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jueves, 12 de agosto de 2010

Historia del trastorno bi-polar

El trastorno bipolar.

Por: LUIS ROJAS-MARCOS
Del libro La enfermedad de las emociones.


El trastorno bipolar se denominaba antiguamente psicosis maníaco-depresiva. Este nombre le fue impuesto por el gran psiquiatra alemán Emil Kraepelin (1856-1926), quien lo diferenció de otra enfermedad mental, la esquizofrenia. Hasta la obra de Kraepelin, a principios del siglo XX, estas enfermedades no estaban bien diferenciadas. Actualmente todavía hay controversia porque existe un subgrupo de pacientes, denominados esquizoafectivos, que manifiestan síntomas comunes a ambas enfermedades. Muy pronto quedó claro que muchos pacientes maníaco-depresivos no manifestaban síntomas de psicosis y que algunos incluso presentaban fases de euforia moderada que no llegaba a la manía, motivo éste por el que se impuso un cambio de nombre. La denominación trastorno bipolar fue introducida por Karl Leonhard (1904-1988) para diferenciar esta enfermedad de otra con la cual también puede confundirse: las depresiones «vulgares» o unipolares, según la terminología de este autor. Esta clasificación, como decíamos anteriormente, sigue aún vigente, si bien es cierto que con pequeñas modificaciones.
Sin embargo, esta enfermedad se conoce desde tiempos inmemoriales. En la antigua Grecia, un autor llamado Arato ya describió la relación entre la depresión, denominada
melancolía, y la manía. El término manía no tiene nada que ver con el concepto popular o coloquial, según el cual una manía es una característica peculiar, una obsesión, o una extravagancia reiterada propia de un individuo. Se trata de una palabra que procede del griego y que en la antigüedad servía para designar cualquier enfermedad mental, en especial si se acompañaba de agitación o violencia. Actualmente la manía es una manifestación del trastorno bipolar que se caracteriza por hiperactividad, euforia o irritabilidad, grandilocuencia y muchos otros síntomas que más adelante explicaremos con más detalle. El concepto actual de manía tampoco tiene ninguna relación con el uso de la palabra maníaco, sobre todo en los países anglosajones, donde se utiliza para designar a los agresores sexuales o a los psicópatas. Como podemos ver, la terminología psiquiátrica está popularmente muy contaminada por connotaciones peyorativas que no ayudan en nada a los afectados a aceptar de buen grado la realidad de su enfermedad.
Los primeros en difundir la idea de que la manía y la depresión son fases distintas (y en muchos aspectos opuestas) de una misma enfermedad fueron los psiquiatras franceses Falret y Baillarger. En 1854 ambos publicaron, por separado, la descripción de lo que actualmente denominamos trastorno bipolar como una enfermedad cíclica, donde la manía y la depresión eran las dos caras de una misma moneda. Posteriormente, como ya hemos dicho, Kraepelin diferenciaría esta evolución cíclica con períodos asintomáticos de la evolución crónica de la esquizofrenia. Así, para entender esta enfermedad se introdujo un concepto fundamental denominado curso longitudinal. Este concepto implica que la enfermedad en sí no es la manía o la depresión, sino la vulnerabilidad para sufrir episodios de manía o depresión. Muchos pacientes aceptan que están enfermos durante una fase depresiva, o que lo han estado durante una fase maníaca, pero les cuesta mucho más entender que cuando se encuentran bien la enfermedad aún está presente, aunque no se manifieste.
Curiosamente, cien años antes de la obra de Falret y Baillarger, el médico aragonés Andrés Piquer (1711-1772), médico de cámara de Fernando VI y Carlos III, ya había descrito minuciosamente la íntima relación entre melancolía y manía como La enfermedad de las emociones: el trastorno bipolar parte de una misma enfermedad. Lo hizo partiendo del profundo conocimiento que tenía del rey Fernando VI, quien padecía un trastorno bipolar. Lamentablemente la obra de Piquer es prácticamente desconocida en el ámbito de la psiquiatría y son pocos quienes reconocen el mérito de este médico del siglo XVIII quien se avanzó a su tiempo, aunque su obra fue publicada en su mayor parte de forma póstuma por su hijo.
Así pues, hablamos de una enfermedad que ha acompañado al ser humano desde los inicios de su historia. Podemos felicitarnos por vivir en la época actual, ya que, además de disponer de tratamientos (que apenas hace cincuenta años que existen), la sociedad actual acepta la existencia de las enfermedades mentales y la necesidad de que los afectados se reintegren plenamente a la sociedad cuando se recuperen.
Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, las personas que han padecido algún trastorno mental más o menos grave se han visto desprovistas de los derechos más
elementales, encerradas indefinidamente en instituciones psiquiátricas (manicomios) o incluso quemadas en una hoguera. Sin embargo, aún queda un largo trecho para llegar a la plena aceptación social de la realidad de la enfermedad mental, la reversibilidad de la mayoría de ellas y su escasa relación con la peligrosidad o la criminalidad. En cuanto a la psiquiatría, la ignorancia de las personas es abrumadora.
Últimamente parece que empieza a considerarse aceptable haber padecido «depresión». Popularmente, este término es un comodín que sirve para designar cualquier cosa. Aún
estamos lejos de poder comentar tranquilamente que padecemos un trastorno bipolar, como quien habla de su diabetes o de su asma bronquial.

La reciente historia del trastorno bipolar viene marcada por la aparición de medicamentos, en especial el litio, y por la unificación de los criterios para el diagnóstico según una clasificación inicialmente denominada DSM-III, a la que han seguido el DSM-IV y la CIE-10. Estas siglas tan extrañas designan los sistemas de clasificación vigentes de las enfermedades físicas y mentales.

Los DSM son clasificaciones norteamericanas de los trastornos psiquiátricos y las CIE son revisiones de la Clasificación Internacional de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud. Básicamente se trata de un tipo de manuales que enumeran los síntomas que debe presentar un paciente para poder afirmar que tiene un trastorno concreto.

Su finalidad es unificar criterios e impedir que cada médico haga un diagnóstico distinto. Como veremos, a pesar de sus imperfecciones, se ha demostrado que son útiles para el progreso de la investigación y la comunicación entre especialistas.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Acerca del erotismo, la pornografía y la psicopatología

EROTISMO, PORNOGRAFIA Y PSICOPATOLOGIA
 
Dr. Manuel Zambrano
Psiquiatra
 
Si se revisa el mito griego de Eros se concluye que no es fácil precisar lo que realmente encarna, pero en 
nuestra cultura predomina la idea del filosofo y moralista Hesíodo de que Eros surgió del caos como una fuerza misteriosa para armonizar los elementos y asegurar la continuidad de la vida a la manera del Eros versus Thanatos del psicoanálisis. Pero otras leyendas lo acreditan como hijo de Afrodita, diosa del amor y dios él mismo, quien animó con su compañía a la bella Venus y a las Gracias tanto en culto cuanto en arte. Eros pues es amor, pero ese amor que Eros imagina no es la inspiración romántica que lo sublimiza, sino el interés más carnal como lo presenta Platón en El banquete desde el discurso de Apolodoro hasta el de Sócrates y, según parece, no tenía mucho de espiritual.
La mitología clásica no ayuda tampoco a la diferenciación del erotismo y al buscar el apoyo en la Biología y la Sicología, no exenta de ambigüedades en relación a este asunto, se puede entender en un primer intento, que el erotismo es el conjunto de sensaciones y reacciones de todo tipo que de algún modo se relaciona con la atracción sexual.
De otro lado, la Real Academia Española define el erotismo como "pasi¢n de amor" o "amor exacerbado" y en una de las acepciones de sensual (adjetivo) de esta misma estirpe la precisa como "perteneciente al apetito sexual". Se trata, pues, de un elemento fundamental de lo sexual y caracteriza un dominio biológico incluido en la sexualidad, "separándose a veces en limites demasiado inciertos", como dice Lo Duca.
Al erotismo hay que referirlo sobre todo a las sensaciones excitantes y propias para desear el acto carnal, pero no necesariamente identificarlo con la sexualidad. El erotismo al suponer algún grado de excitación es una manifestación más bien de la sensualidad que es el placer de los sentidos corporales o conforme al Diccionario de la Real Academia Española, "la propensión excesiva a los placeres de los sentidos" a la manera del melómano para la música o el "gourmet" a la buena comida.
Hay que aclarar, pues, que erotismo tampoco es genitalidad así como no es sexualidad conforme había anotado anteriormente. A menudo puede quedarse en sí mismo, complaciéndose en acciones o pensamientos voluptuosos no sexuales o en sensualidades parasexuales que no constituyen propiamente actos de sexo; pero ello no implica que haya un "erotismo intelectual" (sin grado alguno de excitación) que más parece uno forma de estrategia para escamotear lo que Eros tiene de biología. El erotismo pide enérgicamente el concurso de la sensualidad, pero la exacerbación de los sentidos, por razones biológicos, al estimular en la persona la tendencia hacia lo erótico lo desdibuja. En efecto, los sentidos de la vista y del tacto están particularmente dispuestos para el erotismo. Las sensaciones visuales ocupan un lugar prominente en tanto que son el vehículo fundamental de captación de formas; ello explica así mismo que lo sea, también, de la emoción erótica, toda vez que se encuentra muy directamente vinculada a la morfología del cuerpo humano. Además, porque el instinto sexual se vale mayormente de la vista que de los distintos sentidos restantes para captar las posibilidades sexuales existentes en los otros y de ahí su importancia en la atracción erótica. En cambio, el valor erótico del tacto parece tener mejor calidad, pero lo que ocurre es que la mirada se expande casi sin fronteras llegando a todas partes, en tanto que la sensación táctil requiere necesariamente del contacto directo con el objeto y, por ende, es mucho más difícil y menos frecuente ya que requiere casi obligadamente de la anuencia del otro; pero una vez producida en las zonas erógenas o "mapas de la ternura", como llaman algunos, la respuesta erótica o francamente sexual suele adquirir una fuerza superior a la voluntad, mucho más notable y fina que la que caracteriza al sentido de la vista. 
Al lado del erotismo se encuentra la voluptuosidad aunque ‚ esta no sea la meta necesaria del proceso erótico. Es cierto, sin embargo, que la voluptuosidad es la complacencia de los deleites sensuales, estimulada por la sensualidad, ingrediente del erotismo, pero capaz de destruirlo por su propia identidad. Así, a manera de historia, hay que recordar que desde el período helenístico, la diosa Voluptuosidad, hija de Psique y Cupido, es decir, del alma y del amor, se ha imaginado siempre como una hermosa mujer desnuda, en actitud lasciva y con manifestaciones propias del estado libidinoso, pero bella y aceptada mas que bien; no sucede lo mismo con la imagen masculina de Príapo, hijo de Venus y de Baco, protector de los jardines, que representan su ardentía en el erecto miembro viril, es considerado con frecuencia como obsceno. Es así que la expresión artística muchas veces toma la Voluptuosidad y la lleva a un estado libidinógeno que incluía la mística, pero en lo referente al hombre su representación se llega a catalogar hasta de indecente.
De otro lado, el erotismo no solamente es una respuesta a los estímulos reales sino que, también, tiene sus hontanares en la imaginación y la fantasía, sin las cuales no podría sobrevivir. Las incitaciones puramente imaginarias en que lo psicológico colabora estrechamente con lo fisiológico, animándolo mediante la representación mental de personas, objetos o escenas, en ausencia de ellas o, incluso, sin su existencia previa, pues la imaginación alcanza lo que no alcanza la realidad y acaba muchas veces triunfando sobre cualquier tipo de realidad.
La fantasía, riqueza del arte, lo es, también, del fenómeno erótico: fantasías eróticas que como un soñar despierto, son frecuentemente el manantial de quienes desvían, por una u otra razón, la vida sexual hacia la imaginativa, cosa que debe suceder a menudo por aquello de que "las mejores cartas de amor han sido escritas por quienes nunca se enamoraron" como ha sentenciado alguien.
En fin, es el erotismo de las más típicas y notorias manifestaciones de lo humano. Participa por igual del amor y de la sexualidad. A aquel le pone la carne y a esta le quita la animalidad y le pone la trascendencia. Así, por el erotismo, la sexualidad queda dignificada; y el amor energizado.
A contrapunto hay que hablar de pornografía porque los límites son sutiles e inciertos, tanto que la polémica reverdece muy a menudo con la participación de moralistas, médicos, literatos, artistas, educadores, juristas, legisladores, autoridades civiles y eclesiásticas, padres de familia y, en resumen, de todos porque al fin y al cabo se trata de una humana cuestión y de un asunto de interés social.
Hay que partir, en primer lugar, de que el erotismo es una tendencia natural del ser humano y la pornografía, en cambio, es un vehículo externo, creado por la civilización como medio para estimular artificialmente el erotismo y la satisfacción sexual. Recuérdese, por ejemplo, los programas televisivos computados como son "Fantome" y "Lit rond" que se ofrecen en Francia.
No puede confundirse de modo alguno el erotismo con la pornografía. Lo que suele confundirse con el nombre de erotismo con la erotografía o actividad gráfica (escrito o imagen visual) cuyo tema, contenido o propósito se relacionan  con el erotismo, que ella si puede entrar fácilmente en la órbita pornográfica.
Dejando de lado la etimología de la palabra pornografía hoy se acepta que lo pornográfico es lo obsceno, lo vergonzoso, con relación a lo sexual. Los estudiosos de este problema distinguen a la pornografía solamente para lo escrito; porno plástico para los dibujos, fotografías, esculturas y porno cinética para las imágenes en movimiento como el cine y la televisión. 
Obscenidad viene del latín obc‘cum en que c‘cum significa cieno, lodo, suciedad; de tal manera que lo obsceno produce repugnancia. Esta repugnancia atrae a muchos se dirá  y, justamente, ah¡ comienza lo psicopatológico. Lo que sería interesante es saber desde cuando la idea de lo obsceno como sucio o vergonzoso se fue vinculando a la vida sexual. Tal vez algo, o a lo mejor mucho, tiene que ver los padres de la iglesia ya que ellos fueron sexofobos por antonomasia. Hay que aceptar, pues, lo que ya es común, que la pornografía es obscena y que obscenidad es indecencia sexual.
Indecente, a su vez, es lo que la mayoría de la gente no acepta de acuerdo a las normas de comportamiento establecidos en un determinado tiempo y lugar. Por ello algunos afirman que la moral es cuestión de geografía. Pudor en cambio es un género de decencia limitado al campo de la sexualidad.
La pornografía es obscena porque atenta contra el pudor, según el nivel de pudor imperante; y en la medida que este atentado acuse daño a la sociedad, de acuerdo a determinada concepción moral, se considera punible; entonces deber  ser vedada y castigados sus difusores. Creo que se asume que importa el  ámbito de la moral social y de jurisprudencia; pero el interés se dirige ahora al hecho pornográfico en función de lo patológico.
Cuando el carácter erótico de lo escrito o de lo plástico se rebaja hasta lo obvio, traspasa sus propios límites y se adentra en la pornografía.
Cuando se hace torpe en la expresión hasta el punto de ensuciar todo lo relativo a la sexualidad, se convierte en obsceno y pornográfico.
Cuando busca la excitación sexual de manera directa sin exaltar los demás valores de la obra, la erotografía por ejemplo, deja paso a la pornografía.
En consecuencia, la pornografía se nos presenta como una degradación del erotismo o como una erotografía de baja calidad, que ofende y disgusta precisamente por su Infra-valor y por su torpeza.
Mal puede hablarse de un arte pornográfico cuando muchos ni siquiera aceptan un arte erótico sino más bien el erotismo en el arte.
Lo psicopatológico de lo pornográfico radica, también, en que las emociones de este tipo desde un punto de vista humano se basan en un error, pues es error que una actividad natural del hombre cual es lo erótico y sexual sea en parte alterado en su desarrollo y en su satisfacción normal, que es en últimas, la cópula, por una satisfacción artificial que en gran parte de los casos supone el resultado de la pornografía.
Si lo normal es que la satisfacción de un deseo debe realizarse en el mismo plano real en que se origina la excitación del mismo para que esa satisfacción tenga una validez relativa, la contemplación voluntaria e interesada de cualquier objeto o actividad que puede tenerse como sexualmente excitante y en algún modo vergonzosa, pornoscopía, es actitud psicopatológica.
¿Habrá  una porno manía? Posiblemente sí y, entonces, como impulso irresistible es un clásico fenómeno psicopatológico. 

miércoles, 24 de marzo de 2010

Torturas de la medicina psiquiátrica.

El electroshock supera su leyenda negra.

Las descargas eléctricas se utilizan a diario en los hospitales psiquiátricos como un tratamiento eficaz para determinados enfermos.

MARÍA JOSÉ CARRERO


Pronunciar la palabra 'electroshock' y sentir un escalofrío es todo uno. No es fácil olvidar la imagen de Jack Nicholson en 'Alguien voló sobre el nido del cuco', sometido a este tratamiento sin anestesia previa como castigo a su mal comportamiento en un centro psiquiátrico. Es una de esas escenas cinematográficas que ha contribuido a forjar la leyenda negra de la terapia electroconvulsiva (TEC), que es como se denomina en términos científicos la descarga eléctrica breve -de apenas unos segundos- que se aplica a algunas personas con enfermedad mental.

Quien piense que se trata de una práctica en desuso se equivoca. Hace sólo unos días, el hospital San Juan de Alicante organizó una jornada formativa con el objetivo de dar a conocer este método entre los profesionales de enfermería y «romper con su estigma», comenta la responsable del área de Psiquiatría del centro, la doctora María Angustias Oliveras. No es una iniciativa aislada. Cada año el hospital Donostia de San Sebastián imparte un curso de aplicación del electroshock, un tratamiento de cuya efectividad se hablará, precisamente, en la XVIII edición de los Cursos de Actualización en Psiquiatría que anualmente se celebran en Vitoria.

Es una terapia a la que no se puede renunciar», señala a EL CORREO la doctora Oliveras, quien asegura que se utiliza «en todas las unidades de hospitalización de manera absolutamente protocolizada» . La psiquiatra detalla las enfermedades mentales en las que se aconseja la TEC. Fundamentalmente son tres: «La depresión melancólica grave con riesgo de suicidio, los cuadros catatónicos (inmovilidad física) que suelen presentar algunas personas con esquizofrenia, además de en los casos agudos de maniacos con crisis de agresividad». Para todos estos supuestos, el electroshock está indicado y más aún si las condiciones físicas del paciente no permiten los fármacos apropiados en las dosis deseables por los efectos secundarios que provocan.

María Angustias Oliveras explica la leyenda negra del tratamiento a base de descargas eléctricas porque «provocar un ataque, de entrada, asusta a la gente y suena a crueldad. Además, en el pasado hubo un abuso de esta técnica, se aplicaba a personas que no la necesitaban y, hasta hace unos treinta años, sin anestesia». De una década a esta parte, la aplicación de la TEC está totalmente protocolizada y se lleva a cabo siempre en las unidades de cuidados intensivos, con el paciente totalmente sedado y monitorizado mediante un electroencefalograma y un electrocardiograma. El único efecto secundario es la pérdida temporal de la memoria, sobre todo de lo sucedido durante los días de terapia, pero esta secuela es «perfectamente reversible».

Pérdida de memoria.

Oliveras utiliza un ejemplo muy gráfico para explicar cómo funciona el electroshock. «Cuando un ordenador se bloquea, lo mejor es reiniciarle para que vuelva a conectarse a los circuitos. Esto viene a ser algo así. No hay otra fórmula para tratar a cierto porcentaje de enfermos refractarios a los fármacos». El responsable del Servicio de Psiquiatría del hospital Santiago de Vitoria, Miguel Gutiérrez, coincide con su colega de Alicante en señalar que se trata de una técnica «absolutamente vigente» para enfermos «que ni viven ni dejan vivir». Es más, añade que son algunos pacientes quienes lo piden. «Existe una imagen totalmente distorsionada del electroshock debido a que ha dado mucho juego en el cine y provoca cierto morbo».

Desde la Antigüedad, los médicos habían observado que muchos pacientes con enfermedad psiquiátrica mejoraban cuando sufrían una convulsión. Así, la administración de insulina, primero, y de metrazol, después, en enfermos mentales para provocarles una sacudida fueron, a principios del siglo XX, los antecedentes del electroshock, técnica que apareció en 1938 de la mano de los investigadores italianos Ugo Cerletti y Lucio Bini.

La mala fama que le persigue es fruto de su utilización indiscriminada, ya que se aplicó tanto a enfermedades mentales graves como a niños con síndrome de Down e, incluso, a presos como método de castigo para reconducir su conducta. A esta leyenda negra ha contribuido también de forma importante una sucesión de películas al más puro estilo Hollywood.


jueves, 19 de noviembre de 2009

SALUD MENTAL



"Menos camas psiquiátricas, y más salud mental comunitaria" es el concepto que impulsa la OMS para enfrentar la enfermedad mental. Un grupo de profesionales  gestó un modelo de atención psíquica que sigue esa premisa y apunta a la integración social.
   
La cajera del supermercado pasa el fin de semana llorando. Su hija quedó con la abuela en Corrientes, la dejó para venir trabajar. Llora sábado y domingo.
La extraña mucho. El lunes la cajera va a un hospital, busca ayuda. Es muy probable que le prescriban un antidepresivo para que esté mejor y no llore.
Tal vez le sugieran una terapia. Una mañana, en el salón que parece recién estrenado, Gustavo Lipovetzky, psiquiatra, cita el hipotético ejemplo de la cajera. Quiere señalar que también existen otros recursos a utilizar. Dice: "Pensamos que la soledad y el sufrimiento mental se pueden aliviar integrando recursos comunitarios a los tradicionales de la psicoterapia y la medicación".
   
Cuando habla con orgullo de "nosotros", habla de Proyecto Suma, la asociación que dirige. La integran psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales, terapeutas  ocupacionales, enfermeros, nutricionistas, neuropsicólogos y talleristas. Abrió sus puertas en mayo en la ciudad de Buenos Aires -donde muchos ven con  preocupación las políticas de desinversión en salud-. No tiene fines de lucro, sí un objetivo ambicioso: ofrecer tratamientos y dispositivos para la integración social y laboral de quienes viven con alguna variante de sufrimiento psíquico. Trastornos afectivos, de pareja, crisis de pánico o dificultades severas    como la esquizofrenia. Lipovetzky explica que la farmacología "ha sido determinante para aliviar el sufrimiento y, en muchos casos, mejorar la calidad  de vida. Pacientes maníacos, con delirios o alucinaciones, pueden estabilizarse; los psicofármacos y la psicoterapia son muy importantes" . Pero en muchos  de estos casos los que logran la anhelada estabilizació n terminan en el sillón de su casa. Hacen zapping frente a la tele.
   
A fines de agosto estuvo en el país Benedetto Saraceno, Director del Departamento de Salud Mental y Substancias Abusivas de la Organización Mundial de la Salud (OMS). No se cansó de repetir la palabra "comunidad". Habló de invertir menos en camas psiquiátricas y más en salud mental comunitaria. "Salud mental comunitaria es entrar dentro de la comunidad, utilizar la riqueza de la comunidad", remarcó Saraceno. Lipovetzky retoma: "La deuda que tenemos en Salud Mental es integrar a esos pacientes con patologías severas en la red social y laboral. La enfermedad mental, por el nivel de estigma que hay en la sociedad y a veces en la propia familia, ensimisma y excluye al sujeto de los vínculos y trayectos del tejido social. Mucho más del laboral. No podemos hablar de curación hasta que alguien no tenga algún nivel de integración en la red social. Ahí radica la importancia del trabajo con la comunidad".
   
La OMS define la salud mental como un estado de bienestar en el que cada individuo puede desarrollar su potencial, manejar el estrés de la vida cotidiana, trabajar productiva y prolíficamente, y hacer una contribución a su comunidad. Proyecto Suma propone una estructura de cruces múltiples para albergar a quien no se sienta parte de esa definición. Consultorios externos, hospital de día, talleres -donde por ejemplo se aprende cómo armar un curriculum- , espacios de reflexión, club de fin de semana, un área de acción comunitaria, otra de docencia e investigación. Daniel Abadi -uno de los fundadores y coordinador junto a Gustavo Guardo, del Hospital de Día- explica que "muchas veces los pacientes vienen por consultorios externos con dificultades de inserción social o laboral. Al disponer de otras herramientas, un taller o el club de fin de semana, esa consulta ambulatoria no termina en un buen consejo o en una receta".
    Retomando el caso de la cajera del supermercado: "trataríamos también de ver cómo integrarla a algún taller o la contactaríamos con un grupo para que el sábado y el domingo tenga un espacio de encuentro". ¿Podría la cajera del súper costear un servicio así? Los integrantes de Proyecto Suma responden "sí", hablan de honorarios accesibles y becas.
   
La idea suena bien, recién está empezando a materializarse. Comenzó a gestarse hace más de dos años, entre colegas y amigos ?Gustavo Guardo, Martín Nemirovsky, Daniel Abadi, Luis Herbst y Martín Agrest? que se reunían a correr por Palermo. Al trote dieron forma a este proyecto. Invitaron a otros profesionales.
Eduardo Leiderman, Silvia Wikinski, Carlos Lamela, Carmen Cáceres, Adriana Honig, Myriam Monczor, Sergio Giordano, Bemi Fiszbein, Silvina Schapira. "El grupo fundador está integrado en su mayoría por personas que trabajan en salud mental desde hace más de 20 años. Algunos nos recibimos hace 30. Nos conocemos de hospitales, congresos y jornadas. Muchos teníamos experiencia institucional previa. Una de las dificultades para concretar el proyecto era el financiamiento" , cuenta Luis Herbst. A fin de 2007 consiguieron el aporte económico de un grupo de filántropos.

Romper el estigma   
Proyecto Suma funciona en una casa en Belgrano. Bajo los techos vidriados de la galería, pacientes del Hospital de Día -los primeros quince- están reunidos a la mesa.
   
-¿Dónde es la presentación de tu muestra?-pregunta uno de los comensales frente a un humeante pastel de pollo.
   
-En el Teatro San Martín -responde alguien cuyas obras de arte se exhiben por estos días. Alguien es una de los 450 millones de personas que padecen trastornos metales y del comportamiento, según estima la OMS. Los problemas de salud mental constituyen cinco de las diez causas principales de invalidez a escala  mundial. Y estos trastornos, entre los que se cuentan depresión, adicciones, esquizofrenia, trastorno bipolar, son tan importantes en los países en desarrollo como en los industrializados. No es un problema de ricos o pobres, sí de exclusión social.
   
Sentado a la mesa hay un joven con una de esas caras nacidas para galanes de cine. Tiene menos de 30, pantalones y camisa de marca, se excusa de no participar en la nota: "Disculpáme, estoy medio frágil. No quiero hablar por la vergüenza de mis familiares", dice con voz angelical. Más tarde se acercará: "No sé cómo definirlo, como el sufrimiento es inexplicable, el amor es inexplicable. Hay una frase de Shakespeare que dice que cuando la enfermedad alcanza la desesperación, se necesitan recursos desesperados o nunca más. Acá encontré esos recursos" dice, y sale al jardín.
   
El Día de la Primavera los pacientes del Hospital de Día repartieron esos plantines de aromáticas entre los vecinos. La idea fue trabajar dos ideas vinculadas a la reinserción. Por un lado el barrio. Por otro, el estigma de vivir con alguna dificultad de salud mental.
   
-Tené cuidado con estos. Están locos.
   
-De entrada nos preguntamos cómo abordar el barrio -dice Lipovetzky-. Queríamos evitar la estigmatización de nuestra institución. Tomamos el método de la vieja usanza de la Psiquiatría Comunitaria. Hicimos una lista de "potenciales agentes de salud". Panaderos, porteros, almaceneros. Los invitamos a una charla de inauguración y a comer empanadas.
   
"Encontré a mi hijo con un porro. ¿Qué debo hacer?". "Mi hijo está todo el día en la compu". Con charlas que convocan a hablar de estas cosas, Suma invita a la gente del barrio a algo más que conocer la casa. Y busca que quienes estén en las fases finales de sus tratamientos sean mejor recibidos por la comunidad.

Tejer redes saludables
   
-Hay otra actividad preventiva -agrega Abadi-: que la gente se encuentre y hable entre ella. Generar un punto de encuentro y de intercambio, porque suponemos
que ir tejiendo redes también genera condiciones de salud mental, aunque no sea específicamente una charla sobre drogas o esquizofrenia.
   
-¿Cómo se promueve la salud mental?
   
-Evitar que la gente esté sola forma parte de promover salud. La gente sola se enferma más que la que está, de alguna manera, agrupada, o en familia, o en pareja, o teje redes con la sociedad-asegura Lipovetzky-. El que no tiene la posibilidad de estar en conexión con el otro, de decir o escuchar, se enferma más. Es mejor estar en red que solo. Y si alguien viene a una charla y se va pensando eso, ya hay una parte de la tarea cumplida.
   
Un jueves a la tarde, más de veinte profesionales de reunidos en Suma, se sirven gaseosas sin azúcar, se pasan la fuente de empanadas y discuten con vehemencia acerca de la actividades en el barrio. Afuera, los pacientes trabajan en la huerta. Acomodan plantines de aromáticas. Regalaron cientos el Día de la Primavera,
que hoy embellecen terrazas y balcones de los vecinos. Regalarlos fue un modo de erosionar la barrera del estigma. Como muestra de su tamaño, Ivana Druetta, coordinadora del área de Acción Comunitaria, siguió de cerca el modo en que operan los prejuicios hacia la gente que vive con algún problema de salud mental.
Analizó cómo es tratado el término "Esquizofrenia" en los diarios. "El paciente no es peligroso pero los medios generan la aparición del término en dos secciones puntuales: las de las noticias de Espectáculos y Policiales", concluyó Druetta.
   
En la pequeña huerta, Pedro Ulloa, ingeniero agrónomo, junto con terapeutas ocupacionales, enseña cómo cuidar de esos brotes frágiles. Los pacientes trabajan  la tierra en silencio. El maestro explica que un tutor no debe apretar las habas ni demasiado mucho ni demasiado poco. Uno de los integrantes del taller comenta: "Lo más importante de la huerta son los frutos de la conversación. Las metáforas de las plantas".
   
Adentro, los colegas discuten acerca de cómo relacionarse con la comunidad. Más allá de las buenas intenciones, Suma necesita tiempo para ver si puede cumplir sus metas y también, atravesar escollos y críticas. "Otros modelos prescriben la medicación, atienden psicoterapéuticament e, y una vez que el paciente
está bien empiezan a espaciar las consultas. Llegan hasta ahí. La reinserción es un aspecto de la psiquiatría que no está siendo tenido en cuenta. Vale la pena intentarlo", comenta Martín Nemirovsky, coordinador del área de Rehabilitació n y Acción Comunitaria. ¿Qué aborda este tema el sistema público de salud mental? "Los dispositivos de rehabilitació n del sistema público son insuficientes. A pesar del enorme esfuerzo de los profesionales de la salud,  no dan abasto,", señala Lipovetzky. En la huerta alguien fantasea: "Quizás el día de mañana podamos salir a vender los tomates de nuestra huerta en la  puerta de esta casa". Y alguien responde: "Estás del tomate".
     
    Por Maria Eugenia Ludueña .
 

    El club de fin de semana
   
Uno de los espacios más distintivos de Proyecto Suma es el Club de Fin de Semana, orientado a personas con dificultades de integración, para quienes sábado y domingo son días difíciles. "Proponemos un espacio donde atravesar y dignificar el tiempo de ocio. Los pacientes tienen un carnet de socios cuando vienen al club. Coordinan sus actividades, como salir a correr, juntarse a ver una película, ir a un museo", explica Sergio Giordano, el coordinador.

Experiencia modelo en un hospital
   
Un exitosa experiencia de reinserción funciona desde hace nueve años en el Hospital Estéves de Temperley. En este neuropsiquiátrico de mujeres el Programa de Rehabilitació n y Externación Asistida (PREA) se inscribe en la corriente  que promueve la desinstitucionaliza ción de los pacientes psiquiátricos y su reinserción comunitaria. Las pacientes conviven en grupos de tres a cinco personas en casas que el hospital alquila en el barrio. "Implica un posicionamiento ético y clínico respecto de los derechos de los ciudadanos en situación de internados.
Esta, junto con otras experiencias en nuestro país y en el mundo, demuestra que existen alternativas a la manicomializació n en el padecimiento mental severo.
Y que es posible en las condiciones de nuestra provincia y nuestro sistema público de salud", escribieron para la revista de psiquiatría Vertex algunas de las profesionales que trabajan en PREA: María Rosa Riva Roure e Ivana Druetta, psiquiatras; Carmen Cáceres, psicóloga,  Marisel Hartfiel, socióloga.
Julio Ainstein es el director del programa- y del Hospital-, y Patricia Esmerado la coodinadora de esta iniciativa que trabaja con 84 mujeres, de las cuales 55 se encuentran externadas y 29 internadas participando de los Talleres para la externación.

domingo, 8 de noviembre de 2009

“LOS SÍMBOLOS DE LA ABERRANTE PEDOFILIA”



ATENCIÓN: 




SIMBOLOS QUE USAN LOS PEDOFÍLICOS PARA IDENTIFICARSE



SÍMBOLOS DE PEDOFILIA

El FBI elaboró un informe en Enero 2.008 sobre la pedofilia. En ella se indican una serie de símbolos utilizados por pedófilos para ser identificados. Los símbolos son siempre compuestos por la unión de 2 similares, uno dentro del otro. El de forma mayor identifica al adulto, la menor al niño.

La diferencia de tamaños entre ellos muestra una preferencia por niños mayores o menores en cuanto a la edad. Los hombres son triángulos, corazones de las mujeres. Los símbolos se encuentran en sitios como, monedas, joyas, anillos, colgantes, etc, entre otros objetos.
  


Los triángulos representan a los hombres que le gustan los niños (el detalle cruel es el triangulo más pequeño, que representa al hombre que le gustan los niños bien pequeños); el corazón son hombres (o mujeres) que gustan de niñas y la mariposa representa a quienes gustan de ambos, según el informe.


Estos datos fueron recogidos por el FBI durante sus allanamientos. La idea de los triángulos concéntricos es la de una figura mayor envolviendo a una figura menor, dentro de una genialidad pervertida de un concepto gráfico. Existe un nivel mayor de crueldad, porque a esos seres les gusta exhibirse en códigos para otros, haciendo eso símbolos en bijouteria, moneda, trofeos, adhesivos, etc. Lamentablemente, es el diseño gráfico al servicio del mal.