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miércoles, 21 de abril de 2010

Aspectos de la genialidad

La Genialidad, ¿Un Interés Social?
El año 1925, cuando el comunismo se presentaba ante el mundo entero como una propuesta promisoria, el gobierno soviético invitó secretamente al director del Instituto del Cerebro de Berlín, Dr. Oskar Vogt, a que se trasladara a Moscú. Vladimir Ilich, el célebre Lenín, líder de la revolución comunista y fundador del estado soviético habia muerto el año anterior y los jerarcas pretendían que Vogt examinara su cerebro como punto de partida para establecer en Moscú un instituto dedicado a descubrir los fundamentos materialistas de la genialidad, dando por sentado que Lenín era un genio.
 
Vogt no esquivó el desafío, y tardó algo más de un año en cortar 34.000 mínimas láminas del cerebro de Lenín para someterlas a estudio.
Su primer informe sobre los resultados fue entusiasta: “el marcado desarrollo de las células piramidales de la corteza cerebral produjo, forzosamente, una intensificación de la actividad general de las diversas divisiones del cerebro. El gran número de conexiones procedentes de dichas células une porciones del cerebro que de otra manera hubieran estado ampliamente separadas, lo que explica, además, el amplio espectro y la multiplicidad de ideas que se desarrollaron en el cerebro de Lenín; y explica en particular su capacidad de imponerse rápidamente cuando se veía confrontado con situaciones y problemas de alta complejidad. La multiplicidad de ideas, junto con la amplitud y rapidez de su poder para concebirlas, produjeron en Lenin una gran intuición. En otras palabras, la actividad cerebral de Lenín es comparable a toda una ola de sonidos estrechamente entrelazados produciendo uno poderosa armonía...” Al concluír su informe, Vogt se jactaba de haber encontrado la clave para una división matemática de la genialidad. Ahora nos preguntamos... ¿por qué el interés en este tema? ¿que raro encanto despierta la genialidad, si en principio denotaría un mal manejo de la realidad, personalidades autísticas o bien “distintas” y/o “diferentes”, algo alejadas de lo mundano?
 
La pregunta se explicaría desde distintos ángulos: por un lado, el “genio” estaría en posesión de una “verdad” casi iniciática, aquella de difícil acceso al común de los mortales, por lo que lo colocaría en una especie de Olimpo suprafenoménico.
Poseedor de un saber críptico al cual se ama, se necesita y también se teme.
 
¿Cual es la caracterización típica del genio?
 
Desde la mitología popular es personificado por un hombre mas bien poco agraciado, con aspecto excéntrico, con conductas aislacionistas, generalmente anteojos (siempre supuse que era por leer mucho, lo cual cansaba la vista, lo que no sería determinante de genialidad tampoco); malvados o simpáticos bufones distraídos. Cruel cliché de algo tan complejo y sutil...
En realidad he notado que la denominada “genialidad” provoca un doble discurso: gusta y también produce rechazo. Como hemos visto antes en las anécdotas, la necesidad de crear el mito del “genio”, del “iluminado”, va de la mano de la impotencia y la mediocridad que antagónicamente desenmascara, y asimismo produce rechazo de aquel que no lo comprende. Es típico, como lo he manifestado anteriormente, que su presencia sea pasible de burlas; su aspecto, de acuerdo al “modelo”, es descuidado y “raro”. Es muy común ver a muchos niños superdotados pasar lo mas desapercibidos posible, tanto en su proceder como en su aspecto, para evitar ésta forma de discriminación de aquello que se desconoce o teme.
 
Desde la ficción tenemos que analizar diversos personajes del modelo: niños genios encerrados en laboratorios, profesores megalómanos que intentan dominar al mundo, personalidades excluídas por algún manejo inescrupuloso, o risueños payasos que tropiezan o hacen “descubrimientos locos”. Todas estas imágenes empobrecidas de la realidad, la disimulan y disfrazan, resaltando aquellos aspectos incomprensibles de su personalidad.
A nadie se le ocurriría burlarse de un niño Down, regordete, con aspecto tosco y conductas sociales dispares. No estaría ni ética ni moralmente aceptado. Pero en el caso citado anteriormente sí.
En la medida que se difundan los aspectos vinculados a la alta inteligencia, sus valores, su aporte social y su inclusión natural, se irán perdiendo estas figuras caricaturescas y se podrá incluir al superdotado en la trama social sin prejuicios.



Lic. Carlos Allende

Psicólogo evaluador Mensa Argentina


 

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