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domingo, 25 de octubre de 2009

PSICO-CIBERNETICA -32-


¿Está todo el mundo hipnotizado?

No sería exagerado afirmar que todo se humano se halla sugestionado en una u otra forma, ya sea por ideas que aceptó de los otros sin presentarle resistencia crítica, o ya por ideas que se ha repetido constantemente o le llegaron a convencer como verdaderas. Estas ideas negativas ejercen exactamente las mismas influencias sobre nuestras conductas como las que introduce el hipnotizador profesional en la mente del sujeto sometido a estado de hipnosis. ¿Presenció usted alguna vez una honesta sesión de hipnosis? Si así no ha sido, permítame que le escriba unos pocos de los más simples fenómenos que produce la sugestión hipnótica.
El hipnotizador le dice a un jugador de fútbol que tiene la mano pegada a la mesa y que no puede levantarla. No importa que el jugador de fútbol trate o no de levantar la mano. Simplemente, no puede hacerlo. Estira y forcejea con la mano hasta que los músculos del brazo y del hombre se le ponen tensos como cuerdas. Mas la mano queda completamente pegada a la mesa. Le dice a un capeón de levantamiento de pesas que no puede levantar un lápiz de la mesa del despacho, y aunque normalmente éste puede levantar sobre su cabeza un peso de cuatrocientas libras, ahora realmente no puede alzar el lápiz. Cosa bastante extraña, a juzgar por los ejemplos mencionados, la hipnosis no resta fuerzas a los atletas. Potencialmente son tan fuertes como siempre. Mas, desde el momento en que no ejecutan el acto consciente, sólo trabajan contra sí mismos. Por otra parte, tratan de alzar la mano o el lápiz mediante un esfuerzo voluntario y, en realidad, contraen sus propios músculos de levantamiento. Pero, por otro lado, la idea de que “no puede hacerlo” ocasiona que los músculos contrarios se mantengan apartados totalmente de su voluntad. La idea negativa hace que se derroten a sí mismos. No pueden expresar o poner en juego su verdadera fuerza media.
En dinámetro se comprobó la fuerza de presión de un tercer atleta: era ésta de 100 libras. Con toda la fuerza y la tensión de los músculos no logró pasar la aguja de la raya que marcaba las citadas cien libras. Luego fue hipnotizado y se le dijo: “Usted es sumamente fuerte. Está más fuerte que en ninguna otra ocasión en su vida. Tiene muchas, muchas más fuerzas. Usted va a sorprenderse de sus propias fuerzas”.
En seguida, tornó  a comprobarse la fuerza de presión de sus manos. Esta vez logró fácilmente alcanzar la marca de las ciento veinticinco libras.
Tornamos a decir, cosa bastante extraña, que la hipnosis no añadió mucha potencia a su fuerza real. Lo que hizo la sugestión hipnótica fue superar la idea negativa que le había impedido anteriormente expresar la totalidad de su fuerza. Para decirlo con otras palabras, el mencionado atleta, en estado normal de vigilia se había impuesto una limitación de fuerza mediante la creencia negativa de que solo podía alcanzar las cien libras de potencia de presión. El hipnotizador no hizo más que apartarle de su vista mental la piedra que le bloqueaba su verdadera expresión de fuerza, permitiéndole, entonces, la manifestación total de su potencia. La hipnosis le “deshipnotizó” literalmente de sus propias creencias “autolimitadoras” acerca de sí mismo.
Como dijo el doctor Barber, es fácil suponer que el mismo hipnotizador posea un poder mágico cuando se observan las cosas más que milagrosas que acontecen en el lapso de una sesión de hipnosis. El tartamudo habla con fácil fluencia. El tímido y el vergonzoso pierden su retraimiento, adoptan posturas arrogantes y profieren discursos estremecedores. Otro individuo, que no destaca precisamente en el manejo de los números cuando se halla en estado consciente, multiplica tres números dígitos en su cabeza. Todo lo que acaece parece producirse simplemente a causa de lo que el hipnotizador les dice que pueden hacer a los sujetos sometidos a estado hipnótico y a las instrucciones que les da para que prosigan la ejecución de cuanto éste les ordena llevar a efecto. Para los espectadores, la palabra del hipnotizador posee un poder mágico. Sin embargo, no es éste el caso. La fuerza, la capacidad básica para hacer estas cosas pertenecieron todo el tiempo a los sujetos sometidos a estado hipnótico, incluso antes de haberse encontrado con el hipnotizador. Los sujetos, no obstante, eran incapaces de aplicar esta fuerza a causa de que ellos mismos ignoraban que la poseían. La tenían como embotellada dentro de sí debido a sus propias creencias negativas. Al no haberlas aplicado nunca, habíanse autosugestionado con la creencia de que ellos no podrían hacerlas. Sería más exacto decir que el hipnotizador los había “deshipnotizado”, en vez de manifestar que los había sometido a estado hipnótico.
Dentro de su persona, quien quiera que usted sea y no obstante el gran fracasado que usted crea que es, hállase la capacidad y la fuerza de hacer lo que usted necesita para ser feliz y alcanzar el éxito. Dentro de usted, ahora mismo, se halla el poder de hacer cosas con las que jamás soñó. Esta fuerza llegará a ser aprovechable para usted en el momento en que se decida a cambiar sus creencias. Tan rápidamente como logre “deshipnotizarse de las ideas de “no puedo”, “no valgo para eso”, “no me lo merezco” y otros conceptos autolimitadores de su ser interno, podrá alcanzar lo que desea para su satisfacción y éxito en la vida.



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