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miércoles, 18 de noviembre de 2009

CAPÍTULO 9 Un Filósofo Pregunta A Buda


Un filósofo se acercó a Buda un día y preguntó: -Sin palabras, sin y lo sin-palabras, ¿me dirás la verdad?
El Buda guardó silencio.
El filósofo hizo una reverencia y dio las gracias a Buda, diciendo:
-Gracias a tu amable bondad he disipado mis ilusiones y he tomado el camino verdadero.
Después que el filósofo se hubo marchado, Ananda le preguntó a Buda ¿qué había conseguido el filósofo? El Buda replicó:
-A un buen caballo la sombra del látigo le basta.

Un filósofo se acercó a Buda un día y preguntó: -Sin palabras, sin y lo sin- palabras, ¿me dirás la verdad?

Muy raramente un filósofo se acerca a Buda. Es casi imposible. Pero cuando esto sucede, puede haber una revolución, el filósofo puede experimentar una transformación. ¿Por qué es tan imposible que un filósofo se acerque a Buda? Porque filosofía y religión son muy contrarias; su perspectiva es opuesta, diametralmente opuesta...
La filosofía cree en el pensamiento y la religión en la confianza. Un pensador duda fácilmente, pero no puede confiar tan fácilmente. Para ser un filósofo, es preciso tener una mente dubitativa y muy escéptica. Para ser religioso se necesita tener una confianza profunda, alejada absolutamente del escepticismo, en la que no exista ningún género de duda. El filósofo vive en función de la lógica; el hombre religioso vive en función del amor, y no hay manera de conseguir que la lógica y el amor coincidan. No hay manera; nunca coinciden, sus caminos nunca se cruzan. Pueden ir paralelos, exactamente como las vías del ferrocarril, pero nunca se encuentran. Pueden estar muy cerca una de la otra, pero siempre corren paralelas. Aunque puedas pensar que se encuentran en algún lugar, es una ilusión.
Sitúate entre las vías del ferrocarril y observa cómo corren paralelas: en el lejano horizonte pensarás que se encuentran. Pero no, es una ilusión. Ve hasta aquel punto y verás que siguen siendo paralelas, y dos líneas paralelas nunca pueden coincidir. El corazón y la cabeza son como las líneas paralelas, nunca se encuentran. Puedes dar un salto, de una línea puedes ir a la otra: esto sí es posible. Puedes dar un salto de la cabeza al corazón, pero no hay continuidad; es un salto.
Si crees en la cabeza demasiado, lo que significa creer en la duda, este salto se hace imposible. Ha habido grandes filósofos; han pensado y pensado, y han reflexionado y contemplado, y han creado grandes sistemas, milagros de palabras, pero no están más cerca de la verdad que cualquier hombre ignorante. Más bien al contrario, el hombre ignorante puede estar más cerca, porque por lo menos es humilde en su ignorancia, por lo menos no es egoísta y puede escuchar al otro. Si un buda llega a la ciudad, el hombre ignorante puede acercarse a él, porque sabe que no sabe -existe este grado de humildad-. Un filósofo no puede ir, porque ya sabe. Éste es el problema: sin saber nada, piensa que sabe.
Esto me pasa a mí todos los días. Si se me acerca un filósofo, un psiquiatra, un hombre que ha estudiado psicología, filosofía y religión en alguna universidad, es difícil, casi imposible, tener con él comunión alguna. Puedes discutir, pero no coincidir, irás en paralelo. Puede parecer que estáis cerca, porque utilizáis las mismas palabras, pero es sólo apariencia.
¿Por qué es tan difícil amar para la lógica? Porque el amor necesita un acto muy valiente, y este acto valiente es entrar en lo desconocido. La lógica es siempre cobarde, nunca entra en lo desconocido. La lógica dice: «Primero, tengo que conocer. Cuando el territorio sea bien conocido, daré el paso».
La lógica es ajena a la aventura. El amor es absolutamente aventurero; a veces llega a parecer loco. A la mente lógica le parece siempre loco: «¿Qué estás haciendo, entrando en lo desconocido sin saber adónde vas? ¿Qué estás haciendo, dejando el territorio que era conocido, seguro, sin peligro, quedándote sin hogar innecesariamente? No pierdas lo que tienes. Nunca llega a ningún sitio, porque siempre está pendiente del lugar de donde parte. Está interesado en el pasado. Es como si fueras viejo y te dirigieras hacia la matriz. Esto es imposible, pero así funciona la mente humana.
Con la lógica, vas hacia la fuente; con el amor, vas hacia la floración final; las dimensiones son diferentes. La lógica pregunta: «¿Quién creó el mundo?». Se interesa por el creador pasado, la fuente original, “el Ganges, de donde mana el Ganges”. El amor nunca pregunta quién creó el mundo. Y está, de modo que, ¿para qué preocuparse de quién lo creó. No importa quién creó el abecedario. ¿En qué te va a afectar saber quién creó el mundo? ¿Qué importa si fue un dios hindú Brahma, o una trinidad cristiana?
El amor está interesado en lo que va a ser la floración final. Le interesa la budeidad, lo que va a sucederme a mí, a mi semilla, cómo va a florecer. Observa la diferencia: la lógica siempre está interesada en lo conocido, en el pasado, el camino que ya has recorrido; el amor se preocupa por lo desconocido por la floración final, el camino que no has recorrido; no por el que no has recorrido, sino también por el que ni siquiera has imaginado o soñado.
Por eso un filósofo raramente se acerca a un buda. Van direcciones diametralmente opuestas; un filósofo va hacia el pasado, un buda hacia el futuro. Su punto de partida puede el mismo, pero no hay punto de encuentro. Pero cuando un filósofo se acerca a un buda..., algo que sucede raramente, hay en él una transformación inmediata.
¿Por qué? Porque cuando esto ocurre, significa que en el fondo ha entendido el fracaso de la filosofía. De no ser así, ¿para qué habría ido a buscar a un buda? En el fondo ha encontrado el fracaso de la lógica. Ha hecho todos los esfuerzos posibles para conocer la verdad a través de ella: razonando acerca, sobre, a favor y en contra. Ha razonado y razonado, y llegado al punto en que sabe que todo el asunto es fútil; a través de la lógica nada puede conocerse. Este fracaso le da la humildad más honda que es posible en este mundo. Ni un hombre ignorante puede llegar a ser tan humilde, porque no ha llegado a conocer el sufrimiento del fracaso. El ignorante no ha sido arrojado, como el filósofo, de la cima al valle.
Este filósofo pensaba que estaba en la cima. De pronto se dio cuenta de que había estado en el valle soñando que estaba en la cima. Nunca había alcanzado la cumbre, en realidad no había adelantado ni una pulgada. La verdad seguía tan desconocida como siempre. Había desperdiciado toda su vida. Cuando alguien llega a sentir esto, de repente el ego desaparece, uno se vuelve humilde. Y si no eres humilde, no te puedes acercar a un buda. Sólo la humildad, la humildad profunda, puede llevarte a un buda. Y únicamente entonces estás preparado para aprender, porque no sabes nada. De modo que hay dos tipos de ignorancia: la ignorancia ordinaria se da cuando un hombre es ignorante pero no se da cuenta de ello. Cuando un filósofo advierte que es ignorante se da el segundo tipo de ignorancia, muy hondo: al descubrir que es ignorante, se hace plenamente consciente de su ignorancia, y éste es el primer paso de la sabiduría.
O sea que ésta es la primera cosa que hay que entender.

Un filósofo se acercó a Buda un día y preguntó...

En la época de Buda había muchos filósofos. De hecho, nunca ha habido una floración intelectual como la de entonces, no sólo en la India, sino en todo el mundo. Estaba Buda; estaba Mahavira; Prabuddha Katyayan, un gran lógico; Ajit Keshakambal, un gran filósofo; Makkali Goshal, un intelecto raro; Sanjay Vilethiputta, y otros muchos estaban en Bihar. Ahora sus nombres no son muy conocidos porque nunca crearon escuelas. Exactamente al mismo tiempo, en Grecia, estaban Sócrates, Platón, Aristóteles -los tres que crearon toda la mente occidental-. Exactamente al mismo tiempo, en China, estaban Confucio, Lao Tsé, Chuang Tzu, Mencio. Parece que, en todo el mundo la mente estaba en el Everest.
Sólo hay tres culturas: una es china, la otra es india, y la tercera es griega. Sólo existen tres culturas, todas las demás son sólo subproductos. Todo Occidente nació con la mente griega en Atenas. La civilización china, totalmente diferente, surgió de la confrontación de Confucio y Lao Tsé; y todo cuanto es bello en la India salió de Buda, Mahavira. Y todos ellos existieron en un único momento de la historia. Los historiadores dicen que la historia se mueve como una rueda: hay momentos en que la inteligencia está en la cima, y otros en que está muy baja. Éstos eran tiempos en que la inteligencia estaba en su punto más alto. Había muchos filósofos, particularmente en la India; el país entero era filosófico. La gente iba de acá para allá buscando la verdad, imillones de buscadores! Sólo cuando hay millones de buscadores, unos cuantos pueden ser iluminados, porque es algo así como una pirámide. Una pirámide es muy ancha en la base y, poco a poco, va estrechándose hasta llegar a la cima. Un buda sólo existe cuando en la base ancha millones de personas buscan la verdad; de lo contrario, no puede existir. No es posible, no puede mantenerse en pie. ¿Dónde se apoyaría? Necesita millones, millones de buscadores; ellos forman la base.
Y en aquella época, cuando en todas partes se creaban sistemas complicados, tan complejos que nunca ha habido nada que pueda ser comparado con ellos... Los historiadores de la filosofía y la religión dicen que por entonces la India conocía todo cuanto se ha conocido en filosofía: todas las facetas, matices de pensamiento, todas las perspectivas. La India ha estudiado todos los caminos y posibilidades, y éstas ya se han acabado. Ahora, desde aquel tiempo, no ha habido nada nuevo en filosofía; y si piensas que hay algo nuevo, esto sólo significa que no sabes mucho de la India. No ha habido nada nuevo desde Buda, porque en aquella época todo fue investigado, casi todas las posibilidades completadas. Y si piensas... En Occidente mucha gente, cuando descubre algo, cree que están ofreciendo una cosa nueva. Les parece nueva porque no están familiarizados con ella, no la conocen. Y ahora todo este tesoro está oculto en pali, en pracrito y en sánscrito, lenguas no habladas, no usadas. Pero estas lenguas contienen todos los matices de pensamiento...
Por ejemplo, cuando Sigmund Freud dijo por primera vez: «Sospecho que la mente consciente no es toda la mente. Muy por debajo del consciente hay un estrato subconsciente. Y aún por debajo de éste, sospecho un estrato inconsciente», se pensó que era un descubrimiento muy revolucionario. Pero en la época de Buda esto era conocido; no sólo esto: Buda habla incluso de más estratos. Habla de siete estratos de la mente. Los tres de los que Freud habló existen, pero hay cuatro más..., y si descubrió esos tres, había muchas posibilidades de que fuera más allá, porque iba por el buen camino.
Luego Jung sugirió que más allá del inconsciente parece haber un inconsciente colectivo -éste es el cuarto estrato de Buda-. Ahora la psicología ha llegado a este cuarto estrato. Todos ellos habían sido sugeridos por Buda; pero hay tres más, y tarde o temprano los descubriremos.
Desde entonces nunca ha habido tanta consideración por el pensamiento, la lógica. Y la sutileza llegó al extremo. Buda habla de siete estratos de la mente y Prabuddha Katyayan habla de setecientos.
Incomprensible, pero muy lógico... Existe la posibilidad de que la mente pueda ser dividida en setecientos estratos. Nada es imposible.
En aquel tiempo un filósofo se acercó a Buda. En primer lugar intenta entender la situación de Buda; es antimetafísica, él no es un filósofo. De hecho, no puedes encontrar a un hombre que sea más antifilosófico que Buda, porque él dice que todas las preguntas filosóficas son tonterías. Esta es la posición ahora en Occidente -Bertrand Russell, Wittgenstein-. El último descubrimiento en Occidente es Wittgenstein, y ésta es su posición: que todas las preguntas y respuestas filosóficas son tonterías. Con todo, si haces una pregunta filosófica, Bertrand Russell responde sí o no. Buda nunca respondió, porque si es una tontería, ¿para qué responder? Buda callaba.
Así que cuando Buda llegaba a una ciudad, los bhikkus habían informado antes a la gente: «Por favor, no hagáis estas once preguntas». Tenían una lista de once preguntas en las que estaba toda la metafísica, no puedes preguntar nada más allá de estas once. Abarcan toda la inquisición filosófica.
Así que, antes de que Buda llegara a la ciudad, los bhikkus iban y hacían correr la noticia: «Por favor, no hagáis estas once preguntas, porque no va a responder. Si tenéis algo más allá de estas once cuestiones, podéis venir, estáis invitados». Pero no hay nada más allá de esas preguntas, de modo que ¿qué hacer?
Este hombre no era un filósofo, no era escéptico, no creía en la duda. Creía tan poco en la duda que nunca habló de la confianza. Hay que entender esto, porque la confianza es necesaria sólo si dudas. Si no, ¿para qué hablar de ella? Toda mención de la fe significa que la duda ha hecho su aparición. Nunca dijo: «¡Creed!», porque, dijo, no es cuestión de creer o no creer; uno tiene que ser. No es un asunto intelectual, porque tanto la fe como la duda siguen siendo intelectuales. ¿Desde dónde dudas? Desde la mente. ¿Desde dónde crees? Desde la mente.
De modo que tu creencia se originará también en la misma raíz. Estará ya envenenada. ¿Quién creerá? ¿Y quién dudará? Seguirás siendo el mismo, y tú eres el problema. De modo que Buda golpea la raíz; dice: «No es necesario confiar, no es necesario dudar. Simplemente acércate a mí y sé. No vayas a este extremo, no vayas al otro. No adoptes ninguna posición, mantente en el medio». Por eso su camino es conocido como el camino del medio “majjhim nikaya: nunca vayas al extremo”. Éste es uno de los descubrimientos más originales sobre la mente humana y su funcionamiento, porque la mente siempre quiere ir hasta lo opuesto.
Amas a una persona. A través del amor magnificas a la persona, se convierte en un dios. Entonces el amor desaparece; inmediatamente empiezas a odiar, y haces exactamente lo contrario. Nadie se para en el medio. La persona se encoge bajo tu odio, se convierte en un diablo. ¿Hay alguna manera de quedarse entre Dios y el diablo sin ir hasta lo opuesto? La mente se siente muy cómoda yendo de una cosa hasta su contraria. No hay problema, tú has estado haciéndolo: dudas de una persona, luego puedes creer en ella; crees en una persona, luego puedes dudar de ella.   
Buda dice que te pares en el medio, porque en el medio no hay mente; la mente existe sólo en los extremos. ¿Amor? Hay mente. ¿Odio? Hay mente. ¿A favor? Hay mente. ¿En contra? Hay mente. En el medio, la mente no puede existir. En el medio no hay posibilidad de pensamiento alguno, porque el pensamiento será de duda o de confianza, de amor o de odio, enemistad o amistad. Y sabes muy bien que en todo amigo el enemigo se oculta, y que en todo enemigo es posible el amigo.
Una de las mentes más astutas del mundo, Maquiavelo, ha escrito en su libro El príncipe: «No digas nada, ni siquiera a un amigo, que no quisieras decirle a un enemigo, porque un amigo es un enemigo potencial cualquier día. Y no digas nada contra un enemigo que no quisieras decir contra un amigo, porque entonces algún día tendrás problemas. Si el enemigo se convierte en amigo, te encontrarás en un aprieto».
Y ésta es una sugerencia de un político a príncipes, a otros políticos. Por eso los políticos se mantienen alerta; cuanta más experiencia tienen, menos puedes encontrar en sus palabras afirmaciones, contra quién están, a favor de quién están. Sus palabras se vuelven más y más elusivas, de manera que es posible que si el amigo se convierte en enemigo no se vean en un aprieto. Si un enemigo se vuelve amigo... Y la política cambia todos los días: es como el clima, y nunca se sabe...

He oído contar que dos políticos estaban hablando sobre un tercer compañero de viaje. Uno decía:
-Este hombre es tan deshonesto, tan astuto, tan grosero. Nunca he conocido a nadie así. Es el hombre más deshonesto de los que hay aquí. Me parece que no lo conoces tanto como yo.
El otro hombre dijo:
-No, estás equivocado. Yo también lo conozco muy bien.
-¿Cómo puedes conocerle muy bien? -dijo el primero-.
¡Soy su mejor amigo!

Sólo los amigos se conocen muy bien. Y este hombre está diciendo que su amigo es el más deshonesto, el mayor malhechor de los alrededores. Y dice: «¿Cómo puedes conocerle muy bien? ¡Soy su mejor amigo!».
Amistad y enemistad son las dos caras de la misma mente. ¡Párate en el medio! Y Buda se paró en el medio... y ayudó a mucha gente a hacer lo mismo. Es igual que caminar por la cuerda floja. ¿Has observado lo que hace un funámbulo? Una de las verdades más profundas de la vida se revela en su actuación. Cuando nota que está cayendo hacia la izquierda, inmediatamente se mueve hacia la derecha. Acaso no sea visible para ti, porque piensas que se mueve hacia la derecha, Se inclina hacia la derecha. Pero siempre que se inclina hacia la derecha, sabe que estaba a punto de caer hacia la izquierda. Para mantener el equilibrio, cuando nota que va a caer hacia la derecha, inmediatamente se inclina hacia la izquierda; lo contrario debe ser escogido para mantener el equilibrio.
Cuando amas a una persona demasiado por la mañana, por la tarde tienes que odiada, de lo contrario te caerás de la cuerda; es funambulismo. Si amas demasiado a una persona, te has inclinado demasiado hacia la izquierda; ahora caerás. Para recobrar el equilibrio tienes que inclinarte hacia la derecha. Los amantes están siempre peleando; es una especie de balancín, sólo esto, nada serio. Es natural... a menos que bajes de la cuerda, esto es diferente.
Es lo que dice Buda: «No te inclines hacia la derecha, no te inclines hacia la izquierda». ¿Qué pasará entonces? Te caerás de la cuerda. Y esta cuerda es la mente, es el ego; tienes que mantenerlo en equilibrio continuamente. Así que... parece tan paradójico.
Cuando odias a tu amado, a tu mujer, a tu amigo, en realidad estás intentando recobrar el equilibrio para poder amar de nuevo. De lo contrario, caerás de la mente. Y sin mente no hay amor, no hay odio, por lo menos el odio que tú conoces, el amor que tú conoces; ésos dejan de existir. Surge otra clase de compasión que está más allá de la dualidad, pero ésta sólo aparece cuando has caído de la cuerda, cuando has dejado de esforzarte por mantener el equilibrio sobre ella. Cuando estás perdido, tu ego está perdido; el ego es un sutil equilibrio.

Un filósofo se acercó a Buda un día y preguntó:
-Sin palabras, y sin  lo sin-palabras, ¿me dirás la verdad?

Está pidiendo algo imposible; pero cerca de un buda lo imposible se hace posible, y todas las leyes, las leyes ordinarias, se rompen.
¿Qué está preguntando? Está preguntando: «Sin palabras y sin lo sin-palabras, ¿me dirás la verdad?». Esto ha sucedido muchas veces. También sucedió una vez antes con Buda: otro hombre llegó, pero el hombre debió de ser muy diferente cualitativamente, porque Buda se comportó de forma muy distinta.
Un buda no tiene respuestas fijas. No tiene obsesión, porque tiene no-mente. Cuando una persona se pone ante él, es sólo como un espejo -refleja a la persona- Otro hombre llegó y preguntó: «Señor, ¿me puedes decir algo sobre la verdad sin utilizar palabras?». Buda le dijo: «Entonces me tendrás que preguntar sin utilizar palabras. Pregunta y yo te diré. Si no puedes preguntar sin palabras, ¿cómo puedes esperar...? ¡De modo que ve, prepárate! Cuando estés dispuesto a preguntar sin utilizar palabras, vuelve».
Pero a este filósofo, Buda no le replicó de esta forma. De hecho este hombre estaba haciendo una pregunta diferente, porque era diferente. La pregunta lleva el significado de la persona. La pregunta no tiene el significado en las palabras. Te lleva a ti, tu cualidad. Puedes hacer la misma pregunta, pero no puede significar lo mismo. Si eres diferente la pregunta será diferente. Una palabra lleva el significado de la persona. Una palabra en sí misma carece de significado. Puedes consultar diccionarios, y llegar a conocer el significado de las palabras, pero éste no es un significado real, vivo, está muerto. Cuando una persona utiliza una palabra, le da un significado vivo, real. El significado viene de la persona.
Este hombre preguntó... ¿Qué había preguntado? Una pregunta muy sutil. Dijo: «Sin palabras, sin y lo sin-palabras, ¿me dirás la verdad?».
Sin palabras, es fácil, puedes mantenerte en silencio. Pero sin y lo sin-palabras se hace imposible, porque si sigues callado estás usando lo sin-palabras. Y el hombre ha pedido: «No uses palabras, no uses no-palabras, y dime la verdad». El silencio no servirá, las palabras no servirán. El lenguaje no servirá gran cosa, y el silencio tampoco. Entonces ¿qué va a hacer Buda?
Se mantuvo en silencio, pero este silencio es diferente.
Hay dos tipos de silencio. Cuando tú estás en silencio, es una quietud forzada. Hay palabras dentro de ti, hay ruido; el silencio está sólo en la superficie. Pareces estar silencioso; pero no lo estás. Éste es un tipo de silencio que conoces. Hay otro: en la superficie estás silencioso, y puedes ser forzado por dentro a estar también silencioso. Si estás en peligro, alguien te amenaza con que te va a matar, entonces te volverás silencioso también por dentro, pero este silencio será sin palabras. En el primero, “cuando en la superficie estabas silencioso”, por dentro había palabras y parloteo: era silencio con palabras. Este segundo silencio es silencio sin palabras, no habrá ruido por dentro, estás en una situación peligrosa, has experimentado un shock, el ruido ha cesado.
Pero aún no es éste el silencio de un buda. El silencio de un buda es un tercer tipo de silencio que tú no has conocido. No es ni con ruido ni con no-ruido. Buda está en silencio; no es que haya forzado sus palabras a callar, no es una quietud a la que se llega con esfuerzo, está en silencio simplemente porque no hay otra cosa que hacer. Este silencio es positivo, no es lo contrario de las palabras. Este silencio está en el medio, no en el otro extremo. Un extremo es palabras, el otro extremo es sin-palabras. Este silencio está justo en el medio: no hay palabra, no hay no-palabra. Está simplemente en silencio, no contra el ruido.
Si estás contra el ruido, tu silencio puede ser turbado muy fácilmente. A mucha gente le molesta que un niño ría o juegue cuando está rezando o meditando. Hay algún ruido en la calle, ruido de coches; hay alguien tocando la bocina, y les molesta. Un silencio forzado puede ser turbado muy fácilmente. Pero si estás realmente silencioso, como un buda, el que un niño ría, un pájaro cante, o alguien toque la bocina no te molestará. El ruido vendrá y se irá, exactamente como en una habitación vacía: el ruido entra por esta puerta y sale por esta puerta. No hay nadie dentro que pueda ser molestado.
Pero si tienes un silencio forzado, entonces tú estás allí, el ego está allí, cabalgando sobre la mente, forzándola, haciendo grandes esfuerzos para estar callado. Es un silencio forzado, tenso. Puede ser turbado muy fácilmente, hasta un niño puede violentarlo. ¿Qué clase de budeidad es ésta? No es budeidad, es una moneda falsa.
Recuerda, mientras medites, éste será tu problema más profundo. Ordinariamente estás parloteando. Puedes ir al otro extremo fácilmente; puedes forzar al parloteo a no estar. Es exactamente como un niño que juega, corriendo por ahí, haciendo muchas cosas inútiles, y tú le amenazas con ser castigado: «¡Siéntate en este rincón!». Y tú eres fuerte y el niño está indefenso, de modo que se sienta en el rincón, parece un buda, pero por dentro está hirviendo, explotando; está esperando la ocasión de poder empezar a correr de nuevo.
Observa a un niño cuando le has obligado a estar callado, su silencio es del primer tipo. No se está moviendo; puede que hayas conseguido que ni siquiera mueva el cuerpo, que tenga cerrados los ojos. Pero ¿qué está haciendo? Forzándose, luchando consigo mismo; realiza un esfuerzo constante. Se está empujando hacia abajo, sentándose en su propio pecho. No será capaz ni de respirar, porque está asustado, porque si respira el movimiento empieza.
Por eso nadie respira en realidad. Has perdido la capacidad de respirar, desde la infancia, cuando te forzaron. Todo el mundo respira sólo con la parte alta de los pulmones. La respiración no puede ir hasta el fondo porque tienes miedo. Desde la misma infancia te han forzado.
Observa a un niño que duerme. Mira lo que sucede: su pecho no se mueve, se mueve su vientre. Su respiración llega hasta el fondo, hasta el final. Este niño todavía no forma parte de la sociedad, no es un ciudadano, todavía es salvaje. Tendrás que educarle, tendrás que utilizar la fuerza.
    Y cuando le dices a un niño: «¡No hagas esto!», ¿cómo puede manipularse él mismo? Lo primero es no respirar. Siempre que reprimes algo empiezas a respirar superficialmente. Represión y respiración superficial van unidos. Siempre que te libras de tu represión, expresas; la respiración se hace profunda. Sólo cuando estás dormido la respiración es completa, porque durante el sueño no puedes reprimir, el ego ha quedado inconsciente. Así que durante el sueño respiras con el vientre; ésta es la manera correcta de hacerlo. Cuando haces el amor, tu respiración también es profunda; tiene que ser así, porque todas las represiones tienen que ver con el sexo, y si estás haciendo el amor, si permites el sexo, te desprendes de todas las represiones. Entonces la respiración se hace honda, llega al vientre; de nuevo respiras como un niño, te vuelves salvaje, otra vez eres natural, espontáneo.
Observad a un niño cuando le habéis amenazado, y observad a vuestros monjes en los monasterios. También a ellos les habéis amenazado. Temerosos del infierno, codiciando el cielo, están sentados allí, reprimidos. Su silencio es del otro polo, el otro extremo; están sin palabras, han obligado a la palabra a desaparecer, pero no están más allá de los dos extremos.
Buda guardó silencio. Buda es de la tercera dimensión. No dijo nada -las palabras no estaban permitidas-. No reprimió la palabra, lo sin-palabras no estaba permitido. Sencillamente se quedó allí, sin pensar, sin meditar; permaneció sencillamente como un árbol.
Hasta quinientos años después de Buda no se hizo su estatua. Durante quinientos años no hubo retrato de Buda; y cuando se le quería representar se dibujaba el árbol bodhi. Esto era bello, porque él era exactamente como un árbol. ¿Puedes decir que el árbol está en silencio? No puedes decirlo, porque el árbol nunca es ruidoso, por lo tanto ¿cómo puede estar en silencio? ¿Puedes decir que el árbol está meditando? ¿Cómo puede meditar? Nunca ha pensado, no ha habido pensamiento, así que ¿cómo puede meditar? Entonces ¿dónde está el árbol? Se halla en la tercera dimensión, donde no existe parloteo, ni tampoco no-parloteo. El árbol está en el medio, exactamente en el medio.
Acaso tú no seas un buda, pero este árbol es un árbol bodhi.
Y si puedes sentarte bajo un árbol, igual que el árbol te convertirás en un buda. Y cualquier árbol puede convertirse en un árbol bodhi, todos los árboles lo son; sólo se necesitan budas para descubrir qué árbol es un árbol bodhi. Siéntate bajo cualquier árbol, y si estás en el medio, se convertirá en el árbol bodhi. Todos los árboles lo son, sólo se necesita a alguien para revelar el hecho, porque los árboles no creen en la publicidad, de lo contrario, lo revelarían.

El Buda guardó silencio.
El filósofo le hizo una reverencia y dio las gracias a Buda, diciendo:
-Gracias a tu amable bondad he disipado mis ilusiones, y he tomado el camino verdadero.

Parece milagroso, o absurdo, porque Buda no dijo nada, el filósofo entendió, y yo he estado diciendo cosas y vosotros no habéis entendido. También había muchos con Buda, con los que hablaba y hablaba, que no entendían, pero este hombre entendió sin palabras, sin sin-palabras. ¿Qué pasó? ¿Que tipo de comunicación se produjo en este momento en que Buda guardó silencio?
Ningún conocimiento fue transferido, obviamente, porque no puedes transmitir conocimiento sin palabras, sin sin-palabras. Hay dos tipos de conocimiento: uno, el conocimiento ordinario, que puede ser transferido mediante palabras, y otro que es el oculto, que puede ser comunicado mediante sin-palabras, es telepático. No es preciso decirlo, pero puede se transferido. Ninguno de los dos está permitido.
Este filósofo dijo: «No uses palabras y no uses no-palabras. Estoy harto de ambas. Estoy harto de las polaridades. He profundizado en la lógica demasiado -de esto a aquello-. He vivido todas las posibilidades de la lógica... iY basta! Simplemente dame la verdad sin palabras y sin sin-palabras».
¿Y qué sucedió, qué tipo de transferencia se produjo? ¿Qué comunión hubo en este momento? El filósofo se inclinó y dio las gracias a Buda: «Gracias a tu amable bondad he disipado mis ilusiones y he tomado el camino verdadero».
Cuando un Buda está en silencio y tú también puedes estar en silencio, se transfiere ser, no conocimiento; no lo que Buda sabe, sino lo que Buda es. Se transfiere ser. De pronto te penetra si estás en silencio. Y este hombre que estaba preguntando auténticamente sobre el camino verdadero, y que pedía que no se usaran ni palabras ni sin-palabras, que rechazaba toda dualidad, estaba preparado. Buda quedó callado. El filósofo lo miró; había la mirada. Estaba atento, prestó toda su atención. ¿Qué estaba pasando?
No pensaba, ya había pensado bastante. Por eso digo que cuando llega un filósofo, se produce una transformación. Aquel filósofo estaba harto de pensar. Tú todavía no lo estas. Todavía te aferras a la lógica, porque no has pensado hasta el final. Todavía esperas que un día, a través del pensamiento, puedas llegar a una conclusión, porque no has llegado hasta el final de todo. Si vas hasta el final, averiguarás que el pensamiento nunca da ninguna conclusión, nunca es conclusivo. Sólo te da la sensación de que pronto se abrirá la puerta. La puerta se abre, naturalmente, pero sólo se abre a otra habitación. Y allí hay otra puerta. También ésta se abre... a otra habitación. Nunca sales de ahí; la casa parece ser infinita, millones de habitaciones. De una habitación vas a otra, siempre esperando: «Esta puerta me llevará afuera». Sólo te lleva a otra habitación.
Si has ido hasta el final de todo, como este hombre, entonces puedes escuchar en silencio. Él no estaba esperando ninguna respuesta, porque sabía que las respuestas no pueden ser dadas sin palabras, ni sin sin-palabras; sólo pueden llegar de estas dos maneras.
Buda se quedó callado. El hombre miró a Buda. En esta mirada las dos personalidades se disolvieron. No eran dos, en ese momento había uno; dos cuerpos, dos corazones latiendo, pero un ser, trascendidas todas las fronteras. Buda le penetró, entró. Es una transferencia de ser. El hombre saboreó el ser de Buda, no lo que sabía. Buda no sabe mucho, puedes derrotarlo muy fácilmente. Puedes saber más que él, ahora hay más conocimientos; ésta no es la cuestión. Pero Buda tiene más ser.
Gurdjieff solía preguntar a cada buscador, cualquiera que se acercaba a él... Pues bien, la primera pregunta que hacía era: «¿Quieres saber más, o quieres ser más?». Estas son cuestiones básicamente diferentes. Si alguien decía: «Quiero saber más», Gurdjieff contestaba: «Esta puerta está cerrada. No estoy aquí para impartirte conocimiento. Vete..., existen muchos departamentos, universidades, colegios; ellos transmiten conocimiento, ve allí. Cuando estés harto de conocimiento, entonces regresa y llama. Si estoy vivo, esta puerta estará abierta, pero esta puerta sólo se abre para aquellos que están buscando ser».
¿Adonde vas? Aun cuando llegues a saber, ¿de qué te va a servir? Un hombre puede saberlo todo sobre el agua, pero ¿esto satisfará su sed? ¡Es una tontería tan evidente! Puedes saber que H2O es la composición del agua, pero si alguien se está muriendo de sed en el desierto y le escribes la fórmula en un papel, el sediento dirá: «Muy bien, éste es el secreto. Pero ¿y mi sed?».
Un hombre está muriendo de falta de amor y tú le vas dando conocimientos sobre el amor. ¿De qué le va a servir? Hay millones de libros sobre el amor, pero ni un solo amante puede ser satisfecho con ellos. ¿De qué le sirven? Un hombre está muriendo y tú le hablas sobre la inmortalidad. Esto no va a alimentarle. Tus palabras no crearán la inmortalidad para él.
Es necesario ser; se necesita a alguien que imparta ser, no conocimiento. El conocimiento es acerca de; el ser está en el centro, el conocimiento en la periferia. Tú has llegado a mí...
¿Has venido a acumular más conocimientos? Pues te has acercado a la persona equivocada; estás perdiendo el tiempo. Pero si estás buscando ser, entonces hay alguna posibilidad.
En aquel momento sucedió este milagro, se abrió el misterio de Buda. Éste se abre siempre en silencio, como se abre una flor a medianoche. Nadie lo sabe: se abre en silencio. Si hay alguien allí que pueda esperar pacientemente, entonces la flor puede impartir, compartir su ser. Buda entró en aquel momento.
Ananda, que era el discípulo principal de Buda, no podía entender lo que estaba pasando, porque iba tras el conocimiento. Pero de alguna manera Ananda era necesario aunque no fuera el buscador adecuado, porque gracias a él conocemos todo cuanto dijo Buda. Él recopiló sus enseñanzas -era el magnetófono-. Pero ahora ya hay grabadoras, de modo que -no necesito a ningún Ananda. Algo que puede hacerse con un aparato mecánico no debe ser hecho -por un hombre, porque haciéndolo se vuelve mecánico.
Ananda podía repetir cada una de las palabras que Buda había pronunciado durante cuarenta años. Era una de esas memorias excepcionales. Cuando Buda murió, repitió los cuarenta años enteros -miles de páginas-, y dejó constancia de ellas. Era necesario, pero no era el buscador auténtico; era un magnetófono, un buen magnetófono, pero se estaba perdiendo algo.
Si estás grabando lo que estoy diciendo, te estás perdiendo algo. No seas una memoria, no grabes, ¡comprende! Porque cuando te esfuerzas por grabar, no entiendes bien. Y hay mucha gente que piensa: «Primero grábalo, después lo intentaremos y lo entenderemos».
He visto a mucha gente que toma notas. Estoy aquí hablando y ellos van escribiendo. Aquí me están perdiendo, y en casa mirarán sus notas e intentarán entenderlas. Hay gente que irá al Himalaya, y ¿qué harán allí? Sólo irán a la caza de buenos panoramas e imágenes y tomarán fotografías. Allí no existe el Himalaya, sólo la cámara. Luego, de vuelta a casa, mirarán el álbum y las disfrutarán. Hubieras podido comprar fotografías, no era necesario ir al Himalaya. Hay fotógrafos profesionales, no es necesario que tú vayas tan lejos, y tú no puedes hacerlo mejor que los profesionales, tus fotografías serán de aficionado. Pero luego, sentado en tu casa, las disfrutarás. Te perdiste el Himalaya y ahora sólo tienes unas fotografías que no son demasiado buenas.
Intenta entender lo que estoy diciendo. ¡Intenta ser! No lo grabes, no es necesario. Olvida lo que he dicho. Si de verdad lo has entendido, te seguiré como una fragancia. No es preciso llevarlo en la memoria, será parte de tu ser.
En aquel momento, el filósofo comprendió. Se inclinó lleno de profunda gratitud. ¿Y qué dijo? Las palabras son muy significativas. Dijo: «Gracias a tu amable bondad...». No «Gracias a tu gran sabiduría...». ¡No! No dijo «Sabes tanto, lo sabes todo. Tu sabiduría, tu conocimiento...». No, no era ésta la cuestión: «Gracias tu amable bondad...».
Buda dice que cuando uno se ilumina, tiene dentro dos cosas que florecen simultáneamente. Una es karuna: bondad, amable bondad, y la otra es sabiduría, prajna: estas dos cosas florecen dentro del iluminado. De modo que si eres alguien que busca conocimiento, te hablará a través de su sabiduría, pero esto es secundario. Pero si eres un buscador del ser, té hablará a través de su amable bondad, a través de su karuna, La sabiduría puede errar el tiro, pero karuna nunca falla, la amable bondad nunca falla.
Cuando este hombre dijo: «Sin palabras, sin sin-palabras ¿me dirás la verdad?», estaba diciendo: «No estoy aquí para saber más. Ya he estudiado demasiado y he acumulado mucho conocimiento; pero éste nunca te da la libertad. Al contrario, más bien se convierte en una prisión. Ahora estoy aquí para saber algo sobre ser, para ser yo mismo. Quiero el sabor, no las palabras. Quiero entrar». Buda se quedó callado, miró desde todo su ser al hombre con una corriente de amor profundo y bondad. Siempre que miras a alguien con amor profundo algo fluye de ti hacia la otra persona, exactamente como un río fluye hacia el océano. Pero la otra persona tiene que ser como un valle, sólo entonces puede fluir; de lo contrario es imposible.
El otro día alguien me dijo: «He venido a verte; y tú estás sentado en el sillón y yo en el suelo. ¿Por qué? ¿Por qué no hay otro sillón para mí?». Yo dije: «Es posible, y yo no pierdo nada con ello. Puedes tener un sillón más alto que el mío, incluso, o puedes subir al techo; yo no perderé nada. Tú sí perderás mucho, porque es simplemente simbólico».
Tú tienes que ser un valle, sólo entonces el río puede fluir, igual que el agua fluye hacia el valle. Tienes que ser un valle, humildad profunda, receptividad, matriz, para poder recibir.
Este hombre se quedó callado ante Buda, en actitud humilde, dispuesto a recibir. Y Buda le miró con profundo amor, infinito amor, fluyó hacia él... captó el sabor. Vivió a Buda durante un instante. Tubo el atisbo, como si por un momento la oscuridad desapareciera y hubiera un relámpago. Por un instante, cuando el ser de Buda tocó a este hombre, hubo un relámpago y todo cambió. Se inclinó con profunda gratitud y dijo: «Con tu amable bondad, he despejado todas mis ilusiones...». Las ilusiones no pueden ser despejadas mediante teorías. Ninguna filosofía puede servir. Las ilusiones son muy reales; necesitan algo más real que ellas, sólo entonces pueden ser despejadas.
Si estás en la ilusión del sexo, ninguna teoría te ayudará. Sólo un amor que fluya hacia ti despejará tus ilusiones, porque el amor es una realidad superior al sexo. Si estás inmerso en ilusiones sobre el mundo, sólo un buda puede ayudarte. Si fluye dentro de ti, en ese instante no hay mundo. En aquel instante sólo Buda existió, no había mundo. En aquel instante, ni siquiera el buscador existía. Dijo él: «... he disipado mis ilusiones y he tomado el camino verdadero».

Después que el filósofo se hubo marchado, Ananda le preguntó a Buda...

Seguramente Ananda se sintió muy desconcertado: «¿Qué está pasando?». Buda no ha dicho nada. Si lo hubiera hecho, é lo hubiera registrado. Si yo me callo, este magnetófono no funcionará, y si pudiera hablar, diría: «¿Qué ha pasado?», porque el magnetófono sólo puede registrar lo visible, el sonido lo físico. Lo espiritual está completamente más allá de él.
Ananda estaba profundamente desconcertado. «¿Qué está pasando?». Seguramente antes habría pensado: «Este hombre ha planteado un gran tema. ¿Qué va a decir Buda ahora?». Y Buda no dijo nada. No sólo esto, sucedía muchas veces que Buda no decía nada, esto no era nuevo, sino que aquel hombre hizo una reverencia como si hubiera recibido algo. Y dijo «He tomado el camino verdadero». Y dijo: «Gracias a tu amable bondad, todas mis ilusiones se han despejado».
Ananda estaba presente y se lo perdió. ¿Cómo serás capaz tú de entender lo que sucedió? ¿Por qué se lo perdió Ananda? No era humilde; éste fue su gran problema. Era primo hermano de Buda, un primo hermano mayor; este hecho supuso la base de todo el problema. En el fondo, él siempre creyó que tenía alguna ventaja sobre Buda al ser mayor que él y conocerlo desde la infancia: «Puede haberse vuelto sabio en algunos aspectos, puede estar un poco más adelantado que yo, pero yo soy su hermano mayor». Esta creencia permaneció en su inconsciente y creó la barrera.
Es muy difícil... si un Jesús nace en tu familia, es muy difícil para la madre, para el padre, para los hermanos, las hermanas, para la familia, para la ciudad, reconocerle. ¡Imposible! Porque ¿cómo puedes creer que un milagro puede ocurrir en tu familia? ¿Cómo puedes creer que un milagro le ha ocurrido a esta persona, y no te ha ocurrido a ti? No, es imposible. Tú te conoces bien, conoces también a otros. O sea que o este hombre está engañando, o algo de menor importancia ha ocurrido que también te puede suceder a ti; es preciso hacer un pequeño esfuerzo, no hay ningún otro problema.
Ésta siguió siendo la barrera y Ananda continuó ciego. Preguntó cuando el filósofo se hubo marchado lo que el filósofo había alcanzado: «Porque no veo que nada se haya comunicado. No veo que esté sucediendo nada, y este hombre dijo que ha alcanzado el camino, que lo ha tomado. ¿Qué ha ocurrido?». El Buda replicó, y la réplica es preciosa: «A un buen caballo la sombra del látigo le basta».
Hay tres tipos de caballos: ¡los tres tipos están aquí!
Primer tipo: si no le azotas, no se moverá. Le azotas y de algún modo acarreará un poco la carga. Dejas de azotarle y se para. Tienes que estar constantemente encima de él, pegándole, azotándole, para que avance algo.
Luego hay otro tipo de caballo: no necesita que lo azoten tanto. Con una sola vez que le amenaces o lo pegues se moverá.
Y por fin hay un tercer tipo de caballo, el mejor. La mera sombra del látigo, ni siquiera el látigo, sólo su sombra -no tienes que levantar el látigo, basta con que exista la posibilidad de que lo hagas- es suficiente para que eche a correr. Este tercer tipo de caballo alcanza la iluminación en un instante.
Buda no hizo nada. Ni azotó a este hombre, ni le amenazó con el infierno ni el cielo. No dijo nada, se quedó callado. Y en este silencio la sombra fue vista. Esto bastó.

Sucedió en cierta ocasión: tres ministros de Akbar, el gran Mogol, hicieron algo malo. Era un delito, por lo que Akbar le preguntó a uno de ellos:
-¿Qué debo hacer? ¿Qué castigo?
El hombre dijo:
-Basta con tu pregunta-. Se fue a casa y se suicidó.
El segundo fue encarcelado durante dos años,
Y el tercero fue ahorcado.

Los otros ministros quedaron muy desconcertados, porque el delito era el mismo; eran cómplices en el mismo delito y los tres habían confesado. Por lo que preguntaron:
-¿Qué tipo de justicia es ésta, que a un hombre no se le dice nada, se le deja ir a casa, al otro se le sentencia a dos años y al tercero se le ahorca?
Akbar dijo:
-Hay tres tipos diferentes de caballos. Para el primero, la mera sombra del látigo bastó. Le pregunté qué tipo de castigo quería, y dijo esto basta. Se fue a casa, se suicidó. ¡Es demasiado! Ha sido bastante castigado.
“El segundo hombre ha sido enviado a la cárcel por dos años, menos tiempo no serviría de nada. Ahora está pensando continuamente: "Fue malo hacerlo, y tan pronto como salga de la cárcel haré algunas buenas obras para recobrar el equilibrio". No se siente culpable, sólo se equivocó, y se recuperará. Está pensando y planeando cómo salir y cómo...
“Para el tercer hombre, ni la cadena perpetua hubiera sido suficiente, porque no sentía que había cometido delito. Por el contrario, pensaba que lo descubrieron porque no fue bastante listo, pero que esto no ocurriría la próxima vez. Actuaría de forma más inteligente, aprendería los trucos; se trataba de hacerlo mejor. No se sentía culpable. Ningún castigo podía ayudar a este hombre, tenía que ser eliminado de la sociedad. Y el primero se eliminó él mismo porque no podía soportar el sentimiento de culpabilidad.

El Buda replicó:
 -A un buen caballo la sombra del látigo le basta.

Si eres comprensivo, la sombra te basta; no necesitas infierno. Éste ha sido creado para el tercer tipo de caballo: los que no escuchan. No necesitas cielo para tu codicia y satisfacción; la vida te basta si comprendes.
Y si sientes, empezarás a cambiar gracias a tu sentimiento. Ocurre una mutación si te vuelves más y más sensitivo en relación con la vida. La propia sensibilidad te hace consciente, te mantiene alerta. De lo contrario, ni siquiera un buda puede ayudarte.

He oído:
El Mulla Nasrudin paró a un banquero que salía de su oficina y dijo:
-¿Qué tienes dos annas para una taza de café?
El Mulla parecía tan afligido, tan triste, que el hombre lo sintió por él y dijo:
-Ten una rupia. Cógela y tómate ocho tazas de café.
-Así que el Mulla se marchó.
Al día siguiente allí estaba de nuevo, en la escalera de la oficina, y cuando salió el banquero, le dio un puñetazo en la nariz.
 El hombre dijo:
-¡Eh! ¿Qué estás haciendo? ¿Me haces esto después de darte una rupia ayer? ¿Qué tipo de agradecimiento es éste?
 El Mulla dijo:
-Tú y tus asquerosas ocho tazas de café. -Le golpeó de nuevo en la nariz y dijo-: iMe tuvieron despierto toda la noche!

Nadie le dijo: «Ve y toma ocho tazas de café ahora mismo». Ni siquiera tomes un buda con semejante dosis, te mantendrá despierto toda la noche, iy querrás darme un puñetazo en la nariz! Sé comprensivo, sensitivo. Avanza de acuerdo con tu comprensión, con tus posibilidades, con tu capacidad. Mira siempre la sombra del látigo y avanza a la par que ella. Mantente más alerta, más y más alerta, de lo contrario hasta la religión puede ser un veneno; de lo contrario puedes caer en el infierno por culpa de un buda.   
Buda no es la certeza, no es una garantía. A la larga, tu propia consciencia... Si eres consciente, poco a poco te darás cuenta de que cada vez llegan menos pensamientos a la mente. El viejo cubo se rompe. El agua se derrama. No refleja la luna, y sólo cuando el reflejo se ha ido puedes mirar el cielo, la luna real. Ni agua, ni luna.  Basta por hoy.

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