Cómo aplicar las representaciones mentales para obtener un mejor reposo
EJERCICIO PRACTICO (DEBE SER PRACTICADO TREINTA MINUTOS DIARIOS O MAS TIEMPO):
EJERCICIO PRACTICO (DEBE SER PRACTICADO TREINTA MINUTOS DIARIOS O MAS TIEMPO):
Siéntese cómodamente en un sillón, o extiéndase de espaldas. Deje funcionar conscientemente, y en tanto le sea posible y sin hacer demasiados esfuerzos sobre ellos, los diversos grupos musculares. Centre la atención, también conscientemente, a las diversas partes de su cuerpo y procure relajar las tensiones de las mismas. Hallará que hasta cierto grado podrá siempre y voluntariamente liberarse de la tensión experimentada. Puede cesar de preocuparse y dejar el cerebro en reposo. Podrá disminuir un tanto la tensión de sus mandíbulas. Podrá lograr, así mismo, que sus manos, brazos, hombros y piernas permanezcan en un estado de reposo mayor que el normal. Dedique unos cinco minutos a todo ello y luego cese de supeditarse al control consciente. De aquí en adelante, conseguirá un reposo cada vez mayor, mediante la aplicación de su mecanismo creador, para que éste le proporcione automáticamente el estado de descanso. En pocas palabras, va a aplicar diversas representaciones-objetivos, mantenidas en su imaginación, y va a dejar a su mecanismo automático que alcance para usted estos objetivos o metas.
Cuadro mental número uno
Véase, con “los ojos mentales”, extendido sobre la cama. Fórjese una representación mental de sus piernas como si éstas fuesen de concreto. Véase extendido en el lecho con dos pesadísimas piernas de concreto. Vea estas pesadísimas piernas de concreto hundiéndose en el colchón a causa de su enorme gravidez. Ahora, represéntese las manos y brazos como si estuvieran hechos de concreto. También son sumamente pesados unos y otras y así mismo, se hunden en la cama a causa de la tremenda presión que ejercen sobre ésta. Con “los ojos de la mente” trate de representarse a un amigo que entra en su habitación e intenta alzarle sus grávidas piernas de concreto. Le coge a usted de los pies y trata de levantárselos. Resultan demasiado pesados para sus fuerzas. No puede hacerlo. Repita, inmediatamente después, este mismo ejercicio con los brazos, el cuello, etc.
Cuadro metal número dos
Su cuerpo es un gran muñeco de teatro de polichinelas. Tiene atadas las manos a las muñecas. El antebrazo está atado negligentemente a la parte superior de su antebrazo. Pies, rodillas y muslos hállanse también atados con cuerdas sumamente flojas. Del cuello le pende un débil cordón. Las cuerdas que le sujetan las mandíbulas y los labios se han aflojado tanto que aquéllas le caen libremente sobre el pecho. Las diversas cuerdas que atan las distintas partes de su cuerpo se han debilitado y aflojado a tal extremo que todo su cuerpo se extiende ahora blando y suelto a través del lecho.
Cuadro mental número tres
Su cuerpo se halla compuesto de una serie de globos inflados. Hay a sus pies válvulas abiertas y el aire comienza a escapársele a través de las piernas. Sus piernas comienzan a vaciarse y continúan así hasta quedar convertidas en dos desinflados tubos de goma que se extienden vacíos sobre la cama. En seguida, ábrese una válvula en el pecho, y, en tanto el aire comienza a escapar, su tronco completo inicia el desfallecimiento, quedando en ese estado sobre la cama. Continúe el mismo ejercicio con los brazos, la cabeza y el cuello.
Cuadro mental número cuatro
Mucha gente hallará, mediante este procedimiento, el mayor reposo posible y el mejor medio para liberarse de toda clase de tensiones. Retrotraiga la memoria a alguna escena descansada y placentera de su pasado. Siempre hay un momento en la vida de cualquier individuo cuando éste se sintió liberado de tensiones, descansado y en paz con todo el mundo. Atraiga y recoja, pues de su pasado, su propio cuadro de reposo y trate de evocar, con todos los detalles, las imágenes hayan logrado atraer con su memoria. Pudiera ser esta una escena plácida en el lago de una montaña al que usted iba de pesca. Si es así, cuide poner atención especial a las pequeñas cosas incidentales que solía acontecer en el ambiente. Recuerde las pacíficas ondas del agua. ¿Qué sonidos murmuraban? ¿Oía usted el lento rozar de las hojas de los árboles? Puede ser que usted evoque aquel momento de maravilloso y dulce reposo cuando se hallaba sentado ante una hoguera y dormitaba como sumido en blando y exquisito arrobo. ¿Chisporroteaban los leños? ¿Qué otras imágenes y sonidos había presentes? Puede ser que prefiera recordarse tumbado y reposando suavemente sobre la playa. ¿Qué sentía cuando rozaba su cuerpo con la arena? ¿Podía usted sentir el cálido reposo con que le obsequiaba el sol, como casi un objeto físico, cuando le tocaba el cuerpo? ¿Soplaba acaso la brisa? ¿Sentía las caricias del blando céfiro? ¿Veía volar las gaviotas sobre la playa? Cuantos más detalles incidentales pueda usted rememorar y representarse mentalmente, mayor éxito habrá de conseguir en lo que respecta al estado de reposo necesario para facilitarse la ejecución de ulteriores ejercicios.
La práctica diaria le hará cada vez más claros estos cuadros mentales o rememoraciones. El efecto de aprendizaje se le irá haciendo también acumulativo. La práctica consuetudinaria le reforzará, así mismo, los lazos existentes entre la imagen mental y la sensación física. Conseguirá poco a poco un estado de reposos más eficiente y ello habrá de recordarlo en la práctica de las futuras sesiones.

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