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martes, 5 de octubre de 2010

Mentir es parte de nuestra genética

La ciencia de mentir; ocultar la verdad hace parte de nuestra genética.

Estudio reveló que una persona promedio dice tres mentiras en una charla de 10 minutos.

Aun así, la tendencia natural es creer en el otro, según estudios. Aquí, una radiografía del engaño.

No decir la verdad o decirla a medias es inherente a la condición humana. Así lo creen estudiosos del tema, como los investigadores de la Universidad de Southampton que establecieron que "una persona normal dice, en promedio, 3 mentiras en una charla de 10 minutos, sin contar las omisiones y las exageraciones".
Para el psicobiólogo español José María Martínez, autor de La psicología de la mentira, "las relaciones sociales serían imposibles sin mentiras, sobre todo porque no estamos preparados para que nos digan la verdad sobre nosotros mismos". Por todo esto resulta curioso que la mayoría considere que las mentiras son casi un delito... dichas por otros, claro.
Estos son algunos de los últimos hallazgos científicos sobre el porqué de las mentiras.

Da ventaja.

Quien no dice mentiras en una sociedad acostumbrada a exagerar u ocultar la verdad está en desventaja. La gente más aceptada socialmente es la que se adapta a unos modelos que no son suyos, "lo cual constituye una mentira", dice el psiquiatra Rodrigo Córdoba.

En algunos es patológico

Mentir se puede transformar en un trastorno conocido como pseudología fantástica, una compulsión a imaginar una historia personal que capte la atención. Un estudio publicado en el Journal of Personality and Social Psychology sostiene que hay tantas probabilidades de que estos mentirosos sean personas seguras, atractivas y aceptadas en lo social como de que sean introvertidas.

Un asunto de supervivencia.

Hay teorías según las cuales la evolución hizo del engaño una condición para vivir. "Los chimpancés, por ejemplo, ocultan objetos, se muestran amables y engañan a sus cuidadores y a otros chimpancés por supervivencia, sexo e incluso diversión", dice Miguel Catalán, autor de Antropología de la mentira.

Confiados por naturaleza

Jaume Masip, de la U. de Salamanca, concluyó que "las personas tendemos a considerar que los demás dicen la verdad, lo cual aumenta nuestra precisión al juzgar verdades (60,3%) y la reduce al 47% al juzgar las mentiras". Según un estudio divulgado en New Scientist, la precisión de los expertos en engaño (policías, jueces, psicólogos) es de apenas 53%.

¿Ellos o ellas? ¿Quién miente más?

José María Martínez, autor de La psicología de la mentira, califica de leyenda la afirmación de que las mujeres mienten más. "Lo que sí es cierto -sostiene- es que son más hábiles para detectar la mentira y para llevarla a la práctica".

El mentiroso se autoengaña.

En su libro Mentira, autoengaño, adicción y recaída, el psiquiatra español Carlos Sirvent asegura que la persona que engaña tiende a recurrir inconscientemente al autoengaño para automatizar el acto de mentir. En otras palabras, engañarse a sí mismo ayuda a mentir en forma más convincente.

Es de inteligentes.

Investigadores de las universidades de Sheffield y Pensilvania sugieren que la mentira contribuyó a la expansión de la inteligencia. Demostraron, con resonancias magnéticas, que decir mentiras produce mayor actividad cerebral: "El cerebro está listo para decir la verdad. En cambio, tiene que hacer un trabajo extra cuando va a engañar. Se activan zonas que desempeñan un papel en la concentración, además de otras responsables de vigilar los errores".

Fuente: El Mundo (España).

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