Como aprender a adquirir el hábito de la felicidad
Nuestra autoimagen y hábitos tienden a guardar estrecha relación entre sí. Transforme aquella, y éstos habrán de experimentar un cambio automático. El vocablo “hábito” posee el sentir original de adorno o vestido. Todavía hablamos de “vestir los hábitos” cuando nos referimos a ciertas prendas del vestuario humano. Esta expresión nos proporciona una comprensión más profunda acerca de la verdadera naturaleza del hábito. Los hábitos son, pues, literalmente las prendas que usamos para revestir nuestras personalidades. No son accidentales o circunstanciales. Los tenemos porque se acomodan a nuestras personas. Participan de nuestra autoimagen y de nuestra completa forma de la personalidad. Cuando consciente y deliberadamente desarrollamos mejores y nuevos hábitos, nuestra autoimagen tiende a abandonar los viejos hábitos y a desarrollarlos dentro de la transformación que experimenta nuestra nueva personalidad.
Puedo ve diversos pacientes haciendo gestos exagerados cuando les menciono la transformación de las normas habituales de la conducta, o, por otra parte, exagerando las normas del nuevo comportamiento hasta lograr que éstas devengan automáticas. Estos confunden los “hábitos” con la “sumisión” a las sugerencias. La sumisión es algo a que el individuo se siente compelido causándole severos síntomas de retirada. El tratamiento de la sumisión está más allá de los alcances de este libro.
Los hábitos, por otra parte, constituyen meras reacciones y respuestas que hemos aprendido a ejecutar automáticamente sin tener que pensarlas o decidirlas. Son ejecutados por nuestro mecanismo de la creación.
Todo un noventa y cinco por ciento de nuestra conducta, sentimientos y reacciones es habitual.
El pianista no decide qué teclas debe golpear. El bailarín no decide qué pie ha de mover. La reacción es automática y no pensada.
Del mismo modo nuestras actitudes, emociones y creencias tienden a hacerse habituales. En el pasado aprendimos que ciertas actitudes, así como ciertos modos de sentir y de pensar fueron “apropiados” con respecto a ciertas situaciones. Ahora tendemos a pensar, sentir y actuar del mismo modo en donde quiera que encontremos lo que interpretamos como “la misma clase de situación”.
Lo que necesitamos comprender es que estos hábitos, a diferencia de las sumisiones, pueden ser modificados, transformados o revertidos, solamente tomándonos el trabajo de hacer una decisión consciente y luego mediante la práctica de la nueva forma de responder o la nueva conducta. El pianista puede decidir conscientemente golpear a otra tecla si así lo prefiere. El bailarín puede conscientemente decidirse a aprender un nuevo paso de danza, y ello no se manifestará ningún sentimiento de ansiedad. Ello sólo requiere constante observación y práctica hasta que el modelo de la nueva conducta haya sido profundamente aprendido.
EJERCICIO PRACTICO
Habitualmente, usted se pone primero ya sea el zapato del pie derecho o el del pie izquierdo. Habitualmente, se ata los zapatos ya sea pasando el cordón desde la mano derecha a la mano izquierda o viceversa. Mañana por la mañana determine qué zapato debe ponerse primero y cómo va a atárselos. Ahora, decida que por los siguientes veintiún días va a tratar de formarse un nuevo hábito poniéndose primero el otro zapato y va a atárselos de diferente manera. Ahora, cada mañana cuando se haya decidido a ponerse los zapatos de una manera determinada, deje que este simple acto le sirva como un recuerdo para transformarse otros modos habituales del pensamiento, de la conducta y del sentimiento a través de un día. Dígase en tanto se ata los zapatos: “Voy a comenzar el día comportándome de un modo nuevo y mejor”. Luego, decida conscientemente que durante todo el día:
1. Estaré tan alegre y contento como me sea posible.
2. Voy a tratar de sentir y comportarme un poco más amistosamente con respecto al prójimo.
3. Voy a ser un poco menos crítico y un poco más tolerante con respecto a las faltas, las equivocaciones y los errores de las otras personas. Trataré de hacer la mejor interpretación posible de sus acciones.
4. En tanto me sea posible voy a comportarme como si el éxito fuera seguro y que ya poseo la clase de personalidad que quisiera tener. Voy a practicar “el comportarme así” y “el sentir así” de esta nueva personalidad.
5. No voy a permitirme una opinión propia, ya sea de modo negativo o positivo, con respecto al color de los hechos.
6. Voy a practicar el sonreír tres veces al día por lo menos.
7. Independientemente de lo que acontezca, voy a tratar de reaccionar en forma tan calmada e inteligente como me sea posible.
8. Trataré de ignorar completamente, y así mismo trataré de cerrar la mente a todos esos “hechos” pesimistas y negativos que no pueda cambiarlos en absoluto.
¿Es simple todo esto? Sí. Pero cada uno de los modos habituales de comportarse arriba mencionados, como también de sentir y de pensar tendrán una influencia benéfica y constructiva con respecto a su propia autoimagen. Trate de practicarlas durante veintiún días seguidos. “Experiméntelas” y observe si las preocupaciones, los sentimientos de culpabilidad y hostilidad no han disminuido y si la confianza no le ha ido en aumento.

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