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lunes, 24 de enero de 2011

Desarrollo psicomotor, el recién nacido, secuencias de desarrollo.

Desde el punto de vista patológico se pueden oponer, grosso modo, los niños hipotónicos que durante mucho tiempo se caen hacia delante y tienen la espalda redonda, a los niños hipertónicos, en quienes el intento de adoptar la posición sentada determina un envaramiento de la espalda y cuyos miembros inferiores permanecen doblados, lo que les hace resbalar hacia atrás. En realidad, numerosos encefalópatas conservan largo tiempo un tono de tipo neo-natal, hipotonía de la cabeza y del tronco e hipertonía de los flexores de los miembros inferiores; con suma frecuencia se caen de lado a causa de la hipertonía de los aductores, que no les permite una suficiente estabilidad.

3) Posición en pie. — Hemos descrito ya el reflejo de enderezamiento estático del recién nacido. Recordaremos, simplemente, que tal reflejo no es constante ni mucho menos.

ASTASIA DEL NIÑO DE PECHO DE 2 a 6 MESES



Desaparece, en todo caso, entre el primero y el segundo mes, y hasta alrededor de los seis meses el niño no sostiene del todo el peso del cuerpo (astasia del niño de pecho de A. Thomas). 


A partir de este momento, puesto en pie, se yergue apoyándose en las piernas  (esto es, de forma mas enérgica, más rápida que el recién nacido), pero permanecer poco tiempo en esa posición pues se le doblan las piernas. Hacia los ocho o nueve años es capaz de mantenerse mayor rato, pero con un apoyo. Hemos visto que, en dicho momento, en la posición sentada su columna aparecía recta. Todavía no tiene lordosis lumbar y puesto en pie echa las nalgas atrás:


EL NIÑO DE 8-9 MESES EN PIE, ECHA LAS NALGAS HACIA ATRÁS.


Uno o dos meses más y por fin se dibuja la lordosis; ya es capaz de sostenerse  con un mínimo apoyo:

EL NIÑO DE 10 MESES: LORDOSIS LUMBAL

Asimismo, en esta época puede levantarse y ponerse en pie valiéndose de un apoyo. Si se le cogen las manos estando sentado, dobla primero los miembros inferiores, luego extiende los diversos seg¬mentos; este enderezamiento activo pone en juego músculos antagonistas y sinérgicos, es la antítesis del enderezamiento reflejo del recién nacido y del encefalópata hipertónico que describiremos al final de este capítulo.


A los catorce meses puede ponerse en pie solo, pero todavía se incorpora a semejanza del mono, adelantando primero las manos. Unos meses más y se levantará merced al relajamiento de los miembros inferiores, ayudados por el impulso de los miembros superiores.

4) El caminar. — Sólo nos referiremos al andar automático del recién nacido para decir que en los niños normales desaparece alrededor de los dos meses, estableciéndose un período de abasia. El niño, a partir del momento en que puede sostener cierta fracción de su peso (cinco o seis meses), intenta dar pasos (si se le inclina adelante), pero por. lo general ésto suelen ser aislados, sin llegar a fundirse en un movimiento de marcha.

En el período siguiente puede caminar sujeto por ambas manos (el inicio de esta fase lo fijaremos, aproximadamente, en los 9 ó 10 meses). Tal como hace notar M. B. McGraw (1943), el niño en este período se contempla los pies, lo que constituye el indicio de una nueva coordinación.

Dos o tres semanas más y podrá caminar cogido de una mano, pero la gran etapa es la de los primeros pasos independientes. Por término medio, el niño se suelta al año, algunos a los diez meses, otros esperan, por el contrario, los dieciocho meses. En este último grupo figuran los hipotónicos no patológicos de una parte y, de otra, los niños asustadizos. Digámoslo rotundamente: la edad de caminar no tiene la menor relación, en la escala normal, con el desarrollo de la inteligencia. El paralelismo psicomotor es una cómoda añagaza. Todo lo más puede afirmarse que los oligofrénicos caminan mucho más tarde; su retraso en caminar traduce la lentitud anormal de la maduración en general, pero también en este caso, cuando el andar sea normal, el psiquismo nunca lo será.

Desarrollo psicomotor, el recién nacido, secuencias de desarrollo.

Hacia los seis meses la rectitud alcanza el centro de la columna lumbar; sin embargo, existe todavía un ángulo agudo entre el plano de la espalda y los miembros inferiores, que están ahora extendidos. El niño puede mantenerse en equilibrio sobre las manos puestas delante de él; es un equilibrio precario y las caídas laterales son frecuentes.

A los ocho meses, posee el dominio de la posición sentada. La espalda está recta como una I, las piernas en ángulo recto. Puede inclinarse hacia adelante, coger un objeto y volver a la verticalidad sin perder el equilibrio; puede también girar alrededor de su eje vertical; puede, finalmente, sentarse solo, partiendo de la posición supina. Todavía no lo hace como el adulto, mediante una enérgica contracción de los abdominales y los psoas. Se vuelve de lado y se ayuda extendiendo el miembro superior homolateral en esta rotación. Los encefalópatas carecen mucho tiempo de esta facultad de sentarse.

M. B. McGraw (1943) indica, con gran acierto, que no existe reflejo arcaico de «sentamiento» y lo explica por la tardía aparición de esta actitud en la familia filática.


NIÑO DE 6 MESES SENTADO.


NIÑO DE 8 MESES SENTADO.


Desarrollo psicomotor, el recién nacido, secuencias de desarrollo.

SECUENCIAS DE DESARROLLO

Vamos a abordar ahora el estudio de las principales secuencias de desarrollo. No abrigamos la intención de es­tudiar todo el conjunto de las modificaciones que tienen efecto durante los dos primeros años, sino solamente las esenciales. Empezaremos por las secuencias motrices, dis­tinguiendo la maduración del dominio del eje corporal que conduce a la marcha, y el desarrollo de la prensión.

A) El desarrollo motor.

I. El eje corporal.

En primer lugar situaremos los dos extremos. El recién nacido no yergue la cabeza, tiene una marcha refleja. El niño de dieciocho meses a dos años posee, por regla ge­neral, un buen dominio de la marcha. De la matización tó­nica en flexión propia del primero, se ha efectuado la evo­lución hacia la sinergia funcional en extensión. Esta evolu­ción hacia un tipo de tono y motricidad definitivos se efectúa siguiendo una progresión común a todos los vertebrados; es decir, la ley céfalocaudal, demostrada por Coghill (1929) en la larva de la salamandra. (La «corticah'zaeión» empieza por el segmento cefálico y progresa hacia la extremidad caudal.) Así, pues, lo primero que estudiaremos en el niño será el tono de la cabeza.

1) Tono de la cabeza. — Para esquematizar los acon­tecimientos resulta cómodo seguir los períodos fijados por A. Gesell. Hemos visto, con A. Thomas, que en el recién nacido la cabeza se movía en todas direcciones, pero ya en este período el autor describe un esbozo de en­derezamiento cuando el tronco está vertical. Si seguimos estudiando esta posición, vemos durante el período si­guiente, que se sitúa entre uno y dos meses, un endere­zamiento de la cabeza, cuyo gran eje se halla aún ligera­mente inclinado hacia delante con respecto a la vertical. En ese período, la cabeza todavía se sostiene imperfecta­mente, está animada por pequeñas oscilaciones laterales, y al cabo de cierto tiempo puede caer de nuevo hacia  de­lante.

La posición definitiva, que se adquiere hacia los tres meses, está en ligera hipertensión, señalada por la aparición de una lordosis cervical:

CONTROL DE LA CABEZA A LOS 3 MESES.






Tomemos ahora al niño en posición de decúbito ventral. Al nacer, la cabeza está vuelta y descansa en la mejilla. Un mes más tarde, el niño colocado en esta posición es capaz de despegarla durante un corto instante de la superficie de la mesa de examen:



CABEZA EN POSICIÓN DE DECÚBITO PRONO A UN MES.



Sin embargo, hacia los tres meses, mientras descansa encima de los ante­brazos doblados, su cabeza se mantiene erguida de una manera estable:


CABEZA EN POSICIÓN DE DECÚBITO PRONO A LOS 3 MESES.




A los cuatro o cinco meses se incorpora sobre sus miembros superiores extendidos; la cabeza se halla en hipertensión. Este período corresponde, tal como veremos al estudiar la posición sentada, a una rectitud de la parte alta de la espalda, inicio de ilustración de la ley céfalocaudal:


CABEZA EN HIPEREXTENSIÓN A LOS 4 MESES.






En el decúbito dorsal del recién nacido, la cabeza se halla vuelta de lado y poco a poco va pasando al plano sagital, en el que se fija hacia los tres meses, principio del breve período de simetría en espejo que describiremos estu­diando las actitudes de los miembros:


FASE SIMÉTRICA: 4 MESES





Sólo a los cinco o seis meses el niño, acostado de es­paldas, es capaz de alzar la cabeza del plano de la cama. En este momento se puede considerar que el dominio de la cabeza se ha adquirido de forma definitiva:


EL NIÑO EN DECÚBITO SUPINO, DESPEGA LA CABEZA: 5-6 MESES.





Queda finalmente por considerar el comportamiento de la cabeza en el niño, al que se lleva de la posición de decú­bito dorsal hacia la posición sentada. En el recién nacido y hasta los tres meses, la cabeza se le cae hacia atrás:


RECIÉN NACIDO ATRAÍDO HACIA LA POSICIÓN SENTADA:  "HEAD-LAG".






A los 3-4 meses, cuando se efectúa esta maniobra, la cabeza sigue el plano de los hombros


NIÑO DE 3-4 MESES ATRAÍDO HACIA LA POSICIÓN SENTADA: LA CABEZA SIGUE.



a los cinco meses el niño realiza un esfuerzo activo, se encoge y lleva voluntariamente la cabeza hacia delante


5 MESES ESFUERZO ACTIVO.



Entre las desviaciones patológicas, citaremos el balanceo de la cabeza después de los cuatro meses, la cabeza en opistótonos


OPISTOTONOS



la cabeza encogida de lado, sea vuelta debido a un torticolis congénito, sea atraída debido a una hipertonía.

2) Tronco y posición sentada. — Hemos visto que en el recién nacido existía una cifosis global de la espalda que contrasta con la imposibilidad de extender los miembros inferiores (actitud fetal)


ACTITUD FETAL.



A los cuatro meses, la parte alta del tronco es recta, la parte baja cifótica, el vértice de la curva se sitúa en el nivel de los lumbares medios. En ese momento el niño puede mantenerse sentado, sujeto, pero debido a la cifosis esta po­sición no durará mucho rato

NIÑO DE4 MESES SENTADO.

martes, 18 de enero de 2011

Desarrollo psicomotor, el recién nacido, tono muscular

El niño recién  nacido.

7. Tono muscular.

La fórmula tónica del recién nacido está señalada por un predominio de los músculos flexores o escorzadores. Es lo que se llama el tono fetal, apropiado a las condiciones de vida intrauterina. Otra observación: es éste un tono subcortical, es decir, que a la hipotonía de ciertos músculos (explorándose el tono por el método de la extensibilidad descrito por A. Thomas) corresponde la hipertonía de sus antagonistas. Es una fórmula de matizarían tónica que no permite una motilidad adaptada a un objeto.

a) Tono de la cabeza. — La cabeza se balancea y sigue las inclinaciones del cuerpo, con mayor amplitud en el sentido anteroposterior que lateralmente. A. Thomas ha demostrado que si se imprime un movimiento de balanceo al tronco del recién nacido, la cabeza se mueve libremente y los miembros siguen el movimiento del tronco (contrariamente a lo que sucede en el adulto).



Al coger al niño por las manos y llevarlo de la posición de decúbito dorsal a la posición sentada, la cabeza se cae completamente hacia atrás (head-lag de Gesell) .



Finalmente, no dejará de explorarse la amplitud de la rotación pasiva de la cabeza, rotación que — según A. Thomas—ha de ser rigurosamente igual de un lado a otro.
b) Tono de los miembros superiores. — Señalemos la resistencia ofrecida a las tentativas de extensión del antebrazo sobre el brazo y la movilización de todo el tronco cuando se practica la, maniobra del pañuelo.
Tono de los miembros inferiores. — La fórmula tónica de los miembros inferiores es particularmente característica.


— el ángulo poplíteo es inferior a los 90°.



— el ángulo de los aductores se halla comprendido entre los 30 y los 50º.




Por el contrario, la maniobra del talón sobre la nalga se ejecuta fácilmente; lo mismo sucede con la flexión dorsal del pie.



8. Mímica facial.

En el recién nacido no existe una mímica facial voluntaria, si bien hay una motilidad. El recién nacido puede incluso dar la impresión de sonreír; algunos autores dicen haber visto sonreír a niños de diez días. En realidad, es probable que a esa edad sólo exista la aptitud motriz, y que este movimiento facial no sea más que una respuesta a incitaciones viscerales a veces dolorosas (distensión). Toda la motilidad facial está inadaptada, participa en la actividad de masa. Sólo existe un grupo muscular que escapa a esta «regla de la anarquía» y es el de la boca, tal como veremos más adelante.



9. Aparato de la visión.

En el nacimiento se hallan presentes varios reflejos: el reflejo fotomotor, el reflejo ciliar y el reflejo córneo. A. Thomas (1952) insiste sobre la resistencia a la abertura pasiva de los párpados, sobre la asinergia entre movimientos de los párpados y de los globos oculares.

Los ojos del recién nacido tienen un color grisáceo, ya estén inmóviles o animados de pequeños movimientos, que se han asimilado, equivocadamente, al nistagmo. Se ha podido hablar, así, de un «nistagmo fototrópico»: el globo ocular se dirige irregularmente hacia una fuente luminosa viva, luego regresa con otra sacudida a su posición primera. Pero este hecho parece demostrar que hay en el recién nacido cierta sensibilidad visual; de todas maneras, no existen movimientos de persecución ocular en el recién nacido. McGraw opina que al final del período neonatal (hacia la sexta semana) empiezan a instalarse los reflejos de acomodación a la distancia y de convergencia, señalando el verdadero inicio de una percepción visual.

Señalaremos, por último, el curioso fenómeno de «movimientos de muñeca japonesa» descrito por A. Thomas (1952).



10. Audición.

Es sumamente difícil forjarse una opinión sobre las aptitudes auditivas del recién nacido. Parece como si durante los primeros días no existiese tranmisión aérea y es bastante verosímil que las reacciones observadas, reflejo de Moro o reflejo cócleopalpebral, sean la respuesta a una sensación vibratoria transmitida por vía ósea o quizá por desplazamiento de aire. En el artículo de K. Pratt (en L. Carmichael, 1946, 1949) puede leerse un penetrante análisis de las principales publicaciones sobre este tema.

II. Musculatura labioglosofaríngea.

El conjunto de los movimientos conducentes a la deglución ha sido admirablemente estudiado por A. Gesell y F. llg (1937), y de su estudio extraemos algunos puntos de interés práctico.

Los labios del recién nacido pueden apretar el pezón o la tetina con fuerza suficiente para hacer hermética la oclusión. La parte media de los labios es la que contribuye en particular a ese resultado. Se forma así un verdadero diafragma y, por otra parte, la campanilla y el velo obturan el orificio de la faringe. La caída de la mandíbula inferior y la lengua crean una presión negativa en la cavidad bucal, impidiendo las bolas adiposas de Bichat que las mejillas sean atraídas a la línea media. Los movimientos rítmicos de los labios impulsan el líquido alimenticio en esta cavidad de presión negativa. Gesell e llg insisten sobre el hecho de que el recién nacido es incapaz de aspirar (cosa que hacemos nosotros al beber en una taza o con ayuda de una paja). Por el contrario, entre los niños que maman mal la comprensión labial es insuficiente y demasiado débil la succión, requeriéndose una intervención exterior (recién nacidos alimentados con cuentagotas o a cucharadas).

Es importante asimismo precisar la posición de la lengua. En posición de recepción, está acanalada longitudinalmente, cóncava de derecha a izquierda; por el contrario, en posición de rechazo es convexa de delante atrás, y la cavidad bucal se llena prácticamente, rechazándose el líquido fuera de la boca. Señalaremos aquí, simplemente, el valor neurológico de una lengua mal colocada, pegada al paladar y terminada en cúpula anterior en la ictericia nu¬clear, protrusa en el mogolismo y el mixedema.

Por último, será necesario prestar la máxima atención a un trastorno del segundo tiempo, faríngeo, de la deglución.


12. Las funciones vegetativas.

Algunas afecciones neurológicas graves del recién nacido suelen traducirse en trastornos generales.
Puede tratarse de una caída de peso que persista más allá del quinto día. También puede hallarse perturbada la curva térmica. Dunham (1947) esquematiza la termorregu-lación de los primeros días de la forma siguiente: la temperatura del recién nacido es ligeramente superior al principio a la de la madre; luego baja de l° % a 2°, alcanzando 36°, e incluso desciende más. Un desorden central puede traducirse por una hipotermia o una hipertermia, o una alternancia de ambas.

El recién nacido duerme, normalmente, diecinueve horas sobre veinticuatro (Gesell). En realidad, junto al sueño indiscutible y el estado de vigilia señalado por el grito o la succión vigorosa, existen una serie de estados intermedios. Pero sobre todo, un recién nacido que duerme todo el tiempo, a quien debe despertarse para que consienta en mamar o, por el contrario, que no duerme en absoluto y cuyo llanto traduce sufrimiento es, con suma frecuencia, portador de una lesión cerebral.

Estas mismas comprobaciones pueden aplicarse al grito. El grito normal es vigoroso, impaciente, sobre todo si traduce el hambre y cesa en cuanto ha sido saciado. Hemos visto que, frecuentemente, acompaña la actividad de masa. Un niño que grita todo el tiempo es sospechoso, y más sospechoso aún el que no grita en absoluto; ya veremos cómo a lo largo del primer año el bebé demasiado tranquilo ha de inspirar cuidado. Esta noción del comportamiento general de un pequeñín es, a nuestro entender, capital. Pueden distinguirse esquemáticamente dos tipos patológicos extremos: el niño hipertónico irritable y el niño hipotónico apático.

El hipo y el estornudo constituyen dos manifestaciones bastante corrientes en el recién nacido. La tos y el bostezo son más raros (McGraw).

El ritmo respiratorio ha de ser estudiado con todo detalle. Cl. Smith (1951) ha demostrado que existían dos posibles mecanismos de iniciación a la respiración. El mecanismo normal lo constituye un estímulo sensorial y en este caso las maniobras vulgares de reanimación son lógicas, pero si existe una lesión cerebral, es necesario que la asfixia alcance cierto grado para afectar a la respiración. Esta respiración «antiasfíctica» no es coordinada: es lo que Cl. Smith llama «gasp», que impone la oxigenación.

Si se toleran como normales las irregularidades en los primeros días (Bauer, 1940, ha demostrado, mediante un registro neumográfico, que el ritmo podía variar de 24 a 120 por minuto), más tarde se calibrarán en todo su valor las apneas prolongadas, sobre todo si van acompañadas de cianosis.


13. Los exámenes complementarios.

Hemos de limitarnos a citarlos. El examen del fondo del ojo puede ser difícilmente interpretado en el recién nacido. La punción lumbar puede ser blanca, aunque muchas veces se complica con la punción accidental de un vaso; no debe practicarse sistemáticamente. La encefalografía gaseosa sólo ha de practicarse en casos excepcionales. Por último, el electroencefalograma estudiado por J. Roy Smith (1938), Hughes, y sus colaboradores (1948-1949) y, más recientemente, por Fischgold y sus colaboradores (1950, 1953), varía considerablemente según el estado de vigilia o sueño del niño. Hughes admite que en los niños dormidos se pueden distinguir dos bandas de frecuencia: una de 1 a 2 ciclos por segundo, la otra de 5 a 10. El trazado ofrece en conjunto una impresión de falta de organización. El reciente trabajo de Fischgold y Berthault (1953) tiende a admitir que los accidentes paroxismales deben ser tenidos muy en cuenta. Hemos terminado con este sucinto estudio del estado neurológico del recién nacido y, por última vez, insistiremos sobre los puntos esenciales:

1. Funcionamiento de los reflejos arcaicos.
2. Estado del tono.
3. Comportamiento general del niño.


Fuente: Dr. G. Heuyer y Pierre Joulia.

Desarrollo psicomotor, el recién nacido, tono muscular

El niño recién  nacido.

7. Tono muscular.

La fórmula tónica del recién nacido está señalada por un predominio de los músculos flexores o escorzadores. Es lo que se llama el tono fetal, apropiado a las condiciones de vida intrauterina. Otra observación: es éste un tono subcortical, es decir, que a la hipotonía de ciertos músculos (explorándose el tono por el método de la extensibilidad descrito por A. Thomas) corresponde la hipertonía de sus antagonistas. Es una fórmula de matizarían tónica que no permite una motiKdad adaptada a un objeto.

a) Tono de la cabeza. — La cabeza se balancea y sigue las inclinaciones del cuerpo, con mayor amplitud en el sentido anteroposterior que lateralmente. A. Thomas ha demostrado que si se imprime un movimiento de balanceo al tronco del recién nacido, la cabeza se mueve libremente y los miembros siguen el movimiento del tronco (contrariamente a lo que sucede en el adulto).



Al coger al niño por las manos y llevarlo de la posición de decúbito dorsal a la posición sentada, la cabeza se cae completamente hacia atrás (head-lag de Gesell) .



Finalmente, no dejará de explorarse la amplitud de la rotación pasiva de la cabeza, rotación que — según A. Thomas—ha de ser rigurosamente igual de un lado a otro.
b) Tono de los miembros superiores. — Señalemos la resistencia ofrecida a las tentativas de extensión del antebrazo sobre el brazo y la movilización de todo el tronco cuando se practica la, maniobra del pañuelo.
Tono de los miembros inferiores. — La fórmula tónica de los miembros inferiores es particularmente característica.


— el ángulo poplíteo es inferior a los 90°.



— el ángulo de los aductores se halla comprendido entre los 30 y los 50º.




Por el contrario, la maniobra del talón sobre la nalga se ejecuta fácilmente; lo mismo sucede con la flexión dorsal del pie.



8. Mímica facial.

En el recién nacido no existe una mímica facial voluntaria, si bien hay una motilidad. El recién nacido puede incluso dar la impresión de sonreír; algunos autores dicen haber visto sonreír a niños de diez días. En realidad, es probable que a esa edad sólo exista la aptitud motriz, y que este movimiento facial no sea más que una respuesta a incitaciones viscerales a veces dolorosas (distensión). Toda la motilidad facial está inadaptada, participa en la actividad de masa. Sólo existe un grupo muscular que escapa a esta «regla de la anarquía» y es el de la boca, tal como veremos más adelante.



9. Aparato de la visión.

En el nacimiento se hallan presentes varios reflejos: el reflejo fotomotor, el reflejo ciliar y el reflejo córneo. A. Thomas (1952) insiste sobre la resistencia a la abertura pasiva de los párpados, sobre la asinergia entre movimientos de los párpados y de los globos oculares.

Los ojos del recién nacido tienen un color grisáceo, ya estén inmóviles o animados de pequeños movimientos, que se han asimilado, equivocadamente, al nistagmo. Se ha podido hablar, así, de un «nistagmo fototrópico»: el globo ocular se dirige irregularmente hacia una fuente luminosa viva, luego regresa con otra sacudida a su posición primera. Pero este hecho parece demostrar que hay en el recién nacido cierta sensibilidad visual; de todas maneras, no existen movimientos de persecución ocular en el recién nacido. McGraw opina que al final del período neonatal (hacia la sexta semana) empiezan a instalarse los reflejos de acomodación a la distancia y de convergencia, señalando el verdadero inicio de una percepción visual.

Señalaremos, por último, el curioso fenómeno de «movimientos de muñeca japonesa» descrito por A. Thomas (1952).



10. Audición.

Es sumamente difícil forjarse una opinión sobre las aptitudes auditivas del recién nacido. Parece como si durante los primeros días no existiese tranmisión aérea y es bastante verosímil que las reacciones observadas, reflejo de Moro o reflejo cócleopalpebral, sean la respuesta a una sensación vibratoria transmitida por vía ósea o quizá por desplazamiento de aire. En el artículo de K. Pratt (en L. Carmichael, 1946, 1949) puede leerse un penetrante análisis de las principales publicaciones sobre este tema.

II. Musculatura labioglosofaríngea.

El conjunto de los movimientos conducentes a la deglución ha sido admirablemente estudiado por A. Gesell y F. llg (1937), y de su estudio extraemos algunos puntos de interés práctico.

Los labios del recién nacido pueden apretar el pezón o la tetina con fuerza suficiente para hacer hermética la oclusión. La parte media de los labios es la que contribuye en particular a ese resultado. Se forma así un verdadero diafragma y, por otra parte, la campanilla y el velo obturan el orificio de la faringe. La caída de la mandíbula inferior y la lengua crean una presión negativa en la cavidad bucal, impidiendo las bolas adiposas de Bichat que las mejillas sean atraídas a la línea media. Los movimientos rítmicos de los labios impulsan el líquido alimenticio en esta cavidad de presión negativa. Gesell e llg insisten sobre el hecho de que el recién nacido es incapaz de aspirar (cosa que hacemos nosotros al beber en una taza o con ayuda de una paja). Por el contrario, entre los niños que maman mal la comprensión labial es insuficiente y demasiado débil la succión, requeriéndose una intervención exterior (recién nacidos alimentados con cuentagotas o a cucharadas).

Es importante asimismo precisar la posición de la lengua. En posición de recepción, está acanalada longitudinalmente, cóncava de derecha a izquierda; por el contrario, en posición de rechazo es convexa de delante atrás, y la cavidad bucal se llena prácticamente, rechazándose el líquido fuera de la boca. Señalaremos aquí, simplemente, el valor neurológico de una lengua mal colocada, pegada al paladar y terminada en cúpula anterior en la ictericia nu¬clear, protrusa en el mogolismo y el mixedema.

Por último, será necesario prestar la máxima atención a un trastorno del segundo tiempo, faríngeo, de la deglución.


12. Las funciones vegetativas.

Algunas afecciones neurológicas graves del recién nacido suelen traducirse en trastornos generales.
Puede tratarse de una caída de peso que persista más allá del quinto día. También puede hallarse perturbada la curva térmica. Dunham (1947) esquematiza la termorregu-lación de los primeros días de la forma siguiente: la temperatura del recién nacido es ligeramente superior al principio a la de la madre; luego baja de l° % a 2°, alcanzando 36°, e incluso desciende más. Un desorden central puede traducirse por una hipotermia o una hipertermia, o una alternancia de ambas.

El recién nacido duerme, normalmente, diecinueve horas sobre veinticuatro (Gesell). En realidad, junto al sueño indiscutible y el estado de vigilia señalado por el grito o la succión vigorosa, existen una serie de estados intermedios. Pero sobre todo, un recién nacido que duerme todo el tiempo, a quien debe despertarse para que consienta en mamar o, por el contrario, que no duerme en absoluto y cuyo llanto traduce sufrimiento es, con suma frecuencia, portador de una lesión cerebral.

Estas mismas comprobaciones pueden aplicarse al grito. El grito normal es vigoroso, impaciente, sobre todo si traduce el hambre y cesa en cuanto ha sido saciado. Hemos visto que, frecuentemente, acompaña la actividad de masa. Un niño que grita todo el tiempo es sospechoso, y más sospechoso aún el que no grita en absoluto; ya veremos cómo a lo largo del primer año el bebé demasiado tranquilo ha de inspirar cuidado. Esta noción del comportamiento general de un pequeñín es, a nuestro entender, capital. Pueden distinguirse esquemáticamente dos tipos patológicos extremos: el niño hipertónico irritable y el niño hipotónico apático.

El hipo y el estornudo constituyen dos manifestaciones bastante corrientes en el recién nacido. La tos y el bostezo son más raros (McGraw).

El ritmo respiratorio ha de ser estudiado con todo detalle. Cl. Smith (1951) ha demostrado que existían dos posibles mecanismos de iniciación a la respiración. El mecanismo normal lo constituye un estímulo sensorial y en este caso las maniobras vulgares de reanimación son lógicas, pero si existe una lesión cerebral, es necesario que la asfixia alcance cierto grado para afectar a la respiración. Esta respiración «antiasfíctica» no es coordinada: es lo que Cl. Smith llama «gasp», que impone la oxigenación.

Si se toleran como normales las irregularidades en los primeros días (Bauer, 1940, ha demostrado, mediante un registro neumográfico, que el ritmo podía variar de 24 a 120 por minuto), más tarde se calibrarán en todo su valor las apneas prolongadas, sobre todo si van acompañadas de cianosis.


13. Los exámenes complementarios.

Hemos de limitarnos a citarlos. El examen del fondo del ojo puede ser difícilmente interpretado en el recién nacido. La punción lumbar puede ser blanca, aunque muchas veces se complica con la punción accidental de un vaso; no debe practicarse sistemáticamente. La encefalografía gaseosa sólo ha de practicarse en casos excepcionales. Por último, el electroencefalograma estudiado por J. Roy Smith (1938), Hughes, y sus colaboradores (1948-1949) y, más recientemente, por Fischgold y sus colaboradores (1950, 1953), varía considerablemente según el estado de vigilia o sueño del niño. Hughes admite que en los niños dormidos se pueden distinguir dos bandas de frecuencia: una de 1 a 2 ciclos por segundo, la otra de 5 a 10. El trazado ofrece en conjunto una impresión de falta de organización. El reciente trabajo de Fischgold y Berthault (1953) tiende a admitir que los accidentes paroxismales deben ser tenidos muy en cuenta. Hemos terminado con este sucinto estudio del estado neurológico del recién nacido y, por última vez, insistiremos sobre los puntos esenciales:

1. Funcionamiento de los reflejos arcaicos.
2. Estado del tono.
3. Comportamiento general del niño.


Fuente: Dr. G. Heuyer y Pierre Joulia.

Desarrollo psicomotor, el recién nacido



El recién nacido.

Recordaremos brevemente en este capítulo las principales características neurológicas del recién nacido, y a este efecto conviene establecer la terminología. Extenderemos la acepción de recién nacido, con A. Gesell y MeGraw, hasta las cuatro o seis primeras semanas. El término designa, de esta forma, a un ser esencialmente gobernado por reflejos innatos, cuya sensibilidad es ante todo intero y propioceptiva, y cuyo tono está constituido por una mezcla de hipotomía e hipertonía. El recién nacido es un ser subcortical.

1. Cráneo.

Es útil examinar cuidadosamente el cráneo del recién nacido. La frente continúa en el plano del semblante, a veces es ligeramente convexa, otras ligeramente huidiza. El perímetro cefálico suele ser, por promedio, de 36 cm. (Recordemos que será de 45-46 cm. al año, y de 47-48 a los dos años.) Asimismo se apreciará el estado de las fontanelas y, sobre todo, de las suturas. Finalmente, esta simple inspección del cráneo permite efectuar cierto número de diagnósticos (hidrocefalia, microcefalia, anencefalia, acrocefalia, mogolismo).


2. Motílidad espontánea.

Ha sido estudiada, en particular, por Bergeron (1947) y por O. Irwin (1930), quien ha demostrado que el recién na¬cido desnudo era infinitamente más rico en movimientos que su congénere envuelto en pañales (¿hace falta insistir sobre la necesidad de examinar al recién nacido desnudo?).
Irwin distingue, asimismo, una actividad de masa y una actividad segmentaria. La actividad de masa engloba toda la musculatura y se caracteriza por la irradiación difusa del movimiento; es anárquica, explosiva e inadaptada. Es difícil sistematizarla, pues parece responder a estímulos interoceptores (distensión intestinal, por ejemplo), y va siempre acompañada del grito.

La actividad segmentaria, estudiada por Bergeron (1947), es bilateral y asimétrica. Este autor cita, entre los movimientos observados con mayor frecuencia, la extensión y flexión de los miembros, el cruce y descruce de los pies (movimiento de mechero de H. Wallon). En realidad, hay que oponer, al vigor y la rapidez de movimientos del tronco y de las raíces, la lentitud de movimientos de las extremidades. La mano se cierra en puño, con el pulgar replegado en el interior de los otros dos dedos, o se abre en abanico. Insistiremos desde ahora sobre la débil actividad del pulgar en el recién nacido y el niño pequeño. Al estudiar la secuencia de la prensión volveremos sobre este extremo. Se observan movimientos análogos de abanico en los dedos de los pies, y esto en nada simplifica la búsqueda del reflejo cutáneo-plantar.
A. Thomas (1952) estima que los miembros superiores son más trepidantes que los inferiores. McGraw, por el contrario, concede mayor movimiento a los miembros inferiores y une esta movilidad a la actividad refleja alternada, de la que ya hemos hablado. De esta forma interpreta, en particular, el pedaleo descrito por H. Wallon y Bergeron. Este último autor estima que la motilidad neonatal está gobernada esencialmente por el pallidum.

Para terminar, quisiéramos destacar un carácter diferencial importante: esta motilidad, incluso cuando es amplia e intensa, no va acompañada de sufrimiento y eso la distingue de los espasmos hipertónicos de los encefalópatas.


3. Posturas.

Las posturas del recién nacido están regidas por dos características: la asimetría y la tendencia a la flexión:


En decúbito supino: la cabeza está vuelta de lado, los miembros asimétricos. Gesell y más tarde A. Bencini (1953) afirman que se comprueba en el recién nacido, de forma casi constante, un reflejo tónico del cuello; es decir, que la rota¬ción de la cabeza lleva consigo la extensión de los miembros del lado facial y la flexión de los miembros del lado occipital. Aparte de que siempre es imprudente relacionar lo que sucede en la serie normal con los fenómenos de la serie patológica (el reflejo tónico del cuello, de Magnus y de Kleyjne (1924) fue obtenido en el animal descerebrado y, quizá, hallado en grandes encefalopáticos extrapiramidales), se debe admitir que la sistematización propuesta está lejos de ser constante; sin embargo, queda el hecho de la asimetría.
La actitud en flexión es neta; los miembros interiores están en rotación externa moderada. Un recién nacido que se halle en extensión de manera continua es un hipotónico patológico. La misma observación se aplica a las manos si están permanentemente abiertas.

El recién nacido, colocado en decúbito ventral, adopta una actitud característica. La cabeza está vuelta de lado, la mejilla aplastada, permitiendo así la respiración. El resto del cuerpo encogido, doblados los codos, los brazos pegados al cuerpo. Los muslos doblados sobre la pelvis, lo cual la alza encima del nivel de la cama. Hemos visto que, estando el recién nacido en esta posición, no era raro que se entregara a una actividad rítmica alternada que recuerda la reptación:






El recién nacido, en posición sentada, deja caer la cabeza hacia delante, su tronco tiende a ineurvarse en una cifosis global que va de la región cervical a la sacrolumbar (sin embargo, algunos recién nacidos tienden a incorporarse), ya que los miembros inferiores no pueden extenderse completamente debido a la hipertonía de los flexores. McGraw (1943) advierte que, contrariamente a lo que ocurre en la posición erecta, al caminar, al reptar y al nadar, en la posición sentada no existe nada parecido a un reflejo arcaico.
Suspendido por los pies, cabeza abajo, el recién nacido sólo extiende la espalda; los miembros quedan doblados y la actitud general es la de una flexión anterior:




4. Reflejos arcaicos.

Ya los hemos descrito en el capítulo de las técnicas de examen. El reflejo de Moro está completo. El reflejo de caminar es más difícil de destacar. Ha de retenerse que este andar es notablemente monótono, que no va acompañado de movimientos coordinados de los otros segmentos del cuerpo (los miembros superiores permanecen pegados al cuerpo), que no es corregido ni por la vista, ni por el laberinto. En otros términos: es un andar sin equilibrio propio, sin facultad de detención. Finalmente, un hecho importante: el pie se posa por el talón; un recién nacido que «hace puntas» es muy anormal. Una descripción completa de este fenómeno aparece en la obra de A. Thomas y Sainte-Anne Dargassies.

No hay nada que añadir en lo relativo al reflejo de enderezamiento estático. Se precisa — dice A. Thomas — en el curso de la primera semana; es inconstante, pues algunos recién nacidos hipotónicos se caen cuando se les quiere poner en posición de enderezamiento.

El reflejo de incurvación del tronco permite apreciar la existencia de lo que A. Thomas llama hemisíndrome.

El grasping reflex es normalmente muy vigoroso en el recién nacido. Es rigurosamente simétrico, aunque puede desaparecer durante el sueño profundo.
Con respecto al reflejo de succión, conviene señalar una curiosa aptitud de orientación, llamada «reflejo de los puntos cardinales» por A. Thomas. Cuando el dedo estimula la comisura labial, se baja el labio inferior, la lengua se dirige al dedo y empieza la succión. El mismo fenómeno se reproduce en la otra comisura y en el punto medio de los labios superior e inferior.


5 y 6. Reflejos ósteotendinosos y cutáneos.

En lo que se refiere a los reflejos ósteotendinosos y cutáneos, remitimos al lector al artículo de P. Valentini (1933). Este autor destaca la inconstancia de los reflejos cremasterianos y abdominales.