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jueves, 12 de agosto de 2010

Historia del trastorno bi-polar

El trastorno bipolar.

Por: LUIS ROJAS-MARCOS
Del libro La enfermedad de las emociones.


El trastorno bipolar se denominaba antiguamente psicosis maníaco-depresiva. Este nombre le fue impuesto por el gran psiquiatra alemán Emil Kraepelin (1856-1926), quien lo diferenció de otra enfermedad mental, la esquizofrenia. Hasta la obra de Kraepelin, a principios del siglo XX, estas enfermedades no estaban bien diferenciadas. Actualmente todavía hay controversia porque existe un subgrupo de pacientes, denominados esquizoafectivos, que manifiestan síntomas comunes a ambas enfermedades. Muy pronto quedó claro que muchos pacientes maníaco-depresivos no manifestaban síntomas de psicosis y que algunos incluso presentaban fases de euforia moderada que no llegaba a la manía, motivo éste por el que se impuso un cambio de nombre. La denominación trastorno bipolar fue introducida por Karl Leonhard (1904-1988) para diferenciar esta enfermedad de otra con la cual también puede confundirse: las depresiones «vulgares» o unipolares, según la terminología de este autor. Esta clasificación, como decíamos anteriormente, sigue aún vigente, si bien es cierto que con pequeñas modificaciones.
Sin embargo, esta enfermedad se conoce desde tiempos inmemoriales. En la antigua Grecia, un autor llamado Arato ya describió la relación entre la depresión, denominada
melancolía, y la manía. El término manía no tiene nada que ver con el concepto popular o coloquial, según el cual una manía es una característica peculiar, una obsesión, o una extravagancia reiterada propia de un individuo. Se trata de una palabra que procede del griego y que en la antigüedad servía para designar cualquier enfermedad mental, en especial si se acompañaba de agitación o violencia. Actualmente la manía es una manifestación del trastorno bipolar que se caracteriza por hiperactividad, euforia o irritabilidad, grandilocuencia y muchos otros síntomas que más adelante explicaremos con más detalle. El concepto actual de manía tampoco tiene ninguna relación con el uso de la palabra maníaco, sobre todo en los países anglosajones, donde se utiliza para designar a los agresores sexuales o a los psicópatas. Como podemos ver, la terminología psiquiátrica está popularmente muy contaminada por connotaciones peyorativas que no ayudan en nada a los afectados a aceptar de buen grado la realidad de su enfermedad.
Los primeros en difundir la idea de que la manía y la depresión son fases distintas (y en muchos aspectos opuestas) de una misma enfermedad fueron los psiquiatras franceses Falret y Baillarger. En 1854 ambos publicaron, por separado, la descripción de lo que actualmente denominamos trastorno bipolar como una enfermedad cíclica, donde la manía y la depresión eran las dos caras de una misma moneda. Posteriormente, como ya hemos dicho, Kraepelin diferenciaría esta evolución cíclica con períodos asintomáticos de la evolución crónica de la esquizofrenia. Así, para entender esta enfermedad se introdujo un concepto fundamental denominado curso longitudinal. Este concepto implica que la enfermedad en sí no es la manía o la depresión, sino la vulnerabilidad para sufrir episodios de manía o depresión. Muchos pacientes aceptan que están enfermos durante una fase depresiva, o que lo han estado durante una fase maníaca, pero les cuesta mucho más entender que cuando se encuentran bien la enfermedad aún está presente, aunque no se manifieste.
Curiosamente, cien años antes de la obra de Falret y Baillarger, el médico aragonés Andrés Piquer (1711-1772), médico de cámara de Fernando VI y Carlos III, ya había descrito minuciosamente la íntima relación entre melancolía y manía como La enfermedad de las emociones: el trastorno bipolar parte de una misma enfermedad. Lo hizo partiendo del profundo conocimiento que tenía del rey Fernando VI, quien padecía un trastorno bipolar. Lamentablemente la obra de Piquer es prácticamente desconocida en el ámbito de la psiquiatría y son pocos quienes reconocen el mérito de este médico del siglo XVIII quien se avanzó a su tiempo, aunque su obra fue publicada en su mayor parte de forma póstuma por su hijo.
Así pues, hablamos de una enfermedad que ha acompañado al ser humano desde los inicios de su historia. Podemos felicitarnos por vivir en la época actual, ya que, además de disponer de tratamientos (que apenas hace cincuenta años que existen), la sociedad actual acepta la existencia de las enfermedades mentales y la necesidad de que los afectados se reintegren plenamente a la sociedad cuando se recuperen.
Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, las personas que han padecido algún trastorno mental más o menos grave se han visto desprovistas de los derechos más
elementales, encerradas indefinidamente en instituciones psiquiátricas (manicomios) o incluso quemadas en una hoguera. Sin embargo, aún queda un largo trecho para llegar a la plena aceptación social de la realidad de la enfermedad mental, la reversibilidad de la mayoría de ellas y su escasa relación con la peligrosidad o la criminalidad. En cuanto a la psiquiatría, la ignorancia de las personas es abrumadora.
Últimamente parece que empieza a considerarse aceptable haber padecido «depresión». Popularmente, este término es un comodín que sirve para designar cualquier cosa. Aún
estamos lejos de poder comentar tranquilamente que padecemos un trastorno bipolar, como quien habla de su diabetes o de su asma bronquial.

La reciente historia del trastorno bipolar viene marcada por la aparición de medicamentos, en especial el litio, y por la unificación de los criterios para el diagnóstico según una clasificación inicialmente denominada DSM-III, a la que han seguido el DSM-IV y la CIE-10. Estas siglas tan extrañas designan los sistemas de clasificación vigentes de las enfermedades físicas y mentales.

Los DSM son clasificaciones norteamericanas de los trastornos psiquiátricos y las CIE son revisiones de la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud. Básicamente se trata de un tipo de manuales que enumeran los síntomas que debe presentar un paciente para poder afirmar que tiene un trastorno concreto.

Su finalidad es unificar criterios e impedir que cada médico haga un diagnóstico distinto. Como veremos, a pesar de sus imperfecciones, se ha demostrado que son útiles para el progreso de la investigación y la comunicación entre especialistas.

Keshava Bat

La increíble historia de Keshava Bhat.

A Xiomara Peña

Conocía al doctor Keshava, (un ciudadano hindú que vivía un tiempo en Venezuela y otro en la India) a finales de los años ochenta del siglo pasado. Era doctor en botánica, en plantas y biología (PhD), con un conocimiento sorprendente de las funciones de cada árbol, flor, planta o rama silvestre. Su juicio sobre la vida en el campo lo asociaba a la búsqueda de la salud humana, era considerado el padre del naturismo tropical.
En cierta ocasión, caminando junto a él, en un pequeño bosque aledaño a la cordillera central, me quedé maravillado en los descubrimientos y nociones que transmitía sobre las utilidades de los seres vivos vegetales y sus advertencias sobre el carácter nocivo de algunos de ellos. Keshava parecía un príncipe brumoso en el trópico. Había en él cierta aura, una especie de esfera vibratoria; quiero decir, un halo, una luminosidad de palabras que lo hacían especial.
Nunca abusó de nuestra subjetividad, del deseo profundo anidado en el inconsciente de procurar tutores, salvadores o guías que nos conduzcan a sobrevivir al infierno cotidiano de existir en la injusticia. Pero Keshava era científico, elaboró teorías complejas sobre el universo y el planeta, discutió al más alto nivel, publicó libros, refutó viejas concepciones establecidas. Tenía un método de exposición basado en la racionalidad logrando sujetarse a parámetros de demostración basados en el cálculo y la lógica.
Una vez lo acompañamos a “la tertulia de Natacha Sánchez”, una cita de la inteligencia y la amistad que convoca esta distinguida personalidad de nuestra vida social, ante un público, esa noche, de científicos dominicanos y gente interesada en el tema a desarrollar por Keshava, sobre su propuesta teórica de revisión del concepto sobre las medidas y la redondez de la tierra. Su tesis había sido aceptada para fines de estudios por la NASA, y él mostraba entonces un entusiasmo contagioso sobre sus posibilidades de modificación científica de los principios aceptados tradicionalmente.
La discusión fue acalorada, un científico dominicano saltó bruscamente de su asiento para denunciar el intento de “falsificación” científica que había expuesto Keshava. Habituados a repetir, como en todos los tiempos datados de la ciencia, los mismos argumentos, sin pensar siquiera en la posibilidad de haber estado equivocados, o por lo menos, dejar implícita la idea de nuevos hallazgos- Algunos científicos apuestan a la certidumbre de manera obsesiva.
El develamiento del mapa del genoma humano no los inmuta. No se percatan de que este hecho científico arroja al basurero de las inutilidades muchas de las verdades científicas, incluso aquellas de carácter sociológico, sobre la evolución y las razones determinantes de la lucha social. Sin perder el equilibrio emocional, el señor Keshava, oyó pacientemente los epítetos y descalificaciones, tomó nuevamente la palabra y exhortó a sus contradictores a que se serenaran y discutieran con él desde el punto de vista científico, dijo que no había oído una sola refutación científica, que esperaba el argumento, rememorando al gran Jorge Luis Borges, en uno de sus relatos, ante una provocación.
En otra ocasión (visitaba todos los años República Dominicana) nos trajo su propuesta de crear una “comuna” en la selva venezolana, creación ajustada a una escala de valores existenciales basado en la productividad y el desarrollo humano.
Tenía la creencia arraigada de que había que luchar por la preservación del género humano, le atribuía su fracaso evidente desde el punto de vista de la equidad, la justicia y el amor, a una deficiencia grave de ignorancia a todos los niveles, de fraude de la inteligencia, de desequilibrio emocional, de eclipse de sabiduría y deformación de la instrucción y la educación. Su respuesta era crear una comuna que sirviera de foco de irradiación humana capaz por sus resultados de estimular un cambio global sobre las formas de vivir y pensar.
Su idea de la comuna era una sociedad basada en el amor no solamente a los seres humanos sino a las especies vivas, un uso científico de las fuentes de vida, una forma de comunismo primitivo, donde el único rasgo referencial lo constituiría el valor del conocimiento vehiculado al provecho de la sabiduría y la intuición. Para ello, sus amigos habían logrado adquirir una vasta extensión de terreno, donde se iniciarían los trabajos y la concreción de los planes. Aquella idea una vez conocida por las autoridades de turno, fue bloqueada. Keshava nos enseñó a todos a defender la calidad de vida, no a vivir cien años. Decía que lo importante era vivir sin sufrimientos físicos ni mentales, y sobre todo, sin hacer daño concientemente, no importa que muramos en cualquier edad, pero morir en armonía, en evolución deseada.
Hace algunas semanas recibí la noticia de que había muerto, luego de dirigir una avanzada de jóvenes que exploraban las montañas rocosas de California. Xiomara, mi amiga, me llamó con la voz entrecortada, sólo me dijo:”Keshava”, lo entendí todo. Luego supe que murió en una de sus horas preferidas, las cuatro de la madrugada. Se despertó, despertó a su esposa, y le dijo con toda tranquilidad que fuera a la ventana a ver la hermosa luna llena; cuando su compañera se deleitaba con la imagen del cielo destellado, oyó un profundo suspiro de despedida. A Keshava lo llamaron de algún lado, o él, en paz con Dios, decidió irse a otros mundos.

Fuente: http://www.listindiario.com.do

Al rescate de las ranas

Por catorce países rastrearán a ranas que se creen extintas; esperan que reaparezcan varias especies.

Las selvas colombianas también serán objeto de la investigación de Conservación Internacional que, buscará a los anfibios más amenazados del planeta. Algunos de ellos han desaparecido por hongos.

Colombia acaba de ser incluida en un proyecto conservacionista que intenta redescubrir ranas que se creen extintas.

De acuerdo con un informe divulgado por BBC Ciencia, los rastreos comenzarán de forma simultánea en 14 países del mundo dentro de dos meses. Estas son las denominadas especies perdidas, aquellas que, se presume, han desaparecido, pero cuyos ejemplares podrían estar en lugares remotos del planeta.

Los anfibios son los animales más amenazados, y se estima que un tercio de ellos están en peligro de extinción.

Su búsqueda se hará en naciones como Costa Rica, Guatemala, Ecuador y Venezuela. El proyecto también llegará a Ruanda, Israel, Indonesia, Malasia y Kirguistán.

Robin Moore, científico a cargo del proyecto, dijo a BBC que espera que unas 100 especies reaparezcan.

Moore, de Conservación Internacional (CI), está apoyado por un Grupo Especialista de Anfibios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés).

Entre las ranas más buscadas figuran el sapillo pintojo palestino, visto por última vez en 1955; la rana pintada africana, que se encontraba antiguamente en la República Democrática del Congo y Ruanda, y que nunca ha sido fotografiada. Y el sapo de Mesopotamia, que tiene una cabeza en forma de pirámide y que fue avistada por última vez en 1914.

La ranas no llevan una vida fácil. Además de la pérdida de su hábitat, se deben enfrentar a la quitridiomicosis, una enfermedad infecciosa causada por un hongo y que termina dañando su piel y matándolas de sed. En la actualidad no hay ninguna forma de prevenir esta afección en la naturaleza, y tampoco evitar que se propague por el planeta.

Aunque algunas especies son inmunes, el hongo quitridio hace desaparecer los ejemplares rápidamente. Por ejemplo, el icónico sapo dorado de Costa Rica pasó de ser abundante a convertirse en extinto en poco más de un año debido a su presencia. Esta espectacular especie se ha convertido en un caso paradigmático de la crisis que enfrentan los anfibios. Encontrar algunos ejemplares todavía vivos, algo sobre lo que el equipo no se muestra muy optimista, se convertiría en un gran éxito.

Lo mismo podría decirse de las ranas de Australia, la única especie del mundo animal que incubaba sus huevos en el estómago. El proceso se lograba mediante la desconexión de sus enzimas digestivas a través de una sustancia producida en los huevos. Los investigadores médicos esperaban entender más sobre este proceso y utilizarlo para llegar al desarrollo de tratamientos para la úlcera estomacal. Pero la desaparición de estas ranas en 1985, terminó con ese proyecto.

http://www.eltiempo.com

lunes, 9 de agosto de 2010

El efecto de los refrescos en el organismo

Por: Prof. Dr.. Carlos Alexandre Fett. Facultad de Educación Física da UFMT. Maestrado en Nutrição da UFMT. Laboratorio de Aptitud Física y Metabolismo


LO QUE SUCEDE CUANDO ACABAS DE BEBER UNA LATA DE REFRESCO

Primeros 10 minutos:
10 cucharadas té de azúcar golpean tu cuerpo, 100% del total recomendado diariamente. No vomitas inmediatamente por el dulce extremo, porque el ácido fosfórico corta el gusto.

20 minutos:
El nivel de azúcar en la sangre explota, provocando un chorro de insulina. El hígado responde transformando todo el azúcar que recibe en grasa (Es mucho para este momento en particular).

40 minutos:
La absorción de cafeína está completa. Tus pupilas se dilatan, la presión sanguínea sube, el hígado responde bombeando más azúcar en la corriente sanguínea. Los receptores de adenosina en el cerebro son bloqueados para evitar mareos.

45 minutos: El cuerpo aumenta la producción de dopamina, estimulando los centros de placer del cuerpo. (Físicamente, funciona como con la heroína.)

50 minutos: El ácido fosfórico empuja calcio, magnesio y zinc para el intestino grueso, aumentando el metabolismo. Las altas dosis de azúcar y otros edulcorantes aumentan la excreción de calcio en la orina, o sea, está orinando sus huesos, una de las causas de la OSTEOPOROSIS.

60 minutos: Las propiedades diuréticas de la cafeína entran en acción. Orinas. Ahora está garantizado que eliminarás más calcio, magnesio y zinc, de los cuales tus huesos necesitarían.
A medida que la onda baja sufrirás un choque de azúcar. Te pondrás irritado. Ya habrás eliminado todo lo que estaba en el refresco, pero no sin antes haber eliminado junto, cosas de las cuales necesitará tu organismo.

¿Y esto se lo dan a beber a los niños? Por eso existen a tan corta edad niños con diabetes y obesidad, EVITA darles refresco de premio porque se terminaron su comida (hamburguesas, hotdog, pizza, torta ahogada) especialmente COCA. ¿de verdad amas a tus hijos?
Piensa en eso antes de beber refrescos.Si no puedes evitarlos, modera su ingestión! Prefiera jugos naturales. Tu cuerpo agradece!

Fuente desconocida.

domingo, 8 de agosto de 2010

Hiroshima y la bomba atómica

Hiroshima recuerda 65 años de la bomba atómica en presencia de EEUU.

La ciudad japonesa de Hiroshima recordó el 65 aniversario del lanzamiento de la primera bomba atómica con un llamamiento al desarme nuclear, en una ceremonia en la que, por primera vez, participó oficialmente Estados Unidos y un secretario general de Naciones Unidas.
Además del embajador de Estados Unidos en Japón, John Ross, al aniversario asistieron también por vez primera representantes del Reino Unido y Francia -aliados en la II Guerra Mundial y hoy potencias nucleares- y el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, con diplomáticos de otros 70 países.

A las 08.15 hora local (23.15 GMT ), la misma en la que el avión estadounidense "Enola Gay" lanzó la bomba atómica en 1945, un intenso silencio se hizo entre las 55.000 personas que, según la agencia local Kyodo, se congregaron en el Parque de la Paz de Hiroshima.

El parque ocupa la explanada dejada por la detonación de la bomba de uranio "Little Boy" que arrasó Hiroshima, una ciudad que contaba entonces con unos 350.000 habitantes, según los cálculos actuales.

Cerca de 80.000 personas perdieron al vida al instante y para finales de 1945 los muertos se elevaban a unos 140.000, aunque fueron muchas más las víctimas por las radiaciones en los años posteriores.

Tres días después de aquel ataque, EEUU lanzaba una segunda bomba nuclear sobre la ciudad de Nagasaki que causó 74.000 muertos a finales de ese año, llevó a Japón a la rendición y puso fin a la II Guerra Mundial.

En la ceremonia que hoy marcó 65 años desde la tragedia, el alcalde de Hiroshima, Tadatoshi Akiba, reclamó que Japón abandone el "paraguas nuclear" de EEUU, que tras la II Guerra Mundial se convirtió en su principal aliado de seguridad.

Ante un público que incluía al primer ministro nipón, Naoto Kan, Akiba rindió homenaje a los muertos y a los "hibakusha", como se conoce a los supervivientes del desastre atómico, que "sin entender la razón, se vieron envueltos en un infierno más allá de sus peores pesadillas".

La demanda del alcalde tuvo pronta respuesta del primer ministro nipón, que tras la ceremonia afirmó que la protección nuclear de EEUU "sigue siendo necesaria" para Japón, aunque al mismo tiempo aseguró que el país tiene la responsabilidad moral de liderar la lucha contra las armas atómicas.

Tanto Kan como Akiba agradecieron la presencia oficial en la ciudad de EEUU, Reino Unido y Francia, potencias nucleares que nunca antes habían enviado representantes al aniversario del bombardeo.

El embajador estadounidense asistió "para expresar respeto por todas las víctimas de la II Guerra Mundial", según un comunicado de la legación diplomática en Tokio, que destacó que EEUU y Japón "comparten el objetivo común de avanzar en la visión del presidente Obama de lograr un mundo sin armas nucleares".

También reiteró su compromiso con la abolición de las armas atómicas el secretario general de la ONU, quien mostró su esperanza de poder celebrar en 2020 la existencia de un mundo sin amenazas atómicas.

Ban, que ayer jueves visitó Nagasaki, propuso fijar 2012 como el año de entrada en vigor del Tratado para la Prohibición de Pruebas Nucleares (CTBT), suscrito en 1996 pero que sigue a la espera de la ratificación de 44 naciones, entre ellas Estados Unidos y China.

Además, se mostró partidario de convocar reuniones periódicas del Consejo de Seguridad para analizar "la situación de nuestras promesas y compromisos" en lo relativo a las armas nucleares.

La amplia presencia internacional este año en Hiroshima y, en especial, la asistencia del embajador de Estados Unidos había suscitado grandes expectativas en la ciudad, que esperaba alguna indicación sobre una próxima visita de Barack Obama en noviembre.

Sin embargo, un portavoz de la Casa Blanca afirmó hoy que, por ahora, una visita a la ciudad que EEUU arrasó en 1945 no entra en los planes del presidente norteamericano.


Madridpress.com
Diario independiente de Madrid.

Nunca dejes de mirar al cielo

Entrevista
El fascinante viaje de la humanidad hacia las estrellas.

Guillermo Abramson, -docente del IB en Bariloche y "aficionado" de la astronomía señala que observar el cielo es una manera de tratar de comprender nuestra posición en el universo. De cómo y con qué tratamos de medirlo, trata esta charla y su último libro. 
 
Dicen los que saben que la astronomía es una de las mejores maneras para iniciar a la gente en ciencia. Alguien que se pregunta por qué la luna cambia, por qué brillan las estrellas, por qué tenemos vecinos en el barrio y no tenemos vecinos de planetas, es alguien con espíritu científico "latente".

Así como siempre nos preguntamos qué había allá arriba hubo gente que comenzó a preguntarse cómo podríamos responder esas preguntas y por eso, a lo largo de la historia, surgieron hombres y mujeres que inventaron alguna manera. Por ejemplo Eratóstenes (Grecia, 275 - 194 a.C.) estimó el radio de la tierra con un palo y unos camellos. O los antiguos de la India que calcularon la relación entre la distancia tierra-sol versus tierra-luna con las relaciones trigonométricas de toda la vida.

La historia de la manera en que estas personas intentaron responder esas preguntas es una manera de comprender cómo evolucionó la ciencia y la tecnología. Quizás si hubiéramos vivido en un planeta lleno de certezas jamás hubiéramos hecho gran cosa.

De ese loco viaje a través del tiempo y el espacio trata esta charla con Guillermo Abramson, -docente del Instituto Balseiro en Bariloche y reconocido "aficionado" de la astronomía-, a propósito de la reciente publicación de su libro "Viaje a las estrellas" (Colección Ciencia que ladra, Siglo Veintiuno Editores).

Cuando yo era chica se conseguían unas calcomanías fluorescentes importadas con formas de cometas, satélites, planetas. Con ellos podías armar una especie de cielo privado para admirar de noche, con sólo poner la cabeza en la almohada y apagar la luz. Siempre quise tenerlas pero a mí, nunca me las compraron. ¿Cómo era tu relación con las estrellas cuando eras chico o adolescente? ¿Vivías en la luna? ¿Te acordás la primera vez que viste el cielo y te surgieron preguntas?

Siempre tuve curiosidad por los fenómenos naturales. No sólo por los astronómicos. Devoraba desde niño libros de paleontología, exploraciones al polo, biografías de científicos, jugaba con lentes, tubos de ensayo… Cuando tenía 10 años, una noche mi papá me llevó al observatorio del Parque Centenario (En Buenos Aires), el de la Asociación de Amigos de la Astronomía. Allí un señor (un muchacho, sería) me hizo subir a una escalerita para mirar por un telescopio que parecía sacado de una historia de Julio Verne. Lo que vi me causó tanta impresión que recuerdo el instante como si hubiera ocurrido la semana pasada. "Se llama el Joyero", me dijo. Se trata de un cúmulo de estrellas, un racimo de soles de colores que parecen joyas esparcidas sobre el terciopelo de la noche. Es uno de los objetos favoritos del cielo austral, y lo muestro cada vez que tengo público para mirar por el telescopio. Otra cosa que me causó profunda impresión es más sutil, tal vez porque yo era todavía más chico y mi recuerdo es imperfecto. Tenía 4 años y medio cuando el Apolo 11 viajó a la Luna, y Armstrong y Aldrin caminaron por el mar de la Tranquilidad. Mis padres no dejaban de hablarme del viaje, me mostraban las fotos en el diario La Prensa, etc. No recuerdo nada del lanzamiento por tele ni de su seguimiento. Pero el día de la famosa transmisión televisiva desde la Luna me dejaron quedarme a verla. Era muy tarde, y se veía muy mal. Lo que me impresionó no fue la transmisión en sí, ni la hazaña tecnológica, ni el momento histórico. Para mí fue un descubrimiento personal: la Luna no era una cosa luminosa que flotaba en el cielo; era un lugar a donde se podía ir y caminar. ¡La Luna era un mundo! Hace 400 años Galileo apuntó su primer telescopio al cielo y vio la Luna como nadie la había visto, y comprendió lo mismo: que la Luna era un mundo, como la Tierra, y que entonces la Tierra podía ser como la Luna, un cuerpo celeste en órbita alrededor del Sol. El año pasado, preparando los materiales para la celebración del Año de la Astronomía, me di cuenta de que lo que había experimentado Galileo era probablemente muy parecido a lo que yo recordaba (aún cuando yo tenía 4 y Galileo 40, claro).

Hace poco, mirando el cielo, alguien me ayudó a unir las estrellas y pude ver una constelación: escorpio. Cuando terminé de unir los puntos fue como si se hubieran encendido las luces de una kermese. Yo miro estrellas en el cielo y las veo desordenadas ¿cómo fue que alguien pudo encontrar todas esas figuras que pueblan el techo del mundo? Me dí cuenta que sin ayuda no hubiera podido sola. Después me pregunté cómo pasé tanto tiempo sin saberlo. Ahora, de grande, cómo es tu relación con las estrellas. ¿Es más profesional, más distante o cada vez que mirás el cielo te sigue sorprendiendo como a un niño?

Escorpio es deslumbrante. Yo creo que tiene poca prensa porque para nosotros es una constelación del invierno. En cambio todo el mundo sabe reconocer las Tres Marías y Orión porque las vemos en verano cuando la gente se queda de noche en la playa, hace campamentos y disfruta del cielo como no se puede hacer desde las grandes ciudades. Mi propia relación con el cielo es muy poco profesional. Yo soy físico, y puedo decir que me acerqué a la física a partir de mi gusto por la astronomía. Pero mi carrera profesional ha tomado un camino muy distinto. De manera que mi relación con la astronomía es la de un aficionado. Claro que sé cómo funcionan muchas cosas, que puedo leer trabajos técnicos, y todo eso. Pero el efecto del cielo estrellado es el de siempre, el de todos.

¿Por qué?

La astronomía goza de un prestigio singular entre el público. A todo el mundo le fascina la astronomía. Y mientras en general la gente suele preguntar "para qué sirve" determinado conocimiento científico, a nadie le preocupa que la astronomía no "sirva" para mucho.

Ese encantamiento de la humanidad por el cielo. ¿Es cultural o existencial? ¿Está más presente en las culturas de oriente que en occidente? ¿Oriente creó más mitos y leyendas en torno a las estrellas, más poesía, y occidente se dedicó a la ciencia, a la tarea más dura?

Esta fascinación por la astronomía es muy humana. Es común a todos los pueblos y a todos los niveles educativos. La astronomía es más que una ciencia: es una manera de tratar de comprender nuestra posición en el universo, nuestra relación con él, y nuestro rol. La astronomía se desarrolló como ciencia en muchos pueblos que desplegaron la matemática necesaria, incluidos los pueblos orientales de India y China, y por supuesto los de Medio Oriente, de donde la recibimos nosotros en buena medida. La gran mayoría de los pueblos del mundo (europeos incluidos) tuvieron mitos para explicar los fenómenos astronómicos durante casi toda su existencia. En Europa este estado de cosas cambió con los griegos, cuya influencia desembocó en una revolución científica sin igual después del Renacimiento, que fue la que se impuso en el mundo. Pero la ciencia es una sola, y da lo mismo dónde se descubre un mecanismo que explica un fenómeno. Hoy en día tendríamos la misma astronomía si cualquier otra civilización se hubiese adelantado a la europea para imponer su cultura en el mundo. Es un aspecto de la universalidad de la ciencia.

A la pregunta de Golombek, de "qué hacen los científicos metiéndose con las estrellas, territorio de poetas y enamorados", ¿qué respondes?

Cuento mejor una anécdota graciosa. Un físico de origen ruso, George Gamow (gran divulgador de la ciencia además), desentrañó en la década del 40 cómo funcionaban las estrellas, es decir el mecanismo físico que las hace brillar como lo hacen durante miles de millones de años. Era un descubrimiento fenomenal y Gamow estaba chocho. Esa noche salió con su novia. Sentados en el banco de una plaza pensaba cómo contárselo. Entonces la novia de Gamow dijo algo así: "¡Ay, George, mirá qué lindo cómo brillan las estrellas!". Gamow vio la oportunidad y replicó: "Sí, y esta noche, en todo el mundo, ¡yo soy el único que sabe CÓMO brillan! ¿Te cuento?". Se casaron y fueeron felices. Ahí tenés: lo romántico no quita lo científico.

¿Se puede decir que el gran problema para conocer el universo se reduce a una cuestión de distancia? ¿El tamaño importa? ¿Y el tiempo?

No, para nada. La cuestión del tamaño del universo es un aspecto más de su comprensión. Pero no es central en la astronomía moderna (si bien hay fenómenos cuya interpretación depende de manera delicada de a qué distancia ocurren). Este libro es una excusa para contar las interesantes historias de sus protagonistas y sus descubrimientos.

Alguien dijo que "la ciencia es mitad cálculo y mitad azar, aunque nunca sabremos qué podrá hacer el azar con nuestro cálculo". ¿Cómo se convive con esta limitación, cómo se trabaja cada día en una disciplina cuyo objeto de estudio está a millones de kilómetros de distancia?

Insisto en que mi relación con la astronomía no es profesional. Cosa de la que estoy contento, ya que tal vez habría perdido un poco de la fascinación ingenua que me preguntabas, de haberme convertido en un astrónomo. Pero es verdad que en el trabajo científico cotidiano hay componentes de suerte, de oportunidad, de dedicación, y de todas las miserias humanas. Los científicos somos seres humanos.

La observación directa es una parte fundamental del método científico. Pero en astronomía, pese al desarrollo de instrumental sofisticado hay un montón de objetos que no pueden observarse directamente.

Así es pero lo que sabemos sobre el universo es asombroso y extraordinariamente exacto. Esto no deja de sorprenderme. Tomemos la teoría de la evolución estelar, por ejemplo: sabemos cómo nacen, por qué brillan, cómo viven, cambian y acaban sus vidas, qué pasa en los hornos termonucleares de sus núcleos, en sus atmósferas de gas ardiente, en sus vientos. Todo visto desde lejos, y sin poder hacer experimentos en un laboratorio. Para mí, es uno de los grandes logros de la ciencia del siglo XX. Es algo de lo que hay que estar orgulloso, como especie.

Es sorprendente que desde el origen de la astronomía comenzó el desarrollo de instrumentos de medición. Pensé que era algo mucho más moderno. ¿No dejo de preguntarme cómo lo hicieron?

Uh, y hay mucho más que lo que se cuenta en el libro. Pero todos los pueblos que desarrollaron ciencias matemáticas desarrollaron instrumentos de medición. Generación tras generación es inevitable que se alcancen avances tecnológicos sorprendentes. Y si te referís al renacimiento: el telescopio de Galileo es increíblemente fácil de hacer. Yo hice una réplica el año pasado y se lo muestro a la gente en las charlas, para que vean cómo funciona, que no hay nada complicado (y a la vez para que van qué difícil es de usar, cosa que suele ocurrir con la primera versión de cualquier instrumento).

Gracias al avance de la ciencia, hoy conocemos más cosas del universo que antes. ¿Nos seguimos preguntando cuál fue el origen del universo o ya tenemos la respuesta? Si no la tenemos, ¿algún día la tendremos?

No tenemos una respuesta sobre el origen del universo. Lo que conocemos como Big Bang es una teoría sobre la evolución del universo, pero "Teoría del Big Bang (Gran Explosión) del origen del universo" es un nombre tan marketinero que nadie ha podido resistirse. A propósito, hay que decir que "teoría", en la ciencia, no es exactamente lo mismo que en la vida cotidiana. En la vida cotidiana uno dice "teoría" significando una "corazonada", o una suposición de cómo ocurrió algo. En ciencia una teoría es lo máximo a lo que puede aspirar un conjunto de ideas: es un sistema organizado de evidencias y explicaciones matemáticas de una cantidad de fenómenos relacionados. En cuanto a si tendremos una teoría del comienzo del universo, la respuesta es que no lo sabemos. Es así, hay cosas que no sabemos. Que no lo sepamos no quiere decir que sea imposible: tal vez un físico argentino del siglo XXII produzca una revolución del conocimiento que permita un avance insospechado hoy en día. La ciencia es una empresa colectiva, internacional e intergeneracional. Ha sido así siempre, y es también algo de lo que se puede estar orgulloso.

¿Cuáles son las nuevas preguntas de la astronomía? El desarrollo de la ciencia hacia qué lugar va?

Insisto: como aficionado. Veo que las cuestiones candentes en la astronomía están en la formación de sistemas solares y sus características (apuntando por ejemplo a la existencia de mundos habitables), la formación de estrellas superpesadas (muy misteriosas), la evolución de las galaxias (cómo llegaron a existir las galaxias que vemos cerca nuestro, a partir de lo que fuera que haya existido poco después del Big Bang), qué es la "materia oscura" cuya evidencia se ha acumulado en los últimos 20 años (y que no tiene una explicación definitiva aún), qué es la "energía oscura" (un nombre medio esotérico para describir una propiedad dinámica de la expansión de universo, sobre la cual hay menos idea todavía), y por supuesto miles de cosas sobre la dinámica de los cinturones de asteroides (el de siempre y el que está más allá de Neptuno), sobre la formación de los planetas, sobre los vientos estelares, sobre los ciclos del sol, sobre los terremotos estelares, sobre la conexión entre las galaxias y sus agujeros negros centrales, sobre el origen de los rayos cósmicos de ultra alta energía (cuyo mayor observatorio se encuentra en la provincia de Mendoza, con activa participación de colegas del Bariloche)…

La difusión de la ciencia ¿es una cuestión de "militancia" para vos? ¿El saber astronómico está encerrado?

Creo que la divulgación es una obligación para el científico, y que todos deberíamos hacer algo, en la medida que podamos o que se nos ocurra. Como ya dije, aunque yo no soy astrónomo, me lancé el año pasado a esta actividad aprovechando el Año de la Astronomía y el gusto que tiene la gente por estas cuestiones. Durante años la gente conocida me consultaba y me preguntaba, y yo escribía notitas de divulgación interna para el Centro Atómico Bariloche, y siempre tuve ganas de hacerlo llegar a más gente. Con frecuencia trato de preparar charlas divulgativas sobre mi propio trabajo de investigación, en el área de la aplicación de herramientas de la física a temas interdisciplinarios, tales como la ecología y la epidemiología. Me cuesta trabajo, me lleva tiempo, pero vale la pena y lo siento como una obligación hacia la sociedad.

NOTA: Colaboró el ingeniero Horacio Oswald, otro apasionado seguidor del cielo estrellado.

Por: Natalia López 
Fuente: http://www1.rionegro.com.ar