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domingo, 25 de octubre de 2009

PSICO-CIBERNETICA -40-


Quédese en estado lánguido y deje que el mecanismo del éxito trabaje para usted.


La palabra TENSIÓN ha llegado a ser popular, recientemente en nuestro lenguaje cotidiano. Incluso llamamos a nuestros la época de la tensión. Las preocupaciones, la ansiedad, el insomnio y las úlceras del estómago, hemos llegado a aceptarlas como parte del mundo en que vivimos.
No obstante, estoy perfectamente convencido de que ello no tendría por qué ser de ese modo.
Podríamos aliviarnos de una vasta serie de cuidados, ansiedades y preocupaciones, solamente con proponernos reconocer la simple verdad de que nuestro Creador nos ha suministrado amplias provisiones para que podamos vivir felizmente, en ésta o en cualquier otra época, y que nos dotó de un mecanismo de creación.
La dificultad consiste en que ignoramos las peculiaridades del mecanismo de creación y tratamos de hacer todo y de solucionar nuestros problemas sólo mediante el pensamiento consciente o la “ideación antecerebral”.
Podríamos comparar el “antecerebro” al “operador” de un cerebro electrónico o a cualquier otro tipo de servomecanismo. Es precisamente con el antecerebro como pensamos en “YO” y percibimos nuestro sentido de la identidad. Es también con el antecerebro con el que ejercitamos la imaginación y nos proponemos los objetivos a perseguir. Empleamos al antecerebro para reunir información, para hacer observaciones, para estimar los datos que se nos suministra y para formar nuestros juicios.
Mas el antecerebro no puede crear. Tampoco puede “hacer” la tarea que debe ser hecha, lo mismo que el operador de un cerebro electrónico tampoco puede “hacer” el trabajo de la máquina de que se halla encargado “hacer” funcionar.
La tarea del antecerebro consiste en proponer los problemas y en identificarlos; pero, por su propia naturaleza, no fue diseñado para solucionarlos.


No sea demasiado escrupuloso

Sin embargo, es precisamente lo que el hombre moderno trata de hacer: solucionar todos sus problemas por medio del pensamiento consciente.
Jesús mismo nos dijo que el hombre no podrá añadir ni una sola pulgada de su estatura con sólo “ponerse a pensar”. El doctor Weiner nos dice que el hombre no puede, inclusive, ejecutar una operación tan simple como lo es la de recoger un cigarrillo de una mesa por medio del pensamiento consciente o de la “voluntad”.
A causa de que el hombre moderno depende casi exclusivamente de su antecerebro, se ha hecho demasiado cuidadoso, se ha llenado de ansiedad y se ha convertido en un ser demasiado lleno de temores con respecto a los “resultados”, y el consejo de Jesús de “no pensar en el futuro”, y de San Pablo de “No cuidarse de nada”, son tenidos hoy como solemnes tonterías carentes de sentido práctico.
No obstante, este es precisamente el consejo que William James, decano de los psicólogos americanos, nos dio hace algunos años. En su pequeño ensayo “El evangelio del descanso” –The Gospel of Relaxation-, nos decía que el hombre moderno se halla en un estado de constante tensión nerviosa y cerebral, que se interesa demasiado por los resultados de cuanto emprende, demasiado lleno de ansiedad (esto lo decía en el año 1899), y que existía un modo de vida más fácil y mucho mejor que éste el de preocuparse excesivamente acerca de todo. “Se deseamos que nuestras series de ideaciones y voliciones sean numerosas, diversas y efectivas, tendremos que forjarnos el hábito de liberarlas de las influencias inhibidoras de la reflexión continua sobre las mismas y de las egoísticas preocupaciones acerca de sus resultados. Tal hábito, lo mismo que otros hábitos, puede ser formado. La prudencia, la duda y los juicios introspectivos, las emociones de ambición y de ansiedad tienen, naturalmente, que desempeñar una parte necesaria en nuestras vidas. Mas trate de confinarlas, tanto como le sea posible, a las circunstancias y las ocasiones en que usted ha de tomar resoluciones de carácter general y decidir con respecto a sus planes de campaña, y trate, desde luego, de apartarse de los detalles particulares. Cuando llega el momento de decidir algo, y la ejecución se halla en el orden del día, descarte en absoluto toda clase de responsabilidades y de preocupaciones acerca del resultado a obtener. Destape, para decirlo con pocas palabras, su maquinaria práctica e intelectual y déjela funcionar libremente y, entonces, el servicio que ésta ha de rendirle será doblemente satisfactorio. (Willian James, On Vital Reserves, Henry Holt and Co., Inc., New York).


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