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lunes, 14 de febrero de 2011

Chejov, sobre su narrativa y teatro, 6- el estilo

3) EL ESTILO.

Hasta aquí, hemos analizado los aspectos más salientes de la temática y de los personajes chejovianos. Veamos ahora de qué procedimientos se vale el autor para estructurar y comunicar ese material.

Lo primero que debemos señalar, aunque resulte obvio, -es el predominio abrumador del cuento sobre la novela. Incluso, si comparamos sus narraciones más largas con las obras monumentales de Tolstoi y Dcstoyevski, llamarlas novelas parece una exageración escandalosa» Chejcv da la impresión de hallarse más a gusto en los relates breves y es a ellos que debe, sobre todo, el sitial destacado que ocupa dentro de la narrativa moderna. ¿Cuestión de temperamento? Indudablemente, pero no sólo eso. La elección del genero literario y de los procedimientos a utilizar es, antes que nada, en Chéjov y en cualquier autor, consecuencia de una determinada visión del mundo, sea el escritor consciente o no de ella. Chéjov tiene la concepción atomizada de la realidad que caracteriza a los impresionistas. Pero dicha concepción no nace de una influencia innecesaria ni de una adhesión consciente de Chéjov a una determinada corriente, sino que es consecuencia de la sociedad en la qua vive y a la que refleja en su obra. En un ambiente paralizado, donde no hay, por lo menos a la vista, grandes proce sos en marcha, solo se pueden percibir momentos aislados, sin referencia posible a un todo orgánico. Para alcalizar su plena significación, estos instantes únicos necesitan de un género que sea capaz de captarlos en lo que tienen de singular e irrepetible. La novela, con su técnica acumulativa y episódica,, no se presta para ello. El cuento, en cambio, es especialmente apto para atrapar las situaciones y atmósferas más evanescentes. Pero lo es gracias a la labor renovadora de Chéjov. Fue él quien lo libere de la rigidez excesiva que Poe le había dado. El gran escritor norteamericano, creador del cuento moderno, había sido el primero en señalar, como rasgo esencial del género la necesaria concurrencia de todos les elementos al logro de un efecto unitario. Pero en la practica, su interés por lo morboso y lo fantástico, originó un modelo demasiado estrecho y muy poco flexible, qué bloqueaba la posibilidad de incorporar seres y acontecimientos de la vida corriente. Chéjov será el encargado de realizar esta apertura a lo cotidiano, que tan decisiva influencia tendrá en la evolución del cuento contemporah.eo.Las Historias que narra son tan minúsculas, tan insignificantes, que no puede esperar que se impongan al lector por el carácter excepcional de la trama (prácticamente inexistente) ni por el efecto "detonante" (para utilizar la terminología de Eijenbaum) que estremece con un final aterrador o inesperado.

Chéjov es uno da los ejemplos mas nítidos y reveladores,  sobre todo para aquellos que recién se acercan a la Literatura, de que aun con el material más humilde y, en apariencia, menos literario, un verdadero artista puede crear   obras universalmente válidas. La Literatura no es, como lamentablemente cree la mayoría de los estudiantes secundarios, lenguaje adornado más énfasis. Con frecusncia, en los mejores escritores, es sencillez más silencio. Nada más sobrio y, sin embargo, más conmovedor que ese último gesto que Homero atribuye a guerreros desconocidos en el momento de morir: "Y Diorés cayó de espaldas en el polvo, tendiendo sus brazos hacia sus camaradas". Una simple acotación, pero nos abre las profundidades da un corazón humano que, en definitiva, es el de todos. Lo mismo sucede con Chéjov. Sus cuentos no producen un impacto, sino una impresión "flotante" (continúo empleando los términos de -Eijenbaum). 

Sus relatos no son un mecanismo cuidadosamente regulado al que el desenlace completa y cierra. Por el con trario, el final de cada uno de sus cuentos no es una culminación, sino un punto de partida. Cuando el cuento termina, empieza la reflexión del lector. El narrador se retira entonces, dejándonos a solas y en silencio con la historia y con la vaga sensación que ella ha hecho nacer en nosotros. Chéjov exige de su lector una mayor entrega que Poe, sin que esto implique sugerir siquiera la superioridad de uno sobre otro. Ambos son excelentes, cada cual en su estío. Pero mientras en Poe asistimos, deslumhrados como niños, al ensarnolaiaiento progresivo de cada una de las piezas de un mecanismo perfecto y sobrecogedor, en Chéjov, si no leemos con atención, la historia narrada nos parecerá banal e intrascendente. Es preciso estar alertas para influir las hondas implicaciones humanas subyacentes en el relato. En Poe, el impacto del cuento depende casi exclusiva mente del narrador, de su capacidad para fascinamos con las fuerzas tenebrosas que conjura y maneja como-un mago; en Chejov, el narrador entrega al lector una historia vulgar para que áste, mediante la reflexión (no aludimos a una tarea consciente, sino a una apropiación intuitiva de los significados latentes) desentrañe su sentido. Narrador y lector son, en Chéjov, solidarios, se necesitan y se ayudan mutuamente. De aquí que se pueda aplicar a sus relatos la doctrina de Joyos, que consideraba al cuento como una "epifanía. A propósito de este término, ofrece el profesor argentino Jaime Rest la siguiente explicación "...es una exposición verista de sucesos minúsculos que nos permiten descubrir ísignificados secretos y elementales de la existencia".

El cuento es, pues, un género esencialmente apto para expresar la visión impresionista de la realidad como una sucesión de momentos aislados. Pero el impresionismo de Chéjov no se pone de manifiesto sólo en esto sino, sobre todo, en su enfoque y en su técnica. En una carta a su hermano Alexander, fechada el 10 de mayo de 1886, le manifestaba: "En las descripciones de la naturaleza, es necesario adueñarse de los pequeños detalles, para agruparlos de un modo tal que - durante la lectura- uno vea el paisaje evocado con sólo cerrar los ojos... La naturaleza logra animarse si uno no es excesivamente melindroso en el empleo de comparaciones entre sus fenómenos y las actividades humanas ordinarias".




Como podemos apreciar a través de sus palabras, Chéjov desdeña las descripciones realizadas en base a trazos demasiado generales y convencionales. Su interés por los peque ños detalles se explica porque son ellos los que distinguen el paisaje descrito de todos los demás, los que lo singularizan y lo hacen inolvidable. Si no los pone de relieve, no es posible lograr que el lector recrea dentro sju yo la impresión que el artista experimento ante ese paisaje. Al impresionista no le interesa como son las cosas objetivamente, sino que sensación despiertan en él en un determinado momento que no se repetirá. La impresión varia con cada instante pero también con cada espectador porque depende del grado de sensibilidad y del estado de animo de cada uno. El autor impresionista exige, por lo tanto, al lector, una permanente atención, porque lo que despliega ante él no es la realidad, sino la representación de la realidad a través de las sensaciones del narrador o de los personajes. Pero, a la vez, el lector debe poseer un alto grado de ingenuidad, de esa pureza con que el niño se entrega por completo a aquel en quien confía. El artista impresionista parece invitar al lector a confiar en él, en sus personajes, a que se deje penetrar por las sensaciones que ellos experimenta para lograr una íntima comunión, en un mismo estado da ánimo.




"Sobre, la cima de las, montañas había blancas nubes inmóviles, nada agitaba el follaje de los árboles, oíase el canto de la chicharra y de abajo se llegaba el ruido del mar hablando de paz y de ese sueño eterno que  todos nos espera". " ("La dama del perrito")




Lo primero que nos sorprende en esta descripción es la sucesión de detalles tomados como al azar, sin ningún orden lógico. Y es que así como el impresionista "pide" al lector que se abandone a su guía, del mismo modo se entrega él a sus sentidos y no registra mas que aquello que, por vía sensorial, despierta un eco en su alma. En la descripción que transcribimos es evidente que Chéjov no pretende "dibujar" un paisaje. Lo que busca es que el lector pueda recrear dentro suyo la "impresión" que dicho paisaje produjo en Gurov. Con tal fin, solo nos proporciona los detalles que contribuyeron a producir asa impresión. Tan es asís que las sensaciones visuales y auditivas que componen la descripción no valen en cuanto tales, sino en cuanto -ayudan a despertar esa impresión dé paz que conmueve a Gurov y que el autor pretende transmitimos. Para ser más claros: lo que importa no es que las nubes sean blancas, no su inmovilidad, por todo lo que ésta sugiere acerca de la calma que reina en la naturaleza.





El impresionismo chejoviano alcanza también a los personajes. En la ya citada carta a su hermano Aiexander manifestaba:  "En ámbito psicológico, el asunto también radica en los los detalles. que Dios nos libre de los lugares comunes. Lo mejor es rehuir la pinturaa de los  estados mentales; debemos tratar de esclarecerlos mediante los  actos mismos del protagonistas.

El individuo ha dejado de ser un tormentoso has de fuerzas en lucha con una sociedad hostil, ante la que reivindica su libertad de existir y da realizarse. Los héroes de Dostoyevski luchaban furiosamente por imponer sus ideas al mundo. Los personajes de Chajov, en cambio, son seres "hechos a imagen y semejanza" del mundo. Si el narrador renuncia  a bucear en el interior de sus personajes es porque no espera encontrar mucho allí. El hombre ya no es él mismo un mundo. Es, a lo más, un reflejo del mundo„ Por otra parte, con esa confianza ilimitada del impresionista en sus sentidos y ese interés por todo lo singular y momentáneo (en desmedro da lo general, que le parece sospechoso de ser un lugar común) más lógico que se atenga solo a los actos, es decir, en definitiva, a lo que sus sentidos pueden percibir. Esta característica as la que ha hecho.a Hauser  decir: "La narración se reduce a meras situaciones. Todo se vuelve episodio, o periferia de una vida que carece de centro".



Por último, es importante saber qué opina Chéjov acerca de la actitud del narrador ante lo que cuenta, pues es en sus percepciones que se nos invita a confiar. Chéjov se refiere a esta cuestión en carta dirigida a Gorki; "No se refrena ustéd bastante. Es como un espectador en el teatro, que expresa sus emociones con tan poca reserva que asimismo se impide, e impide a los demás, escuchar la palabra".

Evidentemente,una concepción que Balzac no suscribiría. El autor no debe entrometerse y el narrador es un espectador. Debe escuchar la obra y dejar que los damas la escuchen, ¡pero atención!  la escuchan través de é. El lector sólo tiene acceso a la historia a través del narrador. Este no es, no debe ser según Chejov, el centro de la atención, sino el medio por el que la historia llega a los demás, No puede sorprendernos asta concepción. Si las personas en la vida real y los personajes en la ficción asumían una actitud pasiva frente a la vida, resignándose con el papel de meros espectadores, ¿qué otro camino le queda al narrador que ser el mismo un espectador?

Fuente: Martinez- Fressia- Appratto.

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