6. AUTOCONFIANZA (LA CONFIANZA EN SI MISMO)
La experiencia del éxito produce la confianza. Cuando iniciamos una empresa cualquiera, lo más probable es que nos sintamos poco confiados con respecto a la misma ya que no hemos aprendido por experiencia propia cómo vamos a conseguir el éxito. Este es un principio verdadero en lo que concierne a aprender a montar en bicicleta, a hablar en público o a practicar la cirugía. Es absolutamente cierto que el éxito conduce al éxito. Inclusive un pequeño éxito puede ser empleado como el primer paso que damos en el camino que ha de llevarnos a otro éxito mayor. Los mánagers de los boxeadores se muestran sumamente cuidadosos en escogerles a sus pupilos una serie de combates graduados para que éstos vayan adquiriendo, a través de una carrera de éxitos, la experiencia que necesitan. También nosotros podemos emplear la misma técnica: comenzar a experimentar –por grados- el éxito en pequeña escala.
Otra técnica importante consiste en formarnos el hábito de recordar los éxitos del pasado y olvidar los fracasos. Este es el medio con el que tanto el computador electrónico como el cerebro humano parecen operar. La práctica mejora la habilidad en el juego de básquetbol, golf, etc., lo mismo que en el arte de la venta, y ello no porque la repetición tenga algún valor en sí misma. Esta hace que aprendamos de los errores más que de los aciertos. Una persona que se halla aprendiendo el hockey perderá el golpe muchas más veces que logre acertarlo. Si el mejoramiento de la habilidad considera en la mera repetición, la práctica de la misma la haría mejor experto con respecto a la obtención de golpes acertados conforme practicase más. Sin embargo, aunque las pérdidas de golpes puedan hallarse en la proporción de diez por un golpe acertado, a través de la práctica las pérdidas disminuyen gradualmente y los hits se consiguen con mayor frecuencia. Ello es debido a que el computador que existe en el cerebro recuerda y enfatiza los intentos mediante los cuales se obtuvo el éxito apetecido, así como olvida golpes fracasados.
Este es el medio por el cual, lo mismo el computador electrónico que nuestro propio mecanismo del éxito, aprenden a obtener lo que se proponen.
Bien, ¿mas que hacemos la mayoría de nosotros? Destruimos nuestra autoconfianza al recordar los fracasos del pasado y al olvidar todo lo que concierne a los éxitos que obtuvimos en tiempos anteriores. Además, no sólo recordamos los fracasos, sino que también los imprimimos con emoción en nuestras propias mentes; luego, nos condenamos a nosotros mismos. Nos ahogamos en la vergüenza y el remordimiento (ambas emociones son de carácter egotista e introvertido), y así logramos que desaparezca la confianza dentro de nosotros.
No importa cuántas veces haya fracasado en el pasado. Lo que interesa es que intentemos conseguir el éxito, el cual debe ser recordado, enfatizado y hacer que more dentro de nosotros. Charles Kettering ha dicho que cualquier joven que quiera ser un científico debe estar dispuesto a fracasar noventa y nueve veces antes de obtener el éxito apetecido, y, sin embargo, debe procurar que estas fallas no le causen daño alguno.
Receta: Procure emplear los errores y equivocaciones como un medio para aprender; luego vaya menospreciándolos en su mente. Recuerde y grábese en la mente, de manera deliberada, los éxitos que alcanzara en el pasado. Todos los individuos han obtenido algún éxito en alguna vez. Especialmente, cuando comience una nueva tarea procure evocar los sentimientos que experimentó en algún éxito del pasado, no importa lo pequeño que éste haya sido.
El Dr. Winfred Overholser, Superintendente del Hospital de St. Elizabeth, manifestó que la evocación de los momentos en que actuamos con valentía es un medio excelente para recuperar la autoconfianza; que mucha gente tiende a borrar todas las buenas memorias por haber recibido del destino uno o dos golpes desafortunados. Si procuramos revivir sistemáticamente en la memoria todos los buenos momentos que vivímos, dice, nos hallaremos sorprendidos al descubrir que poseemos mucho más valor del que pensamos. El Dr. Overholser recomienda la práctica de revivir los recuerdos de nuestros éxitos y de los instantes de valentía de nuestro pasado como una ayuda imponderable para hacer reaccionar bien a nuestra autoconfianza, cualquiera que sea el caso o el acontecimiento que pueda perturbarla.
7. LA AUTOACEPTACION
No es posible la obtención del éxito ni de la felicidad genuina sin que la persona desarrolle en sí misma cierto grado de autoaceptación. Los sujetos más desgraciados y que más se torturan en todo el mundo son los que se están quejando en forma continua, para convencerse a sí mismos y a los demás de que ellos son básicamente distintos a como se manifiestan. No hay nada que alivie y satisfaga tanto como cuando el sujeto se desprende, finalmente, de todas sus pretensiones y se dispone a ser él mismo. El éxito que procede de las meras palabras de uno, elude con frecuencia a los individuos que se preocupan demasiado de la lucha por ser alguien, produciéndose en cambio, casi siempre, cuando la persona cesa de preocuparse y se halla dispuesta a descansar y “a ser ella misma”.
El camino de la autoimagen no tiene que ver nada con la transformación del ser individual o con el mejoramiento del mismo sino que, al cambiar éste su propia imagen mental, transforma también su propia estimación, la concepción y las creencias de ese ser suyo. Los asombrosos resultados que siguen al desarrollo de una “autoimagen” realista y adecuada, se producen no como resultado de la autotransformación sino por la autoconfianza y la autorrevelación. Su ser interno, ahora mismo, es lo que siempre ha sido y todo lo podrá ser siempre. Usted no lo ha creado, tampoco lo podrá cambiar. Usted puede, sin embargo, reconocerle su propia naturaleza y hacer lo que más pueda respecto a lo que ya es, mediante la obtención de un grabado mental de su ser auténtico. Luego no tiene por qué tentarse con ser alguien. Usted es como es ahora. Es alguien no a causa de que haya ganado un millón de dólares o conduzca el automóvil más grande de toda su calle o porque gane el bridge, sino por que Dios le creó a su propia imagen y semejanza.
La mayoría de nosotros somos mejores, más sabios, fuertes y competentes ahora de lo que creemos. La creación de una autoimagen mejor no tiene que ver nada con que nos creemos nuevas capacidades, talentos o fuerzas, sino en desempeñar y en emplear adecuadamente las que poseemos.
Podemos transformar la personalidad, pero no el ser básico. La personalidad es como una herramienta, un utensilio, un punto focal del ser que empleamos en nuestros tratos con el mundo; constituye la suma total de nuestros hábitos y actitudes y las habilidades aprendidas que empleamos como método de expresión de nosotros mismos.
Uno mismo no es su error ni su equivocación
La autoaceptación significa que tenemos que ponernos de acuerdo ahora con nosotros mismos y aceptarnos como somos con todas nuestras faltas, debilidades, defectos y errores, y también con nuestras disponibilidades y fuerzas. La autoaceptación es más fácil de adquirir, sin embargo, si confiamos en que todos esos rasgos negativos de “nos pertenece a nosotros” no son nuestros. Muchas personas rehuyen la saludable autoaceptación al insistir en identificarse a sí mismas con sus errores. Se puede haber cometido un error, pero ello no significa que uno sea el error mismo. Puede ser que un individuo determinado no se pueda expresar con propiedad y a su entera satisfacción, más ello no tiene que implicarse con el concepto de que uno “no es bueno”.
Debemos ser capaces de reconocer nuestros errores y defectos antes que intentemos corregírnoslos.
El primer paso que ha de llevarnos al logro del autoconocimiento consiste en reconocer las áreas del mismo que ignoramos. El primer paso que nos conduce a la fuerza consiste en el reconocimiento de que somos débiles. Por otra parte, todas las religiones manifiestan que el primer paso hacia la salvación reside en que reconozcamos que somos pecadores. En el viaje que nos ha de conducir a la meta de la autoexpresión ideal, debemos emplear los datos negativos almacenados en el feed-back con el objeto de corregir el camino que seguimos como en cualquier otra situación en que nos hallamos persiguiendo un fin determinado.
Ello requiere que admitamos y aceptemos el hecho de que nuestra personalidad, autoexpresión, o lo que algunos psicólogos llaman el “se real” es siempre imperfecto y no abraza a todo el ser interno.
No existe nadie en el mundo que en el transcurso de la vida alcance a expresar completamente las potencialidades del ser real. Nuestro ser real y nuestra autoexpresión nunca llegan a agotar las diversas posibilidades y fuerzas de que están dotados: sólo pueden aprender más, a actuar y a conducirse mejor. El ser real es necesariamente imperfecto. A través de la vida, se mueve constantemente en la dirección que le lleva hacia un objetivo ideal, mas nunca habrá de poder alcanzarlo. El ser real no es sujeto estático, sino dinámico. Jamás logra formarse por completo, sino que siempre se halla en estado de desarrollo.
Es importante, entonces, que aprendamos a aceptar al ser real con todas sus imperfecciones, ya que es el único vehículo de que disponemos “para viajar por la vida”. Los neuróticos rechazan el ser real y lo odian por todas sus imperfecciones. En su lugar procuran crearse uno, autoideal y ficticio, que es casi perfecto y “casi ha alcanzado la meta”. Tratar de mantener el engaño y la ficción no constituye sólo una terrible tendencia mental, sino que también ello invita al individuo a la frustración y a la desilusión, sobre todo, cuando éste trata de operar en un mundo real con un “Yo” totalmente ficticio. Puede ser que una diligencia no constituya el medio más favorable de transporte, mas una diligencia real podrá conducirnos de costa a costa mucho mejor y más satisfactoriamente que un “Jet” ficticio.
Receta: Procure aceptarse tal como es y comience con ello el tratamiento. Aprenda a aceptarse emocionalmente las imperfecciones que posea. Es necesario que reconozcamos intelectualmente nuestros propios defectos, pero también debemos evitar el desastre de odiarnos a causa de los mismos. Establezca la diferencia que exista entre el ser y la conducta. “Usted” no es una ruina ni un sujeto sin valor porque haya cometido alguna que otra falta o se haya desviado de su camino, exactamente igual que tampoco queda sin valor una máquina de escribir “porque haya cometido un error ortográfico” o un violín “que haya falseado una nota”. No se odie por no ser perfecto. Usted posee muchas disposiciones. Nadie es perfecto y quien pretende que lo es engaña ingenuamente a sí mismo.
Usted es alguien ahora mismo
Mucha gente se odia y muestra repugnancia hacia su persona debido a que siente y experimenta deseos biológicos perfectamente naturales. Otros sujetos se repugnan porque, debido a sus proporciones físicas, no se creen iguales a los patrones corrientes de la moda. Recuerdo la década del año 1920 en adelante, cuando muchas mujeres se sentían avergonzadas de poseer pechos grandes. Estaba en boga entre las muchachas la figura del mancebo y los pechos constituían tabú. Hoy muchas mujeres se llenan de ansiedad por no poseer un busto de cuarenta pulgadas. Durante los años veinte muchas mujeres solían acudir a mi consultorio y decirme así: “Hágame algo que reduzca el volumen de mis pechos”. Hoy la petición es esta: “Haga lo que sea para aumentar el tamaño de mi busto”. Esta rebusca de la identidad, este deseo de parecerse a todo el mundo, esta urgente necesidad de ser alguien es universal, pero estamos equivocados cuando la buscamos de conformidad y con la aprobación de las otras gentes, y, además, casi siempre en los aspectos materiales. Nuestro cuerpo es un don de Dios. El individuo sólo es un punto entre otros puntos. Mucha gente se dice a sí misma: “A causa de que soy flaco, gordo, bajo, demasiado alto, etc., no soy nada en realidad”. Procure decirse lo siguiente, en vez de lo anterior: “Puede que no sea perfecto, quizá tenga defectos y debilidades, puede ser que salga del tipo común, quizá tenga que emprender un camino muy largo, pero soy algo y alguien, y voy a hacer todo lo que me sea posible de ese alguien y de ese algo”.
Es precisamente, el joven de poca fe quien suele manifestar: “No soy nadie ni nada”. Comentaba Edward W. Bok.: “Es el joven que posee una verdadera concepción de la vida quien afirma: “Soy todo y voy a demostrarlo”. Ello no se refiere al egoísmo, y si hay gente que piensa así debemos dejarla pensar de esa manera. Nos basta con saber que ello significa fe en sí mismo, verdad y confianza, la expresión humana que tenemos de Dios dentro de nosotros. Dice: ‘Hago mi trabajo’. Ve y hazlo. No importa como sea: hazlo, pero ejecútalo con celo, con gusto suficiente para superar los obstáculos y alejar de ti la falta de valor y la carencia de entusiasmo”.
Acéptese. Sea usted mismo. Nunca podrá percibir las potencialidades y posibilidades inherentes en ese algo especial y único que es USTED si se da la espalda a sí mismo, se siente avergonzado o, al odiarse, rehusa reconocerce.
Capítulo Noveno
El mecanismo del fracaso:
Cómo hacer que opere en su favor en vez de que funcione en su contra
Las calderas de vapor tienen medidores de presión que muestran cuando ésta alcanza un punto peligroso. Cuando reconocemos el peligro en potencia, debemos emprender la acción correctiva, salvando así nuestra seguridad. Las calles sin salida o los callejones ciegos y los caminos en que se cierra el paso pueden producirle varios inconvenientes y retrasarle la llegada a su destino en el caso que no tengan marcada una señal fácil de reconocer que indiquen lo que son. No obstante, si logra leer las señales y emprende la acción correctiva apropiada la enfrentarse con callejones sin salida, ello le puede ayudar a alcanzar su destino con mayor facilidad y eficiencia.
El cuerpo humano posee su propia luz roja y sus “señales de peligro” a las cuales llaman los médicos “síntomas” o “síndromes”. Los pacientes tienden a mirar los síntomas con cierta malevolencia: una calentura, un dolor, etc., es siempre algo “malo”. En efecto, estas señales negativas funcionan en propio beneficio del paciente si éste las interpreta por lo que realmente son y emprende la acción correctiva necesaria. Son, en verdad, los medidores de presión y las luces rojas que nos ayudan a que mantengamos la salud del cuerpo. El dolor de la apendicitis puede parecer “malo” al paciente, pero en realidad opera a favor de su sobrevivencia pues si éste no sintiera dolor no se dispondría a que le extirpasen el apéndice.
El tipo de personalidad de fracaso también tiene sus síntomas. Necesitamos ser capaces de reconocer en nosotros mismos estos síntomas de fracaso de tal modo que podamos hacer algo acerca de ellos. Cuando aprendemos a reconocer ciertas tendencias personales como típicas señales del fracaso, éstos síntomas actúan automáticamente como datos negativos de la retroacción y, entonces, la guía auxiliar nos desvía del camino que conduce a las realizaciones creadoras. Sin embargo, no necesitamos solamente hacernos conscientes de ellas. Todo el mundo las siente. Necesitamos, pues, reconocerlos como “indeseables”, como cosas que no queremos y lo más importante de todo consiste en que nos convenzamos profunda y sinceramente de que estas cosas no conducen a la felicidad.
Nadie se halla inmune ante estos sentimientos y actitudes negativos. Incluso las personas de mayor éxito suelen experimentarlos de vez en cuando. Lo más importante consiste en reconocerlos por lo que son en sí mismos y en que emprendamos la debida acción positiva para corregir el curso de los mismos.
La imagen del fracaso
También hallado que los pacientes pueden recordar estas señales negativas de la retroacción, o sea lo que denomino “el mecanismo del fracaso”, cuando se les asocian a las letras que forman la palabra Failure = fracaso-disparate-desliz o defecto. Estas letras son las siguientes:
F-rustration, hopelessness, futility = Frustración, desesperanza, futilidad.
A-ggressiveness (misdirected) = Agresividad (mal dirigida).
I-nsecurity = Inseguridad.
L-onelines (lack of “oneness”) = Soledad (carencia de unidad con la gente).
U-ncertainty = Incertidumbre.
R-esentment = Resentimiento.
E-mptiness = Vaciedad, o, en este caso, sensación de vaciedad.
La comprensión conduce a la cura
A nadie le gusta permanecer quieto, con deliberad premeditación, cultivando estos defectos y decidiendo desarrollar estas tendencias negativas por el solo gusto de sentirse perverso. Eso no acontece. Tampoco estas tendencias indican la imperfección de la naturaleza humana. Cada una de estas tendencias negativas fueron adoptadas originalmente por el individuo como “medio” de resolver alguna dificultad o problema. Las adoptamos a causa de que las vemos equivocadamente como un “medio” que nos ayuda a salir de alguna dificultad. Poseen, pues, sentido y propósito, aunque éstos se basan en la premisa errónea. Constituyen un “modo” o “medio de vida” para nosotros. Recuerde que una de las más fuertes necesidades de la naturaleza humana consiste en reaccionar adecuadamente al medio en que vivimos y a los problemas que se nos presentan. Podemos curar estos síntomas del fracaso, no por la fuerza de la voluntad, sino por la comprensión, por la capacidad que tengamos de “ver” que no operan positivamente y que son inapropiadas para un buen desarrollo de la personalidad. La verdad puede liberarnos de las mismas. Así, pues, cuando podamos ver la verdad, entonces las mismas fuerzas instintivas que nos hicieron adoptarlas en primer lugar, habrán de operar sobre nuestra conducta ayudándonos a erradicarlas.

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