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domingo, 19 de septiembre de 2010

La muerte del dólar

El dólar tiene sus días contados. Las naciones alcanzaron su límite en subvencionar las aventuras militares de Estados Unidos. En las reuniones de junio de 2009 en Ekaterimburgo, Rusia, líderes mundiales como el presidente chino Hu Jintao y el ruso Dmitry Medvedev, más otros altos funcionarios de la Organización de Cooperación de Seis Naciones de Shangai, adoptaron la primera medida formal para sustituir el dólar como moneda de reserva del mundo, en un encuentro que rehusó admitir a Estados Unidos. Si tienen éxito, el valor del dólar caerá dramáticamente en picada, mientras se elevarán súbitamente los precios de importaciones como el petróleo.

Los países ven al Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial BM) y Organización Mundial del Comercio (OMC) como peones de Washington en un sistema financiero apoyado por las bases militares y portaaviones de Estados Unidos que cercan el globo. Pero esta dominación militar es el vestigio de un imperio estadounidense que ya no es más capaz de gobernar por la fuerza económica. La potencia militar de Estados Unidos es demasiado musculosa, basada más en el armamento atómico y los ataques aéreos de larga distancia que en operaciones de tierra, tanto que ha llegado a ser demasiado políticamente impopular como para desatar cualquier ofensiva a gran escala.

En julio de 2009, el presidente ruso, Dmitry Medvedev, ilustró su llamado por una moneda supranacional sustituta del dólar sacando de su bolsillo la muestra de una probable “futura moneda unida del mundo”. La muestra, que lleva las palabras “unidad en la diversidad”, fue acuñada en Bélgica y presentada a los líderes de las delegaciones G-8.

En septiembre de 2009, la conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por su sigla en inglés) propuso crear una nueva moneda artificial que substituya el dólar como reserva. La UNCTAD quiere cambiar el estilo Bretton Woods del sistema monetario internacional. La creación de esta moneda sería la revisión monetaria más grande desde la Segunda Guerra Mundial. China avanza en negociaciones con Brasil y Malasia para transar su comercio en yuanes chinos, mientras Rusia propone comenzar a negociar en rublos y monedas locales.

Además, 9 países latinoamericanos ya estuvieron de acuerdo en la creación de una moneda regional, el Sucre (Sistema Único de Compensación Regional), dirigida a sustituir el uso del dólar estadounidense. Reunidos en Bolivia, los países del ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), un bloque izquierdista impulsado por el presidente venezolano Hugo Chávez, se comprometieron a seguir bregando por una nueva moneda para su comercio intrarregional. El Sucre comenzó a desarrollarse en 2010 bajo una forma de no-papel. Los Estados miembros del ALBA son Venezuela, Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Honduras, Dominica, San Vincent & Antigua y Barbuda.

Chris Hedges advirtió en junio de 2009 (en TruthDig.com) que si se reemplaza al dólar como moneda de reserva del mundo, su valor caerá dramáticamente en picada, se elevarán súbitamente los precios de las importaciones, incluyendo el petróleo, y subirán las tasas de interés. Hedges dijo que “si rompen el dólar, los arquitectos que realizan este nuevo intercambio global también romperán la dominación militar de Estados Unidos. El gasto militar estadounidense no se puede sostener sin este ciclo de préstamos pesados (derivados de la constante compra de bonos del Tesoro de Estados Unidos para acumular las reservas de los bancos centrales de muchos países imperializados económicamente). El presupuesto oficial de defensa de Estados Unidos para el año fiscal 2008 fue de 623 mil millones de dólares. El presupuesto militar nacional más cercano fue el de China, de 65 mil millones, según la CIA”.

Para financiar su economía de guerra permanente, Estados Unidos ha inundando al mundo con dólares. Los bancos centrales de los países recipiendarios convierten estos dólares en moneda local y, entonces, adquieren un problema. Si un banco central no gasta ese dinero en Estados Unidos, subirá la tasa de cambio local respecto al dólar y este dólar más bajo castiga los beneficios de los exportadores. Esto ha permitido que Estados Unidos imprima dinero sin restricción, compre importaciones y empresas extranjeras, financie nuestra expansión militar y asegure que naciones extranjeras como China continúen comprando nuestros bonos del Tesoro (ministerio de Hacienda).

Este ciclo ahora parece haber terminado. A medida que el dólar no pueda inundar los bancos centrales y nadie compre nuestros bonos del Tesoro, se derrumba nuestro imperio militar global. El impacto en la vida diaria podría ser severo para la gente de Estados Unidos.

Nuestros autores predicen que junto al incremento de los costos, estados y ciudades (de Estados Unidos) verán drenados sus fondos de jubilación. El gobierno será forzado a vender la infraestructura a las sociedades privadas, incluyendo caminos y transportes. Cada vez más se cargarán a la gente las utilidades privatizadas, que alguna vez fueron reguladas y subvencionadas. Las propiedades inmobiliarias comerciales y privadas bajarán a menos de la mitad de su valor actual. Se ampliará la equidad negativa, que ya contagió al 25% por ciento de los hogares estadounidenses, para incluir a casi todos los propietarios. Será difícil pedir prestado e imposible vender las propiedades inmobiliarias a menos que aceptemos pérdidas masivas. Habrá cuadras tras cuadras de depósitos vacíos y de casas sobre habitadas. Las ejecuciones de hipotecas serán epidémicas. Habrá largas colas en los comedores comunitarios y muchos, muchos desamparados.

Actualización de Michael Hudson (Global Research)

Actualmente los países extranjeros intentan crear un sistema monetario internacional en que los ahorros de sus bancos centrales NO tomen la forma de subsidio al déficit –en gran parte militar– de la balanza de pagos de Estados Unidos. Actualmente, ése es el problema. La “tenencia extranjera de dólares” adquiere la forma de bonos del Tesoro de Estados Unidos, mecanismo que financia o aminora el déficit presupuestario de ese país (que en gran parte es militar), y una buena porción de esos dólares, a su vez, pagan gasto militar de Estados Unidos.

Rusia, China, India y Brasil tomaron el liderazgo en la búsqueda de un sistema alternativo. Pero, en absoluto, casi no hay información en Estados Unidos o aún en la prensa europea, a excepción de una breve referencia que publiqué como opinión en The Financial Times (Londres). Se aguardan nuevas reuniones este año, pero no se han hecho públicos los debates sobre crear una alternativa. Fui invitado a China, para discutir allí mis opiniones con funcionarios y a dictar conferencias en tres universidades y, posteriormente, el premier Wen me consultó mis opiniones por escrito, y debo realizar otra visita, apenas antes de las reuniones de este año entre China, Rusia, India y Brasil, con la presencia de Irán con estatus de visitante.

Esto significa que otros países intentan encontrar una alternativa. La nueva información relevante es el derrumbe el euro, proporcionando una pequeña alternativa al dólar como moneda de reserva. La consecuencia es que NO existe una divisa nacional para un almacenamiento estable del valor de los ahorros internacionales.

Mientras tanto, los administradores de dinero de Estados Unidos están conduciendo un vuelo fuera del dólar, precisamente al Brasil, China y a otros países de “mercado emergente”. Tal como están las cosas, estos países están vendiendo gratuitamente sus recursos y empresaas, mientras los dólares gastados para comprarlos acaban así en sus bancos centrales para ser reciclados como bonos del Tesoro de Estados Unidos o ser utilizados para comprar la euro-deuda que también se está hundiendo como valor internacional.
El resultado de este enigma es presión para clausurar la era de posguerra de “libertad de movimientos de capitales” y para introducir controles al capital. Casi no hubo repercusión en la prensa de mi historia o, de hecho, sobre el problema en sí mismo. Cuando aparecen propuestas de alguna alternativa a la situación existente, los grandes medios de Estados Unidos y Europa sufren de “disonancia cognoscitiva”.

Actualización de Fred Weir (The Christian Science Monitor).

He escrito reportajes relacionados, que conciernen a las relaciones entre Rusia e Irán y Rusia-Estados Unidos e informan sobre este tema general (Al final incluyo sus vínculos).
Básicamente, esta historia ilustra un aspecto de la búsqueda de la Rusia post-soviética de un lugar en el orden global dirigido por Estados Unidos, una posición que refleje sus propios intereses geopolíticos distintos, así como el hecho de que es diferente de Occidente, en términos de su historia, cultura y nivel de desarrollo económico. Rusia heredó estrechas relaciones de la ex Unión Soviética con muchos países que Estados Unidos mira como “estados agresores”, incluyendo Irán, Cuba y Venezuela. Continúa teniendo muchas simpatías oficiales y públicas hacia esos países y su oposición al sistema global de Estados Unidos, aunque Moscú no posee ningún gran sentido ideológico de una misión anti-Occidente, o aún de cualquier meta práctica para movilizar a esas naciones en alguna “alianza” que sirva a los fines de Rusia.

Bajo la anterior administración de George W. Bush, Moscú se sintió bajo la presión de lo que percibió como usurpaciones occidentales del espacio geopolítico post soviético, qué los rusos llaman “cercanía con el extranjero”. Esta hostilidad adquirió la forma de las llamadas “revoluciones de colores”, qué los medios occidentales aludimos como “sublevaciones favorables a la democracia”, en Georgia, Ucrania y Kirguistán, donde reemplazaron regímenes corruptos pero amistosos con Moscú por otros favorables a Occidente-Estados Unidos, mucho más abiertos y más activos.

El Kremlin, errónea o acertadamente, interpretó estas agitaciones como una re-ingeniería patrocinada y orquestada por Estados Unidos para intentar cambiar las lealtades políticas de los estados colindantes, con quienes Rusia mantiene lazos históricos profundos. Dos de esos nuevos líderes, Mikhael Saakashvili de Georgia y Viktor Yushchenko de Ucrania, intentaron una vía rápida para incorporar a sus países como miembros de la OTAN, una perspectiva que Rusia vio con alarma que rayó en pánico. Otra iniciativa de la era Bush, que engendró profunda hostilidad en Moscú, fue el plan para colocar anti-mísiles interceptores estratégicos en la vecina Polonia, con radares asociados en la República Checa. Los expertos militares rusos arguyeron que estos despliegues eran el comienzo de un proceso estratégico que eventualmente podría minar el propio envejecimiento del disuasivo nuclear ruso de la era soviética, que es la prioridad principal de la defensa nacional de Rusia.

En respuesta a la percepción de estas amenazas, a veces Rusia parecía salirse de su manera de cultivar otros países que estaban en desacuerdo con Estados Unidos, que es el tema de esta historia. Los rusos también llevaron a cabo ejercicios navales en el Caribe con la marina de guerra venezolana, reanudaron el patrullaje de bombarderos nucleares de la era de la Guerra Fría a lo largo de la costa norteamericana y hablaron de revitalizar las antiguas bases aéreas soviéticas en Cuba (Ver vínculos de estas historias abajo).

La inquietud de Moscú se ha relajado algo en el último año, ante las prioridades (aparente o) substancialmente cambiadas por la política exterior traída por Barack Obama, quien por lo menos dejó de lado el polémico plan para colocar las armas anti-mísiles en Polonia y removió implícitamente de la agenda cualquier proyecto que instale a Ucrania y Georgia en la OTAN. El supuesto "reset" de las relaciones entre Moscú y Washington parece mejorar las perspectivas de cooperación, incluso en asuntos espinosos como Irán, aunque puede ser demasiado temprano extraer cualquier conclusión firme.



Fuente: Michael Hudson (GLOBAL RESEARCH), Chris Hedges (TRUTH DIG), Fred Weir (THE CHRISTIAN SCIENCE MONITOR) y otros. Traducción: Ernesto Carmona (especial para ARGENPRESS.inf.

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