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lunes, 6 de septiembre de 2010

Aneursima de aorta abdominal

Descubren una mutación asociada con el aneurisma de aorta abdominal y otras patologías tromboembólicas.

Fuente: EUROPA PRESS.

Investigadores de la Red de Investigación Cardiovascular (RECAVA), perteneciente al Instituto de Salud Carlos III del Ministerio de Ciencia e Innovación, han descubierto una mutación asociada con el aneurisma de aorta abdominal y otras patologías tromboembólicas, que ayudará a identificar la población con un mayor riesgo de sufrir estas enfermedades.

El estudio, publicado en la revista científica 'Nature Genetics', ha descubierto que los portadores de una nueva alteración genética tienen un mayor riesgo de padecer aneurisma de aorta abdominal (AAA), infarto de miocardio (IM) precoz y tromboembolismo venoso (TEV).

La investigación, desarrollada durante los últimos 5 años, ha contado con la participación de 100 científicos pertenecientes a 65 centros de investigación y hospitales de varios países europeos, entre ellos Estados Unidos, Canadá y Nueva Zelanda.

Asimismo, se ha estudiado a 4.257 pacientes con AAA, 4.943 con IM, 3.592 con enfermedad arterial periférica, 2.225 con isquemia cerebral, 1.045 con aneurisma intracraneal y 1.835 con TEV, además de más de 50.000 sujetos sanos.

Los resultados de este estudio sugieren que esta alteración genética, que presenta hasta el 40 por ciento de la población, afecta a rutas bioquímicas comunes a estas patologías, tales como el remodelado y reparación vascular, la trombosis o la inflamación.

Se ha realizado un estudio de asociación genómica a gran escala que ha genotipado hasta 600.000 polimorfismos que cubren el genoma completo (GWAS) en 1.300 pacientes con AAA y mas de 30.000 controles.

Según informan, el gran volumen de información generado permitió confirmar la asociación con el polimorfismo localizado en 9p21 y mostró una nueva asociación con un nuevo polimorfismo (rs7025486) que afecta al gen DAB2IP localizado en 9q33, que destacaba tanto por razones estadísticas como fundamentalmente biológicas.

or ello, este polimorfismo fue genotipado en más de 3.000 nuevos pacientes y 7.000 controles de otras poblaciones, confirmando la asociación de este polimorfismo con AAA.

UNA ALTERACIÓN, DIVERSAS PATOLOGÍAS

Este polimorfismo se localiza en un intrón del gen DAB2IP. El gen DAB2IP codifica un inhibidor del crecimiento y la supervivencia celular que se expresa en diferentes tejidos del árbol cardiovascular, tanto en células musculares lisas de aorta como en células endoteliales de corazón, siendo las células endoteliales de la vena de cordón umbilical las que mayor nivel de expresión presentaban.

Este dato biológico planteó la posibilidad de que esta misma alteración pudiera estar implicada en el desarrollo de otras patologías en las que alteraciones de la pared vascular pudiera jugar algún papel.

Para ello, los investigadores evaluaron la prevalencia del polimorfismo rs7025486 que afecta al gen DAB2IP en extensos estudios caso-control de infarto agudo de miocardio (6.000 pacientes de los que más de 2.000 eran prematuros y 10.000 controles) enfermedad periférica arterial (cerca de 3.700 pacientes y mas de 12.000 controles), trombosis venosa (casi 2.000 pacientes y más de 7.000 controles) e infarto cerebral isquémico (2.200 pacientes y 27.712 controles) de diferentes poblaciones.

Los resultados mostraron que este polimorfismo incrementa moderadamente el riesgo de sufrir infarto agudo, especialmente en pacientes jóvenes (menos de 50 años), enfermedad periférica arterial, y trombosis venosa, especialmente tromboembolismo pulmonar. En todos estos casos, el efecto es independiente del resto de factores de riesgo tromboembólicos.

China y el nuevo orden mundial

China y el nuevo orden mundial.

Noam Chomsky.

En medio de todas las supuestas amenazas a la superpotencia mundial reinante, un rival está emergiendo en silencio y con fuerza: China. Y Estados Unidos está analizando de cerca las intenciones de ese país.
El 13 de agosto, un estudio del Pentágono planteaba la preocupación de que China estuviera expandiendo sus fuerzas militares de manera que “pudiera neutralizar la capacidad de los buques de guerra estadounidenses de operar en aguas internacionales”, da cuenta Thom Shanker en The New York Times.

Washington ha hecho sonar la voz de alarma de que “la falta de transparencia de China sobre el crecimiento, las capacidades y las intenciones de sus militares inyecta inestabilidad a una región vital del globo”.

Estados Unidos, por el contrario, es bastante transparente sobre sus intenciones de operar libremente a lo largo y ancho de la “región vital del globo” que rodea China (y donde sea).

EEUU publicita su vasta capacidad para hacerlo: con un presupuesto militar en crecimiento que casi alcanza al del conjunto del resto del mundo, cientos de bases militares por todo el planeta, y un indiscutible liderazgo en la tecnología de destrucción y dominación.

La falta de entendimiento de las reglas de urbanidad internacionales por parte de China quedó reflejada en su objeción al plan de que el portaaviones nuclear USS George Washington participara en las maniobras militares de EEUU y Corea del Sur cerca de las costas chinas en julio, alegando que este tendría la capacidad de hacer diana en Pekín.

En cambio Occidente entiende que dichas operaciones se llevaron a cabo para defender la estabilidad y su propia seguridad.

El término estabilidad tiene un significado técnico en el discurso de las relaciones internacionales: la dominación por parte de EEUU. Así, ninguna ceja se arquea cuando James Chace, ex editor de Foreign Affairs, explicaba que, a fin de conseguir “estabilidad” en Chile en 1973, fue necesario “desestabilizar” el país, derrocando al Gobierno legítimo del presidente Salvador Allende e instaurando la dictadura del general Augusto Pinochet, que procedió a asesinar y torturar sin miramientos y estableció una red de terror que ayudó a instalar regímenes similares en otros lugares, con el apoyo de EEUU, por el interés de la estabilidad y la seguridad.

Es fácil reconocer que la seguridad estadounidense requiere un control absoluto. El historiador John Lewis Gaddis, de la Universidad de Yale, dio a esta premisa una impronta académica en Surprise, Security and the American Experience, donde investiga las raíces de la doctrina de la guerra preventiva del presidente George W. Bush. El principio operativo es que la expansión es “el camino a la seguridad”, una doctrina que Gaddis rastrea con admiración dos siglos hacia atrás, hasta el presidente John Quincy.

Adams, autor intelectual del Destino manifiesto.

En relación con la advertencia de Bush de que los estadounidense “deben estar listos para acciones preventivas cuando sea necesario luchar por nuestra libertad y defender nuestras vidas”, Gaddis observa que el entonces presidente “se estaba haciendo eco de una vieja tradición, en vez de establecer una nueva” al reiterar principios que varios presidentes ya habían defendido y que desde Adams a Woodrow Wilson “habrían entendido muy bien”.

Lo mismo ocurre con los sucesores de Wilson hasta el presente. La doctrina de Bill Clinton era que EEUU estaba autorizado a utilizar la fuerza militar para asegurar “el acceso desinhibido a mercados clave, suministros energéticos y recursos estratégicos”, sin siquiera la necesidad de inventar pretextos del tipo de los de Bush hijo.

Según el secretario de Defensa de Clinton, William Cohen, EEUU debe consecuentemente mantener una enorme avanzadilla de fuerzas militares “desplegadas” en Europa y Asia “con el fin de moldear la opinión de la gente sobre nosotros”, y “para forjar acontecimientos que afectarán nuestra subsistencia y nuestra seguridad”. Esta receta para la guerra permanente –observa el historiador militar Andrew Bacevich– es una nueva doctrina estratégica, que fue amplificada más tarde por Bush Jr. y por Barack Obama.

Como todo capo de la Mafia sabe, incluso la pérdida más sutil de control puede desembocar en el desmoronamiento del sistema de dominación cuando otros se animan a seguir un camino similar.

Este principio central de poder se formula como la teoría dominó en el lenguaje de los estrategas políticos. Se traduce en la práctica en el reconocimiento de que el “virus” del exitoso desarrollo independiente puede “contagiarse” en cualquier otro lugar y, de esta manera, debe ser destruido mientras las víctimas potenciales de la plaga son inoculadas, normalmente a manos de brutales dictaduras.

Según el estudio del Pentágono, el presupuesto militar de China se expandió a unos 150.000 millones de dólares, cerca de “la quinta parte de lo que el Pentágono se ha gastado para operar y llevar a cabo las guerras de Iraq y Afganistán” en ese año, lo cual es sólo un fragmento del total del presupuesto militar estadounidense, por supuesto.

Las preocupaciones de Estados Unidos son comprensibles si uno toma en cuenta la virtual e indiscutida suposición de que EEUU debe mantener un “poder incuestionable” sobre la mayoría del resto de países, con “una supremacía militar y económica”, mientras asegura la “limitación de cualquier ejercicio de soberanía” por parte de los Estados que pueda interferir con sus designios globales.

Estos fueron los principios establecidos por los planificadores de alto nivel y expertos de política exterior durante la Segunda Guerra Mundial, cuando desarrollaron el marco para el mundo de la posguerra, el cual fue ampliamente ejecutado.

EEUU debía mantener esta dominación en una “Gran Área”, que debía incluir, como mínimo, el hemisferio occidental, el lejano Oriente y el antiguo Imperio Británico, incluyendo cruciales recursos energéticos de Oriente Próximo.

Mientras Rusia comenzaba a pulverizar a los ejércitos nazis tras Stalingrado, las metas de la “Gran Área” se extendieron lo máximo posible por Eurasia. Siempre se ha entendido que Europa pudiera escoger seguir una causa alternativa, quizás la visión gaullista de una Europa desde el Atlántico hasta los Urales. La Organización del Tratado del Atlántico Norte nació en parte para contrarrestar esta amenaza y este asunto permanece muy vivo hoy en día en momentos en que la OTAN se expande hacia una fuerza de intervención de Estados Unidos, responsable del control de “infraestructuras cruciales” del sistema global del que depende Occidente.

Desde que se convirtiera en la potencia mundial dominante durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha buscado mantener un sistema global de control. Pero ese proyecto no es fácil de mantener. El sistema se erosiona visiblemente, con implicaciones significativas para el futuro. China es un jugador potencial muy influyente y desafiante.



Noam Chomsky, distribuido por The New York Times Syndicate.
Fuente: http://blogs.publico.es/noam-chomsky/30/china-y-el-nuevo-orden-mundial-i/

Vida extraterrestre

Por: Rodrigo Martínez.


Células Que se Reproducen en la India Podrían ser Indicio de Vida Extraterrestre.


Investigaciones recientes realizadas por científicos de la Universidad de Cochin de Ciencia y Tecnología en torno a la Lluvia Roja en Kerala, indican la posibilidad de la existencia de células extraterrestres, lo cual sería un indicio de la existencia de vida fuera de la Tierra.

Según el estudio publicado en la revista Technology Reziwe, los científicos indicaron que la lluvia roja registrada del pasado 25 de julio al 23 de septiembre de 2001 en la India, arrojó células con semejanza al microbio de la Tierra pero sin ADN, lo que hace suponer que las partículas de tonalidad roja son células extraterrestres, aportando una nueva línea de investigación a la teoría de Panspermia, hipótesis que propone la existencia de vida fuera del Planeta Tierra.

El científico Godfrey Louis, indicó que los estudios realizados a las muestras tomadas de Lluvia Roja descarta la posibilidad de que se trate de arena o polvo, sino se refiere a una serie de células muy semejantes a los microbios terrestres, pero con la particularidad de no contener ADN que las identifique como parte del grupo celular analizado por la ciencia.

Según el documento publicado, los científicos señalan que dichos organismos se han estado reproduciendo a temperaturas de 121 grados centígrados, asegurando que a temperatura ambiente permanecen inertes.

La teoría de la Panspermia ha sido discutida por la ciencia a través de los años y este descubrimiento abre una nueva posibilidad de que exista vida fuera de nuestro Planeta.


Fuente: http://mx.ibtimes.com

La última obra de Hawking crea polémica

Dios, Hawking y un señor de Murcia.
La última obra del científico provoca un encendido debate también entre los lectores de ABC.

Los lectores de ABC han manifestado cientos de opiniones en todos los artículos publicados sobre las conclusiones de Hawking
«El último libro de Stephen Hawking «The grand design» [...] parece haber reabierto las nunca del todo bien cicatrizadas heridas de la vieja disputa entre Ciencia y Religión». Así comenzaba el artículo que, bajo la firma de José Manuel Nieves, abordaba la opinión de Hawking, para quien Dios carece de lugar alguno en las actuales teorías científicas sobre la creación del universo.
Más de 900 comentarios de los lectores de ABC avalan la afirmación de Nieves. Las heridas siguen abiertas y han dejado prueba de ello en un encendido y brillante debate en la página de ABC.
«¿Y lo que dice Hawking es dogma de fe?», se pregunta uno de los cerca de mil contertulios de este improvisado debate. Parece contestarle otro lector que, bajo la firma de Luis Newton, asegura que «lo que Hawkings no ha llegado a entender, aparentemente, es que la esperanza no está escrita en los libros de física y que la fe va más allá que las estrellas. El mundo es muy triste si nos quedamos solamente con la Física».
Seguir el debate, las conversaciones entre desconocidos enfrentadas tecla a tecla, es tan apasionante como leer algunos de los argumentos que se cruzan. «Hawking confirma algo que ya intuyó en 1933 y confirmó en 1949 Georges Bataille (1897 - 1962) con su obra La parte maldita, que lo único escaso en Tierra es el espacio. Todo lo demás abunda hasta el extremo de crear un problema que las leyes de la naturaleza "solucionan" de continuo pero que la cultura no sólo no hace lo mismo sino que lo agrava», dice Francisco J. Muñoz de Escalona.

La lectura supera el artículo para pasar a los lectores que lo han hecho suyo.

Desde el ateísmo más absoluto, «el Señor dice que tenéis que hacer esto, el Señor dice que tenéis que hacer esto otro, ¿pero no os dais cuenta que no lo dice el Señor...? », a la Fe sin concesiones: «la Biblia es la palabra exacta de Dios, todas las supuestas contradicciones son fruto de las malas traducciones de los papistas católicos, nunca hay una contradicción que sea real. La ciencia no vale más que para mentir y renegar, todo lo que pone en la Biblia está demostrado, en cambio la ciencia se tiene que reescribir cada día. La palabra de Dios es eterna, y guiará por siempre nuestras vidas hasta que seamos arrebatados por la mano del Señor», el debate se mueve vertiginosamente entre la conversación continua -paradójico orden caótico- y la que a veces se hace particular entre dos o tres protagonistas.

Por supuesto hay quien cuestiona el debate entero:«Es muy bonito que periódicos como el ABC permitan manifestar a cada uno su opinión sobre temas sugerentes como éste. Lo peor de todo es que la gente no está preparada para opinar con rigor. Dice el 98% lo primero que se le ocurre o lo primero que siente, y eso no es opinar. La gente no sabe opinar. Y, como la opinión no es la verdad, que es una duda más o menos razonable y razonada, la mejor de las opiniones será la que más se acerque a la verdad sin que aún haya logrado identificarse con ésta», como hace Crazo.

«Nos guste o no en la esencia humana está la creencia en una trascendencia, y esto sí que es un hecho totalmente demostrado. La creencia en un Dios no es una cualidad accidental del ser humano, es una cualidad esencial», afirma un lector, escapando de afirmaciones rotundas entre uno y otro extremo.
Adolfo Flores Guevara cita a Rita Levi Montalcini – premio Nobel de Medicina en 1986 – para rebatir a Hawking: «Es la imperfección y no la perfección la que se encuentra en la base de la actuación humana. La razón es hija de la imperfección. Al ser imperfectos, los seres humanos hemos recurrido a la razón. (pág.366 Elogio a la Imperfección)»

Pero también hay posturas conciliadoras entre ambos prismas, que tratan de poner aristas nuevas al debate «según el excelente artículo, Hawking no afirma que Dios no exista, sino que no necesitamos recurrir a él cuando todo puede explicarse».
En un debate de lectura apasionante, que invita a sumarse, a rebatir, a aprobar, a disgustarse o a aplaudir y, sobre todo, a leer durante horas, tampoco falta el sentido del humor. Para los propios lectores el quinto de los comentarios más votados lo firma un lector llamado Abdeljalil: «Lo podía haber dicho antes de ramadán y nos ahorrábamos pasar sed y hambre...vaya, así que no existe, que ha sido todo una tomadura de pelo», ironiza.

La invitación a la lectura surge en esta pieza más allá del artículo, para pasar al tejado de cientos de lectores que lo han hecho suyo. Y tú, ¿qué opinas?

Ciencia ficción: títulos clásicos y nuevas propuestas.
Personajes y series del pasado y del futuro dan forma a atractivos universos imaginarios.

La fascinación del lector por los mundos ficticios, sean científicos o no, permite a los autores concebir sólidos y coherentes cosmos regidos por sus propias leyes; tanto para despertar inquietudes y remover conciencias como para sorprender con maravillosas quimeras o inquietantes hipótesis nacidas de la fantasía más fértil.

Slott Barr.
Lo cierto es que en España no se conoce como debiera la riqueza del cómic argentino más clásico, un error que contribuye a subsanar la editorial 001 con las novedades publicadas y en proyecto. Entre ellas, una de las series más populares de la ciencia-ficción de finales de los 70, una obra que lanzó al mercado europeo a sus autores, Ricardo Barreiro y Francisco Solano López. 'Slott Barr' tiene como escenario un imperio galáctico del siglo XXVII y está protagonizada por el individuo que le da título, un hombre mediocre de inteligencia limitada pero cuya simbiosis con un parásito alojado en su cerebro le permite potenciar las capacidades cognitivas en los momentos de máxima tensión emocional.

Solano López ya era una estrella tras dibujar un clásico del género como 'El Eternauta' dos décadas antes. Con su blanco y negro denso, barroco incluso, describe todo tipo de mundos y criaturas ficticias mientras que Barreiro construye un verosímil entramado físico y político donde situar esta aventura con tintes de 'space-opera' pero especial interés por el factor humano y el componente social.
La publicación completa de 'Slott Barr' en dos volúmenes supone el inicio por parte de 001 Ediciones de una colección dedicada a Solano López.

El Imperio de Trigan.
Otra serie clásica, pero esta vez del cómic británico, es la que recupera Norma Editorial con la aparición de los primeros álbumes de 'El Imperio de Trigan'. Creada en 1965 por el guionista Mike Butterworth, narra la historia de una civilización extraterrestre centrada en el planeta Elekton y en su máximo gobernante, Trigo, a quien acompañan otros secundarios como su hermano Brag, su sobrino Janno y el anciano arquitecto Peric.

Don Lawrence es quien materializa tan extraño mundo con un estilo hiperrealista basado en el color y en el acabado pictórico del dibujo. Destaca la serie por su pintoresca ambientación, que combina la tecnología espacial con la estética grecorromana, a la que no duda en añadir elementos visuales inspirados en diversas culturas terrestres. La serie se prolongó hasta 1982, interviniendo con el paso del tiempo distintos autores, como Oliver Frey, Gerry Wood o Ron Embleton.

Los Metabarones.
Desgajada de la serie de culto 'El Incal', creada por Moebius y Jodorowsky, se encuentra 'La casta de los Metabarones', protagonizada por uno de sus personajes más carismáticos y también escrita por el célebre guionista chileno. Se trata de la estirpe de los mejores asesinos galácticos, cuya historia dibuja habitualmente Juan Giménez, si bien la prolífica imaginación del escritor le permite realizar ocasionales monográficos con otros artistas. Tal es el caso de 'Las armas del Metabarón', también editado por Norma, un álbum cuyo apartado gráfico recae en Zoran Janjetov y, sobre todo, en el norteamericano Travis Charest.

Jodorowsky teje un argumento que describe el proceso iniciático del Metabarón para convertirse en el arma viviente definitiva. Lo que implica una serie de pruebas físicas y metafísicas en distintos planos de la realidad, auspiciadas por los ocho intradurmientes que habitan en el Ónfale, el asteroide que late como un corazón. Janjetov es un discípulo de Moebius que ya intervino anteriormente en el universo del Incal pero quien brilla aquí particularmente es Charest, dueño de un realismo minucioso que transforma la fantasía desatada en deslumbrantes imágenes.

Los Náufragos del Tiempo.
La editorial Glénat rescata un ciclo fundamental del cómic europeo de los 80, la serie titulada 'Los Náufragos del Tiempo', firmada por el maestro Paul Gillon. En concreto se publica el quinto volumen, que contiene los dos últimos álbumes de la serie, inéditos en España hasta la fecha.

'Terra' y 'Criptómero' marcan la conclusión de las aventuras de Christopher y Valerie, tras hibernar durante mil años para garantizar la supervivencia del ser humano. Dos personajes fuera de su tiempo que para cumplir su misión habrán de afrontar la plaga de los Trasos y la fiebre sorga, que conocerán el penal de Orkand, los monjes de Beselek y el universo viviente que digiere lentamente a sus habitantes. Lo harán en compañía de amigos como el mayor Lisdal, la apasionada Mara o Philos, la mascota filosófica; pero también se cruzarán con criaturas como la monstruosa Quinine, el despiadado Tapir o Bebbe, la adolescente robótica.
Se cierra el ciclo cuando, finalmente, los protagonistas alcanzan las entrañas de la Tierra del siglo XXX, convertida en una extravagante pesadilla biológica. Es el fin de una increíble odisea espacio-temporal de aliento clásico, melancólica y reflexiva, gráficamente resuelta con elegancia, imaginación y maestría.

Star Wars.
El universo fílmico creado por George Lucas en la pantalla grande hace décadas que se prolonga en las viñetas, apareciendo regularmente títulos que complementan y enriquecen el argumento de la vasta saga galáctica. Y en este sentido cabe comentar algunas de las recientes novedades aparecidas en Planeta-DeAgostini. 'Imperio', por Paul Chadwick y Doug Wheatley, reúne cuatro historias protagonizadas por uno de los personajes esenciales de la serie, la Princesa Leia. 'Tiempos Oscuros', firmado por Weller Harthley y Mick Harrison, se sitúa cronológicamente entre los episodios 3 y 4 del ciclo cinematográfico, el periodo que media entre el triunfo de los Sith y el renacimiento de los Jedi liderados por Luke Skywalker.

Dos obras fundamentales que publica la editorial en sendos tomos recopilatorios son 'Imperio Oscuro' y 'Herederos del Imperio'. En la primera, Tom Veitch y Cam Kennedy muestran a Luke adentrándose en los secretos del lado tenebroso de la Fuerza y arriesgándose a sucumbir ante un renacido clon del Emperador. 

La segunda adapta la célebre trilogía novelística de Tymothy Zann; mediante un complejo argumento se adentra en los problemas de la Nueva República mientras el Gran Almirante Thrawn intenta recuperar el poder con ayuda de un maestro jedi perturbado. Escrito por Mike Baron y dibujado por Olivier Vatine y Fred Blanchard, aparecen en este ciclo nuevos personajes como el contrabandista Talon Karrde o la asesina Mara Jade, mano derecha del Emperador.

'Legado', finalmente, es obra del guionista John Ostrander y los dibujantes Colin Wilson y Jan Duursema, una serie que se desarrolla un siglo después de la batalla de Yavin y contempla el posible renacimiento de los oscuros señores del Sith.

Fuente: http://www.eldiariomontanes.es

Explicación científica de un golazo

La ciencia tras un gol.
El tiro imposible de Roberto Carlos, con explicación científica.

Un grupo de científicos descifró el secreto de un famoso tiro libre de Roberto Carlos que pareció desafiar las leyes de la física en 1997. En el que muchos consideran como uno de los mejores tiros libres en la historia, el zurdo disparó con la parte externa de su botín desde unos 35 metros, la pelota hizo una gran comba por afuera de la barrera y se metió pegado al palo, en un partido amistoso con Francia. El remate parecía que saldría desviado a la derecha, pero en el último instante, hizo una comba para entrar al arco.

Ante esto, los investigadores presentaron una explicación científica: “Nos topamos con una ley inesperada de la física, pero es posible que se repita”, dijo David Quere, físico del Politécnico ESPCI y Ecole en París.

Él y sus colegas desarrollaron una ecuación para explicar la rara trayectoria del remate.

Un efecto doble Quere dijo que el estudio, publicado en el Nuevo Diario de Física, confirmó que al “Efecto Magnus”, responsable de la comba a un balón, se combinó con la “espiral del balón giratorio”. Dicho efecto aparece después de unos 40 metros, cuando la pelota pierde velocidad y el “Efecto Magnus” se hace más pronunciado, lo que finalmente genera una espiral. “Lo importante es que mientras la pelota pierde velocidad, la rotación es la misma”, indicó Quere. “Por eso la trayectoria del balón va a ser cada vez más curveada, eso crea el espiral”.

Christophe Clanet, de la Escuela Politécnica de París, describió la trayectoria como “un rulo de caracol”, ya que aumenta la curvatura a medida que la pelota gana distancia.

Gracias a que Roberto Carlos se encontraba a más de 35 metros de la meta cuando pateó la pelota, la curvatura pudo apreciarse mejor. De forma que el tiro siguió una curva que cada vez se cerró más sobre sí misma.

Clanet aclaró que “en una cancha de fútbol se nota la influencia de la gravedad, por lo que sólo se aprecia parte de lo que llaman “una espiral ideal”.

“Sin embargo, con un golpe lo suficientemente fuerte, como el de Roberto Carlos, ésta influencia se minimiza”, agregó.

La clave, entonces, fue la distancia que recorrió la pelota. “Si la distancia no es suficiente, sólo puede verse la primera parte de la curva”, dijo Clanet.

“Pero si la distancia es la correcta, como en el tiro de Roberto Carlos, la curva se cierra, y se ve la trayectoria completa”.

“Cuando David Beckham patea desde 20 metros, da un efecto de un arco. No es lo mismo que el gol de Roberto Carlos. El puede darle este efecto porque patea de larga distancia”, explicó Quere.

“Otro jugador podría repetirlo, con la condición de que le pegue con suficiente fuerza a la pelota, que el remate sea desde unos 40 metros y que le dé algún efecto al balón”, precisó.

Fuente: http://www.yucatan.com.mx

domingo, 5 de septiembre de 2010

La enseñanza de la gramática.

CRISIS DE LA ENSEÑANZA GRAMATICAL

La Gramática como disciplina docente ha sufrido profunda crisis en este siglo. Fue en otro tiempo, como es sabido, no sólo el eje de la enseñanza del idioma patrio, sino también la base general de la educación. Todavía Inglaterra conserva el nombre de Grammar Schools a cierto tipo de escuelas, como recuerdo del predominio que en ellas alcanzó la enseñanza gramatical; y todos podemos recordar que en España, no hace muchos años, un curso de lengua castellana significaba esencialmente un curso de Gramática. No se trataba sólo de una herencia de la época en que el latín —al cual no se llegaba más que por medio de su estudio gramatical— era la puerta de toda la cultura, sino que, al convertirse las lenguas vulgares en objeto de estudio por sí mismas, se mantuvo la creencia de que el conocimiento y uso correcto de la lengua materna se identificaba con el de su estructura gramatical. La Gramática era, según la venerable definición académica, «el arte de hablar y escribir correctamente».
La experiencia demostraba, sin embargo, que el arte de la expresión oral y escrita no siempre guardaba relación con el saber de las leyes morfológicas y sintácticas del idioma. Por otra parte, el carácter abstracto de la ciencia gramatical constituyó siempre para los maestros una enorme dificultad, que, unida a la escasa utilidad práctica que muchos le atribuían, llevó a algunos pedagogos, a principios del siglo xx, a excluir radicalmente la Gramática de los programas escolares primarios, y a otros a proponer que su estudio se retrasase hasta el momento de la adolescencia. Como representativo de aquella dirección del pensamiento docente, merece citarse, entre otros, un libro de Laura Brackenbury, que, traducido en los diferentes países, conmovió a la opinión profesional europea y americana en el primer cuarto de nuestro siglo.2 Por último, el método directo en la enseñanza de las lenguas vivas, tan favorecido hace algunos años en Europa y en América, venía a ser una confirmación del valor escaso o nulo de la Gramática como instrumento para el aprendizaje de otros idiomas distintos del materno. En algunos Colleges norteamericanos, el fervor por el método directo llegó a aplicarse de modo tan extremoso, que al contratar profesores extranjeros para que enseñasen su idioma, no se tomaba en consideración a los candidatos que supiesen inglés, a fin de que fuese completa la inmersión de los alumnos en el lenguaje aprendido.
Hoy las cosas han empezado a cambiar desde que el uso exclusivo del método directo reveló sus imperfecciones y fue amortiguándose la ilusión que al principio despertaba. Mucho quedará de él, indudablemente, pero ya la mayoría de los profesores de lenguas vivas lo combinan con la enseñanza gramatical, por lo menos en los grados avanzados. La escuela no es la vida entera, y no puede pedírsele que practique todo el proceso de adquisición de la lengua materna cuando se trata de un idioma extraño, como lo consigue una institutriz nativa, por pura imitación, en la primera infancia.
Ha contribuido también a la crisis de esta enseñanza el cambio de orientación en la moderna ciencia del lenguaje. Cuando la Gramática estaba basada en la Dialéctica, y las cláusulas, oraciones y palabras no eran sino la expresión verbal de raciocinios, juicios e ideas, el análisis gramatical consistía en comprobar el ajuste del lenguaje a la lógica tradicional. Y así nació el llamado análisis lógico. Los maestros venían observando que los textos que mandaban analizar no entraban fácilmente en los casilleros lógicos, especialmente cuando había que explicar Sintaxis. De este modo hubo que crear un enredijo ingeniosísimo de elementos «sobreentendidos», de sujetos y complementos «tácitos» y de «figuras de construcción», que, aunque se oponían a la lógica, servían «para dar elegancia a oraciones y períodos». Pero ni aun así se lograba salir siempre airoso de las dificultades que planteaban los textos literarios y la lengua hablada, lo cual justificó que para exponer la teoría gramatical se fabricaran ejemplos ad hoc. Mas a medida que se han ido percibiendo las causas psicológicas y sociales que determinan la vida del lenguaje, y que éste no es lógico más que en mínima parte, un buen pedazo de nuestro andamiaje gramatical se vino a tierra. Se adoptan los métodos de la Biología, la Psicología y las Ciencias sociales para el estudio de los idiomas; se ve claro que el lenguaje es expresión de la totalidad de la vida humana, racional sólo hasta cierto punto, y que si en ello hay lógica, tiene que ser de carácter tan amplio y singular que pueda comprender tanto lo racional como lo irracional en la función idiomática, la precisión conceptual y lo borrosamente intuido, lo pensado junto a lo querido, lo imaginado, el enjambre de los afectos y de las relaciones de unos hombres con otros, etc., etc. Y durante varios años, hasta que se ha dado con otras normas, la enseñanza de la Gramática, vacía de gran parte de su contenido antiguo, se ha visto discutida y negada.

CAMBIOS Y ORIENTACIÓN DE MÉTODOS
La crítica de la enseñanza gramatical ha tenido, sin embargo, la virtud de sacar a la luz los problemas metódicos en toda su desnudez y de ponernos en camino de encontrar soluciones mejores. El profesorado de las escuelas primarias y medias se ha percatado de que enseñar la lengua materna consiste esencialmente en crear en los alumnos el hábito de la expresión, y que éste no se consigue más que con los ejercicios de composición, la lectura y el comentario de textos. Tales ejercicios deben ser planeados en continuidad desde la escuela de párvulos hasta el doctorado universitario, y sólo ellos aseguran una perfecta formación humanística de la juventud. La Gra¬mática suministrará a su tiempo una masa mayor o menor de conocimientos tabulables, y en este sentido no puede negarse que es un poderoso educador de las facultades analíticas. Pero el análisis gramatical por sí solo, aun siendo un valioso auxiliar de la expresión viva, no puede suplantar al uso oral y escrito del idioma, que la enseñanza debe practicar en todos sus grados; de igual manera que el manual de Historia Literaria —demasiado prestigioso entre nosotros— no puede sustituir a la lectura y comentario de los autores, aunque preste para ello una ayuda estimable. Desgraciadamente, la escasa tradición de explicaciones de textos, los exámenes y hasta los cuestionarios de oposiciones al profesorado primario y a cátedras de enseñanza media y escuelas del magisterio, han convertido los manuales en cómodos sustitutivos de una educación literaria auténtica, y propagan la superficialidad verbalista tan frecuente en nuestra vida intelectual.

La crisis de la Gramática ha afectado de modo muy diverso al sistema escolar de las distintas naciones. Francia tiene, en lo que se refiere a la educación literaria, una tradición mucho más sólida y de más alto nivel que los demás países del mundo, porque empalmó la práctica de los colegios de las órdenes religiosas, especialmente de la Compañía de Jesús, con la organización estatal napoleónica y, sin interrupciones bruscas, ha continuado ese culto a su lengua y a sus clásicos tan característico del francés medio desde el siglo XVII hasta hoy. Alemania y Austria, aunque de tradición mucho más reciente en cuanto a la enseñanza de la lengua materna, han procurado seguir de cerca los métodos franceses. Los países anglosajones e hispánicos se hallaban en cierto modo desprevenidos ante los ataques a la enseñanza gramatical; las dudas sobre su valor y eficacia práctica, al no encontrar una tradición escolar cuajada en los ejercicios de composición, disertaciones y comentarios de clásicos, dejaban campo libre al fácil arbitrismo y a la improvisación. Pero ahora, después de más de medio siglo de tanteos y vacilaciones, se llega en todas partes a la conclusión de que la Gramática debe figurar en los programas escolares, a condición de graduarla bien, de que acompañe siempre a la composición y a la lectura, y no pretenda suplantarlas. Todo se reduce, pues, a una cuestión de cuándo y cómo. Los problemas de método son, en nuestro caso, más urgentes que los de contenido.
Un gran sector del magisterio español e hispanoamericano parece coincidir en la creencia de que la edad más adecuada para comenzar las primeras nociones gramaticales es la de ocho años. No han sido bien estudiadas todavía las etapas que recorre el niño español en el lento proceso adquisitivo de su lengua materna. Dejando para otra ocasión los problemas especiales que se plantean en las regiones y países bilingües,3 y las notables diferencias entre los medios rurales y los urbanos, es fácil observar que alrededor de los siete años el habla infantil tiene ya bien consolidados: el uso práctico de las diferencias de número y de género (y con ello el sentido de la concordancia); la noción de las formas verbales imperativas, presentes, pasadas y futuras, aunque no emplee todas las formas de cada uno de estos tiempos fundamentales; las formas más sencillas de la flexión pronominal; la distinción entre sujeto y predicado y la concordancia del sujeto con el verbo, etcétera, etc. En cambio, es muy pobre su repertorio de nexos sintácticos: las conjunciones coordinantes, por ejemplo, se reducen a y, ni, o, pero; entre las subordinantes es raro que a esa edad los niños sobrepasen las relaciones expresadas por que, porque y para que, si bien las usen con vacilaciones en sus significados. La yuxtaposición sigue siendo su medio preferente de enlace sintáctico. No pretendo trazar una lista exhaustiva de las categorías gramaticales que figuran en la vivencia idiomática infantil según las diferentes edades. Precisamente el libro que el lector tiene en sus manos es un esfuerzo para abocetar el escalonamiento relativo de estas vivencias en el habla activa de los niños. Mi propósito se limita a confirmar aquí que, en efecto, de los siete a los ocho años existen ya en número suficiente para suscitar la atención reflexiva sobre ellas y comenzar a formar conceptos de orden gramatical. Pero sería un error tratar de desbordarlas, e ir más allá de lo que la edad vive idiomáticamente desde dentro, comenzando por decir cuáles son las partes de la oración y por la definición de cada una de ellas. Esta visión apriorística y abstracta podrán aprenderla los niños de memoria; pero el sentido funcional de las partes de la oración y su clasificación completa, no pueden alcanzarla con fruto hasta después de un par de años en que se vayan formando conceptos parciales. Baste recordar, por ejemplo, el vacío mental con que usábamos en nuestra niñez las palabras preposición, conjunción, relativo, cuantos comenzamos nuestra cultura literaria aprendiendo de memoria un manual de Gramática.
Con esto no quiere declararme partidario de una Pedagogía facilitona que rehuye el esfuerzo. Aprender, por grato y amable que sea, supone siempre trabajo y un poco de coacción. Lo importante es que el esfuerzo vaya dirigido buscando un ajuste adecuado entre el habla del niño y las nociones gramaticales sobre las que se quiere hacerle discurrir. Por esto la doctrina gramatical hay que inducirla del texto que lean los alumnos, e incluso de los errores que cometan al hablar, y no deducirla de unas definiciones abstractas previas. Las definiciones deben sustituirse por simples denominaciones en los primeros pasos de nuestra enseñanza, y sólo más tarde se obtendrán  resultados de un compendio de Gramática bien graduado, que presente la doctrina en su conjunto. En este sentido se van escribiendo en España y en la América hispana algunos libros escolares que, partiendo de la lectura y de la comprensión de lo leído, conducen la mente infantil al aprendizaje de las categorías gramaticales y al uso correcto de la lengua culta, sin el prejuicio de ser completos desde el primer momento. En el arte de ser incompletos sin ser inexactos, se halla la esencia de los programas escolares cíclicos. Tales libros marcan el camino único para renovar y dar eficacia a la enseñanza del idioma patrio. Es de esperar que su método se generalice en todos los países hispánicos, porque, aunque las ideas expuestas en este artículo se hallan en la mente de los educadores en calidad de convicción intelectual, no son muchos todavía los que las ponen en práctica, principalmente por falta o escasez de libros adecuados que puedan crear una tradición consistente en nuestro sistema educativo público y privado.
Estas observaciones son igualmente válidas para la escuela primaria y para los grados inferiores de la enseñanza media. Pero al llegar a la pubertad, la enseñanza gramatical del español se interrumpe bruscamente en España, en el momento en que podrían esperarse mejores frutos de ella, para dar paso al estudio de la Historia literaria; como si lengua y literatura fuesen independientes entre sí y no formasen parte inseparable de un proceso formativo único. Ahora que una vez más vuelve a hablarse de reformas en la enseñanza media, la acción del poder público y de la inspeción podrían encaminarse hacia una mejor comprensión y ejecución de la esencia del plan cíclico, que es una integración progresiva, y no una sucesión de capítulos distintos y yuxtapuestos a manera de sumandos. De este modo, lengua y literatura estarían presentes en todos los cursos, aunque en proporciones variables. Por lo que se refiere a la Gramática española, la ruptura que nuestros programas establecen da por resultado que los conocimientos gramaticales del bachiller medio alcancen un nivel generalmente bajo. En el bachillerato clásico, esta deficiencia se compensa más o menos con el estudio del latín y a veces de unas nociones de griego; pero en los nuevos Institutos laborales habrá que cuidar especialmente de que no se interrumpa la continuidad hasta el fin de los estudios. Francia tiene establecida desde hace muchos años la bifurcación en bachillerato clásico y moderno. No obstante, las instrucciones ministeriales establecen en los horarios del bachillerato moderno un refuerzo de la enseñanza del francés, a fin de mantener por compensación el tono humanístico tan peculiar del sistema educativo de la nación vecina.
También el estudio de las lenguas vivas puede ayudar por comparación a comprender mejor la gramática de la expresión propia. El esfuerzo que exige la traducción de cualquier idioma, clásico o moderno, es de tal manera beneficioso para el espíritu, que entre los hombres cultos de todos los países se ha extendido como axiomática la frase: «Nadie sabe bien su lengua hasta que conoce otra.» 
La especialización necesaria del profesorado de enseñanza media en las diferentes disciplinas, tiene entre nosotros el riesgo de que cada profesor cuide exclusivamente de enseñar su materia, sin establecer contacto alguno con las demás. El alumno sabe que sus faltas de redacción y ortografía no suelen interesar a los profesores de Física o de Historia. Sin embargo, la lengua nacional necesita más que ninguna otra enseñanza, la atención vigilante de todos los profesores de cada Instituto. Así lo establecen las instrucciones ministeriales alemanas y francesas, las cuales declaran responsables a todos los profesores, de cualquier materia que sean, del empleo correcto del idioma nacional en toda clase de ejercicios y problemas. En Inglaterra y los Estados Unidos, donde la acción del Estado es escasa o nula en materia docente, los directores de las high schools suelen exigir también la misma atención al inglés por parte de todos los profesores. He aquí un problema que el Ministerio y la inspección podrían acometer; claro es que sin la creencia ingenua de que van a resolverlo con un simple decreto, sino por una presión continuada que modifique a largo plazo nuestras costumbres docentes. Precisamente, la falta de sanción social hace que los españoles seamos en general poco esmerados en el uso de nuestro idioma, y aun la incorrección ortográfica suele encontrar fácil indulgencia en nuestra sociedad, a pesar de la sencillez de la ortografía española, en contraste con la prolongada atención que deben dedicarle las escuelas francesas e inglesas. No olvidemos que el español es una de las grandes lenguas de cultura, y que ésta se llama así para distinguirla de todo lo que es selvático y abrupto.

GRAMÁTICA NORMATIVA
Con esto llegamos otra vez a una de las causas que contribuyeron a la crisis de la Gramática. Al adoptar la Filología los métodos de las Ciencias Naturales y de la Psicología, pasó a convertirse en «Ciencia del Lenguaje», para la cual era tan interesante lo vulgar, lo dialectal y lo incorrecto, como la más elaborada expresión literaria: todo era materia experimental y de observación para explicar el hecho idiomático e indagar sus leyes. Ante la ciencia del lenguaje pierden sentido los conceptos de corrección e incorrección, y la antigua Gramática normativa se ve obligada a retroceder y a preguntar cuáles son sus fines propios. Pero esta misma Filología científica iba a descubrirnos, por boca de Saussure, la naturaleza social del lenguaje y el carácter de sistema coherente que tiene toda lengua desde el punto de vista sincrónico. Existe, pues, para toda comunidad parlante, el sentido de lo que concuerda con su sistema expresivo y de lo que discrepa de él, es decir, el concepto de lo que se admite y de lo que se rechaza. Por este lado social, la Gramática normativa recobra su papel de definidora del mejor uso en cada momento, aun a sabiendas de que sus normas no son las mismas que rigieron antes y regirán después. La Ciencia del lenguaje tiene su lugar propio en la Universidad; pero en los grados elementales de la educación se debe enseñar el arte del idioma culto.
Cuando Fray Luis de León defendía el empleo del romance para tratar de asuntos elevados que hasta entonces sólo se habían tratado en latín, advertía que «el bien hablar no es común, sino negocio de particular juicio, ansí en lo que se dice, como en la manera como se dice; y negocio que de las palabras que todos hablan elige las que conviene...». Y esto es en esencia una lengua de cultura: la que elevándose por encima de la fermentación de las hablas locales y de los diferentes estratos de la sociedad, aparece como ideal de selección a que todos aspiran. El español de ahora no es el habla local de Castilla, ni de Cuba, ni de la Argentina, sino el uso en que coinciden los hombres cultos de todos los países hispánicos, que es capaz de definición, de norma y de enseñanza. Bien supo verlo Cervantes cuando dijo {Quijote, II, 19): «El lenguaje puro, el propio, el elegante y claro, está en los discretos cortesanos, aunque hayan nacido en Majalahonda; dije discretos porque hay muchos que no lo son, y la discreción es la gramática del buen lenguaje, que se acomoda con el uso.» Cuando Andrés Bello se preocupaba, en la primera mitad del siglo xix, por la unidad del español en América, defendió sin vacilar el carácter normativo de la enseñanza gramatical en estos términos: «La gramática de una lengua es el arte de hablarla correctamente, esto es, conforme al buen uso, que es el de la gente educada.» Así resulta que el genial filólogo venezolano, a quien tanto debe la investigación científica de la lengua española, se preocupó al mismo tiempo de organizar su docencia pensando en la función social del idioma patrio; y en este sentido definió la Gramática como arte de la expresión esmerada y opuesta a la disociación de las hablas vulgares. Su definición, como vemos, no discrepaba en lo esencial de las definiciones tradicionales.

1. Publicado en la Revista de Educación, I, núm. 2; Madrid, mayo-junio de 1952, págs. 119-122.

2. Rodolfo Lenz publicó un folleto con el título de ¿Para qué estudiamos Gramática'? (Santiago de Chile, 1912), en el cual refleja también las vacilaciones de aquel momento, hace historia de los fines que se ha propuesto la en¬señanza gramatical y propone soluciones.

3. Me ocupé del bilingüismo en la revista universitaria Summer Schoól News, de Puerto Rico (julio y agosto de 1931). Años más tarde volví sobre el mismo tema, que tanto preocupa en aquella Isla a causa del conflicto permanente que en ella se produce entre el español y el inglés, en dos artículos insertos en la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña (abril-junio de 1959 y abril-junio de 1960). Por encargo del mismo Instituto y con fines de amplia divulgación normativa, escribí un libro titulado Nuestra lengua materna (San Juan de P. R., 1965). Para el enfoque general del problema, consúltese: OFICINA INTERNACIONAL DE EDUCACIÓN, El bilingüismo en la educación. Trabajos de la conferencia internacional celebrada en Luxemburgo del 2 al 5 de abril de 1928. Traducción española por Vicente Valls Anglés, Ediciones de «La Lectura; Espasa-Calpe, S. A., Madrid-Barcelona, 1932». Consúltese: MANUEL ALVAR, Bilingüismo e integración, en «Revista Española de Lingüística», Año I, Fase I; Madrid, enero-junio, 1971; estudia principalmente el contacto entre el español y las lenguas indígenas de América, y contiene además abundante bibliografía sobre el planteamiento general del bilingüismo en la educación y en la vida de los pueblos. »

4. Traté con extensión de este asunto en un artículo titulado: Valor educativo del estudio de las lenguas vivas, en Revista de Pedagogía; Madrid, núm. 150 (junio de 1934).

Fuente: Samuel Gili Gaya
Estudios de lenguaje infantil.

Visión general de la metodología del lenguaje.

PROCESO DE IMITACIÓN

La adquisición de la lengua materna es un proceso natural de imitación; muy lento, en relación con el tiempo que el niño necesita hasta poseer los medios expresivos de la comunidad lingüística en que ha nacido; muy rápido, si se tiene en cuenta la extensión y complejidad de los factores fisiológicos, psíquicos, morales y sociales que se conjugan en la psicogénesis individual de esa maravilla que es la palabra humana. Como proceso a la vez natural y social, todas las fuerzas que rodean al niño dejarán sentir su influencia en la formación de su lenguaje. Veamos, pues, en qué medida puede el educador intervenir en su desarrollo y cuáles serán las bases metódicas más convenientes para ayudarlo y perfeccionarlo.
Aprendemos nuestra lengua a lo largo de toda la vida. Un grabado de Goya representa a un viejo decrépito andando penosamente al borde de su sepulcro abierto, con esta inscripción al pie: «¡Y aún aprende!» El agrio humorismo del grabado tendría aplicación muy especial en materia de lenguaje. La diferencia consiste en que todo proceso de imitación (mimesis) necesita unas facultades numéricas, que están vivas entre el fresco rocío matinal de la infancia, y se obturan y resecan, sin extinguirse del todo, en el declive senil. Por esto aprendemos siempre a hablar; pero la velocidad de nuestro aprendizaje decrece desde el recién nacido hasta que entramos en el gran silencio de la muerte. A mayor capacidad numérica corresponde mayor rapidez en la formación de hábitos expresivos: los padres saben que, por lo general, las niñas hablan antes que los niños, mucho más torpones en hablar y más tenaces en desprenderse de los vicios de dicción peculiares del lenguaje infantil. La naturaleza mimética de la mujer la hace casi siempre más apta que el varón para aprender un idioma por inmersión en un medio extranjero (no con gramática y diccionario), y de tal manera se asimila a un ambiente nuevo, que hace válido aquel viejo refrán: «El hombre, de donde ha nacido; la mujer, de donde ha vivido». También hay razas y pueblos con mayor o menor capacidad imitadora. En mi larga práctica en la enseñanza de extranjeros he observado con sorpresa la rapidez con que los eslavos —que suelen ser buenos actores— aprenden idiomas extraños. En el extremo opuesto estarían los anglosajones, apegados a los rasgos de su carácter nacional y poco permeables a la imitación del habla ajena. La primera fase del lenguaje infantil podría denominarse pre-lingüística. El niño se ejercita en oírse a sí mismo y en coordinar sus sensaciones sonoras ron los movimientos fonatorios y articulatorios que realiza para producirlas: una vocal indistinta, más o menos cortada por fricaciones u oclusiones, primero velares («/a/o/» dicen las madres), después labiales y palatales. Pero estas sensaciones sonoras no están todavía asociadas a una significación, que es el carácter esencial de todo signo lingüístico.2 Son tanteos, ejercicios o gorjeos indis pensables, pero no significantes. Desde el momento en que una imagen sonora, con los movimientos necesarios para producirla, alude, llama, recuerda algo con lo cual se asocia, se inicia la fase significante, es decir, lingüística, en el habla del niño. Entonces comienza también el proceso de imitación, cuyos primeros modelos son los padres y los familiares. Son los modelos primarios en que se basa todo el proceso; su influencia es honda y persistente, pero las etapas posteriores del aprendizaje la dejarán como soterrada en cuanto a su contenido tabulable, en un estrato del espíritu que tiene más de naturaleza que de consciencia. Por esto es tan difícil de medir la acción del medio lingüístico familiar; su destino consiste en ser arrollada y borrada por las fases posteriores. Cuando el niño amplía su relación social y sale al aire libre de su comunidad parlante, los modelos que se ofrecen a su imitación son mucho más numerosos, y poco a poco la lengua de la calle acabará por suplantar a la de la familia. Un padre me decía una vez, escandalizado, que su hijo aprendía con preferencia el lenguaje de la cocinera. Los matrimonios que viven en país extranjero saben muy bien que su idioma de origen, tan amorosamente cultivado en la familia, pasará a ser el segundo idioma de sus hijos, porque el primer puesto en la percepción de matices y su expresión ha de corresponder en poco tiempo al idioma del país en que viven. Llega un momento en que la Escuela se convierte en uno de tantos factores sociales que moldean el espíritu infantil y sus formas expresivas. Nótese que decimos la Escuela en su conjunto, del cual los maestros somos sólo una parte. A este maestro que no pasa de ser una parte, de una parte, de una parte..., entre las fuerzas sociales que el niño va a imitar, se dirigen estas reflexiones metodológicas. Pero antes de entrar de lleno en ellas, necesito dar otro rodeo para plantear con más claridad los términos de nuestro problema. 
HABLA Y LENGUA
En la realidad viva de la comunicación entre los hombres, nos valemos de un repertorio de signos verbales (frases, palabras, fonemas) más o menos extenso, pero siempre limitado. El repertorio de cada hombre individual, para que sea socialmente eficaz, necesita ajustarse al de los demás, es decir, al conjunto de signos que tiene como válidos la comunidad parlante. Y así nace la consciencia de esa entidad abstracta, que nadie puede definir ni abarcar por entero, a la cual denominamos la lengua. La lengua carece de realidad: es un patrón o modelo ideal al que todos aspiramos, y por el cual guiamos nuestra expresión y entendemos la expresión ajena. La realización concreta de esa entidad ideal es el habla, o mejor dicho, las hablas individuales, tan diferentes entre sí, y sin embargo, tan inteligibles, en cuanto todas procuran plegarse al sistema abstracto y general de la lengua. Esta distinción entre habla y lengua, que Saussure planteó por primera vez, ha sido uno de los hallazgos más fecundos de la Lingüística contemporánea.
A fin de que el concepto no resulte borroso en sus contornos, pondré algún ejemplo tomado de la Fonética, que es el campo más patente a la observación inmediata. La lengua española posee cierto número de unidades fonéticas a las cuales damos los nombres de a, i, b, m, ch, etc., de cuya combinación nacen sílabas, palabras, frases. La unidad fonética que llamamos a es la imagen o modelo ideal que nos proponemos realizar siempre que la pronunciamos. Pero no hay dos aes iguales en la realidad pronunciada: los laboratorios de Fonética experimental demuestran que no se producen dos aes idénticas a lo largo de la elocución de una misma persona, cuanto más entre varios interlocutores: existen en cada caso diferencias de articulación, de timbre, de duración, de tono, de intensidad, que los apara tos acústicos descubren y registran. Y, sin embargo, todos los hablantes se han ajustado a la imagen ideal a, que pertenece a la lengua, y todos los oyentes la han percibido también. Estos modelos abstractos se llaman fonemas (l, t, \, s...); sus realizaciones concretas en el habla son los sonidos, siempre distintos, pero suficientemente aproximados para que los identifiquemos sin vacilar. Los fonemas, iguales siempre en la mente, pertenecen a la lengua; los sonidos, diversos en cada caso, al habla. De igual manera, cada palabra tiene en la lengua un valor semántico abstracto, que los diccionarios tratan de definir; pero el habla la dota de matices significativos concretos, que en cada realización dependen del contexto y de la situación, siempre diversos. El habla es el río de Heráclito, donde nunca podemos bañarnos en la misma agua.
De aquí nacen dos consecuencias importantes: una, la insoslayable transformación histórica del lenguaje; otra, la pugna constante entre la originalidad expresiva individual y el molde externo que la lengua le impone. Hablar cualquier idioma es sujetarse a unas fórmulas previas por las cuales se desliza cómodamente el pensamiento; pero tales fórmulas son limitadas, y el espíritu creador, genial o mediocre, las encuentra estrechas y desgastadas. El que habla se limita, pero también se realiza y se liberta dentro de la lengua, que a la vez nos cohibe y nos protege. En países donde la presión escolar y literaria es muy fuerte, como Francia, se consigue que una mayoría de sus habitantes escriban con claridad y corrección admirables dentro de unas normas -elaboradas por la tradición literaria y docente. Lo difícil es llegar allí a tener estilo propio, y que éste logre imponerse a los demás: recuérdese el caso de Marcel Proust. En cambio, los ingleses y los españoles propendemos a maltratar la lengua, entregándola a la anarquía de las hablas personales.
El niño que imita la dicción de los mayores y de sus compañeros, percibe borrosamente que hay cosas bien dichas y otras que están mal, porque los demás no las entienden o se burlan de ellas. Cuando se equivoca, le corrigen con un no se dice así; y este se impersonal representa la norma abstracta que la sociedad le impone. Parte, pues, de una situación de desnivel que trata de salvar, entre sus recursos expresivos y los de la colectividad en que vive. Se siente aprendiz, no sólo por espíritu de imitación pura y simple de las personas que tienen para él algún prestigio, sino porque el niño, como el hombre, tiende a apoderarse de las cosas nombrándolas. Este árbol es un abeto, le han dicho contestando a su curiosidad infantil; y la adquisición del nombre nuevo es como una nota de posesión de la cosa nombrada.

LO COMPRENDIDO Y LO EXPRESADO
El niño entiende mucho más de lo que dice: su repertorio expresivo, el que usa de por sí, es considerablemente menor que el de palabras y frases que comprende, aunque no las use. Lo mismo ocurre con el adulto: usamos sólo una parte de los recursos que la lengua pone a nuestro alcance; pero, según nuestro grado de cultura, entendemos a otros hombres que prefieren expresiones raras o insólitas en nuestro propio hablar. Los mejores clásicos de cada idioma emplean un vocabulario más o menos extenso, pero siempre pequeño en relación con los millares de palabras que se apretujan en las columnas de los diccionarios invitando a servirse de ellas. Tenemos, pues, un vocabulario actual y otro potencial. Y quien dice vocabulario dice desinencias, afijos y fórmulas de estructura sintáctica que, aun siendo entendidos, no hemos incorporado a nuestra dicción. Mientras redactaba este artículo llegó a mis manos el tomo primero de un libro recién publicado por la Universidad de Puerto Rico con el título de Recuento de vocabulario español. Se trata de un cuidadoso trabajo estadístico, auspiciado por el Consejo Superior de Enseñanza de aquella isla, para determinar la frecuencia relativa de las palabras en cada medio social, con el fin de guiar a los educadores en la confección de libros de lectura y en toda clase de ejercicios de escritura y composición.3 Es, desde luego, el más importante y metódico que conozco entre los pocos recuentos parecidos que se han publicado en nuestra lengua. Uno de sus mejores aciertos consiste en haber distinguido entre el vacabulario de expresión y el vocabulario de reconocimiento; para nuestro caso, el vocabulario que el niño usa y el que comprende. Gracias al desnivel que existe entre uno y otro, es posible el aprendizaje y el progreso lingüístico individual. Las formas reconocidas, aunque no usadas, son el portillo por donde se ha de ampliar la expresión propia.
Por otra parte, hay muchos grados en la comprensión de los signos idiomáticos. Algunos animales domésticos, que no entienden el sentido de los vocablos que les dirigimos, se percatan, sin embargo, del tono general de amenaza, halago, excitación, mandato o llamada, y hasta en algunos casos se llega a crear en ellos asociaciones muy firmes. Bühler dice que tales expresiones no son entendidas más que en su conjunto inanalizable, al cual denomina perfil sonoro. Así también los niños pequeños perciben la emanación afectiva total de la frase antes de que capten su significación, y con esto les basta. Existe, por lo tanto, un entender a medias que en mayor o menor escala se prolongará toda la vida: un aldeano rústico no. entiende quizá muchas expresiones de un sermón, sin que esto im pida que se penetre de la emoción religiosa que el predicador quiere transmitir a sus oyentes. Recuerdo que una vez, en una asamblea política, hablaba cierto candidato a concejal. Uno de los partidarios y admiradores del orador, hombre de escasa instrucción, madrileño redicho, hizo a la salida este comentario: "No me ha gustado hoy don Matías; sólo he podido cogerle dos palabras bonitas de verdad, que son paliativo y tarraconense." El no comprender la significación de los dos vocablos admirados no era obstáculo para que sintiese el atractivo novedoso de su expresividad sonora y los enlazase por aproximación con el sentido general del discurso que acababa de oír, con ese deslumbramiento que el hablar docto suele ejercer entre las clases populares. Ocurre a veces que hasta los hombres más cultos entienden mal, o sólo entienden aproximadamente lo que oyen o leen, porque el singno lingüístico señala, evoca, sugiere, nombra, ejerce funciones mostrativas o simbólicas, pero raras veces define la imagen o el concepto evocados; y hay casi siempre un margen de diferencias entre lo que el hablante quiere decir y lo que su interlocutor comprende o se representa. Hablamos y entendemos por aproximación, y esto suele ser suficiente para nuestras relaciones sociales.
Esta naturaleza a menudo alógica del habla nos está diciendo que debe existir una Pedagogía del entender a medias, lo mismo en la educación artística que en el aprendizaje de la expresión oral y escrita, que en último término es Arte. La Ciencia puede exigir un encadenamiento lógico; pero en Arte se producen saltos. Por esto no debe preocuparnos demasiado que los libros de lectura sean totalmente entendidos por nuestros educandos. Al contrario, un prudente y pequeño desnivel favorece y estimula la ampliación de su caudal expresivo. Si el contenido es interesante, el niño se esforzará por entenderlo todo; y el educador, ayudándole, podrá sacar gran parti¬do de su enseñanza. Muchas veces, el ponerse de puntillas para alcanzar algo ayuda a crecer.

ANÁLISIS Y SÍNTESIS EN LA EXPRESIÓN IDIOMÁTICA
Mucho ha perecido de las doctrinas con que Guillermo Wundt condujo el timón de la Psicología experimental en los primeros años del siglo presente. Unas han sido rectificadas; otras, superadas. Ha quedado hasta nuestros días, sin embargo, su concepto de la palabra-frase como denominación del carácter esencial del lenguaje infantil. El niño tiene en su conciencia complejos representativos y afectivos —vivencias* diríamos ahora— que trata de expresar con signos verbales. Pero su vivencia conjunta, total, se halla indiferenciada; los elementos que la componen (imágenes, sentimientos, voliciones, etc.), forman un bloque indistinto que el niño no sabe analizar. Por esto las palabras con que alude a sus vivencias representan ese complejo y equivalen a oraciones en el lenguaje del adulto. Upa, por ejemplo, significa súbeme en brazos. Ciertas palabras a menudo inventadas y convencionales dentro de la familia, que significan cosas gratas de comer, son por sí solas en boca de un niño oraciones desiderativas o volitivas que el adulto expresaría analíticamente con su cortejo de verbos y complementos. Por esto el tono y el gesto, a causa de su carácter sintético, tienen tanto valor en la primera infancia. La palabra-frase perdura en el adulto, especialmente en la expresión de afectos: interjecciones, vocativos, oraciones truncadas e incompletas, son formas primarias a que volvemos cuando un sentimiento no nos deja lugar para situarnos en la actitud, en cierto modo objetiva, que el análisis requiere. Nótese, por ejemplo, la diferencia que separa el estilo directo del indirecto en la mente de un novelista. En el primero, el autor se sitúa dentro del personaje y lo hace hablar; en el estilo indirecto, está fuera de él y traduce sus palabras con oraciones más complejas, analíticas y extensas, con más claridad lógica y menor intensidad expresiva. A medida que los factores intelectuales van adquiriendo importancia, el análisis cuenta con nuevos recursos y el habla va alejándose de la palabra-frase, la cual sigue latente y pronta a dispararse a la menor presión emotiva. Aprender a hablar es, por consiguiente, aprender a analizar.
Hasta aquí he expuesto a grandes rasgos lo que subsiste y nos importa de la doctrina de Wundt. Ahora conviene llegar más adentro y preguntarnos cómo se produce la expresión verbal de esa actividad analítica que ejercemos sobre nuestros complejos psíquicos. Porque las vivencias que tratamos de verter en palabras pronunciadas, se componen de numerosos elementos que se hallan simultáneamente en la conciencia, y el lenguaje que las traduce es una sucesión en el tiempo. No podemos decir todas las palabras a la vez, sino una después de otra. Este carácter sucesivo nos obliga a elegir lo que diremos primero y lo que viene después, es decir, a formar sintagmas. Sintaxis es en latín coordinatio. De donde resulta que la ordenación que el interés del hablante escoge para decir lo que se propone, no es una sucesión cualquiera, sino una sucesión coordinada. Este trabajo mental de ordenación sucesiva supone que están presentes en la mente los elementos (palabras o frases) que vamos a pronunciar, o lo que es lo mismo, que la actividad analítica va seguida o acompañada de una construcción sintética, y no pierde de vista que los elementos analizados forman parte de un todo. La tra¬bazón sintáctica se irá fortaleciendo en la segunda infancia y en la adolescencia, en proporción variable según el grado de cultura.
Antes de seguir adelante, hagamos un breve paréntesis metodológico, con una observación que no tiene novedad alguna para todo maestro experto. En los ejercicios de composición oral y escrita rea¬lizados por nuestros dicípulos, obtenemos siempre los mejores éxitos en los temas narrativos, y los mayores fracasos en los descriptivos; tanto en las edades que abarca la escuela primaria como en los pri¬meros grados de enseñanza media. La causa reside, además del interés mayor que un relato suele suscitar, en que la narración da hecho al niño el orden expositivo que debe seguir, sin más que dejarse llevar por el encadenamiento cronológico de los sucesos que se hallan presentes en su recuerdo. Temas vividos como ¿qué hiciste ayer?, ¿qué has visto cuando venías a la escuela?, o temas reproducidos, como explicar un cuento que antes le hemos contado, tienen muchas probabilidades de obtener respuestas coherentes. Claro es que hay buenos y malos narradores: los fallos de la memoria, las anticipaciones motivadas por el mayor interés de un detalle, la timidez y el extravío en pormenores insignificantes, rompen la conexión del relato y son los mayores defectos que el maestro debe corregir. Todos hemos sufrido alguna vez la tortura de tener que escuchar el argumento de una película contado por personas barullonas que carecen del sentido de lo esencial. El apoyo que los temas narrativos prestan por sí mismos para obtener una expresión conexa, desaparece cuando se trata de descripciones. Al proponer temas de composición del tipo: ¿cómo es la catedral?, ¿qué hay en la plaza?, descríbeme una estación del ferrocarril, u otros parecidos, el niño carece de hilo conductor, no sabe por dónde empezar ni por dónde acabar, y es muy probable que sólo acierte a darnos una enumeración mal construida. Todo hay que intentarlo en la escuela, y, en último término, la habilidad del maestro es decisiva; pero en mi práctica profesional de todas las edades, tengo que confesar que raras veces he conseguido composiciones organizadas de-asunto descriptivo antes de la pubertad.
Volvamos ahora, después de esta digresión, a nuestras reflexiones sobre el sintagma como producto de un análisis mental, con un comienzo de estructuración unitaria sintética. Estas unidades lingüísticas conexas, son en el fondo las oraciones gramaticales. He procurado hasta este momento evitar el nombre de oración gramatical, para no complicar la exposición con consideraciones y distingos que nos conducirían más allá de lo que este artículo se propone. Pero ya no puede eludirse el decir que el germen de toda oración es una unidad de intención expresiva: podrá contener una palabra sola (palabra-frase) o muchas. Si hay más de una, habrá una coordinación sintáctica entre los vocablos que resultan del análisis mental de cada vivencia. La prueba de su carácter unitario está en que concertamos ciertas palabras con otras que no han sido pronunciadas todavía, y en el empleo de nexos (preposiciones y conjunciones) cuyo papel es más funcional que semántico. He aquí un terreno de investigación del cual podrían obtenerse resultados excelentes, no sólo para el conocimiento especulativo de cómo se desarrolla el habla personal desde la primera infancia hasta el adulto, sino de aplicación inmediata a la práctica escolar. Están en marcha en Hispanoamérica, y según mis noticias también en España, recuentos estadísticos de vocabulario a los que antes me he referido de pasada. Tales estudios, bien orientados, pueden darnos datos preciosos acerca del aspecto analítico del lenguaje infantil. El aspecto sintético, más rebelde a la estadística, pero que también puede utilizarla en cierta medida, consistiría en un trabajo de observación y experimentación, de cuyo programa voy a dar algunos ejemplos. No sería necesario emplear para ello un gran número de niños para obtener unos resultados que se expresasen por cifras y tantos por ciento. Yo aconsejaría más bien una labor de calidad más que de cantidad: pocos niños observados cuidadosamente durante varios años y, sobre todo, un observador que sepa lo que se propone.*
Supongamos, pongo por caso, que tratamos de saber qué tiempos de verbo emplea un niño en cada edad. No me refiero, claro es, a las formas de la conjugación que traen las gramáticas, porque cualquier forma puede servir y sirve de hecho para diversos usos temporales. Lo que importa es averiguar cómo se produce y expresa la función imperativa en un niño de cuatro años, de ocho, de doce; qué formas adopta la noción del pasado (¿ayer?, ¿antes?, ¿participios solos o verbos conjugados?); ¿cuándo se presentan los subjuntivos, que implican una percepción más o menos consciente de la subordinación? La Lingüística trata de explicar por qué el futuro es tan inestable y se rehace siempre después de las épocas en que la cultura retrocede a estados primitivos. El latín olvida el futuro ario y tiene que recomponerlo otra vez; las lenguas romances pierden el futuro latino en los siglos oscuros de la primera Edad Media, y tienen que ingeniarse para crear otro por composición (cantar + he), cuando la cultura lo reclama; muchos dialectos iliterarios hablados en zonas muy rústicas, muestran una torpeza especial para referirse a ese porvenir incierto, problemático, abstracto. ¿No podría la observación del habla infantil dar respuesta adecuada a este problema lingüístico? Y quien dice tiempos del verbo, dice expresiones conjuntivas, que bien observadas en los niños nos darían idea de cuándo y cómo se presentan las relaciones de condicionalidad, disyunción, causa, consecuencia, etc., etc. No son fáciles las investigaciones de esta clase, pero bien dirigidas, aunque se limitasen a aspectos parciales de la expresión idiomática, serían muy fecundas tanto para la Lingüística como para la Pedagogía.

LA LENGUA MATERNA COMO DISCIPLINA ESCOLAR
En 1492 presentaba Antonio de Nebrija a la reina Isabel una muestra de su primera Gramática castellana. A nadie se le había ocurrido en ningún país del mundo, escribir un Arte de la lengua vulgar, la que todos sabían y usaban sin necesidad de libro ni de maestro. Se comprendía que el latín y el griego tuviesen gramáticas, puesto que no pudiéndose «deprenderlos por uso» había que «deprenderlos por Arte». Era necesario justificar de algún modo la extravagancia de «reducir a Arte» el romance común que todos habían aprendido por uso. Nebrija se defiende de esta objección en su famoso Prólogo, diciendo que no todos los vasallos de Su Majestad hablaban castellano, y a ellos podía aprovechar un Arte que con brevedad les enseñase lo que por la comunicación diaria no aprendían. Presintiendo el descubrimiento de América que a los pocos meses había de producirse, añade Nebrija que en las tierras de naciones bárbaras y lenguas peregrinas que se iban a descubrir e incorporar a la corona de Castilla, sería necesaria una gramática que en poco tiempo enseñase a los nuevos vasallos la lengua del vencedor. Es decir, que la lengua materna de los castellanos no necesitaba ser enseñada a los naturales, pero sí a los extraños que tuviesen que saberla. .
Durante los siglos xvi y xvn van menudeando cada vez más las defensas del aprendizaje gramatical del castellano, no por sí mismo, sino porque sirve como preparación e instrumento para estudiar latín. Algún día me ocuparé de las vicisitudes que la enseñanza de las lenguas nacionales tuvo que atravesar en toda Europa para determinar sus propios fines. Hoy no podría hacerlo sin alargar desmesuradamente este artículo con un tema histórico que no es esencial a mi propósito. Baste decir que el siglo xvm siente ya el cri¬terio de autoridad en materia de lenguaje: no bastaba saber leer y escribir en lengua vulgar, sino que había que hacerlo correctamente, y este era el objeto y la definición de la Gramática. Pero ocurrió entonces que la Gramática, estimada como norma del buen decir, absorbió toda la atención de los educadores; se olvidó el básico «deprender por uso» de Nebrija, y toda la enseñanza del idioma nacional giró en torno a los manuales de Gramática. Aun las lectu¬ras de clásicos que las instrucciones ministeriales y los planes de enseñanza del siglo xix recomendaban practicar, tenían como fin único comprobar las reglas gramaticales y moldear, según ellas, la expresión de los alumnos. Esta situación ha perdurado más o menos hasta muy adentro del siglo actual y ha producido una grave crisis en la enseñanza de la Gramática y, en general, de la lengua materna. Hoy volvemos al aprender por uso como fundamento y núcleo de nuestra enseñanza, que es ante todo disciplina de la mente. Nadie aprende a pintar más que pintando, ni a hablar y escribir más que hablando y escribiendo. La norma gramatical vendrá más tarde, nunca antes de los ocho años, y convenientemente graduada ayudará al proceso idiomático y a formar el sentido de lo correcto. Lo contra¬rio es operar sobre esquemas sin contenido, ¡honda e inútil tortura de la infancia cuando íbamos a la Escuela los hombres de mi edad!


1. De la revista Bordón; C. S. I. C, Madrid, enero de 1953.

2. Recientemente ha publicado el profesor Francisco Secadas dos artículos bien orientados sobre estas primeras etapas del habla infantil con el título de La aparición del lenguaje; en la revista Didascalia, Madrid, 1970, núms. de "marzo (págs. 58-76) y abril (págs. 59-67). Para el desarrollo fonológico del habla infantil en estas etapas y en las subsiguientes, véase la Bibliografía que insertamos al final de este libro.

3. En España tenemos un libro compuesto con fines análogos: GARCÍA Hoz, VÍCTOR: Vocabulario usual, común y fundamental; determinación y análisis de sus factores. Madrid, C. S. I. C. Instituto «San José de Calasanz», 1953, 526 páginas.

4. Por su dirección metódica es muy recomendable el artículo de MARÍA JOSEFA CANELLADA, Sobre lenguaje infantil; en la revista Filología, año XIII, Buenos Aires 1968-69, págs. 39-47. La autora presenta en este trabajo transcripciones fonéticas de cuanto dijo una niña observada durante los tres primeros años de su vida.

Fuente: Samuel Gili Gaya
Estudios de lenguaje infantil.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Nexos de la oración

Nexos de la oración compuesta en el lenguaje activo de los niños.

GENERALIDADES

Me propongo en este artículo reunir y ordenar con el rigor metódico que me sea posible las observaciones que he realizado perso¬nalmente en escuelas españolas e hispanoamericanas, y las que me han facilitado los maestros de varios países hispánicos, acerca de cómo expresan nuestros niños el enlace de las oraciones que forman el período, u oración compuesta. Se trata, pues, de una fase avanzada en el desarrollo lingüístico individual, en la cual la mente infantil, superando la palabra-frase sintética e indiferenciada, aprende a distinguir o reconocer cierto caudal de semantemas y morfemas, que se repiten en variados contextos pensados como representaciones conjuntas. Cuando un niño reúne con sentido dos o más palabras de su percepción actual o de su recuerdo, inicia el análisis de la palabra-frase originaria, es decir, realiza los primeros sintagmas de su habla. Desde aquí, hasta que su pensamiento adquiera la capacidad analítica necesaria para formular oraciones coordinadas y subordinadas, deberá recorrer un camino muy largo y lleno dé vacilaciones y tanteos, en el cual nunca se borran las etapas anteriormente alcanzadas. Es bien sabido que el habla adulta conserva todos los recursos expresivos de la infancia, y los utiliza en mayor o menor proporción según la clase social y el grado de instrucción de cada hablante.
El medio más sencillo que los niños emplean, ya con cierta frecuencia a los tres años, para expresar la relación recíproca entre los elementos léxicos de la oración simple o compuesta, consiste en la mera yuxtaposición de dos o más palabras que forman unidad fonética, es decir, sin pausa ni alteración melódica intermedia. Este tipo de frase es el más próximo a la palabra-frase. Se inicia, casi al mismo tiempo, la tendencia a marcar la oposición o contraste entre las palabras por medio de la inflexión ascendente de la entonación (to-nema de anticadencia o semianticadencia)2 en el primer elemento así diferenciado: papá ¡venido, o venido ¡papá; yo ¡(voy) con tú, o con tí; nena¡\ele ca(la)melo. Puede haber pausa, o no, después de ese tonema; pero la inflexión ascendente basta por sí sola para señalar la relación sintáctica.3 El mismo recurso sirve para enlazar los elementos de la oración compuesta, cada uno con su verbo: chacha (ha) dicho ¡ vamos (a la) calle. Mucho más tarde los niños apren¬derán lentamente todas las inflexiones expresivas que practica el habla adulta según los patrones de la comunidad parlante, con sus múltiples variaciones enunciativas, interrogativas, emocionales y volitivas. Pero este aprendizaje es trabajoso, y no progresa notablemente hasta la edad escolar muy avanzada. Por esto la entonación infantil produce el efecto general de desentonada, puesto que suele limitarse a la repetición monótona de las anticadencias que indican las dependencias sintácticas dentro de frase u oración. Paralelamente los niños se percatan de que existen en el habla adulta palabras especiales que enuncian también relaciones sintácticas, y empiezan a usarlas con idea imprecisa de su significado. A los cuatro años encontramos en su habla activa las preposiciones a, de, en, por pa(ra) y con; los relativos que, qué, ¿por qué?; las conjunciones y, que, porque y pa(ra) que. Este repertorio tan pobre de palabras-nexo no suele aumentar hasta que el niño, antes recluido en su medio doméstico, se va incorporando a su comunidad parlante, y sobre todo cuando la instrucción escolar es capaz de ampliarlo. En este trabajo me ceñiré, de acuerdo con su título, a estudiar cómo se van escalonando los usos y matices semánticos de los pronombres relativos y de las conjunciones.
Tanto la entonación como las palabras-nexo serían suficientes para denotar por sí solos la interdependencia gramatical con que siente el hablante las dos o más oraciones que forman período. Pero en la realidad lingüística conviven ambos medios de enlace oracional apoyándose y corroborándose entre sí. Varía mucho, sin embargo, la proporción con que cada hablante o grupo social se vale de uno u otro medio expresivo. Los niños y las hablas populares usan muy pocas conjunciones, porque la entonación y el juego de las pausas y acentos de intensidad les bastan. En cambio, dice Meillet,1 las lenguas literarias no disponen de los recursos fonéticos y mímicos de que se sirve el lenguaje oral. Es ya un principio generalmente admitido por los lingüistas —Meillet, Bally, Bühler—,5 decir que el empleo de los recursos musicales de la palabra y de los medios gramaticales de expresión, se hallan en razón inversa. La lengua escrita, áfona e intelectualizada, necesita de las ensambladuras gramaticales que aseguren la coherencia lógica del discurso; en el extremo opuesto se hallaría el habla infantil, y también el lenguaje poético, que, al estar basado en intuiciones y sentimientos, retrotrae en cierto modo la construcción a formas primarias y rechaza la abundancia de nexos oracionales propios del estilo lógico-discursivo. Por esto los preceptistas de todos los tiempos recomiendan que no se usen en Poesía locuciones conjuntivas tan racionalizadas como sin embargo, por consiguiente, en tanto que, por razón de, y otras semejantes.
Así se explica que los dialectos románicos, formados en una pro¬longada época de ignorancia iliteraria, hayan olvidado casi todas las conjunciones latinas. En español moderno, por ejemplo, sólo subsisten: y < et, ni < nec, o < aut, si < si, después de haberse perdido la ant. ca < quia y el arag. ant. car < quare. Las demás conjunciones y locuciones conjuntivas son de formación romance,6 principalmente a base de preposiciones y adverbios. Puede decirse que todas las palabras de cualquier categoría gramatical son capaces, en principio, de gramaticalizarse como enlaces oracionales. La posición sintáctica decide en cada caso la función conjuntiva posible. Los materiales que me han servido para este estudio tienen las procedencias siguientes: 1.a Observación personal del habla de los niños de mi familia y de las familias de mi trato más frecuente, con preguntas a las madres, cuando se trata de niños de 3-4 años. Mis datos reflejan, pues, el ambiente doméstico culto de la clase media madrileña, en la cual los padres ejercen casi todos profesiones intelectuales. 2.a En la edad preescolar (5-7 años), los niños asisten generalmente a escuelas maternales, llamadas también parvularios o jardines de infancia, según las denominaciones preferidas en cada uno de los países hispánicos. Las maestras de esas instituciones presentaban a cada niño cierto número de estampas; preguntaban ¿qué ves?, ¿qué hay aquí?, ¿qué hacen?, etc., y anotaban literalmente la respuesta. Desde que se generalizó el uso de las cintas magnetofónicas, el trabajo de las maestras se simplifica, y las respuestas son más fieles y matizadas que las obtenidas por transcripción. Los datos deben ser cribados con cuidado, porque divergen más o menos según se trate de escuelas privadas o públicas, urbanas o rurales; aun en los medios urbanos, hay que distinguir entre las barriadas obreras y las habitadas por familias de nivel cultural más elevado. 3.a En la edad es¬colar (7-12 años), los maestros escuchan y anotan conversaciones de los niños entre sí, para reflejar su habla espontánea. También son utilizables las conversaciones del niño con el maestro. Los ejercicios de composición escrita facilitan observaciones importantes, sobre todo cuando se propongan temas en que el niño no reproduzca lo oído o leído, sino que tenga que crear su expresión propia. Ahorraré al lector otros pormenores sobre la recogida y estudio de los materiales utilizados y las incidencias que se presenten en cada caso. En general, se han rechazado los datos que no estén debidamente comprobados en numerosas experiencias. Estas indicaciones bastan para dar al lector idea suficiente del método seguido para apoyar las conclusio¬nes que a continuación expongo. 

PRONOMBRES RELATIVOS 

Durante el tercer año de su vida inician y consolidan los niños el pronombre que para introducir oraciones de relativo. María Josefa Canellada" recoge algunos ejemplos de una niña de tres años cumplidos: bámo a pinta ú búdo (burro) \é tota (trota); ú tide (tigre) \e \óme a lo ato (gatos). Tales ejemplos demuestran, por la seguridad de su empleo, que el relativo que se ha iniciado antes de cumplir los tres años, en coincidencia con la relativa abundancia de casos que yo he registrado entre los 2-3 años. En edad preescolar, que es la forma enteramente normalizada, y casi única, tanto en las oraciones enunciativas como en las interrogativas directas y en las exclamativas: Vi un perro que baila; Ese es Charlot que viene; Muchos aviones que volaban; Sale un ogro que es muy feo; ¿Qué quieres?; ¡Qué bonita es! Entre mis materiales preescolares son raros los ejemplos de cuál y quién en las interrogativas indirectas: Yo no sé cuál es esa (5 años); Yo no sé quién es ese viejo (6 años). En cam¬bio encontramos con mayor frecuencia, desde los 4 años, cuál y quién en preguntas directas: ¿quién llama?, ¿cuál te gusta más? Ni quien ni cual tienen uso alguno enunciativo. Si no se trata de alguna deficiencia de mis materiales, debemos considerar que su presencia en el habla activa de esa edad es excepcional. Los adverbios relativos aparecen a menudo como interrogativos, sobre todo en frases hechas del diálogo coloquial; ¿cómo te llamas?, ¿cuándo llegó?, ¿dónde vive?, ¿cuánto vale} Pero como enunciativos su uso es raro antes de los cinco años: Jugando ahí donde ellas están (5 años); Va pa donde están los otros (7 años). En edad escolar au¬menta el empleo de estos adverbios relativos en proporción aproxi¬mada de 1 : 3, según mis datos. Ejemplos: Lo escribo como me dijo la maestra (6 años); La casita donde vive el dueño de este carro (7 años). La única excepción es cuanto, inexistente fuera de las pre¬guntas en el habla usual de los adultos. Frases como pagaron cuanto debían, dígame cuanto sepa, pertenecen al habla culta esmerada; lo usual sería pagaron todo lo que debían, dígame lo que sepa. La influencia de la lectura se refleja en las composiciones escolares escritas, aproximadamente desde los 8-9 años. Comienzan entonces a aparecer los relativos el cual, la cual, los cuales y las cuales, alternando con el que, la que, los que y las que, ya frecuentes a los 7-8 años, y a veces antes en el lenguaje oral. Ejemplos: Un amigo con el que salía mucho, o bien con el cual salía mucho; Estaban allí dos niñas a las que (o a las cuales) yo no conocía, y más corrientemente dos niñas que yo no conocía, sin preposición ni artículo. Las construcciones con el cual proceden de los libros de lectura, y no se incorporan al habla activa hasta mucho después. De igual manera, las hablas vulgares, rústica o urbana, no se sirven de ellas, aunque muchos individuos las lean en los periódicos. La sustantivación neutra (lo que y lo cual) suele ser muy tardía. Igualmente es calco de la lengua escrita el plural quienes. Aun el singular quien es raro-entre preescolares (con excepción de la pregunta directa, ¿quién...?\ como quedó dicho arriba. Se produce, pues, el escalonamiento que tipifican las frases siguientes: El que quiera venir, que venga; Quien quiera venir, que venga, y en plural: Los que quieran venir, que vengan; el uso de quienes quieran venir, que vengan, es inexistente en el habla de los escolares, y sólo encontramos algún ejemplo suelto en los ejercicios de redacción. No hay que decir que el relativo literario cuyo es insólito, tanto entre los niños como en el habla coloquial de los adultos. Para la cronología del lenguaje infantil importa hacer resaltar la pronta aparición del relativo que; la frecuencia con que los niños lo emplean a los 3-4 años es comparable a la de las conjunciones y, que, consolidadas a la misma edad, como luego veremos. Estas tres palabras son, por consiguiente, las primeras articulaciones gramaticales del período en el aprendizaje individual de nuestra lengua. 

CONJUNCIONES

Coordinantes Acabamos de decir que la copulativa y se halla consolidada plenamente a los 3-4 años, y se usa repetida como enlace en enumeraciones, relatos y descripciones: Tepe corría y se cayó y se hizo daño. Es muy frecuente el polisíndeton, sobre todo cuando los miembros enlazados son numerosos: llegó papá y mamá y María y Juanito; En mi casa tengo un nacimiento, y hay pastores y corderos y gallinas y un perro y los Reyes Magos. Esta profusión polisindética se halla a menudo en los primitivos literarios, por ejemplo: Vio puertas abiertas e ucos sin cannados, / alcándaras vacías sin pieles e sin mantos, / e sin falcones e sin aztores mudados (CID, v. 3-4); es característica de la niñez y también del habla vulgar de cualquier edad. Cervantes {Quijote, II, 5) remeda el habla rústica de Teresa Panza cuando dice, dirigiéndose a su marido: Traed vos dineros, Sancho, y el casarla dejadlo a mi cargo, que ahí está Lope Tocho, el hijo de Juan Tocho, mozo rollizo y sano, y que le conocemos, y sé que no mira de mal ojo a la mochacha, y con este que es nuestro igual estará bien casada, y la ten¬dremos siempre a nuestros ojos, y seremos todos unos padres y hijos, nietos y yernos, y andará la paz y la bendición de Dios entre nosotros, y no casármela vos en esas cortes y en esos palacios grandes. De igual manera que por simple yuxtaposición el período asindético puede expresar sentidos especiales (adversativo, causal, temporal, consecutivo, etc.), las oraciones unidas por la conjunción y pueden connotar toda clase de relaciones coordinadas y subordinadas. Esta posibilidad, que es normal en la lengua adulta, tiene en el habla infantil un uso tan reiterado, que podemos decir que la copulativa y es la conjunción universal, que, unida a la entonación, sirve de nexo para enlazar períodos de cualquier significado: Corría mucho y estaba cansado y se cayó (sentido consecutivo); Le esperamos y no ha venido (adversativo o temporal); Usted me pregunta y yo contesto (condicional). Pero estos significados son simples connotaciones que no pertenecen a la entonación ni a la copulativa, sino al conjunto oracional. El habla del adulto, a la vez que perfecciona la musicalidad de la frase, dispone de un repertorio extenso de nexos gramaticales que lo capacitan para precisar mejor la naturaleza de las relaciones sintácticas. El niño habilita para cualquier significado las pocas conjunciones de que dispone, y muy especialmente la copulativa y. La copulativa negativa ni aparece más tardíamente. No la he observado antes de los cuatro años; pero sí entre preescolares: No muerde ni hace nada (4 años); Esa niña no va a la playa ni en barco (5 años). Naturalmente se usa en edad escolar con la frecuencia normal entre personas mayores. Como era de esperar, no hay más-adversativa que pero, lo mismo que en el modelo del habla adulta. Es bien sabido que mas y empero son hoy de uso exclusivamente literario. Mis datos registran pero entre niños de cuatro años. Ejemplos: Agua sí hay, pero muy poca; Pon la radio, pero bajita. Su relativa abundancia a esa edad parece indicar que quizá se inicie antes. Es muy frecuente entre preescolares. En edad escolar aparecen ejemplos de pero en principio de frase con valor expletivo: Pero ¿no ves que está ahí?; Pero niño, no rempujes (ambos de 7 años). He encontrado algunos ejemplos esporádicos de la conjunción sino en los grados escolares avanzados (8-9 años): Ese no era capitán, sino sargento; No hacen sino charlar. En el conjunto de mis observaciones no he encontrado ni un solo caso de la disyuntiva o antes de los cuatro años. Ya en edad preescolar su presencia es rara, hasta el punto de que entre mis testimonios de 50 conversaciones espontáneas, sólo he recogido tres casos de su empleo en niños de cinco años, y cuatro de seis años. En todos ellos se trata de juegos o adivinanzas de fórmula tradicional, en los que cada niño debe optar entre dos o más términos, por ejemplo: ¿Qué hago a tu espalda, tijereta, ojal o punzón?; ¿Qué tengo en la mano, botón o dedal?; ¿En qué mano está la china, ésta o ésta? Tal rareza de la conjunción o parece denotar que el juicio lógico disyuntivo se desarrolla tardíamente en la mente infantil, puesto que en los ejemplos aducidos se trata de opciones al azar, no de juicios lógicos.8 Nótese además que los preescolares practican con facilidad la coordinación distributiva de juicios alternantes que no se excluyen entre sí, como muestran los siguientes ejemplos: Ahora salto yo, y después tú, después tú...; Aquí un caballo, y aquí un hombre en el carro; Nosotros éramos los ladrones, y vosotros erais los guardias. Subordinantes La conjunción que es la subordinante de mayor uso en el idioma; cumple la función de introducir una complementaria directa del verbo principal. Su aparición es muy temprana, y está consolidada en el habla infantil a los 3-4 años: Mamá dice que vamos (a la) calle; Tiíta no \ele que pongo ese vestido. Es frecuente su repetición polisindética en la conversación infantil y en el habla vulgar. Aparece a menudo con carácter expletivo en comienzo de frase: Que Caperucita volvía del bosque, y que el lobo estaba metido en la cama de la abuela, y que se puso sus gafas; Señor Maestro, que Luis está malo y que no puede venir hoy. Abunda el que expletivo inicial de frase en la poesía popular de todos los tiempos, por ejemplo: Que de noche le mataron al caballero, / la gala de Medina, la flor de Olmedo (LOPE DE VEGA, El caballero de Olmedo). Precedido de la preposición a, el que expletivo encabeza la fórmula exclamativa a que, muy usual entre niños para denotar emulación, competencia o reto, por ejemplo: ¡A que corro más que tú!; ¡A que termino antes que todos!; ¡A que sí! —¡A que no! Hay que clasificar con cautela los ejemplos infantiles del que llamado causal en la gramática del adulto, porque podría ser que a menudo no expresasen precisamente relaciones de causa. Por ejemplo, en la frase Van contentos, que papá lo dijo (4 años), es dudoso si debemos interpretar que como equivalente a porque, o si se trata de un que expletivo. La misma duda ofrecen los relativos explicativos en frases como Antonio que salta mucho va ganar (5 años), ese que ¿es relativo explicativo con el sentido de el cual, o bien conjunción que significa porque? Son en realidad expresiones indiferenciadas, expresiones límite que se prolongan asimismo en el habla adulta. En todo caso —como dice Bühler—,9 «muchas cuestiones de los lingüistas que se han ocupado de las formas de los períodos, podrían contestarse en el cuarto de los niños, y no se debería dejar escapar este Campo de observación, fácilmente accesible». No encuentro en mis materiales ejemplos seguros de verdadera motivación causal hasta la edad escolar: Vete tú, que ella te llamó (7 años); Señorita, siga dando Aritmé¬tica, que eso sí me gusta. Las relaciones causales son ordinariamente difíciles de interpretar en la sintaxis infantil, según confirmaremos a continuación. La forma de la conjunción porque aparece ya cuajada a los 3-4 años, tanto en el uso interrogativo, ¿por qué? como en el propiamente conjuntivo porque. Pero el uso abundante de la forma porque en edad tan temprana, no indica que tenga el significado causal del habla adulta. Piaget dedica un extenso capítulo a estudiar las etapas que los porqués recorren en la mente infantil en los grados avanzados de escolaridad.11 A propósito de la conjunción y decíamos que los niños habilitan las pocas conjunciones de su repertorio para expresar toda clase de valores coordinantes y subordinantes, sin tener idea clara de las diferencias semánticas que sólo el habla adulta sabrá diferenciar. La conjunción porque, de aparición tan temprana en el léxico infantil, hizo pensar en otro tiempo que los niños perciben muy pronto la relación de causa a efecto. Pero hoy sabemos en firme que esta conjunción sirve a los niños como nexo de las más dispares relaciones. Mejor nos lo dirá el interrogativo ¿por qué?, profusamente empleado por los niños, que son muy preguntones. Si un pequeño oye hablar a los mayores de que ha entrado un perro en el jardín, es muy probable que irrumpa en la conversación con la pregunta ¿por qué perro?, que puede significar ¿qué perro es ese?, o ¿dónde está?, o ¿cuándo entró?, o ¿cómo es?, etc.; es decir, es una forma interrogativa general e indiferenciada, que no pregunta precisamente la causa. Los educadores saben que el lenguaje de la primera infancia es en gran parte egocéntrico: los niños pequeños hablan a menudo para sí mismo, como un comentario a la propia acción; o bien conversan con otros niños sin escucharse unos a otros y sin esperar respuesta a lo que dicen. Según las investigaciones del Instituto Internacional de Ginebra, los diferentes tipos de lenguaje egocéntrico suman, a los seis años, un promedio que se acerca al 45 por ciento de toda su actividad verbal. Pero en un momento, que puede fijarse hacia los siete años, se produce un cambio casi brusco que hace descender el lenguaje egocéntrico al 25 por ciento, y que esta proporción baja progresiva y rápidamente a los 8-9 años. He aquí ejemplos de esos porqués egocéntricos recogidos por mí, los cuales parecerán absurdos al adulto acostumbrado a interpretarlos como causales: Yo pinto un árbol porque tengo una muñeca (4 años), donde porque quiere decir algo así como y además o también. En la frase Aquí flores porque son blancas (5 años), el porque parece usado con sentido simplemente relativo (que). A medida que el lenguaje se socializa, es decir, se va convirtiendo en conversación, menudean los porqués de explicación o de motivación causal, hasta que en los grados escolares avanzados (8-10) alcanzan a la demostración lógica, como en los razonamientos matemáticos. Las variedades son infinitas y difíciles de clasificar, y más aún de establecer la cronología relativa de su aparición. Desde luego la causa y el fin se confunden entre sí, y por esto son equivalentes: ¿Por qué riegan las calles? y ¿Para qué riegan las calles?; no son pocos los adultos que siguen sin distinguir: ¿Por qué hacen rogativas? jun¬to a ¿Para qué hacen rogativas? En la mente infantil predomina el sentido de causa eficiente cuando se trata de fenómenos naturales o de máquinas, por ejemplo: ¿Por qué truena?, ¿Por qué rueda la bicicleta? Tratándose de hombres y de animales predomina la idea de motivo o intención: ¿Por qué te vas?, ¿Por qué muerde? Es peculiar de la infancia atribuir intenciones a los seres inanimados: ¿Por qué no comen las piedras?, ¿Por qué pita el tren cuando ve un pueblo? La conjunción pa[ra] que es coetánea de porque. En la gramática del adulto regularmente instruido tiene claro sentido final; pero en el habla infantil se confunde con porque, y durante algún tiempo se usan ambas indistintamente, como hemos dicho antes. Sin embargo, la presencia de la preposición para, que por sí sola significa fin, destino, tendencia, contribuye a que en la época escolar avanzada la locución para que vaya consolidando el significado conjuntivo final. En la lengua modelo va invariablemente seguida de subjuntivo, lo cual constituye un cliché sintáctico que determina el empleo del modo subjuntivo, ya desde los cuatro años: Pa que lo sepa mamá; El perro acude pa que le echen de comer. No es de este lugar insistir en este régimen modal que ya he tratado de explicar en otras publicaciones mías que figuran en este libro. Pero sí conviene decir que esta construcción viene a subrayar la individualidad semántica diferenciadora de para que frente a porque. Para la expresión consecutiva se valen los niños con cierta frecuencia de/la locución por eso, precedida a veces de y copulativa. Mis ejemplos comienzan a los siete años: Ella tiene un tajo en la cabeza y por eso tiene un paño; La flotilla japonesa no se ha rendido, por eso los soviéticos siguen peleando (8 años); Me dijo que estaba enferma, y por eso no podía venir a la escuela (10 años). La conjunción pues aparece primero como expletiva: Pues no sé eso (5 años); a veces es simple apoyo o muletilla de la conversación: Me monté en los caballitos y entonces pues mi hermano se trepó (6 años). El sentido vacilante de estas construcciones favorece su empleo consecutivo: ¿Quieres eso?, pues tómalo (7 años). Añadiremos que la significación causal de pues es frecuente en los ejercicios escritos de los grandes avanzados, y suele ser abundante en la enseñanza media. Quizás influya en ello cierto sentimiento de distinción literaria frente al trillado porque de la conversación corriente. Entre preescolares hemos registrado ejemplos de la condicional si hacia los 5-6 años: Si me lo dice le pego; Si quieres vamos. En los grados escolares más avanzados los recursos de la expresión condicional se enriquecen con el empleo progresivo del modo subjuntivo y de los tiempos condicionales, no tanto en la conversación espontánea entre niños como en las composiciones escritas. Es curioso notar el uso de si expletivo desde los cuatro años, en expresiones exclamativas usadas como réplica: ¡Si yo no lo sé!, ¡Si este no estaba allí! En la etapa escolar comienza el uso de este si con pleno valor subordinante complementario en las interrogativas indirectas: El maestro me preguntó si estabas malo; Dígame si se hace así (mostrando un dibujo). Es rara la expresión concesiva en el habla infantil espontánea. Nuestros ejemplos de aunque pertenecen todos a la edad escolar, y muchos de ellos parecen propagados por la lectura: Aunque llovía mucho, echamos a correr para casa (8 años). Nótese, además, que predomina en mis datos la significación adversativa de esta conjunción sobre su uso concesivo. Como es sabido ambos significados son normales en el habla adulta. Ejeiñplos escolares: Parece el guarda... manque (sic) no es el guarda (7 años), donde equivale a pero; Tenían buenas escopetas, aunque no cazaron nada (9 años). La subordinación concesiva supone una complejidad mental que los niños pequeños no pueden alcanzar; en cambio la coordinación adversativa es tan sencilla, que desde los 4 años hemos registrado ejemplos seguros de pero. No es de extrañar, por consiguiente, que el uso adversativo de aunque se presente con relativa frecuencia en edad escolar, y en cambio sea muy raro en su función concesiva.12 Termino este trabajo con la convicción de haber trazado en sus líneas generales un boceto suficientemente preciso de uno de los capítulos menos explorados de la movediza gramática infantil. Sin duda puede ampliarse con nuevas aportaciones sobre áreas geográficas y estratos sociales que modifiquen más o menos la cronología relativa de los hechos de expresión, y quizá también el enfoque de ciertos problemas. Espero que otros lo harán. Aunque son copiosos los materiales de que me he servido, no pueden tener la pretensión de ser exhaustivos; mucho menos, tratándose de interpretar la sincronía presente. Ya dijo Saussure que toda sincronía constituye en cada comunidad lingüística un sistema en equilibrio, pero en equilibrio inestable. He de advertir una vez más que las conjunciones, en contraste con otros campos léxicos, tienen más de enlace lógico que de contenido representativo. Su función gramatical las va definiendo en la mente de los hablantes con el ejercicio continuado. Por esto, la gran mayoría de ellas aparecen tarde o nunca en el habla individual, tan condicionada por factores sincrónicos variables. 1. Artículo que figura en el «Homenaje al profesor Antonio Rodríguez Moñino»; Madrid, Ed. Castalia, 1972. 2. Para esta nomenclatura, véase T>-NAVARRO TOMÁS, Manual de entonación española, New York, 1944.
3. Véase la exposición de conjunto de EMILIO ALARCOS LLORACH, L'acqui-sition du langage par l'enjant, en Le Langage (sous la direction d'André Martinet, Encyclopédie de la Pléiade, vol. XXV), Paris, Gallinard, 1968, páginas 326-365. El autor resume con notable precisión y rigor metódico el estado presente de los problemas que nos ocupan, y da ai final de su artículo una nota bibliográfica muy útil y bien escogida.

4. A. MEILLET, he ronouvellement des conjonctions, publ. en el Annuaire de L'École pratique des Hautes Études, section historique et philologique, 1915-1916. Se halla incluido en el libro del mismo autor Linguistique historique et Linguistique genérale, Paris, Champion, 1948, págs. 159-74.

5. A. MEILLET, loe. cit. en la nota anterior; CH. BALLY, Linguistique historique et Linguistique jrancaise, 3.a ed. Berne, A. Francké, 1958; K. BÜHLER, Sprachtheorie, Jena, Gustav Fischer, 1934; hay traducción española por Julián Marías, Madrid, Revista de Occidente, 1950.

6. Véase R. MENÉNDEZ PIDAL, Gramática histórica española, § 130, y VICENTE GARCÍA DE DIEGO en Rev. de Filología Española, V, 1918, pág. 133. Para las lenguas indoeuropeas y románicas en general, v. MEILLET, loe. cit. págs. 169 y sigs.

7. Sobre lenguaje infantil, en la revista Filología, año XIII, Buenos Aires, 1968-1969, págs. 39-47. La autora estudia la pronunciación de una niña madrileña en sus tres primeros años. En el tercer año y a comienzos del cuarto, anota la existencia de frases incipientes en que aparece la concor¬dancia de género y también la de número, a pesar de que la niña estudiada no pronuncia todavía la -s del plural. En los ejemplos reproducidos en el texto, el uso certero de las formas del artículo revela una idea clara de la distinción entre el singular y el plural.

8. El Recuento de Vocabulario Español publicado por el Consejo Superior de Enseñanza de Puerto Rico, registra las frecuencias léxicas del habla infantil en columnas de las cifras obtenidas del uso general de la lengua hablada y escrita en toda la Isla. Esta acertada separación permite observar las bajísimas cifras de frecuencia de la conjución o entre los niños, en cotejo con su abundancia en el lenguaje oral y escrito de los adultos. Además, dentro del uso infantil distingue entre el  vocabulario de expresión y el vocabulario de reconocimiento. Una ojeada a ambas columnas nos informa de que existe el mismo desnivel; es decir, que en los niños es rara la conjunción o en su habla espontánea o activa, aunque la reconocen y entienden cuando la oyen o leen. La conclusión es que, como en todos los hechos del lenguaje, los niños entienden mucho más de lo que dicen.

9. BÜHLER, loe. cit., pág. 459 de la traducción española.

10. MARÍA JOSEFA CANELLADA, loe. cit., pág. 46, cita varios ejemplos de esa edad, entre ellos: po \é a tirado a jélo la é\a (al suelo la muñeca).

11. jEAN"riAGET, he langage et la pensée chez l'enfaní, Neuchátel-Paris, 1925. Hay traducción española por Domingo Barnés; Madrid, Ediciones «La Lectura», s.a. En el capítulo V trata especialmente del asunto que nos ocupa. Aunque el estudio es exclusivamente psicológico, no deja de tener vivo interés para el lingüista.

12. RUFINO J. CUERVO, Dice, de Construcción y Régimen de la lengua castellana, I, 1886, págs. 784-789, reúne y clasifica ejemplos abundantes de los valores semálnticos y gramaticales de aunque en la lengua literaria de todas las épocas.


Fuente: Samuel Gili Gaya
Estudios de lenguaje infantil.