Ingredientes de la personalidad del “tipo de éxito” y cómo adquirirlos
Exactamente lo mismo que un médico puede descubrir los síntomas de una enfermedad mediante el diagnóstico, también el psicólogo puede diagnosticar, mediante el estudio de las causas, el éxito y el fracaso. La razón consiste en que el hombre no halla simplemente el éxito ni tampoco llega con facilidad al fracaso. La verdad es que lleva consigo las simientes de su personalidad y carácter.
He hallado que uno de los medios más efectivos para ayudar al individuo a adquirir una personalidad adecuada o de “éxito”, consiste antes de todo, en proporcionarle una imagen gráfica del aspecto que tiene la personalidad de éxito. Recuerde que el dispositivo de dirección creadora que poseemos cada uno de nosotros aspira constantemente a alcanzar metas y que el primer requisito para emplearlo consiste en tener una meta o blanco definido y claro a donde poder dispararlo. Mucha gente desea “perfeccionarse” y espera adquirir una “mejor personalidad”, a pesar de no poseer una clara idea de la dirección en que se halla este “mejoramiento” ni tampoco de los atributos e ingredientes de que consta el tipo de “una buena personalidad”. En efecto, este tipo individual es el que nos capacita a desenvolvernos en el ambiente, así como a enfrentarnos a la realidad de manera apropiada, de tal modo que nos ayuda a obtener las debidas satisfacciones por haber logrado alcanzar las metas o fines que considerábamos importantes para nosotros.
Otra vez el tiempo. He visto a algunas personas sentirse infelices y confusas al abandonar sus derroteros cuando les fue dado un blanco al qué disparar y un camino derecho que seguir. Por ejemplo, el cuidadoso señor de apenas cuarenta años que se sentía extrañamente inseguro e insatisfecho inmediatamente luego de haber obtenido un importante ascenso en su carrera.
Los puestos nuevos que ocupemos requieren nuevas autoimágenes
“No tiene ningún sentido –decía este individuo-. He trabajado y soñado por ello. Es precisamente lo que siempre he querido. Sé muy bien que puedo desempeñar este trabajo, y, sin embargo –no sé por qué razón-, siento perturbado mi sentido de la autoconfianza. Me despierto de súbito como de un sueño y comienzo a preguntarme: ‘Qué podría hacer en el mundo un ser insignificante como yo, y, sobre todo, como podría desempeñar un empleo como este?’”. Había llegado a sentir extremada susceptibilidad con respecto a su apariencia y pensó que quizás la causa de su molestia pudiera consistir en su “débil barbilla”. No parezco un director de negocios, se decía. Pensó, entonces, que la cirugía plástica podría proporcionarle la resolución a su problema.
Me enfrenté también con el ama de casa a quien los niños “la estaban poniendo loca” y cuyo marido la irritaba tanto que se sentía aburrida de él, por lo menos una vez a la semana, y ello sin ninguna causa. “¿Qué me ocurre? –se preguntaba-. Mis niños son realmente unos chicos guapos y me debieran producir orgullo. Mi marido es también un hombre atractivo y siempre me avergüenzo de él”. Sentía que un arreglo del rostro le podría proporcionar mayor confianza y hacer “que la apreciara más su familia”.
Las dificultades con que se enfrentan esta clase de personas, y otras como ellas, no consiste en la apariencia física de las mismas, sino en sus autoimágenes. Se hallan desempeñando un nuevo papel y no están seguras de la clase de personas que se suponen ser para vivir y comportarse de esta nueva forma, o quizá nunca han desarrollado dentro de sí una clara autoimagen de cualquiera de los papeles que desempeñan en la vida.
La imagen del éxito
En este Capítulo voy a prescribirle al lector la misma “receta” que le daría si viniera a mi consultorio.
He hallado que una imagen de la personalidad de éxito fácil de recordar se halla contenida en las mismas letras que componen la palabra SUCCESS (ÉXITO).
“El Tipo de la Personalidad de Éxito” se halla compuesto de:
S-ense of direction (Sentido de dirección)
U-nderstanding (Comprensión)
C-ourage (Valor)
C-harity (Caridad)
E-steem (Estimación o apreciación)
S-elf Confidence (Autoconfianza o confianza en sí mismo)
S-elf Acceptance (Autoaceptación o aceptación de sí mismo)
1. SENTIDO DE LA DIRECCIÓN
En cauto ejecutivo “que abandonó sus propios derroteros” y que, en poco tiempo, tornó a conquistar la confianza de sí mismo, cierta vez vio con claridad que durante varios años había sido impulsado a trabajar por fuertes metas a que quería apuntar y atacar incluyendo la seguridad personal de que disfrutaba en el presente. Estos fines, que consideraba tan importantes para el desarrollo de su propia vida, le mantuvieron firme en la ruta que dirigía hacia la consecución de los mismos. No obstante, una vez que hubo conseguido el ascenso, cesó de pensar en los términos de lo “que deseaba” para pasar a pensar en los términos de lo que los otros esperaban de él, o sea, que se puso a vivir para adaptarse a los fines y estándares de vida de otros individuos. Se sentía como el patrón de una pequeña nave que hubiera abandonado el timón y, sin embargo, esperase seguir la orientación correcta. Hallábase también en la disposición del alpinista que en tanto miraba al pico que deseaba escalar se sentía y se comportaba valerosa y audazmente, pero, al alcanzar la cumbre, considera que ahora ya no tiene a dónde seguir, comenzando, entonces, a mirar hacia abajo y a sentir el vértigo. Estaba, pues, ahora, actuando a la defensiva, defendiendo su presente puesto, mucho más que desempeñándose como un luchador que pretende alcanzar un fin y pasa a la ofensiva apuntando a la meta que se propuso. Obtuvo sólo el dominio de sí mismo cuando se decidió a seguir nuevas metas y comenzó a pensar en términos que éstas requerían: “¿Qué voy a conseguir con este nuevo empleo? ¿Qué deseo alcanzar? ¿a dónde quiero ir?”
“Funcionalmente, el hombre se parece a una bicicleta –le dije-. Una bicicleta se mantiene en equilibrio en tanto se la lleva hacia algún lugar. Usted posee, pues, una buena bicicleta. La dificultad consiste en que está tratando de guardar buen equilibrio, sentado todavía en ella, y, sin embargo, no se ha fijado de antemano el nuevo lugar a que desea ir. No me asombra que se sienta lleno de confusiones”.
Los seres humanos “hemos sido construidos” como sujetos-mecanismos que luchan para conquistar ciertas metas o fines. Usted también ha sido hecho de esta manera. Cuando no estamos interesados en alcanzar un fin personal que signifique algo para nosotros, nos disponemos “a andar en círculos”, a sentirnos “perdidos” y hallarnos sumergidos en una vida sin objetivos y sin propósitos. Hemos sido hechos para conquistar el ambiente, solucionar problemas, perseguir objetivos, etc., y no hallamos en la vida verdadera satisfacción y felicidad si no tenemos obstáculos que superar y anhelos que satisfacer. La gente que suele decir que la vida no vale la pena de vivirla, o que no vale nada, son individuos que se están diciendo a sí mismos que sus objetivos personales no tienen valor alguno.
Receta: Propóngase un objetivo que le valga la pena de alcanzarlo. Mejor aún, proyecte algo que hacer. Decida cuándo quiere abandonar una situación determinada. Enfréntese siempre con algo “que le lleve hacia delante”, algo en que confíe y por lo que tenga que luchar. Mire hacia delante, nunca hacia atrás. Desarrolle eso que los fabricantes de automóviles llaman “el aspecto de vanguardia”. Procure cultivar “la nostalgia del futuro” en vez de la del pasado. El “aspecto de vanguardia” y la “nostalgia del futuro” habrán de conservarle joven. Inclusive su cuerpo deja de funcionar bien cuando usted cesa de ser un “perseguidor de objetivos” y “no tiene nada por qué mirar hacia delante”. Esta es la razón por la que con frecuencia se mueren algunos hombres poco después de haberse retirado del trabajo o de sus negocios. Cuando no tienen fines que le interese perseguir y no mira hacia delante, en realidad, “ya ha dejado de vivir”. Además de las metas puramente personales, procure también desarrollar alguna de carácter impersonal, o sea, una “causa” con qué identificarse. Interésese en algún proyecto con el que pueda ayudar a su prójimo, no como algo dictado por su sentido del deber, sino porque usted lo quiere.
2. COMPRENSIÓN
El sentido de la comprensión depende de una buena comunicación. La comunicación es vital para cualquier sistema de guía o computador. No podrá reaccionar con propiedad si la información de que dispone es falsa o errónea. Muchos médicos creen que la confusión constituye el elemento básico que genera la neurosis. Para que podamos atacar algún problema real tenemos que disponer, por lo menos, de una ligera comprensión acerca de nuestra verdadera naturaleza. La mayor parte de los fracasos, en cuanto respecta a las relaciones humanas, débense a “los conceptos erróneos” que poseemos acerca de lo que estamos tratando.
Esperemos que otras personas reaccionen, respondan y lleguen a idénticas conclusiones que nosotros con respecto a una misma serie de hechos y de circunstancias. Deberíamos recordar lo que hemos dicho en un capítulo precedente: “nadie reacciona a las cosas ‘como ellas son’, sino a sus propias imágenes mentales”. La mayor parte del tiempo, la reacción de otra persona o la posición que adopta con respecto a nuestra respuesta y postura no la produce por el simple objeto de hacernos sufrir, tampoco por cabezonería ni malicia, sino simplemente porque comprende e interpreta la situación de manera distinta a la nuestra. Responde apropiadamente a lo que a ésta –a él o ella- le parece ser la verdad. La confianza que otorguemos con respecto a la sinceridad de las otras personas, considerándolas más bien equivocadas que maliciosas, puede hacer mucho para allanar las relaciones humanas y producir mejor comprensión entre la gente. Pregúntese: “¿Cómo habré de parecerle a él? ¿Cómo podrá interpretar esta situación? ¿Cómo se irá a sentir acerca de ello?” Procure comprender, por último, “cómo puede él comportarse de esa manera”.
El hecho contra la opinión
Muchas veces producimos confusión cuando solemos añadir nuestra propia opinión a los hechos y llegamos a conclusiones equivocadas. HECHO: un marido tamborilea con sus nudillos sobre la mesa. OPINIÓN: la esposa cree que lo hace sólo para molestarla. HECHO: el esposo se escarba los dientes después de la comida. OPINIÓN: la esposa concluye: “Si guardara hacia mí algún miramiento, procuraría enmendar sus maneras”. HECHO: Dos amigos están susurrándose algo cuando usted llega a donde están ellos: Ambos cesan de hablar al momento y tienen aspecto embarazado. OPINIÓN: “Deben haber estado murmurando de mí”.
El ama de casa mencionada, anteriormente debiera haber comprendido que las molestas maneras de su marido no habían sido deliberadamente manifestadas para molestarla. Cuando ésta cesó de reaccionar como si no hubiera sido ofendida personalmente, fue capaz de detenerse a analizar la situación y seleccionar una respuesta apropiada.
Trate de ver la verdad
Con cierta frecuencia solemos deformar los datos de nuestras sensaciones internas por medio de los temores, las ansiedades o los deseos. Mas para que podamos llegar a un conocimiento real del ambiente, debemos tratar de reconocer la verdad acerca del mismo. Sólo cuando comprendemos cómo es éste, podemos reaccionar en forma adecuada. Debemos ser capaces de ver la verdad y aceptarla tanto si es buena como si es mala. Bertrand Russell dijo que la única razón de que Hitler perdiera la segunda Guerra Mundial consistió en que no logró comprender el todo de la situación con que se enfrentaba. Los portadores de malas noticias eran castigados. Muy pronto nadie se atrevía a decirle la verdad. Así, pues, sin conocer la verdad, tampoco podía tomar medidas a propósito de ella.
Muchos de nosotros somos individualmente culpables del mismo error. No nos gusta admitir nuestros propios errores, faltas y defectos o incluso admitir simplemente que hemos estado equivocados. No nos gusta reconocer que una situación dada es distinta a como quisiéramos que fuese. Luego persistimos en mantener los rasgos de nuestros caracteres infantiles. Y, naturalmente, debido a que no vemos o no queremos ver la verdad, no podemos actuar de manera adecuada. Alguien ha dicho que sería un buen ejercicio que nos dedicásemos a tratar de admitir diariamente algún hecho doloroso acerca de nosotros mismos. La personalidad de tipo de éxito no sólo no engaña a las otra gentes, sino que enseña a ser honestos consigo mismos. Lo que llamamos sinceridad se halla basado en la autocomprensión y la honradez individuales. No puede ser sincero el hombre que se miente a sí mismo “raciocinando o se dice “mentiras racionales”.
Receta: Trate de hallar y averiguar la información verdadera que ataña a sus problemas, al prójimo o a la situación en que se encuentra, ya sean buenas o malas noticias. Adopte la consigna que dice: “No importa quién tiene razón, sino lo que está bien”. Un sistema automático de dirección corrige el curso de los datos negativos que se le hayan suministrado al “feed-back” y reconoce los errores con el objeto de corregirlos y de permanecer sobre su curso. Así debe hacer también usted. Admita sus faltas y errores, pero no se lamente acerca de ellos. Corríjalos y prosiga su camino. Al tratar con otra persona, procure comprender el punto de vista que ésta le manifiesta tan objetivamente con el de usted mismo.
3. EL VALOR
Comprender la situación en que se halla y disponer de un fin que perseguir, no es lo suficiente para el logro de la felicidad. Debe tener también el valor de actuar, ya que sólo mediante la acción se pueden transformar en realidades los fines que perseguimos, así como los propios deseos y las creencias.
La consigna personal del almirante William F. Halsey consistía en la siguiente cita de Nelson: “Ningún capitán podrá cometer un error demasiado considerable si enfrenta a su nave con la del enemigo” “La mejor defensa consiste en una buena ofensiva –decía Halsey-, éste es un principio militar, mas su aplicación es más amplia que la misma guerra. Todos los problemas, ya sean de carácter personal, nacional o de combate, se hacen más pequeños si no los abandonamos, sino, al contrario, nos enfrentamos a ellos. Toque un cardo tímidamente, y le pinchará; agárrelo con audacia, y le aplastará usted las espinas”. (William Nichols, Words to Live By, Simon and Schuster, New York).
Alguien ha dicho que la Fe no consiste en creer en algo que vemos de modo evidente: el VALOR de emprender cualquier cosa sin tener en cuenta las consecuencias.
¿Por qué no apostar sobre sí mismo?
Nada existe en el mundo que sea absolutamente cierto o que pueda garantizarse. Con frecuencia, la diferencia existente entre un hombre que tuvo éxito y otro que fracasó, no consiste en que aquél poseyera más capacidad o ideas, sino en el valor que este último impuso a sus ideas para la adopción de un riesgo calculado y actuar con arreglo al mismo.
Pensamos casi siempre en el valor remitiéndonos a los hechos heroicos que tienen lugar en el campo de batalla, en un naufragio o en una crisis parecida. Mas la vida diaria también requiere valor si queremos hacerla eficiente.
Todavía más, el fracaso al actuar hace que la gente que se enfrenta con un problema se ponga nerviosa, se sienta “intimidada”, “como cogida en una trampa” e inclusive puede conducirla a toda una serie de miedos fisiológicos. Suelo decirle a esta clase de gente: “Estudie la situación profundamente, procure imaginarse los diversos procesos de cada una de las posibles maneras de actuar y las distintas consecuencias que deben y pueden surgir de cada proceso. Siga el camino que más le prometa y vaya hacia delante. Se espera hasta que esté absolutamente cierto y seguro del camino que debe emprender antes de ponerse a actuar, usted nunca podrá hacer nada. Cada vez que actúe puede equivocarse. Cualquier decisión que haga puede ser la equivocada. Pero no debemos permitir que ello nos detenga en la búsqueda del fin propuesto. Debemos tener el valor de arriesgarnos a cometer errores a diario, arriesgarnos a fracasar y también a recibir algunas humillaciones. Un paso en la dirección equívoca vale más que quedarse detenido en el mismo punto durante toda la vida. Una vez que haya emprendido el camino, podrá corregirlo en cualquiera de los puntos en que se halle mientras prosigue andando. Su sistema automático de guía no podrá dirigirle en tanto se queda detenido en constante duda.”.

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