre los escombros de Puerto Príncipe".

Y agrega: "El teniente general Ken Keen, responsable de la Fuerza Conjunta que opera en Haití, ha hecho hincapié en los problemas de inseguridad que se viven en algunas zonas, que si bien no son extremadamente superiores a antes del terremoto, sí crean problemas puntuales para la distribución de la ayuda. "Hay incidentes de violencia que nos impiden entregar la asistencia humanitaria y debemos de hacer frente a estos problemas", ha dicho el militar, quien ha destacado que la Misión de Pacificación de la ONU en Haití (MINUSTAH) está haciendo "todo lo que puede" para resolver este problema".

De acuerdo con lo informado en la prensa internacional, la operación de desembarco militar-humanitario fue arreglada por los presidentes Obama y Préval por teléfono, pero -señalan varios medios norteamericanos- se omitió decir que ambos gobiernos (el títere y el patrón) habían convenido el despliegue de tropas estadounidenses sobre suelo haitiano.

Según el diario español, "Washington adoptó e impuso unilateralmente las decisiones. La ausencia total de un gobierno en funciones en Haití se utilizó para legitimar, a partir de motivos humanitarios, el envío de una poderosa fuerza militar, que ha asumido de facto diversas funciones gubernamentales" .

Fuerzas especiales de EEUU ya tomaron las funciones de control del tráfico aéreo así como la dirección operativa del aeropuerto de Puerto Príncipe.

Desde ese comando, y habiendo removido a los funcionarios haitianos, ordena y controla todo el flujo de la ayuda humanitaria y suministros de emergencia que llegan al país devastado enviados por gobiernos y organizaciones internacionales de todo el mundo.

Pero, la intervención de EEUU (léase ocupación militar de Haití) no es ningún "estreno", y entre las varias existentes puede citarse el derrocamiento del presidente Arístide en el 2004.

Señala el profesor y experto Michel Chossudovsky: "Los meses anteriores al golpe de Estado de 2004, las fuerzas especiales estadounidenses y la CIA estuvieron entrenando a escuadrones de la muerte compuestos por los antiguos tonton-macoute de la era Duvalier. El ejército paramilitar rebelde cruzó la frontera desde la República Dominicana a primeros de febrero de 2004. “Era una unidad paramilitar bien armada, entrenada y equipada integrada por antiguos miembros de Le Front pour l’avancement et le progrès d’Haiti (FRAP, por sus siglas en francés), los escuadrones de la muerte de “paisano”, implicados en matanzas masivas de civiles y asesinatos políticos durante el golpe militar patrocinado por la CIA en 1991, que provocaron (en febrero de 2004) el derrocamiento del gobierno democráticamente elegido del Presidente Jean Bertrand Aristide”.

La operación se repite, pero no para derrocar al gobierno, sino para controlarlo como un títere dentro de una estrategia de apoderamiento de Haití que convierte a una flota de destrucción nuclear en herramienta de una "misión humanitaria" destinada a salvar vidas.

La mejor puesta en escena del Imperio yanqui, conseguida por la mediocridad (y la inoperancia estratégica) de sus aliados en la depredación imperial del planeta.