La práctica imaginativa puede rebajar su “golf score”
La revista Time informaba que cuando Ben Hogan se hallaba compitiendo en un torneo, ensayaba mentalmente cada uno de los tiros, instantes antes de ejecutarlos. Lanzaba el tiro perfectamente con su imaginación, “sentía” el golpe que le daba a la pelota lo mismo que si se lo hubiese dado en la realidad, “se sentía” ejecutando el tiro a la perfección, y luego iba hacia la bola confiando en que llamaba “la memoria muscular”, para lanzar en tiro precisamente como se lo había imaginado.
Alex Morrison, quizás el más célebre maestro del golf de todo el mundo, ha elaborado en efecto un sistema de prácticas mentales. Este le capacita a usted para mejorar su promedio de tantos, y, mientras se halla sentado cómodamente en un sillón, usted practica en su mente lo que él denomina “las siete llaves de Morrison”. La parte mental que corresponde al deporte del golf representa el noventa por ciento del juego –dice-, la intervención física el ocho por ciento, y el dos por ciento corresponde al aspecto mecánico del mismo. En su libro Better Golf Without Practice (New York, Simon and Schuster), Morrison nos cuenta cómo enseñó a Lew Lehr a romper el 90 por ciento del primer tiempo sin haberse ejercitado en la práctica real.
Morrison sentaba a Leer en un sillón de su sala y le hacía descansar mientras le demostraba el balanceo correcto y le hacía una breve lectura de “las llaves de Morrison”. Leer fue instruido para que no se entretuviera en la práctica real en las pistas y, en lugar de ello, pasar cinco minutos diarios sentado cómodamente en un sillón e imaginándose a sí mismo atendiendo a las recomendaciones concernientes a las mencionadas “llaves”.
Morrison prosigue diciéndonos cómo algunos días más tarde, sin preparación física alguna, Leer reunió a sus cuatro compañeros de costumbre y los sorprendió disparando 9 hoyos de cada par, o sea 36.
Lo fundamental del sistema de Morrison consiste en que “si se posee un claro cuadro mental de la cosa correcta que se quiere hacer, se podrá ejecutar ésta con toda facilidad y éxito. Con este método, Morrison capacitó a Paul Whiterman y a otras muchas celebridades a conseguir de 10 a 12 golpes afortunados entre los totales.
Johnny Bulla, el célebre jugador profesional de golf, hace algunos años escribió un artículo en el que manifestaba que tener una clara imagen mental del lugar al que se quisiera enviar la pelota y de lo que se intentare hacer con ella era mucho más importante que la forma en que el jugador se mantuviese en el juego. Así se las arreglaba él para dirigir un buen golf. La teoría de Bulla consistía en que su una se figuraba el resultado final, “veía” ir la pelota a donde se quería que fuese y tenía la absoluta confianza de “saber” que ésta iba a hacer precisamente lo que uno quisiera, intervendría el subconsciente dirigiendo los músculos con toda corrección. Si la manera de agarrar el palo no era correcta y la posición no correspondía a las mejores formas, el subconsciente haría lo necesario para obligar a los músculos a que hiciesen lo que fuere menester para compensar los errores inherentes a la posición que se adoptase.

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