La Victoria mediante la rendición
Luego, en sus famosas Conferencias de Gifford, James cita ejemplo tras ejemplo de diversas que trataron, con resultados totalmente insatisfactorios, de liberarse de las ansiedades, las preocupaciones, los complejos de inferioridad, sentimientos de culpabilidad, etc., mediante tremendos esfuerzos conscientes, sólo para hallar que al final obtuvieron el éxito cuando abandonaron la lucha consciente y cesaron de intentar solucionar sus propios problemas mediante el pensamiento consciente. “En estas circustancias –dijo James- el medio para conseguir la felicidad y el éxito, como se ha testimoniado al través de innumerables narraciones personales auténticas es el de… la rendición… la pasividad, no por la actividad sino mediante la relajación de las tensiones, y no por la intensidad de la atención; esa no sería actualmente la regla. Abandone los sentimientos de culpabilidad, resigne la preocupación de su destino en las altas potencias, hágase genuinamente indiferente con respecto a lo que será de todo ello… Sólo trate de proporcionar un descanso a su ser convulsivo y hallará que un Ser mayor está siempre allí. Los resultados, lentos o repentinos –grandes o pequeños- del optimismo combinado a la expectación, los fenómenos regenerativos que siguen al abandono del esfuerzo, quedan siempre registrados como hechos contundentes de la naturaleza humana”. (Willian James, The Varieties of Religious Experience, New York, Longmans, Green and Company).
El secreto del pensamiento creador y de la acción creadora
Prueba el hecho de que cuanto hemos dicho es absolutamente cierto, las diversas experiencias que podemos observar al estudiar las vidas de los escritores, inventores y otras clases de personas dedicadas a trabajos de creación. Todos ellos nos dicen, de manera invariable, que las ideas creadoras no son elaboradas conscientemente por el antecerebro pensante, sino que surgen de manera automática, espentáneamente, algo así como el rayo de una nube, en el instante mismo en el que la mente consciente se aleja del problema y piensa en cualquier otra cosa. Estas ideas creadoras no surgen por casualidad, sino que tienen como origen el pensar conscientemente acerca del problema de que se trata. Todo evidencia que para llegar a la conclusión de percibir una “idea inspiradora” o un “rayo de luz”, es necesario, en primer lugar, que la persona se halle intensamente interesada en la solución de un problema particular o en obtener una respuesta también particular. Debe pensar conscientemente acerca del problema que le interesa, reunir toda la información que pueda sobre el sujeto y tomar en consideración los posibles procesos que ha de seguir la acción. Lo más importante de todo, sin embargo, consiste en que debe tener un ardiente deseo de solucionar el problema. Mas, antes de definir la ecuación, ve en su imaginación el resultado final deseado; debe también asegurarse de todas las informaciones y hechos que pueda. Luego, la lucha adicional –así como la preocupación acerca del problema- no sólo no ayuda, sino que parece contribuir a mantener oculta la solución.
El célebre científico francés, Mr. Fehr, dice que en realidad todas las buenas ideas le acuden al cerebro en el momento en que no está ocupado activamente con un problema determinado, y que la mayor parte de los inventos y descubrimientos de sus contemporáneos fueron hechos cuando éstos se hallaban lejos de sus bancas de trabajo, por así decirlo.
Es suficientemente conocido el hecho de que cuando Thomas A. Edison se sentía turbado por un problema solía acostarse y echarse una pequeña siesta.
Charles Darwin nos relata cómo le vino repentinamente un deslumbramiento intuitivo, luego que durante algunos meses su pensamiento consciente había fracasado en proporcionarle las ideas que necesitaba para su “Origen de las Especies”. Dijo así “Puedo recordar el verdadero punto de mi camino, cuando me hallaba en mi carruaje, y, para mi mayor alegría, se me ocurrió la solución”.
Lennox Riley Lohr, anterior presidente de la “Nacional Broadcasting Company”, escribió cierta vez un artículo en el que relataba cómo se le había ocurrido sus pricipales ideas respecto a los negocios: “Encuentro que las ideas acuden principalmente cuando uno se halla haciendo algo que mantiene la mente alerta sin presionar demasiado sobre ella. Afeitándose, conduciendo un automóvil, o pescando o cazando, por ejemplo. O quizá, también, entreteniéndose con un amigo en una conversación estimulante. Algunas de mis mejores ideas acudieron a mi mente gracias a la información recogida de manera casual y sin ninguna relación con la clase de mi trabajo”. (“Anyone Can Be and Idea Man,” the American Magazine, marzo, 1940).
C. G. Suits, Jefe de Investigaciones de la General Electric, decía que casi todos los descubrimientos de los Laboratorios de Investigación solían presentarse como golpes durante los lapsos de descanso luego de un periodo de intensa actividad del pensamiento y de recolección de hechos.
Bertrand Russell dijo: “He hallado, por ejemplo, que si tengo que escribir sobre algún tópico que presenta serias dificultades, el mejor plan consiste en pensar acerca del mismo con gran intensidad –la mayor intensidad de que soy capaz- por unas cuantas horas o días y, al final de ese periodo, dar órdenes, por así decirlo, de que el trabajo continúe su proceso ‘subterráneamente’. Transcurridos algunos meses retorno conscientemente al tópico y hallo que el trabajo ha sido hecho. Antes de que hubiese descubierto esta técnica solía gastar meses preocupándome en vano por no haber logrado progresos sensibles. Llegué a la solución de que no adelantaría nada preocupándome y, aunque gaste ahora los mismos meses, puedo dedicarme, por lo menos, a otros asuntos”. (Bertrand Russell, The Conquest of Happiness, New York, Liveright Publishing Corporation).

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