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domingo, 25 de octubre de 2009

PSICO-CIBERNETICA -17-


Un vistazo al mecanismo automático en acción

Prodúcenos estupefacción el hecho de que los proyectiles interceptores puedan calcular, con la rapidez del relámpago, el punto de intersección de otro proyectil, y estar allí en el instante preciso en que pueden hacer contacto con este último.
¿Pero, acaso, hay algo más maravilloso que el acto de ver a un jardinero central en el instante de coger una pelota la vuelo? Con el objeto de calcular a dónde irá a caer la pelota, o cuál será el punto de intersección, tendrá que tener en cuenta la velocidad de la bola, su curvatura de caída, la dirección, el impulso del viento, la velocidad inicial y el promedio progresivo de disminución de la misma. El jugador debe hacer todos estos cálculos tan rápidamente que le dé lugar a desviarla con su “bat”. En seguida, habrá de calcular la rapidez con que debe correr y la dirección a emprender, con el objeto de llegar al punto de intersección al mismo tiempo que la pelota. El jardinero central no piensa acerca de todo ello. Su “mecanismo, alcanza-metas” calcula por sí mismo los datos que éste necesita, a través de los ojos y oídos, para ejecutar todas estas operaciones tan complicadas. El computador que se aloja en su cerebro “capta” esta información, la compara entonces con los datos que tiene almacenados (los recuerdos de otros éxitos y fracasos en la acción de interceptar pelotas voladoras) y, con la velocidad de un fogonazo, el “computador” hace todos los cálculos necesarios para ejecutar la operación y, en seguida, indica a los músculos de las piernas las órdenes correspondientes al caso y, entonces, échase a correr el jugador.

La ciencia puede fabricar “la calculadora”, pero no al “operador”

El doctor Weiner manifiesta que en ningún momento de un futuro previsible lograrán construir los hombres de ciencia un cerebro electrónico que pueda compararse ni de cerca con el cerebro humano. “Creo que nuestro público de ligero juicio ha mostrado excesiva imprudencia con respecto a las ventajes y desventajas especiales de las máquinas electrónicas la compararlas con las características del cerebro humano” –dice y prosigue-: “La cantidad de instrumentos de computación del cerebro humano excede, con enorme diferencia, a la cantidad de éstos en cualquier máquina calculadora ya desarrollada o incluso proyectada o diseñada para un futuro próximo.”
Pero incluso si se llegare a construir una máquina así, ésta carecería de operador. El cerebro electrónico no posee prosencéfalo ni tampoco un “Yo”. Este no puede proponerse problemas a sí mismo. No posee imaginación y por lo tanto no se traza ninguna meta que poder alcanzar. Tampoco puede determinar cuáles objetivos son válidos y cuáles no lo son. No experimenta emociones y no puede sentir. Trabaja sólo mediante los datos con que la alimenta su operario, con los datos que se le suministraron previamente y con la información almacenada con anterioridad. Sólo así podrá hacérsela reaccionar a los órganos sensibles para que nos proporcione la solución de nuevos problemas.


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