EL SECRETO ESTA EN LA EXPERIMENTACIÓN
La autoimagen se transforma, ya sea para bien o para mal, no sólo por la acción del intelecto, ni por el conocimiento intelectual por sí solos, sino por la “experimentación”. Conscientemente o no, el individuo va formándose su autoimagen a partir de la experiencia creadora que ha vivido en el pasado. En su poder está cambiarla por el mismo método.
No es un niño a quien se le ha enseñado mucho sobre el amor, sino aquél que lo ha experimentado, el que habrá de convertirse en un adulto sano, feliz y bien adaptado. Nuestro actual estado de autoconfianza y equilibrio es el resultado de lo que hemos “experimentado” y no de lo que hemos aprendido intelectualmente.
Además, la psicología de la autoimagen salva los abismos y resuelve los aparentes conflictos entre los diversos métodos terapéuticos que en la actualidad se emplean. Proporciona un denominador común para el consejo directo e indirecto, la psicología clínica, el psicoalnálisis, e incluso la autosugestión. Todos ellos, de una manera u otra, emplean la experiencia creadora para cultivar una autoimagen mejor. Sean cuales fueren las teorías, eso es lo que realmente acontece, por ejemplo, en la “situación terapéutica” empleada por la escuela psicoanalítica: el analista jamás critica, desaprueba o moraliza, ni en ningún momento se escandaliza cuando el paciente vierte ante él sus temores, sus vergüenzas, sus sentimientos de culpa y sus “malos pensamientos”. Tal vez por primera ocasión en su vida, el enfermo experimenta ser aceptado como ser humano; “siente que su ser posee cierto valor y dignidad, y comienza a aceptarse a sí mismo y a concebirse de una manera totalmente distinta.
La autoimagen se transforma, ya sea para bien o para mal, no sólo por la acción del intelecto, ni por el conocimiento intelectual por sí solos, sino por la “experimentación”. Conscientemente o no, el individuo va formándose su autoimagen a partir de la experiencia creadora que ha vivido en el pasado. En su poder está cambiarla por el mismo método.
No es un niño a quien se le ha enseñado mucho sobre el amor, sino aquél que lo ha experimentado, el que habrá de convertirse en un adulto sano, feliz y bien adaptado. Nuestro actual estado de autoconfianza y equilibrio es el resultado de lo que hemos “experimentado” y no de lo que hemos aprendido intelectualmente.
Además, la psicología de la autoimagen salva los abismos y resuelve los aparentes conflictos entre los diversos métodos terapéuticos que en la actualidad se emplean. Proporciona un denominador común para el consejo directo e indirecto, la psicología clínica, el psicoalnálisis, e incluso la autosugestión. Todos ellos, de una manera u otra, emplean la experiencia creadora para cultivar una autoimagen mejor. Sean cuales fueren las teorías, eso es lo que realmente acontece, por ejemplo, en la “situación terapéutica” empleada por la escuela psicoanalítica: el analista jamás critica, desaprueba o moraliza, ni en ningún momento se escandaliza cuando el paciente vierte ante él sus temores, sus vergüenzas, sus sentimientos de culpa y sus “malos pensamientos”. Tal vez por primera ocasión en su vida, el enfermo experimenta ser aceptado como ser humano; “siente que su ser posee cierto valor y dignidad, y comienza a aceptarse a sí mismo y a concebirse de una manera totalmente distinta.

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