Búsqueda personalizada

TRADUCTOR

jueves, 10 de diciembre de 2009

ANTROPOLOGIA ECONOMICA: TEORÍAS SOBRE EL TRABAJO



TEORÍAS SOBRE EL TRABAJO

El concepto de “trabajo” como una única actividad básicamente masculina realizada de forma estable en el marco de grandes organizaciones burocráticas, públicas y privadas, es una excepción que se produce a partir de la Segunda Guerra Mundial y que llega hasta la década de los ochenta.
Como apunta Pahl (1984), la realidad del trabajo a lo largo de la historia es más bien la realización de multitud de actividades para ganarse la vida, dentro y fuera de la unidad doméstica, por parte de hombres y mujeres indistintamente. Como sabemos, a partir de la última reorganización del capitalismo, las estrategias de flexibilidad han acabado con esta estabilidad en el empleo o la han reducido seriamente. Analizaremos a continuación la teoría sobre el mercado dual de trabajo, la cual contempla esta flexibilidad y la teoría del fin de trabajo, que abunda en la idea del empleo estable como un bien escaso. En el siguiente apartado analizaremos algunas propuestas de replantear el papel del trabajo en nuestra sociedad.

EL MERCADO DUAL DE TRABAJO

En la siguiente cita tomada de Herranz (2000) in extenso, se recoge la teoría del mercado dual de trabajo de Piore (1971):

Según la teoría del Mercado Dual del Trabajo, el mercado de trabajo está dividido en dos sectores, primario y secundario, con estructuras y características diferentes, tanto en relación con la demanda como por elementos relacionados con la oferta. El mercado de trabajo secundario incluye empleos mal pagados y con malas condiciones laborales. En este segmento del mercado de trabajo se da, además, la inestabilidad en el empleo y una elevada rotación de la población trabajadora. Los trabajadores en este sector son poco cualificados y tienen poca posibilidad de mejorar o de una movilidad ocupacional ascendente, debido a que en ellos se de frecuentemente una relación trabajador – empleador o empresario muy personalizada, lo que da lugar a favoritismos y a una disciplina laboral caprichosa. El mercado laboral primario se caracteriza por empleos con buenas condiciones de trabajo, salarios elevados y una relativa estabilidad en el empleo. En este sector existe la posibilidad de una movilidad ascendente en el empleo, debido a que los procedimientos establecidos para la misma son determinados por normas legales. Los que están empleados en este sector, estén sindicados o no, disfrutan de relaciones de empleo regidas por un sistema de jurisprudencia laboral más o menos explícita. El mercado de trabajo primario, siguiendo la conceptualización que de él hacen Piore y otros, lo constituye fundamentalmente el empleo en el gobierno, en otras instituciones a gran escala y en el sector oligárquico de la economía, mientras que el secundario lo forman empleos en los sectores marginales de la economía con operaciones a pequeña escala y comprenden, a menudo, actividades sucias o de carácter servil (pág. 133).

Así, el mercado de trabajo está dividido en al menos dos segmentos, uno que presenta trabajos bien renumerados y/o estables, con protecciones legales y otro constituido por el resto, mal pagado, irregular y sin protección.
Naturalmente, las barreras de entrada al primer sector son muy fuertes y suelen combinar clase social, nivel de estudios, procedencia étnica, etc.

En realidad (Martínez Veiga, 1977), el mercado de trabajo no siempre presenta una estructura dual, sino que es posible encontrar diferentes segmentos, a cada uno de los cuales se accede en función de diferentes situaciones. Ahora bien, estos segmentos están efectivamente jerarquizados y relacionados con la estructura de organización flexible de las organizaciones públicas y privadas. Veamos dos casos: la macdonalización y el trabajo reservado a los inmigrantes.

El sociólogo George Ritzer (1996, 2000) ha llamado la atención sobre un tipo de organización que se está extendiendo a todos los sectores y que puede llamarse “MacDonald” por ser en el sector de la comida rápida en el que este fenómeno es más evidente. Se trata de un sistema de organización caracterizado por un centro en el que se desarrolla el marketing y los procesos y de una red mundial de franquicias. Esta red mundial realiza exactamente las mismas operaciones y ofrece los mismos productos. La oferta de productos es reducida para reducir los procesos y los insumos.
Estos procesos están fuertemente estandarizados, de forma que no es posible introducir variaciones ni adaptaciones. Así, el perejil de una hamburguesa o el número de aros de cebolla está claramente definido. A esta estandarización se añaden dos características más: se traspasan partes del proceso de producción a los clientes, el servicio de mesas y recogida de restos de comida, y se tiende, siempre que sea posible, a introducir maquinaria que sustituya el trabajo humano (por ejemplo mediante expendedores de bebidas de todo tipo). Dado que la calidad se mide por el tiempo, el énfasis está en la cantidad: doble de cebolla, de carne, de patatas, etc. Los locales son incómodos para evitar que los clientes se queden más rato del necesario o, de forma creciente, se puede consumir el producto en el automóvil, el cual se obtiene a través de una ventanilla.

Este tipo de organización, continua Ritzer, no es exclusiva del sector como hemos dicho, sino que se extiende a las empresas expendedoras de videos, periódicos, confección, etc. El crecimiento de este tipo de establecimientos es imparable.

Algunas cuestiones son importantes discutir aquí. La primera la constituye la homogeneidad de la demanda. Efectivamente, el crecimiento mundial de esta organización ha incrementado la demanda de un tipo de perejil, de un tipo de cebolla, de un tipo de carne, con la consecuente reducción de la diversidad de cultivos y especies ganaderas.

En segundo lugar, la estrategia del DIY (do it yourself) es una estrategia del capitalismo que traslada parte del proceso de creación de valor a los consumidores … ¡y les cobra por ello! (Narotzky, 1997:41 ). Esta estrategia implica un tipo de organización determinada, en la línea que hemos descrito aquí.

En tercer lugar, el empleo que ofrece este tipo de organizaciones es un empleo no especializado, en el que los trabajadores y las trabajadoras no tienen margen discrecional sino que forman parte del sistema altamente estandarizado. Las relaciones de los clientes con estas personas son mecánicas e impersonales. No es de extrañar, pues, que sean trabajos mal pagados y que exista una alta rotación (excepto en el caso de los gestores y propietarios de las franquicias, por supuesto). Forman parte del mercado secundario de trabajo. Puede decirse que este sector opera una ley de bronce de los salarios adaptada a los nuevos tiempos: en el momento que aumenten los salarios por encima de un umbral, se sustituirán por maquinaria de autoservicio.

Una segunda consecuencia de esta estructuración del mercado de trabajo la constituyen los inmigrantes. Independientemente de su titulación y experiencia, la estructura de oportunidades de los inmigrantes está fuertemente limitada al mercado secundario. Como hemos apuntando anteriormente, la idea de unas organizaciones que necesitan unas personas con un perfil determinado para la realización de determinadas tareas y funciones, las cuales encuentran en un mercado formalmente libre, es, cuando menos, inexacta. La realidad es que ni la información sobre vacantes, ni el perfil de los candidatos explican los mecanismos de reclutamiento de las organizaciones.

Ambrosini (Cf. 1998:128-129), recoge las siguientes categorías para el trabajo inmigrante en Italia:

Trabajo irregular dependiente: es el trabajo temporal para diferentes patronos sin contratos; trabajo eventual y estacional: trabajo irregular de jornaleros durante campañas; trabajo semicontinuado: es el trabajo que implica una cierta continuidad en la relación con el mismo patrono, pero que se utiliza para cubrir incrementos en la demanda, necesidades periódicas o encargos específicos; trabajo estable o continuado: trabajo estable irregular en el que el inmigrante lleva una vida ajena a la empresa, y por otro, el empleo doméstico, en el que a menudo el inmigrante es mujer, de escasas oportunidades de socialización extradoméstica y está envuelto en una relación de patronazgo en la que se mezclan protección y bajo salario; trabajo irregular independiente: actividades de fabricación o venta de productos de forma irregular, normalmente de forma complementaria a otras actividades; autoempleo de refugio: es el trabajo independiente marginal, desempeñado sin los permisos y autorizaciones reglamentarios por inmigrantes que no disponen de otras oportunidades de trabajo; trabajo forzoso en una empresa: suele ser el caso de inmigrantes que tienen que pagar una deuda y que viven en las instalaciones de la empresa hasta que la pueden pagar; trabajo forzoso en la prostitución: básicamente mujeres que han entrado en el país a través de mafias.

Por último, distingue el trabajo que se realiza en el seno de empresas familiares o “étnicas”, que analizaremos en el siguiente apartado.

En el esquema propuesto, continúa Ambrosini, se halla implícita la tesis de que trabajo irregular y economía informal preceden a la llegada de los inmigrantes. Si su utilización al margen de las normas legislativas y contractuales está tan extendida, las razones deben buscarse en la estructura, en el funcionamiento y en la regulación institucional de los sistemas económicos en los que se introducen. Al ofrecerse en el mercado laboral, la inmigración extranjera ha contribuido en todo caso a revitalizar ciertas actividades informales y a alimentar determinados segmentos de la economía sumergida.

Hasta aquí una explicación de la estructura de oportunidades en el mercado de trabajo. A continuación analizamos dos propuestas que proponen una reconceptualización del trabajo en nuestra sociedad.

EL “FIN DEL TRABAJO”

Según Rifkin (1994, 2000), la aplicación de la tecnología en la sociedad de la información implica el aumento constante de la productividad y el descenso de los puestos de trabajo necesarios para emplear a la población. El desempleo es un factor estructural del sistema. El trasvase de trabajadores desocupados de la agricultura a la industria y de la industria a los servicios ha llegado a sus límites. Nos encontramos ahora, razona el autor, en una encrucijada, bien para ganar ocio y bienestar, bien para sumirnos en una crisis de consumo sin precedentes.

Un pequeño núcleo de trabajadores asociados al tratamiento de la información crítica en la economía global postindustrial, con una productividad impensable hace pocas décadas, se sitúa en el centro de la economía: científicos investigadores, ingenieros de diseño, ingenieros civiles, analista de software, investigadores en biotecnología, especialistas en relaciones públicas, abogados, banqueros inversionistas, consultores en dirección, especialistas en marketing, editores y productores cinematográficos, directores artísticos, publicistas, escritores, editores y periodistas. Estas personas no pueden permitirse el lujo de trabajar menos, sino al contrario, tienen que trabajar más y más a causa de la competencia.
Su trabajo alienta una producción masiva que puede quedarse sin compradores. El crecimiento de las empresas de trabajo temporal permite disponer de un nuevo ejército en la reserva con bajos salarios y sin costes de reproducción, pero con una concomitante baja capacidad de consumo.

Paralelamente al crecimiento del desempleo se producen procesos psicológicos de depresión y agresividad debido a que el trabajo en nuestra sociedad da la medida de la autoestima.

Las empresas multinacionales han asumido de facto el control sobre los recursos, el trabajo y el comercio que antes tenían los estados. Estos estados-nación cada vez perderán más peso geopolítico. Se impone la necesidad de un nuevo orden, basado en el pacto social, en el que la venta del tiempo de trabajo dejará de ser un bien valioso y, por la tanto, el mercado dejará de controlar todas nuestras vidas. Esos talentos y esfuerzos deben dirigirse hacia el Tercer Sector y el voluntariado.

Rifkin propone un modelo en el que el trabajo se divida en dos partes: un trabajo remunerado, realizado en el mercado de forma convencional y un segundo trabajo, reconocido socialmente, que pase por colaborar con ONGs y organizaciones del Tercer Sector en general, las cuales van a asumir cada vez más la tarea de proporcionar servicios básicos (recortes del gasto público e incremento personas con necesidad de asistencia). Este reconocimiento puede pasar por un salario social de servicio a la comunidad o bien por ventajas fiscales.

Entramos en una nueva etapa de mercados globales y de procesos productivos automatizados. El camino hacia una economía prácticamente sin trabajo ya está a la vista. El que nos conduzca a un lugar seguro o a un terrible abismo dependerá de cómo la civilización se prepare para la era posterior a la actual, aquella que será consecuencia inmediata de los planteamientos de la tercera revolución industrial. El final del trabajo puede representar una sentencia de muerte para la civilización, tal y como la hemos conocido. El final del trabajo también podrá señalar el principio de una gran transformación social, el renacimiento del espíritu del hombre. El futuro está en nuestras manos. (pág. 335).

Evidentemente, las profecías de Rfkin no se han cumplido. Sin embargo, consideramos de interés su reformulación del concepto de trabajo, no solamente vendido en el mercado y su diagnóstico acertado de la creciente precarización del empleo como una consecuencia estructural del sistema.

Continuando con la idea de un nuevo pacto social, Orio Giariniy Patrick M. Liedtke en su libro El dilema del empleo. El futuro del trabajo (1996) proponen un sistema multiestratrificado de trabajo, que garantice 20 horas semanales de trabajo retribuido a todo el mundo, un segundo estrato de trabajo normalmente retribuido (el sistema actual) y un tercero basado en el trabajo voluntario. Este sistema, garantizado por los estados, se mantendría mediante la flexibilización de la edad de jubilación, la introducción del tiempo parcial, el impuesto negativo de la renta y el mayor reconocimiento social de las actividades no monetarizadas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario