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domingo, 25 de octubre de 2009

PSICO-CIBERNETICA -18-


¿Existe un almacén infinito de ideas, de conocimientos y de potencialidades?

Muchos de los más grandes pensadores de todas las épocas han creído que la “información almacenada” por el hombre no se halla limitada a sus propios recuerdos de las experiencias del pasado ni a los hechos aprendidos. “Hay una mente común que abarca a todos los seres humanos”, decía Emerson, quien comparaba a nuestras diversas mentes individuales con las múltiples escalas que podría existir en el océano de una mente universal.
Edison creía haber captado sus ideas en una fuente exterior a sí mismo. Cierta vez en que le felicitaron por haber manifestado una idea creadora, declinó la felicitación expresando que “las ideas están en el aire”, y que si él mismo no la hubiese “descubierto” habríalo hecho alguna otra persona.
El Dr. J.B. Rhine, Director del Laboratorio de Parapsicología de la Universidad de Duke, ha comprobado experimentalmente que el hombre tiene acceso al conocimiento, a los hechos y a las ideas sólo a través de su propia memoria individual o “almacén de información”, el cual se le ha ido formando con cuanto ha aprendido o experimentado. La telepatía, la clarividencia y el preconocimiento han sido reconocidos en diversos experimentos científicos de laboratorio. Los descubrimientos que consisten en que el hombre posee algún factor extra sensorial, a los que el mencionado doctor llama “la Psi”, son ya indudables para los hombres de ciencia que han revisado seriamente los trabajos del doctor Rhine. Como dice el profesor de la Universidad de Cambridge, R.H. Thouless: “La realidad de estos fenómenos puede ser considerada tan categórica como cualquiera otra que se comprueba mediante la investigación científica.”
“Hemos averiguado –dice el doctor Rhine-, que hay una capacidad de adquirir conocimientos que transciende las funciones de los sentidos. Esta capacidad “extra-sensorial” puede proporcionarnos el conocimiento exacto de los estados objetivos tanto como de los subjetivos, el conocimiento de las cosas y, con la mayor probabilidad, hasta el de las mismas ideas.
Se dice que Schubert manifestó a un amigo que su propio proceso creador consistía en “recordar una melodía” que nadie había pensado antes.
Muchos artistas creadores, lo mismo que diversos psicólogos que han hecho estudios sobre el proceso de la creación, quedaron impresionados por la similitud que existe entre la inspiración creadora, la revelación instantánea, la intuición, etc., y la ordinaria memora humana.
El proceso de buscar una nueva idea o una contestación a un problema determinado es, en realidad, muy similar la que se experimenta al tratar de bucear en la memoria para hallar un nombre que ya habíamos olvidado. Usted sabe que el nombre “está allí”, porque, en el caso contrario, no trataría de buscarlo. El “escudriñador” escudriña en su cerebro, retrotrayéndose a las memorias almacenadas, hasta que el nombre deseado llega a ser “reconocido” o “descubierto”.


La repuesta existe ahora

Es exactamente igual que cuando nos proponemos hallar una nueva idea o la solución a un problema: debemos presumir que la contestación o solución existe ya en algún lugar, y en ese caso, nos disponemos a buscarla. El Dr. Norbert Wiener ha dicho: “Una vez que el hombre de ciencia ataca un problema del que él sabe que tiene una solución, entonces experimenta un cambio rotundo en su actitud hacia el mismo. Ya ha logrado pasar la mitad del camino que ha de conducirle a la solución de la pregunta propuesta.” (Norbert Wiener, The Human Use of Human Beings, Houghton Mifflin, New York).
Cuando usted se dispone a ejecutar un trabajo de naturaleza creadora ya sea en el campo de las ventas, en el de dirigir un negocio, en escribir un soneto, o en el mejoramiento de las relaciones humanas, o en cualquier otro caso comienza por preconcebir un objetivo, un fin que debe alcanzar, una “tarea” que debe emprender, un blanco al que atinar, que, aunque se le presente con cierto carácter de abstracción, será reconocido en el momento que lo logre. Si se trata de un negocio al cual le ha dedicado todos sus deseos y comienza a pensar intensamente en los diversos ángulos que el problema manifiesta, entonces, su “mecanismo de creación” comienza a trabajar y el “escudriñador”, de que hablamos al principio, inicia su escudriñamiento a través de la información almacenada, o a andar a tientas por el camino que le ha de conducir a la obtención de la solución propuesta. Aparta y selecciona una idea aquí, un hecho allá, una serie de experiencias del pasado y los relaciona o “los enlaza juntos” dentro de una “idea totalizada” que rellenará las partes incompletas de la situación en la que se halla el problema, completará la ecuación o, en otras palabras, “solucionará” “el teorema” que se hubo propuesto. Cuando esta solución alcanza a su consciente con frecuencia en un momento inesperado, cuando usted se halla pensando en alguna otra cosa, o quizás en le lapso de un sueño en el que su conciencia se halla dormida, algo “emite un chasquido”, y usted lo reconoce al instante como la respuesta correcta que había estado buscando.
¿Se verifica, acaso, en este proceso una especie de acceso de su mecanismo de creación al depósito informativo que pueda existir en una mente de carácter universal? Las experiencias diversas de los individuos que se ocupan de los trabajos de características creadoras suscitan la idea de que así acontece precisamente. ¿Cómo, pues, podríamos explicarnos, por ejemplo, la experiencia de Louis Agassiz, que nos relata su esposa?
“Había estado tratando de descifrar la impresión un tanto obscura de un pez fósil en la piedra alisada en la que ésta habíase conservado. Absorto y perplejo, abandonó por fin este trabajo, procurando apartarlo de su mente. Transcurrido algún tiempo, despertose de pronto una noche con la persuasión de mientras se hallaba durmiendo había visto al mencionado pez con todos los rasgos perdidos perfectamente restaurados.
“Temprano, encaminose al Jardín Botánico, y mientras marchaba iba pensando en la mencionada impresión, y en que, si la viera de nuevo, observaría algo que le podría poner en las huellas del camino de la perdida visión. Mas en vano, el desvanecido grabado permanecía tan enigmático como siempre. A la noche siguiente, tornó a ver el pez, pero al despertar volvió a desparecer de su memoria como antes había acontecido. En espera de que tornara a repetirse la misma experiencia, a la noche siguiente tuvo la precaución de colocar un papel y un lápiz al lado de su cama antes de conciliar el sueño.
“Poco antes del amanecer, el pez tornó a reaparecer en sus sueños, un tanto confuso al principio, mas al fin, de manera tan clara y perceptible, que ya no volvió a tener dudas con respecto a las características zoológicas del mismo. Aún medio dormido, y en completa oscuridad, trazó los rasgos de estas características en la hoja de papel que había puesto en la mesita de noche.
“Cuando despertó por la mañana, sorprendiose al observar los rasgos esquemáticos que había trazado, los que supuso habría sido imposible que los revelara el mismo pez. Apresurose a visitar el Jardín Botánico y, con el dibujo con guía consiguió levantar con un cincel la superficie de la piedra en cuyas partes correspondientes a la del fósil comprobó lo que se ocultaba. Cuando llegó a abrir la piedra completamente, observó que el fósil correspondía al de su sueño y dibujo, consiguiendo entonces clasificarlo con extraordinaria felicidad.”

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