Búsqueda personalizada

TRADUCTOR

domingo, 25 de octubre de 2009

PSICO-CIBERNETICA -13-


El “instinto” del éxito

Una ardilla no tiene que ser enseñada a recoger nueces. Tampoco se le tiene que enseñar a almacenarlas para invierno. Una ardilla que nace en la primavera nunca ha tenido experiencia de lo que es el invierno. Sin embargo, podemos observarla en el otoño ocupada activamente en recoger nueces y almacenarlas para comérselas durante los meses invernales cuando no habrá alimentos que recoger. Un pájaro tampoco necesita tomar lecciones para construirse un nido. Tampoco necesita hacer ningún curso de navegación aérea. No obstante, los pájaros vuelas millares de millas, a veces sobre la superficie de los mares. Tampoco disponen de periódicos ni de aparatos de televisión para recibir informes meteorológicos; tampoco existen libros escritos por pájaros-pioneros o aves-exploradoras para ver en ellos marcadas las zonas cálidas de la tierra. Sin embargo, los pájaros saben muy bien la inminencia del clima frío y la ubicación exacta de los climas calientes, aunque se hallen a millares de kilómetros de distancia de las mismas. Al tratar de explicar este género de cosas solemos decir que los animales poseen ciertos “instintos”, con la ayuda de los cuales se guían maravillosamente a través de enormes distancias aéreas. Analice usted todos esos instintos y deducirá que existe algo que auxilia a los animales a adaptarse al ambiente que les rodea. En pocas palabras, los animales también poseen un instinto del éxito o del logro de objetivos.
Observamos con frecuencia el hecho de que el hombre también posee el “instinto del éxito”, pero, en este caso, mucho más maravilloso y mucho más completo que el de cualquier otro animal. Nuestro Creador no abrevió, pues, las capacidades instintivas del hombre, sino, al contrario, ya que a este respecto el hombre fue especialmente colmado de bendiciones.
Los animales irracionales no pueden seleccionar sus metas. Sus objetivos (autoconservación y procreación) les han sido predeterminados, por así decirlo, en tanto que el mecanismo del éxito de los mismos hállase limitado a la formación de esas imágenes-de-objetivos a las que solemos llamar “instintos”.
El hombre, por otra parte, tiene algo que los animales no poseen: la imaginación creadora. De modo que el hombre, entre todos los seres vivientes, es más que una criatura: es también un creador. Con su imaginación puede formularse una variedad de metas. Sólo el Hombre puede dirigir su mecanismo del éxito mediante el uso de la imaginación o de su capacidad imaginativa.
Pensamos frecuentemente con respecto a la “imaginación creadora” como que ésta es característica sólo de los poetas, los inventores, etc. Pero la imaginación es creadora en todo cuanto hacemos. Aunque no comprendieron en por qué, o cómo nuestra imaginación pone el mecanismo creativo en movimiento, los pensadores más serios de todas las edades, igual que los hombres prácticos, han reconocido el hecho y se han valido de él. “La imaginación dirige el mundo”, decía Napoleón. “Las facultades imaginativas del hombre es lo que más le asemeja a Dios”, dijo Glenn Clark. “La facultad de la imaginación es el más grande muelle de la actividad humana y la principal fuente del desarrollo humano… Destruid esta facultad y la condición del hombre se hará tan estacionaria como la de los brutos”, expresó Dugold Stewart, el famoso filósofo escocés. “Usted puede imaginarse su futuro”, decía Henry J. Kaiser, quien atribuía la mayor parte de sus éxitos en los negocios al empleo positivo y constructivo de la imaginación creadora.


No hay comentarios:

Publicar un comentario