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sábado, 19 de septiembre de 2009

ADOLESCENCIA VIRTUAL DESDE EL PSICOANALISIS
Fuente: Daniel Paola


1. La Adicción virtual


El psicoanalista se enfrenta a la actualidad de un nuevo desafío en la práctica con adolescentes. Ha comenzado a ser causa de consulta, una suerte de adicción virtual que encierra a los jóvenes frente a las computadoras, transformando el lazo social que las generaciones precedentes consideran dentro de rangos de normalidad.

La llamada “Adicción a Internet”, no figura como diagnóstico en el DSM IV ya que de acuerdo a sus parámetros siempre es precisa una sustancia química para definirla. Sin embargo, es vox populi entre los psiquiatras asociar esta “adicción” con un trastorno compulsivo que oculta un comportamiento depresivo y hostil frente a lo social.

Para la analista Nelly Vázquez de la consultora eMarketer, la adicción virtual podría ser una actividad letal, dado los récords que algunas personas se propusieron establecer jugando frente a la computadora. Esta analista menciona que la adicción no sólo es de los jóvenes, ya que también algunos adultos podrían verse implicados, según los datos aportados por el Computer Addiction Services del McLean Hospital de Massachussets.

De acuerdo al Departamento de Pedagogía Aplicada de la Universidad Autónoma de Barcelona, la adicción virtual, no demanda conocimiento previo, ni especial capacidad intelectual, ya que desarrollaría por sobre todo actividades psicomotrices que se mejorarían con la persistencia, generando además personajes fantásticos alejados por completo de la vida real.

Para el psicoanalista, la adicción se define en otros términos. El adicto, toxicómano o no, presenta cuestiones particulares respecto al discurso, definiendo discurso como el propio decir referenciado respecto de una verdad, que encierra un plus frente a un semejante, referido a otra posición de saber, en cuanto a la producción de lo que se ha dicho.

Respecto al discurso, el adicto presenta una sustitución del plus de la verdad en la sustancia que le otorga un saber. Ese saber otorgado por la sustancia es excluyente de todo partenaire que no declare una identidad de percepción vivencial. Es por esto que, terapias grupales que tienen por referente a líderes que transitaron por idénticos trastornos, son los únicos entre ciertos círculos de adictos, que podrían tener palabra autorizada en el tiempo en que se plantea una abstinencia.

En este idéntico sentido la constitución grupal, que implica un desplazamiento real hasta determinado lugar para hablar del tema que se querría evitar, ya resulta de por sí difícil en la adicción virtual, porque dejar de lado la computadora para reunirse con otros ya resulta en algunos casos imposible, por la angustia súbita de la falta del elemento que se juzga imprescindible. Ningún “adicto a internet”, podría iniciar un contacto con un semejante que le planteara reglas conductistas de abstinencia. Realizar por lo tanto un grupo virtual entre adictos a internet, traería el problema de no plantear la abstinencia.

A diferencia del toxicómano que sí podría tener una conducta social, el adicto virtual realiza su lazo fundamentalmente a través de los juegos en red y es imposible que detecte por sí mismo algún tipo de inconveniente en su proceder, ya que no hay sustancia prohibida ni ley que lo juzgue. Tal vez los efectos generados en la escolaridad sean los más llamativos para los padres, que entonces comienzan a tomar conciencia de un supuesto problema. Pero el psicoanalista se encuentra habitualmente con un inocente, o mejor dicho con una mente virginal, que ni sueña con dejar su adorado entretenimiento.



2. La Abstinencia


La abstinencia entonces, es el primer obstáculo que enfrenta el psicoanalista. Porque los padres creen, que la suspensión del juego es una tarea inmediata y que se resuelve con prohibiciones al joven, entre las que se cuentan, por ejemplo, cortes de luz, o impedimentos en el uso de la computadora. De la misma manera cualquier familiar de un paciente psicótico cree que el analista tiene el poder de prohibir el delirio. Es común entre familiares de pacientes psicóticos, la disconformidad con el psicoanalista que no plantea la falsedad de los argumentos delirantes o alucinatorios, en una suposición mágica como la que se otorga al encantador de serpientes o al que sopla y hace botellas.

Plantear que no hay abstinencia en cuanto al uso de la computadora es el primer paso para lograr que el adicto virtual finalmente pueda entrar en discurso, en tanto su juego determina un goce. Y si de entrada hubiera que definir goce, propondría que en su generalidad haría de soporte a su propio fracaso. Porque no habría goce que a fin de cuentas no tienda a su extinción, en la medida que cualquier actividad humana tiene un tope a la satisfacción con la que se puede alimentar.

Supongamos que elegimos el postre que más nos apetezca y decidimos degustarlo por siempre. En un primer tiempo la satisfacción va a ser obvia. En un segundo tiempo la satisfacción pertenece a la elección, ya que siendo el postre que más nos apetece, pasa a ser el significante que lo representa en tanto goce. En un tercer tiempo después de una suerte de declaración de impotencia, ese goce fracasa porque produce rechazo. En este último tiempo ya nos encontramos en contacto con la punta de lo real, ya que el individuo tiende a preguntarse que sentido tiene estar enfrascado en algo que le provoca aversión. En el trato de la aversión se encuentra la posibilidad de un nuevo sentido a través de una identificació n rechazada.

Estos tiempos habrá que saberlos esperar en el contacto con el adicto virtual y no se podrían producir si los padres del o la joven, no acuerdan con la regla básica de una abstinencia, respecto a proponer una prohibición al juego virtual que consume la vida de sus hijos. Esto no excluye dos hechos: el primero es hacer de contención a la hostilidad de los padres que esperan eficiencia y rapidez, el segundo es disponer de una ubicación teórica del momento en el que se encuentra quien se satisface ó ya goza del juego.



3. Partiendo del Estadio del Espejo


Es el Estadio del Espejo de Lacan y su posterior desarrollo en el Seminario de La Angustia un apropiado lugar para comenzar a considerar el problema. Si llamamos i(a) a la imagen real que el infans retiene en el sentido que va dar existencia a su cuerpo, de acuerdo a la imagen virtual i’(a) que es producto de lo que se sabe reflejo en el espejo, no por ello esta oposición se termina de una vez y para siempre en los primeros meses de vida. (1) (2)

Que el infans tome de su imagen virtual i’(a) la posibilidad de la unidad que va a dar sentido a su cuerpo, hasta entonces fragmentado por una incompleta mielinización de su vía Piramidal, no por ello habría que desconocer que sin el asentimiento, tal cual propusiera Lacan, de un partenaire que lo sostenga, no habría eficacia posible para la dimensión del Otro como campo del significante.

El infans, por lo tanto, no solo ve la duplicidad de la imagen en tanto se ve y al mismo tiempo se registra en el espejo como imagen virtual, sino que también ve la impronta del partenaire reflejada, estableciendo una identidad con él en la imagen que habita el espejo. Esa identidad virtual es causa de júbilo por la vía del absurdo, porque tanto uno como otro, se encuentran en la misma dimensión virtual que los une.

Sin esa dimensión virtual que une al infans con el partenaire adulto en la imagen, no se podría pensar en el falo, como aquello que está por fuera de la imagen, en tanto la dimensión virtual los proyecta unidos en el plano del espejo. Y el júbilo es júbilo de la transmisión incipiente de ese falo ya existente por anticipado, en el partenaire que ha preparado toda la escena ó que se sorprende por haberla hecho posible.

Como resultado de esta primera unidad resulta su imposibilidad de hecho porque no habrá sino por siempre dos en el lugar del uno, imagen real i(a) e imagen virtual i’(a), duplicidad que es margen de un Imaginario que se reduce a la circunstancia de un cuerpo que en el Otro toma su dimensión simbólica, y en el goce que esa reducción provoca. Reducción por otra parte que está determinada por lo que no se ve como escotoma, de lo que resulta la dimensión del falo, que contiene entonces el signo menos de lo que no habita el ser en tanto imagen.

La reducción es del significante, en cuanto es imposible asignarle una significación si de entrada no hay Uno teleológico para la mentalidad, como si existe en la filosofía respecto del ente. Esa reducción es el goce que encierra al pensamiento, jamás resignado a soportar límites al estar sostenido por el Ideal del Yo, que tiende a la propiedad de los fractales, es decir a los números de los que no se conoce la ubicación del límite.

Quienes se presentan con una adicción virtual a la consulta de un psicoanalista, podrían ser considerados con alguna alteración de este Estadio del Espejo, si es que sus consecuencias no son sólo determinación de lo primordial, sino también circulación permanente en hechos de lo real de la vida de cualquier ser hablante. Supongamos que ha habido una detención permanente en ese momento de júbilo y llamemos a eso adolescencia virtual: ¿Cuáles son las coordenadas futuras para ese ser hablante?

Una viñeta clínica podría iniciar la respuesta. Un joven de 18 años consultó, previa entrevista de su madre con el analista, debido a esta descripción pseudo-adictiva que he propuesto en este escrito. Jugaba todo el día un videojuego denominado DotA, sin discriminar horarios, por completo tomado en campeonatos que por ser internacionales, producían efectos en el sueño y generaban además diversos desordenes. Había abandonado el colegio y siempre pedía favores. En esta oportunidad había enviado a su madre como avanzada para saber si era confiable el analista. Esto, desde mi opinión, equivalía a saber si habría prohibiciones. Con lo cual lo primero que le hice saber, a través de ella, es que no las habría de ningún tipo.

Su padre había muerto hacía poco tiempo y de eso habló cuando vino a consulta. Lo amaba profundamente. Lo veía poco porque estaba separado de su madre. Pero del duelo no había nada. Su retardo virtual impedía cualquier conexión que no fuera el juego DotA que continuaba al extremo de no haber concurrido al sepelio. El detenimiento en cierta virtualidad, es la pieza clave para orientar cualquier análisis, sólo que en este caso el duelo que no podía producirse era más impactante que otros.



4. La ilusión de lo inter-subjetivo.


Propongo volver ahora a ese instante de júbilo, en el que el infans se encontró del otro lado del hecho de lo real que los sostiene frente al espejo. Ese otro lado virtual en tanto es imagen, permite una suposición de unidad en una escena en la que hay conexión de uno a otro, en este caso infans y adulto, conexión virtual libre de efectos de ese real que se presenta en el cuerpo que aún no se mueve, como se moverá en un futuro. Esa conexión entonces, permite la suposición de enlace entre ambos en una inter-subjetividad fantástica, que retornará como siniestra dada su falsedad real.

La imagen real siempre ofrecerá la inevitable oferta del campo de lo verdadero, cuya significancia excluye cualquier tentáculo de uno a otro, ó del sujeto al campo de lo Simbólico a no ser por un pasaje al acto, que suponga la creencia salvadora de la suposición de un saber que se encuentre en los vericuetos del lenguaje que nos habita en su dimensión inconsciente. Esto querrá decir que no hay inter-subjetividad posible en la realidad psíquica, a no ser que haya un estancamiento en el goce que suponga la ilusión efectiva de esa virtualidad.

El siglo veinte ha sido testimonio de una humanidad unida virtualmente a través de líderes carismáticos, arrojados ilusoriamente a las soluciones finales que terminaban en los campos de exterminio y concentración. ¿Acaso se llamó a esa solución adicción virtual? ¿No existen los espejos desde el origen del vidrio?

La virtualidad del día de hoy parece haber excluido a los líderes. Al menos esta adicción virtual a los juegos y a internet, no propone más campo de concentración que el que ofrece la comodidad de la propia casa, o del cyber espacio, menos peligroso por cierto que el paradigma de las cámaras de gas. Con esto pretendo proponer que virtualidad hubo siempre, aunque ahora a través de internet, el liderazgo se haya desplazado hacía la primacía del objeto que ha instaurado la ciencia, y que ya hace soñar a muchos con todo tipo de robots.

En el film “Sleeper” de Woody Allen del año 1968, el protagonista es despertado en un futuro lejano pleno de una vida robotizada, luego de la crio-conservació n de su cuerpo. Cuando le explican la cantidad de hechos que los robots sirvientes realizan, el “sleeper” pregunta si se podría tener sexo con las mujeres robots, frotándose las manos con la intensidad propia de un festín autoerótico. El mundo virtual de las computadoras encierra una variable del autoerotismo, siempre en búsqueda de la originalidad que sostenga la diferencia con las generaciones que precedieron.

La adicción virtual, entonces, no es más que la reedición de un lazo inter-subjetivo respondiendo como un Uno virtual a la univocidad del líder, descripto como Ideal de Yo por Freud en “Psicología de las Masas”. La diferencia con el objeto de la ciencia, objeto positivo, gadget como escribió Lacan en “La Tercera”, es que ese objeto no puede existir, si concebimos la existencia del fantasma, sino como un efecto del lado del sujeto, vale decir como un objeto aún no negativizado. (3) (4)

La dirección de la cura podría entonces orientarse con la abstinencia respecto al uso del juego virtual, tomando en cuenta la coagulación de un instante virtual que encierra al sujeto frente a la fascinación del Ideal de Yo que soporta una primera ilusión inter-subjetiva, que a la larga deberá ser destituida, para dar lugar al síntoma si es que existe la chance de su producción.



5. El juego y el síntoma


¿Cuál es la demanda que encierra un sujeto atrapado en el juego virtual?: en principio se desconoce. Para cada quien habrá alguna demanda que podrá formularse en el curso de un análisis. Y los síntomas que se generen a través de su encuentro serán variados, de acuerdo a las Identificaciones Edipicas que podrán desarrollarse.

Pero sí se puede apreciar, si es que existe la posibilidad de jugar y el psicoanalista no es ganado por el prejuicio, un interesante efecto ligado al síntoma. Cada dificultad, cada obstáculo en el juego, que es preciso dominar con la insistencia de un proceder, refiere una superación del que juega ligada a la obtención de una satisfacción, tal cual el sentido alimenta el síntoma en el discurso. Ahora bien, sucede que de tanto jugar se consigue un efecto: con la persistencia, desaparece la obtención de satisfacción porque se logra superar cada uno de los obstáculos.

Más allá que pueda cambiarse el juego, llega un momento, en el que a diferencia de aquel que se hace por dinero, la satisfacción desaparece y surge una especie de impotencia frente al tiempo perdido. Es decir, el que agota su goce en la incorporación de satisfacción, se encuentra con lo real a secas que produce aversión, de manera equivalente a como el síntoma se impone en el discurso: concreto y con la necesidad de ir en contra de ello.

Los personajes fantásticos que se crean en el juego, por otra parte, no son más que los mismos que la fantasía desarrolla detrás de los líderes de masas, hasta que se pierden en la irrealidad que propone la virtualidad frente a la vida. No habrá que esperar entonces sino hasta que se agote el efecto de una satisfacción que tarde o temprano fracasa mejor, si el que juega puede analizar el porqué de su exagerada dependencia al líder, que su personaje fantástico encierra.

Pasar de la irrealidad virtual inter-subjetiva a aceptar que lo inter-subjetivo no existe en los hechos reales, hace pasar al que juega por un esbozo de su libido objetal. Nada más ni nada menos que lo pulsional escópico es lo que se detiene en el juego virtual, ya que se cree ver todo para superar los obstáculos y no se piensa en el tiempo que pasa y en el cuerpo que envejece. Es un escotoma que no se ve porque el juego tiene el límite mismo de su finitud cuando se conocen todos los secretos.

Habrá que lograr salir de las computadoras, si es que podemos esperar algo de un futuro sin campo de concentración, aunque ese campo sea cada vez menos peligroso para la vida ya que como juego no tendría por qué matar a nadie, salvo alguna excepción que pretenda instaurar un récord de permanencia.



6. Hay fin


Definir el termino Adolescencia virtual trae en segunda instancia otro problema. No creo prudente definir Adolescencia ligado exactamente a lo cronológico, ya que existen sujetos que se comportan toda la vida como tales, creyendo que efectivamente hay iniciación eficaz en lo relativo a lo sexual que los aparta de esa etapa. Así como no por tener la primera relación sexual hay algún inicio, tampoco por tener un supuesto saber sobre el conocimiento de lo sexual se arriba a algún puerto de la adultez.

¿Por qué no hay iniciación sexual?: la misma experiencia sexual demuestra que no por saber es que existe la eficacia. Que un individuo atraviese por la primera relación sexual no es garantía de ninguna iniciación, en cuanto no asegura ninguna eficacia de función en la próxima. De todas formas, atravesar ese momento de inicio, hecho que por lo general transcurre en la Adolescencia , no es igual a no hacerlo ya que justamente allí se pone a prueba una inscripción irreductible del sujeto, me refiero a la represión primordial, que hace de soporte para tolerar la falta perpetua de garantía en cuanto a la función.

Es en el Seminario Los Nombres del Padre, donde Lacan despliega esta enseñanza. Que no haya iniciación quiere decir que no hay más que un velo de sentido para el sujeto. No se podría entonces despertar de ninguna manera después de una iniciación, porque no hay posibilidad de hacer de eso una inscripción. Habría por lo tanto un registro donde es posible suponer la falta de inscripción: ese registro es lo real.

No hay iniciación en lo real quiere decir que todo sujeto deberá soportar la consecuencia de la diferencia entre lo imaginario y el sentido que en él se imagina. Esa consecuencia es la ineficacia de todo sujeto para establecer una inscripción de inicio. Por lo tanto decir que no hay iniciación es lo mismo que decir que no hay relación sexual, sin suponer además que la iniciación estaría ligada a lo sexual. Por ese motivo nada de lo virtual hará inscripción y ninguna adicción tiene la eficacia de alguna iniciación. Lo que si se inicia es el discurso del inconsciente en el preciso momento en que se abandona la creencia de algún comienzo.

En este sentido Freud habría sido según Lacan, un verdadero incauto de lo real, ya que nunca se valió del establecimiento de una iniciación y en cambio sí, diría por mi parte, de una retroacción inconsciente para demostrar el retorno de lo reprimido. Y habrá que pensar también que esa retroacción impone al ser hablante la convicción de que hay fin aunque no haya inicio. Podrá haber un momento de concluir si se comprende que sólo hay instante de ver y lo escópico está siempre agujereado de escotoma.



7. Lo que no funciona


Cuando insisto en sostener que la Adolescencia podría ser un tiempo que dure toda la vida, no me estoy refiriendo a una vulgar configuración de la imagen que el individuo porte, sea en hábitos, vestimenta, música preferida ó incluso en conductas sexuales. Aquello que liga el ser hablante a la Adolescencia se encuentra relacionado a la creencia falsa de alcanzar una iniciación de algún tipo, que sea garantía eficiente de función, sea de lo inter-subjetivo, de lo sexual o del inconsciente mismo.

La Adolescencia es esa creencia propia de toda mentalidad por la que transcurre cada ser hablante y que por supuesto podría concluir en vida, si se tolera la inexistencia de esa garantía que recae sobre la función. La mentalidad es un espacio extensamente desarrollado por Lacan en los últimos Seminarios del que se desprenden algunas consideraciones. No será ya lo mismo pensar el concepto de inconsciente si no se alude a lo sentimental del ser hablante, en tanto el amor y el odio como odioamoramiento, constituyen el obstáculo propio al que se aferra todo sujeto para no toparse con la esencia de la significación: existe lo que no funciona. Y lo que no funciona existe en el juego virtual también, para dar esbozo a esta mentalidad cuando el obstáculo desaparece y ya no se puede aportar más satisfacción.

La pregnancia que cobra el registro Imaginario es de tal magnitud, que la invención del psicoanálisis desarrollada por Freud, nos ubica respecto al lapsus como paradigma del inconsciente, de una manera positiva. Y así fue que mediante el lapsus muchos psicoanalistas creyeron poder arribar a alguna quintaesencia porque la versión primera como correspondía, demostraba un descubrimiento sin falla. El juego virtual también es un lapsus sólo que investido de lo inter-subjetivo: ¿O por allí no desarrolló Jung su teoría?

En cambio, una relectura de Freud en virtud del extenso aporte de Lacan, no deja entrever ninguna euforia, sea genital ó sea la provocada por un atravesamiento fantasmático. Más bien aquello que universaliza la existencia del inconsciente es la falla misma con su fondo de no-función. El que se encuentra atrapado en el campo de concentración del juego virtual está investido ya por sí mismo y sin saberlo de esa no-función.

Bajo este criterio, que podrán o no compartir, la dirección de la cura más bien es un proceso que mediatizado por el lapsus, como paradigma del inconsciente, lleva a desaferrarse de todos aquellos fonemas que se asociaron a lo trascendental de los primeros años de vida. Como resultado de este devenir quedará la existencia ligada a la misma estructura del sueño, con su ombligo o escotoma, dando a ese agujero el privilegio de constituirse en la vía de salida, de todo lo que se paga como usura de falsas verdades. El juego virtual es el sueño primero que aún no se interpretó

La frase de J.Lacan que testimonia para mí sobre este tema, se encuentra en el Seminario L´insu…y así dice: “Habría que tratar, como lo enuncia S.Freud, de ver sobre qué está fundado ese algo que no funciona sino para la usura cuya verdad está supuesta” (5)

O sea que la cuestión que se desarrolla en la Adolescencia respecto a la no-función y que lleva al establecimiento del síntoma, es propia de la esencia que atraviesa y profundiza todo análisis como muestra de lo que no funciona y por lo cual el sujeto paga un precio innecesario, llamado goce, debido a que es preciso sostener una verdad falsa. Si no se advierte que esa no-función es realmente operativa y se llama falo, la consecuencia será la constancia de un tabú: la virginidad. La adicción virtual es de alguna manera una virginidad, porque el falo como no-función está solo esbozado en lo que vendrá

En efecto, la vida y la clínica psicoanalítica nos demuestran que se podría existir con pleno uso de la virginidad si se espera a perpetuidad la consolidación de la garantía de la función universal inter-subjetiva que no yerra. Es obvio, que al referirme a la virginidad, no estoy haciendo alusión en absoluto a lo genital, sino a un estado de la mentalidad en la que el sujeto cree, por sobre todo, en lo que funciona siempre, sea la psicopatología, la religión ó la injuria. Y que existen muchos seres hablantes que jamás han usado una computadora para abstraerse en un juego virtual, pero hacen de lo inter-subjetivo la política de sus vidas.



Bibliografía

1. J.Lacan. Seminario La angustia. Clases 1,2 y 3. Editorial Paidós.

2. J.Lacan. El Estadio del Espejo como formador de la función del Yo (Je) tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica. Escritos I. Editorial Siglo XXI.

3. S.Freud. Obras completas. Psicología de las masas y análisis del Yo. Editorial Ballesteros. Biblioteca Nueva.

4. J.Lacan. La Tercera. Intervenciones y Textos II. Editorial Manantial.

5. J.Lacan. Seminario. L’insu que Sait de l’une-bèvue s`aile a mourre. Texto establecido por J.A.Miller, Ornicar Nº 12/13



jueves, 17 de septiembre de 2009

DEVENIR HISTÓRICO EN PSICOLOGÍA:




Lic.Jorge Horacio Raíces Montero
Psicólogo Clínico


Desde los albores de la especulación humana acerca de la esencia de su existencia, la diferenciació n de lo humano frente a la vida animal gravitó en el concepto de psique o alma. Sin embargo, desde los comienzos de la Psicología Científica, se descarta la comprensión de la exploración psicológica como estudio del alma; por lo menos en el sentido que hoy damos a este término. Con esto empieza a desprenderse la Psicología de sus orígenes netamente filosóficos. A comienzo del decimonónico, el término conciencia aparece como objeto de estudio de la Psicología. Ya no es un estado del alma, como fuera comprendido por la Filosofía, sino la expresión de la vida psíquica de la persona que debe ser estudiada en cuanto a sus elementos componentes y su conformación.

La conciencia, característica diferencial del ser como objeto de estudio no visible, ni tangible, ni abarcable desde fuera del individuo, solo se muestra accesible a través de la expresión de la conducta, la autoobservació n y la introspección. Esta introspección debe ser metódica, es decir, que tenga validez epistemológica. Estudiando así la conciencia, se llegó a una Psicología Experimental. Lo que se busca y pretende encontrar son tanto los elementos últimos de la vida consciente y su relación con los datos de la Fisiología, como los mecanismos y secuencias mediante los cuales se integran estos elementos en unidades más complejas. En la obra de Wihelm Wundt (1832-1920) y colaboradores, se lograron respuestas a estas preguntas. Los elementos últimos de la conciencia son las sensaciones, es decir aquellos fenómenos psíquicos que surgen ante la acción de un estímulo (Atomismo). La relación entre estímulo y sensación es el campo de estudio de la Psicofísica. La Psicología aportó, mediante la introspección experimental, las leyes de la asociación entre las sensaciones (Asociacionismo) y el proceso mediante el cual la conciencia se apodera de los elementos de la experiencia: la apercepción. La Psicología Introspeccionista cumple así con el requisito de usar un método científico estrictamente experimental, diferenciando así los estudios psicológicos de las especulaciones filosóficas. Pero su objeto de estudio, la conciencia y sus fenómenos, con el cual pretende diferenciarse de la Fisiología del sistema nervioso, no admite que cumpla con el requisito de "objetividad" que ya hemos expuesto, dado que los datos obtenidos mediante la introspección de ninguna manera son controlables ni reproducibles por otr*.

En una audaz intento de lograr la objetividad para la Psicología Científica, a principios del siglo XX, John Broadus Watson (1878-1958) dio un nuevo rumbo a la Psicología. Señaló que el objeto de estudio de la Psicología debe ser la conducta (Conductismo) del individuo, entendida como la reacción observable y medible por otr* ante un estímulo también observable e identificable. La investigación en Psicología consiste en establecer las relaciones que existen entre los estímulos y las respuestas del organismo; entendiéndose por estímulo al conjunto de energías que actúan sobre el organismo en un momento dado y por respuesta al conjunto de cambios que se producen en los músculos y las glándulas. Watson no niega la existencia de la conciencia, pero niega que la conciencia sea el objeto de estudio o un principio explicativo válido de la Psicología. Llega así a una descripción que se desarrolla en términos netamente físicos en cuanto a los estímulos y netamente fisiológicos en cuanto a la respuesta que produce tal estímulo. De este modo el nivel de análisis psicológico de la estructura humana se confunde con el nivel de análisis de la Ciencia natural. Al negarse, el Conductismo clásico, a encarar el estímulo y la respuesta en relación con el organismo y sus estados, o como diríamos hoy, en relación a la persona, llega a una explicación elementalista- atomista. El esquema E-R posibilita la explicación de conductas muy simples, como la conducta refleja por ejemplo. Las conductas más complejas podrían explicarse solamente por el encadenamiento sucesivo de respuestas simples y el condicionamiento, fenómeno cuyo conocimiento aportaron los estudios de Iván Petrovich Pávlov (1848-1936) y sus alumnos.

Vemos que el Conductismo mantiene el Elementalismo (búsqueda de los elementos últimos) y el Asociacionismo (búsqueda de los mecanismos de integración de estos elementos) de sus predecesores, l*s teóric*s de la conciencia. Sin embargo debemos reconocer hoy que la revolución Conductista libró una real lucha por ampliar y especificar el campo de la Psicología. Su valor preponderante es haber librado a la Psicología de las restricciones de la tradición conciencialista. Bajo su influencia se fortaleció la tendencia de evaluar el nivel de análisis psicológico en relación al nivel biológico, pero también la importancia de estudiar el fenómeno humano como una totalidad. Basándose en los principios del Conductismo se hizo posible extender el campo de estudio de la Psicología al análisis del comportamiento de los mamíferos superiores, estudios que aportaron claves y modelos hoy universalmente aceptados para el análisis del fenómeno humano.

Contra el Elementalismo o Atomismo que caracteriza tanto la postura de la Psicología de la Conciencia como a la Psicología de la Conducta, surge pronto una reacción basada en conceptos del Idealismo y la Fenomenología. Prácticamente a partir de 1912 (Marx Wertheimer, 1880-1943), "Estudios experimentales sobre la Percepción de Movimiento" se afianza la Teoría de la Forma (Gestal-Theorie) , como Escuela, que tendrá influencia trascendental en Psicología. Su revalorizació n de la experiencia directa, al margen de los escrúpulos gnoseológicos de los objetivistas (Conductismo) y de la crítica de adeptos de la introspección, es un esfuerzo por incorporar a la teoría los hechos percibidos sin deformación. Si al estudiar la conducta humana aceptamos la experiencia directa en su valor nominal, nuestro supuesto fundamental sobre los procesos subyacentes de la experiencias y la conducta debe oponerse a las conclusiones tanto introspeccionistas como conductistas, esto es, en vez de reaccionar al estímulo local por intermedio de hechos locales y mutuamente independientes, el organismo reacciona a una verdadera constelación de estímulos por un proceso total que, como un todo funcional, es una respuesta a toda la situación.

Resumiendo esta postura Gestáltica, podría decirse que el estudio de la conducta humana no puede reducirse al estudio de una relación mecánica entre estímulo y respuesta, ni a la asociación de sensaciones. La Teoría de la Gestalt postula que la conducta puede comprenderse solamente en función de una organización dinámica de los estímulos en la cual no rigen sólo los valores o cualidades intrínsecas de cada estímulo aislada, sino también las relaciones existentes entre estos estímulos que generan fuerzas mutuas que producirán determinados organizaciones estimulantes. Si esta organización estimulante es captada por un sujeto, se sumarán a ella nuevas fuerzas que provienen del individuo mismo, ya sea de experiencias anteriores, ya sea de sus condiciones innatas. Resulta así el ámbito conductal que depende por supuesto, de la organización estimulante del ámbito geográfico, pero no solamente de éste, la conducta del individuo ocurre de acuerdo a su ámbito conductal y no en mera relación al ámbito geográfico. Simplificando, podríamos decir que nos conducimos ante el mundo tal como lo vemos y no como es realmente. Al estudiar la conducta humana bajo esta concepción de todo funcional se encuentra el acceso al sentido y a la unidad que tiene esta conducta molar en oposición a la conducta molecular del Conductismo sin tener que recurrir a los conceptos de espíritu o de vitalismo.

Simultáneamente a la evolución de los conceptos psicológicos descriptos hasta ahora, podemos registrar otra reacción importante contra la Psicología de la Conciencia. Sigmund Freud (1856-1939) partiendo del tratamiento de enfermos psicosomáticos, desarrolló originalmente una nueva forma de psicoterapia que luego amplió, a través de su obra teórica, iniciando así la Psicología Profunda. Señaló fundamentalmente que muchos de los aspectos de lo humano, como las estructuras de los impulsos (instintos), no son accesibles a la conciencia y, por lo tanto, no cognoscibles por la introspección. Denomina inconsciente al sistema de éstos mecanismos e impulsos que, desde este nivel profundo de lo humano, genera fuerzas (catexias) que irrumpen en forma mediata y dinámica en toda manifestación psíquica, dándole un sentido distinto al que le es adjudicado por la conciencia. Los contenidos inconscientes no pueden ser explorados por los tradicionales métodos experimentales sino sólo a través del proceso psicoanalítico. La teoría freudiana es una de las más coherentes en cuanto a su estructura interna; si bien tuvo que introducir conceptos nuevos, algunos de los cuales corresponden más a una Metapsicologí a que a una Psicología (Instinto de Vida y de Muerte, Ello, Yo, Superyó), mientras que otros pueden definirse en forma operacional, es decir en términos de su influencia sobre la conducta manifiesta (Mecanismo de Defensa, Resistencia) . La coherencia de la Teoría Psicoanalítica se deriva del esquema biológico de ésta, es decir de la convicción de Freud que la dinámica del ser humano tiene sus orígenes en las pulsiones orgánicas de los impulsos inconscientes. Los trabajos de Freud y sus seguidor*s constituyen la base y el centro de un vasto movimiento en Psicología que conocemos como Psicoanálisis, pero, traspasado los límites de esta corriente teórica, provocó en todos los estudios psicológicos, un creciente interés por el sujeto humano que siente, conoce y se comporta, adjudicándole un activo dinamismo interno que no siempre llega a un nivel consciente.

Sin embargo al trasladarse Freud y sus discípul*s a Inglaterra y Estados Unidos, pronto se evidenció que la Teoría Psicoanalítica, que hoy denominamos ortodoxa, no podía aspirar a una validez universal sino se modificaba el esquema biológico freudiano., Varios estudios antropológicos (B.Malinowsky, M.Mead, A.Kardiner) señalaban que si bien los mecanismos inconscientes descubiertos por Freud obraban también en individuos de otras sociedades, su dirección y contenido no dependían de causas innatas sino de factores culturales. Con los trabajos de Erich Fromm (1900-1980 ) y Kareen Horney (1885-1952) empieza la convicción que los factores decisivos que operan en la conformación del psiquismo humano son aquellos provenientes de las presiones culturales en conflicto y de sus exigencias planteadas al individuo. Surge así la cada vez más pujante la Escuela de Psicoanálisis Cultural o Social. Pero no solamente el Psicoanálisis había trasladado su centro de acción a los países de habla inglesa; también las figuras principales de la Escuela de la Gestalt tuvieron que refugiarse allí. Inicialmente en los campos de la Psicología Aplicada y muy recientemente en la Psicología Teórica, surgió la tendencia de fusionar los conceptos del Conductismo, Gestalt y Psicoanálisis, añadiendo a éstos los resultados de los estudios objetivos de la maduración de la formación del lenguaje y del desarrollo de habilidades.

Es así como, debido en buena medida a esta tendencia de utilizar todos los sistemas conceptuales de cierto valor teórico-práctico, surgió la Psicología de la Personalidad. El estudio de la personalidad, en un comienzo concebido fundamentalmente en la perspectiva de la dinámica de las psicologías profundas, se vio completado por conceptos y términos de los estudios conductistas sobre el desarrollo del/la niñ*, sumándose la línea creadora de buscar interrelaciones sistemáticas y un significado, a la manera característica de la Teoría de la Forma. La Psicología de la Personalidad alcanzó su primera integración sistemática con el trabajo de Gordon W.Allport, "Personalidad, una interpretació n Psicológica". El concepto de autonomía funcional de los motivos humanos, el si mismo, es decir la idea de que las conductas humanas no son meras derivados de impulsos instintivos, ni sólo resultado de un condicionamiento más o menos complejo, sino "estructuras contemporáneas autónomas y capaces de desarrollarse por sí mismas" es uno de sus conceptos centrales. Esta Psicología muestra claramente la tendencia de englobar constructivamente los conceptos más sólidos de la Gestalt, como la estructura total y el sentido único del individuo, con las ideas positivas del Conductismo, como el aprendizaje por experiencia, con los principios consolidados aportados por el Psicoanálisis y hasta con datos de fuentes nítidamente sociológicas y literarias.

Para volver a nuestro tema central, reformularemos en este punto que entendemos por objeto de estudio de la Psicología, concebida como Ciencia. No podemos aceptar luego de las concepciones de la Gestalt un atomismo que busca elementos últimos. Tampoco podemos volver al modo netamente introspectivos, no verificable, una vez considerados los argumentos Conductistas; ni dejar de lado las dimensiones inconscientes después de haber sido formuladas la Teoría Psicoanalítica. Concebimos que el objeto de estudio de la Psicología es primordialmente la conducta humana comprendida como manifestación de la personalidad. Aclaremos ahora el alcance de esta definición: entendemos por conducta toda manifestación del ser humano, desde aquellas reacciones orgánicas como la digestión, el ritmo cardíaco y los reflejos simples; hasta los más complejos procesos intelectuales y sociales como son el desarrollo de un concepto filosófico y el elegir determinada relación afectiva, pasando por aquellas manifestaciones que inciden directamente sobre el medio, como el ser voluntari* solidari*, construir un objeto, amar u odiar a alguien. Observamos que todas estas conductas no son sólo simples reacciones ante estímulos asilados, sino tienen, todas ellas, alguna finalidad que les da unidad. Acotemos inmediatamente que esta finalidad no es conocida necesariamente por la persona que se conduce. Estas conductas pueden estudiarse en los niveles de análisis de distintas disciplinas: el pensamiento, por ejemplo, bien puede ser estudiado por la Lógica, el ruborizarse, por la Fisiología humana; el abandono reiterado de empleos, por la Sociología. Sin embargo estas mismas conductas, al nivel de análisis de la Psicología, adquieren un nuevo perfil o significado, puesto que expresan la personalidad que las realiza.

Así como en un nivel de análisis biológico la persona es considera un organismo (el más complejo de todos ellos), y para la Sociología adquiere el valor de parte de la sociedad o del grupo que pertenece. Desde el punto de vista de la Psicología es portador/* de una personalidad. La personalidad es la configuración dinámica que a lo largo de la historia, va adquiriendo el conjunto de sistemas psico-físicos que determinan su adaptación a situaciones del medio. El término persona designa al individuo concreto, personalidad es una construcción (concepto abstracto), elaborado por la Psicología con la intención de comprender la manera de ser en tanto función, que caracteriza y es propia de la estructura que llamamos persona. Para comprender por qué el concepto de personalidad es una construcción teórica, debemos recordar que no existe personalidad fuera o aparte de la persona concreta, ni persona humana que no tenga su personalidad.

La personalidad abarca así, tanto los rasgos morfológicos externos e internos innatos y adquiridos (constitución) , como las pautas de conducta adquiridas a través de las experiencias con el medio ambiente o situación (carácter); incluyendo las disposiciones que se mantienen casi invariables desde la infancia a lo largo de toda la vida, saturadas de una cualidad emocional constante y arraigados en la base constitucional (temperamento) .

Por situación comprendemos la configuración de elementos, hechos, relaciones y condiciones del medio, tal como es captado por la personalidad que se encuentra en ella. Esta situación cubre siempre una fase o período de tiempo, ya que tiene necesariamente un antes, un devenir, un después, una meta, que le confieren su peculiaridad. Resumiendo ahora estos términos en una nueva definición del objeto de estudio de la Psicología podemos expresar que:

La Psicología estudia la conducta como una función de la personalidad en situación.

Expresado según una fórmula mnemotécnica propuesta por Robert S. Woodworth (1869-1939) y que fue ampliada por Armando Delucchi donde C se refiere a conducta, P a personalidad, S a situación, f a función y la doble flecha a la interacción intra e interdialéctica entre personalidad y situación.

C = f (P S)

Complementariamente podemos afirmar que la conducta es la expresión de una personalidad interactuando con una situación. Dado que es factible conocer aristotélicamente la conducta de otro, aunque sea menester interpretarla a veces para lograr su real comprensión y otro tanto se podría afirmar de la situación, es por lo tanto posible llegar al conocimiento de la personalidad por medio del estudio de la conducta que realiza en determinada situación. Para que el estudio de la conducta pueda representar esta vía de acceso a la personalidad del otro, no puede ya ser comprendida como mera reacción a un estímulo por parte de un organismo neutro, o sea como una conducta molecular. Al nivel de análisis psicológico estudiamos la conducta como intencional, dirigida y con significado. En otras palabras podemos decir que la principal característica de la conducta humana es la de ser motivada. La motivación de la conducta abarca un desequilibrio en cualquier nivel del individuo, sentido y discriminado como una necesidad (hambre, soledad, frustración) más que una expectativa afectiva acerca de una meta (comida, amigos, éxito). Basándonos en la terminología Gestáltica nos referimos a la conducta así concebida como conducta molar. De esta definición del objeto de estudio de la Psicología, derivan otras características de la conducta molar: la finalidad y el objeto meta. El objeto meta está determinado por la expectativa de meta que tenga el individuo de acuerdo a su experiencia pasada en situaciones semejantes, y define la dirección de la conducta. Existen en función de las expectativas que tiene la persona acerca de ellas, metas positivas que generan una conducta de acercamiento y metas negativas que producen una conducta de evitación o alejamiento. La finalidad se relaciona con la necesidad, ya que consiste fundamentalmente en la restitución, momentánea por cierto, del equilibrio perdido. Podemos decir que la finalidad de la conducta es la adaptación. Toda conducta busca así la adaptación que se define, siguiendo a Jean Piaget (1896-1980 ) como un equilibrio entre los dos procesos básicos (invariantes) de la vida orgánica: asimilación y la acomodación. Se dice que la adaptación tiene lugar cada vez que una interacción particular entre personalidad y situación tiene efecto de modificar a la primera de modo tal que resultan acrecentadas las posteriores interacciones favorables a la preservación de la persona. El proceso por el cual se modifican los elementos de la situación en forma tal que pueden ser incorporados a la estructura existente de la personalidad es llamado asimilación. Es decir, los elementos de la situación son asimilados al sistema de la personalidad. La manera en que esta modificación se lleva a cabo y las estructuras de la personalidad a las que se incorporan los elementos son sumamente variables. Pero el proceso mismo de asimilación, en tanto proceso, se presenta siempre en toda conducta. Al mismo tiempo, para que la conducta sea adaptativa, la personalidad debe acomodarse a los elementos de la situación que trata de asimilar. La esencia de acomodación es un proceso de ajustar la conducta a las variadas demandas o requerimientos de la situación. Los procesos de asimilación y acomodación se dan, como ya dijimos, en todos los niveles de la conducta. Con el fin de incorporar al organismo los valores alimenticios de las sustancias por ejemplo, estas deben ser transformadas. Estamos hablando del proceso de la digestión. Una transformació n inicial del alimento tiene lugar cuando se mastica para ingerirlo. De este modo los objetos duros se hacen pulposos e informes. Durante la digestión propiamente dicha, se producen cambios aún más drásticos en la sustancia alimenticia que pierde así, paso a paso, su identidad originaria hasta convertirse en parte de la estructura del organismo. Esto es un claro ejemplo de asimilación. Pero, prácticamente en forma simultánea el organismo hace algo más: se adecua a las sustancias alimenticias. La boca debe abrirse para que pueda penetrar el alimento, el objeto debe ser masticado si sus cualidades así lo exigen, las glándulas deben segregar suficiente saliva para hacerlo pulposo y los procesos digestivos deben ajustarse a las propiedades químicas y físicas de la sustancia. Esto es un ejemplo de la acomodación del organismo a la situación. En ciertas conductas que utilizaremos para ampliar nuestra ejemplificació n, parece haber cierta primacía de uno de los dos procesos: en el tipo de juego que Piaget llama simbólico, el niño de tres años utiliza un palo de escoba que transforma, para su juego, en un caballo sobre el cual puede montar. Esta transformació n que "sufre" la escoba por parte de la fantasía del niño es el resultado de un proceso fundamentalmente asimilativo. Vemos en este caso que esta transformació n de la escoba se realiza en función de una representació n mental que el niño ya tiene del caballo. En el juego imitativo del niño, se pude ver, en cambio, el predomino del proceso de acomodación. Cuando el chico imita los gestos del padre, ajusta su esquema de acción a los que está observando en su padre, con el fin de asemejarse a él. Por razones didácticas es necesario describir por separado y en forma sucesiva la asimilación y la acomodación. Sin embargo deben pensarse como simultáneas e indisociables. En la realidad, no existen asimilaciones o acomodaciones "puras". En cualquier conducta intervienen ambos procesos ya que ella es una interacción entre personalidad y situación. No obstante, las relaciones entre acomodación y asimilación son muy variables, como hemos visto en nuestros ejemplos. La adaptación en un sentido estricto se refiere a aquellas conductas en las cuales la asimilación y la acomodación se hallan en equilibrio y ninguna de ellas predomina. Si la conducta que Ud. realiza al leer este trabajo es adaptativa, usted realiza por una parte una asimilación: es decir, transforma perceptualmente una líneas, manchas y figuras que están sobre el papel en palabras escritas y las adecua a los conceptos y nociones que usted tiene: decodifica este escrito que así adquiere "significado" que puede incorporar a su conocimiento. Simultáneamente debe acomodarse a esta situación, en primer término, su analizador visual se adecua a este escrito, recorre con la vista los renglones, pero, cuando asimila el significado del texto, sus estructuras cognitivas también se modifican activamente, acomodándose para abarcarlo. Únicamente cuando logra un equilibrio entre estos dos procesos habrá una conducta adaptativa: Ud. aprende, sus interacciones posteriores con el tema progresarán favorablemente. Un acto adaptativo siempre supone una organización subyacente, que es en nuestro caso, del estudio de la conducta humana, la personalidad. Una conducta realmente adaptativa o un "acto de inteligencia" , como la denomina Piaget, siempre se relaciona con una totalidad de actos semejantes de la que forma parte. Esta "totalidad de actos semejantes" es una estructura que caracteriza a la personalidad, como veremos más adelante. Esta relación de la parte (una conducta molar concreta) con el todo (la personalidad) no es solamente una relación estática de dependencia.

Las conductas están primordialmente centradas, es decir, organizadas direccionalmente hacia fines, o ideales de la personalidad. Estos fines o ideales son un equilibrio perdurable, una adaptación absoluta que sería un estado final que el ser humano concreto, la persona, nunca alcanza por completo durante su vida. El carácter de centración se revela en una adaptación cada vez más equilibrada, un progreso en las conductas que es posible por varias razones: por una parte los actos de acomodación se extiende paulatinamente hacia nuevas situaciones de rasgos diferentes. A la medida que una nueva situación, respecto a la cual se produjo la acomodación, "encaja" en alguna parte en la estructura de la personalidad, es asimilada a esta estructura. Una vez asimilado este nuevo elemento, o mejor, por haber asimilado este elemento, cambiará la estructura en alguna medida y por ello se posibilitan nuevas acomodaciones posteriores.

El concepto de centración dinámica de las estructuras organizadas implica una de las perspectivas en el estudio de la conducta. Es la que corresponde a la pregunta "¿Para qué? que se formula el/la Psicólog*. Esta perspectiva finalista es, en la Psicología actual, seguramente la primera que debe plantearse, ya que permite encontrar la unidad molar de la conducta que se quiere analizar. Pero esta perspectiva finalista no es la única que puede y debe seguir la Psicología en su estudio. De la misma importancia es, como podemos deducir del concepto de adaptación de la conducta, el estudio genético. Esto implica, la pregunta del ¿por qué?, frecuentemente abordada, pero muchas veces mal interpretada. La perspectiva causalista es, para la Psicología concebida como nivel de análisis, una necesidad de evidencia casi axiomática. El nivel de integración de lo humano tiene sus fenómenos propios pero estos coexisten y descansan en hechos y relaciones que comparte con los niveles de integración anteriores. De esta interrelación de los principios de lo inanimado, lo vital y lo humano surge la exigencia de buscar y aclarar las relaciones específicas que se dan entre estos niveles para la conducta. En cierta manera se deben adjudicar analíticamente los integrantes de un fenómeno complejo a los distintos niveles interactuantes, sin que se niegue, o se pierda de vista por ello, como temen algunos totalistas, la integridad única de la persona. Se incluyen, por lo tanto, en los estudios de la Psicología dos grupos de disciplinas que no responden en forma directa a nuestra definición de su objeto. Son ellos los estudios de la conducta de los animales por una parte, y por la otra los estudios de los índices de las funciones fisiológicas del organismo humano.

Al primer grupo corresponden la Psicología Animal o Etología, cuyo objeto de estudio es concretamente el comportamiento de las distintas especies, tratando de delimitar los componentes innatos y los aspectos adquiridos de ésta. Abarca también una caracterizació n de unos u otros y un análisis detallado de su dinámica y de su probable evolución. Todos estos estudios se realizan, dentro de lo posible, en el ambiente propio de las especies sin introducir factores (o variables) que no pueden presentarse también naturalmente. Incluimos en el mismo grupo de disciplinas aquellos estudios experimentales en los cuales se utilizan animales puestos en situaciones artificialmente creadas para poder analizar sus reacciones y el modo como adaptan sus conductas ante este nuevo ambiente. Frecuentemente, con el mismo fin, se interfiere con drogas u operaciones la estructura orgánica del animal, recurso no admisible en personas humanas por razones obvias. Los estudios psicológicos que se basan en datos obtenidos con el análisis de la conducta animal, en las dos formas descriptas, participan de la premisa que inicialmente formulamos, es decir, que todo nivel de integración superior participa de los principios básicos de los niveles de integración anteriores sobre los cuales descansa. De modo que el análisis de los principales fenómenos de estos niveles de integración pueden aportar modelos, si bien parciales pero no por ello menos decisivos, para un estudio causalista a nivel de la conducta en general, y por ello de la conducta humana. Tiene por lo tanto valor heurístico (arte de inventar). Queremos subrayar que éste no es único valor de los estudios etológicos y de la experimentació n con los animales, ya que estos estudios integran la biología de la conducta, parte importante al nivel de análisis zoológico.

Otro grupo de disciplinas que se integran frecuentemente en y con la Psicología son: Fisiología y Bioquímica humanas, adquirieron, como ya lo hemos mencionado, esta relación desde los mismos comienzos de la Psicología Científica, cuando se buscaban los concomitantes orgánicos de las principales funciones de la conciencia. Hoy en día, los estudios psicológicos científicos suelen utilizar los índices fisiológicos en dos formas complementarias. Por una parte se emplean los índices fisiológicos para describir la conducta estudiada; de esta manera el campo de estudio de los investigadores en Psicología se amplió hasta incluir las manifestaciones latentes que acompañan y fundamentan la conducta manifiesta. Por otro lado "la utilización de los índices fisiológicos provino de una ambiciosa aspiración... .: la de explicar el fenómeno psicológico incluyendo sus bases orgánicas. Cabe aclarar que en Psicología, a diferencia de los tradicionales estudios experimentales de la Fisiología, se utilizan índices fisiológicos obtenidos en el organismo de la persona en situación. El Psicólogo suele utilizar sólo los datos fisiológicos manejables que se obtienen sin técnicas de aislamiento o interferencia orgánica (quirúrgica o farmacológica) , vale decir del organismo intacto. Surge así un campo de estudio, hasta ahora muy reducido pero que se vuelve cada vez más imperante, que suele circunscribirse con el nombre de Psicofisiologí a de la Conducta Humana. Una somera revisión de los aportes realmente positivos y los rotundos fracasos de este campo de estudio para el comprensión de la conducta molar, nos indica que se debe poner en duda el valor de índices fisiológicos y bioquímicos aislados. De acuerdo a la comprensión de la persona como una estructura dinámica particular, existen más bien configuraciones de reacciones fisiológicas en función de la situación, especialmente en relación a la significación afectiva para la personalidad.

Tal como en toda la Psicología en general, también en este campo se manifestó la influencia de la Psicología de la Personalidad. Así surge una nueva perspectiva de estudio que se basa en la idea de la existencia de una verdadera personalidad fisiológica, o que la personalidad, como configuración única, también incluye las estructuras fisiológicas.

El ser humano, a igual que todo otro ser vivo, se conduce permanentemente, ya que en forma continua interactúa con situaciones cambiantes. Esto implica una constante pérdida y restitución del equilibrio. A través de estas adaptaciones la personalidad misma cambia y evoluciona. Desde el nacimiento la persona pasa por distintos estadios de adaptación y es por esto que consideramos a la personalidad como una estructura en equilibrio dinámico y progresivo. A fin de un análisis psicológico, debemos encontrar alguna unidad concreta en esta corriente de conducta que abarca la vida del individuo. Esta unidad de estudio debe mantener las características de la conducta en general o corriente de conducta.

Es por ello que adoptamos la conducta molar como unidad de estudio.

Unidad: en cuanto cumple un ciclo marcado por el proceso de motivación;

Objeto: que le imprime dirección, característica que vista desde el sujeto implica una intencionalidad de la conducta.

Finalidad: el equilibrio que nunca se alcanza completamente.

Resumiendo, ya no nos parecerá extraño afirmar que el objeto de estudio de la Psicología es la conducta entendida como unidad molar. Por todo ello, o sea por su motivación, su intencionalidad, y su finalidad podemos afirmar que:

La conducta molar mantiene el significado de toda la corriente de conducta de una persona, que es la manifestación de su personalidad. El significado de una conducta es único y particular, puesto que la personalidad también es una estructura única y particular que no se repite idénticamente en ninguna otra persona.

Si definimos a la Psicología como Ciencia, el conocimiento de su objeto (la conducta como manifestación de la personalidad) , debe ser objetivo, verificable y sobre todo metódico, dado que de esta manera podremos diferenciarlo de un conocimiento vulgar o dogmático. El conocimiento vulgar o psicología del sentido común, si bien participa del discurso nocional, carece absolutamente de método. Depende de la experiencia circunstancial. El conocimiento dogmático, los dogmas religiosos, son verdades de fe, tienen otro status estructural y no cabe por definición un intento de verificación: son axiomas que deben ser creídos o no.

Llamamos Método Científico al camino a seguir para arribar a un conocimiento científico, en nuestro caso a un conocimiento de la conducta humana como manifestación de la personalidad. Pero en Psicología el método científico toma características peculiares según la meta concreta que se desea alcanzar a la problemática que se debe resolver. Esta meta determinará el enfoque. Enfoque es la manera especial de utilizar el método científico en una Ciencia según cuál sea el problema a resolver. Distinguimos así un enfoque clínico y un enfoque experimental o de investigación en Psicología. Tanto en uno como en otro el objetivo final es arribar a un conocimiento auténticamente científico; lo que varía es la forma de aplicar el método científico y la meta. La meta de este enfoque consiste en el estudio exhaustivo de una unidad de estudio con miras a llegar a un diagnóstico, un pronóstico y operar en consecuencia con ello. Explicaremos cómo entendemos estos conceptos. Una unidad de estudio puede ser: una persona, una pareja, la pareja y sus hijos, el primer año de una Universidad (grupo de estudio o rendimiento académico), una fábrica (grupo laboral), el pabellón de una unidad sanitaria, un barrio (grupo comunitario) . En todos los casos se trata de una unidad organizada, si bien de distintos niveles. De acuerdo al campo específico en que el Psicólogo aplique el enfoque clínico surgen los nombres de los campos de aplicación de la Psicología: Psicología Clínica, Educacional, Laboral o Industrial, Forense o Legal, Comunitaria o Social. Los pasos que sigue el Psicólogo que utiliza un enfoque clínico son los mismos que sigue todo profesional que trabaja con seres humanos: en primer término observa, selecciona y utiliza las técnicas adecuadas a la unidad de estudio en cuestión; en nuestro caso, pruebas psicológicas individuales o colectivas, objetivas o proyectivas, dramatizaciones, entrevistas. Todo esto para formular y ajustar, en primer término, su hipótesis acerca del problema con que se enfrenta y luego verificarla, llegando así a un diagnóstico psicológico, que le permitirá planificar su modo de operar según cuál sea su finalidad: terapéutica, psicoprofiláctica, selección de personal, orientación vocacional u otras...

La meta u objeto del enfoque experimental a diferencia del enfoque clínico que busca el conocimiento de lo particular, trata de llegar a generalizaciones que permiten luego una mayor eficacia en la predicción de conductas futuras o la planificación de situaciones para obtener determinadas conductas. Puede ser también aplicado en distintos contextos: el laboratorio, donde se puede lograr la situación experimental absoluta; la escuela, una fábrica, un establecimiento penal, lugares donde el control de variables se realiza indirectamente. Los pasos de una investigación son:

a) Observación con diseño y recolección de datos;

b) Formulación de hipótesis;

c) Verificación y

d) Generalización.

Cabe finalmente una consideración que, no por ser la última en este desarrollo, tiene menos valor en nuestras consideraciones sobre la Psicología y su objeto de estudio. La persona cuya conducta es el objeto de estudio de la Psicología, es un ser social: interactúa por tanto con situaciones que en su mayoría, por decir en su totalidad, están determinadas por el marco socio-cultural al cual pertenece esta persona. Es más, la mayor parte de la conducta son interacciones con otro u otros seres humanos y como tales se ajustan a los principios de la comunicación y la relación. Estos principios, así como las características de los diferentes marcos socio-culturales, son objeto de estudio de la Ciencia Social, la Sociología y la Antropología. Si hemos caracterizado inicialmente el nivel de la integración de lo humano por la aparición de la vida racional y la vida simbólica, ya hemos definido al fenómeno humano como eminentemente social. Comprendemos las manifestaciones sociales como algo inherente e indiferenciable del nivel de integración humano. Cabe entonces una pregunta: ¿No debería ser toda Psicología una Psicología Social, o mejor, una Sociopsicologí a? Es evidente que la mayoría de los campos teóricos de la Psicología fueron elaborados con la esperanza que, en última instancia, contribuyeran a la comprensión del ser humano que vive en un ámbito social y cultural. Sin embargo, este objetivo a menudo se alcanzó sólo en parte. Ante este planteo debemos considerar que además del innegable aspecto social de la personalidad, aspecto en dependencia del medio social, que se caracteriza por un rápido y a veces brusco cambio, encontramos otras características de la conducta humana que se rigen por principios o reglas relativamente estables cuya dependencia con la dimensión social es mediata, de la misma manera que su dependencia del sustrato orgánico. Sobre estos aspectos se apoyan los Derechos Civiles y los Derechos Humanos, hoy en día ya consolidados, que interactúan dentro del marco de Ciencia, y se expresan en el estudio de la conducta como expresión de una personalidad interactuando en situación, y es absoluta e inseparable de una investigación seria y responsable. Como también ya lo hemos señalado al bosquejar la derivación histórica de nuestra postura actual en Psicología, todo estudio contemporáneo de la conducta humana incluye y considera sus bases culturales.

*: el uso del asterisco esta implementado para evitar usar el genérico masculino. La @ tampoco es conveniente en estos términos, ya que implica una derogada dualidad genérica y además es difícil leer por programas utilizados por personas ciegas o ambliopes... .....

BRENAN "Historia de la Psicología" ED. MORATA - Madrid España

BRET "Historia de la Psicología" ED. PAIDOS - Bs. As. Arg.

REUCHLIN, M. "Historia de la Psicología" ED. PAIDOS - Bs. As. Arg.

Recopilación: