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jueves, 4 de marzo de 2010

LEYENDAS DEL CEIBO Y DEL CHURRINCHE

       Charrúas 
        -Uruguay-
   
Introducción
   
Hay ceibos rojos (los más comunes) pero hay también ceibos blancos y ceibos de flor azul. Si los primeros son los más conocidoslos segundos son escasos y los azules son muy raros.
Ceibos blancos todavía hay muchos junto al Cebollatí escoltando el camino hacia la Isla del Padre y la Laguna Merim. El ceibo blanco es escaso porque el blanco es el color de la guerra defensiva y la guerra por suerte no era lo frecuente en los primeros miles de años de vida humana en la Banda Oriental.
El ceibo azul es más raro aún porque expresa la esperanza renovada el renacer después de las grandes tragediasy ese renacer no es todavía señal de los tiempos. Sus flores recuerdan las líneas azules que se pintaba en el rostro cada muchacha charrúa reafirmando la continuidad de los sueños en los meandros de nuestros ríosy las muchachas charrúas hoy están tan ocultas como los ceibos azules.
En cambio el ceibo rojo ( el que más sobrevive obstinadamente) simbolizó siempre la fiesta de la vida apacible y diversaen las márgenes de nuestros majestuosos cauces fluviales. Al ceibo rojo le escribió nuestro Fernán Silva Valdés pues un indio viejo le había contado que sus flores habían nacido del beso soñador de una muchacha quien esperando a su amadorozó con sus labios las hojas de nuestro árbol. El indio viejoque se santiguaba y adoraba al Sol dijo que al amanecer siguiente todos los ceibales parecían de grana.
Pero las leyendas cambian para perpetuar nuevas memorias que es necesario guardar uniéndolas a las más antiguas.. Cuando llegaron los mamelucos cuando llegaron los bandeirantes cazadores de esclavos el rojo siguió siendo la vida pero ahora era la vida combatiente la resistencia. Al igual que en otras culturas entre los charrúas el ceibo y el churrinche se incorporaron a la resistencia.
En el mundo guaraní la indiecita Anahí atada a un poste y quemada en la hoguera por el conquistadortransfo rma su cuerpo en llamas en las rojas corolas de ceibopara vivir por siempre.
En el mundo charrúaes una muchacha india caída, sembrada en la memoria de todos que renace desde el suelo como árbol ceibo de flores rojas. Son tiempos nuevos de guerra aborrecida pero necesaria.
Dicen los que estas cosas narran que los hechos prodigiosos que expongo más abajo no ocurrieron en los tiempos más antiguosni tampoco en los tiempos en que Zapicán y Abayubá enfrenaron a los Adelantados de España ni cuando la excursión invasora de Hernandarias. Ocurrieron después, cuando los bandeirantes crueles cazadores de esclavos entraron a la Banda de los Charrúas. Así lo recordaban todavía los charrúas de la Patria Vieja y así se lo contaron ellos a los sobrevivientes de Salsipuedes y el Queguay. Así lo narraban los héroes victoriosos de Yacaré Cururúy así se mantuvo el recuerdo aún después de la muerte del viejo Sepé...
   
   
La leyenda
   
La primera muchacha charrúa que cayó defendiendo este suelo contra los bandeirantes fue enterrada en la ladera de un cerro cerca de un caudaloso río enmarcado por un monte lleno de pájaros.
El joven que la amaba más que nadie en el mundo se mantuvo en ayunas muchos días junto a su tumba.
Los bandeirantes que habían sido rechazados en ese primer enfrentamiento volvieron a atacar.
En un encarnizado combate en la ladera de aquel cerro cayó mortalmente herido el joven enamorado.
Los ancianos lo enterraron junto a su amada. Dos montículos de piedras quedaron como mudos testigos de aquella primera ofrenda de sangre.
Al tiempo el cuerpo de la muchacha charrúa brotó de la tierra convertido en ceibo de flores rojas.
En sus ramas los charrúas vieron posado un pájaro de plumaje rojo vigilando el horizonte y todos supieron que era el corazón del joven. El corazón se había puesto alas para recordar a su pueblo que no debía aceptar jamás la esclavitud.
La muchacha es ahora ceibo rojo el muchacho es pájaro libre, rojo churrinche libertario.
Desde entonces los hombres y las mujeres charrúas se pintan la mandíbula de blanco porque ahora la defensa de la vida exige más muertes. Los espíritus malos imponen esta anomalía.
Hasta la llegada de los bandeirantes los charrúas sentían que la muerte era una fase natural y digna o bien un accidente o el sacrificio necesario del animal, la planta o el pez que en su inmolación alimenta a otros seres vivos en el ciclo constante de la vida.
Desde la invasión de los mamelucos la muerte ya no es sólo la muerte natural fin y comienzo de una etapaya no es simple siembra de la materia orgánica que abona un nuevo ciclo donde se perpetúa la memoria y el recuerdo de los que ya reposan.
Ahora es diferente. Los malos espíritus ocupan mente y cuerpo de extranjeros enfermos y vulnerables a la maldad, gente que está lejos de los consejos de sus propios ancianos lejos de los huesos de sus abuelos y que tampoco entiende el clamor de los abuelos sembrados aquí, gente que está muerta en vida y es portadora contagiosa de la muerte de todo.
Es la guerra.
Cuentan los memoriosos que el ceibo y el churrinche no estuvieron solos para alentar esa resistencia. El pueblo charrúa tiene muchos hermanos.
Hermanos como Artigas que en 1815 levantó una bandera nuevay anunció que sus listones rojos eran la sangre derramada. ¿A qué sangre aludía? La bandera no nació en una ciudad ni se labró por ella un acta de cabildo la nueva bandera nació en el corazón de la tierra charrúa la bandera se levantó en los potreros del Arerunguá.
Un diseño posterior de esa bandera el que más perduró el que ondeó en el campo oriental y en el Entre Ríos exhibe el vuelo descendiente del corazón charrúa que vuelve a la tierra en roja diagonal.. La diagonal de la bandera es el camino desde el Cielo por él se desliza el corazón - pájaro del muchacho charrúa que ahora vuelve a la tierra porque los pueblos libres lo esperan y lo necesitanporque para el oriental no hay patria sin corazón charrúa.
Todo anunciabaen la Liga federal que el charrúa volvía a su dignidad y a sus tierras.
Entonces su novia - árbol trinchera de memoria y resistencia vistió el rojo de su sangre hecha flory brotó nuevamente en el Cebollatí con flores blancas para acompañar su destino guerreroy ocultó una vez más en el monte sus flores azuleslas de la mujer enamorada, la que recuerda las rayas azules de los ríos de la vida en la frente de toda mujer charrúa.
Pero los orientales fueron derotados. El corazón guerrero del charrúa debió emprender nuevamente el vuelo para no ser encadenado.
Dicen sin embargo que hasta hoy la muchacha - árbolque exhibe sus lágrimas de sangre junto al ríotiene una lanza de flores blancas escondida en el Cebollatí y guarda en secreto las flores azules para queal amparo de los árboles nativosvuelva a ser posible algún día la cópula amorosaperpetuadora de la memoria.
   

Material extraído del libro" Leyendas, mitos y tradiciones de la Banda Oriental" del historiador Gonzalo Abella Betum San Ediciones
   
   
  

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