LA “PSICO-CIBERNETICA”: UN NUEVO CONCEPTO DEL FUNCIONAMIENTO DEL CEREBRO
Cuando concebimos el cerebro y el sistema nervioso como una forma de automecanismo que opera de acuerdo con los principios de la Cibernética, obtenemos una idea del por qué del proceso de la conducta humana.
Preferí llamar a este concepto “psico-cibernética”, ello es, los principios de cibernética aplicados al cerebro humano.
Debo repetirlo. La psico-cibernética no nos dice que el hombre es una máquina. Más bien expresa que el hombre tiene una máquina de la cual se sirve para sus fines. Vamos, pues, a examinar algunas de las similitudes que existen entre los servo-mecanismos y el cerebro humano:
LOS DOS TIPOS GENERALES DE SERVO-MECANISMOS
Los servo-mecanismos se dividen en dos tipos generales: 1) cuando el blanco, el fin o la respuesta son conocidos y el objetivo consiste en alcanzarlos o en satisfacerlos, y 2) cuando el blanco o la respuesta no son conocidos y el objetivo consiste en descubrirlos o localizarlos. El cerebro humano y el sistema nervioso operan en ambas formas.
Como ejemplo del primer tipo sirve el del torpedo “autoguiado” o el del proyectil interceptor. El blanco o fin es conocido: una embarcación o una avión enemigos. El objetivo consiste en alcanzarlos. Esas máquinas deben conocer el blanco hacer el cual han sido disparadas. Deben poseer cierta clase de sistemas de propulsión que les impulse hacia delante siguiendo la dirección en que se halla el blanco. Deben, pues, estar equipados con “órganos sensibles” (radar, sonar, preceptores de latidos, etc.) los cuales suministran información desde el blanco. Estos “órganos sensibles” mantienen informada a la máquina de cuando ésta se halla en la ruta correcta (feedback positivo) o cuando comete un error y se sale de la dirección perseguida (feedback negativo). La máquina no reacciona o responde al “feedback” positivo. Está funcionando correctamente y “se mantiene haciendo lo que debe hacer”. No obstante, debe haber un instrumento de corrección que responda a los “feedback” negativos. Cuando el “feedback” negativo informa la mecanismo de que se halla demasiado a la derecha “de su línea”, el mecanismo de corrección hace que el timón automáticamente mueva a la máquina otra vez hacia la izquierda. Se ha “sobrecorregido” y enfila demasiado hacia la izquierda, entonces, se hace conocer este error mediante el “feedback” negativo, y el instrumento de corrección nueve el timón de tal manera que la máquina tenga que retornar hacia la derecha. El torpedo alcanza su blanco yendo hacia adelante y cometiendo errores, que corrige constantemente. Luego de una serie ininterrumpida de zig-zags, el torpedo explota en el objetivo.
El Dr. Norbert Weiner, que fue uno de los pioneros en el desarrollo de los mecanismos buscadores de metas durante la segunda Guerra Mundial, cree que algo muy similar a lo anteriormente descrito acontece con respecto al sistema nervioso humano en cualquier momento en que el individuo se dispone a emprender una actividad cualquiera, inclusive en situación tan simple como es la de buscar-un-fin que puede consistir en recoger de la mesa una cajetilla de cigarrillos.
Somos capaces de satisfacer el fin de coger los cigarrillos a causa de un mecanismo automático y no por obra de la “voluntad” o solamente por cualquier otra actividad del cerebro pensante. Todo lo que hace el cerebro es seleccionar la meta, impulsar a la acción por el deseo y proporcionar información al mecanismo automático en tal forma que pueda corregir continuamente los movimientos de la mano en el transcurso de la simple operación. En primer lugar, dice el doctor Weiner, sólo un anatomista podría conocer todos los músculos que actúan en la recogida de los cigarrillos. Y como sabemos, uno no se habría de decir conscientemente a sí mismo: “Debo contraer los músculos del hombro para elevar el brazo, etc.”. Usted lo hace y recoge los cigarrillos, y no tiene conciencia de las órdenes consecuentes que da a los individualizados músculos, ni tampoco se pone a calcular el grado de contracción que necesitaría para ello.
Cuando “USTED” selecciona el objetivo y dispara, para ponerse en acción, el mecanismo automático comienza a funcionar. Ante todo, usted ha recogido los cigarrillos o ha ejecutado algunos movimientos similares antes de consumar esta operación. Su mecanismo automático ha aprendido algo con respecto a la reacción correcta que necesitaba. Luego el mecanismo automático emplea la bolsa de los datos suministrados al cerebro por los ojos, los cuales le informan “del grado en el que se encuentran los cigarros para no poder ser recogidos”. Este almacén de datos capacita al auto-mecanismo, para que corrija correctamente el movimiento de la mano hasta que lo enfile en el rumbo de los cigarrillos.
En cuanto al niño, que acaba de empezar a aprender a usar sus músculos, la corrección de los movimientos de la mano para alcanzar su objetivo, salta simplemente a la vista. El niño posee aún poca información almacenada para poder hace sus movimientos con destreza. Su mano zigzaguea continuamente hasta el logro de la meta perseguida. Es característico de todos los aprendizajes que la continua corrección llegue a perfeccionar éstos hasta dominarlos totalmente. Vemos ello en la persona que aprende a conducir un automóvil, la cual se “sobrecorrige”, y ello hace que siga su camino en continuos zig-zags a través de la calle.
Sin embargo, una vez que la corrección o la “reacción feliz” ha sido cumplida, se la “recuerda” para su uso futuro. El mecanismo automático duplica, entonces, la respuesta del éxito, para emplearla en pruebas futuras. “Ha aprendido” a reaccionar con éxito. “Recuerda” sus éxitos, olvida sus fracasos y repite la acción exitosa sin necesidad de ulteriores “ideas” conscientes, pues se le ha hecho ya un hábito.

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