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jueves, 12 de agosto de 2010

Historia del trastorno bi-polar

El trastorno bipolar.

Por: LUIS ROJAS-MARCOS
Del libro La enfermedad de las emociones.


El trastorno bipolar se denominaba antiguamente psicosis maníaco-depresiva. Este nombre le fue impuesto por el gran psiquiatra alemán Emil Kraepelin (1856-1926), quien lo diferenció de otra enfermedad mental, la esquizofrenia. Hasta la obra de Kraepelin, a principios del siglo XX, estas enfermedades no estaban bien diferenciadas. Actualmente todavía hay controversia porque existe un subgrupo de pacientes, denominados esquizoafectivos, que manifiestan síntomas comunes a ambas enfermedades. Muy pronto quedó claro que muchos pacientes maníaco-depresivos no manifestaban síntomas de psicosis y que algunos incluso presentaban fases de euforia moderada que no llegaba a la manía, motivo éste por el que se impuso un cambio de nombre. La denominación trastorno bipolar fue introducida por Karl Leonhard (1904-1988) para diferenciar esta enfermedad de otra con la cual también puede confundirse: las depresiones «vulgares» o unipolares, según la terminología de este autor. Esta clasificación, como decíamos anteriormente, sigue aún vigente, si bien es cierto que con pequeñas modificaciones.
Sin embargo, esta enfermedad se conoce desde tiempos inmemoriales. En la antigua Grecia, un autor llamado Arato ya describió la relación entre la depresión, denominada
melancolía, y la manía. El término manía no tiene nada que ver con el concepto popular o coloquial, según el cual una manía es una característica peculiar, una obsesión, o una extravagancia reiterada propia de un individuo. Se trata de una palabra que procede del griego y que en la antigüedad servía para designar cualquier enfermedad mental, en especial si se acompañaba de agitación o violencia. Actualmente la manía es una manifestación del trastorno bipolar que se caracteriza por hiperactividad, euforia o irritabilidad, grandilocuencia y muchos otros síntomas que más adelante explicaremos con más detalle. El concepto actual de manía tampoco tiene ninguna relación con el uso de la palabra maníaco, sobre todo en los países anglosajones, donde se utiliza para designar a los agresores sexuales o a los psicópatas. Como podemos ver, la terminología psiquiátrica está popularmente muy contaminada por connotaciones peyorativas que no ayudan en nada a los afectados a aceptar de buen grado la realidad de su enfermedad.
Los primeros en difundir la idea de que la manía y la depresión son fases distintas (y en muchos aspectos opuestas) de una misma enfermedad fueron los psiquiatras franceses Falret y Baillarger. En 1854 ambos publicaron, por separado, la descripción de lo que actualmente denominamos trastorno bipolar como una enfermedad cíclica, donde la manía y la depresión eran las dos caras de una misma moneda. Posteriormente, como ya hemos dicho, Kraepelin diferenciaría esta evolución cíclica con períodos asintomáticos de la evolución crónica de la esquizofrenia. Así, para entender esta enfermedad se introdujo un concepto fundamental denominado curso longitudinal. Este concepto implica que la enfermedad en sí no es la manía o la depresión, sino la vulnerabilidad para sufrir episodios de manía o depresión. Muchos pacientes aceptan que están enfermos durante una fase depresiva, o que lo han estado durante una fase maníaca, pero les cuesta mucho más entender que cuando se encuentran bien la enfermedad aún está presente, aunque no se manifieste.
Curiosamente, cien años antes de la obra de Falret y Baillarger, el médico aragonés Andrés Piquer (1711-1772), médico de cámara de Fernando VI y Carlos III, ya había descrito minuciosamente la íntima relación entre melancolía y manía como La enfermedad de las emociones: el trastorno bipolar parte de una misma enfermedad. Lo hizo partiendo del profundo conocimiento que tenía del rey Fernando VI, quien padecía un trastorno bipolar. Lamentablemente la obra de Piquer es prácticamente desconocida en el ámbito de la psiquiatría y son pocos quienes reconocen el mérito de este médico del siglo XVIII quien se avanzó a su tiempo, aunque su obra fue publicada en su mayor parte de forma póstuma por su hijo.
Así pues, hablamos de una enfermedad que ha acompañado al ser humano desde los inicios de su historia. Podemos felicitarnos por vivir en la época actual, ya que, además de disponer de tratamientos (que apenas hace cincuenta años que existen), la sociedad actual acepta la existencia de las enfermedades mentales y la necesidad de que los afectados se reintegren plenamente a la sociedad cuando se recuperen.
Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, las personas que han padecido algún trastorno mental más o menos grave se han visto desprovistas de los derechos más
elementales, encerradas indefinidamente en instituciones psiquiátricas (manicomios) o incluso quemadas en una hoguera. Sin embargo, aún queda un largo trecho para llegar a la plena aceptación social de la realidad de la enfermedad mental, la reversibilidad de la mayoría de ellas y su escasa relación con la peligrosidad o la criminalidad. En cuanto a la psiquiatría, la ignorancia de las personas es abrumadora.
Últimamente parece que empieza a considerarse aceptable haber padecido «depresión». Popularmente, este término es un comodín que sirve para designar cualquier cosa. Aún
estamos lejos de poder comentar tranquilamente que padecemos un trastorno bipolar, como quien habla de su diabetes o de su asma bronquial.

La reciente historia del trastorno bipolar viene marcada por la aparición de medicamentos, en especial el litio, y por la unificación de los criterios para el diagnóstico según una clasificación inicialmente denominada DSM-III, a la que han seguido el DSM-IV y la CIE-10. Estas siglas tan extrañas designan los sistemas de clasificación vigentes de las enfermedades físicas y mentales.

Los DSM son clasificaciones norteamericanas de los trastornos psiquiátricos y las CIE son revisiones de la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud. Básicamente se trata de un tipo de manuales que enumeran los síntomas que debe presentar un paciente para poder afirmar que tiene un trastorno concreto.

Su finalidad es unificar criterios e impedir que cada médico haga un diagnóstico distinto. Como veremos, a pesar de sus imperfecciones, se ha demostrado que son útiles para el progreso de la investigación y la comunicación entre especialistas.

Keshava Bat

La increíble historia de Keshava Bhat.

A Xiomara Peña

Conocía al doctor Keshava, (un ciudadano hindú que vivía un tiempo en Venezuela y otro en la India) a finales de los años ochenta del siglo pasado. Era doctor en botánica, en plantas y biología (PhD), con un conocimiento sorprendente de las funciones de cada árbol, flor, planta o rama silvestre. Su juicio sobre la vida en el campo lo asociaba a la búsqueda de la salud humana, era considerado el padre del naturismo tropical.
En cierta ocasión, caminando junto a él, en un pequeño bosque aledaño a la cordillera central, me quedé maravillado en los descubrimientos y nociones que transmitía sobre las utilidades de los seres vivos vegetales y sus advertencias sobre el carácter nocivo de algunos de ellos. Keshava parecía un príncipe brumoso en el trópico. Había en él cierta aura, una especie de esfera vibratoria; quiero decir, un halo, una luminosidad de palabras que lo hacían especial.
Nunca abusó de nuestra subjetividad, del deseo profundo anidado en el inconsciente de procurar tutores, salvadores o guías que nos conduzcan a sobrevivir al infierno cotidiano de existir en la injusticia. Pero Keshava era científico, elaboró teorías complejas sobre el universo y el planeta, discutió al más alto nivel, publicó libros, refutó viejas concepciones establecidas. Tenía un método de exposición basado en la racionalidad logrando sujetarse a parámetros de demostración basados en el cálculo y la lógica.
Una vez lo acompañamos a “la tertulia de Natacha Sánchez”, una cita de la inteligencia y la amistad que convoca esta distinguida personalidad de nuestra vida social, ante un público, esa noche, de científicos dominicanos y gente interesada en el tema a desarrollar por Keshava, sobre su propuesta teórica de revisión del concepto sobre las medidas y la redondez de la tierra. Su tesis había sido aceptada para fines de estudios por la NASA, y él mostraba entonces un entusiasmo contagioso sobre sus posibilidades de modificación científica de los principios aceptados tradicionalmente.
La discusión fue acalorada, un científico dominicano saltó bruscamente de su asiento para denunciar el intento de “falsificación” científica que había expuesto Keshava. Habituados a repetir, como en todos los tiempos datados de la ciencia, los mismos argumentos, sin pensar siquiera en la posibilidad de haber estado equivocados, o por lo menos, dejar implícita la idea de nuevos hallazgos- Algunos científicos apuestan a la certidumbre de manera obsesiva.
El develamiento del mapa del genoma humano no los inmuta. No se percatan de que este hecho científico arroja al basurero de las inutilidades muchas de las verdades científicas, incluso aquellas de carácter sociológico, sobre la evolución y las razones determinantes de la lucha social. Sin perder el equilibrio emocional, el señor Keshava, oyó pacientemente los epítetos y descalificaciones, tomó nuevamente la palabra y exhortó a sus contradictores a que se serenaran y discutieran con él desde el punto de vista científico, dijo que no había oído una sola refutación científica, que esperaba el argumento, rememorando al gran Jorge Luis Borges, en uno de sus relatos, ante una provocación.
En otra ocasión (visitaba todos los años República Dominicana) nos trajo su propuesta de crear una “comuna” en la selva venezolana, creación ajustada a una escala de valores existenciales basado en la productividad y el desarrollo humano.
Tenía la creencia arraigada de que había que luchar por la preservación del género humano, le atribuía su fracaso evidente desde el punto de vista de la equidad, la justicia y el amor, a una deficiencia grave de ignorancia a todos los niveles, de fraude de la inteligencia, de desequilibrio emocional, de eclipse de sabiduría y deformación de la instrucción y la educación. Su respuesta era crear una comuna que sirviera de foco de irradiación humana capaz por sus resultados de estimular un cambio global sobre las formas de vivir y pensar.
Su idea de la comuna era una sociedad basada en el amor no solamente a los seres humanos sino a las especies vivas, un uso científico de las fuentes de vida, una forma de comunismo primitivo, donde el único rasgo referencial lo constituiría el valor del conocimiento vehiculado al provecho de la sabiduría y la intuición. Para ello, sus amigos habían logrado adquirir una vasta extensión de terreno, donde se iniciarían los trabajos y la concreción de los planes. Aquella idea una vez conocida por las autoridades de turno, fue bloqueada. Keshava nos enseñó a todos a defender la calidad de vida, no a vivir cien años. Decía que lo importante era vivir sin sufrimientos físicos ni mentales, y sobre todo, sin hacer daño concientemente, no importa que muramos en cualquier edad, pero morir en armonía, en evolución deseada.
Hace algunas semanas recibí la noticia de que había muerto, luego de dirigir una avanzada de jóvenes que exploraban las montañas rocosas de California. Xiomara, mi amiga, me llamó con la voz entrecortada, sólo me dijo:”Keshava”, lo entendí todo. Luego supe que murió en una de sus horas preferidas, las cuatro de la madrugada. Se despertó, despertó a su esposa, y le dijo con toda tranquilidad que fuera a la ventana a ver la hermosa luna llena; cuando su compañera se deleitaba con la imagen del cielo destellado, oyó un profundo suspiro de despedida. A Keshava lo llamaron de algún lado, o él, en paz con Dios, decidió irse a otros mundos.

Fuente: http://www.listindiario.com.do

Al rescate de las ranas

Por catorce países rastrearán a ranas que se creen extintas; esperan que reaparezcan varias especies.

Las selvas colombianas también serán objeto de la investigación de Conservación Internacional que, buscará a los anfibios más amenazados del planeta. Algunos de ellos han desaparecido por hongos.

Colombia acaba de ser incluida en un proyecto conservacionista que intenta redescubrir ranas que se creen extintas.

De acuerdo con un informe divulgado por BBC Ciencia, los rastreos comenzarán de forma simultánea en 14 países del mundo dentro de dos meses. Estas son las denominadas especies perdidas, aquellas que, se presume, han desaparecido, pero cuyos ejemplares podrían estar en lugares remotos del planeta.

Los anfibios son los animales más amenazados, y se estima que un tercio de ellos están en peligro de extinción.

Su búsqueda se hará en naciones como Costa Rica, Guatemala, Ecuador y Venezuela. El proyecto también llegará a Ruanda, Israel, Indonesia, Malasia y Kirguistán.

Robin Moore, científico a cargo del proyecto, dijo a BBC que espera que unas 100 especies reaparezcan.

Moore, de Conservación Internacional (CI), está apoyado por un Grupo Especialista de Anfibios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés).

Entre las ranas más buscadas figuran el sapillo pintojo palestino, visto por última vez en 1955; la rana pintada africana, que se encontraba antiguamente en la República Democrática del Congo y Ruanda, y que nunca ha sido fotografiada. Y el sapo de Mesopotamia, que tiene una cabeza en forma de pirámide y que fue avistada por última vez en 1914.

La ranas no llevan una vida fácil. Además de la pérdida de su hábitat, se deben enfrentar a la quitridiomicosis, una enfermedad infecciosa causada por un hongo y que termina dañando su piel y matándolas de sed. En la actualidad no hay ninguna forma de prevenir esta afección en la naturaleza, y tampoco evitar que se propague por el planeta.

Aunque algunas especies son inmunes, el hongo quitridio hace desaparecer los ejemplares rápidamente. Por ejemplo, el icónico sapo dorado de Costa Rica pasó de ser abundante a convertirse en extinto en poco más de un año debido a su presencia. Esta espectacular especie se ha convertido en un caso paradigmático de la crisis que enfrentan los anfibios. Encontrar algunos ejemplares todavía vivos, algo sobre lo que el equipo no se muestra muy optimista, se convertiría en un gran éxito.

Lo mismo podría decirse de las ranas de Australia, la única especie del mundo animal que incubaba sus huevos en el estómago. El proceso se lograba mediante la desconexión de sus enzimas digestivas a través de una sustancia producida en los huevos. Los investigadores médicos esperaban entender más sobre este proceso y utilizarlo para llegar al desarrollo de tratamientos para la úlcera estomacal. Pero la desaparición de estas ranas en 1985, terminó con ese proyecto.

http://www.eltiempo.com

lunes, 9 de agosto de 2010

El efecto de los refrescos en el organismo

Por: Prof. Dr.. Carlos Alexandre Fett. Facultad de Educación Física da UFMT. Maestrado en Nutrição da UFMT. Laboratorio de Aptitud Física y Metabolismo


LO QUE SUCEDE CUANDO ACABAS DE BEBER UNA LATA DE REFRESCO

Primeros 10 minutos:
10 cucharadas té de azúcar golpean tu cuerpo, 100% del total recomendado diariamente. No vomitas inmediatamente por el dulce extremo, porque el ácido fosfórico corta el gusto.

20 minutos:
El nivel de azúcar en la sangre explota, provocando un chorro de insulina. El hígado responde transformando todo el azúcar que recibe en grasa (Es mucho para este momento en particular).

40 minutos:
La absorción de cafeína está completa. Tus pupilas se dilatan, la presión sanguínea sube, el hígado responde bombeando más azúcar en la corriente sanguínea. Los receptores de adenosina en el cerebro son bloqueados para evitar mareos.

45 minutos: El cuerpo aumenta la producción de dopamina, estimulando los centros de placer del cuerpo. (Físicamente, funciona como con la heroína.)

50 minutos: El ácido fosfórico empuja calcio, magnesio y zinc para el intestino grueso, aumentando el metabolismo. Las altas dosis de azúcar y otros edulcorantes aumentan la excreción de calcio en la orina, o sea, está orinando sus huesos, una de las causas de la OSTEOPOROSIS.

60 minutos: Las propiedades diuréticas de la cafeína entran en acción. Orinas. Ahora está garantizado que eliminarás más calcio, magnesio y zinc, de los cuales tus huesos necesitarían.
A medida que la onda baja sufrirás un choque de azúcar. Te pondrás irritado. Ya habrás eliminado todo lo que estaba en el refresco, pero no sin antes haber eliminado junto, cosas de las cuales necesitará tu organismo.

¿Y esto se lo dan a beber a los niños? Por eso existen a tan corta edad niños con diabetes y obesidad, EVITA darles refresco de premio porque se terminaron su comida (hamburguesas, hotdog, pizza, torta ahogada) especialmente COCA. ¿de verdad amas a tus hijos?
Piensa en eso antes de beber refrescos.Si no puedes evitarlos, modera su ingestión! Prefiera jugos naturales. Tu cuerpo agradece!

Fuente desconocida.