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domingo, 25 de octubre de 2009

PSICO-CIBERNETICA -16-


COMO EL CEREBRO ENCUENTRA LAS RESPUESTAS A LOS PROBLEMAS

Supongamos ahora que la habitación está tan oscura que usted no puede hallar los cigarrillos. Usted sabe, o confía, en que hay una cajetilla de cigarros sobre la mesa junto a objetos diversos. Instintivamente, su mano comenzará “a ir buscando” de adelante a atrás y de lado a lado formando movimientos en zig-zag y rechazando un objeto después de otro hasta que encuentra los cigarrillos y los reconoce. Este es un ejemplo del segundo tipo de servo-mecanismos. La rememoración de un nombre temporalmente olvidado constituye un caso de otra clase: un “escudriñador” en su cerebro escudriña entre los recuerdos almacenados en el mismo hasta llegar a reconocer el nombre correcto. El cerebro electrónico soluciona los problemas que se le proponen de una manera sumamente parecida. En primer lugar, hay que alimentar la máquina con una enorme cantidad de datos diversos. Este depósito de informes almacenados constituye la memoria de la máquina. Se le propone un problema a la máquina. Entonces ésta escudriña entre sus recuerdos hasta que localiza la única respuesta que consiste en los hallazgos de las diversas condiciones que el problema requiere. El problema junto con la contestación constituyen una estructura “total”. Cuando parte del planteamiento o de la estructura (del problema) se le da al artefacto, éste localiza entonces las partes perdidas o desconocidas, por así decirlo, para completar el todo de la susodicha estructura o problema.
Cuanto más sabemos respecto a lo que concierne al cerebro humano, más nos parece éste –sobre todo en lo referente a sus funciones- un servo-mecanismo. Por ejemplo, el Dr. Wilder Penfield, director del Instituto Neurológico de Montreal, ha informado recientemente en la asamblea de la Academia Nacional de Ciencias, que acaba de descubrir un mecanismo de rememoración en una pequeña área del cerebro, el cual recuerda aparentemente cuanto una persona ha experimentado, observado o aprendido. En el lapso de una intervención quirúrgica en el cerebro de una persona que se hallaba en estado consciente, aconteció que el doctor Penfield tocó una pequeña área de la corteza con un instrumente de cirugía. En ese preciso instante el paciente exclamó que estaba “reviviendo” un incidente de su infancia el cual había olvidado conscientemente. Experimentos ulteriores de la misma clase han producido resultados idénticos. Cuando fueron tocadas ciertas áreas de la corteza, los pacientes no solamente recordaron los incidencias pasadas sino que revivieron, de manera real, todos los aspectos, los sonidos y las sensaciones de la experiencia original. Era exactamente igual que si se hubiesen grabado en una grabadora y se hubiera oprimido el botón de reproducción (played back). Aún constituye un verdadero misterio la manera de que un mecanismo tan pequeño como lo es el del cerebro humano pueda almacenar tan enorme cantidad de informaciones diversas.
El neurofisiólogo británico W. Grey Walter dice que serían necesarias, por lo menos, diez mil millones de células electrónicas para formar una copia exacta del cerebro humano. Estas células tendrían que ocupar alrededor de millón y medio de pies cúbicos, requiriéndose incluso unos cuantos millones más de éstos para los “nervios” o “cables”. La potencia que se requeriría para que operace no debería ser menor de mil millones de voltios.


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