Un científico comprueba la teoría de la ideación positiva
El Dr. Elwood Worcester, en el libro Body, Mind and Spirit, relata el testimonio de un científico de fama mundial:
“Hasta cumplir los cincuenta años fui un hombre infeliz y sin valor. Ninguno de los trabajos en que se asienta mi reputación había sido publicado aún… Vivía con una sensación constante de melancolía y de fracaso. Quizás mi síntoma más doloroso era el que consistía en un ciego dolor de cabeza, el cual solía padecer dos días a la semana y, en este lapso, no podía hacer absolutamente nada.
“Había leído algunos libros concernientes al Nuevo pensamiento, los que, por aquel tiempo, parecían ser demasiado ampulosos; también leí algunos artículos de William James respecto a la dirección de la atención hacia lo que es bueno y útil tratando de ignorar el resto. Una de las expresiones deslumbró mi mente: ‘Tenemos que vencer nuestra filosofía del mal, ¿mas qué significa este esfuerzo en comparación de poder ganar toda una vida de bondad?’, u otras palabras que conducían a este efecto. Hasta aquí todas estas doctrinas habíanme parecido simples teorías místicas, mas al observar que tenía el alma enferma y se me estaba poniendo peor y que mi vida me resultaba ya intolerable, decidí ponerlas a prueba… Me decidí, entonces, a limitar el período del esfuerzo consciente a sólo un mes, ya que pensé que este tiempo sería lo suficientemente largo para comprobar su valor o su carencia de validez con respecto a mi persona. Durante ese mismo mes resolví imponer ciertas restricciones a mis pensamientos. Si pensaba en el pasado, trataba que mi mente se fijara en los incidentes más felices y agradables, en los brillantes días de mi infancia, en la inspiración de mis maestros y en la lenta revelación de mi vida de trabajo. Al pensar en el presente, procuraba, de manera deliberada, volver mi atención a los elementos deseables del mismo, a mi casa, a las oportunidades que la soledad me prestaba para trabajar, etc., y, entonces, resolví hacer el mayor uso posible de todas estas oportunidades, así como ignorar los hechos que parecían no conducirme a nada. Al pensar en el futuro, determiné observar cada una de las ambiciones y valores posibles con que podría contar a mi alcance. Aunque por aquel tiempo me parecía ridículo este plan, observé, sin embargo, que el único defecto del mismo consistió en que lo apunté a una meta demasiado baja, que no incluía suficientemente cuanto yo deseaba conseguir.
El científico prosigue narrándonos cómo cesaron sus dolores de cabeza en el transcurso de una semana y cómo empezó a sentirse más feliz y mejor que en cualquier otra época de su vida. He aquí lo que continúa diciéndonos:
“Los cambios externos de mi vida, que resultaron de la transformación de mi manera de pensar, me sorprendieron más que los cambios internos, aunque éstos fueron producidos por los anteriores. Hubo ciertos hombres eminentes, por ejemplo, a quienes debo profundo reconocimiento. El más destacado de ellos me escribió invitándome a hacerme su asistente. Mis trabajos fueron publicados y, además, ha sido creada una fundación para publicar todo lo que yo pueda escribir en el futuro. Los hombres con quienes he trabajado se han mostrado sumamente cooperadores respecto a mí, principalmente en cuanto se refiere a la transformación de mi carácter. Anteriormente, no me hubiesen podido soportar… Cuando torno a mirar hacia todas estas transformaciones retrospectivas, me parece que, en algún momento, tropecé casualmente, en un camino oscuro, con un nuevo corredor, el cual puso a trabajar en mi favor las mismas energías que antes había operado contra mí”. (Elwood Worcester and Samuel McComb, Body, Mind and Spirit, New York, Charles Scribner’s Sons).
Cómo empleó un inventor “las ideas felices”
El profesor Elmer Gates, de la Smithsonian Institution, ha sido uno de los inventores más importantes que alguna vez haya conocido este país y, así mismo, uno de nuestros genios que han merecido mayores reconocimientos universales. Pues bien; éste solía hacer a diario una práctica de “evocación” de ideas y de recuerdos agradables”, y tenía la firme convicción de que esto le ayudaba en sus labores. Si un individuo trataba de mejorar sus propias disposiciones personales, él solía decir: “Dejémoslas que exciten los mejores sentimientos de benevolencia y utilidad que pueden ser evocados y llevados a la práctica solamente de vez en cuando. Dejémoslas que hagan de ellas un ejercicio ordinario como el levantamiento de pesas. Dejémoslas que aumenten gradualmente el tiempo dedicado a esta gimnasia psíquica, y, a finales de primer mes, hallará en sí mismo transformaciones sorprendentes. La alteración de sus actos e ideas será notable. Hablando moralmente, el hombre experimentará una mejoría extraordinaria con respecto a su ser interno anterior”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario