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miércoles, 8 de agosto de 2012

Surrealismo una concepción del mundo


Surrealismo una concepción del mundo.


Nunca se insistirá lo suficiente en que el surrealismo es más que una concepción estética, es, diría yo, una ideología que comprende una determinada concepción del mundo, del hombre, de la sociedad y de la vida. Una ideología de ruptura frente a los esquemas sociales, morales, políticos y culturales; por lo tanto es básica y esencialmente una ideología antidogmática. 

Su punto de partida está en el principio de que el hombre merece un destino superior al que le asigna la sociedad en que vivimos. 

Este destino estaría en la realización de lo que podríamos designar con el término de “hombre- poeta” basádonos en que lo poético es el motor central que impulsa al hombre a realizarse en su totalidad. 

Le poético, fuente de lo maravilloso, existe en todos en todos, aunque oculto y reprimido; de ahí la frase de Lautréamont: “La poesía debe ser hecha por todos” frase que los surrealistas hacen suya. Le que no quiere decir que todos los hombres hagan poesía verbal o arte, sino que una por así decir, concepción poética debe presidir el vivir. Lo poético debe regir toda actividad humana, de modo que la vida constituya un acto de permanente creación. La poesía es, pues, un comportamiento y la expresión de ese comportamiento.

Para el surrealista la poesía es inseparable de las ideas de amor y libertad. Poesía, amor y libertad configuran tres aspectos de un mismo centro de expansión del yo. Porque eso es lo que representa la poesía: el yo liberado de su encierro; el yo que se expande y participa en todo. Así es posible asumir la vida en su total plenitud, al mismo tiempo que la realidad se convierte en una gran embriaguez.

En lo que respecta a la “poesía-palabra”, para los surrealistas la poesía representa el mecanismo que abre la cárcel del lenguaje. La palabra no es simplemente un signo con referencia a un código lingüístico; es, en lo fundamental, un signo de vida. Solamente a esta semiología vital recurre el poeta. Quiere restituir a la palabra esa cualidad de signo vital liberado de su sometimiento a los códigos convencionales o utilitarios. La auténtica poesía rehuye las matrices y los modelos: su única matriz es la de lo imprevisto.

La poesía no es un fin en sí, sino un medio. Un medio para la comunicación más intensa y reveladora. Un medio en la desesperada conquista de la libertad del yo. Sobre este punto los surrealistas establecen la esencial diferencia entre literatura y poesía. La literatura es un escribir destinado al entretenimiento, a la conquista de un status, a la popularidad, a los premios; y a esta categoría pueden pertenecer tanto el verso como la prosa, tanto la escritura tradicional como la moderna.

Para el surrealista la designación de poesía no reviste un carácter formal, ni la opone a la prosa. Hay prosa, como la de Kafka, por ejemplo, que es fundamentalmente poesía, y en cambio, gran parte de la poesía escrita es simplemente literatura.

La literatura es un producto para el consumo; la poesía —como decía Trístan Tzara— es una actividad del espíritu, y además un medio para la comunicación real. Y aquí es necesario señalar la confusión que hoy existe entre información y comunicación. Estos dos términos señalan fenómenos totalmente opuestos. 

La información es un fenómeno mecánico por el que se transmiten hechos, acontecimientos, cosas y aun resultados concretos de la creatividad humana, pero todos cuando son externos al ser. La comunicación es el mensaje desde el interior de un ser.

El instrumento creador fundamental de la poesía surrealista constituye el automatismo, que significa la total espontaneidad de la imaginación y la subordinación de los mecanismos racionales a esa fuerza primera. Mediante el automatismo, el poeta dice lo que realmente debe decir, lo que auténticamente está en él, por debajo de los esquemas convencionales con que estamos habituados a expresamos. El automatismo interviene en la construcción del humor, de lo insólito, de lo maravilloso, elementos vivos que circulan en el interior de todo poema surrealista. 

Es necesario destacar la importancia que tiene el humor en la auténtica poesía. A él corresponde el papel de vanguardia en la lucha contra el mundo social sórdido, fosilizado, convencional. El humor le confiere a la poesía su carácter subversivo esencial.
La poesía surrealista desde sus comienzos se ha desarrollado en una amplia variedad que se despliega como en abanico, y no podía ser de otro modo, porque ningún otro medio de expresión puede señalar la diferencia real entre los hombres. Este amplio despliegue de variedades poéticas se extiende desde las cimas de lo maravilloso hasta las profundidades de lo abisal. En lo maravilloso se nos aparece la realidad tal como debe verse; el surrealismo pretende enseñarnos a descubrir todo lo mágico e insólito que se oculta en lo real. Bretón, Eluard, Aragón, Desnos, Char, Blanchard. Schénadé encuentran su poesía en las fuentes de lo maravilloso. Lo abisal nos sumerge en el mundo de terrores, de angustias, nos hace recorrer los infiernos del alma y del cuerpo, de los cuales debe emerger el hombre, llevado de la mano de los llamados poetas negros: Artaud, Daumal, Gilbert-Lecomte. El acento sobre el humor con el carácter altamente subversivo de la poesía lo encontramos especialmente en Picabia, Tzara, Prévert, Queneau.

Así actúa la poesía como un medio para la liberación de los carceleros interiores y exteriores, llámense a éstos represiones, censuras, hipocresías mistificaciones, tabúes sociales, deformaciones ideológicas. Así busca la poesía afirmar los valores humanos esenciales para una nueva edad de oro regida por la poesía, el amor, la libertad, la era de la imaginación al poder.

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