El descubrimiento del mecanismo del éxito dentro de usted mismo
Puede parecerle raro, pero es absolutamente cierto que hasta hace unos diez años los científicos no tenían la menor idea acerca de cómo el cerebro y el sistema nervioso humanos operaban con el “propósito” de alcanzar un fin definido. Supieron éstos lo que acontecía gracias a largas y meticulosas observaciones. Mas no existe ninguna teoría de los principios señalados que enlace todos estos fenómenos y los agrupe en un concepto que pueda hacerse sensible. R.W. Gerard, al escribir sobre el cerebro y la imaginación en el número de SCIENTIFIC MOUNTHLY correspondiente al mes de junio de 1946, decía que, aunque triste, era verdad que la mayor parte de nuestros conceptos sobre la mente debieran ser tan válidos y útiles como si, por todo lo que conocíamos, el cráneo estuviera entreforrado de algodón en rama.
No obstante, cuando el hombre se pone a construir un cerebro electrónico y a forjar los mecanismos de la consecución de sus propios objetivos, tiene que llegar a descubrir y emplear ciertos principios básicos relacionados con el tema de que nos ocupamos. Luego de haberlos descubierto, estos científicos comenzaron a preguntarse: “¿Podría ser éste el camino que nos llevara a descubrir que el cerebro humano trabaja también así? ¿Pudiera ser que al crear al Hombre nos hubiera provisto nuestro Creador de un servo-mecanismo más maravilloso que cualquier otro cerebro electrónico o sistema de dirección jamás soñado por el ser humano y que operase de acuerdo con los mismos principios básicos? En opinión de tan eminentes científicos de la Cibernética como son el Dr. Norbert Weiner, el Dr. John von Newmann y otros, la contestación es “sí”.
El sistema guía de formación continua
Todo ser viviente posee un sistema-guía de formación continua o un instrumento de lucha para la consecución de objetivos, puesto allí por el Creador para ayudarle a conquistar sus fines, el cual es, para expresarlo con un término más amplio, la propia vida o “el vivir” consiste solamente en la supervivencia física tanto del individuo como de las especies. El mecanismo de formación continua de los animales irracionales se halla limitado a la consecución de alimento y cobijo, evitando o superando a los enemigos y al azar, con el objeto de asegurar la procreación y la sobrevivencia de las especies.
En cuanto se refiere al hombre, la meta del “vivir” indica algo más que la mera supervivencia. Para el animal irracional la meta del “vivir” significa simplemente tener cubiertas sus necesidades físicas. El hombre tiene ciertas necesidades espirituales y emotivas que los animales irracionales no poseen. En consecuencia, el “vivir”, para el hombre, abraza algo más que la mera supervivencia física y la conservación de la especie. Requiere también ciertas satisfacciones espirituales y emotivas. La formación del mecanismo del éxito del hombre necesita de características de mucha mayor amplitud que las de los animales. Además de ayudar al hombre a evitar o superar el peligro y a protegerle el “instinto sexual”, que le auxilia en el objetivo de conservar viva la raza humana, el mecanismo del éxito del hombre puede ayudarle a obtener contestaciones a sus problemas, a inventar, a escribir poesía, a hacer negocios, a vender artículos diversos, a explotar nuevos horizontes de la ciencia, a procurarse mayor paz espiritual, a desarrollar una mejor personalidad o a conseguir el éxito en cualquier otra actividad que se halle íntimamente enlazada con su género de vida o a ayudarle a vivir de una manera más completa.
Puede parecerle raro, pero es absolutamente cierto que hasta hace unos diez años los científicos no tenían la menor idea acerca de cómo el cerebro y el sistema nervioso humanos operaban con el “propósito” de alcanzar un fin definido. Supieron éstos lo que acontecía gracias a largas y meticulosas observaciones. Mas no existe ninguna teoría de los principios señalados que enlace todos estos fenómenos y los agrupe en un concepto que pueda hacerse sensible. R.W. Gerard, al escribir sobre el cerebro y la imaginación en el número de SCIENTIFIC MOUNTHLY correspondiente al mes de junio de 1946, decía que, aunque triste, era verdad que la mayor parte de nuestros conceptos sobre la mente debieran ser tan válidos y útiles como si, por todo lo que conocíamos, el cráneo estuviera entreforrado de algodón en rama.
No obstante, cuando el hombre se pone a construir un cerebro electrónico y a forjar los mecanismos de la consecución de sus propios objetivos, tiene que llegar a descubrir y emplear ciertos principios básicos relacionados con el tema de que nos ocupamos. Luego de haberlos descubierto, estos científicos comenzaron a preguntarse: “¿Podría ser éste el camino que nos llevara a descubrir que el cerebro humano trabaja también así? ¿Pudiera ser que al crear al Hombre nos hubiera provisto nuestro Creador de un servo-mecanismo más maravilloso que cualquier otro cerebro electrónico o sistema de dirección jamás soñado por el ser humano y que operase de acuerdo con los mismos principios básicos? En opinión de tan eminentes científicos de la Cibernética como son el Dr. Norbert Weiner, el Dr. John von Newmann y otros, la contestación es “sí”.
El sistema guía de formación continua
Todo ser viviente posee un sistema-guía de formación continua o un instrumento de lucha para la consecución de objetivos, puesto allí por el Creador para ayudarle a conquistar sus fines, el cual es, para expresarlo con un término más amplio, la propia vida o “el vivir” consiste solamente en la supervivencia física tanto del individuo como de las especies. El mecanismo de formación continua de los animales irracionales se halla limitado a la consecución de alimento y cobijo, evitando o superando a los enemigos y al azar, con el objeto de asegurar la procreación y la sobrevivencia de las especies.
En cuanto se refiere al hombre, la meta del “vivir” indica algo más que la mera supervivencia. Para el animal irracional la meta del “vivir” significa simplemente tener cubiertas sus necesidades físicas. El hombre tiene ciertas necesidades espirituales y emotivas que los animales irracionales no poseen. En consecuencia, el “vivir”, para el hombre, abraza algo más que la mera supervivencia física y la conservación de la especie. Requiere también ciertas satisfacciones espirituales y emotivas. La formación del mecanismo del éxito del hombre necesita de características de mucha mayor amplitud que las de los animales. Además de ayudar al hombre a evitar o superar el peligro y a protegerle el “instinto sexual”, que le auxilia en el objetivo de conservar viva la raza humana, el mecanismo del éxito del hombre puede ayudarle a obtener contestaciones a sus problemas, a inventar, a escribir poesía, a hacer negocios, a vender artículos diversos, a explotar nuevos horizontes de la ciencia, a procurarse mayor paz espiritual, a desarrollar una mejor personalidad o a conseguir el éxito en cualquier otra actividad que se halle íntimamente enlazada con su género de vida o a ayudarle a vivir de una manera más completa.

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