Conozca la verdad acerca de sí mismo
El objeto de la psicología de la autoimagen no consiste en crear un Yo ficticio que sea omnipotente, arrogante, egoísta y que concentre en sí la suma de la importancia. Una imagen como ésta sería tan inadecuada e irrealista como la imagen antitética o sea, la que concentra en sí todos los débiles sentimientos de la inferioridad. El objetivo que perseguimos consiste en hallar “el ser real” y aproximar nuestras imágenes mentales a los objetos “que representan verdaderamente” No obstante, es criterio común entre los psicólogos el concepto de que la mayor parte de nosotros solemos menospreciarnos; nos cambiamos por poco y nos vendemos por menos aún. En efecto, no existen los “complejos de superioridad”. Los individuos que creen poseer alguno de éstos, padecen realmente de diversos sentimientos de inferioridad. El “super-ser” de los mismos constituye una mera ficción, una especie de concha con la cual tratan de ocultar de los otros sujetos circundantes sus profundos sentimientos de inseguridad e inferioridad.
¿Cómo podríamos conocer la verdad acerca de nosotros mismos? ¿Cómo podríamos hacer una evaluación verdadera de nuestro propio ser? Me parece que en esta circunstancia la psicología tiene que volverse hacia la religión. Las Escrituras nos dicen que Dios creó al hombre “un poco inferior a los ángeles” y le dio la facultad de dominar a los otros seres, y, por último, que Dios creó al hombre a su propia imagen y semejanza. Si creemos realmente en el Creador Omnisciente, Todopoderoso y Amante de todos los seres y cosas, estaremos en situación de deducir algunas conclusiones lógicas acerca de Quién creó el Hombre. En primer lugar, deduciremos que El Creador Omnisciente y Todopoderoso no iba a crear productos inferiores, del mismo modo que un maestro de la pintura tampoco va a ponerse a producir lienzos sin valor artístico. Así pues, el Creador no iría a dar forma a su producto deliberadamente para que éste no pudiese cumplir su cometido, del mismo modo que un fabricante no va a producir, en forma deliberada, un mecanismo mal construido dentro de su automóvil. Los fundamentalistas nos dicen que el propósito principal del hombre y la razón de su vida consiste en “glorificar a Dios” y los humanistas nos afirman que la finalidad esencial del mismo no es otra que “la de expresarse en todos sus aspectos”.
No obstante, si tomamos en consideración la premisa de que Dios es un Creador Amante y observa el mismo interés hacia los seres por El creados que el padre terrenal guarda con respecto a sus hijos, entonces, me parece a mí, que los fundamentalistas y los humanistas dicen la misma cosa ¿Qué lo podría producir mayor placer, gloria y orgullo a un padre, que ver a su hijo hacer el bien, obtener éxito y desplegar en su totalidad los talentos y habilidades que posee? ¿Se ha sentado usted alguna vez junto al padre de un astro futbolístico en el lapso de un partido? Jesús manifiesta la misma idea cuando nos decía que no deberíamos ocultar nuestra propia luz sino dejarla brillar “y así glorificaríamos a nuestro Padre”. No puedo creer que den “gloria” a Dios aquellos de sus hijos que andan por el mundo exultando las peores expresiones y juramentos, manifestándose como miserables y temerosos de levantar sus cabezas y de “ser alguien”.
Como manifestó el Dr. Leslie Weatherhead: “Si… guardamos en nuestras mentes una representación de nosotros mismos como seres acosados por el miedo y nulidades derrotadas, debemos expulsar esos cuadros mentales y proteger nuestras cabezas de sus malas influencias. Son cuadros falsos, y la falsedad debemos expulsarla de nuestras mentes. Dios nos ve como a hombres y a mujeres con quienes, y a través de quienes puede hacer una labor inmensa. Nos ve como a seres sensatos, confiados y alegres. No nos contempla como a víctimas patéticas de la vida, sino como a maestros del arte de vivir; como a seres que no buscamos la compasión de los otros sino como a individuos que impartimos ayuda a los demás, y, por lo tanto, como a sujetos que cada vez pensamos menos en nosotros mismos y que no somos introspectivos, sino que nos interesamos por todo lo existente y nos manifestamos amorosos, sonrientes y poseídos del deseo de servir… Mirémonos dentro de nosotros, a nuestros seres reales, los cuales emprenden su positivo desarrollo en el momento en que nos ponemos a creer en sus experiencias. Debemos reconocer la posibilidad de cambiar el ser que somos ahora y de creer en el proceso del ser en que vamos a convertirnos. Esa vieja sensación y no menos antigua idea del fracaso y de que no hay nada que valga la pena, entorpecen nuestro desarrollo y debeos rehuirlas inmediatamente. Ello es falso y no debemos creer en nada que constituya una falsedad.” (Leslie D. Weatherhead, Prescription for Anxiety, New York, Abingdon Press.)

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